domingo, 4 de septiembre de 2011

NFL

Durante los últimos meses, que no vi Televisión, fui muy feliz porque tuve mucho tiempo para leer, para escribir, ir al cine, para correr, bailar, internetear, salir a tomar un café, nadar (cuando la lluvia lo permitía) y otras actividades que hasta tiempo me hacia falta, así que no extrañe en algún momento algún programa, pero nada en esta vida es para siempre.

Ayer me han vuelto a instalar el SKY, lo cual significa una derrota moral y material en mi lucha contra la Televisión. ¿Cuál fue el motivo de dicha claudicación? ¿Qué es tan poderoso que me hace traicionar mis ideales y principios contra la caja Tonta? ¿Por qué pongo en riesgo mi valioso tiempo con esta distracción electrónica? Ciertamente hay una razón más fuerte que yo, como lo había advertido al final de aquel ensayo, y es la omnipotente National Football League (o NFL, la liga deportiva más importante y lucrativa del planeta).

La primera vez que tuve contacto con la NFL fue justamente el Domingo 20 de Enero de 1985, con el Súper Tazón XIX entre los 49’s de San Francisco y mis amados Delfines de Miami. Íbamos en el auto y mi papá puso el partido en la Radio, ahí inicio mi relación con el Fútbol Americano y desde entonces (a más de 26 años de distancia) es un idilio que no ha terminado en mi vida.

Desconocía por qué era tan importante lo que escuchábamos pero, por la emoción del cronista, me dí cuenta que era un evento grande y, como quería ser parte de eso, tome partido por uno de los dos equipos: Los Miami Dolphins. ¿Por qué ellos? Porque los delfines están entre mis animales favoritos, porque mi mamá se llama Marina y el Mariscal de Campo de los cetáceos se llamaba Daniel Constantino Marino y porque no me imaginaba a un número (49) como mascota de un equipo (¿A quién se le ocurre tal cosa?). Lamentablemente perdieron “mis” Delfines y, como ya los había adoptado como mi equipo, también inicio una cadena de lustros de un sufrimiento que disfruto año con año, producto de mi fanatismo por dicha organización. 

Desde pequeño me empecé a ilustrar en las reglas y los aspectos técnicos del fútbol americano, sobre todo con los comentaristas de aquel entonces, ya que mi papá lo conocía pero no estaba muy adentrado. La NFL ha sido la única liga, en toda mi vida, de la que puedo seguir todos sus encuentros con interés, así sea uno entre los dos peores equipos, siempre veré gustoso un partido sobre el emparrillado, sin importar que juegue o no mi amado equipo, es más, a veces disfruto más cuando no juegan los Delfines, porque no estoy en una montaña rusa de emociones que me desgasta enormemente.

Algo de lo que me he librado, en casi todos los deportes, es esa pasión irracional que sus fanáticos sienten por lo que pase o deje de pasar dentro o fuera de la cancha. He aprendido a no enojarme a tal grado de abandonar a algunos equipos que antes hacían mi vida miserable por tanta decepción; así que puedo ver casi cualquier evento deportivo sin perder la compostura. Desgraciadamente hay un “casi” y ése suplicio para mi salud mental y emocional son los ya mencionados y malparidos Delfines de Miami (o Miami Dolphins).

Tristemente, en el fútbol americano, soy irracionalmente apasionado como cualquier otro fanático pambolero o de cualquier otro deporte. Al tener el equipo que tengo me pongo estúpidamente feliz cuando ganan, sobretodo un encuentro apretado pero, de igual manera, me torno fúrico, irracional, salvaje, frustrado y enojado cuando pierden un partido, sobretodo uno reñido. Cuando dejan ir la victoria me digo a mi mismo: “Ahora sí se van a la ch*ngd&, ya no los voy a seguir apoyando, p$nch# equipo mediocre, hijos de su &%#”!/” y así me la paso TODA la semana, mentando madres y maldiciendo todo lo que se pueda maldecir (y lo que no, ¡también!).

