sábado, 19 de marzo de 2011

Salsa


¿Qué significa la Salsa para mí? Ricura, pasión, entrega, diversión, alegría, flirteo, compañerismo, amistad pero a veces también me ha dado tristeza, frustración, molestia, enojo, vergüenza y hasta algo de pudor. En una palabra, el bailar este ritmo tan rico, es VIDA.

Hablando de vida, ya no puedo concebir la misma sin bailar, se ha vuelto casi tan vital como respirar, ya que al mover el cuerpo me circula la sangre, “sudo” los problemas y mi corazón se relaja. Pero, para ser una actividad tan importante, es una en la que inicie hace (relativamente) poco tiempo.

Durante mi niñez, en las visitas a mi natal Veracruz, en la radio escuchaba estilos de música tropical que no podía identificar. Sabía es que uno me gustaba porque me parecía elegante y divertidamente rico y el otro no me gustaba porque me parecía burdo. El que me gustaba era Salsa y el que no era Cumbia. A pesar de que mis genes provienen de clima tropical, nunca me había interesado bailar o, siendo honesto, en realidad me daba pena hacerlo. A pesar de ello, el sentimiento de mi niñez se mantuvo vigente a lo largo de los años: la salsa me gustaba y la cumbia no.

¿Por qué me decidí a tomar clases de baile? A finales del 2006, en una fiesta de mi trabajo, hice lo que la gran mayoría de mis compañeros: INTENTAR bailar con una chica. Ella me hizo caras y me dijo “Es que tú no bailas como fulanito” y no volví a bailar en toda la noche. Aunado a eso, en esa época tenía dos amistades que iban a clases de baile en la Academia que estaba destinada a ser mi casa: Rumba Mía.

A partir del cinco de Febrero del 2007 inicie con mis clases de baile. El verme era un espectáculo triste, una falta de coordinación tremenda, lo bueno es que no hay evidencias en vídeo de mis inicios en la Salsa, y es que nadie imaginaba que pudiera durar mucho tiempo intentando bailar.

Sin embargo, hacia mis adentros, estaba muy feliz. Por primera vez podía bailar al ritmo de esa música que oía desde mi niñez y esa ya era una alegría inmensa. Por tal motivo empecé a ir a clase prácticamente a diario, porque me sentía “vivo” bailando, sensación maravillosa que no había tenido antes. Esto aunado a los excelentes maestros que he tenido, los cuales siempre me han enseñado con paciencia y con muy buena energía, lo cual facilita todo.

Hay dos tipos de personas en clase de baile: Las dotadas que tienen ritmo innato, y bailan con pasmosa facilidad (estos son los menos); el segundo grupo somos el resto de mortales que, no somos dotados pero, siendo constantes alcanzamos un nivel respetable. No me apena admitir que soy del segundo grupo porque me costo bastante aprender a bailar. Las personas por las que llegue a Rumba Mía, se fueron y “herede” a sus amigos. Había encontrado un nuevo hogar, un nuevo nacimiento: Había iniciado mi vida como salsero.

Bailar no ha sido lo único que he aprendido desde entonces, la Salsa me ha dado una cantidad importante de enriquecedoras enseñanzas: En la presentación de una coreografía me equivoque frente a todo el público pero, gracias a que mi parejita me salvó, no se notó. Yo no podía perdonarme por haber echado a perder el esfuerzo grupal, me dolió mucho. Pero recibí el apoyo de todos y eso me conmovió, ya que la salsa es un trabajo de equipo y debes aprender a confiar en el otro y apoyarse. Para mí, acostumbrado a una existencia solitaria, fue una lección muy importante.

Hablando del trabajo grupal, creo que la faceta que más disfruto de la Salsa es la Rueda de casino, es un verdadero trabajo en equipo, que luce mucho y que es muy divertida. En las fiestas de la academia hemos llegado a hacer rueda de unas 25 parejas y son toda una delicia, especialmente cuando Paco (mi gurú y guía salsero) la dirige con una descarga y a un ritmo bestial.

Acapulco 2008 fue mi primer congreso internacional, fue impactante y muy vibrante, ya que es maravilloso ver a tanta gente que baila excelente; ¡y nadie se negaba a bailar conmigo! Me lleve una grata impresión de lo sencillos que son los profesionales, porque no toman poses soberbias y bailan con quien sea sin importar su nivel. Cuando terminó el evento sentí nostalgia y pregunte “¿No nos podemos quedar todos en este plano existencial salsero?” Fue algo mágico.

