miércoles, 18 de abril de 2018

Recorriendo el Lago Mývatn (Islandia, Parte 2 de 8)

Un pie en Norteamérica y el otro en Europa

            Para leer sobre la llegada y primeras impresiones sobre Islandia, pueden hacer click en este enlace. Antes de iniciar propiamente con el primer tour, voy a comentar algo que nunca había visto y que me resultó muy curioso.

            Vivir sin noche

Una semana sin ver la noche es algo muy raro, de hecho podíamos dormir sin dificultad por el cansancio acumulado que traíamos desde Londres pero, de lo contrario, creo que se nos hubiera dificultado hacerlo con tanta luz; por ello los islandeses tienen muy buenas cortinas para taparla.
 
Conociendo la nieve por primera vez :'-)
            Soy alguien diurno, así que amo hacer muchas actividades de día y en la noche ya estar en casa de manera tranquila. Por lo mismo adoro el horario de verano, ya que me da más horas de luz natural en cada jornada. Es por ello que nunca creí extrañar la noche, hasta que llegamos a Islandia.

            Así como nunca conocimos las coronas islandesas de manera física (hecho que comentaré al final de este escrito), tampoco conocimos la noche islandesa. Fuimos en mayo y por la ubicación de esta isla, teníamos alrededor de 20 ó 21 horas de luz diarias, así que las pocas de oscuridad acontecían cuando estábamos durmiendo.
 
Paisajes diferentes gracias a la lava
            Es un fenómeno extraño, sobre todo cuando vienes de un país en donde la noche más corta dura unas nueve horas (y la más larga unas 12), o sea que ya forma parte de tu Status Quo que, al finalizar el día, oscurece.

Obviamente en invierno viene la contra parte en la isla y me dicen que sólo tienen tres horas de sol, y no es propiamente tal, sino una especie de bruma mortecina que rompe un poco la oscuridad, pero no es luz tal cual.

Si tengo que elegir una de las dos, me quedo con el día de 21 horas en lugar de la noche de 21 horas, sin embargo ha de ser bastante frustrante vivir estas extremas situaciones, y no dudo que traiga sus consecuencias fisiológicas y psicológicas.
 
La hermosa cascada de Godafoss
Por fortuna nuestros dos alojamientos, en Akureyri y en Reikiavik, tenían unas cortinas Black Out bien chingonas, porque no se metía ni un rayo de luz, así que podíamos dormir a gusto.

Goðafoss (Godafoss)
           
Nunca había usado ropa térmica, así que cuando me la puse me sentí como X-Men probándose su uniforme. Nunca había usado botas de hiking, así que me sentí como Terminator cuando me las puse. Estos aditamentos me los había comprado unos meses antes en Estados Unidos y, aunque te los pruebas antes de comprarlos, el sentimiento es distinto cuando los vas a usar para el ambiente en que fueron diseñados.
 
Un paisaje espectacular
Casi todos los guías que nos tocaron en el país nórdico fueron muy amables y Jully, el del primer día, no fue la excepción. De hecho, como era temporada baja, sólo fuimos José y yo en este tour, así que obtuvimos uno privado a precio de uno normal (el primero de tres que íbamos a tener así).

Nunca había visto la nieve, así que el hecho de sentirla ya había valido el viaje entero. Nuestra primera parada fue Godafoss (la cascada de los Dioses), una bonita caída de agua que, dicen, tiene 12 metros de altura, aunque me pareció mucho más prolongada.
 
Estaba feliz en un país tan diferente
La historia dicta que en el año 1000, el jefe vikingo de Islandia hizo una consulta con su pueblo, para ver si adoptaban el cristianismo como su religión y, en un hecho sin precedentes, la población optó por adoptar la nueva religión de manera pacífica, sin derramar una gota de sangre, todo a través de una consulta, lo cual demuestra que la esencia pacífica y civilizada de los islandeses ha sido la constante desde hace mucho tiempo.

Así que cuando se convirtieron al cristianismo, tiraron todas las estatuas de los dioses paganos y, en esta región, se botaron en esta cascada, así que se le quedó el nombre de Cascada de los Dioses o Godafoss.
 
Aprovechando la buenas botas que compré
Lago Mývatn

El lago Myvatn nos iba a acompañar a lo largo del viaje, ya que lo íbamos a circundar, esto al ir visitando distintos sitios naturales e irreales.

Nos detuvimos en el valle de Möðrudalur en donde el paisaje volcánico, junto con la nieve, proporcionaba una escena difícil de explicar, lo único que sabía es que quería caminar ahí.
 
Esas cosas que uno no supera
Caminar en nieve, en un terreno tan irregular por la lava, no es tan fácil como se cree, de hecho es bastante demandante, la ventaja es que fue un tramo corto. Y de ahí pudimos apreciar a su “Montaña Reina” llamada Herðubreið, que en verdad es muy pequeña a comparación de un Pico de Orizaba o una Malinche, pero al ver tantas montañas nevadas alrededor, el paisaje es más impresionante para un mexicano.
           
Cueva Grjotagja

            Nuestra siguiente parada fue la zona en donde se separan las placas tectónicas de Norteamérica y Europa, justo la misma “grieta” que íbamos a visitar unos días después cuando hiciéramos snorkel en Silfra.

            Nos pusimos a payasear un poco en la grieta, que tiene partes bastante profundas, así que teníamos que andarnos con cuidado. De ahí Jully nos llevó a un lugar muy bonito llamado la cueva de Grjotagja, él estaba muy orgulloso de llevarnos ahí porque era “la cueva del amor” en donde Jon Snow e Ygritte tuvieron su primera noche de pasión en la temporada tres de “Game of Thrones”.
 
