domingo, 18 de febrero de 2018

Malinchismo, Patrioterismo y anexas

            Estaba en el cine esperando a que empezara mi película, cuando pasó un anuncio de Telcel (compañía mexicana) con la curiosidad de que estaban usando una versión moderna de “Somebody to love” de Queen para promocionar su servicio.

            Me sentí extrañado, honestamente no sabía cómo reaccionar: por un lado me daba gusto que fuese en inglés para que la audiencia se empapara más del idioma sajón (incluso estábamos ahí para ver una película subtitulada) pero, por el otro, ¡estamos en México! ¿Por qué debes hacer un anuncio en un idioma extranjero cuando el público al que está dirigido habla español?

            Dicho anuncio es una muestra bastante ambivalente de lo que significa el malinchismo en este país, mismo fenómeno que trae efectos tanto positivos como negativos.


            El Pocheo como estilo de vida

            La influencia de Estados Unidos a nivel mundial es brutal, así que es natural que en México estemos inundados de cultura gabacha: productos, programas, películas, deportes, música, marcas y hasta ideologías

            Por tal motivo no debe de extrañarnos que manejemos una versión light del spanglish, que no se compara a la que manejan los latinos en Estados Unidos, pero ya hemos llegado al grado en que no podemos hablar sin anglicismos (en el mejor de los casos) o, de plano, con palabras inglesas para las cuales tenemos equivalentes perfectamente correctos en español pero, por vernos “cool”, preferimos usar el inglés (como ya se dieron cuenta).

            Hubo una época en la que se culpaba a los inmigrantes que regresaban de Estados Unidos y nos importaban sus modismos y/o expresiones del gabacho, sin embargo no era un fenómeno tan generalizado.


           Recuerdo que en mi niñez no usábamos tantas palabras en inglés, y eso que desde siempre veíamos películas y programas subtitulados (algo que se está perdiendo y de lo que más adelante voy a hablar). Además de que teníamos décadas de disfrutar la música sajona pero, a pesar de ello, hablábamos un español más puro.

Obvio sí utilizábamos anglicismos para ciertas cosas como Troca en el Norte del país o Hot Dog (porque eso de decir “perro caliente” pues no inspira), o para llamar cariñosamente los Jorge (George), Jaime (Jimmy), Manuel (Manny), Guillermo (Willy), Angélica (Angie) y demás. ¡Ah! Y no teníamos “Brayans” ni “Tiffanys” ni “Kimberlys” ni tanto nombre naco que ahora pululan.

            Creo que la globalización, el Internet, la TV por Cable, video juegos y demás, de a poco mermaron esa resistencia de nuestro léxico y paulatinamente se nos fueron colando palabras en inglés, y cada vez son más.

            Y es que ya no sólo es utilizar el “please”, el “cool”, el “Thanks” o el “Love you”. De pronto los Millennials le encontraron un gusto a adaptar términos muy gringos como “Friendzone”, “Follow”, “Before Anyone Else (BAE)”, “Best Friend Forever (BFF)”, “Like”, “Stalker”, “Forever alone” y demás que, como podrán notar, están muy ligados a las redes sociales, mismas que sirven para interconectar a personas alrededor del mundo.


            Así que uno podría decir “bueno, pero eso quiere decir que nos comunicamos en inglés con otros países, lo cual ayuda al desarrollo de nuestra juventud”. Really? . . . ejem . . . quise decir . . . ¿En serio? ¬_¬U

            Digo, no es por presumir (y pensándolo bien, tal vez no sea para presumir en realidad), pero Lesly y yo (que sí hablamos inglés) durante nuestras platicas, a veces, se nos olvida la palabra en español, pero mencionamos el equivalente en inglés para que el otro se la recuerde. Por lo menos ahí sí hay ganancia por dominar el idioma sajón.

            Lo triste del asunto es que la gran mayoría de la gente que utiliza estas expresiones sólo se dedica a destrozar nuestra lengua sin la ganancia de dominar la extranjera con la cual contaminamos la propia.
           
            Inglés: más allá de ser parte del Hype (o del “Mame” en mexicano)


            Tras una victoria de mis Delfines, en Twitter alguien posteo el discurso del coach después del partido. Uno de los comentarios fue “¿Podrían, por favor traducir?” algo que, de alguna manera me indignó. En la era en que vivimos, es un pecado no hablar o, por lo menos, entender inglés.

Entiendo que hay mucha gente que vive en la miseria pero, si tienes cuenta de Twitter, tienes una PC o un Smartphone, y si tienes para comprar algo así ¿no te pagas unas clases de inglés? Si no tienes dinero para ello, y estás en Twitter, ¡ponte a trabajar y dejar de perder el tiempo! El inglés ha dejado de ser una ventaja competitiva, ahora se da por sentado que lo hablas para contratarte (por lo menos para un puesto decente).

Además, si algo que te gusta está en un idioma que no es el tuyo, haces el esfuerzo por entender aunque sea lo básico. Por ejemplo, cuando me apasioné por el Manganime llegué al grado de buscar clases para aprender el idioma, incluso cuando inicie en ellas, ya tenía conocimiento previo de algunas palabras y símbolos.


Ahora es más fácil el aprender un idioma en estos tiempos a comparación de cuando yo empecé. Eso lo vi cuando, al regresar a clase de japonés, todos los Millennials me vieron feo con mi enorme diccionario, cuando todos tenían apps que les ayudaban con la traducción.

            El mundo actual está tan conectado y globalizado a través del Internet y sus redes sociales que si quieres ser partícipe del Hype (o del Mame), por lo menos debes ponerte en igualdad de condiciones y aprender el idioma en el cual está disponible la mayoría de la información: el inglés.

            Lo triste es que, aunque en México tenemos un gusto especial por lo extranjero, somos bastante flojos para aprender el idioma de Shakespeare (sólo el 5% de la población lo dominamos) y, cuando lo hacemos, todavía tenemos complejos que superar.

