domingo, 28 de mayo de 2017

Tívoli: el lugar de las pinturas.

Villa Del Este
            Hace tres años, cuando fui a la Alte National Gallerie en Berlín, hubo muchas pinturas que me fascinaron, entre ellas diversos paisajes. Había un sitio que empecé a reconocer porque se repetía en muchos de los cuadros: Tívoli, una ciudad a 30 kilómetros de Roma en donde los emperadores tenían sus villas de descanso.

            No sólo fue en esa ocasión, visitando más museos, reconocía cada vez más obras que tenían como inspiración dicha población y, en la gran mayoría de ellas, era plasmada como un lugar muy bello.

            Esas pinturas me encantaron tanto que me hice la promesa de conocer el sitio que las inspiraron así que, cuando surgió este viaje a Italia, de inmediato hice un hueco en la agenda para visitar ese lugar tan mágico y hermoso plasmado en las obras de arte que conocí desde Berlín.

            La llegada
 
Alguno de los frescos de Villa Del Este
            Tomé el tren local desde la estación Tiburtina y es que, aunque había un camión, ya había visto el tráfico de Roma y no me parecía una buena idea irme por carretera. Conforme salíamos de la capital, el paisaje se empezaba a tornar más verde y, al llegar a Tívoli, la naturaleza era abundante.

            Empecé a caminar al pueblo pero, conforme avanzaba, el panorama se ponía cada vez más feo, las casas estaban muy descuidadas así como las calles. Al ver el teléfono corroboré que había leído mal la dirección que me daba el Google maps y que había caminado en sentido contrario. Pero desde ahí me di cuenta que el sitio de las pinturas había cambiado demasiado (y no para bien).
 
Tívoli visto desde Villa Del Este
            Como la Villa Gregoriana aún no abría, me desvié a la Villa del Este y, durante las pocas cuadras que las separan, me di cuenta que la ciudad no era limpia ni mágica ni idílica, como el pueblo que conocí en los museos. Y supongo que es lo natural, porque el mundo te exige que produzcas y generes ingresos, no que tengas una villa bonita de ensueños para que los visitantes cumplamos nuestros anhelos (¡Maldito Capitalismo!). Así que sólo me concentre en mis tres visitas planeadas.
 
Las fuentes y jardines de Villa Del Este
            Villa del Este.

            De haber sabido lo que me iba a encontrar en este lugar, lo habría dejado para el final y no para el inicio. Villa del Este fue uno de los sitios de descanso para el emperador romano, y vaya que se nota.

            La primera sección consta de unos frescos maravillosos, muy bien logrados y conservados, algunos reproducían pasajes de la antigua Tívoli (justo como la vi en los cuadros en la cual la conocí). Son dos pisos de cuadros imperdibles y que ya sólo por verlos vale la pena la visita. Y eso que no eran lo mejor del lugar.
 
Fuentes bellas en cualquier lado
            Esta villa se caracteriza por sus jardines, sus fuentes y sus estatuas en ellas, lo cual te da un lugar de ensueño, lleno de elegancia, buen gusto y naturaleza. La verdad te sientes transportado a otro mundo cuando estás rodeado de jardines tan bien cuidados y con fuentes tan bellas.

            Justo en Villa del Este me di cuenta que hay algo peor que los grupos guiados, y me refiero a las excursiones escolares. El resto de visitantes tuvimos la mala fortuna de coincidir con cuatro grupos (Desde Kinder hasta preparatoria, una por cada nivel). Los preescolares eran los mejores portados y obedecían a sus maestras, pero los otros grupos eran escandalosos con ganas, lo cual disminuía el gozo del resto de visitantes.
 
Un lugar muy bello y elegante
Por eso mismo los evitábamos a más no poder y, como el jardín es muy grande, casi siempre lo lográbamos. Lo malo es que se plantaban en los sitios más populares y bellos, así que por ratos teníamos que aguantarlos. Definitivamente le estoy haciendo un favor al mundo al noreproducirme ¬_¬.

