domingo, 19 de noviembre de 2017

La Tercera es la Vencida: Barranca Grande.

Los integrantes de esta aventura
            “La Tercera es la vencida”, sé que sonará estúpido, pero es el pensamiento que me invadió cuatro días antes de la aventura y es que muchas coincidencias se dieron: el grupo se formó de último momento por un cuarteto de chilangos que se incorporó en la semana, Chava nos canceló el mismo día que Gabriela se animó, el clima decía que iba a llover y no lo hizo. Todo eso iba incrementando mi esperanza de que (ahora sí) iba a acabar la expedición de Barranca Grande como se debía.

            El Viernes salimos tarde de la oficina así que nos fuimos por la autopista y, por obras en Xalapa, llegamos por un camino que jamás había conocido; ese día me desengañé, ya que creía que sólo se podía llegar por una única vía a Jalcomulco, pero me equivoque. Tal vez suene tonto, pero ese pequeño detalle de llegar por un camino distinto me dio certeza “Ahora sí lo vamos a acabar”
 
Antes de iniciar el descenso
            Tal vez fuera esa esperanza, el cansancio de la oficina o el stress de salir tarde pero esa noche disfruté una de las cenas más deliciosas que he tenido aunque, también cabe la posibilidad, que el sazón de Veracruz es algo que siempre llena mi alma de gozo. Mi estómago sabe identificar el sabor del hogar.

            Antes del Río

            Al otro día nos levantamos muy temprano, más que las ocasiones anteriores puesto que ahora no íbamos a quedarnos en “Las Juntas”, así que desayunamos a las 6AM  y media hora después ya estábamos en camino a Barranca Grande.
 
El inicio del trayecto
            Pasamos por el antiguo campamento de Raft México, el cual ya sólo da servicio como Hotel ecológico “nice”. Los recuerdos que ahí viví me invadieron y sentí, paralelamente, mucha tristeza y agradecimiento hacia todo el Staff original con los que inicié en este maravilloso mundo: Dario, Tío Memo, Shaná, Pitico, Alfa y demás guías que me parecían muy cool y me inspiraron a seguir en esto.

            Esa nostalgia que te inunda al recordar los buenos tiempos que pasaron. Pero cada cual siguió su camino, y en eso no hay nada que reclamar ni que ofrecer disculpas, simplemente es la vida que continua. Ahora era muy feliz de estar con los de Armonía Rafting, que manejan un nivel de profesionalismo y buen ambiente que nada tiene que pedirle a aquella otra empresa con la cual empecé.
 
Listos para empezar junto con Nico

            Antes de entrar al río, la diferencia entre nuestras balsas era notoria en el nivel de sofisticación: ya que unos llevábamos licras, cámaras, relojes, calzado especial y demás, mientras que la otra balsa sólo con sus shorts y sus playeritas, y está bien, porque así empezamos todos en esto del Rafting.

            La indumentaria no era la única diferencia, ya que en nuestra lancha remábamos como vikingos (aunque según yo los que remaban eran sus esclavos) y en la otra remaban como chinamperas de Xochimilco. Por eso pienso que Chevy (el líder de Armonía Rafting) se fue con ellos, para lidiar con una balsa que no remaba nada, y lo comprobé al ver que nos mandaban de avanzada en los rápidos más fuertes: para salvar a los de la otra balsa si caían. Aunque Chevy la pasó difícil con un grupo sin fuerza al final la libró bien.
 
Una linda postal desde un río bello

            A pesar de todo ello, y a que no socializamos mucho con la otra balsa, les estaré profundamente agradecido, porque gracias a que se animaron (sin experiencia, ni equipo, ni energía) se juntó el grupo y pudimos hacer esta expedición, sin importar nuestra sofisticación, técnica o energía. Lo cual demuestra que en este mundo todos dependemos de todos y hasta seres que consideras que nada te pueden dar, al final pueden serte de gran ayuda.

            Sección Barranca Grande

            Comencé algo nervioso, todavía recordaba que dos años antes nos quedamos atorados en los primeros rápidos, por lo cual caí al río y tenía muy presente el santo madrazo que me puse en el muslo aquella vez. Por eso le estuve preguntando a Nico (que también fue nuestro guía la vez pasada) en dónde había sido, ya que (aunque no lo decía) tenía miedo de volver a caer. Creo que Nico se dio cuenta, ya que no me dijo dónde fue, hasta que lo pasamos, y ahí me relajé un poco.
 
Había rápidos que teníamos que caminar
            Haciendo un lado el cansancio de remar unos 45 kilómetros en seis horas, el trayecto se me hizo muy tranquilo, no quiero sonar mamón, pero incluso fácil. Obviamente influyó que estábamos remando con fuerza, además de tener un guía experto.

