miércoles, 31 de agosto de 2011

La Disposición

            Hace poco más de tres años, un Miércoles alrededor de las 10pm en la oficina, mi entonces jefa y yo estábamos vapuleados, destrozados, desmoralizados, desechos y al borde del llanto (cada cual lloro por su lado, por el pudor de no vernos sollozar mutuamente). Esa noche le hice una especie de promesa “Maribel, ya no quiero ser disponente, no puedo más con esto, es demasiado y ya no voy a vivirlo” Ésa ha sido de las escasas ocasiones (menos del 1% del tiempo) en que odie mi trabajo. Sin embargo casi siempre lo ame, reí, disfrute, me emocione con esa sensación de salvar al mundo (aunque no sea así, el sentimiento se agradece).

            Regresando a ese momento dramático, la razón era que teníamos un problema impresionantemente grande que significaba millones de Euros en autos perdidos y fletes extraordinarios y, lo peor es que, no encontrábamos una solución. Nos iban a correr, ¡Y ni siquiera era nuestra culpa! Creo que no queríamos regresar a casa, porque al otro día teníamos que volver, afrontando las consecuencias, así que te vas a dormir con la esperanza de no tener que enfrentar la realidad a la mañana siguiente.

“Aunque no sea tu culpa, es tu responsabilidad” – Modus Vivendi de los Disponentes.

            Sin embargo, algo que me ha enseñado la Disposición en innumerables ocasiones, es que entre más pronto ataques el problema, más rápido encuentras la solución. Ésa no fue ni la primera ni la última vez que afrontamos y resolvimos obstáculos que parecían imposibles y, de alguna manera, encontramos la fórmula como equipo. No tenemos de otra, por la naturaleza del puesto, el ser individualista te puede costar muy caro en todos los aspectos.

            Cuando alguien de nosotros tiene algún problema, la solidaridad no es algo que falte, porque si hay algo al alcance de nuestras manos, lo hacemos. Y si no hay nada que hacer, por lo menos empatizamos con ese colega, porque NADIE se libra de algún tema crítico en la Disposición, por más orden que haya en sus piezas, siempre hay factores externos que afectan nuestra tarea. Así que, tarde o temprano, alguno de nosotros va a andar corriendo, haciendo malabares para conseguir ese precioso material y evitar el paro de línea; y no son ocasiones únicas, porque la vida del Disponente está llena de emoción y peligro.

            Para los que no lo saben, tanto dentro y fuera de VW, un disponente es el que administra materiales para la línea de producción, simple ¿verdad? Mucha gente así lo cree y demerita nuestra labor pero, si en verdad fuera tan fácil, no estaríamos acá y no habría TANTAS personas con un paso fugaz por nuestro departamento, muchas de ellas salen huyendo hacia otros lados, con tal de no tener que soportar esta vida tan intensa. Para los locos que nos gusta la adrenalina, el estrés de este lugar resulta retador pero, eventualmente, te supera y necesitas entrarle con tu equipo, tu coordinador, tu jefe, tu gerente, tu director y con todos los que necesites para resolver el problema.

            Ingrese a la Disposición un seis de Junio del año 2000, mi intención nunca fue trabajar en Volkswagen, así que sólo venía por un par de años y, más de una década después, sigo siendo feliz aquí. Como me escribieron en el Facebook alguna vez: han sido el par de años más largo de mi vida. Todavía recuerdo la reacción que tuve aquel primer día: me asuste por la violencia con la que se hablaban y pensé “Están a punto de agarrarse a golpes”. Con el tiempo me di cuenta que esa agresividad era parte del lugar, y es provocada por toda la presión que casi siempre vivimos pero, aunque suene ridículo, normalmente no hay mala intención en nuestras expresiones (algún personaje por ahí no se salva, pero es la excepción que confirma la regla). Con el tiempo aprendí a amar todo ese sarcasmo, todo el humor, las risas, las bromas, los juegos y todas nuestras expresiones de originalidad. Tal vez, para la inmensa mayoría de empleados en VW, no es el mejor puesto ni el mejor ambiente pero, para mí, sí lo son.