En fin, a pesar de ese molesto detalle, fue una visita que me gustó mucho y que me hizo sentir esa esencia de belleza, naturaleza, elegancia e intimidad que veía en los cuadros de Tívoli. Así que con una gran sonrisa, partí a mi siguiente destino.
Llegando a Villa Adriana

            Villa Adriana

            Según el Google maps estaba a un par de kilómetros y, como no pasaba el camión, decidí irme caminando, a pesar de tener los pies destrozados por los días previos.

Un acierto del gobierno de Tívoli fue el diseñar un camino rural para llegar de Villa del Este a Villa Adriana, el trayecto está muy tranquilo, sin ser espectacular es agradable de recorrer, el problema el que fueron 5 kilómetros, así que llegué rendido a Villa Adriana, lo cual no me ayudo a apreciarla mucho.
 
Las ruinas de una de las albercas del emperador
A diferencia de Villa del Este, que aún la mantienen funcional y en buen estado, Villa Adriana es una especie de sitio arqueológico en donde puedes ver las ruinas de las termas, piscinas y/o baños en los que el emperador se relajaba con sus allegados.

Ciertamente se ve que el lugar era espectacular, con construcciones imponentes, pero las ruinas están muy madreadas y, honestamente, después de haber estado en Pompeya, es difícil que algunas ruinas romanas me puedan deslumbrar.
 
Ruinas que te dan una idea de lo majestuoso del lugar
Además admito que estaba cansado y con hambre, así que tampoco tenía un buen ánimo para el lugar, que tiene algunos detallitos muy rescatables, como estatuas y piscinas que solían tener agua cristalina pero ahora está verde.

Históricamente Villa Adriana (bautizada así en honor al emperador Adriano) puede resultar más importante que Villa del Este pero, para términos del visitante, no hay comparación entre el gozo que recibes de una y lo que recibes de la otra. Personalmente prefiero recrear la paz y tranquilidad que sentía el emperador en sus jardines al mantenerlos vivos que visitar una ruinas madreadas para imaginarme qué tan majestuosos eran sus baños.
 
La foto del delito
Creo que lo más valioso que me llevé del lugar fue una pequeña travesura que hice, ya que quería sacar foto de una de las piscinas del emperador con algunas columnas bien mantenidas, sin embargo el acceso estaba prohibido por remodelación, lo cual me parecía injusto, ya que sólo quería mi foto y no le iba a hacer daño a nadie.

A pesar de que soy súper ñoño, por lo cual soy un chico bien portado que respeta las reglas, era más mi indignación por no conseguir mi foto. Así que me cercioré que no hubiera nadie, me salte las cadenas, saqué mi foto en friega y salí de la escena del crimen ileso.
 
Detalles que derrochan la mamonería del emperador
Sé que debería darme vergüenza compartir esto pero, extrañamente, me sentía orgulloso y emocionado. Obviamente no hubiera pasado gran cosa si me cachaban (un simple regaño), pero para mis estándares, eso fue un movimiento temerario poco frecuente en mí.

Dejé Villa Adriana en camión (ya no iba a caminar los 5 kilómetros de regreso). Estaba algo decepcionado, tal vez de manera injusta por el cansancio y el hambre pero, de todas formas, no volvería a visitarla. En dado caso, si van a Tívoli, les recomiendo Villa del Este y Villa Gregoriana, que fue mi tercer destino.
Cascada Bernini

Villa Gregoriana.

            Primero llegue a comer, no estaba dispuesto que el hambre me echara a perder un lugar que prometía ser bueno, además de intenso físicamente. Entre al primer restaurante que se me atravesó, el cual resultó ser uno fresa, los cuales evito a toda costa pero ya me había sentado. Los meseros medio mamones me atendieron muy a su pesar, así que les pedí lo que prepararan más rápido, y que no fue pizza ni pasta porque eran tan exclusivos que sólo te los servían en la cena (¡Pinches mamones!). Así que me comí mis Nuggets de pollo con prisa y con gusto para empezar mi tercera visita.