            Y también tuvo que ver la experiencia, porque el conocimiento es poder. Ahora veo esas mismas olas que te pegan de frente, pero ya no me impactan como las primeras veces, o los rápidos los veo más “lentos”. Obviamente me sigo asustando, pero sé que vengo con un equipo de seguridad y que, si llego a caer, lo más probable es que de unos moretones no pase.
 
En Plena acción
            A la hora de la comida, a medio río, les comentaba a mis amigos de mi primer rafting, en Amacuzac, y hubo un momento en que dije “Aquellos fueron mis primeros rápidos y los últimos de Lesly”, ahí sentí una especie de tristeza y profundo agradecimiento hacía mi querida amiga por haberme introducido a este tipo de actividades.

            Al llegar a “Las Juntas” comprendí por qué muchos pasan pernoctan ahí: porque ya vas cansado después de 40 kilómetros remando (Gabriela ya se iba durmiendo) pero me sentí feliz de no pasar la noche ahí. Cuando planee esta tercera visita a Barranca Grande tenía algo claro: ya no quería pasar a “Las Juntas”, y no porque sea un mal sitio, sino porque ya tenía ligado ese lugar con la experiencia de no acabar la travesía.
           
Una tortita a medio río sabe deliciosa
Así que sólo faltaban 5 kilómetros, difíciles, pero realizables. Estaba un poco nervioso porque sabía que venían los cuatro Cuatros, así como el clase 5, pero ahí me di cuenta de por qué se me hizo un trayecto fácil: Nico no nos mencionaba la clase de cada rápido (si eran clase tres, cuatro o cinco), sólo hasta que los pasábamos. En lugar de eso sólo nos daba indicaciones de lo que íbamos a hacer, con mucha calma, sin miedo alguno.

Definitivamente eso ayudó a que estuviera tranquilo, bien dicen que la ignorancia es felicidad y si no sabes de qué tamaño viene la pedrada, es más fácil estar tranquilo y evitar angustia y/o sufrimiento previo. El único que nos anuncio fue el clase 5 pero, como remamos con fuerza, lo pasamos relativamente fácil.
 
Hacer rápidos te llena de vida y felicidad
“¡Qué diferencia!” Pensé mientras pasábamos esos últimos rápidos, esto comparándolo con lo que viví ahí mismo cuatro años atrás, ya que el río estaba muy bravo, así que fue de mis episodios más intensos en esto del rafting.

Y así llegamos al Puente Pescados y un sentimiento de profunda calma y satisfacción me invadió mientras decía hacía mis adentros “¡Por fin!”. Al otro día nos íbamos a echar la Sección Pescados, pero ésa ya es como de casa, ya que es el Río que más he recorrido. Así que nos llevaron a las instalaciones de Armonía Rafting para relajarnos.
 
Nico remándole chingón y nosotros posando para la foto ¬_¬
Temazcal genérico

            Algo de lo que me caga de vivir en este mundo Millennial es que cada vez se le da en la madre a la esencia de las cosas, ya que la comodidad y lo políticamente correcto nos está volviendo un mundo putito.

            Cuando llegamos del río nos llevaron a tomar un Temazcal, lo cual me emocionaba ya que, como he mencionado otras veces, es una práctica que me inculcaron desde pequeño y que disfruto mucho cada que tengo oportunidad, pero en esta ocasión no fue el caso.
 
Un lugar muy bello de nuestro México
            En lugar de hacer el Temazcal clásico con cuatro puertas y unas dos horas, ahora se hizo de una sola puerta y unos 40 minutos de duración. Honestamente me sentí defraudado y es que, como dirían por ahí, ni me despeine.

            Mi tristeza pasó a fastidio al ver que la gente ignorante que nos acompañaba en el Temazcal estaba soñada de su “ruda experiencia”. Aunque tal vez me cagaron desde antes con sus comentarios tan huecos y pendejos de que “vienen de la gran ciudad a experimentar estas costumbres salvajes”.

            Ahí comprendí por qué hacen estas versiones genéricas de nuestras tradiciones: porque la gente ahora quiere cosas fáciles, sencillas, prácticas, que no requieran gran esfuerzo ni inversión de tiempo, que no los aleje mucho de sus celulares y que les permita presumir lo mucho que experimentan del mundo.
 
Además de los Rápidos, los paisajes valen la pena
            Posteriormente les expresé mi sentir a los de Armonía Rafting esperando que, para la siguiente ocasión, me puedan dar un Temazcal como se debe y no esas versiones comerciales para turistas tetos.

            Mi querido Pescados.

            No será el río más bonito, extremo, ni largo que he recorrido, es más ni siquiera inicié en él pero Pescados es mi río favorito para hacer Rafting. Tal vez por ello es el que más veces he hecho, si no me fallan las cuentas ésta fue la sexta vez. Pero ahora fue diferente mi sentir.

