sábado, 16 de junio de 2018

Melrose, Rosslyn y Dean Cementery (Escocia Parte 5)


En lo alto de la Abadía de Melrose
            Para leer sobre el cuarto día en Escocia, uno de los mejores que tuve por los lugares increíbles que visité, pueden darle click a esta liga.
           
Este quinto día en realidad fue un pilón ya que, originalmente, Edimburgo me lo iba a echar en tres días. Sin embargo como avance muy bien los dos primeros y, lo que me restaba, me lo estaba echando en los huequitos que quedaban, fui a dos destinos que tenía como alternativos si me sobraba tiempo, así que decidí irme al sur de la Capital.

Por ello siempre investigo de más, así tengo lugares ya analizados en caso de que el itinerario vaya mejor de lo planeado. Ya tenía identificada a la Capilla de Rosslyn, porque te la recomiendan mucho, pero era poco para completar un día, así que incluí la Abadía de Melrose en la jornada.
 
La Abadía de Melrose
Obviamente había destinos más importantes que no había conocido en Escocia pero logísticamente no se veía tan conveniente ir a Inveraray, Stoneheaven, el Castillo de Balmoral, la Isla de Skye y otros sitios relevantes. Lo que percibía de tiempo alcanzaba para dos sitios sencillos y fue lo que tomé.

Melrose

Cuando llegué a la Abadía, en el camión que me llevó desde la estación de tren, el conductor muy amablemente me dijo: “La última salida a la estación es a las 6pm”. Le agradecí mucho el gesto y hasta ternura me dio, aunque por dentro sólo pude pensar "¡Bitch, Please!” En realidad iba a estar, a lo más, dos horas en el condado, ya incluyendo el transporte de ida y vuelta.
 
El pequeño museo
Aunque la Abadía de Melrose está en ruinas desde hace algunos siglos, en verdad es un lugar que vale mucho la pena visitar (obviamente si ya cubriste los sitios más importantes de Escocia). El templo está parcialmente destruido debido a distintas guerras y, por más que los monjes la reconstruían, acabaron por rendirse y en el siglo XVI murió el último de ellos junto con el espíritu del recinto.

A pesar de lo imponente de lugar y la heroica historia de sus monjes, en realidad la importancia de la Abadía de Melrose radica en que se presume que ahí está enterrado el corazón de Robert Bruce, uno de los reyes más importantes de Escocia y, aunque le duela a William Wallace y Mel Gibson, el auténtico Corazón Valiente que venció a los ingleses.
 
A pesar de estar en ruinas en muy bella
La Abadía es un monumento que tiene su encanto, a pesar de estar en ruinas, se siente un aura especial ahí. Y es que, a pesar de tantos años semidestruida, la gente seguía enterrando ahí a sus muertos (vi tumbas de hasta de los años 40). Supongo que hubo un punto en donde se declaró monumento nacional y ya no les permitieron enterrarlos ahí.

En el terreno contiguo a la Abadía había un pequeño Museo. Lo curioso del asunto es que tenías que salir del sitio principal para entrar al otro cruzando la calle. Ambas puertas estaban sin seguro, así que cualquiera pudo haber entrado pero en Escocia la gente es tan respetuosa que con un simple letrero de advertencia (“Si no ha pagado su entrada, no pase por favor”) es más que suficiente para que nadie traspase de manera ilegal.

El museo se ubica en un edificio bastante modesto pero con información interesante sobre la época. Había adornos originales de la Abadía, las túnicas que usaban los monjes, documentos de la época e historias relevantes del sitio.
 
La arquitectura era como la Abadía de Holyroodhouse
Volviendo a la Abadía, la disfruté mucho porque era el único visitante, así que pude recorrerla a placer y sacar muchas fotos limpias y con calma, todo esto en total silencio. Incluso pude subir a la parte alta del edificio.

Al salir de ahí, recorrí 100 metros hasta el Harmony Garden, un jardín con poco chiste, pero pulcro y agradable. De igual forma era el único visitante, así que en menos de 10 minutos ya lo había terminado. Se ve que con un poco más de producción se vería maravilloso, pero también se nota que la gente de Melrose es muy sencilla y creo que con el jardín así son felices.
La Abadía vista desde el Museo

La visita a Melrose, que no estaba programada, fue sencilla y bonita, y me alegré de haber ido.