            No al nivel de Villa del Este, pero Villa Gregoriana resulto ser un lugar muy disfrutable. Es una especie de pequeña reserva natural que por mandato de un Papá Gregorio (de ahí su nombre) se adaptó como parque alrededor del río Aniene.

Tívoli visto desde la Villa Gregoriana

            El parque tiene un recorrido definido, con sus leves desviaciones para disfrutar de algunas pequeñas atracciones. Hay algunas vistas hacia el valle, grutas, el río y las dos cascadas que contiene que valen mucho la pena.

            Para muchos el lugar podrá resultar sencillo pero para otros, como yo, es una visita que disfrutas mucho más que Villa Adriana. El Parque no es muy grande y el trayecto no es tan largo, aunque sí puede resultar algo intenso porque primero vas hasta el fondo del mismo y luego viene la subida que está buena para hacer cardio.
 
La Gran Cascada de Villa Gregoriana
            La cascada más grande mide 100 metros (La Gran Cascada), pero de la que mejores fotos puedes sacar es la pequeña (Cascada Bernini). Es una visita sencilla que recomiendo más que Villa Adriana, aunque no al nivel de Villa del Este.

            Regresando a Roma

            Una de mis más grandes críticas a los italianos es que son escandalosos, ya que no saben lo que es manejar un tono de voz discreto ni tener la elegancia de callarse. En el tren de regreso a la capital me di cuenta que estaba parcialmente equivocado.

Sostengo que los italianos son bulliciosos y no saben guardar silencio, pero en mi mismo vagón iban una gringuitas gritonas y superficiales, ahí me di cuenta que mi molestia no era en específico hacia los italianos, sino en contra de la gente escandalosa sin importar raza, religión o sexo ¿O será que simplemente odio a los humanos?
 
Saliendo de Villa Gregoriana
            Para este último día en la región del Lazio, había planeado visitar las catacumbas. Sin embargo ya era tarde y las habían cerrado, además ver un montón de cuevas no era algo que me atrajera después de ver lugares tan bonitos y llenos de naturaleza. Por otro lado estaba cansado y al otro día me iba a Florencia, así que preferí llegar temprano al hotel Marcantonio y descansar.

            Es extraño, me quejé mucho de Roma, pero esa última noche sentía algo de tristeza, incluso cené en el mismo lugar de cuando llegué, en una especie de homenaje a la semana que había pasado en la capital italiana (bueno, no estuve ahí todos los días, pero sí todas las noches). Al final Roma no fue lo esperado pero creo que tampoco había sido tan malo.
 
Frescos de Villa Del Este
            De igual forma Tívoli no fue lo esperado, pero aun así lo disfrute mucho. Ahora dejaba el centro para trasladarme a la Toscana, semana que podrán leer en otros escritos.


            Hebert Gutiérrez Morales.

Pompeya

Frescos de la Villa de los Misterios
            En verdad estaba feliz por alejarme de un sitio tan agobiante como Roma, y me reí al recordarme delineando el Itinerario para la primera semana, veía tantos sitios por visitar en la capital que dudaba me diera tiempo para visitar lugares como Tívoli, Asís o Pompeya.

            Por desgracia (o fortuna) Roma no me conquistó, así que terminé la mayoría de mi itinerario en tres días, dejándome espacio para salir de ahí y desintoxicarme de su ambiente.

            Así que tempranito tomé mi tren hacia Nápoles.

            Breve impresión de Nápoles.
 
En Ruinas pero con detalles bien conservados
            Hubo un punto en donde vislumbraba acabar temprano de Pompeya y pasar un par de horas en Nápoles. Esa opción la descarté por dos cuestiones: una positiva y otra negativa. La buena fue que Pompeya es tan grande que te da para un día entero, además es algo tan único que te quedas con gusto. La mala es la impresión tan negativa que me dio Nápoles en lo poco que vi.

            Sé que las zonas que rodean las principales terminales de las ciudades (sean de tren, aéreas o de autobús) suelen ser de las más feas de la ciudad pero, en verdad, la estación de Nápoles Garibaldi y cada estación que pasamos hasta llegar a Pompeya daban miedo.
 
