sábado, 4 de junio de 2011

Mas si osaré un “íntimo” enemigo.

Cómo amo a este país y, al mismo tiempo, no lo soporto. Casi toda mi vida he estado convencido que nací en la tierra equivocada, sin embargo nací acá por alguna razón, seguramente me toca hacer algo para ayudarlo a ser mejor.


Nunca he salido de mi país así que, de todo lo que está escrito, no tengo referencia contra la cual comparar; pero no es necesario que conozca otros países para que identifique lo que está mal en el mío. Este ensayo es una crítica honesta a mi nación, y no porque no la quiera, al contrario. Ser buen mexicano es no cerrar los ojos a los problemas que nos atañen a todos, no hay que pretender que no pasa nada y que vivimos maravillosamente; ya que es fácil ser civilizado en un país civilizado, lo difícil es serlo en un país como el nuestro, en donde las reglas de cualquier ámbito son meramente simbólicas.

En la preparatoria tenía un objetivo claro: emigrar a Canadá, porque me parece un país con una alta calidad de vida debido a lo respetuosa y/o civilizada que es su gente. Al comentar esto a la mamá de un amigo, me respondió: “Que triste que prefieras huir en vez de quedarte y luchar para que México sea algún día como Canadá”. Eso me caló y me enoje, aunque después reflexione y ví que tenía razón. Hoy en día mi intención (que roza en ilusión) es que México sea algún día como Canadá. Aunque, no puedo negar que es frustrante nadar contracorriente y sentirte sólo en esta lucha de hacer un mejor país. A pesar de que sé que habemos más personas con el mismo objetivo, el sentimiento de que somos pocos sigue siendo abrumador.

Mi concepto personal de un buen mexicano es alguien que cumple las leyes, no se pasa el semáforo, que no tira basura en las calles, que paga sus impuestos, que no daña a su prójimo, que cuida al ambiente, en resumen, es alguien que RESPETA, un concepto desconocido en este país. Nos falta mucho respeto por nosotros mismos y por el lugar que habitamos

            Esas faltas de respeto se reflejan en muchos aspectos de nuestra sociedad: unos hacen como que trabajan, otros hacen como que pagan; unos hacen como que respetan la ley y otros hacen cómo que la aplican. Aquí TODOS pretendemos, es el país en donde todos hacen como que luchan y se preocupan por la situación cuando, en realidad, no pasa nada de eso. Eso se refleja al no tener la decencia de poner la luz direccional al cambiar de carril o al dar vuelta. O cuando vemos a una señora embarazada, con hijos o, simplemente, a una mujer parada y no se le cede el lugar por muchos “hombres” que perfectamente podrían ir parados en el transporte público o en cualquier sala de espera.


            ¿Otro Ejemplo? Los favoritismos, por los cuales se privilegia a alguien por ser un compadre, sobrino, primo, cuñado y ya no digamos familiares directos; esto sin importar que los afectados tengan más capacidad, preparación o experiencia. Esto también afecta nuestro nivel de desarrollo como país porque las personas adecuadas para ciertos puestos no están en ellos, ya que lo está ocupando el sobrino de alguien más.

Los mexicanos tenemos una actitud irrespetuosa, no honramos todas las posibilidades que este país nos da porque, al ser tan ricos, nos dedicamos a despilfarrar lo que tenemos y, a pesar de ello, México sigue siendo grande. Ese mismo lugar que prostituimos, corrompemos, despreciamos, explotamos, desperdiciamos y tratamos de destruir. Me da pena que los foráneos conozcan y valoren más nuestro país que nosotros mismos; por eso mismo hay mucha de nuestra gente viviendo en el extranjero, porque reciben lo que aquí no.

