miércoles, 25 de mayo de 2011

Resulta que sólo yo soy el dogmático (¿Y su nieve?)

            Mis amistades de mayor confianza siempre me han recalcado que soy un ser dogmático e intolerante, y tienen razón. Soy una persona que se compromete fielmente con sus ideales y lucha por ellos hasta el final. A veces eso resulta positivo (la mayoría) y, a veces, se torna negativo.

            Lo que me parece increíble es que, por la forma que habla la gente conmigo, pareciera que soy la única persona con estas características en el mundo (o por lo menos en sus respectivos mundos).

            Sin embargo también he notado que esas mismas personas tienen sus propios dogmas pero no son conscientes de ellos. Un ejemplo: hace unas semanas me dolía la panza, una amiga me pregunto qué había comido y, cuando le recite la letanía de TODO lo que me había engullido, sólo espero la palabra mágica (camarón) y hasta sus ojos se iluminaron y me interrumpió: “Ahí está ¡Fue el camarón! ¡Por eso estás mal!”. Mi amiga es alérgica al camarón (o eso dice ella), como para ella no es bueno el camarón ¿a todos nos tiene que hacer mal? ¿Acaso es doctora y su dictamen se fundamentó en estudios? No, sólo se basó en su experiencia y sacó su conclusión: Fue el camarón, fin de la discusión.

            Tengo una relativa amistad con dos mujeres de carácter fuerte (que de conocerse entre sí se amarían o se odiarían a muerte), recientemente tuve conversaciones con ellas (aunque en realidad ellas sólo hablaron y yo escuchaba). Los temas eran diferentes pero la tónica era la misma: ellas estaban indignadas por un tema, me expusieron sus puntos de vista y prácticamente me exigían que les diera la razón. Yo, que conocía el otro lado de las respectivas historias, me límite a escuchar y dejar que se desahogaran pero, independientemente que una tuviera más razón que la otra ¿por qué me exigen que les dé un dictamen a favor? Ambas, en su respectiva oportunidad, me estuvieron acosando para que les dijera que ellas estaban en lo correcto (como si eso fuera a inclinar la situación a su favor).

Toda historia tiene, por lo menos, dos versiones, nadie puede exigir que se le dé la razón de buenas a primeras sin conocer todos los hechos, pero ellas sí (y así son en todos sus asuntos) ¿Ellas se reconocen como dogmáticas? ¡Por favor!, si les hiciera la pregunta, me arrancarían de cabeza por atreverme a dudar de su “ecuanimidad” y “objetividad”, además de que poseen la verdad universal (dentro de su manera de ver la vida). Recalco, ¿Y el intolerante soy yo?

            Otro ejemplo, una querida amiga me comento que, en los mails que les mando los ensayos, debería hacer mis introducciones más cortas: “De hecho deberías decirles ‘Gracias a los que me leen y los que no #%&$?!#’ ¿Para qué les das más explicaciones”. Tal vez tenga razón, porque yo tiendo a explicar mucho pero ¿cuántos de ustedes me leerían si tuviera una actitud tan pedante? Dudo que más de tres personas lo hicieran.

Obviamente mi amiga estaba un poco de malas, así como muchos de nosotros lo estamos, de ahí muchas respuestas violentas a los ensayos que he escrito con anterioridad pero ¿el estar de malas nos da derecho a perder la educación? ¿El hecho de que alguien opine diferente a nosotros nos da derecho a decirle que se calle? El sentido común me dicta que no (aunque sea el menos común de los sentidos).

            Yo estoy tratando de resolver mi dogmatismo e intolerancia mediante distintas formas: terapia, lecturas, talleres y estos mismos ensayos que me permiten intercambiar ideas con una gran variedad de personas que, semana a semana, me dan la oportunidad de conocer sus puntos de vista. Aunque la gran mayoría de los comentarios son positivos, también me he encontrado con gente que no le gusta lo que escribo y me lo hace saber.

            Lo que me encanta es que, algunas de esas personas, se apasionan tanto que me escriben: “Tú no deberías opinar de esto”, “Es irresponsable que escribas de este tema” “No voy a permitir que escribas eso” “Me parece increíble que opines así”, etc. (y conste que no los transcribí con la violencia que en realidad los recibí).

            Obviamente, ya respondí (educadamente) a esos mails en su respectiva oportunidad y, como lo aclare a cada uno de ellos: Yo NO poseo la verdad universal (aunque mi ego opine lo contrario); de hecho NADIE la posee. Lo que aquí escribo, simple y llanamente, es mi humilde opinión (a veces ni tan humilde, debo admitir); es lo que creo y lo que opino al respecto, así como cada uno de ustedes tiene su opinión respecto a los temas expuestos.

            Alguien podrá decir “Pues infórmate antes de escribir tan irresponsablemente”. Yo no me pongo escribir del Hockey sobre hielo (por ejemplo), porque carezco totalmente de conocimientos mínimos del tema, sólo sé que no me gusta y eso no es suficiente para hacer un ensayo (por lo menos no uno que valga la pena).