Postales de un tiempo pasado
            Todas las paradas estaban descuidadas, grafitieadas y vandalizadas. Pero no sólo eran las estaciones, todo el paisaje urbano en el trayecto también se veía igual de triste, descuidado, sucio, peligroso y feo. Sé que hago mal al basarme en un solo trayecto para juzgar a toda una ciudad, pero con lo que vi no daban ganas de conocer más.

            Si aunamos la apariencia tan descuidada con las constantes advertencias (en TODOS lados) que tengas cuidado con los carteristas o estafadores, y si le agregas que la “fauna” local del metro no se veía gente de lo más refinada, pues honestamente no tienes muchas ganas de visitar dicha ciudad.
 
La Basílica
            Ahí entiendes un poco porque mucha gente tiene prejuicios para visitar México (y aun así somos de los países más visitados), ya que si estás acostumbrado al ambiente de primer mundo, con seguridad, limpieza y honestidad, llegar a uno en donde debes de cuidarte es algo que no estás acostumbrado, y te acabas desmotivando. Para mí el impacto de Nápoles no fue tan grande, porque vivo en un país así, pero como conozco el auténtico primer mundo (y para mí Italia no está ahí), sé lo violento que debe ser ese cambio de ambiente.
 
El Foro y al fondo, tapado por la nube, el Vesubio
Pompeya
           
Hice una media hora de la central de trenes hasta Pompeya en el metro, y no tuve que caminar más que 100 metros para ir a la entrada. Recalco, y siempre recalcaré, las ventajas de entrar temprano son innumerables, entre ellas encontrar el lugar vacío y no hacer colas. Si comparo la entrada a las 9:15 (hora en la cual entré) con la del medio día, la cantidad de visitantes creció exponencialmente.
 
El teatro grande
La ventaja de Pompeya es que al ser TAN grande, tienes muchas oportunidades de disfrutar lugares para ti solo, a excepción de las atracciones Top, como el Foro, los tres teatros, el Lupanar, la casa del Fauno y algunos otros, y hasta eso puedes tener suerte y encontrarlos con poca gente.

Pompeya quedó enterrada bajo varios metros de ceniza del volcán Vesubio allá por el año 79 después de Cristo. Era una ciudad tan grande y avanzada que rivalizaba con Roma. La erupción los tomó por sorpresa, por eso la población quedó como congelada en el tiempo hasta que fueron redescubiertos en el siglo XIX, dando una imagen nítida de lo que era su vida en el Siglo I de nuestra era.
 
Estatuas que le daban otro toque al lugar
Honestamente no esperaba mucho del sitio, por eso tenía la impresión de que podía acabarlo entre dos y tres horas pero la verdad que es Pompeya no sólo es grande en su tamaño, sino también en sitios de interés. Voy a comentar grosso modo lo que vi en dicho lugar.

A)    Las casas
Sin contar las grandes mansiones o lugares de interés, hay muchas casas comunes, corrientes y que ni nombre tienen pero que te atrapan. Es recomendable primero visitar los puntos de interés y después, si les queda tiempo (y ganas), deambular por ahí en las callecitas que nadie más recorre y visitar las casas. Tal vez no tengan frescos, ni jardines, ni esculturas, ni mosaicos ni nada de lujos, pero no por ello dejan de ser fascinantes.
Transportado al pasado
Recalco, primero los puntos populares, que son las atracciones del lugar, y con más razón si van con el tiempo limitado aunque, siendo honestos, es mejor reservarle un día completo a Pompeya.

B)    Los jardines
Cuando llegas y ves que la población está en un ambiente desértico (por las cenizas calcinaron el pueblo), resulta una refrescante sorpresa encontrarse con rinconcitos con amplia naturaleza, y más porque no te lo imaginas así al entrar al Foro.
El teatro pequeño
Pero eso es chido de Pompeya, porque abundan los sitios así, desde grandes extensiones de naturaleza, pasando por pequeños y medianos jardines dentro de algunas casas.
Mención aparte merecen las amapolas, que pueblan gran parte de la ciudad, dándole un toque bello a las desoladas ruinas.

