martes, 1 de marzo de 2011

El cisne negro . . . . que todos llevamos dentro.


            Normalmente, cuando manejo, voy escuchando música. Ayer en la noche no podía hacerlo, necesitaba transitar en la oscuridad y con total silencio, porque mi cabeza estaba estallando con tantos pensamientos y reflexiones revoloteando por todos lados y es que acababa de ver “El Cisne Negro”.

            Ya me habían comentado sobre dicho film y algo tenía claro: no lo quería ver. Ciertamente todas las críticas que recibí eran muy buenas y me recomendaban mucho el verla, pero me ahuyentaban las escenas fuertes y violentas que me referenciaban. A pesar de mi resolución, sólo hizo falta que me sonsacara una mujer bonita para verla (a veces los hombres somos demasiado fáciles).

            Afortunadamente ya tenía una idea de cuándo venían la escenas fuertes, así que tuve tiempo de retirar la mirada y ahorrarme muchas de ellas (aunque no todas), y aún así acabe en estado de Shock, es más, ya dormí una noche y, al escribir esto, creo que sigo “shockeado”, pero eso (creo) es bueno ya que demuestra que la película es recomendable, ya que dudo que deje a alguien indiferente.

            La primera lectura que le puedo dar es con la idea que termina: la necesidad de ser perfectos. Esto es enfermizo considerando que los humanos somos imperfectos, sólo somos perfectibles mas nunca alcanzaremos la perfección. Esto es tan neurótico como pedirle a un pez que vuele por las montañas. Algo que me quedo claro es que en ocasiones nos obsesionamos en ser inmaculados que sacrificamos nuestra vida para conseguirlo; y hay quien paga ese precio pero ¿lo vale? ¿Vale la pena alcanzar la perfección? Y, si la alcanzas ¿Qué más te queda por alcanzar? No nos damos cuenta que ya somos perfectos dentro de nuestra misma imperfección, porque somos como podemos ser y esa es la gracia más grande de la naturaleza.

            Otra lectura obvia que obtengo es la de soltarnos. Todos en nuestro desarrollo hemos adquirido distintos amarres, frenos, trabas y prejuicios que nos inculcan en nuestra familia, sociedad, escuela, trabajo, nuestras amistades, la religión, etc. Alguna vez leí “El miedo a la Libertad” de Erich Fromm, y él afirma que a los seres humanos no nos gusta ser libres, que nos han ido condicionando para existir siempre bajo la tutela o control de alguien más (persona o institución); por lo que estamos acostumbrados al control y protección externos, así no somos responsables de nuestras vidas ni de nuestras decisiones, ya que siempre habrá alguien a quién culpar de nuestros fracasos.

            ¿Qué pasaría si no tuviéramos esas trabas? ¿Si no hubiera nadie a quién responsabilizar? Esa libertad es aterrorizante. Muy pocos seres humanos son realmente libres, aunque muchos puedan pensar que en realidad lo son, el porcentaje es mínimo de los que tienen la valentía de ser libres. Obviamente hay grados de libertad, ya que hay algunos más contenidos y reprimidos que otros. Lo negativo es cuando dejamos que nuestros prejuicios, educación, programación o condicionamiento guíen nuestro camino en lugar de tomar nosotros las riendas del mismo.

            Muchas veces dejamos que los demás decidan lo que es mejor para nosotros, es más cómodo, es más difícil tener el valor de tomar nuestras propias decisiones y aprender a vivir con ellas. El problema es que después de tanto tiempo de dejar que manejen nuestro rumbo, cuando queremos tomar el control, no sabemos cómo hacerlo. En la Película se lo dicen a Nina (Natalie Portman): “El mayor obstáculo que tienes para triunfar eres tu misma”, y no hay verdad más cierta, ya que nosotros podemos ser nuestros mayores aliados o nuestros peores enemigos.

            Lo más triste de todo esto es que nos es más fácil y, al mismo tiempo, más perjudicial ser nuestros enemigos y ¿por qué lo escogemos? La respuesta es fácil, es un pensamiento inconsciente, ¿Qué derecho tenemos nosotros a ser mejores que los demás? Si los demás están amolados, ¿por qué nosotros vamos a estar bien?

            El tema de los padres también es tratado, ciertamente nadie nace sabiendo ser padre, todos van aprendiendo en el camino y, la gran mayoría, hace el mejor trabajo posible con la educación de los hijos, a veces sale bien, a veces sale mal. Hay ocasiones en que los progenitores viven a través de sus engendros, quieren realizar sus proyectos frustrados mediante ellos, viven lo que no pudieron vivir en la piel de sus niños. Todo eso va dejando huella, va dejando introyectos,  traumas, anhelos, obsesiones, prejuicios y objetivos que van definiendo su existencia.

            Es verdad que los padres van protegiendo a los hijos, porque al nacer son muy vulnerables, pero no se dan cuenta que van creciendo y madurando. Los padres podrían serlo hasta el día de su muerte pero corresponde a los vástagos decir “hasta aquí” porque ya no son los niños que deben ser protegidos. Es un punto de inflexión en donde uno toma el control de su vida, porque siempre seremos hijos de ellos, pero no siempre seremos sus niños. Normalmente los padres no dicen de buena fe: “Hasta aquí mi hijito”, este paso lo tiene uno que arrebatar y ganarse el derecho a ser adulto.

