sábado, 12 de febrero de 2011

Mi alma gemela

La vida te da sorpresas donde menos te las esperas, sólo es cuestión de estar abiertos para recibirlas. Esa frase la escuche en alguna parte, aunque no creo que de manera literal, pero ése es el mensaje.

Cuando las personas escuchan la expresión “Mi alma gemela” siempre lo relacionan con una pareja. Yo encontré a mi alma gemela, pero únicamente hemos sido los mejores amigos. Ella es una gran mujer, con la cual tengo un sentimiento de fraternidad más grande que mis propios hermanos y la siento más de mi familia que cualquier otro integrante de la misma.

Actualmente tengo amigas muy importantes y valiosas, las cuales valoro mucho porque no me dan por mi lado y casi siempre me hacen recapacitar, pero en esta ocasión quiero dedicarle esta entrada del Blog a la que más quiero: Adriana Gutiérrez (aunque nuestro Nickname conjunto es Yoghurt McCloud, del clan McCloud venido de las tierras altas de Escocia).

La conocí en el trabajo, en la época en que mi fallido matrimonio estaba llegando a su fin. A diferencia de lo que todo el mundo pensó desde entonces, nuestra relación nunca ha sido de índole carnal y es que para muchos ésa es la explicación lógica de que un hombre y una mujer (heterosexuales) se lleven bien: Sexo; porque ése es el nivel más profundo de intimidad que conocen. Pero mi Yoghurt y yo conocemos otro nivel de intimidad que muy pocos se dan el lujo de compartir: honestidad y lealtad sobre cualquier cosa.

Nuestra amistad inició por banalidades como reírnos estúpidamente del vídeo de Smeagol y la cerveza (del cual nació tomamos nuestros nombres clave), también cantábamos a coro la canción de Julieta Venegas “Algo está cambiando” (Al grado que nos alucinaban en la oficina) pero, paulatinamente, empezamos a platicar de otros temas y, ahí nos dimos cuenta, que habíamos encontrado a una especie de alma gemela, lo cual no se perdió a pesar de que al año dejamos de frecuentarnos diariamente, ya que ella emprendió el camino hacia nuevos horizontes.

Es muy nutritivo cuando encuentras a alguien con ideas tan radicales y locas como las propias, es como encontrar a otro ejemplar de tu especie en un mundo extraterrestre. Aunque, a veces, nos excedemos y ahí es donde uno intenta hacer recapacitar al otro, aunque la mayoría de las veces soy yo el que necesita entrar en razón.

A pesar de ello, nunca hay malicia ni dolo en nuestras expresiones de misantropía. Es raro, para ser dos personas con tantas ideas tan fuera de lo común, en realidad somos un par de santurrones, siempre atormentados por los valores que se nos enseñaron a proteger y respetar, en un mundo que funciona contrario a los mismos.

De ahí viene la mayoría de nuestras frustraciones: aún creemos en la justicia y en como deberían ser las cosas. Y de ahí viene la identificación nuestra, cuando hablamos, no nos sentimos solos en el universo; porque sentimos esa empatía de que somos dos contra el mundo y eso, en nuestra manera retorcida de ver la vida, es reconfortante.

Cuando uno platica con otra persona, normalmente utiliza una faceta (o máscara) de su personalidad, para adecuarse al interlocutor y situarse en una posición segura. Entre Yoghurt y yo no existen dichas máscaras, nuestra comunicación es MUY directa y sin tabúes; no tengo miedo de utilizar expresiones que utilizaría sólo con hombres y ella tiene la misma libertad. No importa que tomemos las decisiones más estúpidas de nuestras vidas (como ya ha pasado), no nos juzgamos, escuchamos abiertamente y, en caso de necesitarla, pedimos opinión.

Ninguno de los dos pretende ser algo que no es frente al otro; llanamente sólo somos nosotros y ése es un lujo muy valioso en estos días en que las apariencias son cada vez más importantes y el contenido pasa a segundo término. De hecho ella conoce muchas cosas mías que nadie más conoce y viceversa, porque es tal nuestra confianza que simplemente nos presentamos sin corazas ni disfraces y hablamos tal como somos.

Cuando hablo con alguien más de mi relación con ella, invariablemente surge la idea (por no decir exigencia) de que lo intentemos ser pareja pero la misma está descartada, porque la relación que poseemos es muy valiosa y única como para ponerla en riesgo.

Tal vez alguien piense que nos frecuentamos muy seguido y, de hecho, no es así. Han pasado años enteros en los que no nos vemos las caras, pero nunca perdemos el contacto, ya sea vía chat, mail, teléfono y, recientemente, hasta en el Facebook.

“OK, tal vez no se ven diario, pero si tienen contacto diario” alguien podrá decir y, de igual forma, estará en un error. Han pasado hasta meses sin cruzar palabra pero, cuando nos volvemos a contactar, platicamos con la misma naturalidad y franqueza como si hubiésemos hablado hace un par de horas.

Y es que nuestra relación sí carece de algo: apego. Ambos somos libres, nadie contacta al otro por compromiso, si no hay nada que decir o que contar, no es necesario hablar, si uno necesita de su espacio o tiempo, lo expresa de manera directa y tranquila y se comprende al instante, sin ningún sentimiento de rechazo.

No temo el día que encuentre a la mujer adecuada (que ojala sea Mi alma gemela sentimental), con la cual terminaría mi época solitaria porque, para ser la mujer adecuada, va a estar suficientemente desarrollada para aceptar una amistad limpia entre mi amiga Yoghurt y yo.

Te quiero mucho Yoghurt y agradezco el haberte conocido porque has hecho mi vida más feliz, más interesante y más plena.

Hebert Gutiérrez Morales
12 de Febrero de 2011