lunes, 31 de julio de 2017

Tu energía

“Cuando enfocas tu energía hacia la paz en lugar de la felicidad, tu calidad de vida se incrementa y menos tristezas te llevas” – Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 30 de julio de 2017

Diablo Guardián

En mi carpeta de “Ensayos en Proceso” tengo muchos textos que espero, algún día, publicar. Algunos están más trabajados que otros, unos necesitan su tiempo para madurar y otros que la procastinación me deje terminarlos.

Cuatro años de espera.

           “Estas cosas si las piensas, no las haces, y si las haces ¿ya para qué piensas?”

El libro que originó este ensayo lo leí hace ya cuatro años, de hecho este escrito casi lo hice de inmediato por la gran emoción que me dio esta obra tan brillante. Sin embargo, no podía publicarlo, ¿la razón? Las frases.

A diario comparto frases vía mail, en Twitter y en otro blog que tengo anexo al presente. Sin duda “Diablo Guardián” tiene los diálogos más geniales y auténticos que había leído (ya luego vino “Puedo explicarlo todo”), es más, son tantas las frases que aún no termino de transcribirlas todas.


Según yo, cuando terminara de recopilarlas, iba a redactar este ensayo, sin embargo dos factores contribuyeron a saltarme dicho plan:

A)    Ya publiqué un ensayo sobre otro maravilloso libro de Xavier Velasco (“Puedo Explicarlo Todo”). Ahí aprendí la lección y transcribí las frases el mismo día que las leía, para que no sea una hueva después. Dicha obra me encantó, por lo que le escribí una reseña aún más larga que ésta. Por lo cual, desde mi concepto de justicia, no está bien dejar este escrito en espera más tiempo cuando se originó antes.
B)    Siguiendo con las injusticias, no está bien dejar pasar más tiempo sin rendir homenaje a un gran libro (todo por mi flojera de transcribir tantas frases), así que sólo voy a compartirles, en este ensayo, algunas de las que considero mejores.


Honestamente, sería un desperdicio no conocer todas las demás, así que aquí les dejo esta liga para que puedan leer las que he compartido (hasta el momento) de tan brillante autor.

            ¡Ah! Y otra repercusión de dejar este escrito dormido durante cuatro años, los comentarios van a esta algo desconectados. Y es que en 2013 mi vida estaba bastante desordenada. Además de que en este tiempo mi estilo de escribir ha ido cambiando, no sé si para bien o para mal, pero ya es diferente.

Después de tan larga introducción, empecemos con mis comentarios de tan deliciosa lectura.

La Honestidad ante todo


           “Un miedo que se goza: eso era vida, y lo demás migajas”

Éste es un libro amoral, que dice las cosas tal cual son. No es una lectura para cualquiera, no es para gente mustia, esa que se cree decente o moral. Aunque sería útil que esas personas acartonadas y faltas de imaginación accedieran a esta lectura, porque te ayuda a abrir la mente, a conocer la verdad, ya que te dice la neta del planeta, no lo que “debería ser”. Nos expresa cómo pasan las cosas en este mundo paranoico que nos juzga por ser felices y nos pide acatar reglas que nadie respeta.


            La brutal honestidad con la que escribe Xavier Velasco es un auténtico tesoro, el decir las cosas sin tapujos ni pelos en la lengua, dan como resultado una obra refrescante con un lenguaje políticamente incorrecto.

            El argumento trata de dos almas amorales y solitarias con caminos peculiares y que, al final, se entrelazan en uno solo. Historias con similitudes, sin tener que haber vivido lo mismo pero, como reza el dicho, “Dios los hace y ellos se juntan”. Tanto Violetta como Pig se avergüenzan de sus orígenes pero, conforme se van corrompiendo, se dan cuenta que necesitan de ese origen para tomar fuerzas y salir adelante.

            Los diálogos son simplemente geniales, porque plasman las cosas como generalmente uno las piensa pero que, por educación o pudor, te las tienes que tragar y decirlo de forma “bonita”; así que sólo por los diálogos uno se acaba enganchado de la historia obligatoriamente, por esa creatividad y brillantez.


            La arrolladora Violetta.

           “Rememoró, más que sus palabras, el placer de soltarlas sin pensar, como sólo se sueltan risas y sollozos”

            Definitivamente Violetta es una hija de la chingada, pero sus expresiones tan auténticas de amor me conmovían profundamente. Se expresaba de manera tan real que me llegaba al fondo del corazón. A pesar que ella no creía en el amor ni quería engancharse con alguien, cuando acababa haciéndolo, lo admitía y hasta lo disfrutaba.

La protagonista se podía expresar de manera violenta, pero no por ello hacia de lado su ternura y veracidad de sentimientos. Y es que prefiero un “Para que veas como te quiero ¡Pendejo!” dicho de manera real a un “¡Te amo!” de manera mecánica.


            Aunque Pig es un tipo con mucha profundidad e interés, Violetta se cuece aparte, ya que es uno de los personajes con más carisma, personalidad, seguridad, desfachatez, autenticidad, profundidad, desparpajo y honestidad que jamás haya conocido. Es por ello que, como lector, agradecí que los capítulos de nuestra “Anti-heroína” hayan sido significativamente más largos que su cómplice porcino. Éste es el motivo por el cual centro más mis comentarios en ella que en él.

