miércoles, 10 de agosto de 2011

Los que se van

            Ayer el cielo lloraba a cántaros y una parte de mí lo acompañaba, este lamento empezó desde la semana pasada; cuando llegue de Alemania, me recibieron con la terrible noticia de que una de las dos amigas más queridas que tengo perdió a su bebé. Ella significa mucho para mí porque la respeto, quiero, admiro, me es muy importante por ser mi confidente y, además, suele ponerme en mi lugar.

            ¿Hay algo más trágico que perder un hijo? No importa si es nonato, recién nacido, de diez años, de 40 años, la edad es irrelevante. No me puedo imaginar el dolor que siente mi amiga y su esposo (que también es un gran tipo, además de ser un buen amigo). Me siento impotente al no poder hacer nada más que respetar su dolor y su necesidad de soledad en este momento tan amargo, por lo que necesitan distancia para sanar su herida, que normalmente no sanan, sólo quedan cubiertas por un manto de resignación.

“Los muertos nunca acuden a su propio entierro” – Carlos Ruiz Zafón (“La Sombra del Viento”)

            No es la primera vez que me entero de que alguien pierde a su hijo, pero es la primera vez que en verdad me afecta, por ser alguien tan vital para mí. A pesar de ser misántropo, NUNCA he deseado la muerte de alguien en particular, mucho menos de alguien tan importante para dos amigos que tanto quiero.

            Otra razón para el llanto nocturno celeste fue la muerte de Laysha, la perra (por no decir hija), de mi amiga Ana. Cómo lo mencione en el ensayo de mis perras, siento más afinidad con los canes que con los seres humanos, y es que no existe uno malo en el mundo (por lo menos no por su voluntad), ya que son seres nobles y tan puros que el día que los humanos no tengamos defectos, será porque nos habremos convertido en perros.

Laysha
            Todavía no me queda claro si fue una Huskie o una Alaska, eso nunca importó para quererla y menos importa ahora que ha partido. No tenia una gota de malicia en sus venas, con todos se llevaba bien y, por lo mismo, todo el mundo la quería y apapachaba. Laysha siempre tenía una muestra de cariño para el que estuviera dispuesto a aceptarla. Era tan noble que, estoy seguro, se aferró a los últimos momentos de su existencia pero no por ella, sino porque no quería dejar a su familia con el dolor de su ausencia.

            Siempre la saludaba y me despedía de ella pero, el Lunes pasado tenía prisa y, aunque estaba tumbada por la enfermedad que la aquejaba, no me despedí de ella. Pensé que la siguiente vez la iba a ver como cada semana, la iba a acariciar y me iba a llenar de todo el infinito cariño que me daba cada vez que me veía. Ayer en la noche, antes de que el cielo se cayera a cántaros, en un claro llanto por los que se fueron y los que se irán, recibí el mensaje de que Laysha había partido y con ella ese generoso amor que me daba en cada encuentro.

           «El arte de vivir consiste en conseguir que hasta los sepultureros lamenten tu muerte».– Mark Twain

            Dos seres pequeños e indefensos, distintos pero a la vez muy importantes para mí, aunque no fueran “míos”, se fueron. Uno se pregunta ¿por qué ellos? Habiendo tantos seres nocivos para este planeta, ¿Por qué Joaquín? ¿Por qué Laysha? No lo sé. No creo en Dios, o por lo que creo que es, es como si no creyera en ese concepto, así que no tengo, ni necesito, a quién preguntarle. Para mí será más fácil y rápido aceptarlos como hechos de vida, más que a los padres que se quedaron huérfanos; porque no sólo los hijos se quedan huérfanos cuando mueren sus padres: no debe haber peor orfandad que la de padres, o amos, que son abandonados por sus pequeños seres dependientes.

            No todas las partidas son de este plano existencial, algunas son del país. Tengo dos amigos que parten al extranjero en las próximas semanas. Una amiga no quiere, pero no tiene opción, porque su familia es más importante.

