sábado, 13 de agosto de 2011

Mein erstes Mal in Deutschland

            Antes de trabajar en Volkswagen, Alemania no figuraba entre mis países favoritos, los conocía por la música clásica y los autos pero en realidad me caían mal, sobretodo por las derrotas en los mundiales de México 86 y Francia 98. Qué vueltas da la vida ahora, que conocí esa cultura en carne propia, no me la puedo sacar de la cabeza ni del corazón.

Nunca he sido una persona muy viajera pero, al ser mi primera vez en el extranjero, me dí cuenta que el salir de tu país ilustra mucho. Adquieres una perspectiva distinta de la realidad, reconoces la valía de lo que tienes en tu tierra, pero también conoces lo que tienen otros países y quieres para el tuyo o, por lo menos, adquieres metas por las cuales esforzarte para mejorar tu lugar de origen. Al sólo conocer los aspectos de tu cultura, tienes unas ideas fijas de lo que es “bueno” y lo que es “malo” pero, al visitar otros lugares del mundo, ves que hay muchas más posibilidades, y lo que creías como absoluto sólo lo es en tu realidad local.

Alpsee (Füssen)
            Desde el primer momento que llegue a Deutschland me encantó por todo el orden, la limpieza, la naturaleza, las mujeres, las casas, etc. Por primera vez en mi vida ví un río limpio y ¡hasta cisnes había en él! (me emoción fue grande al ver que eran reales); toda está alegría creció al manejar entre pueblitos dignos de la historia de “Heidi, la niña de las montañas”, tan irreales con casas increíblemente bonitas y bien arregladas, así que no pude contener el impulso de sacar fotos sin sentido (como turista japonés). Esta sensación de que todo está cuidado y limpio creo que sólo la voy a volver a tener cuando conozca Japón.

            Cuando has vivido en el mismo huso horario desde hace 34 años, con un reloj biológico muy bien definido para las horas de comer, dormir y demás actividades fisiológicas, pues el Jet Lag es algo desconcertante de experimentar, porque ves que es de día y tu cuerpo te dice que debes dormir o al revés, la noche se respira y tu organismo te pide seguir trabajando, lo mismo cuando corría y mi estomago pedía comida. Es fin, es un descontrol enfadoso para alguien tan dogmático, hasta en sus funciones vitales, como yo.

            Aunque lo estudie en la primaria, por primera vez experimente la diferencia entre el Primer y el Tercer mundo (ahora llamadas economías emergentes), y eso se nota en los pequeños detalles. No me lleve música en USB, porque me advirtieron en Alemania está muy penada la piratería, y como no iba a llevar todos mis CDs para comprobar que de ahí los copie, opté por no llevar nada. Por casualidad traía una canción de MP3 en la Lap pero, cuando intenté escucharla, la red del Hotel me lo impidió, y me pidió la licencia para poder escucharla. Traducción: aquí no se andan con jaladas, cuando dicen que algo está prohibido es porque lo está.

Bodensee (Lindau)
            Otro detalle que muestra desarrollo, cuando fui al Súper mercado, te cobran la bolsa, lo cual me parece perfecto para ayudar al ambiente, si quieres muchas bolsas (plástico, papel o tela), pues te va a costar; tampoco hay “cerillitos”, de por sí ni tienen niños, ¿quién la va a andar haciendo de “embolsador”? Por lo mismo en Deutschland no hay servicios inútiles: no van a encontrar “viene – vienes”, encargados de baño, cerillitos, lava coches, limpiaparabrisas y demás “trabajos” que en México resultan tan necesarios por la falta de puestos reales. Por ejemplo, aunque a nadie le disgusta un ingreso extra, los meseros no toman a mal que no les des propina, porque están bien pagados y tienen prestaciones de ley.

Muchos dirán que los alemanes pagan muchos impuestos (hasta el 50% de su salario), PERO se ve en la infraestructura del país: iluminación perfecta, calles limpias y en excelente estado, sin casetas de cobro, sin inseguridad, el cuidado a la naturaleza, el sistema de salud envidiable, el sistema educacional de alto nivel, el equipo policíaco, los servicios públicos en general. En México pagamos menos impuestos, los pocos que lo hacemos, pero aún hay que pagar escuela privada, hospital privado, seguridad privada, clases particulares de lo que sea, casetas de peaje y demás. Esto es culpa de dos entes: el gobierno corrupto y la población desobligada, uno roba lo poco que recauda y la otra no cumple con sus obligaciones, cada país tiene el gobierno que merece.