C)    Los frescos
Uno de los más grandes atractivos del lugar son las pinturas en sus paredes (los famosos frescos) y lo hay de todas las temáticas (Sexo, valores, diosas, cacería, animales, plantas, etc.) Eso sí algunos están mejor conservados que otros pero cada cual, a su manera, te invita a sacarles una foto por lo bien conservados que están.
Detalle en las Termas
Mención aparte merece un lugar especial en donde los Frescos no tienen madre, pero eso viene más adelante.

D)    Los templos
De igual forma hay bastantes templos dedicados a diversas deidades. Algunos más madreados que otros, algunos con estatuas originales y otros que debes utilizar mucha imaginación para ver el templo o, de plano, sabes que ahí hubo uno porque así lo dice el letrero ¬_¬.
 
Casa de gente pudiente
E)    Las termas
Había muchas termas en la población, se ve que los antiguos italianos tenían un alto aprecio por el baño diario, aunque lo veían más como un placer que como una obligación. Me gustaría saber qué demonios cambió de aquellas épocas a la fecha, porque los italianos actuales (y europeos en general) expelían unos olores terribles durante este viaje, aunque trataré ese punto en otro escrito. Personalmente de las termas sólo vi las más importantes ya que, además de muchas, no son unas construcciones que llamen mucho mi atención.
 
Un de tantos templos a lo largo de la ciudad
F)     Las calles
Una atracción sin mucho chiste o publicidad son las calles, mismas que están todas empedradas, pero no con piedrecillas, sino con rocas enormes y que aún se mantienen en excelente estado. El problema con dichas piedras es que, cuando llevas varios días destrozando tus pies caminando, te acaban lastimando cuando las pisas, por eso procuraba ir en la acera.
Frescos sexuales en el Lupanar
El problema radicaba cuando una excursión estaba invadiendo la banqueta, así que tenías que pegar un brinco a la calle (algo que no le hacía gracia a mis metatarsos). Las banquetas y los pasos de cebras estaban elevados unos 50 centímetros arriba de la calle, y es que la ciudad sufría constantes inundaciones, por lo cual diseñaron las vías así para no afectar su rutina y la ciudad continuara funcional, a pesar del exceso de agua.
 
Gente que fue sorprendida por el Volcán
G)   Los cuerpos sepultados
Obviamente una de las atracciones más grandes, y macabras, de Pompeya son los cuerpos sepultados y calcinados que encontraron en las excavaciones. Cuando ves la publicidad, pareciera que se encuentran por toda la ciudad, sin embargo sólo hay un par de secciones en donde te los muestran, además están protegidos por cristales. Creo que mucha gente va por el morbo de ver a estas siluetas pero, honestamente, con todo lo que hay que ver en el sitio, hasta se te olvida que hay que ver estos cadáveres sepultados (a mí ya se me estaba pasando).
 
El Anfiteatro
H)    Los teatros
Está el teatro grande, el teatro pequeño y el anfiteatro, los dos primeros mejor conservados que el tercero, pero los tres valen la pena la visita. El Anfiteatro es el que más me llamó la atención por su tamaño y porque las gradas están cubiertas por yerbas, lo cual da una postal muy bonita. Aunque eso no demerita a los otros dos, que están excelentemente diseñados y cuidados.

I)       Lupanar
Y todavía hay quien duda que el sexo mueve al mundo.
La naturaleza le da otra sensación al lugar
El único lugar en el que hice fila para entrar fue el Lupanar. Un prostíbulo de dos plantas, con habitaciones y camas sencillas en la planta de abajo para los jodidos y en la planta alta (a la cual no se te permite el acceso) para los clientes más pudientes.
El morbo de la gente se demuestra cuando se toca el tema del sexo porque, además de las camas, había pequeños frescos con escenas sexuales que complementaban el lugar.
Frescos así abundan en el lugar
La misma actitud veías cuando encontrabas una figura fálica en la calle, ya que era parada obligada, acompañada de su buena cantidad de fotos de los visitantes. Y es que en Pompeya tenían una relación muy sana y nada morbosa con el sexo, algo que aún le falta avanzar a muchas sociedades mustias actuales que lo practican sin pudor pero, para guardar apariencias, se persignan asustados si les tocan el tema.
 