            «La nación está dividida, mitad patriotas mitad traidores, y nadie puede diferenciarlos»– Mark Twain

¿Cuánta de nuestra gente valiosa está viviendo en el exterior? Todas esas personas que tienen impresionantes potenciales, que desarrollan en otros lados porque les dan los medios para hacerlo, en lugar de los obstáculos que aquí encuentran. Y es triste, porque ellos quisieran vivir aquí, por lo rico que es México en tantos aspectos (recursos naturales, abundancia cultural, tradiciones diversas, clima estable y benigno, distintas posibilidades geográficas, calidez humana, etc.) pero prefieren afrontar las vicisitudes que enfrentan en otras culturas con tal de vivir mejor; y no los culpo, si tuviera la posibilidad de desarrollar una familia aquí o en el extranjero, lo dudaría un momento por cuestiones sentimentales, pero mi decisión sería obvia, siempre buscando el bienestar de mi (hipotética) familia. Lo irónico de esto es que, la gran cantidad de gente valiosa que estamos perdiendo, se debe a que nosotros mismos (la gente) no estamos cuidando nuestra nación.


El pueblo mexicano es egoísta, pero a lo estúpido, ya que no vislumbra las ventajas del bienestar general, sólo ve por el propio, pero de manera desleal. Al mexicano no le importa si hay un beneficio para la mayoría, si puede sacrificarlo por obtener un beneficio propio lo hará sin ningún remordimiento. De igual forma, si puede elegir entre un beneficio único y a corto plazo en lugar de uno constante a largo plazo, sin dudar toma el más rápido e ignora que a la larga saldrá más beneficiado.

Somos una sociedad estúpida y dogmatizada por la religión, por la TV, por los políticos y por nosotros mismos a través de una sociedad prejuiciosa e implacable al momento de juzgar. No analizamos y no comprendemos, sólo reaccionamos, somos una sociedad inmadura, somos como adolescentes en donde sólo queremos ver por nosotros, sin razonar las consecuencias futuras de nuestras decisiones. Y es que las decisiones maduras, ésas que nos harían crecer como nación, son impopulares. Si puedo agandayar hoy y salir beneficiado hoy, ¡perfecto! Me vale madre el bienestar de los otros, no me importa si estoy dejando un país o un mundo de la chingada, aunque esas consecuencias negativas me vayan a alcanzar a mí o a mis seres queridos.

Pero ¿por qué no somos dedicados? Lo veo en las clases de Salsa. Hay ocasiones en que entran personas con una facilidad impresionante para bailar la cual, obviamente, debe ser pulida. Esta gente, que se sabe habilidosa, se impacienta y no quiere saber de técnica, porque ya quiere ser profesional de golpe y porrazo, así que se desesperan y abandonan las clases. Esto pasa porque no tienen la disciplina ni paciencia para ir perfeccionando esas habilidades. Normalmente los que tenemos más perseverancia, aunque no precisamente talento innato, somos los que llegamos a niveles avanzados. ¿Qué pasaría si los habilidosos también fueran pacientes? Creo que los pocos que lo logran son los contados bailarines profesionales que tenemos en México. Por esa falta de perseverancia, siempre acabamos tomando la ganancia a corto plazo en vez de aguardar a identificar los beneficios a mediano o largo plazo, que normalmente son mayores. Nos falta mucho esa madurez, visión, paciencia o como quieran llamarlo.

Y, hablando de madurez, ¿hasta cuando vamos a culpar a los españoles por conquistarnos? ¿A Santa Anna por vender la mitad de nuestro país? ¿A Díaz por privilegiar a los extranjeros? ¿Al PRI por 70 años de atraso? ¿Al PAN por no cumplir nuestras expectativas? ¿Al Tri por no ser ganador? Y a todos los que quieran, ¿Hasta cuando nos vamos a hacer responsables de nuestras vidas y nuestro país? Queremos los privilegios pero evadimos las responsabilidades, todos queremos un buen país, pero nadie quiere invertir su tiempo, esfuerzo, moral, educación o dinero en que así sea, que alguien más venga a hacernos el favor de arreglar nuestro desmadre.

¿Por qué, culturalmente, estamos en espera de un héroe que nos venga a salvar?

No esperemos a que “Papá Gobierno” venga y nos resuelva todos los problemas, y así nos ponga la mesa para que, ahora sí, podamos comportarnos civilizadamente y por fin tener un país desarrollado ¡Pues No! El cambio empieza por cada uno de nosotros, no podemos esperar que alguien más venga a educarnos, protegernos, solaparnos o resolvernos los problemas. Sólo nosotros somos responsables de nuestra situación, muchos dirán “No es mi culpa, ¡yo no lo provoque!” Cierto, no lo provocamos pero lo perpetuamos y nadie más va a resolvérnoslo. Cada uno de nosotros, con nuestras acciones y actitudes, somos parte de los problemas o de las soluciones para lograr que este México sea un país digno para vivir con calidad.