            Admito que la comida alemana no me fascino, tiene lo suyo pero nada que me encantara tanto como para olvidar el sazón mexicano. Y es que la comida teutona es seca, le falta más sabor, más salsa, más chiste si quieren verlo así. Claro que es rica, pero no es lo mismo que la nuestra. Además los Deutsches no saben lo que es algo ligero: pedí una ensalada para cenar y recibí una llena de papas, pollo asado y unas cuantas verduras, en verdad está difícil mantener la línea con esta dieta. Creo que éste fue el único aspecto que me daba un sentimiento de nostalgia, porque no podía comer a gusto debido a la angustia de engordar. Obviamente seguía engullendo con singular alegría, pero no lo disfrutaba a mis anchas por la engordada que estaba dando.

Heidenheim an der Brenz
Debido a lo anterior, estaba intrigado en cómo le hacen para mantenerse en forma, no vi tanta gente obesa como en México (lo cual no es difícil, ya que somos el segundo lugar mundial en obesidad). Pensaba que los alemanes tengan una dieta secreta o un metabolismo impresionante, ya que están en buena forma para todas las grasas, carbohidratos y alcohol que consumen, sobre todo las alemanas, las cuales están muy bien formadas (no pude evitar darme cuenta). Después averigüe que hay una cultura deportiva muy arraigada, la gente corre mucho y anda en bicicleta, además de que caminan muy rápido. Yo camino rápido para la media mexicana, pero en tierras teutonas mi paso era normal y, por un momento, sentí que había encontrado mi lugar en el mundo. Y hablando de bicicletas, en München había tantas cosas por ver y ya estaba algo cansado por tanto trajín, que pensé en rentar una bicicleta (que las había) pero, por primera vez en mi vida, lamente el no saber andar en bici (¡Demonios!).

A pesar de todo lo experimentado, de por fin vivir lo que es el primer mundo y tener otra perspectiva de la vida, también valore a mi país. No es el mejor, pero México es un buen país, con los recursos que tenemos podríamos ser el mejor pero, honestamente, con la actitud que nos caracteriza dudo que alguna vez desarrollemos todo nuestro potencial. Dentro de nuestros tesoros está la comida, la gente (que la tenemos valiosa y nociva), el clima, la pasión, los recursos naturales, el ambiente y demás. Con los pocos alemanes que tuve una plática larga, me hablaron maravillas de mi país (playas, comida, cultura, etc.). Tristemente, muchas de esas cosas buenas que tenemos son porque las heredamos, no porque las hayamos forjado nosotros, al contrario, están ahí a pesar de nosotros.

       Yo no entendía por qué lo deutsches le dan tanta importancia al clima, y es que en México disfrutamos de uno maravilloso la mayoría de las veces, pero es que en Alemania pasan meses (literal) sin ver o sentir el sol. Tuve suerte que en mi estadía tuviera cuatro días soleados y me parecía comiquísimo que la gente hiciera tanta alharaca por lo mismo, estaban de buen humor, salían a pasear o acampar, hablaban al radio y expresaban su felicidad. Obviamente una semana es muy poco para entenderlos pero puedo imaginar su necesidad de sol después de tanto tiempo de no sentirlo.

Hochschwangau
       En Alemania aprendí a valorar la fruta, la cual es de importación y, por ende, MUY cara. En promedio yo consumo un kilo diario de fruta, porque está muy barata en México y valore la riqueza natural de nuestro país, Deutschland también tiene muchos recursos naturales, pero no con nuestra variedad. En general, la vida alemana es demasiado costosa, sé que ganan más pero, en comparación, tengo la impresión que el costo de vida es demasiado alto, por eso mismo los alemanes cuidan mucho sus cosas y no desperdician nada.


Por un momento intente imaginar cómo sería nuestro México si tuviéramos el amoroso cuidado que los teutones tienen por su país, dicha idea me estremeció pero, no pude visualizarlo. Lo irónico del asunto es que la riqueza natural es nuestra propia perdición, dudo que haya un país tan rico en recursos naturales como el nuestro pero, por eso mismo, despilfarramos de manera tan irresponsable lo que tenemos, y aún nos queda mucha riqueza. Los alemanes no tienen tantos recursos ni variedad como la nuestra, al igual que los japoneses, pero estas dos culturas han aprendido a cuidar lo que tienen, y lo hacen de manera envidiable, por eso sus países lucen más que el nuestro con una calidad de vida sin comparación.

            En una de mis corridas por Heidenheim an der Brenz, vi que la población tiene Empresas grandes; aunque no entre a ninguna de ellas (porque mi proveedor estaba en otra población), me resonó la limpieza que tenían dichas instalaciones, sin contaminación alguna, de hecho atrás de las empresas sólo había bosque, y no se veía que hubiera daños a la naturaleza. Ese compromiso con el medio ambiente de los alemanes ha suavizado un poco mi posición de misantropía, porque he visto que si hay humanos que pueden coexistir con la naturaleza.