Esto lo vi en Londres e Islandia con mi hermano, que es parte de ese 5% angloparlante del país, mismo que se mostraba tímido al momento de hablar con los güeros, y ahí me hice consciente de que mucha de la realidad de mi país se debe por percibir superiores a los Anglosajones (europeos o gringos), y eso se refleja al no hablarles en su idioma, al no tratarlos como iguales. Pero eso no fue culpa de él, sino es una actitud heredada a través de los siglos.


            El trauma de la inferioridad

No conozco un extranjero radicando en México que sea pobre, a lo más hay hippies que han optado por una vida sencilla pero, si quisieran, tendrían una buena clase social. Obviamente en este comentario no entran los Centroamericanos “pobres”, o séase todos menos Costa Rica y Panamá que sí tienen buen nivel de vida.

Hablo de los foráneos güeritos, guapos, altos, sajones y demás, esos gozan de un prejuicio positivo y, por ende, son tratados con favoritismo sobre los mexicanitos prietitos, chaparritos y feos.

Lo curioso del asunto, es que los que contratan a los extranjeros suelen ser los mismos prietitos chaparritos y feos pero, como el mexicano rechaza su realidad y privilegia lo que viene de fuera, siempre preferirá emplear a un güerito bonito que a un mexicano prietito, sin importar lo trabajador o talentoso que sea, es un prejuicio que traemos de varias generaciones, tantas que ya es algo inconsciente.


Eso es algo que siempre le reprocharé a los ingleses: “¿Por qué no vinieron ellos a conquistarnos?”. Mucha gente no me entiende y dice “Pero ellos hubieran venido a masacrarnos” y exactamente ésa es la razón a la cual me refiero, porque es preferible que hubieran masacrado a los indígenas en lugar de someterlos y esclavizarlos, y no sólo a ellos, sino a una cultura entera a lo largo de los siglos.

Es por ello que el mexicano ya está predispuesto a obedecer, sobre todo al extranjero. Tristemente es común que me encuentre gente que me diga “Jefe”, “Patrón”, “jefecito” o “patroncito”, cuando escucho una de esas palabras me purga en el alma y me enerva al máximo; son como una mentada de madre a nuestra cultura y se las miento a los conquistadores por sobajar a un pueblo otrora gallardo y orgulloso.

Sin embargo, recientemente, llegué a una conclusión que me hizo odiar un poco menos a los españoles y encontrar algo valioso entre tantas acciones despreciables que hicieron en Latinoamérica.


Reivindicando un poco a los españoles.

Siempre he sido de la opinión, como ya expliqué arriba, que nos hubiera ido mejor si los ingleses nos hubieran conquistado. Sin embargo, algo que he aprendido, es que cada acción trae resultados buenos y malos así que, para aliviar un poco el odio endémico hacia los conquistadores españoles me pregunté “¿Cuál fue la ventaja que ellos nos sometieran?”

De entrada no encontraba ninguna porque no sólo nos esclavizaron (física y mentalmente), también dañaron nuestras pirámides y en su lugar construyeron iglesias, en un intento brutal de terminar con nuestra cultura y creencias.

Sin embargo dejaron algunas vigentes que fueron adaptando a su idiosincrasia (día de muertos) e incluso nos heredaron otras que disfrutamos bastante (como el día de Reyes)


Así que los que se quejan que nuestro día de muertos ya está contaminado con el Halloween, sépanse que tampoco es la ceremonia 100% prehispánica que hacían nuestros ancestros, ya que llegó con un toque español a nuestros días.

            Con los ingleses, al asesinar a todos los indígenas, nada de aquello hubiera sobrevivido, tal vez las pirámides sí, porque eran demasiado imponentes, pero el resto de tradiciones no, porque no iba a haber quienes las mantuvieran vigentes.

Obviamente México sería un país muy distinto al que conocemos hoy en día, muy probablemente siendo parte de Estados Unidos (de manera oficial me refiero porque, en los hechos, ya les pertenecemos a los gringos).

Así que al no masacrarnos, los españoles nos dejaron algo de esa identidad prehispánica y, por ende, mantuvimos parte de esa riqueza cultural que aún gozamos hoy en día, incluida nuestra inigualable comida (que ya con eso es un argumento más que suficiente). Con los ingleses no se hubiera mantenido nada de eso.
 
Aunque el buen Pedro tenía buenas frases
            Cine mexicano

            La gran mayoría de las veces que he escuchado el término malinchista aplicado a mi persona han sido por dos razones principales: el cine y la música. Empecemos por el cine y es que, en mi educación, no hubo un lugar para el cine mexicano.

En mi casa no veíamos películas mexicanas ya que entre los 70s y 80s lo que abundaba eran las de ficheras, de Pedrito Fernández, de los hermanos Almada, de Lola la Trailera, entre tantos otros “distinguidos” personajes.

Aunque la (corriente) familia de mi padrastro sí disfrutaba de dichas películas, mi madre nos cuidaba mucho de que no viéramos expresiones culturales tan bajas, así que sólo veíamos cine extranjero de calidad.
 
También María Félix
Es más, aunque eran del gusto de mi mamá, tampoco veíamos películas de Pedro Infante, Jorge Negrete, María Félix y otros famosos de la época de oro del cine nacional. ¿Por qué? Por esa tendencia trágica, de víctimas y tanto drama que privaba en los argumentos. Ya de grande (gracias a mi exBrujer) vi “Nosotros los pobres” y me pareció una muestra patética de manipulación vil hacia la población, esto al ensalzar su miseria y atacar a la riqueza (una tendencia muy acorde a la iglesia católica). Y ahí agradecí a mi madre que nos cuidara de muestras tan patéticas de “arte”.

Le agradezco profundamente a Doña Marina esa educación malinchista, así que el cine mexicano no tiene lugar en mis prioridades, sin importar que haya subido de calidad a mediados de los 90s con el famoso slogan de “El nuevo cine mexicano”.