            La realidad con que Violetta es planteada es maravillosa, y es que a pesar de las características positivas que pueda tener, eso no le quita lo inmoral, irresponsable, cínica, viciosa y demás. Y, sin importar sus defectos, no me atrevería de tacharla de basura humana, por lo que no puedes dejar de amarla por su autenticidad, a pesar de que se está destruyendo de manera tan irresponsable (pero siempre a su estilo).


            Una ganancia adicional que me dio el libro fue la manera en que la protagonista describe su estancia en NY y las características de dicha urbe, de forma tan profunda, real y exquisita. Lo mismo pasó en su tiempo en Las Vegas, en donde describe con toda claridad, el ritmo tan frenético y al límite de dicho sitio. Así que cuando finalmente conocí dichos sitios, ya traía la introducción que me había regalado esta obra.

            Violetta, la masoquista.

            “Ciertas mentiras dejan de serlo apenas son creídas por quién las concibió”


            Una parte que me estremeció bastante fue cuando Violetta describió cómo se va involucrando en las drogas, los efectos que te provoca, la ansiedad que te crea, la sensación de embriaguez. La misma protagonista reconoce que fue rebasada, que pasó de nivel al probar la cocaína, una decisión muy fuerte y determinante. La forma en que comenta eso, que me impactó bastante.

            La situación que Violetta vive con Nefastófeles es bastante extrema pero, por desgracia, es más común de lo que nos gustaría admitir. De hecho uno se pregunta ¿Por qué tantas mujeres acaban con patanes así? Y Violetta lo explica de manera magistral. Tristemente es algo que ha pasado, sigue pasando y, al parecer, pasará por siempre, pero no podemos culpar a los Nefastófeles, sino a las Violettas del mundo.

Creo que mi fascinación con Violetta radica en que tiene muchas de esas características mexicanas que desprecio abiertamente: es gandaya, tramposa, vividora, irresponsable, sin visión al futuro, enfocada en el corto plazo, inmadura pero, al mismo tiempo es encantadora, con un ángel que te acaba enamorando. Sus aventuras tan extremas, tan bajas, tan ruines e inverosímiles acaban fascinándote aún más, y es que es una delicia el ver cómo está mujer sale de cada embrollo en el que se lía.


Las Raíces de Violetta

           “La tragedia de todos los ojetes es que sus hijos salen más ojetes que ellos”

A todos nos gusta una historia familiar tipo Disney pero, por desgracia, esa no es la realidad. Los problemas que plasman en el libro en verdad son fuertes e, inclusive, feos, pero Violetta los cuenta con tal gracia y personalidad que no puedes evitar que tu curiosidad sea mayor que la angustia experimentada, así que te acabas riendo y esperas, sin importar lo bribona que sea, que salga avante de alguna forma.


La mezcla entre mamonería y naquez es un ingrediente excepcional, mismo que hace tan deliciosos los diálogos de Violetta, matizados con la autenticidad que todos tenemos pero que pocos ejercen de manera constante.

Esos diálogos son como una bofetada a esta mustia sociedad porque, absolutamente TODO lo que ella expresa, ha pasado por la mayoría de nuestros pensamientos, seguramente no con la misma carga moral o inmoral pero la mayoría llegamos a pensar cosas similares o en un tono parecido, pero casi nadie se atreve a expresarlo de manera abierta.


Ideas que no se expresan por el miedo a ser señalados por esta “intachable e inmaculada” sociedad; lo irónico es que la misma está conformada por gran cantidad de gente con pocos escrúpulos que piensan eso o incluso cosas peores, pero son los primeros en condenar al prójimo. Esa reputada sociedad termina siendo más corriente que la propia Violetta, misma que se expresa con verdad y congruencia, a pesar de ser una prostituta.

Un poco de reconocimiento a Pig

            “Los dos sabían, cada uno a su modo, que sus trenes corrían en direcciones opuestas, pero sólo Mamita debía entender que, llegado el momento, se descarrilarían juntos”


Por el lado de Pig, sus diálogos son más elegantes, a veces cayendo en lo rebuscado y a veces en lo artístico pero no dejan de ser geniales. Aunque nunca al nivel de Violetta, Pig también el maneja una honestidad bárbara, pero con otro estilo de brutalidad al expresarse.

Ciertamente Violetta es mi favorita, y por mucho, pero hay que reconocer que los diálogos de Pig serían las estrellas en otra obra con personajes no tan excelsos como la prostituta. Tal vez sea injusto que no valore en su debida medida las líneas del Porcino, pero no se puede competir con las de la meretriz.


Todo el amor que demuestra Pig, al momento de expresarse de Violetta, con toda esa fe ciega, cariño incondicional y sentimiento profundo, es algo que me toca el alma porque, cuando leí el libro, estaba pendejamente enamorado, así que comprendí plenamente la fascinación tan vital que el porcino tenía con su musa.