Río Donau (frontera entre Ulm y Neu Ulm)
A veces la condición humana es muy sui géneris, como mexicanos tenemos tanta libertad que caemos en el libertinaje, al grado de no respetar nada de nuestro país ni cultura; por otro lado, los alemanes han avanzando tanto respetando las reglas que, siento, llega un punto en donde son cuadrados en su accionar y pensar. A pesar de esta diferencia tan marcada, creo que los alemanes están mejor que nosotros, aunque deberían aprender a “soltarse el pelo” y, ojala, algún día nosotros aprendamos a RESPETAR, que es el principal problema que tenemos en este país: las constantes faltas de respeto hacía todo lo que nos rodea.

       Como buen salsero, me gusta llamar la atención pero, en esta ocasión, sí hubo algunos momentos que me incomodaron por las excesivas miradas de las que era objeto. Tal vez no reciban muchas personas de mis características, aunque las miradas eran distintas de acuerdo al lugar: en los pueblitos eran como de extrañeza y hasta con miedo; en las grandes ciudades (como Stuttgart o München) me veían de manera más curiosa y amigable. Cuando comente esto en mi Hotel me dijeron que era normal, ya que en las pequeñas poblaciones de Deutschland aún hay muchos prejuicios que en las grandes ciudades ya fueron superados. Y es que Alemania hay una cantidad impresionante de extranjeros, durante mi estancia no sólo hable en alemán, también practique mi inglés, español y hasta desempolve mi japonés (Hontou desuyo!)

       Ahora, algo que no apruebo, pero que en cierta manera comprendo, es el prejuicio a los Turcos. Cuando veo este país tan limpio, tan organizado, tan ordenado y tan cuidado, también me indignaría que lleguen personas de otro lado con desorganización, suciedad, irresponsabilidad, corrupción y demás aspectos dañinos para el país; y peor aún, veo que estás personas llenan de hijos al país mientras que yo no tengo ninguno, por lo que el comportamiento que se va a propagar es el dañino y no el responsable. Por eso entiendo que lo valioso de este país haga que se generen sentimientos agresivos hacia los turcos, aunque la violencia nunca será la solución. Seguramente en Estados Unidos ven igual a nuestros paisanos porque, debemos reconocer, que los que entran ilegalmente por allá no son los especimenes más finos de nuestra sociedad.

München
       Sobre la misma idea, reconozco que son muy respetuosos, pero en los vuelos de ida y de regreso, note que el personal de Lufthansa al momento de atender o dirigirse a los pasajeros, les daban preferencia a los alemanes sobre los mexicanos, y no era casualidad, sin importar en cuál de los tres asientos hubiera un alemán o un mexicano, siempre iban primero por el alemán y al final al mexicano. No sé si esto sólo pase en la aerolínea o en todo el país pero si me pareció elitista y, un poco, racista.

Después de ver los ejemplos alemán y japonés, cada vez estoy más convencido que la única manera que nuestro país cambie es que TODO México sufra una catástrofe que nos deje en ruinas (como lo estaban Alemania y Japón en 1945). Me sorprende como países más pequeños sin los recursos y ventajas naturales que tenemos, salieron adelante a niveles que no creo que alcancemos. Necesitamos que destruya TODO para hacer las cosas bien y cuando digo todo me refiero sobre todo a compadrazgos, Instituciones, favoritismos, estructuras de poder corruptas (tanto en la sociedad como en el gobierno) y demás aspectos que nos frenan. Si destruimos todo eso y hacemos las cosas como TODOS sabemos que deben ser, tal vez algún día rebasemos a Alemania y a Japón.

Aunque queramos, no se puede tener todo en la vida, mientras estaba en las ciudades alemanas, se me antojaban unas quesadillas (por ejemplo) pero, honestamente, no puedes tener ciudades como München o Stuttgart coexistiendo con un puesto de antojitos como los que tenemos en México. También hay que aceptar que muchas de las cosas buenas que tenemos, no son factibles en entornos más civilizados. No me resigno a que mi país se quede en el subdesarrollo pero, sí acepto, que muchas cosas de nuestra cultura no serían permitidas en Alemania. Y ahí recordé el ambiente tan ruidoso y alegre que tenemos en la oficina, dudo que los ambientes de trabajo en Alemania sean tan divertidos como el que tenemos en México, pero no sería posible tenerlo por todo ese respeto que tienen por el espacio ajeno (y eso me quitaría el 80% de mis alegrías en la oficina).