Peregrinación

Algo por lo cual estos lugares no estaban considerados en primera instancia era la logística. Ya que llegar a uno de ellos era relativamente fácil y rápido desde Edimburgo, pero para trasladarte entre ellos ya era un poco más complejo.

Así que gran parte del día me la pase en trenes o camiones, por los distintos transbordos que tuve que hacer entre cada sitio, por lo cual el día fue corto en cuanto a destinos que conocer.

El Jardín Harmony

Por ejemplo, de Melrose a Rosslyn tuve que bajar en una estación de tren intermedia, de ahí tuve que esperar 20 minutos para que pasara un camión que me llevó a otro poblado en el cual tuve que tomar el camión que me llevó a Rosslyn. Así que un trayecto de unos 55 kilómetros me lo eché en dos horas por la falta de frecuencia en los transportes.

Así que entre tanto transbordo se me fue una de las visitas de la tarde. Fue cuando me di cuenta que, en realidad, sí pude haber ido a alguno de los sitios que mencioné al inicio del ensayo pero ya estaba embarcado en este viaje, así que ya era demasiado tarde para arrepentirse.

Rosslyn
 
La Capilla de Rosslyn
Llegué a Rosslyn, un pueblito bonito que resalta por su hermosa capilla, que ciertamente está chula, pero me enoja que no te dejen tomar fotos, dizque para no molestar a los otros visitantes (yo por eso siempre tengo mi cámara en silencio).

Y no me enoja (tanto) que no te dejen sacar fotos, pero que sean congruentes u honestos y que no nos echen la culpa a los visitantes. Y es que no son el primer sitio que visito (ni seguramente el último) que me impida tomar fotos, pero que no pongan de pretexto “la paz de los visitantes” Que digan “Es para preservar el arte en su interior” ó “Somos unos culeros envidiosos y no queremos que saques fotos” o, de plano, que no digan nada, pero no que me pongan de pretexto.
 
Una de mis fotos clandestinas
Como dije, la capilla está mona con algunas esculturas y vitrales muy bellos. En la parte de abajo, y sólo por mula, como no había nadie saqué un par de fotos, que en realidad tampoco eran la gran cosa. La única foto que sí me dolió no sacar fue la de un vitral de San Francisco de Asís.

Salí de la capilla y fui a conocer su cementerio, mismo que resulto bastante cutre contra lo que había visto en días pasados. También te dicen que visites las ruinas del castillo, pero ciertamente ya sólo queda un puente y parte de la fachada.
Lo que queda de su castillo

Creo que Rosslyn fue lo único que me decepcionó de Escocia. Ciertamente la capilla está muy bonita, aunque muy chiquita. Definitivamente Melrose me agradó más y eso que es un lugar más sencillo y no le dan la publicidad de Rosslyn, mismo que te venden como algo maravilloso y, desde mi perspectiva, las expectativas son muy altas para lo que en realidad es.

Regresando a Edimburgo

Seguí mi camino para la siguiente parada de Autobús. Primero amé a Google Maps, porque me guió por unas vereditas campiranas muy bonitas, que me llevaban a través del bosque.

Lo que ya no estuvo chido es que me mando como un kilómetro por una carretera federal (y eso que lo tenía en modo peatón), sin acotamiento y con curvas pronunciadas, así que sólo iba a la orillita y veía las caras preocupadas de los conductores, así que apreté el paso para recortar el tiempo.
 
Detalles de la Capilla de Rosslyn
Aunque me apuré perdí el camión y, cómo no, tuve que esperar otros 20 minutos al siguiente. Así que eso comprometía mi visita al Cementerio del Dean. En el camino de vuelta a Edimburgo empecé a checar los horarios de dicho cementerio y de ahí me llevó a un artículo sobre la Galería de Arte moderno.

Honestamente no la iba a visitar, pero hablaron tan bien, que me anime, al fin que todavía tenía chance de reagendar el Cementerio del Dean para el Sábado porque ni a madrazos lo iba a encontrar abierto en esa ocasión.

