domingo, 21 de enero de 2018

La Radio a través de mi vida

            No puedo decir que la Radio haya sido fundamental en mi vida, sin embargo mentiría si dijera que no tuvo injerencia alguna. Y eso porque soy Generación X, en el caso de los Millennials, no dudo que muchos de ellos ni si quiera la hayan escuchado de manera convencional, a lo más en línea.

            Hablando de generaciones, la Radio fue más representativa para los Baby Boomers, mismos que conocieron la TV pero crecieron desarrollando su sentido auditivo y, de paso, su imaginación, con el aparatito de transistores en la sala.

            Para la Generación X, la radio seguía siendo importante, pero no tanto como la TV, sin embargo seguíamos escuchándola ya que no podías comprar tantos casetes o discos para escuchar nuestra música favorita, así que nos apoyábamos más en estaciones de radio.

            Universal Stereo y mi niñez


            Mi primera estación relevante fue Universal Stereo, en la Ciudad de México, misma que me moldeó el gusto por música en inglés de los 60’s y 70’s y, cada vez que voy a la capital, trato de sintonizarla para recordar tanta alegría me dio en la niñez.

            De hecho, como comenté en el escrito de Genesis, en dicha estación escuché muchas canciones que me encantaban pero, al no saber inglés, no podía identificar los nombres de las melodías o de los intérpretes. Lo cual fue un descubrimiento divertido a lo largo de los años, al irme encontrando canciones que amaba de pequeño pero que nunca sabía los artistas. El gusto indescriptible de aquellos años en que amaba las canciones de esos artistas anónimos y que hacían mejor mi día.

            En mi infancia pesaba más al TV, podía ver horas y horas de ella sin cansarme así que, en realidad, sólo escuchaba radio cuando iba en el coche con mis papás. Creo que de ahí adquirí mi gusto por manejar y escuchar música: por imitación de mis padres. De hecho manejar a solas sin música es algo tan extraño pocas veces lo he hecho, y no porque no pueda ir en silencio, sino porque irónicamente me concentro mejor con la música como copiloto.


            Tal vez si no nos hubiéramos mudado del (entonces) DF, este escrito no existiría aunque bueno, siendo honestos, tal vez ni siquiera este blog existiría. Sin pretenderlo, la Radio pasó a ser vital cuando me extirparon de la capital para recluirme en un pueblo olvidado de Dios: San Matías Tlalancaleca.

            Mi compañera en tiempos oscuros

            Ya escribí ampliamente de mi desagrado hacia dicha población en la cual, inexplicablemente, mi madre insiste en habitar. No sólo me arrancaron de mi ambiente, mis amigos y mi casa, sino de mis caricaturas y eso, para un niño de la Generación X, era un pecado mortal.

            Cuando era niño no había TV por cable, ni por satélite y, para terminar pronto, no había TV de paga. Lo único que teníamos eran los canales abiertos y, hasta eso, la única opción real era Televisa, ya que la programación de Imevisión (la antecesora de TV Azteca) tenía una programación interesante a nivel intelectual pero poco atractiva para un niño.


            Para mi desgracia, Televisa no se veía en el mentado pueblo, así que sólo me quedaba atenerme a lo que nos daba Imevisión, que tenía una limitada programación infantil. Por fortuna desde pequeño me gustaba la lectura, así que leía bastante pero, de vez en cuando, se te antojaba algo de chatarra audiovisual y la variedad que tenía a disposición era bastante limitada en términos comerciales (sí había programas de calidad de tipo adulto, pero como niño la oferta era poca).

            Ahí me vi obligado a voltear a la Radio. Aunque el pueblo estaba alejado de la Capital, por fortuna, todavía alcanzaba a sintonizar Universal Stereo, así que me refugie mucho en aquella música, misma que me recordaba lo feliz que era en el DF, sobre todo en trayecto de la casa a la escuela o viceversa, y ahí odiaba más ese maldito pueblo en el que me fueron a recluir.

            Radio Altiplano y la Hora nacional.

            También descubrí una estación llamada “Radio Altiplano” de Tlaxcala, misma que es de las mejores que he escuchado, ya que ponían de todo, menos cosas comerciales: tenían música diferente pero muy buena, además de programas para público infantil y juvenil.


            Si tuviera que mencionar a mi mejor amigo durante los tres años de Secundaria, creo que sin duda pondría a Radio Altiplano, por todo el gozo y aprendizaje que me dejó. Y sí, no lo tienen que mencionar, dicha época fue muy triste como para considerar una estación de Radio como mi mejor amiga.

            Los domingos en la noche eran los más aburridos. De día devoraba mi NFL con gusto, pero el partido nocturno no lo transmitían, así que regresaba a la Radio, misma que, al tener poca audiencia, se esmeraba en una programación libre que disfrutaba bastante.