            Lo hice con una tranquilidad impresionante, no porque no emocionara, sino por una especie de paz interna que me invadía al saber que había logrado algo que por años tuve pendiente. Así que navegué Pescados con esa familiaridad del visitar a un viejo amigo que te recibe con los brazos abiertos cada año.
 
Un salto de cinco metros a mitad del río
            El día anterior los de Armonía Rafting me quitaron una idea del Pescados, y es que sus 16 kilómetros sólo duran 90 minutos. Había vivido engañado que duraba de dos a tres horas. Ahí se demuestra que el tiempo corre más lento cuando te la estás pasando bien.

            Sin importar las veces que lo haya hecho, Pescados me sigue pareciendo un río muy divertido, que tiene rápidos muy padres, que te deja nadar y hasta hacer saltos. El único punto triste fue que no pudimos hacer la Bruja Blanca, que es uno de mis rápidos favoritos, pero tenía un árbol atravesado y era muy peligroso intentarlo.
 
Siempre había querido cruzar el puente colgante de Jalco
            Terminada la travesía llegamos caminando a Armonía Rafting en donde nos bañamos y comimos. Nos despedimos felices de nuestros anfitriones y empezamos el camino de regreso con toda esa buena vibra que te da visitar un lugar tan auténtico y divertido como Jalcomulco, sin duda alguna, uno de mis lugares preferidos del mundo y, mientras pueda, regresaré las veces que me sean posibles.

            Reflexiones finales sobre Barranca Grande.

            Al terminar Barranca, un pensamiento me invadió: “Igual y lo sigo haciendo porque no es tan terrorífico después de todo”. Esto haciendo referencia a lo que experimente hace un año en Mahahual, en donde una especie de pánico me atacó y decidí hacer mi gira de despedida de actividades extremas este año. Obviamente hay que tenerle respeto al río, pero con los profesionales con los que normalmente voy, sé que voy a estar bien.
 
Hacer rafting ha cambiado mi vida
            A pesar de lo bien que me lo pasé, no sé si vaya a volver a hacer Barranca Grande, obviamente si se juntan todos los factores (fechas, nivel de río, grupo, disponibilidad y ganas) es factible que lo vuelva a hacer, pero ha dejado de ser una prioridad para mí.

Ahora podré relajarme y regresar a Jalcomulco cada año a hacer Rappel, Tirolesa, Canopy y demás actividades, además de mis descensos al Pescados y Antigua. Incluso buscaría hacer Pescados y Antigua de un solo golpe, si los niveles del río lo permiten.

            Barranca Grande ciertamente es una especie de “Must” para los que nos gusta el rafting, ya que es un río muy técnico y entretenido. No es una sección muy comercial, ya que es muy largo, muy sinuoso, muy angosto y no tienes muchas opciones para jugar, pero sí es un logro relevante en esto del rafting, así como una especie de gusto egoísta. Por lo mismo no es para cualquiera, y por ello es tan difícil armar los grupos, y eso incrementa la sensación de satisfacción y logro.
 
Las dos balsas que tomamos esta aventura
            Barranca Grande fue un gran “Check”, el quitarme un pendiente de encima y, si vuelvo a tener la oportunidad, con gusto lo haré. Pero si no lo vuelvo a hacer, será una expedición que guardaré en mi corazón, y no sólo esta tercera (que fue la exitosa) sino las dos anteriores que se quedaron inconclusas ya que, al final, también tuve vivencias muy extremas que me han formado en esto del mundo del Rafting.

            Ya superado Barranca Grande, ahora buscaría hacer la Sección Alemania del Río Copalita o incluso buscar rafting en el río Urique en las Barrancas del Cobre o el Lacanjá en Chiapas. Además de una expedición de tres días a la que le eché el ojo en Cuzco, Perú.
 
Gracias a este equipo logré mi cometido
            Barranca Grande fue algo significativo en mi vida pero, honestamente, ya no era la misma ansiedad ni los mismos nervios de las primeras veces. Claro que había emoción, pero ya no las ansías del pasado y, por lo mismo, tampoco era el mismo miedo.

Al terminar me sentí satisfecho, pero no sentí la misma euforia que hubiera sentido cuatro años atrás. Fue un logro especial pero, con lo que he vivido los últimos cuatro años, he ido aprendiendo a poner las cosas en perspectiva y tratar de no perder la cabeza por nada.

Gracias por todo Barranca Grande y Armonía Rafting
Creo que ahora lo experimente como una alegría más adulta, con un poco menos de ilusión y entusiasmo, pero con un poco más de contemplación y agradecimiento. Me gustaría creer que he madurado un poquito, así que ya no me estresaba al mismo nivel porque sabía que, eventualmente, iba a lograr terminarlo, si no era este año, iba a ser el siguiente o el siguiente o alguno en el futuro.