           Extrañaré su sonrisa y chispa, la cual comparte sin restricciones y que ilumina cualquier lugar al que llegue, tampoco es mezquina al momento de regalar un abrazo, un detalle o unas palabras de cariño o de humor que nos hacen reír. Aunque está triste, se va a Alemania, en donde no tendrá problema alguno para adaptarse a esa vida tan civilizada, aunque tal vez se sienta un poco frustrada por no poder dar todo ese amor que está acostumbrada a dar al por mayor, por la calidez que hay en México, pero es obvio que es más importante por lo que se va.

           “Nunca conoces tus verdaderos sentimientos hacia una persona hasta que deja de estar en tu vida” - Douglas Kennedy (“El momento en que todo cambió”)

Por otro lado, mi mejor amigo entre los hombres, también parte por un par de años, tal vez sea de las tres personas con la que más he convivido en el último lustro. Dos años se pasan rápido pero, cualquiera que conozca a Beto, sabe que uno lo extraña desde la primera semana de ausencia. Es una persona tan virtuosa y positiva que si la humanidad tuviera la mitad de sus cualidades, sería inimaginable el paraíso en el que viviríamos, por lo difícil que es encontrar a un humano con ese calibre.

No voy a ocultar mi preocupación porque se va a un país, considero, peor que el nuestro, él está consciente y lo afronta con esa valentía que le envidio y, es factible, que por eso sea su amigo: por todo lo que le admiro y quiero aprender de él. A veces la hace de mi amigo y a veces la hace de mi padre, pero es innegable el lazo tan fuerte que no se va a romper ni en dos ni en veinte años. Sé que cuando regrese vamos a retomar nuestra amistad como si sólo se hubiese ido un par de semanas.

No me preocupa Beto en sí, porque estoy seguro que será bien recibido, admirado y querido como en todos los lugares del mundo dónde él ha vivido. La diferencia es que antes ni lo conocía y ahora veo partir a un amigo auténtico y fiel, por eso no me preocupa él, pero si todas las diferencias culturales que pueda sufrir allá. Y a pesar de todo ello, cuenta con mi apoyo, y sabe que estoy con él, ya sea en presencia o a la distancia.

           Obviamente estas partidas no se comparan a las muertes de Joaquín o de Laysha, pero también son importantes para mí. Es triste por ese hueco que dejan con su partida, y por la alegría que me dan con su amistad, pero no todo se puede elegir en la vida y hay cuestiones que nos llevan lejos de nuestra tierra. Por el momento la partida de ambos es triste pero también es un paso en este camino de vida que nadie tiene definido y que siempre trae sorpresas.

            Todos estos hechos me golpearon y me recuerdan que cada día que pasa es un paso más a ese destino del cual nadie puede escapar, porque a fin de cuentas somos efímeros como una flor o una sonrisa, sólo que con un poco más de duración. Me resulta evidente mi estupidez por “vivir” como si tuviera el mañana comprado, al dar por hecho que siempre habrá otro amanecer y que seguiré con mi estable existencia.

“Al dejar este mundo nuestros recuerdos y anhelos no se pierden, sino que pasan a ser los recuerdos y anhelos de los que vienen a ocupar nuestro lugar” – Carlos Ruiz Zafón (“El Juego del Ángel”)

            Es difícil encontrarle lo positivo a la muerte, y no hay por qué hacerlo, simplemente pasa, sin alguna razón, sólo pasa, y a todos sin excepción, en varias etapas, con distintas personas y en diversas situaciones. En esta ocasión las pérdidas no eran mías pero, como le duelen a mis seres queridos, me duele a mí. Suena a pretexto, pero creo que por eso mismo no entablo alguna relación de pareja, tal vez para minimizar el dolor obligatorio que tenemos que experimentar en esta vida, sé que el costo es alto, porque me estoy privando de mucho amor y cariño.