¿Un ser celestial?
            Por decisión propia no he visto dicha serie, pero sí he leído los libros, así que sabía de qué me estaba hablando. Ésa fue una constante en nuestra estadía en Islandia, porque cada vez que llegábamos a alguna locación en donde se había filmado “Juego de Tronos”, el guía nos lo hacía saber con especial alegría. Y es que los islandeses están felices de la promoción que recibe su país a través de dicha serie. Volviendo a la cueva, dentro de ella había mucho vapor, puesto que ahí dentro el agua era termal, así que estaba muy rica.

            Geisers y paisaje lunar.

            Fuimos a una zona llamada Drekagil (¡por fin un pinche nombre que podíamos pronunciar!) a ver una zona volcánica llamada Askja.  En esta zona vinieron a entrenar los astronautas gringos que alunizaron en 1969, ya que el terreno es similar al que iban a encontrar en la luna.

Aunque días después íbamos a ver los Geiser más grandes y populares de la isla, en esta zona también había unas pequeñas calderas que eran como geiseres “enanos”, sólo que en lugar de escupir aguar hirviendo, lo que escupían era lodo. Ahí nos pusimos a payasear con los geiseres y a sacar fotos chuscas.

Aguas termales ahí al lado

Ahí cerca había una planta hidroeléctrica, misma que toma el poder de los geiseres y aguas termales para generar energía eléctrica para la población. Lo cual me lleva al siguiente apartado.

Energía Geotérmica.

Las vimos en Mývtan, en el Blue Lagoon, en Reykjadalur y demás sitios. Las plantas geotérmicas en Islandia abundan ya que, al ser un país con tanta actividad volcánica (de hecho el país se generó por la misma actividad volcánica), es una fuente de energía valiosa, limpia y barata para la nación.
 
Esos frijoles me cayeron mal ¬_¬
De hecho producen más energía de la que pueden consumir, así que la acaban exportando al resto de Europa, lo cual es una fuente de ingresos importante para su economía.

Aunque el costo de la vida en Islandia es caro, una de las pocas ventajas que tienen es que todas las casas tienen agua caliente sin necesidad de boilers, de hecho en Islandia no existen los calentadores de agua, ya que por la proliferación de aguas termales en el país, no son necesarios. Por el mismo motivo, los costos de calefacción y electricidad son relativamente baratos, algo muy valioso en un país con tanto frío.
 
El Lago Mývatn con nieve y aguas termales
Pero no sólo es la conveniencia económica y energética, también es importante para su entretenimiento y relajación. Y es que por esa abundancia de aguas termales, para el islandés es casi una obligación sumergirse en ellas, por lo menos una vez a la semana, y es que hay tantas a lo largo del país que no debes pagar por ellas (como los turistas mentecatos que vamos al Blue Lagoon). Y hablando de aguas termales, ése fue el cierre de nuestro primer día.

Las mejores Aguas Termales de Islandia
 
La hora del relax
Para finalizar nos llevaron a unas aguas termales deliciosas llamadas Herðubreiðalindir mismas que, no lo sabría hasta el final de nuestro viaje, iban a ser mis favoritas, ni siquiera Reykjadalur me gustó tanto como este sitio y ya ni mencionó el Blue Lagoon que se queda bastante detrás. De esas otras aguas termales hablaré en la séptima entrega de esta serie.

Volviendo a Herðubreiðalindir, fue una maravilla que hubiera poca gente, el día estaba esplendoroso sin importar que hiciese algo de frío, es más, precisamente por ese clima la experiencia fue mucho mejor. Al ver lo rico que es meterse a aguas termales con bajas temperaturas, me hizo arrepentirme de no hacerlo en Nikko (Japón), así que iré a la siguiente ocasión.
 
Un paisaje maravilloso
El lugar era relativamente pequeño pero estaba muy bien montado, tenían un sauna “light” y otro rudo, probé ambos y, efectivamente, el fuerte estaba muy cañón, hasta la cabeza te dolía, pero al salir con el clima frío, sentías un alivio único. Así que mejor disfrutabas el hermoso paisaje desde la alberca de aguas termales mientras te relajabas por estar en tan bello país.

Nos llevaron de regreso a Akureyri, en donde seguimos conociendo el pueblo, sin embargo, si el Sábado vimos casi todo cerrado, el Domingo menos íbamos a encontrar algo disponible. Así que otra vez nos abastecimos de víveres en una tienda y nos preparamos para el siguiente día, pero de eso leerán en la siguiente entrega ahora, para cerrar el escrito, les comparto otro hecho bastante curioso de este pequeño país nórdico.
 
La nieve del fondo constata que hacía frío
            La vida sin efectivo

            Islandia es el primer país en el que nunca tuve la moneda local en mis manos, así que nunca conocimos las coronas islandesas de manera física, entonces ¿cómo le hicimos para pagar? Pura tarjeta de crédito.

            Y es que sin importar el negocio: Hotel, restaurante, tienda de souvenirs, taxi, dulces, entradas y demás, TODO se pagó con tarjeta de crédito, y no es que me molestara (para eso es el plástico), en realidad así se dieron las circunstancias.
 
Fue un día muy feliz
            En Londres queríamos comprar coronas, pero no había en una casa de cambio y en la otra la comisión estaba muy cara. Así que dijimos “las compramos en Reikivik” pero al llegar al aeropuerto, como ya comenté en el primer escrito, anduvimos de prisa, así que no tuvimos tiempo de cambiar nuestros dólares o libras.

            Después pensamos “No importa, luego lo cambiamos en algún banco” sin embargo, como siempre anduvimos en tours, mismos que salían muy temprano y llegaban muy tarde, nunca coincidimos con alguna institución con la cual cambiar nuestros billetes.