Arte Moderno
 
Algunos detalles creativos
Por lo menos no tuve que pagar.

Al igual que su contraparte en Glasgow, del museo de arte moderno de Edimburgo (que se divide en dos enormes edificios), lo único que vale la pena son las construcciones que lo albergan.

Aunque, siendo honestos, si había algunos detallitos rescatables de la visita. Obviamente no me refiero a las pinturas que, aunque siempre encuentro una o dos que valen la pena, el resto de obras las podría quemar sin arrepentimiento alguno.
 
Otro detalle que vale la pena
Y no es que esas dos pinturas sean tan valiosas, pero ahí entra la importancia de ser diferente, porque igual y esas obras rescatables no son de alta calidad, pero cuando las comparas con la basura que hay en exhibición, te parecen muy buenas, cuando si las pusieras con otras obras, ni las pelarías.

Había unas exhibiciones muy dolorosas, algunas por lo explicitas y otras por lo malas. Lo mismo que dije en Glasgow: una lástima que edificios tan bonitos se usen para albergar tanta basura.

Lo mejor de los museos, además de los edificios, se encontraba en sus jardines. Por ejemplo, en el edificio Uno, había un anuncio luminoso que decía “There will be no Miracles here”. Ese arte al aire libre tenía más creatividad que el del interior, incluso algunas esculturas estaban relativamente bonitas.
 
Edificios bellos desperdiciados en basura
Otra cosa rescatable de los museos es la forma de presentarlos ya que, al ser un museo dividido en dos, primero te los presentan (“creativamente”) como “One” y “Two”, pero también dividen el nombre del museo a la mitad, detalle que reconozco me hizo gracia.

A pesar de lo poco rescatable, en realidad es poco el tiempo invertido, ya que acabé ambos en media hora, porque no había mucho que valiera la pena. En mi camino de regreso por Dean Village, me asome y tuve una pequeña espiada de lo que iba a ver dos días después. Así que como este día estuvo cortito, me saltó al último para comentar dicha visita.
 
Un cementerio hermoso
Dean Cementary

¿Quién carajos va a un cementerio a las 9AM de un Sábado? Alguien que sólo tiene un par de horas antes de tomar un vuelo. Honestamente fue mi error, porque debí elegir un horario más tardío para aprovechar el día en Edimburgo o uno más temprano para aprovechar el día en Dublín, sin embargo se me nublo la mente y no me hice consciente de los tiempos cuando reserve el vuelo.

En fin, intenté ir al Cementerio del Decano (Dean Cementary) en dos ocasiones anteriores: la primera cuando fui al Dean Village, pero ya habían cerrado a las 5 (como casi TODO en Edimburgo) y la otra fue el día de los Museos de Arte Moderno (que comenté arriba), en donde me hubiera dado tiempo pero, como ya sólo tenía media hora, opté por los Museos y posponer el Cementerio. De hecho ese mismo día le di una espiada aunque, obviamente, ya estaba cerrado.
 
La paz te invade
Como mencioné en otros escritos, los escoceses tienen una relación muy sana con la muerte, de hecho para ellos los cementerios son especies de parques en donde pueden ir a caminar tranquilamente e incluso tener un día de campo. Es por ello que encontré tantos de ellos muy bonitos y fotogénicos.

Llegué justo a la hora de apertura, así que no había absolutamente nadie, lo cual me encantó porque me fascina tener lugares para mí solito. Sin saberlo inicié con la zona más antigua del cementerio, en la cual se encuentran lápidas y monumentos más elaborados y artísticos.
 
Algún día también me iré
Al caminar por dicho lugar me sentí muy tranquilo, en paz, irónicamente, con mucha vida en mi interior. No se sentía nada extraño, tétrico ni triste, sino una comunión profunda con la naturaleza. En esta sección las lápidas tenían animales, ángeles, cruces celtas, y construcciones más artísticas, lo cual te daba la impresión de ir en algún museo de arte al aire libre.

Después fui a la sección de al lado que tenía las tumbas más recientes, ésta no era tan bonita como la anterior, era más estandarizada y menos espectacular, ni tanta producción ni creatividad, con muchas lápidas simples.
 