Obvio sí he visto algunas películas mexicanas de la actualidad (más porque me lleva alguna chica que me gusta que por un auténtico interés por el filme) y, honestamente, aunque reconozco que tienen una calidad MUY superior a lo que se hacía antes, no me hacen click.

            La bendición de los subtítulos

            Platicando en la oficina con mi amiga Les, hicimos consciencia de lo afortunados que somos en México, ya que es de los escasos países en dónde puedes ir al cine y ver la película en su idioma original (con subtítulos). Esto es una bondad producto del Malinchismo porque, incluso en países de primer mundo (Estados Unidos, Alemania, Francia, etc.) ven los filmes doblados a su idioma.


            No sé si por nacionalismo o por flojera, pero la mayoría de los países doblan las películas. Para mí una obra audiovisual debe mantenerse en su idioma original, por lo que los subtítulos siempre será mejor opción al doblaje (sin importar la alta calidad de éste), porque el anexarle un “accesorio” que no venía en el concepto original no dejará de ser un parche para los diálogos, esto por la intensidad e interpretación original.

Siempre preferiré las películas en su idioma original sin importar cual fuere (con subtítulos en español, inglés o alemán), así que en realidad soy un purista más que malinchista. Lo cual no quiere decir que desdeñe mi idioma, sino que quiero percibir la película tal cual fue creada y no con un parche en su estructura como lo es el doblaje.

Lo triste del asunto es que cada vez se va perdiendo terreno en ese ámbito. Por ejemplo, cuando salió “Civil War” no la pude ver de inmediato porque ese salí de viaje. Así que la fui a ver el primer fin de semana después de mi regreso y, tras sólo tres semanas después de su estreno, me encontré con la desagradable sorpresa que en las más de 20 salas de Puebla, sólo quedaba UNA función en inglés.

Eso me entristeció, porque en mis épocas eran escasas las funciones dobladas, predominaban más las subtituladas. Ahora esta generación es más floja, sin ganas de aprender un nuevo idioma, y por esa actitud es que sólo el 5% de los mexicanos habla inglés.


Pero ya no sólo son las películas, cuando veía TV me agradaba ver las series subtituladas, ahora me he enterado que esa opción ya no existe (en Warner, Sony y demás) y que sólo la puedes ver doblada o en inglés (sin subtítulos). Algo que me molestó de manera retroactiva pero, como ya no veo TV, lo dejé pasar.

En verdad aborrezco el doblaje: He llegado al grado de no ver películas por el simple hecho de que están dobladas, es más, he llegado al punto de regalar películas y series enteras nuevecitas, al darme cuenta de que sólo tienen el audio doblado y no el original.


Pero mi purismo va más allá del idioma, y es que sólo quiero poseer obras integras, tal cual fueron concebidas, así que me abstengo de ver/comprar versiones que han sufrido ediciones adicionales a las originales; así sean escenas fuertes que me hagan cimbrarme del dolor, prefiero una obra que las tenga en vez de que sean censuradas, porque así fue concebida la historia y sólo así la quiero tener.


La única expresión que, relativamente, se salva de mi malinchismo son los libros. Y es que la gran mayoría de veces leo autores extranjeros pero, tal vez, ahí pueda ser un poco más empático con la gente que prefiere el doblaje. El lenguaje original siempre lo prefiero para cualquier expresión audiovisual, sin embargo, no para los libros; y es que tengo amigos que prefieren leer el texto en su versión original en lugar de hacerlo con una traducción adaptada.

¿Me hubiera gustado leer en inglés? ¡Claro! De hecho he leído algunos. Pero mi educación no fue así y, por costumbre, aprendí a leer en español, así que mi purismo no alcanzó a los libros, ya que prefiero mi propio idioma por comodidad. Ahí me doy cuenta que estas preferencias entre lo original y las adaptaciones dependen de la educación, gustos, experiencias y preferencias de cada cual.


Felizmente, mi educación malinchista también me fue dada en la música.

            Música extranjera

            Otra ventaja que le encuentro a mi malinchismo es la cantidad de música extranjera a la que he tenido acceso desde que tengo uso de razón. Ciertamente escucho muy poca música en español a comparación de la que oigo en otros idiomas y eso me permite tener un panorama más amplio al que sólo me ofrece mi lengua.

No tengo esa barrera de disfrutar sólo la música que entendía desde niño, sino que aprendí a valorar las melodías por su arte no por mi comprensión, por lo que me hacían sentir y, posteriormente, esto me sirvió de gran apoyo para aprender otros idiomas (como el inglés, el alemán o el japonés).


Obviamente hay mucha música en español de gran calidad, pero no toda. El tener acceso a otras opciones musicales le ayudan a uno a formarse un gusto y/o criterio musical, al conocer otros estilos y los sonidos de otras culturas.

Ventajas culturales del malinchismo.

            El tener acceso a material extranjero (música, películas, libros, programas, etc.) es que te facilita el aprendizaje de esas lenguas y una mayor comprensión de otras culturas y sus formas de pensar.

            Antes de que el mundo se tornara tan global, con la aparición del Internet, las comunicaciones vía satélite, los celulares y demás, en México ya teníamos más conocimiento del ámbito mundial, porque siempre hemos sido muy ávidos en cuanto a cultura extranjera se refiere.