            ¿Y para las propinas de los guías? Pues se las tuvimos que dar en dólares o libras, ya que no había efectivo que, afortunadamente, son monedas fácilmente cambiables en el mundo, porque dudo que nos hubieran aceptado mexican pesos ¬_¬.

            Esto no es una tendencia única de Islandia, de hecho los países escandinavos (Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia y la propia Islandia) ya manejan la gran mayoría de sus transacciones en electrónico, por lo que el papel moneda  tiende a desaparecer en dichos lugares.

            Hasta aquí esta segunda entrega, en la siguiente les voy a compartir uno de los días con emociones más intensas, rayando incluso en lo peligroso. Eso lo leerán en el tercer escrito de este viaje a Islandia.

            Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 15 de abril de 2018

Llegando a Islandia (Islandia: Parte 1 de 8)

En el Lago Mývatn

            Así como me cayó el veinte que estábamos en Londres hasta que llegamos a Greenwich, fui consciente que íbamos a Islandia justo antes de abordar el avión de Icelandair, “¿Qué chingados vamos a hacer en Islandia?” fue la pregunta que me hice de manera honesta.

            Creo que es el primer destino que visito sin alguna razón en particular, simplemente basado en corazonadas. Cuando estaba buscando otro destino para complementar Londres, localice la capital inglesa en el mapa y, por alguna razón, vi hacia arriba y dije “¡Islandia! ¿Por qué no?” Y así pasó, sin ninguna otra razón detrás.
 
El Río Glera y al Fondo Akureyri
            Ya después hice mis investigaciones y me entere que la logística no era tan fácil como en otros sitios, así que la opción era tomar puros tours. Empecé a cotizar, hice las reservaciones necesarias basándome en lo más importante, bonito o interesante que había disponible pero, aunque suene mamón, no estaba muy consciente de lo que hacía, en realidad siento que actuaba por instinto más que por hacer algo planeado.

            Me informé sobre las temperaturas para el viaje y, para ser Mayo, eran similares a los inviernos en casa, así que compré el equipo necesario para el viaje (ropa térmica, impermeables, calzado para trekking, etc) con bastante anticipación. A pesar de toda esa investigación, no me había dado cuenta propiamente que íbamos a visitar ese país tan lejano.
 
Vista desde el avión
            Me tenía un poco nervioso que era el primer lugar que visitaba en el cual no hablaba el idioma local (los vuelos de conexión no cuentan) pero, para nuestra fortuna CASI todos los islandeses hablan perfectamente el inglés, de hecho a muy pocos se les nota algún acento cuando hablan.

La Tierra del hielo, no la Tierra de la Isla

En español se escribe “Islandia”, ya que en islandés se escribe “Ísland”, sin embargo, ese “Ís” quiere decir “Hielo”, así que hace más sentido el nombre en inglés: “Iceland” o la tierra del hielo. Y, aunque ciertamente hay mucho hielo en la isla, el nombre fue puesto pensando justamente en lo contrario.
 
Conociendo la nieve
Cuando los vikingos descubrieron la isla, encontraron un lugar verde, lleno de aguas termales, con flora y fauna abundante, un auténtico paraíso para sus ojos. Los nórdicos la llamaron “La tierra del Hielo” (lo cual era creíble dada su ubicación norteña) para despistar a otros potenciales conquistadores y enemigos que les quisieran arrebatar su tesoro.

Tiempo después descubrieron Groenlandia (“La tierra verde”), misma que fue bautizada así en relación directa a Islandia, así que la isla norteamericana servía de “trampa” al llamarse “tierra verde” para que los potenciales invasores se fueran para allá en donde, irónicamente, hay hielo la mayor parte del año.

Así que esta breve historia nos deja claro que, a pesar de toda esa fama de guerreros audaces y conquistadores sangrientos, resulta que estos Vikingos eran muy simples desde el inicio de los tiempos.

            Vuelo de Gatwick a Reikiavik
 
Nuestra pose vikinga
            En el aeropuerto nos llevamos un buen susto, porque la chica (inglesa) de Icelandair nos cuestionó “¿Y sus visas?” algo que me extrañó bastante ya que, como buen neurótico, siempre checo los requerimientos para entrar a cada país (en la página de la embajada de cada destino que visito), y los mexicanos teníamos derecho a esta hasta 14 días sin visa en Islandia.

            Se lo expliqué a la señorita, misma que no pareció muy convencida, pero fue a platicar con su supervisora, vi que entraron a Internet para comprobar lo que les había dicho y nos dejaron pasar. No sé si a ellos como ingleses les pidan visa o algo, o no creyó que mexicanos tercermundistas puedan entrar sin más a Islandia.

            Ya en el avión nos tocó un gringo muy cagado, amable y joven (rondaba los 20 años), el chico era de Texas, así que tenía un conocimiento mayor de nuestro país que el gringo estándar.

            Me cayó bien el chamaco, ya que no tenía esa visión egocéntrica del gabacho promedio, sino una más integral del mundo y el hecho de que viajara a Europa (y a un país como Islandia) demostraba que su consciencia era más profunda que muchos de sus contemporáneos que se enfocan en ser Springbreakers a esa edad.
 
Un par de días después en the Beast of the East
            Cuando aterrizamos en Reikiavik, nos despedimos de él como si fuese un paisano más. José después me dijo “No maches, empezó muy joven a viajar”, a lo que le repliqué “Al contrario, somos nosotros los que empezamos tarde”.