De pronto, llegaba “La Hora nacional” y todo valía madres. Como no había nada más que hacer, y todavía no tenía sueño, me ponía escuchar dicho programa y ¿saben algo? ¡No era tan malo! de hecho aprendí a apreciarlo. Sé que mucha gente se quejaba (y lo siguen haciendo hasta nuestros días) de dicha emisión semanal pero, en mi caso, fueron horas que aprendí a querer.


            MTV y W-FM

            Al entrar a la Preparatoria, las antenas parabólicas se pusieron de moda y mi papá Antonio se apiadó un poco del aislamiento en que vivíamos y nos compró una. Volvía a tener acceso a Televisa, pero eso ya no importó, porque ahora tenía canales más chidos, variados y gringos. Entre ellos, tenía a mi disposición el Santo Grial para cualquier adolescente de mi época: MTV (cuando realmente transmitían música, cuando MTV era bueno).

            Ese reencuentro con la TV comercial afectó mi relación con la Radio; seguía escuchando Universal Stereo y Radio Altiplano pero con poca frecuencia, ya que algo había cambiado, mis prioridades eran otras. Así como un niño va dejando sus juguetes atrás por otros intereses, dejé de lado esas dos estaciones que fueron vitales para solventar el suplicio de tres años que duró la secundaria. Ahora tenía un “nuevo amigo” que se adecuaba a mi “época MTV”, un nuevo rey había venido a tomar el trono de mi Radio: W-FM.


            W-FM fue otra estación chilanga que llenó mis días de un gozo diferente, tenía música en inglés pero más actual, tan nueva que estaba a la moda con las tendencias en Estados Unidos, no en México, canciones que veía en el MTV gringo (faltaban un par de años para que naciera MTV latino). W-FM me permitía ser “cool” entre mis compañeros de Preparatoria, porque ya sabía las canciones “chidas” antes de que siquiera fueran conocidas en nuestro círculo. Y como el conocimiento es poder, eso me ganó cierto aprecio entre mi círculo social.

            Pero no sólo era la música, sino que los conductores eran lo máximo. Y es que me divertía con las bromas telefónicas del Burro Van Rankin y Esteban Arce, los chistes del Chiflagoras, las corrientes vulgaridades de Eduardo Videgaray y el Estaca Brown (José Ramón San Cristóbal), así como las sexys voces de Charo Fernández y Martha Debayle.

            Pero, si tenía la Parabólica, ¿Por qué no enfocarme en MTV únicamente? ¿Por qué debía auxiliarme en una estación de radio? Para empezar, la antena parabólica de principios de los 90 (o por lo menos la que compró mi papá), sólo te permitía sintonizar un canal a la vez en un solo aparato y como éramos cuatro en la casa (mi mamá, mis hermanos y yo), no podíamos monopolizar la TV de manera egoísta. Por otro lado, pasaba mucho tiempo atendiendo la papelería de mi mamá y, como no había TV ahí, acompañaba las horas que la cuidaba con W-FM.


            Universidad sin radio

            Al entrar a la Universidad, y ya que me habían explotado lo suficiente, mi madre cerró la papelería (como se le fue el chalán estrella, prefirió cerrar ¬_¬). Mi relación con la Radio se disminuyó bastante, ya que sólo la escuchaba cuando hacia mi tarea, pero ya no las horas diarias que le dedicaba durante secundaria y preparatoria.

Además no tenía dinero para comprarme un Walkman y, aunque lo hubiera tenido, la señal de mis estaciones se perdía en San Martín Texmelucan, ya no digamos en Puebla.


            Obviamente seguía habiendo radio presente en mis días: a través de las estaciones “guapachosas” que ponían en el transporte público. Pero que hubiera o no música en el camión era lo de menos, porque si no era de mi agrado la bloqueaba al no ponerle atención, así que mejor me ponía a repasar apuntes mientras llegaba a mi destino.

            Fase alternativa adulta: Radioactivo.

            Cuando empecé a trabajar en VW retomé mi relación con la Radio. Ya había un acceso más democrático al Internet y, para no andar cargando CDs de ida y vuelta, descubrí que podía escuchar Radioactivo a través de la Red. Aunque seguía siendo música en inglés, dicha estación era más alternativa que W-FM ¡y me gustaba!


            Conocí la irreverencia y puntos de vista tan auténticos de Olallo Rubio, el Sopitas, el buen Rulo, el Argen, Ilana Sod, la Reclu entre otros. Sus programas eran tan profundos como divertidos y modificaron mi manera de ver muchas cosas.

            Por cierto, ya que mencioné a Ileana Rodríguez (La Reclu) hace un par de años experimenté un episodio como de dimensión desconocida. Por mera curiosidad sintonice la Hora Nacional en lo que preparaba mi ropa para el otro día cuando, sorpresivamente, ¡Oí a la Reclu! Fue algo muy raro, escuchar a esa voz que descubrí en Radioactivo a través de un medio de gobierno. Me sentí raro y extrañamente viejo aunque, no lo voy a negar, también fue relativamente divertido.