Pero, justo antes de que empiece la siguiente jornada, vuelve ese amor tan injusto (porque en verdad no se lo merecen) sobretodo la ilusión y devoción, que sólo estaban a la espera del arranque del encuentro, para tomar su lugar en mi corazón. Ese mismo autoengaño que me hace plantear escenarios irreales para que mi equipo clasifique a la Postemporada, pero eso mismo hace que me duela más cuando pierden. Sin embargo, aún estando eliminados, sin importar que sea el último partido de la temporada y van con una marca de tres ganados y doce perdidos, ¡Yo quiero que ganen! Esas victorias para mí son muy importantes, a pesar de que no recibo nada tangible, y que ellos ni siquiera saben que existo y me hacen sufrir.

¿Por qué me gusta tanto la NFL? Creo que son muchos factores, en primera el contacto físico, a fin de cuentas, los seres humanos seguimos siendo animales instintivos, y la violencia no acaba de desaparecer de nuestros genes. Al tener tantos impactos, tienes la posibilidad de festejar jugada a jugada sin la necesidad de que anoten. Otro motivo que me captura es la estrategia, no creo que haya otro deporte que maneje tantos esquemas en todos los aspectos del mismo, eso lo ves al analizar cómo cambia el juego si modificas el rol de un solo jugador a la defensiva (por ejemplo). Las estadísticas es otro rubro que, como ingeniero, me fascina; y es que los gringos llevan el control de todos los aspectos posibles de este juego (algunos bastante ridículos) y te sirven de guía para ver que puede pasar en el siguiente encuentro o por qué se dio el resultado final en el anterior.

Esa alegría que siento al ver la NFL y, sobre todas las cosas, a mis Delfines de Miami, cuando ganan me dan una emoción tan grande que me hacen ridículamente feliz. Tal vez por eso no llegan al Súper Tazón nuevamente, porque es factible que no pueda lidiar con tanta alegría o tanta tristeza. Sin embargo me gustaría arriesgarme un día a ver qué pasa así si son campeones, y espero que eso se dé antes de que muera o que se acabe el mundo (el 21 de Diciembre del 2012).

Como buen fanático, de cualquier índole, también debo tener un Némesis al cual odiar, y esos son los p%&#¡ Dallas Cowboys (ó p$#”%& Vaqueros de Dallas), los cuales me caen súper mal y, admito, también me dan muchas alegrías . . . . . . cuando pierden. Así que hay jornadas en donde tengo doble alegría o tengo doble enojo. ¿Por qué ellos? ¿Por qué no los New England Patriots o los New York Jets? Tal vez porque Dallas es de los equipos con más seguidores en México (después de los Pittsburgh Steleers) y porque me gusta ir contracorriente. Este año se enfrentan mis Delfines contra esos =&#$s Vaqueros, en día de Acción de Gracias, así que esa fecha ya lo tengo pedida en el trabajo para vivir una de mis máximas experiencias deportivas (y les vamos a partir  . . . . . el pavo en su estadio)

También tengo una afición general con la Conferencia Americana, en donde se encuentra mi equipo, por lo mismo, no me agradan los de la Conferencia nacional (en donde están los Vaqueros). Es por eso que, tanto en el Súper Tazón como en los partidos interconferencias, siempre voy a apoyar a los equipos de la Conferencia Americana.

Personalmente no me hace falta la TV para vivir, recién acabo de pasar medio año sin verla pero, con el Fútbol Americano, ha llegado la  época del año en que puedo pasarme poco más de 10 horas continuas, los Domingos, frente al televisor viendo únicamente NFL. Alrededor de la octava hora me pregunto “¿Esto está bien? ¿Debería sentirme culpable?” pero después me vuelvo a preguntar “¿Eres feliz?” y me respondo a mí mismo “¡Sí! ¡En exceso!”, entonces concluyo que no puede estar mal algo que me hace tan dichoso.