            Camino a Akureyri

            El vuelo de Gatwick llegó 15 minutos retrasado a Reikiavik, desde ahí la tranquilidad islandesa me empezó a estresar, ya que no les importó despegar tarde. Por fortuna en migración no nos tardamos nada (parecía que entrabamos a nuestro país). Aun así, el retraso del vuelo acortó nuestro tiempo para tomar el vuelo local a Akureyri a 90 minutos. Hora y media suena tiempo suficiente para una conexión, pero no lo es cuando cambias de Aeropuerto.
 
Thórsmörk
            Recuerdo que le decía a Soffía, la chica de Arctic Adventures con la que hice todas mis reservaciones, que se me hacía muy poco tiempo de conexión, pero ella me dijo que era más que suficiente. Así que aprendí a confiar en estos amables nórdicos (en realidad, no tenía otra opción).

            En ese traslado entre aeropuertos empezamos a conocer esa esencia relajada de los islandeses porque, literalmente, no les corre la vida. Para empezar no me pidieron identificación alguna para corroborar que era yo el de la reserva, sólo confiaron en mi palabra (se ve que no reciben muchos mexicanos por acá). Veía el reloj y le decía al chofer que, con la hora de nuestro vuelo, no íbamos a llegar, y él sólo respondía “No se preocupe, si llega” ¬_¬U

            No le veía ningún apuro en su ruta, de hecho pasó a dejar a gente en Reikiavik antes que a nosotros en el aeropuerto. Lo curioso es que se paraba a media calle a dejar a los pasajeros, como si nada, como si estuviéramos en un pueblo y no en la capital del país.

Ahora sé que me faltaba aprender muchas cosas sobre esta cultura pero, en lo que aprendía a conocerlos, me carcomía el estrés en el camión: “Vamos a perder el puto vuelo” “¿Qué le pasa a estos cabrones?” “¿Cuánta desidia?”
 
Iglesia de Akureyri
            Llegamos al aeropuerto de vuelos locales de Reikiavik con 30 minutos para documentar. En cualquier otro país eso es suficiente para perder el avión, pero este aeropuerto era tan pequeño que hasta nos sobró tiempo para echarnos un chocolatito con un muffin en la espera.

Son tan relajados los nórdicos que, al momento de documentar, me dijeron que mi maleta era demasiado grande para sus compartimentos debajo del avión, así que me permitieron subirla a la cabina sin costo adicional. Es más, son tan despreocupados que no hubo revisión de seguridad, ni un detector de metales ni personal que siquiera te preguntara si no llevabas una bomba, drogas o algo.

            El proceso de abordaje duró cinco minutos y despegamos hacia Akureyri. Fue hasta ese momento en que pude relajarme y disfrutar los paisajes impresionantes que nos rodeaban. Nuestro alojamiento se encontraba a dos kilómetros del aeropuerto, yo dije “No hay pedo, nos vamos caminando” sin embargo, al ver la nieve dije “No hay pedo, llamamos un taxi” -_-

            Akureyri
 
El pueblo de Akureyri
            Llegamos a Akureyri y, de los primeros letreros que vimos fue uno que decía “Esto es lo más al norte que vas a estar en tu vida” pero yo contesté mentalmente “¡Hasta crees!” porque algún día voy a ir a Alaska, Canadá y, en una de esas locuras, hasta a Groenlandia.

            Nos hospedamos en el “Akureyri Backpackers” un hostal con un ambiente muy divertido, muy fraterno, muy sociable, traducción: en definitiva un lugar que no era para mí. Por fortuna también te ofrecen cuartos privados, uno de los cuales tomamos.

            Eran las 5pm del sábado, y el sol estaba bastante alto, así que salimos a conocer el lugar. Y es que, aunque es la cuarta ciudad más grande de Islandia, sólo tienen 19000 habitantes, así que para nosotros era un pueblo.
 
Rodeando el lago Mývatn
            Después de estar en una de las urbes más importantes, desarrolladas y pobladas del mundo como lo es Londres, llegar a una población tan pequeña es un cambio radical, de hecho sentíamos que era como un pueblo fantasma, porque casi no había gente en las calles (y eso que no hacia tanto frío).

            Tampoco es que haya gran cosa que ver en Akureyri, en realidad llegamos ahí porque dos de nuestras actividades naturales estaban cerca de dicho lugar. Lo más espectacular era el río que está frente al pueblo y las montañas nevadas al fondo, ya que en el pueblo sólo había una Iglesia, un jardín y una serie de casitas y callecitas muy monas, sin embargo de una esencia muy diferente a la inglesa. En verdad estábamos en un pueblo vikingo moderno, se respiraba en el aire, se sentía en el ambiente.
 
En nuestro siguiente capítulo
            Como vimos todo cerrado, nos alegramos al encontrar un restaurante abierto, sin gente eso sí, y es que teníamos hambre. A pesar de que éramos los únicos comensales, se tardaron mucho en servirnos, y es que la comida la preparan al momento pero como ya habíamos visto que los islandeses viven a una velocidad más lenta, nos armamos de paciencia.

            Ciertamente la comida era muy rica, aunque bastante cara, pero no era el restaurante (que se veía que era un lugar modesto), sino que toda Islandia es caro como la chingada, de hecho no he estado en país más caro. La gente que dice que Londres es de las ciudades más caras (yo no la sentí así) debería visitar esta Isla y darse cuenta lo que en verdad es caro.

            Así que en lo que recorrimos la ciudad encontramos una tienda en la cual compramos algo para la cena y el desayuno y nos regresamos al hotel. Aunque aún había luz de día, estábamos cansados y ya queríamos dormir.

Entre el stress de estar en un lugar desconocido, las carreras del viaje y el ajetreo de cambiar de ambiente, caímos rendidos esa “noche” (y lo entrecomillo porque nunca la experimentamos en Islandia), así que dormimos a gusto ya que al otro día iban a pasar por nosotros a las 6:30AM. En el siguiente escrito conocerán nuestro primer destino en Islandia, eso lo pueden leer en esta liga.