            Así que escuche a la Reclu cada Domingo durante un par de meses hasta que, inesperadamente, dejo el programa y, con ello, mi segundo idilio con la Hora nacional terminó. Pero volvamos a Radioactivo.


Radioactivo también me deleitaba con “Las Aventuras de Kaliman” un show que me enganchaba con mucha facilidad, sobre todo los fines de semana. Radiactivo lo escuchaba entre semana y en fin de semana ya que, como era Trabajópata, me la pasaba en la oficina también los Sábados y Domingos. El problema es que después la vendieron y la transformaron en algo infumable.

Fase Fresa adulta: Alfa Radio.

Radioactivo sólo lo podía escuchar en la oficina, a través de Internet pero, de manera simultánea pasé a otra etapa de mi vida, ya que empecé a tener auto y, sin pretenderlo, ahí se fue gestionando otro cambio en mis gusto radiofónicos.

            Como ya mencioné, la señal de W-FM y Universal se perdía a partir de Texmelucan, así que encontré otra estación chilanga que sí alcanzaba hasta el trabajo, y me ofrecía música en inglés de actualidad mientras manejaba: Alfa Radio.


A pesar de que Alfa Radio era música comercial, le tengo un especial afecto, ya que me acompañó todo el enamoramiento con Harumi (que fue por quién saque el Auto) hasta que ella se fue y, pocos meses después, me mude definitivamente a Puebla a iniciar una de las etapas más miserables de mi existencia.

            Adiós a la música moderna.

            Con la excepción de Radioactivo (que escuchaba en la oficina hasta el día que desapareció) cuando me casé dejé de escuchar la radio, en parte porque mi Exbrujer siempre tenía algo que decir y porque el tiempo que duramos juntos, no volví a estar solo y, sin ese espacio de sana soledad, también mi felicidad disminuyó bastante: dejé de hacer ejercicio, fue la temporada que menos NFL vi y fue la etapa en que menos música escuché. Definitivamente uno de los tiempos más tristes de mi vida (sino es que el más triste de todos).


            Después del divorcio no escuchaba mucha radio, ciertamente ya vivía más tranquilo, pero estaba agotado tras una relación desastrosa. Me alcanzó para sacar un auto sin Stereo (lo cual fue una tortura) y en casa no escuchaba radio porque normalmente sacaba a pasear a Osa y Dori o me dedicaba a leer.

            Ahí empezó una etapa muy larga sin escuchar Radio, por lo que empecé a escuchar mis CDs de manera regular durante varios años. De hecho a partir de ese matrimonio me amargué un poco y adelanté, por algunos años, la etapa en la que te deja de gustar la música moderna, oficialmente a partir del 2004 (con la muerte de Radioactivo) dejé de escuchar música nueva y, si llegaba a ver canales de música, era VH1 Classic, porque el resto me parecía una porquería.

            Muy de vez en cuando llegaba a sintonizar Radio Altiplano, para corroborar que seguía siendo una excelente estación o, las contadas veces que iba a la Ciudad de México, sintonizaba Universal Stereo. Aunque ahora eso es raro porque ya llevo toneladas de mi música favorita en un USB.


            Conociendo otras realidad radiofónicas.

            Hubo unos años que empecé a escuchar algunos Podcast que, aunque no son propiamente Radio, ocuparon su lugar de manera satisfactoria. En especial escuchaba el de Olallo Rubio, mismo que me regalaba muchas carcajadas y momentos de reflexión.

            Cuando empecé a viajar, y me tocaba rentar auto, escuchaba la música de las estaciones locales y, pude corroborar, que la Radio en Alemania  y en Estados Unidos (que es donde me ha tocado manejar) es muy superior a la oferta en México.

            Incluso en México hay diferencias grandes, ya que la oferta entre la Capital y Puebla es muy distante, y es que en el exDF la variedad es amplia y de mayor calidad que en la ciudad en la cual vivo. Y algo así pasa en otras partes de la república, en donde a veces, por curiosidad, busco alguna estación que valga la pena y es difícil de encontrar, y es cuando prefiero regresar a mi música en el USB.


            Una década después: el reencuentro con la Radio.

            ¿Cuándo volví a escuchar Radio con alguna regularidad? A partir del pasaje en que corrí por las oscuras calles de Cholula a la 1AM. Ahí me di cuenta que ya no podía confiar en mis instintos, ahí me compré un radio con despertador.

            Así que ya tiene unos años que tengo unos 20 minutos diarios de Radio, que escucho mientras me voy arreglando para ir a la oficina, el problema era encontrar una estación decente que sintonizar en ese breve tiempo. Y es que la oferta a las 6AM es limitada porque (casi) en todos lados están pasando noticieros y, honestamente, no quiero amargarme el día tan temprano.

            Encontré una estación llamada Mix FM (primera estación poblana que sintonice con regularidad) que, en teoría, pasan música viejita lo cual es cierto en la mayoría de las ocasiones. Sin embargo, cuando notas que hay música que no conoces y que ya es considerada clásica o, lo que es peor, que es música basura, te das cuenta que tu status como radioescucha ha pasado a otra etapa.