            Admiro a esas personas que se atreven a enfrentar el sufrimiento por la posibilidad de tener gozos aún más grandes. Me parte el alma visualizar a mis amigos deshaciéndose de las cosas de Joaquín, enterrando a Laysha o empacando para partir. No sé que decisiones tomarán los que perdieron algo tan valioso, no sé si se atrevan a embarazarse otra vez o no; no sé si Ana volverá a tener otra perra o no; sólo puedo soportar y aceptar las decisiones que tomen. ¿Quién los puede culpar si ya no quieren sufrir? Por lo menos yo no tengo el valor moral de hacerlo. Lo único que me queda es guardar silencio y brindarme para lo que necesiten.

Alguna vez leí que no hay que preguntar por qué terminó, sino agradecer que pasó (algún autor Sudamericano del que se me escapa el nombre). El dolor está muy presente y las heridas abiertas, así que ahora no lo podrán ver así, sólo les deseo una pronta resignación, que vivan su luto y lo dejen ir, porque lo peor que le puede pasar a un ser humano es tener una existencia miserable a causa del sufrimiento. ¿Cuánto tiempo? No lo sé, cada cual es distinto a la hora de manejar los duelos, ojala fuese rápido para que avancen en sus vidas. Me encantaría tomar algo de sus cargas ya que, me he cuidado tanto de ello que, seguramente estoy fortalecido para aguantar.

¿Por qué escribo esto? Porque el blog se ha vuelto un medio de expresión muy importante para mí, no sé si les sirva de algo este escrito a ellos, pero sí me sirve escribir, no sé si ellos sientan algo al leerlo, o siquiera si lo vayan a leer, pero es mi manera de demostrar mi duelo, mi solidaridad, el hecho de que me importa lo que les pasa. Para muchas personas puedo parecer frío, cruel, cínico y hasta sádico, y tienen razón: lo soy . . . . . con los seres que no me importan. Sin embargo hay personas que me han demostrado su valía a través de su calidad moral y, cuando los encuentro, no puedo evitar sentir empatía por sus alegrías, sus éxitos, sus fracasos, sus pérdidas y demás eventos vitales que les pase. Por eso mismo me refugio en mi soledad porque esa empatía me cala profundo y por eso mi círculo de amigos es escaso, porque me importa lo que les pasa.

Creo que si fuese posible, todos tendríamos siempre a nuestros seres queridos cerca; todos nos mudaríamos al mismo tiempo y viviríamos las mismas alegrías y tristezas, para perpetuar nuestros lazos. También la muerte resultaría más fácil si todos partiéramos el mismo día, a la misma hora y en el mismo lugar, para evitarnos sufrimientos. Sin embargo no se puede.

La vida es una cadena de nacimientos y muertes, y me refiero a relaciones, amores, odios, etapas, trabajos, familias, creencias, lealtades y muchas cosas más que vienen y se van todo el tiempo. Son bellos los nacimientos y nadie le agrada las muertes, pero no puede haber unos sin otras en el ciclo interminable de vida.

¿Quién sigue o qué sigue en esta cadena? En realidad no interesa, si vamos a preocuparnos por nuestra siguiente pérdida, vamos a dejar de disfrutar lo que tenemos, somos o vivimos en la actualidad. Nuestra inconsciencia se evidencia porque siempre nos sorprendemos cuando algo acaba, lo cual sabíamos de antemano. Héctor Lavoe así lo cantaba en “Todo tiene su final”. No entiendo por qué los humanos nos negamos a aceptar el fin porque, aunque sabemos que nunca será así, creemos que todo es para siempre, o por lo menos así vivimos.