El profesar amor incondicional por alguien y adorarla hasta límites insospechados, es un placer un poco desgastante, pero que todo el mundo se debería permitir en la vida (esta última línea la escribí hace cuatro años y, en honor a la historia, la deje tal cual, aunque ya no estoy de acuerdo en ella). Me sentí identificado con Pig, a pesar de que nuestros lenguajes son distintos, el sentimiento detrás de las palabras, es el mismo.


Dos almas solitarias

            “¿De verdad quieres que yo sea tu problema? ¿No te parezco demasiado gorda para problema y, aparte, demasiado flaca para solución?”


Sin duda el máximo atributo o tesoro de esta obra son los dos personajes principales. Dos antihéroes que son muy auténticos y, de alguna manera, víctimas de las circunstancias pero, por otro lado, ellos también se convirtieron en dichos demonios en plena consciencia. Pero son monstruos carismáticos, que resultan más deliciosos y atractivos que personajes acartonados que fingen llevar una vida decente (como la familia de Violetta).


Caracteres que han decidido su camino, cierto que las circunstancias los llevaron por el mismo, pero con la complicidad de cada cual, tal vez no estén felices, pero sí conformes, incluso orgullosos. Es factible que estén sumergidos en mierda, pero así lo quisieron y se saben desenvolver. Dentro de esa infelicidad han encontrado una razón para existir: porque terminaron encontrándose el uno al otro, a pesar de todos los infiernos que estuvieron viviendo, justo antes de que sus caminos se cruzaran.

Era obvio que los capítulos de Violetta duraran más que los de Pig, aunque éste es también protagonista de esta historia, en realidad acaba siendo un escribano, un canal que nos va a servir para contar la historia de la verdadera estrella de esta novela: la majestuosa Violetta. Misma que con toda su brutal verdad se acaba robando el argumento y el corazón de los lectores (por lo menos se robó el mío).


Dos almas tristes, solitarias y desadaptadas, tratando de interactuar en un mundo lleno de apariencias, intereses ocultos, con gente ridícula y estúpida. Dos almas geniales que aprendieron a jugar el juego de la sociedad, pero muy a su estilo. Aprendiendo el reglamento para saber cómo romperlo con sigilo y gracia, así logran que los demás los festejen y admiren de manera secreta ya que, abiertamente, es imposible por el omnipresente “¿Qué dirán?”

Ante los demás lograban lo que querían, aunque por dentro se los estuviera llevando la chingada. Dos almas que no se tomaban nada en serio y, sin embargo, lograban una dignidad impresionante en dicho sendero sin dirección, a pesar de sus circunstancias. Dos seres que sabían lo que querían, a pesar de que no era lo que los demás querían para ellos, pero eso no les importó a nuestros protagonistas, mismos que tenían claro el camino a seguir, tal vez no la meta, pero sí el camino.


Sentimientos auténticos

           “Existe una soberbia mojigata remojada en pudores melancólicos detrás de la sospecha de que cuanto escribimos hace pocas semanas nos hace ver como unos cursis infumables: pornógrafos del sentimiento”

Cínicos o no, los sentimientos de Violetta y de Pig son tan auténticos y profundos como los de cualquiera, incluso uno siente una ternura que podría ser chocante en personajes tan rudos pero que, de alguna manera que no alcanzo a comprender, cuadra con ellos a la perfección.


Durante la lectura solté varias carcajadas auténticas pero, al mismo tiempo, también me conmovieron hasta las lágrimas en bastantes ocasiones. Comprendí cabalmente su necesidad de ser amados en un mundo que parecía que nadie podía quererlos y aceptarlos tal cuales eran.

Cada personaje por su lado me conmovió, pero eran las interacciones entre ambos las que me llegaron de manera más profunda. Ambos, en sus respectivas desgracias, me tocaron profundamente, pero mantuvieron la dignidad y la seguridad suficiente para salir relativamente avante de sus problemas, aunque algo mancillados.

Uno de los momentos que más me tocaron fue cuando Pig le dijo, con un tic tac de por medio, que no la iba a desamparar nunca. Esas líneas fueron muy importantes, sobre todo al conocer el pasado y las circunstancias de ambos.


Recuerdos de Violetta

           “La felicidad consiste en no querer moverse de donde uno está”

Me gusta mucho la lucidez o claridad de Violetta, ésa de la que hace gala al relacionar hechos actuales con experiencias que tuvo en su niñez o juventud. Tiene muy claro el trasfondo de sus decisiones, los sentimientos o traumas relacionados y su sed de redención. Este detalle te permite de conocer de manera más profunda al personaje, sin que se te cuente una historia lineal, es como la vida, puedes ir conociendo a una persona en el presente y, poco a poco, conocer su pasado aunque no hayas estado presente para atestiguarlo.


La única parte lineal fue la vida de Violetta en New York, pero los flash backs no sólo son al pasado, inclusive también los hace posteriores a ese periodo para mencionar el papel que un (en ese entonces) ausente Pig iba a jugar. Uno de esos episodios es cuándo ella le preguntaba dónde demonios se encontraba él en el peor momento de ella, dos años antes de conocerse. Violetta menciona que justo en ese punto es cuando su vida cambió de rumbo y se enfilaba a conocer a Pig. Una vivencia que te ocurre y que sabes que después de ella nada va a ser igual, todo va a cambiar pero no sabes hacia dónde te encaminas.