            Por eso mismo hice este escrito, para dejar en los anales de mi historia esta conclusión de la Saga Barranca Grande, para emitirle un breve homenaje y recordarme que la perseverancia al final rinde frutos.


            Hebert Gutiérrez Morales.

viernes, 17 de noviembre de 2017

El mensaje que nunca va a llegar

“Cuando veo un número desconocido en el Whatsapp, mi corazón se emociona ¿la razón? Porque cabe la posibilidad que seas tú. Es tonto que después de tres años aún tenga esa esperanza, porque sé que ese mensaje nunca va a llegar ¿Cómo lo sé? Porque yo tampoco lo voy a enviar” – Hebert Gutiérrez Morales.

domingo, 22 de octubre de 2017

Mesura, ecología e higiene japonesa

En Itsukushima (Miyajima)
            El japonés tiene una relación especial con el planeta, ciertamente son muy criticados por pescar/asesinar Delfines y ballenas, hecho que yo mismo censuro e incluso alguna vez escribí a la embajada japonesa reclamando al respecto (mail al cual no recibí respuesta alguna).

            Pero por un hecho aislado (importante, eso sí) no borra todo lo bueno que sí hace el nipón, cuyo Status Quo de respeto se refleja en su relación con el ambiente, y que es un pueblo excesivamente limpio.

Japón casi tiene la población de México (126 millones de ellos contra 129 millones de nosotros), pero tiene poco espacio ya que, aunque tiene una superficie similar a la de Alemania, la mayoría de su terreno es montañoso o está en islas deshabitadas, así que en realidad el territorio habitable es mínimo, de ahí la disparada densidad en sus poblaciones; tan sólo Tokio y su zona conurbada tienen más de 35 millones de habitantes (la más poblada del mundo).

Cuando lo pones desde esa perspectiva, entiendes parte de la razón por la cual son tan civilizados ya que si fueran como los mexicanos, habitar esa Isla sería imposible. Parte de esa civilidad es su actitud ante la generación y el manejo de residuos.


            Menos botes de basura = Menos basura.

Encontrar un bote de basura público en Japón es casi imposible así que, como no los hay, eres responsable de tus desperdicios hasta que llegues a casa. De hecho, el único que encontré a lo largo de dos semanas fue en un centro comercial de Odaiba, y no es como que hubiese varios, sólo era uno en todo el lugar. En Occidente es distinto, porque tenemos en cada esquina, según nuestra perspectiva, para que esté más limpio.

            Los japoneses están muy bien educados y, aunque no hay cestos, ves todo impecable, sin alguna basurita en la calle. Es más, está tan limpio que si te llegas a encontrar alguna, ¡tú mismo la levantas! Sin importar si es o no tuya. Ésta es una fuerte declaración sobre la cultura de respeto y responsabilidad que asimilan desde pequeños.

Con la lógica nipona cada cual se hace cargo de su desperdicio y, como es una monserga, tratas de generar la menor cantidad posible. Al inicio, como occidental, te resulta chocante que no haya botes en ningún lado. Sin embargo, cuando te adaptas al sistema, le encuentras la lógica.


Si andas cerca de una zona residencial, es factible que encuentres los contenedores en donde ponen los desperdicios pero, como tienen días asignados para cada tipo (y los ponen muy temprano o muy noche), es probable que los encuentres vacíos, así que seguirás cargando tu basura. Adicionalmente, es tanto el respeto nipón, que no es correcto andar poniendo “tu” basura en “sus” contenedores, para eso tienes los propios en casa: para “tu” basura. Suena extremo pero es real.

Siguiendo con la educación y respeto, ambos temas contribuyen a la limpieza del país ¿por qué? Porque no les gusta dar molestias, empezando con los que recolectan la basura “¡Qué pena con los señores si genero muchos desperdicios!” (Suena a broma, pero créanme que así piensan), por otro lado está ese sentido común, vital para habitar un lugar tan pequeño, en donde eres consciente que estás afectando a TODOS si tiras algo en vía pública.

Ésa es una postura muy loable del japonés y resulta mucho más productiva que el Gabacho, mismo que también recicla, pero su actitud es diferente: “¡Vamos a generar mucha basura, para luego reciclar mucho! ¡Pero qué buenos somos con el planeta!”. La postura del nipón es más productiva: “Generemos poca basura y, lo poco que queda, vamos a reciclarlo” Ésa es una auténtica actitud ecológica, y no las fumadas gabachas (aunque ya quisiera que mi país tuviera la mitad de cultura ecológica que tiene los gringos, ya no digamos la de los japoneses).