Sé que nadie quiere iniciar este cambio, nadie quiere ser el primero en dar ventaja al resto, que es preferible “agandayar” que ser “agandayado” pero ¡alguien debe de empezar con este cambio! Es totalmente ridículo que nadie se mueve mientras todos nos hundimos, porque no quieren ceder ventajas; es como menciona Fernando Delgadillo en una de sus canciones “Nadie quiere perder su lugar en la fila que no lleva a ninguna parte”. Aunque todos sabemos que estamos mal, nadie quiere romper este circulo vicioso de corrupción y agandaye.


No nos quejemos de la realidad que tenemos porque la merecemos. Si no nos gustara, ya la hubiéramos cambiado desde hace tiempo. México es el país dónde la gente ve cuatro horas diarias de TV pero sólo lee medio libro al año, en dónde se paga la despensa familiar a meses sin intereses, en donde se exigen servicios de primer mundo cuando sólo un tercio pagamos impuestos, de los cristales rotos, de las mallas destrozadas, la basura en la calle, de las casa malpintadas, todo porque esperamos al momento adecuado para remendarlo (no arreglarlo, sólo parcharlo).

Vivimos en el país en el que sólo se realiza lo que se supervisa, en dónde preferimos poner una llanta con una piedra para indicar dónde hay un bache en lugar de taparlo, en donde preferimos “bachear” en lugar de pavimentar la calle de manera eficiente a la primera. Nuestro gandayismo e irresponsabilidad siempre serán mayores, por lo que siempre sacamos provecho para llenar nuestras necesidades personales de corto plazo, sin importar que obstaculicemos el bien común de largo plazo. Somos desleales con nosotros mismos, esa misma deslealtad que le echamos en cara a los funcionarios públicos, pero que nosotros mismos actuamos día a día, como zamparte todas las muestras gratis del centro comercial sin la intención de comprar nada, misma actitud que te hace tomar tres cuando el letrero dice “Tome uno”. Esa deslealtad es la que nos da en la madre a todos.

Además de denunciar las cosas que están mal, también debemos actuar de manera congruente al país que queremos, un México desarrollado en todos los aspectos, y que actuemos con respeto a todos los demás. Ser buen mexicano no consiste en desgañitarse gritando “¡VIVA MÉXICO CABRONES!” en la noche del 15 de Septiembre, tampoco lo es emocionarse hasta las lágrimas e ir a festejar al Ángel de la Independencia cuando gana la selección mexicana en el Mundial, o ponerse a llorar cuando pierde y mentar madres cuando lo eliminan en penales; no, eso tampoco es ser buen mexicano. La gente puede tacharme de antipatriota y malinchista por nunca haber gritado “¡Viva México!” O por no festejar al Tri; pero me siento tranquilo y puedo ver a la cara a mi país, porque hablo a través de acciones en vez de estar de escandaloso sin resultados palpables. ¿De qué sirve toda su pasión si siguen con actitudes y acciones tan subdesarrolladas que dañan a este gran país?

 Para festejar sí nos unimos pero, cuando hay un problema en la calle (un accidente, por ejemplo), la solidaridad rara vez aparece, nadie se quiere meter en problemas. La morbosidad siempre está presente, y salta a la primera oportunidad, porque alrededor del incidente, siempre hay una bola de indolentes mirones que tienen todo el tiempo para contemplar la desgracia ajena sin brindar la mínima ayuda; sin importarles que afecten el tráfico y el tiempo de los que sí tenemos algo mejor que hacer. “Mucho ayuda el que no estorba”.

"Amo demasiado a mi país para ser nacionalista." – Albert Camus

Culturalmente somos unos irresponsables. Es ridículo que se nos tengan que dar premios de puntualidad, para no faltar, para pasar de año, etc. Cuando todo eso es nuestra obligación, y ya que estamos acostumbrados a que nos premien por realizar nuestros deberes, nos volvemos cínicos y haraganes. Por lo mismo siempre tenemos pretextos para no cumplir con los compromisos en el plazo fijado: Se me junto la chamba, me cambiaron a la ayudante, no me entregaron el material a tiempo, la muchacha se me fue de vacaciones, etc.