Sus puterías

           “¿Sabes lo que es sentir que el pudor se te sale por los poros? Tener escalofríos y no moverte. Querer salir corriendo pero también querer quedarte por los siglos de los siglos así, toda desnuda”

Hablando más allá de la prostitución, me sorprendía mucho el nivel de puterías que hacía Violetta, todas esas acciones que tuvo que realizar para alcanzar sus fines y, aun así, no la juzgo; de hecho la entiendo y hasta la admiro. Tal vez sea su desfachatez, su cinismo o su valentía, todo por obtener lo que quería y sin pretender ser otra cosa. Ella siempre fue auténtica y no andaba de mustia fingiendo ser algo más.


Desde pequeña, ella sabía que quería ser puta, ¡y vaya que lo logro! No le importó que fuese algo cuestionable moralmente, porque ella fue buena en lo que quiso y disfruto lo que quiso y cómo lo quiso. Definitivamente siempre vivió al límite pero, al final, fue su vida y la disfrutó al máximo, que es mucho más de lo que se puede decir del humano estándar, ese que transita su vida, más no la vive, de manera timorata.

Una vida como la Violetta siempre será más deseable que la de alguien bueno y mesurado pero que, al final, se muere uno de nada. Por eso admiro a Violetta: sin importar lo que diga la gente, ella disfruto cada momento, sólo importándole la felicidad propia, a pesar de que sabía que se estaba aproximando a un precipicio, nunca dejo de acelerar.


La íntima complicidad entre Pig y Violetta

            “No debería estarte diciendo estas cosas. Soy una pendeja. Eso de ‘No debería estarte diciendo’ lo dicen solamente los pendejos. Yo debería estarte diciendo que soy maravillosa, pero como creo que tú ya te diste cuenta de eso, digo estas cosas para confundirte, para jugar contigo, para que seas mi muñequito ¿Checas las dimensiones de mi egoísmo?”

Comprendí, compartí y me caló profundamente la desesperación que Violetta expresaba al pedirle a Pig que acabara con su existencia, sabiendo que había sido muy intensa pero, al mismo tiempo, muy destructiva. Muy auténtica pero poco productiva. Ella quería un nuevo comienzo, lo cual se entiende considerando la existencia de porquería que había experimentado desde que tenía uso de razón. Creo que todos merecemos perdonarnos y dejar atrás todos esos demonios que nos atormentan para, por lo menos, intentar encontrar algo parecido a la felicidad en los días que nos queden.


Me deja pasmado la facilidad con la cual Violetta se desnuda ante Pig suplicándole, rogándole y pidiéndole que hiciera algo peligroso por ella: “No tienes por qué hacerlo pero te pido, por favor, que lo hagas” Demuestra una intimidad profunda y honesta en donde muchos ven cinismo, ella es tan auténtica y humilde en su petición que no podría negarme, al igual que Pig no lo hizo.

Sobre el final

           “Quería darme el lujo de hablar con alguien de mi vida sin tener que decir puras mentiras”

            El único defecto que tiene “Diablo Guardián” es que no tuvo un final acorde al resto del argumento pero, sin duda alguna, el 95% de la publicación es altamente recomendable.


Honestamente, odio los finales abiertos. Pensaba que todas las peticiones que Violetta le hacía a Pig se iban a llevar a cabo pero, al final, no fue así. Hay un detallito en las últimas líneas que te da indicios de un “Final feliz” pero, desde mi punto de vista como escritor amateur, creo que hay que tener la suficiente personalidad y valentía para acabar una historia y definirla como autor, no dejar la postura cómoda de que el público decida cómo acaba todo. Para mí, esta obra sería excelsa de no ser por el final. Obvio he leído finales peores (como “El Psicoanalista” de John Katzenbach).


El intento de final que nos proporcionó Xavier Velasco estuvo medianamente aceptable pero, en mi opinión, se pudo haber alcanzado un final soberbio para redondear una publicación de dicho calibre, pero el final no estuvo a la altura del resto del argumento.

La lección aprendida.

            “Hay gente que tiene un plan y gente que está jodida”
 
Mis respetos a tan magnifico Autor
Así como aprendí con este libro a transcribir las frases el mismo día, también me queda claro que el escrito que haga de un libro debe ser al momento, y es que reconozco que mi reseña no está a la altura de lo genial que resulta la obra, así que me disculpo con el autor por no plasmar toda la magia que me regaló con dicha lectura. ¡Maldita procastinación que echa todo a perder!


Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 29 de julio de 2017

Mis vecinos (Parte 2)

            De todos los escritos que podría hacer una segunda parte, nunca creí que “Mis vecinos” fuera uno de ellos. Sin embargo la vida te da sorpresas, así que aquí vamos.

            La clasificación y utilidad de mis escritos.

            Normalmente tengo escritos que voy trabajando con tiempo, tengo otros que surgen tras algo esperado (un viaje, una película, un concierto, un libro, etc.) y que trato de escribir tan pronto pasa el suceso. Y hay una tercera categoría de “Reality Checks” que me llegan de madrazo o, dicho con el caló de mi madre, “Me cae el veinte” de un hecho y mi alma no puede descansar hasta que escribo de ello.