Y no pasó mucho tiempo para que me llegará el Reality Check de lo que hacemos de este lado del mundo. De regreso a mi continente pasé una noche en Los Ángeles; en los dos lados que comí recordé el gran volumen de basura que generan los gringos (bolsas de papel, de plástico, popotes, tapas, vasos, platos, cubiertos, papel aluminio, servilletas, cajitas, etc.) y, como tienes botes por todos lados, no le das la mayor importancia; esta actitud te hace generar cantidades descomunales de desperdicios. No exagero al decir que entre la cena y el desayuno generé más basura que lo acumulado en la primera semana de comidas en Japón, en donde fueron casi nulos.

En nuestros países te olvidas del desperdicio cuando lo depositas en el bote, pero es basura con la que el mundo tendrá que lidiar tarde o temprano; y ésta no es una crítica única para los gringos, sino para todos los países agringados que estamos de este lado del mundo (sobre todo México). La postura japonesa de mesura me parece bastante sabia al respecto.


Pero no sólo es emitir pocos desperdicios, porque ellos tienen una actitud de reciclaje muy profunda en el inconsciente.

Reciclaje antes del reciclaje

Como ya mencioné arriba, tienen una cultura de reciclaje muy fuerte, todos separan los pocos residuos que generan y los depositan en el contenedor el día correspondiente. Pero, como dice el título de esta sección, no voy a hablar de ese reciclaje, sino el que se da antes de ese paso.

Habrá quien, a simple vista, vea ciertas cosas que son poco ecológicas, sin embargo, si observas con atención, te darás cuenta que el uso que ellos le dan sí es ecológico.

De esto me di cuenta desde el vuelo en ANA. Acostumbrado en otros vuelos internacionales, cada vez que me servían un jugo, agua o café, pasaban con la bolsita y tiraba los vasitos. Empecé a notar que mis compañeros de asiento (ambos nipones), no cambiaban de vaso y ahí me di cuenta que tomaban siempre lo mismo y, por esa razón, no lo cambiaban.


Justo ahí sentí mucha pena de mí mismo, ya que había pasado medio vuelo y había desperdiciado algunos vasitos. Así que la segunda parte del trayecto, me mantuve con el mismo y respetar así la postura ecológica de mis anfitriones. Cuando les dije a las señoritas que no me lo cambiaran y me sirvieran en el mismo, de inmediato noté que su semblante adquirió un gesto de amabilidad más auténtico y amable (y que conste que SIEMPRE fueron amables, sólo que ahora las sentí más serviciales con ese pequeño detalle). Este mismo pasaje me sirvió en Akihabara.

Iba fascinado recorriendo tiendas en Akihabara, a pesar de la lluvia. En cada negocio, a la entrada, te ofrecen unas bolsitas para que metas tu paraguas y no les escurras el lugar. En el mismo mueble en que tomas las bolsitas, hay otra sección para que las dejes cuando abandones el sitio.


Como en la sexta tienda noté que una chica llegó y tomó de las bolsitas usadas y, un momento después, entró otra que llevaba su propia bolsita. Eso me llamó la atención, así que empecé a imitarlas, por lo que ya sólo utilice una bolsita el resto de la noche, además ellas no eran casos únicos, porque observé que ningún nipón tomaba de las bolsitas nuevas, porque preferían reutilizar las que había dejado alguien más.

¡Wow! Eso es eficiencia y respeto. Los negocios ponen a tu disposición las bolsitas, pero la gente no se aprovecha de la situación y no se les acaba el mundo por reutilizarlas. También observaba al resto de Gaijin, pero ellos, al igual que yo en un inicio, tomaban bolsitas nuevas en cada negocio (y luego no queremos que no  nos digan “Baka Gaijin!” ¬_¬).


Si sólo te quedas en la superficie, podrías criticarlos por el despilfarro de recursos en pro de la limpieza y orden, como las bolsitas para los paraguas o el cambio de vasitos constantes en ANA. Pero ya cuando observas su actitud ecológica, te das cuenta que el que desperdicia recursos eres tú pero ellos, por educación, los ponen a tu disposición, ya que tú contamines es decisión propia.

Fumadores

Hablando de contaminación.

            Ya es algo generalizado, alrededor del mundo, que no se fume en sitios cerrados. Ya es algo de sentido común de hecho, así que mucha gente opta por hacerlo en sitios abiertos sin ninguna restricción.

En Japón en realidad hay pocos espacios disponibles para fumar, obviamente en espacios cerrados no hay chance alguno, pero eso no quiere decir que en sitios abiertos el fumar sea libre.


De hecho, aún en sitios abiertos, hay pequeñas “islas” diseñadas exclusivamente para fumadores. Así que no se puede hacerlo libremente por la calle. Lo curioso del asunto es que, a pesar de dicha restricción, en el metro encontré a muchas personas con tufo a tabaco, y olor penetrante. Tal vez porque no estoy acostumbrado al olor a cigarro, pero se ve que el nipón fuma fuerte.