Hebert Gutiérrez Morales.

jueves, 12 de abril de 2018

Tiempos que no volveran

“Veo el celular y me parecen tan lejanos aquellos días en los que sonaba el teléfono en casa y no sabías quién era, o cuando recibías cartas de otros lugares, o cuando simplemente salías a la calle y nadie sabía nada de ti hasta la noche que regresaras. Es obvio que esa época ya no va a regresar pero, por lo menos, todavía recuerdo aquellos tiempos en que era feliz con una libertad que acabamos perdiendo, todo por estar atados a aparatitos que nos validan ante la sociedad” – Hebert Gutiérrez Morales.

lunes, 9 de abril de 2018

Hoy me acorde de tí

“Iba bajando por la pirámide viendo hacía el Zócalo de Cholula y, sin ninguna razón, me acordé de ti.

Es curioso, la visión de dicho lugar la tengo un par de veces por semana, de hecho estoy consciente de lo que el sitio me significa, sin embargo mi cerebro (en una especie de mecanismo de defensa) opta por bloquear los recuerdos de ciertos lugares, pero hoy hubo una falla en el sistema.

Ya tenía tiempo que no me invadía tu recuerdo, así que lo disfrute por unos instantes. En especial recordé nuestra primera cita, justo en aquel lugar, la primera de muchas desveladas que tuvimos a solas. ¡Y me enoje! No porque no hubiera sido una de las mejores noches de mi vida, sino por esa incapacidad de acordarme de lo malo que también pasó.


Mi cerebro sí recuerda los momentos poco agradables pero, lo más curioso es que ya no los siento: recuerdo la decepción, la incertidumbre, las lágrimas, el sufrimiento y el enojo, pero ya no los puedo sentir, dejaron de ser importantes. Sólo recuerdo los momentos buenos, aquellos que me sacan una sonrisa o un lagrimilla ocasional.


Me parece injusto que la nostalgia decida que sólo valen los momentos buenos y descarte los malos, sin embargo soy humano, y al parecer es parte de nuestro instinto de conservación sentimental, ya que si no logramos una relación tan importante, por lo menos nos quedamos con el bonito, e idealizado, recuerdo de lo felices que fuimos al lado de esa persona especial.


Así que hoy me acordé de ti y, aunque ya no estás aquí, me volviste a hacer sonreír.”


Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 8 de abril de 2018

Triste madurez

“Te das cuenta que has madurado cuando, al tener dos horas libres, prefieres limpiar la casa en lugar de los videojuegos. Y ése es un momento muy triste en la vida de un hombre” – Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 31 de marzo de 2018

Temas varios del viaje a Londres (Londres, Parte 6).

En el Río Támesis, frente al Parlamento
            Si quieren conocer del sexto y último día entero que pasamos en Londres, en donde visitamos los museos más importantes, pueden leerlo en esta liga.

            Hubo aspectos en este viaje que me llamaron poderosamente la atención, ya sea del lugar, de la cultura o de nosotros mismos. Y es que viajar te aleja del entorno seguro en el cual te mueves, por lo cual es más fácil apreciar cosas que, normalmente, no harías.

Priorizar
Brick Lane Market

Sin duda Londres debe de ser la ciudad con más atractivos turísticos he visitado, porque te da para un par de semanas a un ritmo feroz. Es por ello que uno debe aprender a priorizar para sacarle el mayor provecho al dinero y al tiempo disponible.

Así que debes de analizar bien los lugares que TÚ quieres ver, no los que te digan las páginas de internet que son los que debes visitar, además de analizar la relación calidad-precio.

Por ejemplo, The Shard es una de las atracciones más populares de la ciudad, sin embargo su entrada es muy cara, misma que descartamos cuando incluimos el Sky Garden en nuestro itinerario. Otro ejemplo, la entrada a la Catedral en Borough Market era relativamente cara para lo que podías ver (que checamos previamente en Google) y como ya habíamos comprado las entradas para la Abadía de Westminster o la Catedral de San Pablo, pues no valía la pena invertir en un sitio inferior en atractivo turístico.
Dentro del Castillo de Windsor

Pero no sólo es el dinero, también el tiempo. Una ventaja del Reino Unido es que la gran mayoría de sus museos son gratuitos, pero no por ello debes de ver todos. Por ejemplo, todos hablan maravillas del Tate Modern, sobre todo por su edificio tan diferente. Sin embargo, dicho museo lo puse al final de las prioridades (que obviamente no cubrimos toda la lista) porque el arte moderno no es mi máximo.

También hay que tener disciplina, y apegarte a un plan, porque luego hay muchas atracciones cercanas entre sí pero si careces de un itinerario, pierdes mucho tiempo papaloteando. Por ejemplo, antes de visitarlo, pasamos unas tres veces por el Puente de la Torre, pero lo ignoramos para no perder el tiempo, al fin que lo íbamos a ver en su momento con calma, cuando nos tocara visitarlo.

Es por ello que zonificábamos por día, para ahorrar tiempos de traslado y cubrir una zona tanto como fuese posible en una jornada. Estas estrategias son indispensables para sacarle jugo a una ciudad tan rica y con innumerables atractivos como lo es Londres.
Bath

WiFi Portátil

En Japón me resultó muy útil, ya que debía tomar mucho transporte público, además de que todos en la isla tenían su plan de datos muy completo, así que era difícil encontrar WiFi gratis en la calle, porque al japonés ni le hace falta.

Como en Londres también íbamos a usar mucho transporte público, y al ser dos, optamos por contratar el Pocket Wi-Fi mismo que resulto práctico, aunque no con el mismo nivel de servicio que su contra parte japonesa, pero nos fue útil en exceso.