Tan bello, tan limpio y tan estético
Supongo que en los tiempos modernos nadie quiere gastarse una pequeña fortuna en una mega lápida o un gran monumento oneroso y mucho menos, aunque suene culero, en alguien que ya se murió. Y creo entenderlos.

Personalmente, cuando me muera, quiero que me cremen y que echen mis cenizas en el playón de Veracruz (lo sé, no es el lugar más bello, pero fue mi primera playa y le tengo mucho cariño). PERO si me enterraran, yo juntaría para que me hicieran un monumento chingón, espectacular y diferente, con algún obituario divertido, como el que leí en algún meme “Les dije que me sentía mal, ¡culeros!” Sólo por eso podría reconsiderar lo de la cremada.
 
Una chulada
Volviendo al cementerio, me puse a leer algunas de las lápidas y es increíble cómo el ego humano sigue vigente hasta la muerte. Por ejemplo, muchos ponían “Fue el último descendiente del Rey Fulanito” o “Fue fundador del diario Zutanito” u “Obispo de la Catedral Perenganita”. Supongo que para que alguien se dé una idea de lo “importantes” que fueron en vida pero, honestamente, con el paso del tiempo, a la gente eso le vale madres (a menos que seas en verdad alguien relevante para la historia tipo Beethoven, Benito Juárez, Churchill, Jessee Owens y demás), pero bueno, para ellos y su familia es importante recalcar lo importante que fueron, tal vez eso disminuye un poco su dolor o su culpa.
 
Cruces con motivos celtas
Pero el ego no termina ahí, sino que los muertos también sirven de pretexto para resaltar el orgullo de los vivos. Vi un obituario de un tal John que decía “Emily, mi amor, te amaré por siempre” y, con lo escéptico que puedo llegar a ser, me pregunté “¿Será cierto? O ¿Eso lo habrá puesto la esposa para validarse a ella misma?” obviamente no sabía la historia de esa tumba, pero tenía la certeza que mi suposición era correcta.

Había un gran columna de un “famoso” editor que decía “Fulanito McDonald, fundador y editor del Diario Tal. Monumento erigido por sus amigos”. Ok, entiendo que su familia igual y era una culera y no le quisieron pagar el monumento, o eran pobres o no la tenía. Ahora, ¿en verdad debes anunciar al mundo quien pagó aquella tumba? ¿Acaso no lo importante es recordar al muerto y no quien pagó por su monumento? Por otro lado, si ya se gastaron una lana, tal vez quieren que quede claro quién si cooperó y quién no.
 
La sección nueva no es tan estética, pero es bella
En fin, inesperadamente me había puesto de un humor algo agrio, así que dejé de juzgar y seguí leyendo algunas de las lápidas. Había una reciente de una niña que murió en el 2016 y que no había alcanzado a cumplir los 9 años, el mensaje en la tumba era triste “Fue una niña alegre y llena de vida”. En unas palabras tan sencillas sentí el profundo dolor de los padres, además de que las flores en dicho lugar eran recientes.

También leí algunas lápidas de parejas que duraron 50 ó 60 años casados y que murieron con un par de meses de diferencia, además de que los enterraron en la misma tumba, o los que nacieron con pocos días de diferencia. U otras en la que la viuda le sobrevivió 20 años al difunto. Me pareció increíble todo lo que puedes deducir con unas fechas, unos datos, unas palabras y hasta unos títulos. Cómo quieres contar una historia en unas cuantas líneas.
 
La hora fue perfecta para las fotos
Y ahí recordé que por eso escribo, porque algún día me voy a morir, así que prefiero que me recuerden en estas líneas escritas por mí a que alguien más intente resumir mi existencia en un obituario. Así que tengo una solución para lo que comentaba arriba: voy a hacer que me cremen y tiren mis cenizas al playón y voy a diseñar algún monumento mortuorio mamalón, con unas líneas cómicas y la dirección del blog en ella (hay que ser creativos en este mundo).

Melrose
Al final fue una excelente decisión dejar este Cementerio para el final y dedicarle una hora completa, sin prisas y sin gente, porque lo pude degustar con calma y pude masticar todas estas reflexiones que me surgieron en la soledad. Guardando las comparaciones me acordé de aquel último día en NY cuando me fui a despedir de Central Park y me fui a caminar por él y amar el Jardín del conservatorio. Este cementerio le dio un cierre bonito, tranquilo y profundo a mi visita por Edimburgo.