            Pero no sólo era la música basura “nueva”, ciertamente pasaban música de los 80’s y 90’s pero con un gusto muy sesgado y comercial, ya que hay muchas obras que me gustan y que ahí no pasan ni pasaran u, otro pecado, pueden pasar canciones clásicas pero, por cuestión de tiempo, las recortan.

            Ahí me di cuenta que ya hacía más corajes por escuchar una estación que mutilaba canciones, con una selección muy corta o con canciones “clásicas” que para mí no lo son. Y no estaba para empezar el día indignado por tonterías.

Opté por regresar temporalmente a Radio Altiplano, lo único “malo” es que a esa hora pasan programas infantiles, pero seguía siendo mejor contenido que las otras estaciones con sus noticieros y canciones mutiladas. Después encontré una opción más adulta pero de igual forma de calidad alta.

            Así es como llegué a Radio Universidad de la Buap, misma que me recuerda mucho la esencia de aquel Radio Altiplano de mi juventud. Su programación a las 6AM es muy ecléctica, con música latinoamericana nada comercial, rock clásico, música instrumental y demás repertorio que jamás me aburre ni me indigna. Por el momento estoy feliz con esta estación, así que vamos a ver cuánto tiempo más estaré con ella antes de que venga el siguiente cambio en mi vida.


            Una compañía de casi toda la vida

            Originalmente este escrito iba a ser un breve homenaje a la Radio de mi juventud y, al redactar, me he dado cuenta que este medio de comunicación ha estado presente a lo largo de mi existencia. Ciertamente ya no tiene la importancia que solía tener pero, a pesar de la TV y del Internet, ha sobrevivido y demostrado su vital importancia para todas esas personas que no tienen otra forma de distraerse o informarse.

            Siendo honestos, la Radio nunca ha sido mi prioridad sin embargo, cuando he necesitado de ella, ahí ha estado. Tal vez su oferta no siempre sea lo que he buscado pero, de alguna manera nos acabamos adaptando el uno al otro. A diferencia de la tirria que le tengo a la TV, a la Radio le tengo mucho agradecimiento, sobre todo en esos momentos de soledad en que me acompañó fielmente.

A veces, por simple curiosidad, sintonizo Alfa Radio o W-FM, y ya no es lo mismo, ya las encuentro muy escandalosas y huecas. Radioactivo dejo de existir hace mucho tiempo, ahora existe Convoy, un servicio de Podcast al que estoy analizando suscribirme. Creo que las únicas que se mantienen fieles a su esencia son Universal Stereo y Radio Altiplano que, aunque han adaptado su oferta conforme a la época, no han dejado esa sustancia que las hace exquisitas al escucha.


            Obviamente también he cambiado como escucha, ya que no es lo mismo un chico de 13 lleno de complejos que un adulto de 41 años lleno de complejos . . . . ejem . . . . lo que quise decir es que, la percepción de la realidad (externa e interna) va cambiando con los (d)años y, a pesar de ello, es reconfortante que siempre puedas encontrar aunque sea una opción que se adapte a tu forma de percibir el mundo.

            Es factible que un día me anime a escuchar YouTube en esos 20 minutos del día, o que empiece a escuchar los Podcast de Convoy y deje de escuchar radio para siempre, uno nunca sabe. Sin importar qué pase, siempre le estaré agradecido a la Radio por todos los años de compañía de calidad e, indirectamente, ayudar a formar mi personalidad y gustos musicales.


            Hebert Gutiérrez Morales.

La edad del cinismo

“Llega una edad en la que empiezas a comprar pantalones con elástico, y es cómodo, y es de gorditos felices, y está bien” – Hebert Gutiérrez Morales.

sábado, 20 de enero de 2018

Zacatecas (Día 1 de 3)

Parroquia de Nuestra Señora de Fátima
            Salí tempranito de mi amada Huasteca Potosina y me encaminé a Zacatecas.

            Camino a Zacatecas

Recordé aquella primera vez que regresé a casa, de noche y, para colmo, di mal la vuelta y tomé la federal de Ciudad Valles a San Luis Potosí. Ahora que iba de día, me di cuenta todo el desgaste que me hubiera ahorrado al irme por pista, misma que es muy cara para el tramo que es pero, si es de noche y por seguridad, vale la pena pagarla.

            Pasé la capital del Estado y avancé hacia mi destino. Durante el trayecto vi muchas paradas de autobuses en pueblitos a lo largo de la carretera, mismas que recuerdo similares en otros estados y es sorprendente como, a pesar de lo diferente que es cada sitio, el sentimiento de dichas paradas y los que están esperando su transporte, te da la misma impresión, o por lo menos a mí me parece interesante el lenguaje corporal de la gente mientras espera su camión.