Y es que, con el Google maps llegábamos a nuestros destinos con rapidez y eficiencia, sin necesidad de perderse ni preguntar, así que optimizábamos tiempo, ganamos en seguridad y nos manteníamos conectados con México (algo que en realidad no creo que haya sido una ventaja).

Ahora que estoy en vísperas de visitar nuevamente el Reino Unido, he vuelto a cotizar el Pocket WiFi y me doy cuenta que resulta bastante caro, así que aún no decido si contratar un paquete con mi compañía o, como en Italia, aventármela con puro Wi-FI.
The Shard visto desde el Millenium Bridge

Las londinenses

Un mes antes había regresado de Japón con un claro gusto por las guapas niponas, tanto que me preocupaba que no me volvieran a gustar las occidentales. Sin embargo Londres se encargó de devolverme a mi Status Quo cotidiano.

Si en Japón me encantaron las féminas, en Londres me enamoraba a cada segundo: era increíble la cantidad de mujeres atractivas que veía a todas horas, aunque también había cada espécimen que difícilmente se consideraría humana. Por fortuna eran más las bonitas.
Atrapado en el London Dungeon

Eso sí, algo que no tuve en Japón (porque allá les gustan los extranjeros güeritos) es que en Londres recuperé mi atractivo, porque muchas veces cruzaba miradas con esas bellezas ¡y ellas también volteaban a verme a mí! (Como dicen en la oficina: “¡Tanta carne y yo tan puto!”) ¡Maldita cobardía! ¬_¬U

No sé por qué los ingleses dicen tener mujeres feas, y conste que vi de todo, incluida una chica darketa con tatuajes y todo el “disfraz” pero, a pesar de los rudo de su apariencia, su belleza era impactante (y sí, también me volteo a ver y me sostuvo la mirada). También colegialas de unos 16 años pero con una actitud brutal. Y ya no mencionemos a las mujeres que negocios.
Junto a Sir Winston Churchill

Ésa fue otra gran atracción londinense: el increíble espectáculo visual que significan sus bellas mujeres (y luego las escuchas hablar con ese hermoso acento y te enamoras irremediablemente). Lo cual me lleva a la siguiente sección.

El inglés original

Amo el acento inglés, y escucharlo en vivo me tenía fascinado, por eso identificaba de inmediato cuando alguien tenía otro acento (en especial esos pinches hindúes). Esa manera de pronunciar que me encantaba, así dijeran la palabra más ordinaria. En verdad me esforzaba para emular su acento, pero no me salía. Lo más que lograba era imitarlos en ciertas palabras.

Pero no sólo era la pronunciación, sino las palabras diferentes que utilizan en el inglés británico a comparación del gabacho. Por ejemplo ellos dicen “Junction” en lugar de “Intersection” o “Crossroads”, para decir que tuvieras cuidado al subir al metro decían “Mind the Gap”, una expresión icónica de Londres. También dicen “Biscuits” en lugar de “cookies” o dicen “Cheers” en lugar de “You’re welcome”.
Trafalgar Square

El caso es que el inglés británico parece otro idioma y uno bastante elegante por cierto. Aunque esa elegancia no siempre estaba presente en todos los sitios.

Londres sucio y desordenado

Todavía tenía muy presente la pulcritud japonesa que había vivido un mes atrás, así que Londres me pareció sucio, no a niveles de México, pero poco pulcro para estándares del primer mundo.

Y es que había bastante basura en la calle, los baños públicos estaban sucios y con un fuerte olor a orines (bueno, había otros lugares que no eran baños públicos y que tenían el mismo olor), también encontrabas algo que es común en el tercer mundo: gente cruzándose a media calle porque es más cómodo que esperar a la esquina.

Con el paso de los lugares he entendido que en ciudades tan grandes, caóticas y con tanto turismo (Berlín, NY o Londres) es difícil mantener un orden como en otras ciudades más pequeñas dentro del mismo país.
Dentro de la Torre de Londres

Esas mismas metrópolis son tan cosmopolitas y, por ende, libres que aunque sean de primer mundo, es difícil meter a todos al corral. Aquí la excepción es Tokio, misma que se salva por la homogeneidad japonesa, misma que mete a la minoría extranjera a su dinámica.

Educaciones similar < genes diferentes

Durante el vuelo de ida, mi hermano me compartió una ocurrencia de uno de sus tíos: al momento de cremar el cuerpo de un familiar, entre todo el dolor, el naco de uno de ellos dijo “Por favor que quede bien cocido”. Ciertamente era una culerada, pero me hizo reír bastante. Ese tío puede llegar a ser muy ocurrente y cagado aunque, la mayoría del tiempo, es un tipo corriente y desagradable.
El Puente de la Torre

En cuanto tuve oportunidad de volverme independiente, me aleje por completo de la familia Hernández, pero Marina y José (mis hermanos) no pueden, porque para ellos sí son su familia, ya que es “su” sangre pero, por fortuna, no es la mía.

Este viaje me sorprendió mucho, no sólo por los lugares que visitamos, sino por darme cuenta el poder de los genes. José y yo recibimos la misma educación y habitamos la misma casa por más de dos décadas; a pesar de ello, no importa que te críes con la misma familia y valores, los genes pesan, además de los caminos que cada cual va tomando en la vida.

No voy a comentar más, porque son cosas que nos incumben sólo a nosotros, pero es evidente que el poder de los genes es omnipresente, porque nos hemos vuelto muy diferentes, producto de no tener la misma sangre paterna. Pero no sólo es la genética, sino las vivencias que hemos acumulado.