J)      Estatuas modernas
Algo que me encantó de esta visita es que había una exposición de esculturas al estilo de la época pero que eran creaciones de este milenio. La verdad las estatuas se mantenían fieles a la esencia del arte romano de aquella época, pero les dieron un toque alternativo muy padre, simulando que eran esculturas originales destrozadas por el paso del tiempo y la naturaleza.
Adornos de las casa de aquel entonces
La esencia que estas esculturas le dieron al lugar y a la vista fue maravillosa y la agradecí mucho en mis fotos.

K)   Villa de los Misterios
Si tuviera que escoger un solo lugar de todo Pompeya, sin dudar sería éste. Y es que la Villa de los Misterios tiene todo: jardines, cuerpos conservados, estructuras bien cuidadas y, lo más importante, los frescos mejor preservados de todo Pompeya. La calidad de las pinturas es insuperable y te da una idea clara de la belleza de las obras de aquella época.
La Casa del Fauno
Y es que, después de ver estos frescos, hasta te dan ganas de borrar el resto de fotos de los otros a lo largo del sitio, porque no hay comparación. Además, lo maravilloso del lugar es que, al quedar en uno de los rincones más apartados de Pompeya, la afluencia de gente es poca, ya que se ven desmotivados a visitarlo después de caminar por las 50 hectáreas del lugar.
Así que si alguna vez visitan Pompeya, y no tienen un síndrome de destruir sus pies caminando (como el que tengo), les recomiendo empezar por la Villa de los Misterios y ya después se avientan el resto.

L)    Lo bueno y lo malo del Staff
Empecemos por lo malo. Resulta que no todas las atracciones están disponibles. Unas se entienden porque están siendo remozadas, pero hay otras que están cerradas porque sí, aunque el lugar esté en condiciones de ser visitado.
Hay dos motivos para esto: primero la falta de personal, así que en ocasiones no pueden abrir todos los sitios, porque no hay quien cuide. El segundo motivo es que, al no haber quien los cubra, y como no pueden dejar solo el lugar, pues cierran para ir a comer.
La Villa de los Misterios
Entiendo que tengan necesidades, pero el sitio debería tener más personal disponible, o poner más protecciones a los puntos de interés para que uno pueda visitarlos sin depender de la disponibilidad del Staff. Y es que esto es injusto porque me quedé sin ver La Venus de la Concha o el Jardín de los Cupidos (entre otras).
Así que otro punto a favor para llegar temprano: así reducen el riesgo que les cierren la atracción porque alguien se fue a comer (¬_¬U).
Tantos detalles excelentemente conservados
Hablando de comida, el punto bueno del Staff es la cafetería del lugar, en donde comí una pizza tan deliciosa como nunca probé en Roma, los precios eran accesibles, las porciones generosas, había WiFi y los baños estaban limpios. Lo cual es una gran ventaja para hacer una pausa, estando dentro del sitio, para reponer fuerzas y dar el jalón final.

            Esos son los puntos que tengo sobre el sitio, pero ahora tengo unos consejos para disfrutarlo mejor.
 
Muchos lugares bellos escondidos
            Priorizando

            Pompeya está tan bien conservada y es tan fascinante, que es fácil que te pierdas en las construcciones comunes, sin antes ver las principales. A mí me pasó, porque me distraje mucho a lo largo de la ciudad que, cuando me di cuenta ya habían pasado tres horas.

            Por fortuna tengo una buena condición y recuperé el itinerario en las tres horas siguientes pero, si traen el tiempo justo (algo que NO recomiendo) ya habrían valido gorro.
 