            Cuando llegue al (primer) letrero que te da la bienvenida al estado de Zacatecas me sentí muy feliz, sobre todo por conocer un lugar nuevo de México, en especial uno al que tenía en la mira desde hace tres años.
Interior del Museo Manuel Felguérez

            Dentro del auto tenía algo de calor pero, durante una parada técnica a media carretera, comprobé que el viento estaba bastante fresco y que, con unos grados más abajo, te calaría hasta los huesos. Supe que unas semanas antes había nevado, así que iba preparado con suéteres y ropa térmica por si las dudas que, felizmente, sólo lleve a pasear porque no hicieron falta.

            Llegué a mi hotel alrededor de las 2PM, aún era temprano para el Check-in, pero ni falta me hacía, sólo requería dejarles el auto y empezar a conocer la ciudad. Mi primer destino era una recomendación especial del buen Memo en la Huasteca Potosina.

            Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez.

Este cuadro sí me gusto (Águeda Lozano)
            Manuel Felguérez es un artista zacatecano que ha tenido muchas exposiciones alrededor del mundo. Tan importante ha sido que, en vida, se abrió un Museo en su honor y, definitivamente, es un lugar bastante interesante. Y conste que, como he comentado en diversas ocasiones, no soy amante del arte abstracto porque, en su gran mayoría me parecen rayones sin chiste que, vender eso como arte, es una tomadura de pelo.

            Ciertamente en este sitio hay mucho de ese (a mis ojos) mal llamado arte, sin embargo, encontré muchos aspectos valiosos en esta visita. Primero me llamaron la atención unos murales que se expusieron en Osaka, durante 1970, todos de artistas mexicanos. Las obras eran impresionantes y casi todas me gustaron aunque, debo admitir, eso fue más porque tengo una especial predilección por las pinturas enormes. Ahí es donde me dejo abrumar por la cantidad y no por la calidad.

Bellos Ventanales
            Algo que empecé a notar mientras avanzaba por los pasillos, y que reprobaba en absoluto, es que muchos artistas abusaran del “Sin título” para nombrar a sus obras y pensé “¡Por Dios! Y luego no quieren que los tachen de charlatanes. Si tuviste la suficiente ‘creatividad’ para hacer tus rayones sin sentido, por lo menos deberías tener la decencia de nombrar al engendro que tienes el descaro de presentarnos como arte”.

            A pesar de tanta charlatanería, encontré obras que me gustaron y/o llamaron la atención, en especial del artista zacatecano que le da nombre al museo y la forma en que presentan su arte. La mayoría de sus pinturas están creativamente presentadas a lo largo de tres pasillos, en tres distintos niveles, los cuales llevaban a distintas celdas (porque esto solía ser una cárcel).

Hasta el catalogo de la Comercial Mexicana tenían
La presentación fue muy llamativa, ya que nunca había visto algo así. En la parte de abajo se pueden ver artículos personales y de las exposiciones alrededor del mundo que ha montado.

            La Cárcel

            Pero, más que todo el arte que vi en dicho lugar (que sí hubo algunas pinturas que realmente me gustaron), lo que más me fascinó del lugar fue el edificio que alberga el Museo, mismo que sirvió en su momento como seminario y luego como cárcel.

            La arquitectura actual del lugar hace impensable que haya sido otra cosa que un museo, y es que la verdad el diseño es exquisito (sí, lo sé, ya me estoy volviendo (aún más) mamón al utilizar palabras como “exquisito” para definir la arquitectura de un lugar ¬_¬U).

Muy bello el Museo Felguérez
            El impacto de ver cómo vivían los reos es brutal. Como ya mencioné, dejaron algunas celdas montadas como las tenían sus inquilinos, y en otras se contaba la historia de la Cárcel, tanto en textos como en fotos.

            Aunque ya había visitado otra cárcel muy famosa como Alcatraz, el sentimiento entre un lugar y otro es distinto. Porque a los reos mexicanos los dejan expresarse más pero, al mismo tiempo, los trataban peor. Así que era más fácil engancharse con los presos nacionales.

            Ver los mensajes de (des)esperanza en las paredes, que iban desde religiosos hasta pornográficos, sentir la impotencia, la debilidad, lo infrahumano y lo decadente de la situación de los internos me conmovió profundamente.

Era un espectáculo tan patético como artístico, tan cruel como humano, tan justo como brutal. No lo sé, me resultó imposible permanecer impávido ante sentimientos tan potentes, ante mensajes tan sublimes como ridículos, tan grotescos como íntimos, en verdad fue un gran acierto dejar constancia y/o evidencia de la vida carcelaria en dicho lugar.

El techo caído de la cúpula
No es una exposición larga la de los presos pero, después de ver eso, me queda claro que prefiero morir a pasar mi vida en prisión, porque lo que ahí se experimenta, literalmente, no es algo digno ni humano. No digo que las personas de ahí fuesen inocentes o culpables de los delitos que se les achacaban (seguramente había de ambos), sólo digo que ningún humano debería recibir un trato tan indigno que te haga caer tan bajo en tu plenitud existencial.