Volviendo a la visita de dos días antes (Melrose, Rosslyn y los museos de Arte moderno); en realidad fue el día más flojo en mi viaje a Escocia, pero como fue un pilón, en el cual visite cosas que no estaban planeadas, pues lo tomé como una ganancia. Estuvo bien terminar temprano, porque al otro día iba a tener un día largo, productivo y cansado. El único que iba a tomar tour en Escocia, que era mi destino principal en este país: Las Tierras Altas y el lago Ness.

            Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 10 de junio de 2018

Stirling, The Kelpies y Linlithgow (Escocia Parte 4)

The Kelpies

            Para leer sobre el tercer día en Escocia, que en dicha ocasión fue la inolvidable Glasgow, pueden darle click a esta liga. Este cuarto día lo dedique a tres destinos diferentes, con atracciones tan interesantes como atractivas.

Stirling

Llegue a la estación de Stirling y como el Google maps me decía que William Wallace estaba a 15 minutos caminando, pues me dirigí allá. En el camino pasé por el puente en el que se dio la famosa batalla en que Corazón Valiente y su ejército le ganaron la batalla a los ingleses.

La verdad el puente está bonito pero tampoco se ve muy grande como para que diera una batalla monumental, además el río estaba muy bajo como para que fuera impedimento cruzarlo a caballo.
El Puente en donde se dio la batalla de Braveheart

Aclaro que no vi la película de “Corazón Valiente” (Lo sé, mea culpa, no merezco vivir), además de que sé que Hollywood suele magnificar los eventos para hacerlos más espectaculares y atractivos.

En fin, llegue al punto que me dijo Google Maps que resultó ser un bar con el nombre de William Wallace (¬_¬), así que cuando recalibré la búsqueda, tenía que caminar otros 20 minutos. Esa caminata adicional más otra en Falkirk me costarían la visita al Castillo de Blackness en Linlithgow, pero no lo sabría en ese momento.

El Monumento a William Wallace y el sentimiento escocés.
 
Monumento a William Wallace
Llegue al pie de un cerro, en donde estaba la entrada al monumento, para llegar al mismo había tres caminos: el rápido, el medio y el largo. El lugar se veía muy bello y, con más tiempo, me hubiera gustado recorrer el camino largo, sin embargo tenía un itinerario cargado y no podía permitirme una estancia demasiada extendida.

El monumento a William Wallace es una gran torre ubicada en la cima de un cerro, se dice que desde ese punto fue donde dicho personaje divisó al ejército inglés al que iba a derrotar en la Batalla del Puente de Stirling.

Al estar en medio de la naturaleza, el lugar es una auténtica belleza, hasta te sientes transportado a otro tiempo al no tener civilización cerca. Aunque tome el trazo corto, había algunas estatuas talladas en madera que hacían el trayecto más entretenido, además había una breve explicación de cada figura.
 
Stirling desde las alturas
Ya en la torre, como cada vez que estaba en un punto alto, el viento era brutal en la cima y, aunque había tomas muy buenas de los alrededores, tenía que agarrar muy bien el celular para que no se me cayera por las ráfagas tan salvajes que había.

De lo que más me llamó la atención dentro de lo expuesto dentro del castillo fueron las pinturas con las cuales te contaban la historia de Wallace, con un estilo antiguo pero muy bonito, sin tener que llegar a ser clásicas, pero lo más impresionante es la espada del héroe escocés, misma que medía 1.67mts, lo cual es una barbaridad y me da a entender la fuerza y el tamaño del Sr. Wallace, porque no era la clásica espada escocesa (conocidas como claymore). Wallace medía 1.95 metros que si ahora es bastante alto, para la época debió haber sido un auténtico gigante entre tanto enano que no pasaba del 1.70.
 
La enorme espada de William Wallace
Al leer un poco de la historia expuesta en el monumento, empecé a conectar puntos (con lo visto días antes) y ratifiqué lo que vi en el Museo de Escocia en Edimburgo: los escoceses no se sienten del todo británicos.