Neuschwanstein
No todo es bueno en Alemania, aunque no fui al cine, sé que es muy caro y además todas las películas están dobladas, en la televisión también. Eso sería horrible para mi entretenimiento, que mucho de él viene en idiomas extranjeros. De hecho, en cuestión de reglas, son excesivamente estrictos; aunque no quebrante alguna, ya son varias noches que tengo pesadillas en las que rompo reglas en Alemania y soy castigado, así que comprendo el sentimiento de libertad que en México experimentan los alemanes.

Eso sí, encontré algo en que les “ganamos” a los teutones: estamos más avanzados en precauciones contra nuevos fraudes, extorsiones, clonación de tarjetas de crédito, secuestros, robos y demás. Dudo que los alemanes tengan tantos mails circulando para prevenir las nuevas formas en que alguien nos puede perjudicar la vida. Y aquí pregunto, ¿qué prefieren? ¿Reglas estrictas? Ó ¿estar al tanto de las nuevas tácticas de los delincuentes? En Alemania se quejan del extremo control del gobierno y sociedad, a mí me gustaría quejarme de lo mismo en vez de hacerlo por fraudes en mi contra.

Podrán decir que soy injusto por comparar un país desarrollado con otro en vías de desarrollo (o economía emergente). No estoy haciendo comparaciones en cuestión dinero, esto es cuestión de educación, respeto y compromiso, estos aspectos a todos los niveles: con uno mismo, con su familia, con el prójimo y con el país mismo. Ellos se comprometen y se esfuerzan por tener el mejor país del mundo (no sé si lo logren, pero en verdad se esfuerzan). Alemania no hubiera salido adelante sin el compromiso de su gente, sin importar que tan generoso hubiese sido el apoyo internacional después de la segunda guerra mundial. El nivel de desarrollo va más allá del dinero, muchas veces pensamos que las personas que más dinero tienen son mejores y eso no es cierto (tanto en personas como en culturas). Mientras nosotros no tengamos compromiso, respeto y educación, vamos a seguir como estamos o, si es posible, hasta peor.

Ulmer Münster
En general, lo que más extrañe de mi tierra fue el sabor, y no sólo me refiero a la comida, sino a la gente, al baile, al ritmo, al barullo, al humor y todo lo que trae esa sangre caliente que tenemos. Esa calidez que nos caracteriza y que les falta a los Deutches no es tan fácil de conseguir y ahí mismo me enoje más con mi país, mi cultura y mis raíces, ya que los alemanes la tienen más difícil que nosotros. ¿A qué me refiero? El aprender a ser flexibles, a reír y a ser espontáneos es algo muy difícil y, a veces, no basta toda una vida para emularlo ya que se trae en los genes.

Es más fácil aprender a ser ordenado, respetuoso, seguir las reglas y actuar correctamente. Nuestra meta de mejora es mucho más fácil que la de los teutones, es factible que nunca bailen una salsa con el sabor, cache, cadencia y sabrosura con la que lo hacemos nosotros, tampoco es factible que logren ese juego de palabras tan versátil que tenemos, o el humor con el que nos expresamos; o tal vez les lleve muchas generaciones, con una importante inyección de gente latina, para que desarrollen el “sabor alemán”.

Si cada uno de nosotros empezáramos por nuestro ser, nuestra familia y nuestro entorno, a la larga lograríamos una sociedad más respetuosa, ordenada y limpia. Me indigna y enfurece el poco amor y respeto que tenemos por nuestra tierra, porque es muy fácil el tener un país de primer mundo y, sin embargo, no lo tenemos. No son pocos los extranjeros (sobretodo japoneses y alemanes), cuyas naciones de origen son un ejemplo a seguir, que me dicen que a pesar de todo: los baches, la contaminación, la corrupción, la delincuencia, los topes, la suciedad, la desorganización y todo lo que quieran agregar, prefieren vivir en México a hacerlo en sus países de origen. ¿Se dan cuenta de todo lo que ofrece nuestro país?  A pesar de todo es un buen lugar para vivir, ¿por qué somos mediocres y nos conformamos? ¿Por qué no mejorar y resolver la porquería en la que vivimos?

Sinceramente, no sé si estar agradecido o arrepentido de haber ido a Alemania, porque algo en mí cambio, no puedo identificar si algo nuevo nació o algo viejo murió pero, definitivamente, ya no puedo percibir la vida igual. Algo que ya sabía y corrobore, es que cada país o persona tiene exactamente lo que merece, ya sea en gobierno, ya sea en ambiente, ya sea en calidad de vida. No todo en Alemania en bueno y no todo en México es malo, ambos tienen aspectos positivos y negativos, pero tampoco voy a tapar el sol con un dedo: los alemanes han hecho mucho más y están más comprometidos con su bienestar nacional, cultural y social. A nosotros, de acuerdo a las evidencias, parece que no nos interesa ese bienestar en lo absoluto.

Hebert Gutiérrez Morales.

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