¿Mamón o culto?
"The Burghers of Calais" de August Rodin

Parte de esas diferencias entre nosotros se han ido disparando gracias a los viajes que he realizado. Por ejemplo, en el primer día de actividades, fuimos detrás del Parlamento y me sentí muy emocionado al ver una escultura de Rodín, así que le pedí a mi hermano que me tomará foto con ella, cosa que le pareció extraña.

Definitivamente los viajes te van cultivando y ahora soy un poco menos ignorante y naco de lo que era antes de viajar tanto. Y aunque no es la intención, el visitar lugares tan variados ha ido moldeando mi ser.
En el Palacio de Kensington

Eso lo notaba al recibir los comentarios de mi hermano (su primera vez en Europa y segunda vez en el primer mundo), y me daba cuenta que ya no compartimos los mismos prejuicios, lo cual no quiere decir que ya no tenga, simplemente los he ido cambiando por otros más sofisticados (Sí, lo sé, no me lo tienen que recordar, ¡soy un pinche mamador!)

El Transporte Público
El Memorial a la Reina Victoria

No tendrá  el mismo carisma que el japonés, pero el transporte público en Londres es una maravilla (y utilizarlo inteligentemente con el Google maps es aún mejor), tanto los trenes, camiones y el subterráneo (The Tube) siempre fueron eficientes y puntuales, así como la gente que nos atendía en ellos era muy amable.

Al inicio nuestros favoritos eran los autobuses rojos de dos pisos, mismos en los que procurábamos irnos en la parte alta ¿por qué? Porque veíamos mejor y era más “cool”, de hecho los visitantes casi siempre íbamos arriba y los londinenses abajo (supongo que para evitar tanto turista).
Vista desde el Sky Garden

Justamente en el primer camión que tomamos para iniciar nuestras actividades, nos pasó algo bochornoso: Íbamos felices en la parte de arriba, y el camión siguiendo su ruta. Sin darnos cuenta llegamos a la última parada, pero creímos que el conductor estaba cargando pasaje. Al ver que no se movía, bajamos ¡y ya no había nadie! Y, lo que es peor, el camión estaba cerrado. Así que oprimimos el botón de emergencia y la puerta se abrió sin escándalo alguno, así que pudimos hacer nuestra graciosa huida mientras el chofer (que andaba en los alrededores, vimos después) no se daba cuenta.
En la estación de Charing Cross

Después de ese incidente pusimos más atención y fuimos aprendiendo, hasta alcanzar el punto en que conoces paradas, rutas, estaciones, salidas, calles, barrios, líneas, camiones y el Google maps se vuelve prescindible. Eso es muy padre, porque te sientes un poco menos turista y un poco más local. De hecho vas al mismo paso que los londinenses, ya sabes hacia donde dar vuelta, abordas en tu anden, te subes con seguridad, ya no titubeas al momento de cambiar de líneas. Eso no lo obtienes cuando vas en tours, cuando le dejas la responsabilidad a alguien más.
Museo de Historia Natural

¿En verdad es caro Londres?

Una de dos: o ya tengo dominado eso de pensar en la divisa local en lugar de pesos, o Londres no es tan caro como dicen (o es una combinación de ambas). De hecho me había olvidado tan bien de los pesos, y tan adaptado a pensar en libras, que luego se me iba el avión y pensaba en Euros o dólares, pero luego recordaba la “pequeña” diferencia y volvía a la realidad a tiempo.
BAPS Shri Swaminarayan Hindu Mandir

Honestamente nunca percibí esos precios elevados que todo el mundo se queja de la capital inglesa. Tal vez porque mezclamos lugares comerciales con alternativos, nunca comimos en sitios nice, y los souvenirs los encontramos muy baratos, en especial los imanes y llaveros.

Obviamente, como en todos lados, sí había cosas que eran obscenamente caras y, claro, no las compramos. Además Londres es baratísimo si lo comparamos con Islandia: ahí sí sabes lo que es amar a Dios en tierra de indios en cuanto a precios caros. Pero eso ya vendrá en los siguientes escritos.
El Guardia negro de la Torre de Londres

Londres no es Racista (a comparación de . . .)

El texto entre paréntesis es porque considero que el humano es racista por naturaleza, sólo que hay unos pueblos más civilizados que otros al momento de manejar su aversión contra otras etnias o, simplemente, sus objetos de odio son distintos.

En la Torre de Londres vi a uno de los guardias imperiales de raza negra, y eso me llamó poderosamente la atención porque nunca creí que los hubiera de una raza diferente a la caucásica. Le saqué una foto y se la mandé a mis contactos de México, los cuales también se sorprendieron.
Museo de Victoria y Alberto

Fue hasta que le comenté a Ivana, nuestra anfitriona en Battersea, que me hice consciente de que la influencia gabacha en nuestro inconsciente es más profunda de lo que me gustaría admitir.

Le enseñé la foto a Ivana y me dijo “Pues sí, es un guardia” pero le hice notar su raza y ella sólo me contestó “Es inglés, no importa la raza” ¡Wow! Quedé impactado con la respuesta y ahí me di cuenta de algo.
Mi hermando comiendo como un local en Brick Lane

El trato a los negros en Londres es normal, literalmente como se trata a cualquier otra persona ya que, al haber un negro en el lugar, no se siente ninguna tensión ni nada en especial, simplemente es alguien más con nosotros. Creo que se sentía esa tensión con chinos o con hindúes (y muy leve) más que con los negros.