Figuras fálicas escondidas por la ciudad
            Aun así, ya sea por tiempo o por condición, es mejor visitar las atracciones principales desde el comienzo así, cuando les quede poco tiempo o energía, ya no se sentirán arrepentidos si se pierden algo.

            Tiempo suficiente

            Sé que es más fácil decirlo que hacerlo, pero Pompeya amerita, por lo menos, seis horas (que es lo que yo me eché a paso veloz), tiempo suficiente para ver los sitios más importantes, sin contar tontear por la población. Ir menos tiempo sería un desperdicio de un lugar tan bien conservado e interesante.
 
Sin duda fue una ciudad muy bella
            De preferencia vayan a la hora de apertura, hay menos gente, se disfruta mejor, hace menos calor y casi todos los sitios están disponibles. Conforme avanza el día hay más gente, menos posibilidad de sacar fotos limpias o disfrutar de los lugares de forma tranquila. Con menos gente aprovechan más sus recursos (incluido su tiempo).

            No contraten Tours.
 
Zonas verdes que te llenan de vida
            Como ya he mencionado en repetidas ocasiones, NO soy fan de los tours, a menos que no me quede otra opción. Yendo desde Roma había un tour que te ofrecían con transporte y comida, pasando unas tres horas en Nápoles y otras tres en Pompeya a un costo de 120 Euros.

            Como ya comenté, no me interesó conocer Nápoles, así que utilice ese mismo tiempo en Pompeya, porque consideré que era un lugar más valioso. Así que vamos a ver lo que significó hacerlo por mi cuenta en lugar que con un tour.
 
Camino del cementerio al Anfiteatro
            Mis costos por todo el día fueron 96 Euros que se distribuyeron así: 54 del tren ida y vuelta desde Roma hasta Nápoles, que fueron dos horas de ida y otras dos de vuelta (en camión se hacen tres horas en cada trayecto). Adicionalmente fueron 5 Euros en total por el metro ida y vuelta. Pagué 13 de la entrada y no hice colas (por llegar temprano). Comí muy bien con 10 Euros. Finalmente los otros 14 me los gasté en recuerditos. O sea que si quitamos los recuerditos, que no vienen incluidos en el Tour, me ahorre 38 Euros al hacerlo por mi cuenta.
 
Cuidando el aspecto del lugar
            Pero lo importante es que estuve todo el tiempo que quise (6 horas), vi lo que quise y a mi propio ritmo, sin jalar gente o que te carrereen. Menciono esto porque cuando vas en tour, ciertamente te enseñan lo más importante, pero también te puedes perder cosas muy valiosas.

La casa del Poeta
            Una ventaja del Tour es que llevas guía que, generalmente, va preparado con la información del lugar. Y, aunque no lo sustituye del todo, la guía que te dan en la entrada (con diferentes idiomas) está muy completa, con la ubicación, fotos e historia de cada punto de interés, así que tampoco es como que vayas a ciegas. Además, en esta era del Internet y los smartphones, tienes mucha información, antes o al momento, del lugar que visitas. Incluso el propio sitio de Pompeya te ofrece su guía vía aplicación para que tengas la información en tu teléfono.

Un gusto visitarte Pompeya
            Digo, hay situaciones en la que los Tours son en verdad necesarios, pero hay otras en la que nuestra desidia o miedo no nos dejan ver más allá y en verdad, se los digo por experiencia, no es tan difícil hacer viajes por tu cuenta, mismos que suelen ser más provechosos y hasta orgulloso te sientes de ti mismo porque tu experiencia depende de tu propio esfuerzo, no del producto prediseñado por una compañía, misma que adecua una solución para distintas personalidades. Mientras pueda diseñaré mis propios viajes para sentirme satisfecho de lo que quiero ver. Ya cuando esté viejito y sin fuerzas entonces contratare sólo tours.

            Finalmente. Si algún día pueden, visiten Pompeya, no se van a arrepentir de la inversión. Es un lugar único, por algo es patrimonio de la Unesco.


            Hebert Gutiérrez Morales.