miércoles, 28 de septiembre de 2011

Los colibríes

            Tamara es una gran amiga, la cual tuve la fortuna de conocer por cuestiones de trabajo y, aunque no hemos vuelto a vernos, seguimos teniendo contacto vía mail, a veces de manera trivial, a veces de manera profunda, pero siempre estamos en comunicación. Este Lunes me compartió un breve pasaje de su vida que me gusto mucho y, con su autorización previa, se los comparto a continuación:

Este sábado estaba comiendo en la terraza de tu casa, y tengo un bebedero para los Colibríes durante el verano. Los disfruto muchísimo, a veces hay 4 o 5 comiendo y tienen colores maravillosos. Hay uno que parece pingüino, con su corbatín negro y el pecho blanco. Hay uno rojo que esta gordito, más que el resto, otro anaranjado, les encanta jugar entre ellos, se persiguen, aproximan sus piquitos como en un beso, también los he visto jugando con sus alitas, como en un tierno empujoncito, me recuerda un poco mi niñez al jugar a “la traes” para salir corriendo. Hay uno que tiene un color azul rey ¡precioso!, él se para en la parte de arriba de el bebedero y deja que los demás coman primero, mientras el observa alrededor, después come él, mientras los otros lo esperan, para salir volando todos juntos cuando el termina.  ¡Me fascina su comportamiento!  Adoro los Colibríes, su libertad, su belleza.

Hace 3 semanas tuvimos una tormenta y el árbol de mi vecino, de aproximadamente 30 metros de altura, cayó en nuestra terraza, que es de madera.  El bebedero esta soportado por una “jota” invertida de herrería que se doblo con el impacto derribando el bebedero, sin romperlo.  Mi hijo salió para ver el daño y los colibríes volaban alrededor de su cabeza, tan cerca, que se asusto un poco y al mismo tiempo impresionado que se aproximaran tanto, como queriéndole notificar lo que él mismo ya había visto: su bebedero estaba en el suelo y no tenían comida.

Bueno, al finalizar mi comida mientras disfrutaba del paisaje, se me ocurrió tomar mi cámara y me acerque al bebedero medio metro de distancia para a ver si el Colibrí se acercaba.  Para mi sorpresa, no se intimido. ¡Tome aproximadamente 25 fotografías de mi Colibrí! Tengo tres años haciéndolo, pero es la primera vez que saco fotos.

            Tamara G. Rubio

2 comentarios:

Kris dijo...

Esa historia tierna me convenció que lo que falta en esa casa es un comedero para los colibris. Raro que no se me había ocurrido, porque desde siempre mis papás toman mucho amor en darles de comer a los pajaros en invierno en Alemanía.
Aún así tengo una historia de un colibri que también se ha quedado dentro de mi como algo especial de estos pajaros. Un día llegando a la planta de VW, pasé por el edificio negro y encontré un colibri enfrente de las grandes ventanas de la planta baja del edificio. Era obvio que había chocado contra la ventana, pero no supe si todavía era vivo. Lo tomé en mis manos - no te imaginas lo ligero que se siente - entré al edificio negro, me dirigí con una amiga, preguntandole por una cajita para ponerlo mientras se despierte. (Así siempre había funcionado en Alemania...). Me encontró ella una caja de Canderel, la vació y me la dió. Por experiencia en Alemania el pajarito normalmente se quedó una hora o dos en la caja, al pasar eso (cuando se escucha mover dentro), se abre y el pajaro va volando a su libertad. Llegué hasta el fin del edificio negro cuando en la caja empezó el ruido de volar del colibri. Drrrrrrrrrrrrrrrr.... se escuchó. Pasando la entreda de los directores abrí la caja y salió el colibri... Y me dejó con esta historia. :-)

Anónimo dijo...

Son impresionantes esos colibries, a mi en ocasiones me espantaban en la estación pues se metian y hacian un poco de ruido en los cristales, su choques con los mismos se escuchaban un poco tenebrosos... En la parte de donde se encontraba la televisora habia una planta de plastico en donde se escondian o buscanban comida... y se quedeban por toda la planta alta dando de vueltas.
Lo feo era cuando las comunes tormentas de la sierra norte aparecian, me toco ver algunos caer en el jardín.

En fin mi estimado Heberto.. Nos leemos después..