            Usualmente agradezco la inspiración abrumadora que me hace redactar de inmediato, pero no en esta ocasión, debido a dos razones: La primera es que tuve que interrumpir mi preciosa lectura de “El Laberinto de los Espíritus” del superdotado Carlos Ruiz Zafón y no es algo que me haga gracia, porque estaba poniéndose bueno el asunto. En segundo lugar, porque no es un tema que me agrade, de hecho lo aborrezco y, justamente por eso, es que debo de tratarlo.

Aunque este es un blog público, en realidad el principal destinatario soy yo mismo ¿Cómo es eso? Mis escritos tienen muchas funciones como dejar evidencia de mi paso por este planeta, expresar mis ideas, analizar lo que veo y, de vez en cuando, expresar algo que sirva de catarsis para sanar mi alma.


O sea que a veces escribo para sanar, ¿cómo funciona esto? Pues a veces plasmo toda la mierda que llevo dentro en letras y, al vaciarlo todo en un ensayo, deja de ser parte de mí o, aunque siga dentro, se queda dormido, anestesiado o incluso asimilado. ¿Cómo es esto posible? Porque al hacerlo público deja de ser algo que atormenta mi ser, sé que cualquiera se puede enterar de esos hechos y en automático dejan de tener poder sobre mí.

De ese tipo de escritos fue el original llamado “Mis vecinos”, en el cual hacía algunas cavilaciones sobre por qué me casé y posteriormente me divorcié. Pero ¿Qué tiene que ver aquel escrito con este que estoy iniciando? Todo y nada, pero podría decir que ambos me tienen en común a mí, en una como protagonista principal y en otra como actor de reparto.

También podríamos decir que ambos tienen en común matrimonios que no debieron ser, con la diferencia que uno sí termino en divorcio (el mío) y el otro, por enfermedades del alma, no se permitió ese digno final (el que me crio).


Las similitudes de dos épocas

Odio a mis vecinos actuales, me cagan. El día que se muden (por fortuna rentan, no son dueños de la casa) será uno de los días más felices de mi existencia. ¿Por qué los detesto? Porque me recuerdan una época que me costó mucho dejar atrás, y a continuación explicaré las similitudes.

A) Poca Clase
1.- Versión 2017
Estaba publicando algunas entradas en mi blog de Frases, teniendo la hermosa música de Suzanne Vega de fondo, cuando empiezo a escuchar el estruendo de música banda que el naco de mi vecino pone a todo volumen.

No me agrada la música banda, pero mi molestia no viene de ella en sí, sino de la forma en la que es reproducida: A todo volumen en un Fraccionamiento de doce casas a las 10pm.


Así fuera un disco de Genesis, Keane o U2, mi molestia seguiría vigente, por el poco respeto que tiene el imbécil de al lado por el espacio común. Para empezar comparte el lugar con otras 11 familias (yo soy una familia de un solo individuo), tampoco tenía el escándalo dentro de su casa, sino que estaba en el patio común con su desmadre a todo volumen, como para que nos quedase claro su nivel de corrientez.

Esto se repite las mañanas de los fines de semana en donde, de igual manera, pone su escandalo mientras limpia sus coches, sin importarle que haya personas que quieran disfrutar de un Domingo tranquilo. Y es que el sujeto éste puede decir que está en su derecho de disfrutar eso que llama música, pero el resto de vecinos también tenemos derecho a disfrutar de la tranquilidad de nuestro fin de semana. Recalco, si lo hiciera dentro de su casa, igual y la molestia sería menos, pero el imbécil éste no tiene sentido común y lo hace en la zona compartida con el resto.


2.- Versión Hernández Macías
Cuando mi padrastro se ponía borracho, tenía el buen gusto de poner música clásica, ya que se creía director de Orquesta y, a un nivel, la reencarnación de Beethoven. Supongo que su anhelo de escaparse de lo corriente de su origen era enorme, pero sólo la podía expresar en estado de inconsciencia.

El problema venía cuando se embriagaba con sus hermanos, entonces ahí venía la música popular que me atormentaba, especialmente música ranchera y música guapachosa, misma que aprendí a despreciar profundamente. Por fortuna casi no ponían salsa, de lo contrario nunca habría aprendido a bailar.

El hecho es que ponían la música a todo volumen, sin importar que mi madre y hermanos quisiéramos dormir, simplemente les valía pito nuestro derecho a descansar, porque su necesidad de escuchar música estruendosa era más importante.


B) Trabajópata
1.- Versión 2017
Por fortuna el sujeto en cuestión casi nunca está presente para fastidiarnos la existencia al resto de vecinos. El tipo éste se va temprano y llega tarde, por lo que intuyo que está muy ocupado con su trabajo. Además también se desaparece por varios días, supongo que su labor así lo exige (por fortuna, vuelvo a recalcar).

Cuando llega el Ogro, se nota que la esposa e hijo le tienen más miedo que amor, porque no se oye una relación amorosa de pareja o de hijo, más bien lo que alcanzó a escuchar es como unos súbditos que reciben a su monarca.