“Cuando alguien muere aprendemos más sobre la vida de lo que sabemos sobre el fallecido” – John Katzenbach (“El Psicoanalista”)

La consciencia de lo efímero en los momentos de duelo, ésa que sólo nos dura poco tiempo, me encantaría tenerla siempre pero en unos días volveré a retomar mi modo de vida “inmortal” de ser humano. Me encantaría ser sabio y maduro para aceptar los hechos de vida y para superar miedos, así me arriesgaría más al sufrimiento con el fin de experimentar más alegrías. Por eso tenemos pérdidas en nuestra existencia, para recordarnos que debes disfrutar la misma todo lo que puedas porque puede acabar en cualquier momento. En la vida siempre hay algo bueno, por lo menos la misma vida que es algo increíble y envidiable sino pregúntenselo, si pudieran, a todos aquellos que ya se adelantaron.

Adiós Joaquín, tal vez nunca supiste lo deseada que era tu llegada y lo querido que fuiste por tus padres y sus familias, pero también habíamos muchas otras personas que no estábamos relacionados contigo y que te queríamos aún antes de que nacieras.

Adiós Laysha, a pesar de que ya tenías una familia que te cobijaba, habíamos muchos que recibíamos tu cariño y afecto ilimitado, tu chispa y tu amor nos harán falta. Al conocerte uno no se explica cómo puede haber seres “humanos” en el mundo que maltraten a los animales. ¡Qué bueno que te conocí Laysha!

Adiós amiga anónima, vive tu sufrimiento un momento pero no cierres tu corazón a todo lo bueno que viene, a fin de cuentas siempre tendrás un lugar a dónde regresar, pero recuerda que te vas porque hay algo más importante para ti y tu felicidad. Agradezco el tiempo que conviví contigo y la oportunidad tan maravillosa de haberte conocido.

Adiós Beto, ya extraño nuestro cafecito diario entre nueve y diez de la mañana, cuando platicábamos y nos poníamos al día de nuestras vidas, cuando escuchábamos con respeto nuestros puntos de vista de los cuales, muchas veces, diferíamos del todo. Extrañaré que me cuentes tus historias del pasado y tus planes para el futuro, al igual que me compartas tus confidencias y que escuches las mías. Te voy a extrañar mucho.

Finalmente, ninguno de estos cuatro seres pidió permiso para ingresar a mi vida, así que tampoco lo necesitan para retirare de ella, pero agradezco que hayan estado ahí por breve o larga que haya sido su estancia.

“Recuérdame, aunque sea en un rincón y a escondidas. No me dejes morir. Mientras se nos recuerda seguimos vivos” – Carlos Ruiz Zafón (“La Sombra del Viento”)

Hebert Gutiérrez Morales.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hebert,

Leí tu blog porque Alex me comentó que habías escrito sobre Joaquín. De más está decirte que estoy muy conmovida y no puedo ni ver el teclado por lo mucho que estoy llorando. Pues sí, Hebert, estos son los momentos en los que uno necesita a Dios para aceptar las cosas y para creer que algun día Joaquín y yo nos vamos a reunir para vivir juntos lo que no pudimos vivir en esta vida. Quiero creer que Joaquín está con mi abuelita, con mi abuelito y que Hannah talvez se anime a jugar con él... Han sido los días más difíciles de mi vida y los días en que he descubierto que la vida te puede doblar, tirarte y arrodillarte en dos segundos, y que no podemos ser tan soberbios para creer que todo va a pasar como nosotros queremos que sucedan. Mucha gente me ha dicho que no me pregunte "por qué a mí?" sino que debo preguntarme "para qué?"... y aunque he tratado, no dejo de preguntarme no "por qué a mí?", pero sí "por qué mi frijolito?", "por qué mi hijo?"... y no entiendo. Lo que sí te puedo decir es que toda esta experiencia me ha cambiado la vida, ya no soy la que fui hasta la mañana del 22 de julio. De hecho, mi visión del mundo cambió desde que supe que una vida estaba creciendo dentro de mí, pero mi visión cambió más en cuanto supe que esa vida se había apagado y que sólo podía quedar en mi corazón, en mi memoria.