            La lectura de autores extranjeros también es muy enriquecedora personal y culturalmente, ya que accedes a otras formas de redactar, otras formas de pensar, otras formas de narrar, además de que conoces las diferencias con otros lugares y sus habitantes o, por el contrario, también ves que tus sentimientos y maneras de pensar pueden ser más universales al verlas reflejadas en otros humanos que viven alejados

El Malinchismo nos da una actitud abierta a lo externo, a los mexicanos nos interesa cuando tenemos al alcance a algún extranjero, y estamos dispuestos a aprender de ellos, así como enseñarles nuestra cultura, no somos celosos ni desconfiados, y eso nos da la posibilidad de enriquecernos, que la aprovechemos o no ya es otro cuento, pero esa actitud amigable hacia lo extranjero siempre nos da una buena imagen ante ellos, ya sea aquí o en sus países ya que generalmente el mexicano es bien recibido en otros países (incluso en Estados Unidos, a diferencia de lo que se podría creer)

Por esa misma actitud estamos más conscientes de la realidad mundial, conocemos más de otras culturas que de lo que ellos conocen de nosotros.  Las ideas preconcebidas deberían ser menos frecuentes con el Malinchismo, al tener acceso a tanta información externa es más difícil que piense que en África viven de cazar elefantes, que en Japón aún visten Kimonos, que en Alaska siguen habitando en Iglúes, en Italia sólo comen espagueti, en Rusia sólo toman Vodka y que en Australia montan a los Canguros.


Menciono esto porque muchos extranjeros, al llegar a México creen que seguimos montando a caballo (o en burro), que tenemos sombreros y el bigote crecido, el sarape y recostados junto a un cactus. Podrá sonar a broma pero muchos saben que esos tontos prejuicios están muy vigentes en demasiadas personas alrededor del mundo. El Malinchismo te aporta información para que esas tontas ideas sean las menos.

Al conocer ideas extranjeras puedes comparar contra las nacionales y ver cómo mejorarlas o tropicalizarlas al ámbito local, algo que hicieron muy bien los japoneses al imitar los productos occidentales, mejorarlos, perfeccionándolos y superando finalmente a los creadores.

Ojalá en México aplicáramos algo del modelo japonés, porque caemos en la postura de que todo lo extranjero es bueno y, automáticamente, descalificamos todo lo nacional simplemente por serlo.


Esta postura no hace importar ideas indiscriminadamente, incluyendo la basura y comportamientos nocivos de otras culturas. Esa es una desventaja del Malinchismo, ya que tenemos muy posicionado en el inconsciente el que un mexicano no puede tener ideas exitosas a nivel mundial. ¡Ah! Pero cuando lo logran, viene el otro extremo.

Patrioterismo

No sé si tenga algo que ver con lo aprendido por el malinchismo, aunque supongo que sí. Me encabrona cuando la gente se quiere colgar del éxito de mexicanos en el extranjero, mismos que salieron del país precisamente porque no tenían el apoyo o ámbito necesario para desarrollarse, los casos más notorios son los compatriotas ganadores recientes del Óscar (Lupita Nyongo, Emmanuel Lubezki, Alfonso Cuarón, González Iñarritú y, ojalá, Guillermo del Toro).


Y los que más escándalo hacen son la pinche gente mediocre que, al no tener logros propios, se quieren colgar de los demás. Claro que me pone feliz que tengan éxito, pero es SU logro, no del país, y menos de uno que no los apoyó.

Pero esto no acaba ahí, por lo menos los arriba mencionados son mexicanos (aunque la Nyongo, sólo nació aquí, porque en realidad se desarrolló en Estados Unidos). Lo que más me emputa es cuando sale alguien relativamente famoso, en el vecino país del norte sobre todo, y sólo por ser nieto de un mexicano, la prensa local le saca una nota como si en verdad fuera compatriota.

La necesidad de logros que celebrar

A ver, no importa que la ley le dé el derecho de la nacionalidad, ni tampoco importa si se apellida Sánchez o Corrales (y se ve como un Sánchez o un Corrales), ellos ya dejaron de ser mexicanos, y ya son más gringos que Donald Trump, ya dejen de estarle buscando cuadraturas al circulo y vivan con la triste realidad que les tocó, en lugar de estar buscando mexicanos “genéricos” que porque han sobresalido un poco en el ámbito gabacho, ahora sí los quieren repatriar y hacerlos 100% mexicanos. Esto es una pendejada, porque ni siquiera hablan español; es más, hasta gracia les ha de dar: “Estos ‘mexicanitos’ me consideran uno de ellos y hasta cobertura de estrella me dan”


La gente se queja del malinchismo, y los entiendo, pero no justifico que esas posturas, en teoría, nacionalistas, se conviertan en patrioteras. Un ejemplo típico de ello es la batalla del 5 de Mayo, ésa que en Estados Unidos creen que es nuestro día de la Independencia.

Conmemoramos una victoria improbable de un ejército mal preparado sobre la mejor armada del mundo. Lo que no cuentan los libros de texto es que al poco tiempo regresó esa armada a rompernos la madre. Y tampoco mencionan que sin la ayuda de los Gringos, no nos hubiéramos desecho de los franceses, y no porque sean buenos samaritanos, sino porque no quería que se metieran con su “perra” (a.k.a. nosotros).

Y, si somos honestos, viendo la historia bélica de México, caemos en esa patética postura de celebrar derrotas honrosas (ejem, niños héroes) o victorias parciales, pero, irremediablemente, alguien siempre termina rompiéndonos la madre. Tal vez por ello mejor adoptamos héroes extranjeros, porque nos dan victorias (reales o ficticias) que celebrar ante el escueto registro de glorias propias.


            Reivindicando a la Malinche

            En México tenemos un trauma muy fuerte hacia la Malinche y los tlaxcaltecas, ya que ayudaron a los españoles a derrotar a los aztecas. Es de la poca historia que conoce el mexicano estándar y, para colmo, carece de la perspectiva histórica.

            Es injusto tildar a los Tlaxcaltecas de traidores porque México como país NO existía, así que eran reinos diferentes, culturas diferentes, además de enemigos acérrimos. Por lo que hay que recordar que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, lo cual es una ley desde que la humanidad vive en sociedad.

Así que la gente tonta que tacha a la Malinche y a su pueblo de traidores, no son más que unos pobres pendejos que se dejan llevar por sus prejuicios patrioteros, aunque ellos creen que son muy patriotas. Dicha creencia es tan fuerte que se acuño el término “Malinchismo” para dictaminar esa actitud positiva hacia todo lo extranjero y negativo hacia todo lo nacional. Pero el malinchismo ha dejado de ser un fenómeno local.