Esa irresponsabilidad viene, nuevamente, de la costumbre de que alguien más decida por nosotros. Cuando ya no la podemos evadir, optamos por decisiones fáciles, que no requieren esfuerzo ni compromiso moral. Somos una bola de conchudos en espera de que alguien más venga a resolvernos los problemas. Debemos tener los pantalones para afrontar las consecuencias de nuestras decisiones y no buscar echarle la culpa a alguien más. Eso no es divertido ni popular, no es guapachoso, por eso no se toman las decisiones necesarias y que, a la larga, se tomarán, más por necesidad que por previsión. Eso sí, como este escrito, nos estamos criticando los unos a los otros por todas nuestras deficiencias así que, si de todas formas nos vamos a criticar, por lo menos que sea por tomar decisiones, aunque sea sobre nuestras propias vidas.

Recuerden que lo barato sale caro, y podemos ver a dónde nos han traído nuestras decisiones fáciles. Si tuviéramos la madurez y el compromiso de hacer lo correcto, adecuado, valiente y productivo, en lugar de lo fácil y rápido, tendríamos otro país; pero, al optar por lo “barato” nos ha costado bastante caro en nuestro desarrollo. Si queremos que México mejore, hay que invertir en él, empezando por los compromisos de cada uno, porque el país no va a cambiar de un día para otro y de manera mágica. En cada uno de nosotros radica la solución para cambiar nuestra realidad y en nadie más.

Y no sólo estamos mal en todo lo que he mencionado, lo patético del asunto es que ya estoy viendo uno que otro mail que diga: “Pues si estamos tan mal ¡Lárgate! ¡Porque así somos! ¡Y así vivimos felices!”. Aceptamos que estamos mal y todavía defendemos nuestro Status Quo, nuestro Modus Vivendi, eso es lo peor: hasta orgullosos estamos de ser como somos, porque esa es nuestra conformista identidad mexicana. Es chistoso, porque somos tan malinchistas para ciertas cosas, pero ojala lo fuéramos para todo, y algo bueno sacaríamos. Me gustaría que copiáramos las acciones de desarrollo y buenas costumbres de otros países, ¡Pero no! Cuando se trata de desarrollo o ideas productivas, ¡Ahí sí somos bien mexicanos! Y ahí sí defendemos nuestra identidad, porque estaremos jodidos pero bien soberanos ¿verdad PEMEX?

¿Qué propongo? Podríamos empezar por pagar nuestros impuestos, por no comprar piratería, poner las direccionales al cambiar de carril, darle preferencia al peatón, no tirar basura en la calle, en general, hacer lo correcto en lugar de hacer lo más cómodo, tomar las decisiones más justas, aunque éstas no sean fáciles; empezar a guiarnos por el sentido común más que por la gandayez, ver por el beneficio a largo plazo en vez de echar todo a la borda y tomar la ganancia inmediata. Creo que no es demasiado complicado y, a la larga, eso va a repercutir en un mejor país para los mexicanos del futuro.

 Si queremos un país civilizado y desarrollado, debemos empezar a actuar como gente civilizada y desarrollada, porque lo que nosotros somos es lo que MÉXICO será.
Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

Ely dijo...

Ha! muy atinado tu escrito de hoy. Pero como siempre faltan taaaantas cosas mi querido Hebert ..... Que me dices del racismo entre nosotros mismo??, el clásico no porque es negro!! .. Ha… ahora resulta que todos los mexicanos por naturaleza debemos ser wueros (¿acaso lo somos?). Creo que desde la perspectiva que tenemos de nosotros mismos estamos , terriblemente mal!
El cambio siempre inicia por una pequeña semilla.

erikitawuaoo dijo...

yeah un bn escrito... todolo que escribes es real... debemos madurar... darle una buena importanciaa esas pequeñas cosas para cmbiar nuestra pais como no tirar la basura... ser responsables etc:)
creo que es un articulo interesnte el cual deberian de leer muchas personas...ojala se pueda difundir un poco mas ... y se llege al punto ...