domingo, 22 de mayo de 2011

Intolerancia

       "El nivel de desarrollo, tanto en individuos como en sociedades, es inversamente proporcional a los prejuicios que se tienen" – Hebert Gutiérrez Morales.

           Desde mi adolescencia siempre he recibido críticas de los demás, por lo que me he ganado fama de intolerante y dogmático. No voy a negar parte de lo que soy, y estoy trabajando en ello, de hecho ahondaré más en mi tema en el siguiente ensayo. Con el paso del tiempo me he dado cuenta que algunas de esas críticas tienen fundamentos, pero la gran mayoría se basan en que mis decisiones no son iguales a las del resto.

           Ahí está lo irónico del asunto, como no vivo conforme a lo que los demás esperan de mí, YO soy el intolerante, porque no me adapto a lo que la sociedad dicta. Sé que es un comportamiento inconsciente pero ¿no es ridículo que sólo haya un camino “correcto” para vivir?

Recientemente empecé a dejarme la barba, obviamente hay gente a la que no le gusta, a la que sí y a la que no le importa (como todo en la vida). No pretendo agradar a todos, pero hubo un par de mujeres que me exigieron vehementemente que me rasurara. Si ni novia tengo, pues menos voy a permitir que alguien más me diga que tengo o no tengo que hacer con mi cuerpo. Luego no se quejen de por qué no les duran los novios.

Yo mismo les digo a mis amigas del trabajo cuando me gusta o no su atuendo y, bromeando, les llego a decir que ya no se pongan tal o cual prenda, pero no exijo nada. Uno puede emitir su opinión sobre si le agrada o no algo, pero la otra persona es libre. Aunque fuese su novio o su papá, no puedo andar exigiendo sobre vestimenta, acciones o pensamiento de ellas.

¿Por qué tenemos (me incluyo) esa necesidad de juzgar si algo está bien o está mal? ¿Por qué no podemos tener esa paz espiritual, esa tranquilidad mental de aceptar las cosas simplemente como son? Siempre las vemos como “deberían” ser desde nuestra prejuiciosa perspectiva. Hay muchas cosas que simplemente son diferentes y no por eso están bien ni mal.

            En México nos ufanamos de que somos bien ecuánimes, que aceptamos a todos y, como ejemplo, no tenemos problemas con dos de los grupos más prejuiciados: los negros y los judíos. En realidad es fácil para nosotros, porque casi no tenemos negros ni judíos pero, como nos encanta seguir las “modas mundiales”, ¿seríamos igual de tolerantes si tuviéramos poblaciones representativas de ambos grupos en nuestro país? Sería algo interesante de observar. Por lo pronto, no tenemos cara para defendernos cuando se trata de los derechos humanos de los indígenas, porque ahí ya no somos tan ecuánimes ni tolerantes.

Hoy en día muchos se sientan en su pedestal de ecuanimidad y perfección para criticar a los Nazis, las guerras religiosas, la xenofobia, la crucifixión de Cristo y demás ejemplos penosos de la humanidad. Déjenme decirles que todo eso empezó por diferencias de opinión, ideas, creencias o raza y la intolerancia que eso desató. Aunque hoy nos creamos muy superiores y evolucionados, no hay gran diferencia entre nosotros y los humanos de hace 2000 años.

            Si no podemos aceptar que se piense diferente a lo que pensamos, ¿Qué pasará si además se ven diferente, tienen otras creencias, otras costumbres, otras ideologías políticas y demás maneras de moverse por la vida? No es necesario (ni posible) que aceptemos todo a nuestro alrededor, podemos tolerar y respetar sin tener que compartir lo que no nos gusta. Es un hecho que cada uno de nosotros cree poseer la verdad universal, porque consideramos que nuestras formas de percepción de la existencia son las más cercanas a como es la realidad. Esto es ridículo, porque hay casi 7000000000 maneras “mejores” de ver la vida y no todas pueden estar en lo correcto (es más factible que todas estén equivocadas).