Casi nunca los veo salir los fines de semana, más bien los veo en casa y el tipo lavando los autos (el suyo y el de su esposa), que se ve que es su máximo entretenimiento, cosa que me valdría madres, de no ser que le sirve de pretexto para poner su escándalo a todo volumen.

Sin embargo, este fin de semana pasó algo que me dio pena ajena: Había lavado los autos en la mañana, a media tarde vino un aguacero, así que cuando dejó de llover ¡se puso otra vez a lavar los autos!


A ver, casi no estás con tu familia, casi no sales a pasear con ellos y, en lugar de convivir, el poco tiempo que estás en casa, ¿te pones a lavar (de nuevo) los autos? ¿En serio? ¡No mames! ¿Y la vida familiar? ¿Y la convivencia de calidad?

2.- Versión Hernández Macías.
Mi padrastro nunca vivió con nosotros, “casualmente” siempre trabajaba lejos de donde vivíamos, obligándolo a habitar otro sitio entre semana y haciendo “vida de familia” los fines de semana.


Creo que era el único niño que era más feliz los días de escuela que los fines de semana y es que desde el Viernes en la tarde ya pensaba “Ya viene el Ogro”.

Cuando llegaba nos ponía a limpiar la casa, aunque estuviera aseada por la muchacha que pagaba mi mamá, el Ogro nos regañaba constantemente por tener juguetes desordenados, no hacer las tareas y ser unos irresponsables. ¿Acaso tenía razón en sus reclamos? Les puedo decir que doña Marina no permitía que tuviéramos los juguetes regados, siempre nos educó para ser ordenados (ya que no lo fuésemos de adultos es otra historia) y normalmente estábamos en los lugares de mejor aprovechamiento en nuestros grupos, así que ante las evidencias no hay mucho que cuestionar.


Mi padrastro no sabía qué hacer con nosotros, no sabía cómo ser papá, no sabía cómo ser cariñoso. Para él el tiempo de calidad que pudiéramos pasar era cuando me agarraba de su chalán para componer cosas o limpiar sus herramientas.

Supongo que su manera de preocuparse por nosotros era metiéndonos disciplina, lo cual me ha servido en mi vida adulta pero resulta que los niños también aprecian algo de amor y cariño de los padres.

De no ser por la presión de mi madre para salir a pasear (aunque fuesen los mismos cuatro lugares de costumbre), creo que nuestros fines de semana hubiesen sido en casa de forma permanente.

C) Violencia Moral (falta de cariño)
1.- Versión 2017
La comunicación en la casa de al lado no es la de mejor calidad. Y tampoco es que tenga dotes de detective, sólo basta escuchar la voz de los involucrados: él con tono violento y los otros dos con tono tímido, casi apocado.


Al escuchar hablar al sujeto no escuchas mucho cariño de su parte. Por ejemplo, mientras lavaba el auto (su máximo entretenimiento), le decía al niño “Dile a tu madre que me traiga eso”.

Cuando escuche “tu madre” me prendí como no tienen idea, porque tenía el mismo tono violento y despectivo que escuché en mi niñez.

Ahí fue cuando se conectaron todos los hechos de este escrito y se hizo obligatoria su redacción.

2.-Versión Hernández Macías
Gracias a mi “vida familiar” aprendí que cuando mi padrastro decía “ve y dile a tu madre” era lo equivalente a mandarme a chingar a mi madre. Y no era el “tu madre” sino el tono tan desleal con el cual lo decía, mismo que aprendí a odiar.


Como buena jarocha, a Doña Marina se le salían malas palabras de vez en cuando (sobre todo cuando la hacíamos encabronar), pero casi siempre procuraba expresarse con propiedad y, lo más importante, con cariño y comprensión. No fuimos unos niños mimados (ni que fuésemos Millennials), pero sí nos sabíamos amados sin que por ello fuésemos unos holgazanes que creían que todo merecían (como los Millennials, por ejemplo).

La única violencia que percibíamos era cuando llegaba mi padrastro a casa, porque fueron mayoría las veces que llegaba de malas, no decía tantas groserías, pero la manera hiriente de decir las cosas lastimaba mucho más que cualquier grosería que pudiera decir, entre ellas “tu madre”.


D) Poco sentido común con las Mascotas
1.- Versión 2017 (Tara)
Un día llego Tara, una preciosa Golden Retriever que le alegró la vida al pequeño chamaco. Uno dirá “Vaya, el monstruo del padre se tentó el corazón”, y es factible que el señor tuviera un bonito detalle con su hijo, pero no así con la pobre perrita.

Para que me entiendan mejor, les describo mi casa (que es una copia de la familia en cuestión). Es relativamente amplia por dentro, con la excepción de los baños y lo que sería el patio, que técnicamente es una zotehuela de 1 x 4 metros, espacio que está destinado a lavar.


¿A quién chingados se le ocurre comprar un perro grande para una casa sin jardín? Al imbécil de mi vecino, obviamente. Mientras Tara era una cachorrita, no había pex pero, naturalmente, creció y ya no fue tan tierna ni pequeña para tenerla dentro de casa, así que ahora llego a escuchar a Tara cuando llora en la Zotehuela o veo su tristeza al estar amarrada frente a la casa.