Hay un sentimiento de separación muy marcado y, siento, están ahí por conveniencia, pero no están totalmente convencidos de estar junto los ingleses. Y concuerdo que los escoces no necesitan de Inglaterra, pero ya se han liado en un mal matrimonio o uno incómodo.

Por eso el sentimiento cuando llegué a Edimburgo era distinto al de Londres porque, por lo que había visto hasta el momento, me quedaba claro que Escocia se diferencia de los ingleses tanto como puede y, aunque llegas a ver alguna Union Jack por ahí perdida entre tanta bandera escocesa, y de no ser por las libras esterlinas (que también hay su versión escocesa), definitivamente dudaría que forman parte del mismo reino.
La Batalla del Puente de Stirling

Por tal motivo la reina va cada año a pasar unos días a Holyroodhouse, para hacer acto de presencia y que los escoceses se sientan queridos por su monarca. Pero eso no quita que los escoceses recuerdan más a sus propios reyes y héroes que los que deberían compartir con los ingleses.

El Castillo de Stirling

A diferencia de Edimburgo o Glasgow, los camiones en Stirling sí daban cambio, porque el movimiento de gente es menor y los choferes se lo pueden permitir. Pero, por el mismo volumen bajo de pasajeros, pasan más espaciados, así que tuve que correr para alcanzar el mío y no esperar 20 minutos más.
 
Otro bello Cementerio
Antes de entrar al Castillo de Stirling me llamó la atención el bonito cementerio que había al lado. A esas alturas del viaje ya compartía ese curioso gusto que tienen los escoceses por dichos lugares. Como casi todos los campos santos escoceses que visité, éste era de muy buen gusto, con muchas tomas excelentes por lo fotogénico que resultaba.

Ya dentro del Castillo, me di cuenta que estaba en excelente estado, mejor cuidado que el de Edimburgo, y eso que el de la capital escocesa estaba en muy buenas condiciones.
 
Uno de los jardines del Castillo
Prácticamente tienes acceso a cada sección del castillo sin restricciones, incluidas las torres, salones, calabozos, jardines y demás. Dentro de los cuartos había muchos escudos de armas muy bien detallados, así como algunos tapices muy bellos. Y había gente caracterizada como de la época, la cual te daba información interesante de lo que se vivía en aquellos años dentro del castillo.

Desde los balcones las vistas de la ciudad y el valle eran inmejorables, además tenían los cañones montados como si fueran entrar en batalla. Dentro había exposiciones sobre la historia del Castillo en sí y de Stirling como ciudad.
 
Los tapices/pinturas eran increìbles
Los jardines están sencillos, sin mucha producción, pero bonitos por lo bien cuidados que están. Hay algunos salones que están siendo restaurados y otros que están siendo reconstruidos, así que el lugar promete estar mejor.

Una de las exposiciones más importantes y mejor montadas del castillo son los museos de guerra que tienen dentro. Guerra, guerra y más guerra, parece que el mundo, y en especial los británicos, sólo viven para exaltar la guerra (de ahí aprendieron muy bien los gabachos). En dicha exposición encontré lo mismo que había visto en días anteriores, así que no hay mucho nuevo que comentar al respecto.
 
Muchos detalles que te roban la atención
Lo que alcance a recorrer entre mis destinos y la estación de tren, se ve que Stirling es una ciudad bonita y tranquila. Tal vez valiera la pena conocerla más a fondo, pero sólo podía permitirme conocer sus dos lugares más representativos.

The Kelpies

Llegué a Falkirk y, al igual que en Stirling, los camiones no pasan con mucha frecuencia, así que tuve que esperar 20 minutos en la parada. Cuando le indiqué al conductor mi parada me dijo “¿Va a las Kelpies?” y le dije que sí, así que hizo lo que él quiso y me dejó en la parada que, según él que iba a llegar más rápido.
 
Casi lloro de ver esta chulada de esculturas
Lo cierto es que me dejó en una parada más lejana de lo que le había indicado, así que me puse a caminar en el Parque The Helix que albergaba mi destino principal. Y no es que desmerezca el lugar, ya que está muy bien cuidado pero iba con el tiempo contado, así que apresuré el paso.