Honestamente vale mucho la pena la visita a este museo, tanto por el arte, el edificio y las historias que ahí alberga.

Museo de las Máscaras Rafael Coronel

De ahí me fui caminando al museo de las Máscaras Rafael Coronel, mismo que está ubicado en las ruinas de un convento franciscano, lo cual hace especial la visita. Para empezar puedes entrar a la nave principal con la cúpula caída, en una visión tan extraña como fascinante.

Los Duendes o magos
Pero no sólo es la cúpula, los jardines resultan muy bellos, y no porque estén bonitos, sino porque van ad hoc con el ambiente en ruinas del lugar. En esas mismas zonas verdes hay repartidas estatuas de una especie de duendes o magos ancianos, que pueden resultar algo tétricos y, al mismo tiempo, divertidos, dándole un toque de misticismo al sitio. Recorrer dichos jardines a través de los caminitos es una maravilla, resultando un placer cuasi infantil, como ir recorriendo laberintos o las ruinas de algún castillo mágico.

Al igual que el museo anterior, me fascinó más el recipiente que el contenido y es que, aunque las máscaras estaban relativamente interesantes, nunca me encantaron al mismo grado que el edificio que las contenía. Además, aunque suene a chiste, creo que falto una sección de máscaras de la lucha libre mexicana que, aunque no son tan antiguas como las que se muestran en el museo, creo que son parte importante del Folklore mexicano. Personalmente creo que se podría incluir alguna muestra con dichas máscaras y no demeritaría la exposición en sí.

Jardines bellos y acorde al lugar
Lo que sí los Zacatecanos son muy estrictos en el orden en que debes visitar las salas, ya que es la primera vez en que mi dicen que no puedo pasar a cierta sala hasta haber visitado otra cuando, normalmente, en los museos te dejan visitar las exposiciones en el orden que quieras. Aunque creo entender su lógica, porque quieren que visites todo y no te vayas sin ver algo.

Lo que recordé, tras tanto tiempo de no verlos, es lo mucho que me desagradan los títeres, y es que hay una exposición relativamente grande de ellos en el museo que, en mi opinión, perfectamente se podrían ahorrar y poner las máscaras de los luchadores en su lugar ;-P

Pecados urbanos

Chulada de Iglesia
Como ya eran las 5pm, hora en la que cierran la gran mayoría de Museos, fui a recorrer el Centro histórico, el cual comprobé que es muy bello, a diferencia del resto de la ciudad. Y es que, al llegar a Zacatecas, vi los mismos pecados urbanos de muchas urbes en México: lotes de casas hechas en masa, basura, contaminación visual y demás pero, por lo menos, el centro histórico está pletórico con su gran variedad de lugares bellos que visitar.

Hice mi primer intento por visitar la Catedral pero, como estaban en Misa, no te dejan tomar fotos, así que la deje para un día posterior. Así que fui a una visita similar para llevarme la sorpresa más grande del día.

La Parroquia de Nuestra Señora de Fátima

Pensé que después de Italia iba a estar cabrón que encontrara una iglesia que me sorprendiera pero, al ver la soberbia Parroquia de Nuestra Señora de Fátima, con mucho gusto comprobé que estaba equivocado. ¡Pero qué bruto! No recuerdo haber estado tan embobado con una Iglesia en México, y es que este lugar es tan hermoso que todo el tiempo me estuve maravillando de tanta perfección y belleza.

El interior también es bello
Está hecha con cantera muy fina, muy estética, el diseño es tan perfecto y bello que enamora, los vitrales no desentonan en lo absoluto con la elegancia del lugar, mismo que no es una mole pero sí lo suficientemente grande como para sorprenderte.

Fue tal mi embelesamiento con dicho lugar que rompí mi prerrogativa de no sacarme selfies con Iglesias (por mi profundo desprecio a la religión en la cual me críe), pero no pude evitar retratarme con un sitio tan perfecto y que pudo superar mis prejuicios religiosos para que reconocerla como una obra de arte arquitectónica. En verdad que me fascinó tan hermoso lugar, nunca creí llevarme una sorpresa tan grande.

Con ese sentimiento tan feliz, tan pleno y tan padre me regresé caminando a mi Hotel. Este primer medio día en Zacatecas había resultado muy productivo, y al día siguiente debía ver aún más lugares.

Sobre ese segundo día pueden leer en esta liga.


Hebert Gutiérrez Morales.

Zacatecas (Día 2 de 3)

Tirolesa 840 en el Cerro de la Bufa
            Después de una primera inmersión en Zacatecas, del cual pueden leer en esta liga, me preparé para el día más pesado de los tres que iba a pasar en la Capital zacatecana.