Me consta que la sacan a pasear seguido, pero para la energía y personalidad de los Golden Retriever, necesitan un espacio amplio para correr a sus anchas, ADEMÁS  de sacarlos a pasear.


Así que ahora Tara tiene que sufrir porque fue adquirida por un imbécil que no sabía que los cachorros crecen, especialmente los de razas grandes. Pero si el sujeto en cuestión no tiene respeto por sus vecinos, ¿qué le va a importar la miseria de un pobre animal?

2.- Versión Hernández Macías (Princesa)
¡Como amaba a Princesa! La encontré un par de meses antes de mudarnos de la Ciudad de México al Pueblo del mal (porque de ahí provine el Clan Hernández Macías). Mi amor por Prince (como la llamábamos cariñosamente) creció aún más porque fue objeto de una de las injusticias más grandes que me ha tocado presenciar.

En una ocasión Princesa, que ya tenía unos cuatro años, estaba durmiendo o comiendo (no lo recuerdo bien) y mi hermano llego de manera brusca a abrazarla, lo cual la tomó por sorpresa y le soltó una mordida. La agresión no le dio por completó, en realidad fue algo superficial, pero el hecho que de brotó sangre fue algo muy escandaloso para mi padrastro.


Sin analizar que Princesa simplemente reaccionó a una situación inesperada, sin ver que la culpa fue de su hijo, sin considerar que el animal era noble, ni contar el amor que teníamos por ella que ya era parte de nuestra familia, el cabrón de mi padrastro ¡La regaló!

Perdón, pero esto sí lo voy a decir de todo corazón ¡Hijo de su reputísima madre! ¿Cómo se atreve a regalar a mi perra? Es lo mismo que hizo cuando tenía yo unos seis años y regaló a un gatito que quería mucho llamado “Yum-Yum”, sólo porque sus orines olían feo. La incapacidad era nuestra al no saber cómo tratar a un gato, pero su solución fue regalarlo para resolver el problema.

No a todos les deben gustar los animales pero si los adquieres, tienes una obligación moral con su bienestar. Debes tener el respeto por su vida y sentimientos. La pobre Princesa había sido extirpada violentamente de su hogar, así que se escapaba para regresar a él.


Nosotros obviamente la recibíamos con amor y lágrimas, pero derramábamos más cada vez que el hijo de puta la devolvía a la otra casa. Por fortuna hubo un punto en que acabó con nuestro sufrimiento y finalmente dejó que Princesa regresara. Y, honestamente, desde ahí lo odié definitivamente, no por lo que me haya podido hacer, sino por meterse con un ser tan inocentecon mi querida Prince.

Mi rencor crecía al ver el comportamiento de mi perra, misma que se acercaba con humildad a él cada vez que lo veía llegar. En toda su inocencia y generosidad, no le tenía rencor al cabrón ése, más bien diría que le daba miedo.


Chingo a mi madre si le infundo miedo algún día a un ser tan inocente y puro como a un perro, porque ya pasé por ello y ha sido de las cosas más despreciables que habré hecho en mi vida.

E) Afectación a la Familia
1.-Versión 2017
Al final convivir con un ser tan nocivo debe traer consecuencias. En el caso de mis vecinos, la mujer se ve que es una persona decente y respetuosa, lo cual queda constatado cada vez que no está el marido, ya que no da ni una molestia.

Sin embargo ante semejante animal con el que se casó, se ve que sólo le queda doblar las manos, hacer mutis y aguantarse la pena. Podría compadecerla y decir “pobre mujer”, pero la verdad es que debió de haber un punto en el que se dio cuenta con la bestia que se casó y, si decidió mantenerse a su lado, entonces tiene parte de responsabilidad.


Sobre todo al educar al engendro que procrearon.

No sé lo que es ser hijo único, tengo entendido que es difícil. Sin embargo he conocido muchos niños que los son y que están bien educados. Lo cual no es el caso de este pequeño engendro del mal.

El mocoso es una bestia salvaje (como su padre), que se sube a las paredes o rejas ajenas, que mancha los autos con sus manos, que se entromete en asuntos de otros vecinos y demás. En el fraccionamiento tenemos otros niños de edades similares, y este pequeño monstruo es el único que no respeta. La madre se ha dado por vencida, y eso que no trabaja y está en casa con él todo el día, pero con el ejemplo abrumador de una bestia como el padre, es natural que el niño no respete al prójimo, porque nadie lo corrige o le llama la atención por sus actos.


Así que la ignorancia del padre continuará a través del hijo porque, aunque la madre se ve que es decente, el ejemplo paterno ha sido enorme.

2.- Versión Hernández Macías.
El daño que mi padrastro y su familia nos hicieron fue profundo. La esencia de mi madre era generosa y dicharachera, la cual aún mantiene, pero convivir con gente tan desleal, traicionera, maleducada y demás la dejó marcada.

A un nivel mi madre ya no confía como antes, siempre espera que alguien le haga una mala jugada, ya no puede ser tan generosa como solía serlo, porque cree que alguien puede terminar aprovechándose de ella.


Aunque se separó de su esposo, nunca se divorciaron propiamente y, debido a la enfermedad de mi hermana, siempre encuentran pretexto para verse, pelearse y perpetuar su relación de autodestrucción.