Y ahí me hice consciente que esa sensación nunca la he sentido en Estados Unidos, en donde es notorio cuando hay un negro en el ambiente, no sé si es algo que él hace o no hace o si radica en los demás. El caso es que siempre existe esa preocupación de hacer o decir algo que se considere incorrecto u ofensivo. Esa tensión incomoda a todos los presentes, por lo que ese ambiente natural y relajado en Londres respecto a la gente de otras razas es lo ideal.
Parliment Hill

Y ya que mencioné a Ivana, platiquemos un poco de nuestros anfitriones en Londres.

Serbios cálidos

Los hoteles en la capital inglesa son muy caros para lo que te ofrecen y si están en buena zona la relación calidad-precio es aún peor. Es por ello que el buen Beto Orvañanos me presentó el mundo de Airbnb, mismo en el cuál él había laborado, justamente en Londres.
Abadía de Westminster

Personalmente no estaba del todo convencido y es que, si no me gusta visitar las casas de mis conocidos (ni que ellos visiten la mía), mucho menos me atraía la idea de quedarme en casa de unos completos desconocidos y, peor aún, en un país desconocido.

Sin embargo, al ver la diferencia brutal de precios entre Airbnb contra los hoteles de una zona parecida, tuve que arriesgarme a la opción del Bed and Breakfast aunque no fuese mi hit.

Escogimos a una familia serbia que vivía en Londres desde hace más de una década, así que nos hospedamos en la zona de Clapham Junction con la bonita familia que forman Nash, Ivana y Marco, mismos que resultaron tan atentos como amables.

Cada noche platicaba con ellos, les contaba lo que habíamos visto, ellos me hacían comentarios y me daban recomendaciones para el día siguiente. Además comentábamos sobre las diferencias culturales entre Serbia y México, a través del espejo de los ingleses.
Museo Marítimo

Las pláticas resultaron muy interesantes y enriquecedoras, lo cual trajo consigo un costo a pagar: no podía escribir a gusto todo lo que había visto en el día y, en gran parte por esa misma razón, estos escritos están saliendo a la luz dos años después.

Ésa es una ventaja que tengo en los hoteles ya que, al ser impersonal el asunto, sólo llegas a tu cuarto y descansas, si quieres platicas con los de recepción y si no, te vas directo y nadie te lo toma a mal.
Planetario en Greenwich

Pero, como alguien me dijo en alguna ocasión “Para ser tan solitario, eres bastante sociable” así que, aunque estuviéramos pagando por el hospedaje, no dejábamos de estar de visita en una casa, así que mi educación me impedía llegar e irme al cuarto como si nada (a José sí le valía madres y se iba a “Facebookear” al cuarto). Además, aunque lo hubiese intentado, los serbios también me hacían plática con singular alegría, y es que éramos los primeros mexicanos que conocían, así que les interesaba saber mucho de nuestra cultura.
Mi hermano jetón en el aeropuerto

Tengo que admitir que la experiencia fue muy enriquecedora ya que, aunque me atrasé (mucho) en los escritos, la verdad aprendí mucho de Londres y de Serbia al estar con ellos. Ciertamente fue una buena experiencia hospedarme con ellos pero, siendo honestos, mi intención no es hospedarme en un Bed and Breakfast a menos que sea completamente necesario (por precio o ubicación).

Y es que la gente contrata Airbnb esperando tener ese sentimiento de llegar a casa. El problema es que, para mí, el llegar a casa es sinónimo de tener todo mi tiempo y espacio para mi solito, no para compartirlo con alguien más. A pesar de ello (justamente por el precio y ubicación) en Dublín voy a tener mi segunda experiencia con Airbnb, así que ya veré cómo sale todo.

Comentario final de Londres.

Este viaje no estaba propiamente planeado, simplemente un día me puse a buscar vuelos baratos y salió uno a Londres. La capital inglesa la tenía en mis planes, pero no tan próximos, sin embargo, por algo había encontrado ese vuelo y, sin pensarlo dos veces, lo compré.
Stone Henge

Sin duda fue cosa del destino, siempre he estado relacionado con la cultura británica a través de su música, que es de donde vienen mis artistas favoritos (e incluyo a la República de Irlanda, aunque no sean británicos, pero están en la misma zona).

Me sentí tan cómodo en Londres como si estuviera en casa. La gente es muy educada y amable, los lugares resultan elegantes e interesantes, hay una cultura de respeto y, aunque es una ciudad muy turística, no sentí que los ingleses quisieran sacar provecho de nosotros (los hindúes y chinos son otro boleto).
Tower Bridge

Sentir Londres es respirar una cultura vieja y madura, históricamente han vivido más cosas que nosotros y le dan otro sentido a la vida, así que saben priorizar mejor que nosotros y entienden que un buen país no sólo reside en los gobernantes sino en el comportamiento de sus propios ciudadanos.

Al conocer esta pequeña parte de Inglaterra y ver cómo se comportan los “papás” de los gringos, me hace entender por qué los ingleses desprecian (veladamente, obvio) a los gabachos; bueno, en realidad, casi todo el mundo los despreciamos, pero el motivo de los ingleses es distinto. Los británicos les enseñaron a ser de cierta manera y, aunque los gabachos aprendieron algunas cosas buenas, no acabaron de “mamar” esa esencia elegante y educada de los ingleses. Obviamente los gabachos de las costas son distintos a los del centro, pero es como en México, en donde no hacen diferencia de los norteños, sureños y del centro, en el extranjero TODOS somos lo mismo, y es el mismo fenómeno con la percepción de los gabachos en Inglaterra.
Nuestro siguiente destino: Islandia

En fin, ya para terminar el pachequeo, Londres me fascinó, por ser una de las mejores ciudades que he visitado y, definitivamente, regresaré algún día con mucho gusto.

Gracias por todo Londres, siempre habitarás en mis recuerdos y en mi corazón.

Hebert Gutiérrez Morales.