Te acuerdas que algún día te comenté de la canción de Joaquín Sabina que dice que no hay peor nostalgia que aquella de lo que nunca sucedió? Tiene razón, pues me duelen todos los planes, todos los sueños e incluso las dificultades que vislumbraba a futuro y que no se van a concretar, al menos con Joaquín... Quién va a imaginar que lo siguiente que vas a necesitar para tu hijo es una urna y un nicho?... De pronto me siento perdida y no veo cómo seguir adelante. Y es muy difícil, no tienes idea, y espero que nunca la tengas, por que es un dolor enorme que aún no siento fuerza para regresar a algo tan trivial y tonto como el trabajo.

Después platicaremos, más, pero por el momento te agradezco que seas mi amigo, que estés a tu manera pidiendo por nosotros y que hayas querido a Joaquín, es de gran confort saber que es muy querido. Por tu forma de ser y por mi forma de ser, pues no lo expresamos tal cual, pero creo que sabes que te quiero mucho y que mi casa está abierta para cuando quieras venir a platicar o a estar con nosotros.

Muchas gracias por estar ahí.

Lesly

Yoghurt McCloud dijo...

Yoghurt!
Yo sé y tu sabes lo que es perder a seres amados... es algo que nos hace saber que aún estamos vivos y muriendo al mismo tiempo.
Así como llega la vida se puede ir, en un abrir y cerrar de ojos. Dejando a los que quedan atrás medio muertos, medio vivos... pero al final ahí.
Un abrazo.

Qcho dijo...

Amigo, la verdad me siento bendecido en estos últimos años por la permanencia de mis seres queridos, digo, en el amor he perdido mil cosas, pero, doy gracias que ellas también se mantengan en este plano de mi vida. Recuerdo ya hace muchos años mínimo unos 15 cuando mi madre a media noche nos despertó, para despedirse, fue un momento de shock para mi pues es la persona a la que más quiero, por todo este vinculo maternal y pues porque siempre me ha protegido y cuidado de casi todas mis enfermedades. Hemos estado muy ligados, de hecho no hace mucho cuando escuchaba esa canción de Ricardo Arjona “Mi novia se me esta poniendo vieja”, no te miento que solté un par de lágrimas, incluso con muchas ganas de salir a abrazar y despertar a mi viejita y darle un beso, pero en tal hecho, bueno, supongo que al verme así se preocuparía de más, por lo que omití hacer eso y cerrar mi puerta. Al siguiente día, bueno le confesé lo que había ocurrido y la abrase. De ahí, bueno siempre he dicho que yo no tengo abuela, por el hecho de que nunca me lleve bien con ellas, aunque sentía esa estimación, no fue el trato como de esa clásica abuelita de telenovela, entonces, al perderlas pues me resulto algo normal de la vida. Parece algo frio, pero por más que trate de llorar con una de ellas, no pude.
Por lo de la perdida de un bebe, hace unos años lo sufrimos con mi hermano, pero tanto mi cuñada y mi hermano se recuperaron y ahora está con nosotros nuestra China, la pequeña Valentina que nos alegra con sus ocurrencias, y bueno, de regreso a la actualidad mi hermana tiene algunos detalles con su embarazo, pero, estoy seguro que todo saldrá más que bien.
La cierto es, que soy un pesimista renegado a lo malo, por más que mi actitud cabizbaja ante la vida, estoy seguro que siempre habrá algo mejor por lo que hay que vivir.
Esos sentimientos que se mezclan con las personas que nos rodean, son parte de la vida, como bien dices, la gente llega sin invitación, bendecidos aquellos que se quedan y bendiciones a aquellos que se marchan, por diferentes circunstancias, se les honra, se les quiere y se les perpetúa a lo corto y ancho de su recuerdo. Cuando esos sentimientos nobles salen por afinidad uno descubre que no están de hojalata como creía, es duro ver llorar o sufrir a alguien que con tanto cariño tu procuras, ya sea una persona o una mascota…