Horario de Verano

Para ser un país tan avanzado y tan consciente en el uso de los recursos, me llamó la atención que Japón no tuviera horario de Verano, a pesar de que sí lo aplicaron algunos años.

Y me brincó el hecho porque, en el Mes de Marzo, amanecía muy temprano (Alrededor de las 5AM) y también anochecía muy pronto (alrededor de las 6PM). Con el horario de verano hubieran ahorrado mucha energía, lo cual va acorde con sus actitudes ecológicas.


Sin embargo los japoneses, que sí lo aplicaron en su momento (cuando los gringos tenían el control de la Isla), tuvieron varios argumentos en su contra, por lo cual no lo volvieron a implementar. A continuación sus razones:

A)    El nipón tiene una hora de comida uniforme (de 12 a 1pm) y el cambio les afectaba el organismo. Clásico de gente tan dogmática ¬_¬U.
B)    Por otro lado argumentan que las horas de salida y puesta de sol son muy variadas a lo largo de su territorio, lo cual traería ventajas para unos y dificultades para otros. Ya que en unas escuelas entrarían aún a oscuras mientras que otras lo harían algo tarde.

C)     Un tercer aspecto son las horas extra que hacen en la oficina, muchas de las cuales se ven influenciadas por la luz de día así que, con más sol, el empleado se quedaría a trabajar más (y de por sí ya traen un problema para que no trabajen tanto).
D)    En Japón los veranos son muy calurosos, así que una hora más de día les traería una hora más de aire acondicionado, así que no hay un ahorro sino una pérdida.
E)     Finalmente, en el aspecto cultural, hay actividades (como festivales, fuegos artificiales o ver a las luciérnagas) que se dan de noche, por lo que el cambio de horario haría inconveniente dichos eventos al hacerlos más tarde.

Así que Japón tuvo argumentos muy puntuales y endémicos para no aplicar el horario de verano. Algo que me pareció  muy interesante ya que en muchos lados escucho quejas en su contra pero nunca hechos tan contundentes.

A pesar de no aplicar el horario de verano, son muy ecológicos. Así que resulta indispensable, en un país tan limpio, analizar los hábitos de higiene que muestra el nipón.


Higiene japonesa

            Para empezar, NO, no me tocaron baños estilo oriental, sí los llegué a ver pero, por fortuna, siempre había una opción occidental, así que no sufrí con ese aspecto en particular. Superado ese tema, hubo otras situaciones que pude observar al momento de ir al sanitario en dicho país.

            Para el japonés eso de baño “público” se lo toman muy literal, porque era común que los servicios quedaran muy a la vista del exterior; por ejemplo se veían los mingitorios desde afuera y a nadie parecía molestare, esto a pesar de que cualquiera en el exterior podía ver como orinabas ó_O.

            Lo mismo pasaba con algunos sanitarios de las mujeres pero, por fortuna, tenían puertas aunque podías verlas saliendo de las mismas. Y es que así como los japoneses son pudorosos para algunas cosas, son desinhibidos para otras. Por ejemplo, en esos mismos baños públicos, las señoras que los aseaban no se sentían amedrentadas porque hubiera hombres usándolos, de hecho ellas como si nada y los usuarios también. En México normalmente se esperan las señoras a que salgan todos los usuarios o los hombres esperan a que la de limpieza termine su trabajo.


            Eso sí, sin importar a cual entraras, ya fuera en el metro, en un templo, en un parque, en una tienda, un restaurante y demás sitios públicos, TODOS estaban limpios, con papel sanitario y con agua, algo que no siempre encuentras en México en sanitarios de acceso libre.

            Con tanta higiene algo que en verdad me resultaba chocante es que no había jabón ni papel en el lavamanos, en verdad fueron contados los sitios en donde encontraba lo necesario, además de agua, para lavarte las manos (creo que menos del 10%). Es por ello que el nipón se lava únicamente con agua y se seca con un pañuelo de su propiedad.

            ¿Acaso es antihigiénico? Desde su perspectiva no lo es.

            Supongamos que te lavas con agua y jabón, por lo que tus manos ya están limpias pero, al agarrar el pomo de la puerta ya se volvieron a ensuciar (éste suele tener más suciedad que los propios WCs), incluso tocas tu celular y tiene más bacterias.


            Para el japonés no es gran asunto tener las manos sucias ¿La razón? No acostumbran el contacto físico: no hay abrazos, apretones de mano o besos en la mejilla; además tus artículos son personales, por lo que nadie debe estar tocándolos así que, técnicamente, no estás afectando a nadie.