Un fenómeno mundial

Para todos aquellos mexicanos orgullosos de nuestra lengua, nuestra cultura, nuestras raíces y nuestras tradiciones, les tengo una mala noticia: esto ya no tiene vuelta atrás, de hecho lo más probable es que sigamos en el mismo sentido al seguir fusionando y adoptando más expresiones, ideologías y costumbres extranjeras.

Aun así les pido, por favor, que no se desanimen y que continúen con su batalla (aunque perdida) para mantener tan puras como sea posible, todas esas expresiones de nuestra cultura, mismas que nos dan una identidad y que nos recuerdan un origen que jamás debemos olvidar. Personalmente les puedo compartir que entre más viajo y conozco lugares fuera de mi país, más orgulloso me siento de él y más mexicano me encuentro yo, por ello difundo mi cultura en esos sitios con especial alegría.


Obviamente hay muchos mexicanos que reaccionan de distintas maneras y, la evidencia demuestra que la mayoría adopta lo extranjero sin chistar y desdeña sus raíces, pero eso es por los traumas culturales que acarreamos, como ya mencioné arriba.

Al igual que en México, en cualquier país del mundo hay cosas buenas y cosas malas. Todas las culturas del mundo van evolucionando, van adaptando ideas atractivas de otros lados, que pueden ser positivas o negativas, pero al final todos vamos aprendiendo de todos y vamos adaptando nuestras ideas a lo recién llegado.

Tal vez ahora lo vemos con más preocupación por el ritmo frenético que se van dando los cambios pero créanme, esta dinámica de adaptación ha sido la constante humana. Por si lo dudan, vean a su alrededor y dígame cuántas de las cosas que ven son de origen 100% mexicano (empezando por el dispositivo en el cual está leyendo esto).


Como a muchos, no me gusta que los niños conozcan y celebren más el Halloween que el día de muertos, que tomen Coca Cola en lugar de Boing, o que coman en Burger King en lugar de echarse unos taquitos. Pero tampoco vamos a cerrarnos al mundo y tachar todo lo foráneo como malo y lo mexicanos como bueno sin ningún cuestionamiento (y viceversa).

Lo mejor es educar bien a los niños sobre lo bueno de nuestro país y que estén abiertos para imitar lo bueno de otros países, que estén orgullosos de sus raíces para que también lo difundan en el extranjero. El caso es enriquecernos de todo lo bueno que hay alrededor del mundo y ser partícipes de ello al contribuir con todo lo valioso que hay en México, que es bastante.


Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 17 de febrero de 2018

La incapacidad de tener una pareja

            Constantemente, a través de diversos medios, veo muchas quejas de personas que se declaran “forever alone”, que nadie los quiere, que nadie los ama y que mejor se comen un gusanito . . . esteeee . . . . perdón, un desliz.

            El caso es que mucho de ese sentimiento es ocasionado por la presión social de tener pareja para que, eventualmente, te cases. Tema que ya trate ampliamente en escritos previos. Este ensayo no pretende ser una queja lastimera de por qué el mundo no me ama, no me acepta, no me quiere y demás o, por lo menos, no es mi intención.

            La Certeza

            Voy corriendo por la pirámide de Cholula, en una agradable tarde cálida de Viernes, así que las parejas pululan. Recuerdo cuando esas visiones me ocasionaban envidia y tristeza, deseando tener una mujer que me hiciera feliz.

            Hoy veo a esas parejas y (casi) no siento nada, de hecho las veo y reafirmo una certeza que tengo presente: quiero evitar relacionarme en el tiempo que me reste en este mundo. No lo digo como lamento, en realidad es una especie de mantra porque ciertamente ya sólo me visualizo por mi cuenta, sin nadie al lado.


            Eso me hizo recordar que un par de días antes Luisa (una de mis compañeras más queridas y generosas de la oficina) estuvo insistiéndome para presentarme a una de sus amigas; la chica es cuestión está guapa, es agradable y tiene un cuerpo delicioso. En otras épocas no hubiese dejado pasar dicha oportunidad (aunque me caguen las citas arregladas), pero en esta ocasión opté por rechazar amablemente la oferta.

            “¿Acaso no te gusta?” me cuestiona con frustración Luisa “Es muy bella” le contesto, “pero no estoy interesado”. La respuesta no le satisface y sigue intentando que acepte. A un nivel mi ego disfruta la insistencia, pero ni siquiera está en entredicho mi decisión porque, en verdad, no estoy interesado.

            Los malditos instintos

Y miren que lo lamento, porque la amiga en verdad está muy apetecible, y ahí desearía que hubiera un botoncito para apagar mis instintos, que con gusto los tendría desactivados gran parte del tiempo y sólo los encendería en cuestiones realmente necesarias (hacer ejercicio, ver un partido de NFL, ver pornografía, etc). Por desgracia ese maravilloso botón no existe, así que tengo que lidiar con mis reacciones animales.


¿Por qué menciono lo de desactivar los instintos? Porque me encantan las mujeres, veo alguna chica apetecible en la oficina y me la imagino en variedad de situaciones que, por respeto, no voy a compartir. Para mi fortuna (o desgracia, según el punto de vista), ha pasado tanto tiempo desde la última vez que tuve un contacto íntimo que me conformo con el hecho de ver, ya no tengo la necesidad de intentar algo más.

Pero las veo pasar y se me antojan, copularía con ellas como perro en ese mismo instante, pero sólo de pensar en todo el proceso de la inversión de tiempo, dinero y esfuerzo que implica coger, si es que lo logras, me desanima bastante.

Sin embargo dices “Bueno, el premio lo vale” pero el precio a pagar después es lo que me termina de desanimar: porque ya viene la época de “conquista” y no me refiero a la parte positiva de la palabra, sino a someterte: llevarte a reuniones, disponer de tu tiempo, de tu atención y espacio, ahí es donde definitivamente descarto la inversión y me digo “Bendito PornHub, qué bueno que eres gratis y no requiere de todo mi tiempo” (Sí lo sé, soy despreciable, dígame algo que no sepa ya).