            Dentro de las enseñanzas que profesan las religiones judeocristianas, hay una que dicta “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Al haber tantos practicantes de estas religiones, ¿por qué sigue habiendo tanto odio en todo el mundo? ¡Ah! Porque este dicho es “mañosamente” interpretado de la siguiente manera “Amarás a tu prójimo (cristiano, judío, blanco, negro, mexicano, gringo, europeo, asiático, rico, pobre, o lo que aplique) como a ti mismo”. Si una persona no piensa, se ve o cree en lo que nosotros creemos, entonces no lo consideramos nuestro igual y, de inmediato, ya le tenemos un prejuicio por no compartir con nosotros la “verdad universal”. A veces ni siquiera se les considera humanos (como tristemente se ven en tantos conflictos étnicos y religiosos a lo largo de nuestra historia sobre la faz de la tierra).

            Podemos explicar al mundo cómo vemos la vida, por qué la vemos así, nuestras razones que sustentan estos puntos de vista, pero no podemos obligar a nadie a compartir nuestra forma de vivir o de percibir la realidad. Podemos fundamentar todo lo que creemos de manera convincente pero no podemos hacer que otros crean lo que nosotros creemos, podemos dar razones, pero no obligar. No entiendo por qué tenemos esa necesidad de que los demás hagan, piensen, digan o vivan lo que nosotros hacemos, pensamos, decimos o vivimos

Cuando era niño me preguntaba “¿Qué le pasa a esos países locos que no están en la ONU?” hoy en día me doy cuenta que es su derecho y hasta aplaudo su valentía de no afiliarse a un organismo sólo porque el resto así lo quiere, nadie tiene por qué obligarlos. Terroristas aparte, se deben respetar a los individuos por lo que son, lógicamente no se les va a aceptar su daño a terceros. Y cuando menciono el daño a terceros no aplica “Es que sus creencias me son ofensivas”, ese es un problema propio pero muchos se justifican en él para agredir. Yo me refiero daños a terceros como físicos, económicos o un ataque moral directo (no sólo porque no me comparto sus ideas).

“Nada nos hace creer más que el miedo, la certeza de estar amenazados. Cuando nos sentimos víctimas, todas nuestras acciones y creencias quedan legitimadas, por cuestionables que sean. Nuestros oponentes, o simplemente nuestros vecinos, dejan de estar a nuestro nivel y se convierten en enemigos. Dejamos de ser agresores para convertirnos en defensores. La envidia, la codicia o el resentimiento que nos mueven quedan santificados, porque nos decimos que actuamos en defensa propia. El mal, la amenaza, siempre está en el otro. El primer paso para creer apasionadamente es el miedo. El miedo a perder nuestra identidad, nuestra vida, nuestra condición o nuestras creencias. El miedo es la pólvora y el miedo la mecha. El dogma, en último término, es sólo un fósforo prendido” – Carlos Ruiz Zafón (“El Juego del Ángel”)

No tenemos por qué matar, castigar o encarcelar a alguien distinto a nosotros. Como humanidad nos encanta juzgar como si fuésemos inmaculados pero NADIE lo es, todos tenemos errores y por lo mismo debemos ser tolerantes con los demás.

Cuando nos volvamos sensatos y aceptemos las diferencias que hay con el resto de la humanidad, es factible que nos seamos mejores seres humanos, algo de lo que necesita este planeta porque algo que sí hemos dado, y a manos llenas, es una cantidad impresionante de violencia generada por tanta intolerancia. No aprendemos, como humanidad, que la violencia sólo genera más violencia y ya es hora de romper ese círculo vicioso.

            No se trata de que todos pensemos igual, veamos la vida de la misma manera y tengamos las mismas costumbres, ya que eso es imposible debido a que todos somos distintos. Debemos de aprender a aceptar las diferencias de los demás, ya que nunca va a ver otra persona igual a nosotros (ni físicamente, ni en gustos, ni en creencias, ni demás características), pero como sólo tenemos un único planeta, pues debemos aprender a vivir unos con otros.

Hebert Gutiérrez Morales

1 comentario:

Anónimo dijo...

Como siempre, interesante tu punto de vista, aunque a mí no me guste, jajaja, no es cierto!! Viva la diversidad, querido Hebert, este mundo sería terriblemente aburrido si todos fuéramos o pensáramos igual.
Además si tú te sientes a gusto con tu barba crecida adelante! Eso es lo que importa, aunque creo lógico que no podrás evitar los comentarios, así somos.
Por cierto creo que eso de "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" lo dijo Cristo, y no es uno de los 10 mandamientos, pero se entiende el mensaje.
Un fuerte abrazo.
Julieta.