Por otro lado, antes de comer, siempre te dan una toallita húmeda para que te limpies correctamente, en una manera eficaz de tener las manos pulcras ya que, al ir al baño y lavártelas, no garantiza que lleguen limpias para ingerir tus alimentos.

            Así que, si lo ves fríamente, al ahorrar papel, jabón y agua, es una manera de ser ecológicos, típica en esta sociedad tan enfocada en economizar ante la falta de recursos naturales.

Llegando a casa la tendencia es otra, porque son súper pulcros. La Limpieza en el hogar es vital para el japonés, de ahí la costumbre de quitarse los zapatos a la entrada, ya que no quieren que el calzado que estuvo en la calle toque el espacio que ellos habitan. Y es que, al tener espacios tan pequeños, es importante tenerlos impecables.
           

            Esa limpieza me habla de un profundo amor propio, ya que aunque tengan una vivienda pequeña, se tienen el suficiente respeto para tenerla limpia, porque merecen habitar en un lugar pulcro y, de preferencia, sobrio.

            Y vaya que se toman en serio el tema. Al estar en hogar ajeno, procuraba dejar todo limpio, para dar las menos molestias posibles sin embargo, aunque trataban de pasar desapercibidos, alcanzaba a ver cómo Paco y Maki todavía limpiaban lo que en teoría yo ya había limpiado (y eso que me esmeraba). Igual y eran detalles muy pequeños, pero si alguien se fija en ellos son precisamente los japoneses.

La sana Mesura en sus compras

La mesura es algo en común entre los japoneses y alemanes. Ambas sufrieron tiempos MUY difíciles después de la derrota de la segunda guerra mundial, por lo que se volvieron muy conscientes con los recursos y, aunque hoy en día son prósperos, se les quedó tatuada esa actitud de medirse.


            Aunque sean la tercera economía del mundo, la mesura es algo omnipresente en el nipón, ya que es parte de su esencia, resultado de muchos factores: la escasez tras la guerra mundial, son una Isla con (relativamente) pocos recursos naturales, el poco espacio para habitar, entre otras. Es por ello que el japonés no acumula a lo bruto, así que tienen el buen gusto, e inteligencia, para tener lo estrictamente necesario.

            La suma de todos esos pequeños detalles evidencian el porqué de la alta calidad de vida que tienen: porque respetan el compromiso consigo mismos, el medio ambiente y su prójimo. Es una cultura tan sui géneris que, a pesar de ser parte integral del capitalismo, no han perdido su identidad mesurada. Es un pueblo tan contradictorio que resulta muy atractivo para el resto del mundo, y es que no hay lugar como Japón.

Por ejemplo en Tokio, donde Paco vive entre semana, cuando abrí su Refri vi que había demasiado espacio, estaba muy escueto, solo con lo vital para sobrevivir. Ya en Kioto, en donde vive con su familia, el Refri estaba lleno, pero mantenía todo muy bien distribuido en los espacios.


En el centro comercial, al comprar mis víveres, me di cuenta que no era algo de mi amigo, sino el pueblo nipón. Aquí la gente va al súper y compra poquito, por lo que acaba yendo un par de veces a la semana (o más). “Pero gastan más gasolina” dirá alguien, lo cual se “mata” con que normalmente compran en negocios que les quedan de camino de regreso o, de no ser así, llegan a casa y van a hacer la compra a pie o en bicicleta.

Por esa misma actitud de medirse, no ves presentaciones “Jumbo” de las cosas, todo está en cantidades pequeñas o medianas, es muy raro ver presentaciones muy grandes. Y es que tampoco tienen mucho espacio en la cocina o en el Refri para estar almacenando mercancía que no van a usar en meses: el espacio es un bien muy apreciado en Japón, por lo cual tener una casa es excesivamente caro (cinco veces más de lo que cuestan en México).


Por esas razones el japonés no es atascado como el mexicano, ya ni mencionemos al gringo que tiene su propia categoría. No ves a nipones cargados de bolsas, ni consumiendo a lo loco. A pesar de tantas cosas bonitas que ves, el japonés hace compras inteligentes, de hecho nunca capté a alguno haciendo compras inconscientes o impulsivas. De igual manera, aunque nadie me lo dijo estoy seguro que captar a alguien con esa actitud consumista extrema debe ser mal visto en Japón (y con lo que les importa la opinión de la Sociedad, mejor ni les cuento).

En México, gracias a la influencia gabacha, desperdiciamos mucha comida, esto motivado por el exceso de recursos y la desigualdad social, que resulta una vida barata a comparación de otras naciones. Es por ello que estamos agringados y las presentaciones de nuestros productos son cada vez más grandes, mientras que las de Japón son pequeñas.