            Yo escribo de los temas que me interesan así que, aunque mi nivel de conocimiento no sea de experto, por lo menos sí es una opinión respaldada en lo que siento, veo, leo o escucho al respecto. Tal vez quieran que me ponga a preguntar a medio mundo lo que opina sobre el tema y hacer un artículo “objetivo”: ¿a qué hora? Yo trabajo y esto es un simple hobby/terapia de mi parte, la cual hago con toda la seriedad posible pero tampoco vivo de ello. Aunque debo de admitir que, aunque no reciba dinero por ello, las gratificaciones personales que me llevo son abundantes.

            Aún suponiendo que tuviera tiempo de recolectar opiniones, ¿a qué llegaría? Si nunca he logrado una aceptación del 100% de mis ensayos, ni siquiera de los más melosos, ¿cómo la voy a lograr en los temas más controversiales?

            En otras ocasiones me han dicho que, si yo no he experimentado algunas de las cosas sobre las cuales he escrito, entonces no debería opinar, porque no tengo derecho a hacerlo. ¿Por qué no tengo derecho a opinar? Vivo en una sociedad libre y puedo opinar lo que quiera. Nadie está diciendo que lo que escriba sea totalmente correcto o que sea cierto. Es factible que mis opiniones sean totalmente erróneas ¿Y qué? No soy ni el único, ni el primero ni el último que opinará erróneamente sobre algún tema que no ha experimentado (cuantos comentaristas y entrenadores de distintos deportes no lo practicaron profesionalmente).

            Me llaman la atención todos estos comentarios de “¡Tú no opines!” “¡Cállate!” sólo porque lo escrito difiere de lo que ellos creen. ¿Cuántos de nosotros hemos criticado a personas radicales? ¿A Dictadores o líderes políticos? Todos lo hacemos: la sociedad, las noticias, la comunidad mundial, etc. Pero ¿cuántos de nosotros somos iguales? ¿Cuántos tenemos un Hitler o un López Obrador en nuestro interior? Si tuviésemos la oportunidad, actuaríamos igual o peor que ellos pero, como no la tenemos, nos atrevemos a tacharlos desde nuestra postura de “santos inmaculados” y de seres 100% ecuánimes.

            Tristemente no son pocas las personas que me dicen “¡Tú no puedes opinar!” y ¿saben qué? Voy a seguir opinando, bien o mal, es mi derecho. También sé que voy a seguir recibiendo las expresiones de estas personas que están en desacuerdo con mis escritos y está bien, ¡porque también son libres! Aunque la diferencia radica en que yo no les digo que se callen.

            Aún así, son frecuentes los comentarios de lo que debería y no debería hacer en los ensayos. Tal vez podría hacerlo en busca de ser popular; si escribiera por popularidad mis escritos carecerían de valor (por lo menos para mí) porque no serían auténticos; si buscara poner lo que la gente quiere leer, lo único que lograría sería indiferencia, porque resultaría acartonado e igual a muchas otras personas. No puedo dejar de ser leal a mis principios, creencias, valores, ideales, educación y, resumiendo, a mí mismo. Yo he seguido un principio: Escribo para y por mí, además de que agradezco que ustedes tengan la gentileza de leerme y darme sus comentarios.

            Algo que aprendí hace tiempo es que, a parte de imposible, es muy cansado tratar de darle gusto a todo el mundo, porque cada cual tiene una manera particular de ver la vida y, ese es mi punto, lo que aquí escribo es MI manera PERSONAL de percibir la realidad.

            Les ofrezco una disculpa si no escribo cómo muchos de ustedes quisieran, pero no habito en sus mentes, sólo conozco mi manera de percibir la realidad,  la cual comparto con ustedes, y cuando me dan sus comentarios conozco sus respectivas maneras de vivirla.

            “Mal de muchos, consuelo de tontos” reza el dicho. El hecho de que haya más personas dogmáticas e intolerantes en el mundo, no me debe hacer feliz (bueno, sólo un poco, no lo puedo negar).Sé que debo de mejorar, soy consciente y estoy haciendo algo al respecto pero ¿Qué pasa con todas esas personas que sólo juzgan y no se analizan a sí mismas? ¿No se sentirán solitarias al vivir con la verdad universal en un mundo de simples mortales?

Hebert Gutiérrez Morales

1 comentario:

Anónimo dijo...

Querido Hebert, Espero que este tema ya esté agotado por tu parte y sea suficiente para ti. Espero que te hayas exorcisado.
Con gusto esperaré leer de nuevo algo más fresco y novedoso como lo que acostumbras escribir. Cuando se escribe desde el corazón, con pasión y gusto para sí mismo como tú lo haces, se siente y se disfruta al leerlo.
Un abrazo. Julieta.