Afortunadamente en México tenemos una amplia cobertura de dicho deporte, pero no todas son de alta calidad. Los mejores, para mí gusto, son los de ESPN porque tienen amplio conocimiento y resultan muy agradables e interesantes al momento de narrar o analizar. En segundo lugar vienen los de Televisa, con una longeva tradición y mucha seriedad al hacer su trabajo, porque también proporcionan estadísticas confiables y comentarios fundamentados. Los de Fox Sports son mediocres, porque tienen un par de elementos buenos y bastantes malos, además me parece una falta de respeto que ellos, que viven de eso, tengan fallas lamentables en el conocimiento de reglas o de jugadores, además de que son MUY tendenciosos. Finalmente, los peores, son los de TV Azteca, porque son ignorantes, pretenciosos, mercenarios y hasta sus bromas son malas, es una pena verlos después de los años de gloria que tenían con José Roberto Espinoza a la cabeza (cuya muerte me puso triste hace unos años).

Por la dicha que recibo, me encantaría que la temporada de la NFL fuera más larga o que hubiera Futbol Americano todo el año; pero en esos momentos me viene a la memoria la enorme prostitución que ha sufrido el Fútbol Soccer en los últimos 20 años. Durante mi niñez recuerdo que había un par de meses en Verano y algo similar en Invierno sin nada de Fútbol, por lo que a uno le iba creciendo la necesidad de verlo nuevamente con ánimo o anhelo. Hoy en día TODO el tiempo hay Soccer, no importa la época del año, no importa el clima, no importan las festividades ni las vacaciones, siempre hay torneos locales, regionales, continentales o mundiales de fútbol de todas las categorías habidas y por haber. Esa misma sobreexposición, y la falta de alegrías, acabaron ahuyentándome del mismo.

Analizándolo desde esa perspectiva, es perfecto que la temporada de NFL sólo dure cinco meses, porque los siete meses restantes a uno le crece el anhelo de volver a disfrutar esas jugadas espectaculares, esos juegos de estrategia y todas esas agallas que se deben poner en cada partido para ganar. Esa misma necesidad de verlo hace que siga la temporada baja con las selecciones de Draft, las contrataciones en la agencia libre, de nuevos entrenadores o coordinadores, además de la proyección de los expertos para la siguiente temporada con todos esos cambios. Por todo eso, cuando llega la patada inicial de una nueva temporada, el gusto es enorme por la expectativa previa.

Algo parecido pasa con las relaciones personales, por lo que el Soccer y el Americano sirven de perfectos ejemplos. Hay relaciones en donde todo el tiempo se está hostigando y/o agobiando a la pareja al punto de no dejarla respirar ni vivir ni existir como ente individual, parte de lo que me harto del Soccer. Por otro lado, si uno se da su espacio, se deja extrañar, se deja valorar a través de una distancia sana, entonces da mucho gusto, y hasta algarabía, el volver a encontrarse.

Y viéndolo desde esa perspectiva de pareja, los Delfines de Miami son como una mala mujer porque juegan con mi salud emocional y psicológica, me hacen sentir mal y me maltratan, pero no me dejan “morir” porque siempre hay una esperanza, así que no me dejan ir y yo no los puedo dejar, ni quiero hacerlo.

En fin, mi amor por el fútbol americano es grande e irracional, lo admito y sé que no es bueno cegarse por algo tan intrascendente como lo es un simple juego (que en realidad no es tan simple), pero no lo puedo evitar. Por todo ese sentimiento es que volví a contratar la TV, a pesar de lo nociva que es; afortunadamente contrate un servicio que puedo anular en el momento que quiera y, al día siguiente del Super Bowl, lo cancelaré de inmediato para volver a mi tranquila existencia sin TV, aunque algo triste sin NFL . . . .  pero sólo por siete meses. J

            Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
No muchos comentarios esta vez, me gusta ver de vez en cuando algún partido de la NFL (el Super Bowl no me lo pierdo), pero en realidad no soy fanático ni tengo un equipo predilecto. En el soccer soy americanista (sí y qué???) pero tampoco soy realmente apasionado ni demasiado necio e intolerante como muchos. Creo que me apasiona más una buena comida, una buena película o un buen libro que algún deporte en específico.
Suerte para tus Delfines y que tengas excelente semana.

Leo dijo...

Ese Hebert...fuera de que le vas al 2do equipo mas gay de todos (49´s el 1ro) me gusto tu publicación.......voy a hacer de cuenta que no lei lo de los vaqueros......

te espera una larga temporada con tus delfines.....