El frío estaba fuerte, así que me llamó la atención un señor que estaba jugando con sus perros a la orilla de una pequeña laguna, el dueño les aventaba la pelota al agua y los canes se metían por ella. Y con ese pinche frío sólo me quedaba decir “¡Pinche cabrón! ¡Qué ojete con sus perros!”
 
¿Qué estás viendo amigo?
Los árboles me tapaban pero, a unos 500 metros de distancia los empecé a ver a lo lejos y la emoción me empezó a invadir. Conforme me acercaba más feliz me sentía. Antes de llegar me topé con este bello poema en alusión a los Kelpies:

“Echo the great beasts that work among us
unbridled in this kingdom between canal and firth
here to harness the river
and carry each weary traveller
Bow down your strong heads to taste the water
Stretch up your long necks to face the sun”
Jim Carruth

The Kelpies son unas estatuas de acero inoxidable que están enormes como la Chingada (30 metros de altura) y pesan 300 toneladas cada una, resultando en las esculturas equinas más grandes del mundo.

Estas cabezas de caballo sirven de doble homenaje: primero al Kelpie, que es uno de los seres más peligrosos de la mitología escocesa. Dichos espíritus malignos rondaban ríos, lagunas y lagos, además de ser capaces de cambiar de forma. Adoptaban su forma equina para atraer a ingenuos que intentaran domarlos, así los atrapaban y los devoraban en el fondo del agua.
 
Cara a cara, frente a frente
Pero no todo es tenebroso, también sirven de homenaje a los caballos de carga, de trabajo, de transporte y demás. Reconociendo el papel que este noble animal ha representado en el desarrollo de Escocia a lo largo de su historia.

Había tours a su interior, así como pequeños paseos en el canal que pasa junto a las esculturas. Personalmente era feliz con solo verlos y fotografiarlos, además de que no tenía mucho tiempo. El estar en presencia de algo tan grande siempre es algo que valoras y llevarás en tus recuerdos, y más cuando se trata de estatuas tan majestuosas y bellas como las Kelpies.

Al lado había un centro de visitantes, al cual pasé porque quería llevarme un recuerdito de tan bellas esculturas. Tristemente la visión mercadológica del sitio estaba muy limitada, ya que había camisas, tazas y hasta joyería alusiva a los equinos, PERO no había llaveros, imanes o figuras a escala de los mismos, que siento que se venderían muy bien. Así que tristemente nada me convenció y me fui a mi parada de autobús.
 
Sólo uno posó para la Selfie
Recalco que la frecuencia de los autobuses en las ciudades pequeñas es más espaciada. Fui a una parada de camión en plena zona industrial al lado de The Helix, no pasaba ni un alma, pero confiaba en San Google Maps y, a la hora indicada, llego mi ruta, hasta el chofer se sorprendió que tener a alguien en esa parada desolada. Y así llegue a la estación de tren para ir a mi siguiente destino: Linlithgow.

Comentarios entre Falkirk y Linlithgow

Por lo mismo que son ciudades con menos afluencia de turistas, noté que son más relajados con la seguridad en estaciones de Falkirk y Linlithgow, porque nadie te pide el boleto en la estación, ni para entrar ni para salir de las mismas. Tampoco tienen internet por lo pequeñas que son.
 
Fuente del Palacio de Linlithgow
Viendo lo que me había tardado en mis dos primeros destinos me di risa a mí mismo por ser tan iluso de que podía meter en el mismo día a Dublane como cuarto lugar a visitar.

De hecho, por lo tardado en Stirling y Falkirk, ya no me daba tiempo para visitar “The Blackness Castle”, que se veía chido en las fotos, además de que el nombre suena bastante “cool”.

El Palacio de Linlithgow

Me quedaba poco más de una hora antes de que cerraran el Palacio de Linlithgow pero, por fortuna, estaba a 10 minutos caminando de la estación de tren, así que tenía tiempo suficiente para conocerlo.

En el camino de entrada te van nombrando los Monarcas del Reino Unido y el período que fueron reyes. Esto te lleva a una puerta tipo túnel, muy bonita y elegante que te da acceso al parque en donde se encuentra el Castillo y la Catedral (misma que acababa de cerrar -_-).
 