            Desde que llegue, he visto la evolución del departamento y no recuerdo un año con un mal ambiente, ese lujo de tener buena vibra ya lo desearían en otros lados. Si nos preocupáramos por cuidar el glamour, las formas y los buenos modales nos volveríamos locos y no me refiero a la manera lúdica en la que ya lo estamos. Todos los días encauzamos esa energía en bromas, chistes y demás expresiones que nos relajan y nos ayudan a hacer mejor nuestra tarea; esas expresiones son parte de nuestra personalidad, y me alegro que tengamos un alto nivel de estrés porque no hay tiempo para hacer política (aunque ésa existe en todos lados) y, como la relevancia de ésta no es tan grande como en otros departamentos, nos podemos llevar mejor.

A veces siento que todos en la Disposición estamos locos, y así debe de ser porque, teniendo una labor tan ingrata, es increíble que seamos felices aquí. Esto es notorio con todos los chiflidos, la música, el escándalo, los gritos, las burlas y todas estas muestras de felicidad (neurótica, pero a fin de cuentas, felicidad) que tenemos. De vez en cuando alguien recupera la cordura, se da cuenta en el manicomio en el que trabajamos y emprende la huída laboral a otro lado. Somos quejumbrosos por la labor, y con justa razón, pero el ambiente que hacemos es muy especial (enfermo, dirían en otras áreas) en donde la camaradería y amistad no es extraña. Por eso me gusta estar en “la Dispo”, porque soy aceptado con mis excentricidades (incluyendo mi manera tan particular de pensar) y, por lo mismo, es como mi hogar.

          He visto otras áreas en donde son más tranquilos, civilizados, educados y respetuosos, pero ésa no es la personalidad de la Disposición, la cual se ha mantenido en todos los años que llevo trabajando en ella, tal vez por eso somos el “hijo feo” de la Logística pero tampoco pueden vivir sin nosotros, porque alguien tiene que hacer este trabajo sucio y no cualquiera puede (ni quiere) hacerlo o soportarlo.

          Admito que parecemos mercado, manicomio, zoológico o circo, porque aullamos (y es literal), nos gritamos en vez de marcar la extensión telefónica (a dos pasillos de distancia), corremos, nos estamos molestando y poniendo sobrenombres todo el tiempo (siempre en buena lid) sino también para reírnos con esa persona; porque eso nos caracteriza: al que fregamos, también se ríe, porque normalmente son bromas ingeniosas, además sabe que “el que se ríe se lleva” y los papeles se cambian con frecuencia. Afortunadamente casi todos nos llevamos bien y, al que no “juega”, se le respeta la decisión y no se le molesta, lo cual habla de nuestro civismo y educación (para que vean que no somos tan agresivos), porque no se trata de faltar al respeto a nadie.

«El trabajo es todo lo que se está obligado a hacer; el juego es lo que se hace sin estar obligado a ello».– Mark Twain

          No somos perfectos, ninguno lo es, dentro de nuestra fauna tenemos de todo: traumatizados, patanes, fresas, ególatras, acomplejados, risueños, reservados, bonachones, amargados, bobalicones, intelectualoides, antisociales, neuróticos, paranoicos y demás ejemplares. Me gusta percibirnos como gente virtuosa más que parias sociales, aunque sí tenemos a algunos personajes de dudosa reputación, pero son los menos. En realidad, estas personalidades psicóticas no le hacen daño a nadie. Nosotros mismos nos acoplamos, nos complementamos y nos contenemos los unos a los otros, y ése es el fuego, el combustible del motor que nos hace trabajar, el movernos, el divertirnos y sacar adelante esta actividad que no cualquiera se avienta a hacer.