            El Lobo solitario

            La verdad es que estoy muy cómodo con mi soledad, estilo de vida egoísta que me permite tener casi la totalidad de mis recursos a mi disposición. Basándome en mi experiencia, si entrara en una relación sería inmensamente mayor lo que tendría que perder a comparación de las supuestas ganancias de las cuales he visto muy pocas.

            Pero esta situación no es de a gratis, ya que la gran mayoría del tiempo he estado solo en cuestión sentimental. He pasado muchos años sin novia ni amante y, por ende, también he pasado mucho tiempo sin copular. En ocasiones llega alguna que rompe mi soledad y por unos meses, vuelvo a creer en el amor y que tal vez pudiera vivir con la fémina en cuestión pero, invariablemente, la intentona de relación termina. A veces me ilusionan con algunos encuentros, besos o caricias y aunque, por un corto tiempo, me llenan la vida de alegría y color, es muy poco para llenar mi existencia de plenitud.


            Por lo mismo que casi no he tenido novias es que mi experiencia sexual es poca y, al pasar el tiempo, me empieza a resultar irrelevante, incluso llega el punto en que me da ya hueva relacionarme. Sin embargo, los instintos están presentes siempre y, de vez en cuando, conozco alguna chica que podría enamorarme y darle en la madre a mi pacifica soledad.

Mi clasificación de atractivo femenino

A diferencia del resto de hombres, suelo ser muy selectivo en mis gustos, y por eso cojo tan poco porque, como bien reza el sabio dicho: “el que escoge no coge”, y es que no me veo copulando con la primera fémina que se cruce en mi camino, como muchos de mis conocidos hacen.
           
Audrey me fulminaría con esa mirada
Las mujeres me pueden resultar atractivas en tres clasificaciones:
A)    Hay unas cuya personalidad e inteligencia me encantan, con las que puedo sostener una plática muy nutritiva e interesante, ya que su manera de pensar se acopla muy bien a la mía o, aunque no se adapten, son tan brillantes que las admiro a pesar de la diferencia de puntos de vista. Sin embargo, su físico no me atrae en absoluto.
B)    Hay otras que su personalidad no me gusta, su manera de pensar la encuentro errónea, pero tienen algo físico que me atrae irracionalmente. Esos cuerpos y rostros que me prenden de inmediato y que, si ellas se lo propusieran, podrían aprovecharse de mi cierto tiempo aunque una vez satisfecha la “comezón” sé que me resultarían indiferentes.
C)    La más peligrosa: una mujer que me encanta a todos los niveles, misma que me atrae física, emocional y cognitivamente. Ese tipo de mujeres son raras en mi vida, a esta categoría pertenecieron Nadia y Harumi. Actualmente hay una sola mujer en esta sección, por lo que he tomado mis precauciones.

            Un peligro latente


            Tengo una amiguita que me encanta y que, por fortuna, tiene novio, lo cual me resulta muy conveniente porque de lo contrario sería aún más peligrosa. Y es que, honestamente, no sé cómo reaccionaría el sujeto si viera la calidez con que abrazo y beso a su chica cuando nos vemos o nos despedimos. Dicen en la oficina que casi me la fajo de lo pegados que estamos.

Luego me entra un miedo, “si ella fuese mi novia, ¿podría estar tranquilo con que salga con sus amigos a solas y que la sabroseen como yo la sabroseo?” Y la respuesta fue rápida e inmediata “¡Definitivamente No!”

Creo que una razón de peso que va a impedir relacionarme de nuevo son los celos: Así como defiendo mi libertad, al mismo tiempo, soy muy celoso con una mujer que me importa. No se imaginan lo que sufría cuando veía bailar a Nadia con otros hombres, en verdad me moría por dentro.


Como soy muy consciente de la justicia, si quiero libertad, debo darla y como no estoy dispuesto a darla al mismo nivel que la exijo, prefiero no relacionarme, porque tampoco puedo ser tan injusto e hijo de puta con cualquier mujer que tenga la desgracia de relacionarse conmigo.

Volviendo a la chica peligrosa, la he borrado tres veces de mis contactos, por ende, le dejo de escribir durante unas semanas, hasta que ella me escribe de regreso con un reclamo, una disculpa o una pregunta de por qué la borré (por ello cambié la configuración del Whatsapp, para que ya no se diera cuenta que la borre). Sin embargo, sin importar las veces que regrese, la seguiré borrando ¿Por qué? Porque la paz, tranquilidad y plenitud que siento estando solo es inigualable y no la consigues con nada.


            Sí, ya sé, aquí vendrían las expresiones programadas de muchas personas amaestradas para repetir cosas como “Es que cuando encuentras el amor verdadero es el día más relevante de tu día”, “Tu existencia no tendrá sentido hasta que sepas lo que es amar y ser amado”, “Los humanos nacimos para vivir en pareja” y demás sarta de ideas preconcebidas que la gente repite sin cesar, sin razonar y de manera automática.

            A ver, en MI historia, el amor sólo ha significado algo: sufrimiento, y dentro de esto se abarca el dolor, la incertidumbre, las esperanzas, las decepciones, las alegrías y demás. Ciertamente enamorarse debe ser de lo más bonito que te puede pasar en tu vida, PERO eso no quiere decir que tampoco esté exento de mucho dolor.

            El trayecto es lindo, intenso, inesperado, emocionante y todo lo que quieran mencionar, sin duda un viaje que vale la pena experimentar, sin embargo, hay algo que no tienes mientras estás enamorado: Paz interna.

            ¿Por qué? Porque siempre quieres saber si te ama, si no te ama, si le gusta a otro, si le aburres, si te va a engañar, si se van a casar, si van a tener hijos, si la familia te acepta, etcétera. Cuando encuentras algo tan valioso que el valor de tu propia existencia está en función a la aceptación de esa persona, es que ya valiste madre.