El Gran salón (sin techo)
La fachada se veía como la de los castillos antiguos, como te los pintaban en muchos cuentos de hadas, pero desgastada. Pero había algo mágico en ese lugar, algo así como la Abadía de Holyroodhouse, que las ruinas se veían mejor que si hubieran estado aún completas.

La señorita de la entrada resultó muy amable, me hizo la plática y me preguntó mucho de México y, justo cuando me iba a librar de ella, me comprometió sutilmente con el comentario “La tienda ya va a cerrar, por si gusta comprar algo antes de su visita”. Me caga que me comprometan pero, por fortuna, encontré un imán MUY bonito de los símbolos nacionales de Escocia, así que al final valió la pena la comprometida.

Al ser Miércoles y estar cercana la hora de cierre, prácticamente el Palacio estaba abandonado, sólo había otro par de visitantes además de un servidor, lo cual era un lujo porque, según leía, el lugar es muy popular en fin de semanas y días festivos.
 
Interior del Palacio desde las alturas
El Palacio me encantó, porque resultó ser una edificación perfecta, creo que me gustó más que todos esos castillos fancy, llenos de tapices, cortinas, pinturas y mobiliario fresa que había visto antes. Pero alguna vez estuvo lleno de todas esas cosas reales, ya que le sirvió de sede a la corte Escocesa, incluso María Estuardo (última reina escocesa) había nacido ahí y hasta gobernó ocasionalmente desde dicho lugar.

Al estar vacío pude recorrerlo en su totalidad, ingresar a las mazmorras, a las cocinas, a las cavas, a los patios, a las torres, a las escaleras, a los pasillos, los cuartos y demás. Era un auténtico castillo que interconectaba todos los cuartos y que se sentía como un laberinto inmenso. Además hay una fuente muy bella en medio del patio central, con muchos detalles fascinantes.
 
Entrada al Palacio
Cuando llegué al punto más alto del castillo, mismo que tiene una vista preciosa del río y de la ciudad, recordé que antes de ser palacio oficial, el lugar sirvió de punto estratégico militar, por su ubicación entre Stirling y Edimburgo.

La gente local se ha propuesto reconstruirlo sin embargo, justamente al estar parcialmente en ruinas, pero manteniendo la gran mayoría de su estructura, resultaba perfecto, porque podía recorrerlo sin que nada me restringiera, ocasionando ese gusto infantil de explorar un lugar mágico y desconocido.

Subía por las torres o bajaba al sótano, recorría los pasillos y veía cada cuatro que fuese posible, veía la inmensa nave de la capilla, las chimeneas destruidas, los patios, los ornamentos derrumbados pero aún se apreciaba la majestuosidad que alguna vez tuvieron.
 
Parte trasera del Palacio
Terminé mi visita muy feliz, el Palacio había resultado un lugar inesperadamente maravilloso que valió 100% la pena, incluso ya no me importaba no haber visitado el Castillo Blackness.

Salí y lo rodee, por su ubicación junto al río y en medio de una especie de parque, me sentí muy feliz de estar en un sitio tan majestuoso y pacífico. Lo único que me entristeció fue recordar que la Catedral estaba cerrada, porque se ve que estaba bonita por dentro.
 
Una Pareja acurrucada en la fachada de St. Anthony
Capilla de San Anthony

Llegué alrededor de las 7 a Edimburgo, así que había muy buen sol. En mi clásico camino de regreso por el parque Holyrood, había identificado unas ruinas en las partes altas pero, como siempre iba cansado y sin tiempo, las dejaba para después. Y esta era la ocasión perfecta para subir a conocerlas.

Empecé a subir hacia dicho lugar, y resulta que esa una especie de monasterio llamado San Anthony, mismo del cual sólo quedaba la fachada y, detrás de ella, las piedras que conformaban el recinto de los monjes.
 
Un Gran país
Tal vez fuese una simple fachada sin chiste, pero me pareció muy bella, tal vez porque iba de excelente humor y el sol del atardecer incrementaba esa sensación cálida que acarreaba en mi interior.

Y es que, definitivamente, amaba Escocia :’-).

Hebert Gutiérrez Morales.