Y es que decimos que la vida en Japón, Alemania, Inglaterra y demás naciones avanzadas es cara cuando, en realidad, tiene el precio justo (para el salario que tienen). Obviamente para nosotros como mexicanos, vemos sus precios de agua, luz, gasolina, comida y demás y nos escandalizamos, pero eso es lo que deberían de costar, lo que pasa es que, basados en la pobreza de la mayoría de la población, estamos malacostumbrados a que el costo de vida en México es barato (de clase media para arriba, claro está).

El japonés no es atascado en ningún aspecto. Es muy reservado, muy mesurado y consciente de sí mismo y su entorno ya sea comiendo, hablando, caminando, comprando y, en general, el respeto a los demás.


Independientemente que la vida es cara en la Isla, históricamente no han tenido muchos recursos naturales y, si agregamos la sobrepoblación, es fácil ver por qué se comportan así. Por eso son medidos con el té, la comida, las compras, la despensa. Mucho del buen gusto que tienen se basa en esa tendencia mesurada, ya que al ser cosas breves y pequeñas, procuran que sean elegantes, finas o de alta calidad. Ya que si va a ser algo chico, por lo menos que sea de buen gusto.

Esa actitud económica del japonés, ante la falta de recursos, les dará una idea de un país austero, y hasta apagado. Nada más alejado de la realidad. Es un país que te la impresión de ser muy vasto, de que te puedes atiborrar de lo que quieras, sin límite. Y como extranjero estás dispuesto a intentarlo pero, como japonés, no tienes esa necesidad de atascarte, así que hay disponible todo lo que quieras pero, al ser tan medidos, sabes qué tomar y que no, aunque lo desees, sabes que no lo necesitas. Al final, la muestra de una cultura desarrollada y más cerebral que sentimental en su diario acontecer.


Por lo mismo que tienen poco espacio, no van y compran cantidades industriales como nosotros cuando vamos a Sam’s o Costco. Por esa actitud de mesura, quería visitar Costco en Kioto, para ver cómo su cultura mesurada influye en la clásica tienda del atasque gringo. Sin embargo nunca nos dio tiempo de ir (la cerraban muy temprano).

Fechas de caducidad y calidad de la comida

Esa misma actitud mesurada afecta la presentación y caducidad de sus productos. Los alimentos en Japón tienen una caducidad extremadamente corta. Un ejemplo, en México la leche en Tetrapack tiene unos tres meses (o más) de caducidad  y que antes de abierta no requiere refrigeración. En Japón no vi dichos envases, sólo cartones estilo antiguo con 7 días como máximo, y siempre en refrigeración. O unos dulces rellenos de mermelada (que compré en Kioto), que en México te durarían unos tres meses, en Japón si te dura dos semanas, eres afortunado.


Eso habla bien del pueblo nipón, ya que no usan muchos conservadores para mantener la comida artificialmente durante largo tiempo. Por esa lealtad que tienen entre ellos, sus alimentos son más frescos, más naturales, sin conservadores, por eso duran lo que tienen que durar. El problema lo tenemos nosotros con alimentos en teoría sanos (como leche de arroz, de coco, de almendra o pechuga de pollo, salmón o atún enlatados) que van desde seis meses de caducidad hasta cuatro años.

Tal vez se nos haya olvidado con la costumbre, pero el sentido común dicta que un alimento natural y sano no debería durar tanto tiempo sin echarse a perder. Y no sólo era la leche, TODO los alimentos que vi tenía una fecha de caducidad corta: dulces, pan, bebidas, botanas, etc.

            Breve conclusión.

            Como se pudo leer el pueblo japonés es muy educado y solidario, lo cual es la raíz de su éxito. Tal vez en México podríamos implementar las mismas acciones que ellos y no tendrían éxito ¿Por qué? Por la falta de disciplina, educación y lealtad que priva entre nosotros.


            A veces me imagino qué pasaría si intercambiáramos de país las poblaciones mexicana y japonesa, y el resultado me daría miedo. No tengo duda que en un espacio tan pequeño y con tantas limitaciones, los mexicanos acabaríamos matándonos por el caos que tendríamos. Por otro lado, no me imagino el país tan bello que sería México con gente tan respetuosa como la nipona.

            O tal vez tenga otra lectura ese hipotético cambio.

            Al vivir en un lugar tan pequeño y con pocos recursos, tendríamos que aprender a comportarnos con civilidad y respeto. Por otro lado, ante tal abundancia, es factible que el nipón con el tiempo se volvería despilfarrador.

            Definitivamente el ambiente en el cual te desenvuelves afecta tu identidad individual y nacional. Tal vez somos un desmadre de país e irresponsables como personas por la abundancia en la cual vivimos, mientras que los japoneses se han vuelto muy civilizados porque no les queda de otra ante la estrechez de sus recursos y espacio.


            Hebert Gutiérrez Morales.