          Siento que el poco reconocimiento que recibimos (las escasas veces que lo recibimos), refuerza nuestro masoquismo, por lo que nos acostumbramos al maltrato psicológico dentro y fuera de nuestra área. Y este homenaje que le estoy haciendo a mi departamento es por los buenos resultados que damos día a día., para reconocer desde dentro lo que muchas veces no se hace de fuera. A veces somos melodramáticos y exagerados, pero si vieran la cantidad de ataques, dudas y suspicacias de las que somos objeto, comprenderían más nuestra actitud y, aún así, somos un gran equipo. Esa esencia y carisma que tenemos no se modifica con los cambios de sistemas, de gerentes, de proyectos, de personal y de estructuras, siempre hacemos un buen trabajo.

Amo los fines de semana, porque tengo otras actividades, me pongo a leer, a escribir, a bailar, comidas con mi familia o amistades, etc. Pero NUNCA me molesta que llegue el Lunes, de hecho lo recibo con felicidad, porque vuelvo a ver a todos en la oficina y la diversión vuelve a comenzar. Creo que, durante más de once años, puedo contar con los dedos de una mano los días que no he querido ir a trabajar. Tenemos etapas muy inhumanas y muy pesadas (críticos y cambios de modelo), pero no deja de ser entretenido ir a molestar al resto de tus compañeros en Pro de desestresarnos mutuamente y hacer el día muy disfrutable. Me encanta que cada uno de nosotros tiene sus rituales personalizados con cada cual, yo mismo soy llamado de seis o siete maneras diferentes dentro de la misma Disposición, esto varía de uno a otro. Todas esas maneras de saludarse, de “agredirse” y, sobretodo, de apapacharse, son nuestras formas raras (pero auténticas): de apoyarnos y hacernos el día más ameno.

Aunque no soy amigo de toda la gente en mi Gerencia, con la gran mayoría sí tengo muy buena relación. No podría estar en un área con un ambiente pesado y poco amigable, sin importar lo educados que sean, lo ordenados que trabajen, lo ligero de las funciones, las oportunidades de desarrollo profesional o lo bien que paguen. En ninguna de esas áreas la Disposición se caracteriza pero hay algo en que nadie nos gana: el buen humor. Para mí, el gusto de ir a la oficina es un aspecto muy importante, que no tiene precio y que ni siquiera, se puede imponer en un área; porque es algo que se da con la química de las personas y del departamento que conforman.

Ciertamente el dinero es importante en nuestro mundo, ¿pero acaso no lo es el ser feliz? Creo que la calidad de vida se mide en risas y la mía en la Dispo es alta, porque me estoy riendo la mayoría del tiempo, sin importar si estoy fregando a alguien o alguien me está molestando a mí (siempre en buena lid), y esas risas no las compra el dinero. Independientemente si me pagan bien o no, si tengo buenas prestaciones o no, o si estoy en una empresa de renombre (que sí lo estoy); todo eso no me importaría si no me divirtiera todos los días en mi trabajo.

          A veces siento que somos como chamacos, porque nos la pasamos jugando y los más chistoso de todo es que hacemos bien nuestra tarea mientras nos divertimos, y hemos aprendido a hacerla seriamente y, por eso mismo, con más gusto. Eso es tan valioso que cualquier organización lo quisiera en todo su personal; no quiere decir que no tengamos problemas pero, por el ambiente tan bueno, uno los resuelve con más eficiencia por el apoyo de los demás. Al igual que los otras gerencias somos como un “Pueblito”, así que cuando llega “Radio Pasillo” con los chismes, estos corren a una velocidad impresionante (peores que viejas argüenderas), pero es muy divertido porque tenemos de todo: cada loco con su tema por lo que el ambiente es muy rico y lo compensa todo.