            La función del enamoramiento

            Aunque el tema lo voy a tratar de manera profunda en otro escrito, cuando te enamoras, los instintos pasan al asiento del conductor, dejando al cerebro como un pasajero inútil que (en el mejor de los casos) sólo puede observar sin hacer nada. Como el enamoramiento anula nuestro sentido común, tomas decisiones relevantes que, normalmente, estando en tus cinco sentidos, no tomarías, como casarte y tener hijos.

            Ésa es la función del enamoramiento: apendejarnos, percibir personas y situaciones que no existen, anular nuestras experiencias y aprendizajes para tomar decisiones relevantes de manera rápida. Y, en mi experiencia, no vale la pena.


            Nuevamente, ésa es sólo mi postura, basado en el exceso de sufrimiento y la escasez de resultados. Así que, ante las nimias ganancias, uno va perdiendo el interés de relacionarse, incluso de coger y, paulatinamente, se va convirtiendo uno en un ser ermitaño y asexual.

            Sé que los instintos son amos y señores del comportamiento humano. Sin embargo he aprendido, a base de madrazos, a darle el poder a  mi cerebro, que tome el control y no deje entrar al amor otra vez ¿por qué? Porque con mi amor propio egoísta estoy en paz, estoy pleno y es el mejor estado en que puedo existir.

            Sí, lo sé, no me lo repitan: es lindo enamorarse y sentir mariposas en el estómago, pero también es de la chingada toda la incertidumbre y sufrimiento que conlleva. Además el enamorarse no es la única experiencia donde te sientes feliz: viajando, leyendo, ver partidos de mis Delfines, ayudar a alguien que quieres, etc.

            El enamoradizo Hebert


            Para llegar a relacionarme, necesitaría una chica que me guste bastante pero que no me haga perder la razón ¿Por qué? Para darme cuenta de mi accionar, para no hacer promesas que luego no voy a poder cumplir, para decidir con la cabeza (correcta) si me conviene ceder lo que voy a ceder y darme cuenta también de sus falencias.

Ahora, aunque una mujer así existiera, lo triste es que me acabaría enamorando y otra vez valdría madre. Y es que vivo en un círculo vicioso en el que, como no he tenido pareja regularmente, no estoy acostumbrado a las relaciones, por consiguiente, cuando tengo una potencial, me emociono y me enamoro.

Soy una persona muy leal, para bien o para mal (ese “para mal” es para mí, obvio). Es por ello que no puedo salir con alguien que no me  guste, que no me resulte atractiva, así que opto por no darle alas a quien no me interesa. Sé que esto no es común, ya que a la gente le gusta tener tantas “veladoras encendidas” como sea posible, pero ésa no es mi esencia.


Regresando con la que me gusta en la actualidad, y conectando el tema de los celos: ella me gusta con lo cariñosa que es y la libertad que tiene y, como no puedo lidiar con esas prestaciones, porque me moriría de celos, prefiero dejarla pasar y que sea feliz libre. Es chistoso como su libertad me encanta, porque me permite ser cariñoso con ella, pero me incomoda imaginármela con esa misma actitud siendo mi novia.

La quiero tanto como para no hacerle la vida miserable (y me quiero más a mí para no hacer mi propia existencia miserable), es más sano dejarla ir y que encuentre alguien que no sea tan celoso, posesivo o inmaduro que la deje florecer conforme a su esencia. ¿Acaso han visto un acto de amor tan grande? ¿Por qué? Porque prefiero que mantenga toda esa libertad que la hace brillar de manera tan atractiva y, también debo admitirlo, también prefiero seguir libre por mi cuenta.

            Una gran razón para ya no volver a relacionarme es mi estilo generoso, detallista, acomedido, solidario y demás que tengo con las féminas que me gustan, por eso mismo es que doy demasiado. Cuando esto pasa, viene la frase que más detesto escuchar “Es que eres muy lindo”, y como ya no estoy dispuesto a ser el pendejo de nadie, me he prometido no volver a escuchar eso de “lindo”.


Por desgracia, creo que mi esencia es “linda”, así que he optado por ahorrarme todo el desgaste (de todos mis valiosos recursos) que implica conquistar a una mujer para que me salga con sus mamadas de que soy lindo. A mí me vale tres kilos y medio de verga ser lindo

            Mis enamoramientos

            El enamoramiento es una reacción química de la cual nadie se salva, me ha pasado dos veces y en verdad es una fuerza muy superior a tu voluntad. Pero si hubo una gran diferencia por los once años que pasaron entre Harumi y Nadia: mi consciencia. Con Harumi me perdí totalmente, me entregue a las mieles del enamoramiento sin mayor precaución y la consecuencia de la decepción fue terrible ya que, por despecho, terminé en un matrimonio altamente nocivo.


            Con Nadia fue diferente, no sólo por mi edad, sino por mi consciencia. Obvio me inunde en las mieles del enamoramiento, mismas que causan adicción y una embriagante sensación de locura. Pero, a pesar de ello, me daba cuenta de lo que pasaba, ciertamente no estaba en control, pero sí veía y opinaba. Recalco, esa parte consciente no tenía mucho qué hacer en cada pendejada que cometí con Nadia, pero fue tomando nota.

            Hoy en día, esa parte consciente ha retomado el control de mi vida, y ha puesto unos mecanismos de defensa mucho más fuertes de los que jamás haya tenido. Aunque hay muchas chicas que me gustan pero, por más ridículo que suene, mi corazón está clausurado, está sellado y blindado. No digo que va a ser imposible que alguien entre pero, en verdad, debiera ser alguien increíble para que lo lograra.


            A pesar de todos esos mecanismos de defensa, no me confío ya que, por no estar atento, Nadia ingresó a mi vida sin siquiera esperarla o buscarla. A Harumi sí la buscaba, y me apabulló porque no me la esperaba tan perfecta, el impacto de Nadia fue mayor, porque no esperaba que ese tipo de cosas pasaran más de una vez en la vida.