Obviamente no todo es color de rosa, cuando no me sale un paso en clase, me frustro, me bloqueo, entonces me siento muy triste y ya no bailo. También me enoja cuando me ciclo bailando y, dentro de tantos movimientos que puedo sacar, saco unos pocos y eso no me agrada. Eso sin contar que manejo mucha fuerza en mi baile y, de manera involuntaria, he golpeado a muchas de mis parejas (aunque muchas de ellas se desquitan de manera “accidental”) y eso me angustia mucho, porque tengo la firme creencia que a la mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa, pero a veces le echo muchas ganas y me paso de fuerza.

La Salsa ayuda también con los celos, porque aprendes que puedes bailar con otras mujeres y tu pareja puede bailar con otros hombres sin problemas, eso es muy enriquecedor para uno como bailador y para la pareja, porque te das cuenta que no pasa nada malo, al contrario, ya que le das variedad a tu relación y a tu baile. Por eso que me gusta salir en grupo, porque hay muchas mujeres con las que puedes bailar, cada una es distinta y te inspira distintos pasos según sus características (y además, te puedes dar el lujo de repetir algún movimiento que usaste antes).

Otra de las cosas que agradezco de este mundo salsero es que me ayudo a comprender que no tengo que ofrecer disculpas por ser quién soy. Se me ha enseñado que debes ver al frente, la cara en alto y la espalda derecha, así uno luce más en el baile y en la vida (y si no me creen, inténtelo).

En una ocasión, una amiga me dijo que, desde que me torne salsero, me volví muy vanidoso y le contesto que sólo me he vuelto “lo necesario”. No es que me “volviera” vanidoso, lo que pasa es que en este país es bien visto despreciarse, verse apocado, tímido o mesurado; así que, cuando te das tu valor, pareces vanidoso. No me torne pedante, simplemente aprendí a darme el valor que merezco porque, para bailar Salsa, debes tener porte y a quererte, ya que hay que darle su justo valor. Hay una frase que me encanta en las playeras de mis amigas salseras: “Antes muerta que sencilla”, esto no quiere decir que se tenga que ser creído o alzado para ser salsero pero, recalco, tampoco se deben ofrecer disculpas por lo que uno es.

Algo que me encanta es que hay un punto donde no importa si estás rodeado por mucha gente o a solas con tu pareja, no importa si te admiran o si te critican. Lo que importa es que estás bailando una canción que disfrutas (descarga, balada, cha cha, etc.) junto con ella; se hacen uno y se mimetizan con la melodía, por lo que eres feliz, se te nota en la cara y el lenguaje corporal, volteas a verla y también notas su alegría. Eso es algo catártico, impresionante, muy bello, nutritivo, en fin, una experiencia maravillosa. Cuando llegas a esos puntos, ya sea en un congreso internacional, en un antro, en una fiesta o en cualquier clase, agradeces el haber entrado a este rico mundo.

Gracias a la Salsa he conocido a muchas y variadas personas, algunas por una clase, otras por años. Algunas dejaron la academia y, cuando te los vuelves a encontrar, los saludas con un caluroso abrazo. Algunas ya son amistades más cercanas y otras sólo para bailar, pero siempre hay un ambiente positivo hasta para las rivalidades, porque la Salsa es para divertirse, no para pelearse.

Estoy consciente de que no soy el mejor bailador, ni pretendo serlo, sólo me quiero divertir y la inmensa mayoría de las ocasiones lo he logrado. La Salsa me ha dado algo que no se puede comprar con el dinero: Alegría y Felicidad. Esas mismas que sientes en el latir de tu corazón cuando acabas jadeando y sudando, pero con una sonrisa que te llena toda la cara después de bailar una canción intensa.

¿Cuánto tiempo va a durar mi amor por la Salsa? En este momento diría para siempre, pero eso mismo dije de pasiones importantes en mi pasado, como la animación japonesa o el fútbol soccer, y hoy en día no significan lo mismo que antes. Así que, mientras pueda, voy a disfrutarla a mi estilo y en cada oportunidad que tenga y, eso sí, siempre me van a acompañar esos sentimientos tan positivos, tan puros y tan vívidos que este maravilloso ritmo me ha regalado desde hace más de cuatro años.

Finalmente, como nos dice Paco: “Cuiden a la mujer, porque ella es la pintura del cuadro y el hombre es el marco. Ella debe lucir y el hombre proteger. El hombre manda (sólo en elbaile)”.

Hebert Gutiérrez Morales

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy buena reflexion.