“No dejamos de jugar porque envejecemos, envejecemos porque dejamos de jugar” -Bernard Shaw

          Me siento MUY orgulloso de haber sido disponente, porque es algo que entiendes hasta que lo vives. Aunque muchos no nos den el valor que merecemos pero, hasta que hagan nuestro trabajo, tendrán la calidad moral de criticarlo; cuando traten con los problemas tan complejos y con procesos tan complicados, entonces podrán tacharnos de lo que quieran, mientras tanto no se los puedo permitir. Eso es lo triste de nuestro puesto, porque SIEMPRE vamos a ser culpables, hasta que se demuestre lo contrario y, lo que es peor, aunque se llegue a demostrar lo contrario, ¡lo seguimos siendo! Y es que esa culpabilidad ya viene implícita al puesto, usando términos religiosos, uno ya nace pecador y condenado sin siquiera aprender a caminar. Creo que por este simple hecho hay que admirar a los que realizamos esta labor, por toda la adversidad que uno tiene que afrontar.

          En verdad admiro a mis colegas que llevan más de 20 años disponiendo, con un aguante impresionante, auténticos súper hombres, por lo que estoy seguro de algo: el día que se mueran será de lo que sea, menos de un paro cardíaco. Y, hablando de la salud, también quiero reconocer a nuestros “soldados caídos”, los cuales resistieron todo lo que pudieron y, por enfermedades ocasionadas por el desgaste, tuvieron que salir prematuramente del departamento, antes de que les costara la vida (literal). A pesar de lo mucho que venero a nuestros veteranos, ya no puedo más, el desgaste moral acumulado durante más de una década es impresionante; lo podría seguir haciendo, pero ya no quiero, ni tampoco tengo la necesidad de demostrarle nada a nadie, además de que quiero hacer otras cosas.

          Cuando empecé a buscar otro puesto, en otras Gerencias, me fui dando cuenta que quería cambiar de actividades, pero no de oficina así que, felizmente, seguiré en este departamento que tanto quiero, aunque con otras funciones. Y es que el ambiente aquí es maravilloso, en verdad me encanta, me siento como en casa cuando vengo a trabajar. Obvio que no es perfecto pero, independientemente de todas las vejaciones que sufrimos, no creo que haya mejor lugar para trabajar (por lo menos para este masoquista)

          Hoy dejo de ser disponente, pero me mantengo en la Disposición. Muchos me critican porque debo cambiar de aires, que necesito conocer otras áreas para poder comparar o para poder crecer, tal vez tengan razón. Se me han presentado dos oportunidades serias de cambio: enuna yo no quise (por el ambiente) y en otra no se pudo. No me cierro al cambio, porque sé que algún día puedo encontrar algo que me haga salir de mi hogar en VW y, con dolor en mi corazón, tendré que partir. Pero hoy, que es lo único real que tenemos, estoy feliz de trabajar aquí.

          Aunque estoy algo triste por dejar de ser disponente, mi alegría es mayor. Ya no odiaré Junio ni Diciembre por los cambios de modelo, también podré contestar el teléfono de noche sin la neurótica pregunta “¿Habrá algún crítico?”. Definitivamente eso no lo voy a extrañar en absoluto, por eso dije “Ya no más, ¡gracias por liberarme!”

            No hay mayor satisfacción laboral que el ser feliz en tu puesto, afortunadamente lo fui, aunque no es mi primer trabajo, lo ame como si lo fuera. Mucha gente se queja de la Disposición (y con argumentos), pero las cosas buenas sobrepasan por mucho a las malas y por eso no me cambio de área. Seguramente hay lugares mucho mejores en VW, con cargas de trabajo más tranquilas, mejor organización, más respeto, trato humano de los altos mandos, menos exigencias y hasta mejor pagados. A pesar de lo ingrata que pueda resultar nuestra área, es muy divertida, a pesar del escaso reconocimiento que se recibe tanto dentro como fuera. Nosotros mismos nos reímos de nuestras desgracias y nos encargamos de pasar buenos momentos, porque el trabajo de por sí no es fácil como para estar amargándonos la vida.

            Hebert Gutiérrez Morales.

1 comentario:

varelad1 dijo...

Felicidades por el cambio Hebert y mucho éxito en tus nuevas responsabilidades.
Estoy muy de acuerdo con lo que escribes de la Dispo y personalmente a muchos de esta Gerencia los considero excelentes personas (tú incluido por supuesto). Saludos,