            El Cerro de la Bufa

Me fui tempranito al Cerro de la Bufa, lo cual hice con gusto ya que, como no estuve corriendo durante el viaje, tomaba con gran alegría un poco de exigencia física. Dicho Cerro tiene una gran cantidad de atractivos, el más famoso es el Teleférico, mismo que no ha funcionado por varios meses y que, en teoría, va a volver a hacerlo antes de la Semana Santa del 2018.

Pero allá arriba hay otras atracciones como la Plaza de la Revolución, las estatuas de Francisco Villa y un par de sus generales, hay algunos miradores, un museo, un mausoleo de personajes ilustres y una iglesia, esto además de un mercado de artesanías y negocios para comer.
Con la estatus de Don Pancho Villa

Como llegué tempranito, el lugar estaba vacío, así que pude recorrerlo a mi gusto, sacando fotos limpias y pensando de mis cosas mientras lo recorría. El lugar está bonito y resulta muy entretenido. Me enojo que no estuviera abierta la Cámara Oscura, todo porque no funciona el Teleférico, lo cual me parece muy estúpido, ya que son administraciones diferentes, entradas diferentes e instalaciones diferentes.

Por fortuna la otra gran atracción a la que iba sí estaba funcionando aunque, típico de cultura mexicana, iniciaron tarde sus actividades. Y es que anuncian que abren a las 10AM pero, la realidad es que te empiezan a atender hasta las 10:30AM.
Honrando a los héroes anónimos de la revolución

Tirolesa 840

Traía un mal sabor de boca por la publicidad engañosa de la Tirolesa 840 de Zacatecas, misma que te anuncian como la segunda más grande de México en dos tiros, después de las Barrancas del Cobre. A ver, no he visitado todas las tirolesas del país pero, por lo menos, conozco tres circuitos que son más grandes (en uno o dos tiros) que la de Zacatecas (X-Plor, Barrancas del Cobre, la nueva Tirolesa de la Huasteca Potosina y, en una de esas, hasta alguna de las Tirolesas de Jalcomulco).

Obviamente no me quita nada que se anuncien como la máxima Tirolesa del mundo si desean, yo sólo quería un poco de adrenalina antes de seguir con mi ajetreado día pero, entre esas mentiras y la impuntualidad, no me lleve una buena impresión de dicha empresa.
Saludando a mi público mientras empezaba a volar

De hecho, la puntualidad definitivamente no es algo que caracterice a Zacatecas, lo cual se agrava al tener horarios de atención muy cortos, sobre todo en los Museos (de 10 a 17 o 18hrs), algo que denota esa esencia de provincia, ya que se toman la vida muy a la ligera.

Me molesté bastante por la impuntualidad del staff, ya después todo corrió a la orden, el tiro está chido, la inclinación adecuada y el paisaje muy bello. Me lleve una buena grabación con mi GoPro y, aunque no se lo merecían, les compré las fotos. Al final hay una promoción para volverte aventar a un precio más barato, pero con el par de Tiros que me eché había sido suficiente para irme satisfecho.
Mausoleo de los Zacatecanos ilustres

Camino al Edén

También baje a pie el Cerro y, antes de continuar hacia mi siguiente destino, hice una breve parada a la Catedral. Si algo comparten las edificaciones de Zacatecas es que, normalmente, el exterior es más espectacular que el interior, sin embargo la Catedral también era muy bella por dentro. Sin duda alguna esa cantera rosa con la que está edificada le da un toque espectacular a la construcción.

Seguí mi camino a la Mina del Edén, uno de los lugares más comercializados y publicitados de Zacatecas, de igual forma la entrada más cara de todas los lugares que visite ($100) sin embargo, con toda la producción que le meten, bien vale la pena el pagarlo.
La Catedral de Zacatecas

Como breve paréntesis, ya que mencioné el precio de entrada, he de mencionar que Zacatecas es una ciudad barata, ya que el hospedaje, la comida, los recuerditos, las entradas y demás están a un buen precio. Así que es una opción muy conveniente para visitar. Volvamos a la Mina.

El camino inicia con un trenecito que te lleva al interior de la mina, lo cual ya empieza a generarte expectativas. Ya dentro te dan un tour guiado muy ameno e interesante sobre la historia del lugar y la gente a su alrededor. El recorrido resultó ser muy entretenido y hasta divertido, no sólo por las historias sino por todas las figuras, esculturas, figuras y montajes que hay ahí dentro.
Con uno de los mineros

Terminado el tour te dejan libre para que recorras el lugar a placer y repitas los sitios que más te llamaron la atención. Antes de salir puedes visitar el museo de minerales que está en el interior de la mina, lo cual resulta atractivo para el visitante en general pero, personalmente, no me llama tanto la atención, así que sólo lo vi de pasadita.

Honestamente, antes de ir tenía pocas expectativas del lugar “¿Qué demonios puedes ver en una Mina?” pensaba pero, al salir de ella, debo reconocer que la Mina del Edén es una de las visitas más divertidas y entretenidas de Zacatecas.