            El status es otro tema tocado en la obra, porque un rol, un grado, un título, un puesto y demás etiquetas dan identidad, y el ganarlo o perderlo es de vital importancia para existir porque muchos de nosotros preferimos perder la vida antes que el status que nos identifica. ¿Quiénes seríamos nosotros sin identidad? ¿Seres felices acaso? Pero esa pregunta es utópica, ya que nunca nos permitiremos conocer la respuesta.

            Como breve paréntesis, pero aún vinculado con el tema, desde que escribo de manera pública he notado que el dolor, la angustia, la nostalgia, la desesperación, tristeza, depresión y demás sentimientos “negativos” son los mayores impulsores del arte, los que realmente nos inspiran a crear (y no pretendo decir que lo que escribo es arte). Es irónico que del dolor humano nazcan sus expresiones de arte más bellas.
           
            Otro tema evidente es el control, porque siempre estamos tan estresados y obsesionados con mantener bajo control todo lo que hacemos, y así dejamos de disfrutar nuestra existencia. Tenemos tanto miedo de soltarlo porque no sabemos de qué somos capaces, sin importar que podamos realizar obras y acciones maravillosas o excepcionales. El apego nuevamente es la identidad que nos da ese control que difícilmente soltamos.

            Hablando en términos de la obra: todos tenemos nuestros cisnes blanco y negro. Se nos ha enseñado a cuidar nuestro lado blanco, porque es nuestra cara bonita, la que nos gusta lucir, la que todos nos admiran y/o envidian. Lo malo es descuidar el lado negro, que se compone de nuestros instintos básicos, los cuales negamos y, al hacerlo, más se fortalecen y se tornan independientes a nuestro ser. Si también procuráramos y aceptáramos a nuestro cisne negro seríamos seres más completos, integrales, congruentemente desarrollados y en paz porque, a fin de cuentas, ninguno de nosotros somos excelentes, ya que poseemos nuestras cualidades productivas e improductivas, positivas y negativas, blancas y negras que son parte de nosotros y que no van a desaparecer sólo por ignorarlas.

            Por eso la película se llama “El Cisne Negro” para darnos cuenta de esa parte que todos negamos pero que sin falta tenemos, que tememos aceptar e integrar y, al no hacerlo, actúa por sí misma, fuera de nuestra consciencia y luego no somos capaces de entender por qué hacemos lo que hacemos.

            Lilly (interpretada por Mila Kunis) me encantó y el comentario que hicieron sobre ella (no soy literal): “¡Mírala! No es perfecta, pero es auténtica y, al serlo, es perfecta sin proponérselo”. Nos preocupamos mucho por aparentar una perfección artificial y dejamos de ser auténticos para interpretar un simple personaje que (creemos) es aceptado por los demás. Lo contradictorio de esto es que cuando nos atrevemos a ser auténticos y somos nosotros mismos, eventualmente, el resto nos va a acabar aceptándonos porque nosotros lo hacemos y, cuando eso se logra, es muy valioso.

            Otro hecho notable en el filme es que una cosa es la realidad y otra muy distinta lo que percibimos como realidad; esto independiente de que la protagonista fuese esquizofrénica (o es lo que se deduce al verla), ¿cuántas veces nos contamos un cuento o una novela de cómo creemos que se van dando las cosas? Y dejamos que esa historia avance a tal grado que llegamos a una tragedia griega, cuando en realidad es un malentendido o una percepción errónea de nuestra parte.

            Es factible que en el guión esté un poco exagerado, pero también deberíamos analizar eso en nuestras personas. Así que es bueno tener la mente abierta a otras opiniones y evaluar si estamos percibiendo las cosas como son o las detectamos de manera distorsionada.

            Finalmente, no es una película que haya disfrutado, porque en realidad la sufrí mucho; pero eso no le quita el hecho de que sea excelente obra. No la voy a volver a ver en mi vida (eso espero), pero sí creo que todos la deben de ver por lo menos una vez.


Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

hebert cuentas con mi pequeña presencia en tu blog, talvez no he visto la pelicula pero algo que mencionas y me gustaria darte mi punto de vista es en la perfeccion, somos "humanos" como todo mundo dice la justificacion pero eso no deja que todo mundo busque la prefeccion! y porque lo hacemos demasiado facil por demostrar que yo puedo y tu no y eso me hace ser mas grande y mejor que tu.
eso es una gran satisfaccion que a nadie le pueden quitar demostrar ser el mejor y sin que nadie puede llegar a tu nivel. talvez encontremos obstaculos como la familia, la religion, la familia pero muchas veces esos son nuestros pretextos para tener la justificacion en el momento de la maravillosa pregunta.....¿y porque no lo haces o intentas? facil mi familia no quiere, si de verdad tuvieramos ser el mejor no tendria que haber algun obstaculo, porque es algo que anhelas, que se desea pero como siempre "somos humanos" y "buscamos la salida facil" y pues nada mas hermoso que la venganza verdad hahaha digo pues si esta de moda que "aparezcan personas muertas" bueno porque no hacer justicia por la mano propia.
pero bueno espero ver pronto la pelicula y para que no me reclames de que no paso a tu blog, nos salseamos pronto hahaha
bye.
atte: Mariel

Anónimo dijo...

Hebert, ya lo leí, jajaja. Fabulosos tus comentarios. Esta película me impactó sobremanera, creo que entre más rigidez, exigencia y perfeccionismo hay en una persona más puede impactarle. La indicasción "Suéltate" parecía que me la decían a mí. Es una gran tarea de vida, tratar de ser yo misma soltando todo aquello que ha limitado mi espontaneidad. Estamos en el camino. Un abrazo. Julieta