Es por ello que ahora reconozco más a mi madre porque, a pesar de ir contra todo un clan de ignorancia y deslealtad, supo darnos una educación de calidad. A pesar de sentirse destrozada por las chingaderas que le hacía dicha gentuza, siempre encontró fuerzas para proteger a sus hijos, lo más que pudo, de dicho ambiente, para que no nos contamináramos de tal patético ejemplo.


Sin embargo, el esfuerzo de mi madre no fue totalmente efectivo y hubo consecuencias en sus hijos.

La más afectada fue mi hermana, cuya enfermedad, de la cual no voy a comentar, se propició por la familia rota en la cual creció. Mi hermano tiene una vida productiva, aunque también le noto issues de los genes que recibió.

Pero, como buen egocéntrico, voy a hablar de mí: ¿Qué aprendí al convivir con familia tan corriente?

Para empezar aprendí respeto, pero no de ellos, sino el que mi madre me infundió, pero ellos me sirvieron de muestra exacta de lo que NO se debe hacer. Ellos eran el perfecto ejemplo de lo que el Sentido común NO es.


Por mis genes jarochos, tiendo a ser sociable por naturaleza pero, gracias a que aprendí a aislarme de dicha familia y, para acabarla de chingar, me refundieron en su pueblo (el cual aprendí a odiar), me volví solitario, un estado que he aprendido a amar.

Y es que aprendí a valorar a la paz, aprendí que estando solo no hay gritos, no hay insultos ni otras faltas de respeto. Aprendí que rascarme con mis uñas es preferible que involucrar a gente detestable e improductiva en mi vida.

Pero aprendí otras cosas que corroboré en mi fallido matrimonio.


No es casualidad que no tenga un clan, por algo no quiero reproducirme. Al ver lo fácil que es quebrar ese frágil equilibrio que requiere una familia, la verdad he optado por no tenerla.

Obviamente cosas como el enamoramiento nublan nuestro sentido común, pero también estoy tomando mis precauciones para evitar (en la medida de lo posible) que eso pase.


Pero otra cosa que he aprendido, como hijo y como esposo, es que la institución del matrimonio NO sirve o, por lo menos, no es para todos, porque se requiere un nivel de madurez muy avanzado que muy pocos seres humanos alcanzan, y es menos probable que dos en una misma relación lo hagan.

Ese nivel de madurez se refleja también en el nivel de respeto con el cual te desenvuelves en el mundo. No sé si yo posea esos niveles de madurez, sentido común o respeto, pero prefiero no arriesgarme y que los tentáculos de la ignorancia humana no continúen a través de mi descendencia.

Prefiero extinguirme a reproducir traumas e ignorancia.


¿En verdad fue tan malo?

No, no fue tan malo, no en vano he escrito en otras ocasiones apreciando la educación que recibí de mi madre y su esposo. Tampoco hubo cosas feas como violaciones, asesinatos ni (tanta) violencia física. Aunque también he de decir que me he guardado muchos hechos mucho más desagradables de los que aquí he plasmado.

He ido comprendiendo que gran parte de mi educación se la debo a mi madre, porque por un lado hacía lo que podía con nosotros y, por el otro, nos cuidaba al restringir mucha de la ignorancia y corrientez de su esposo.

Doña Marina no es perfecta y su esposo también tiene sus virtudes. Doña Marina también tuvo sus errores (bastantes) y su esposo también llego a tener aciertos (los menos). Sin embargo, conforme van pasando los años y empiezo a ver el mundo como adulto (o algo parecido), cada vez entiendo más el desgaste monumental que pasó mi madre para que su esposo (y su familia) no nos echaran (tanto) a perder.


En eso Doña Marina es MUY superior a mi vecina, y eso que ella tuvo tres chamacos a los cuales criar, además de que trabajaba.

Los otros vecinos

Por fortuna mis vecinos nocivos son la minoría, casi el resto en mi fraccionamiento son relativamente decentes y respetuosos o, por lo menos, no dan grandes molestias, aunque se podrían comportar mejor.

Sin embargo no quiero comentar de ellos, sino compartirles un breve pasaje que podría parecer insignificante pero para mí fue algo muy bonito. Así sirve que cerramos este escrito tan agrio con un buen sabor de boca.


En una tarde tranquila y bella, regresaba al fraccionamiento después de correr y, aprovechando, saqué lo que había en el buzón para repartir las cartas al resto de casas; de pronto estornudé y escuche una tierna voz a la distancia decir “¡Salud!”.

Voltee a ver, pensando que era alguna de las niñas del sitio, que todas son bien educadas, pero no había nadie. Seguía en mi confusión cuando, casi de inmediato, volví a estornudar y otra vez vino el dulce “¡Salud!” del fraccionamiento de atrás.


Aunque no identificaba a la niña, sólo me quedó contestarle “¡Gracias!” y vino el automático “¡De nada!” con la misma dulzura y algo de satisfacción de haber sido una chica buena y educada.

La verdad me regaló una sonrisa con su detalle y me sentí reconfortado al constatar que aún hay personas que educan a sus hijos con decencia. Obviamente no conozco a la pequeña pero me quedo esa certeza que era una buena niña.


Hebert Gutiérrez Morales.