miércoles, 6 de abril de 2011

Adiós Fútbol


Desde pequeño he sido muy desatinado para los deportes, sobre todo para escoger a mis equipos porque, para bien o para mal, no me heredaron ninguna afición: por mi cuenta fui escogiendo mis colores deportivos durante la niñez.

Era aficionado a muerte del Fútbol Soccer, y mis dos principales amores eran el Cruz Azul y la Selección Mexicana. Durante años me apasione hasta las lágrimas con ambas escuadras, compraba playeras, iba a los estadios, por TV no me perdía ningún partido (así fuera amistoso) y, al igual que muchos aficionados, me vida giraba alrededor de lo que hicieran o dejaran de hacer estos equipos.

Sin embargo, y afortunadamente, este amor no fue para siempre y hoy en día el Fútbol Soccer, en general, me parece un juego burdo y/o aburrido. ¿Quiénes fueron las responsables de todo esto? Bueno, para empezar me fui dando cuenta de lo anticuado que resulta el juego en sí, el cual se niega a evolucionar para hacerlo más interesante y espectacular; pero también recibí una gran ayuda de mis otrora grandes Amores: El Cruz Azul y el equipo Tricolor.

Por ejemplo, el “Subcampeonísimo” Cruz Azul me ha dado más decepciones que alegrías y es por eso, después de más de 27 años de puras tristezas y un sólo campeonato, ya no amo al que solía ser mi equipo, sólo siento una especie de simpatía. Todavía alcanzaba a ver sus partidos en TV a última fechas, pero sólo si no tenía algo mejor que hacer que, afortunadamente, casi siempre lo había.

El Cruz Azul me pagó con muchas tristezas toda la atención y reconocimiento que recibió de mi parte. Ya no me inmuto con las chistes de sus innumerables subcampeonatos y constantes decepciones. Lo más triste es que, si vuelven a ser Campeones, ya no me importará; así como ya no me inmutaron sus últimos fracasos, los cuales ni ví.

Ahora, pasemos a la tan “amada” selección mexicana de Fútbol (el famoso Tri). Puede sonar absurdo pero el éxito económico de esta escuadra radica precisamente en sus escasos logros deportivos. De hecho el negocio de la Selección es jugar con las ilusiones y pasiones de la afición tan fiel (o mensa) que es la mexicana y siempre les venden “espejitos” en lugar de su oro, siempre hacen promesas que no pueden cumplir; pero ¿Ellos son los culpables? ¡No! Si el negocio está bien y rinde frutos, ¿para qué cambiarlo? ¿Quién es culpable entonces? La respuesta no es popular pero, no por eso, deja de ser cierta: La afición que los soporta.

¿No les llama la atención que el Tri sea de los más seguidos en los Mundiales? ¿Acaso somos un país rico? Obviamente no lo somos; tampoco somos los más conocedores o apasionados. Lo que pasa es que nuestro anhelo de éxito nos da un placer impresionante, es más grande que el que daría un hipotético (y utópico) Campeonato mundial.

Si la afición se diera a respetar y “respondiera” de acuerdo a los éxitos (y no las promesas) del Tri, en verdad habría un cambio porque, de lo contrario, se les moriría la gallina de los huevos de oro. Pero como los aficionados son tan “leales”, no dejan a su equipo (aunque el mismo nunca les haya respondido).

Esto tiene una explicación más profunda. A muchas personas les gusta llamar la atención a través de sus desgracias, ya que es socialmente aceptado que seas desafortunado. Sin embargo, si pretendes llamar la atención a través de tus éxitos, eres tachado de presumido, alzado, arrogante, etc. La identidad de mucha gente radica en sus malestares, ya que sin ellos no sabrían quiénes son y carecerían de razón para existir.

El Tri es una de esas desgracias colectivas que muchos comparten, y que los hace “ser mejores”, porque son bien mexicanos que sufren un chorro por el equipo nacional. Los aficionados no se dan cuenta de algo que los dueños ya saben: el Tri ya es exitoso (económicamente), gracias a tanta gente que cree en ellos y que son felices con tanta decepción (porque si no lo fueran, ¿por qué siguen a un equipo tan mediocre?).

Alguna vez leí en el libro “La increíble hazaña de ser mexicano” que si la Selección empezara a ganar campeonatos, dejaría de ser popular, y es cierto. Sólo hablando de deportes, vean la cantidad de campeones mundiales que tenemos en otras disciplinas y, si les va bien, reciben una rápida mención en las secciones deportivas de los medios de comunicación. Pero no vaya a ser que el Tri golee a Luxemburgo porque le dedican media sección deportiva, además de programas de análisis de cómo México está al nivel de las mejores selecciones del Mundo, porque le ganó a un país europeo.

“A todos les gusta el éxito, pero a nadie le gusta la gente exitosa” – John McEnroe

Obviamente esta es mi triste experiencia con el fútbol, la cual no comparten aficionados de clubes ganadores como el Manchester United, el Barcelona o el Inter de Milán o los que tuvieron la suerte de nacer en Alemania, Brasil, Argentina o España, para saber lo que es tener selecciones exitosas.

Sé que voy a recibir comentarios que me tachen de villamelón, traidor, malinchista, antipatriota, poco mexicano, etc. Y ni modo, hay mucha gente para la cual el Fútbol lo es todo pero, honestamente, me siento muy feliz de ya no seguir a estos equipos. No me explico cómo los deje a ambos, porque cuando uno se acostumbra tanto a la carencia es difícil dejarla, pero afortunadamente quedaron atrás y con ello dos hijos pródigos que sólo me daban decepciones a cambio de casi ninguna alegría.

Hebert Gutiérrez Morales

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