            Ahora sé que eso puede pasar nuevamente, sé que es escasa la probabilidad de que me pase una tercera vez, pero la posibilidad existe y ahora no me va a tomar por sorpresa, por ello cuando veo a alguna chica que ligeramente podría gustarme, la admiro y la dejo pasar, ni siquiera hago el mínimo esfuerzo para que voltee a verme, sólo la dejo pasar y, si de casualidad, intenta abordarme, seré yo el que se haga el desentendido y huirá de inmediato, sin mayor explicación.


            Dicen mis amigas que soy un exagerado, miedoso y patético, y tienen  razón, pero nadie me puede culpar por privilegiar una vida en paz en lugar de volverme a arriesgar a salir lastimado. Dicen que cada cual cuenta de la Feria cómo le fue en ella y, en definitiva, me ha ido muy mal y, honestamente, por instinto de conservación, prefiero ya no intentarlo, sobre todo cuando puedo bastarme a mi solito. Por eso digo que hay más riesgo de perder que de ganar si me vuelvo a relacionar ya que, pecando de soberbio, no hay algo que anhele de otra persona, es más, ya ni siquiera el sexo.


Mi objetivo

Estoy evitando que mi alegría dependa (otra vez) de alguien más. He comprobado que la felicidad basada en mí mismo es estable, profunda y productiva, no encuentro una razón suficiente para arriesgar eso por una calentura sexual.

Se me puede tachar de cobarde y seguramente tienen razón, aunque sería injusto porque, sin duda alguna lo he intentado,  y he llegado a la conclusión que esto de relacionarse no es para todos. El problema es que muchos se empecinan y prefieren una relación forzada que los hace miserables antes de arriesgarse a una pacífica soledad.

Hay quien me ha dicho “Seguramente eres muy difícil para relacionarte” y puede ser que tengan razón pero, por otro lado, sé que el problema de fondo es justamente el contrario: soy muy fácil y, cuando me enamoro, amo sin medida y doy todo lo que está a mi alcance. A primera vista habrá quien diga “¡Qué lindo! ¡Quiero alguien así!” Pero deben tener cuidado con lo que desean.


Tener a alguien que te quiere complacer todo el tiempo, que siempre está disponible para ti, para lo que necesites, cuando lo necesites, al inicio es muy padre (para quien recibe) pero, con el paso del tiempo es un verdadero dolor de trasero, y acaba siendo un martirio (para ambos).

El dar todo no es muestra de una relación sana ni de un individuo estable, alguien con el amor propio en su lugar no se desvive de sobremanera por nadie que, tal vez, lo valga pero que no ha hecho nada para merecer tantas atenciones. Alguien sensato y centrado, sabe darse su tiempo, su espacio y su valor, tiene la serenidad necesaria para esperar que la relación vaya consolidándose, madurando y creciendo. Sólo los inmaduros quieren vivir el amor de su vida tan pronto como sea posible e, ilusamente, quiere que dure así de perfecto hasta el final de los tiempos.


La chica de la Tintorería

            Al parecer, la chica peligrosa, de líneas arriba, por fin ha entendido mis indirectas, así que el Universo me mandó otro recordatorio del constante peligro en el cual vivo y, nuevamente, pone a prueba mis defensas.

            Hace un par de meses, al lugar en donde llevo a planchar mi ropa, empezó a atender una chica pelirroja (no natural) los días sábados. Desde entonces “casualmente” voy a dicho lugar en fines de semana.

            Desde la primera vez que la vi me pareció MUY atractiva y sentí esa reacción química que tanto me caga: enamoramiento. Pero algo que he aprendido es que, para que eso crezca, se necesita la interacción constante, algo que he cuidado que no pase.
           
            “Buenos días”, “Buenas Tardes” “Vengo por mi ropa” “¿Cuánto es?” y “Gracias” son las únicas frases que intercambio con ella. Nada de piropos, nada de familiaridad, cuido que ninguna rendija quede abierta para que se cuele algún otro dato innecesario. Y es que la chica en verdad me encanta y, por lo mismo, me afecta verla. Por fortuna me he hecho demasiado cobarde, cínico o insensible para controlar mi emoción, para contenerme y fingir indiferencia y salir de ahí con la victoria hueca de no hablarle ni invitarla a salir.


            Y digo que me afecta porque después de verla tardo un buen rato en tranquilizarme, porque recuerdo todo lo bello que se siente amar pero, con la acumulación de los (d)años, también recuerdo todo el sufrimiento, la incertidumbre y el dolor que trajeron consigo aquellas intentonas de relación.

            El inválido sentimental

            Además, para que acabe de “amarrar” mi postura, me acabo preguntando “¿Para qué Hebert?” Y recuerdo todas esas experiencias pasadas, obviamente aún tengo presente toda la ilusión y alegría que experimente en su momento, pero también todo el dolor, desilusión y lo que me cuesta recuperarme tras una tristeza tan grande.


He aprendido a aceptar que no sé cómo relacionarme y que intentarlo requiere mucha energía de mi parte y, como no se han dado los resultados, en verdad es una acción que va en contra de mi bienestar.

            Obvio también me repito argumentos como la edad (se ve que ronda los 25 años), el status social y demás, aunque sé que son pretextos tontos que te son útiles para justificar el miedo e inmadurez.

Así que soy honesto conmigo y acepto que me gusta la chica pero también veo ese sentimiento en el pecho que me incomoda y recuerdo todo lo que significa estar enamorado, y ya no quiero pasar por ello.

Igual y es muy bonito de a ratos pero, en mi experiencia, pierdo mucho más de lo que jamás aposté, y ya no quiero eso, sólo quiero tener una vida en paz y, he llegado a la conclusión, que la única manera en que puedo vivir en plenitud es en soledad total.


Hebert Gutiérrez Morales.