Entre destinos

Antes de comer, pase por la alameda y noté que los Zacatecanos están muy orgullosos de sus personajes locales, ya que en muchos rincones de la ciudad encuentras diversas estatuas de ellos, ya sea de metal o de piedra, y no tan solemnes sino es poses de vida cotidiana, lo cual te permite fotografiarte con las mismas.
Alguien te vigila en la Mina

La comida fue una auténtica delicia, en un Buffet llamado “El Recoveco”, cuya variedad y calidad de platillos de cocina regional y nacional es simplemente exquisita. Si alguna vez visitan la ciudad, lo recomiendo ampliamente.

Museo Francisco Goitia

Mi siguiente parada fue el Museo Francisco Goitia, artista zacatecano con obras de tipo surrealista (sip, otro más). El edificio que alberga el museo es una belleza, y resalta más al tener a la hermosa Parroquia de la Señora de Fátima detrás.
Hermoso Edificio el del Museo Francisco Goitia

Esa mansión fue diseñada para el Gobernador de Zacatecas, luego para visitas distinguidas y actualmente es el museo en cuestión. La mansión y los jardines tienen un diseño espectacular que lucían a pesar de ser invierno, así que en las otras tres estaciones deben lucir esplendorosos.

Ya dentro del museo no me dejaron fotografiar las pocas pinturas chidas que encontré (incluidas algunas del artista que da nombre al museo), y sólo me lo permitieron en la muestra temporal, misma que estaba llena de artistas creyentes de los rayitos, bolitas, salpicones y manchas como arte. Sin embargo, no me fui enojado del lugar, porque ya sólo con la posibilidad de entrar a tan hermosa casa con tan bello jardín, el boleto había valido la pena.
Interior del Museo Pedro Coronel

Museo Pedro Coronel

De ahí me fui al Museo Pedro Coronel que, al igual que el Museo de su hermano, está ubicado en un exconvento religioso, otro edificio bello e histórico. De igual forma me restringieron con las fotos, así que no pude tomar nada dentro del lugar (¡Me caga que hagan eso!).

Honestamente la gran mayoría del arte de ahí no era cosa del otro mundo, pero sí tenían pequeñas joyas que me hubiera gustado retratar: obras de Dalí, Picasso, Miró y algunos lienzos japoneses fueron los que más llamaron mi atención sin embargo, como ya mencioné, no te dejan fotografiar.
Exterior del Museo Pedro Coronel

A veces me pregunto por qué algunos museos son tan envidiosos, ¿Acaso no les dará pena que los grandes museos del Mundo te dejan tomar fotos de manera libre? Y lo digo porque ahí he estado, así que nadie me puede desmentir. El criterio para permitir o no tomar fotos dentro de un museo jamás lo acabaré de entender.

Museo Zacatecano

Mi enojo desapareció en el siguiente destino: el Museo Zacatecano, que resultó muy interesante (y hasta divertido) al momento de contarte la historia del estado. En éste la cosa era más relajada, ya que había muchas cuestiones audiovisuales, así como también te dejaban tomar fotos de manera libre. Tal vez no sea la gran maravilla, pero es agradable y entretenido, por algo te lo recomiendan dentro de los museos importantes de la ciudad.
Arte indígena en el Museo Zacatecano

Algo que me di cuenta entre los templos y los Museos de Zacatecas, es que los edificios en sí son una belleza mucho más valiosa y atractiva que lo que contienen, ya que cada edificación que visité en la ciudad tenía un exterior espectacular que estaba muy por encima de la muestra que albergaba.

Recorrer el centro histórico de Zacatecas, me recordó a Puebla, porque podría ser un lugar muy bonito, si la gente lo cuidara. Y es que el hecho de que haya tanta basura en las calles demerita mucho la belleza que podría alcanzar dicho lugar.

Cerrando un día intenso
Mural dentro del Museo Zacatecano

El día había sido largo, había caminado sin parar desde la mañana, ya estaba cansado y quería regresarme a mi hotel. Había visitado prácticamente todo lo importante de la ciudad y, de pilón me había encontrado con monumentos importantes a Benito Juárez, los Niños héroes, la independencia o a la Madre. Todos resultando excelsos al estar hechos en esa hermosa piedra de cantera rosada.

Incluso visite una Iglesia dedicada a la Virgen de Guadalupe llamada “El Lupito”, con la misma piedra rosa que le da ese toque elegante, cálido y espectacular a las construcciones zacatecanas.
Honrando a Don Benito Juárez

Estaba agotado, y ya no quería ver nada más. Pregunté en mi hotel si podía cancelar la última noche de mi estancia, ya que me quería regresar a casa un día antes. Por desgracia como ya estaba pagado, y por políticas del hotel, no se podía, así que tenía que ver qué visitar al día siguiente porque prácticamente había terminado con todo lo importante del centro histórico de Zacatecas.

            Sobre cómo decidí el itinerario del tercer y último día, podrán leerlo en la tercera parte de esta trilogía, misma que está disponible en esta liga.


            Hebert Gutiérrez Morales.