miércoles, 26 de octubre de 2011

¿Acaso sólo importa la belleza física?

Gran parte de mi vida fui feo, y no quiero decir que me haya operado para dejar de serlo, simplemente lo era porque así me sentía, ya que así lo había decidido con pasión y vehemencia; esa actitud permeó en mi existencia y, como además era gordo, difícilmente podía considerar que mi ser tuviera algo bonito o atractivo. Después de muchas vivencias, aprendí que todo radica en la actitud, esto obviando que hay gente más simétrica, atlética y (universalmente) aceptada que otra, en realidad lo bello está en los ojos de quién lo mire.

Independientemente del físico, la postura ante la vida influye decisivamente en el atractivo de una persona. A lo largo de los años he visto mujeres muy guapas que pasan desapercibidas por el resto, ya que tienen un lenguaje corporal tan timorato que nadie voltea a verlas. Igualmente he visto algunas otras que no son la maravilla pero que tienen una energía tan segura y fuerte tipo “el mundo no me merece” que es imposible no notarlas sólo por esa misma pose de “perdonavidas”, es por eso que ellas mismas se creen que están muy bien y uno se las compra.

Hay muchas mujeres que TODO el mundo encuentra irresistibles y que a mí no me llaman la atención y al contrario, a veces encuentro interesantes a las que nadie más gusta. Una posibilidad es que tenga mal gusto y otra es que decido mis propios cánones de belleza y no los que me dictan la sociedad o las revistas de espectáculos, como la mayoría sí lo hace. Afortunadamente, al tener gustos muy propios, las esqueléticas no figuran en mis predilecciones, por lo mismo me parece increíble cuando un esqueleto viviente pasa frente a alguno de mis compañeros y dicen “Mírala, ¡está buenísima!” Yo me quedo con cara de “What?” y respondo “Mejor dale algo para que coma la pobre”.

Me resulta tonto que féminas que parecen niñas, por lo enclenques que están, atraigan más atención que las que poseen curvas bien formadas y con “carne que agarrar”. Estas últimas, que encuentro 100 veces más atractivas, se consideran a sí mismas gordas y se medio matan de hambre o haciendo ejercicio para ser esqueléticas, algo que nunca lograran, porque su complexión se los va a impedir y, sin embargo, no desisten en su lucha por ser lo que no son.

Algo es innegable: la belleza (de cualquier tipo) no puede existir en un ser que no se quiere a sí mismo. En nuestra cultura el quererse a uno mismo es malo, se le tacha a uno de egocéntrico, narcisista y pedante; como está mal quererse, es fácil descuidarse y ser feo por lo que, paradójicamente, el serlo en automático nos asegura la lastima de los demás y ahora somos “buenos”, y todos los bonitos, guapas, atractivos son gente “exitosa” y por ende son los “malos” y como ellos tienen todo y nosotros nada, sólo nos queda decir somos feos pero somos buenos (porque sufrimos)

Uno debe ser bello(a) para sí mismo(a), lo malo es que la opinión de los demás pesa más que la nuestra, lo cual demuestra que, aunque seamos bellos por fuera, no nos queremos por dentro. Por ejemplo, ayer no me ejercite, me pregunte ¿Para qué? ¿Para quién? Y por primera vez no bastaron las clásicas respuestas: “Para ti, tu salud e imagen”. Así que, a pesar de tener todos los factores propicios para correr, no lo hice al no tener una razón válida para hacerlo.

Me alegró mucho tomar esa decisión, porque si lo hubiese hecho sólo por los demás, hubiera sido muy triste. Hay ocasiones en que se debe escuchar al cuerpo, que es parte integral de nuestro ser; de igual manera hay veces en donde uno quiere “portarse mal” y darse un lujo sólo por apapacharnos. Obviamente uno no puede estar holgazaneando o tragando porquerías todo el tiempo, pero también es bueno, eventualmente consentirnos porque, si no lo hacemos nosotros mismos, ¿cómo queremos que lo hagan los demás?

Ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre. Toda la gente es distinta, no todos somos fuertes o guapos ni altas y bellas, lo que sí podemos demostrar es ese cuidado por uno, sin caer en la veneración al cuerpo. El amor propio que tengas se nota de inmediato ya que, no serás la persona más bella de la existencia pero, sí puedes ser la versión más hermosa de tu ser, incluyendo un bello interior, que hace que tu atractivo sea aún mayor e integral. Las bellezas huecas son como muñequitas o muñequitos, los cuales nunca tomas en serio y sólo utilizas para entretenerte.

Aunque el tema ya lo trate en otro ensayo, obviamente lo que valioso de alguien es lo interno, pero a nadie le molesta un exterior agradable o bello; tal vez no sea políticamente correcto decirlo, pero no por ello deja de ser cierto: a todo el mundo le gusta una persona atractiva (cada cual en el género de su preferencia). Como a todos nos agrada ser vistos y, en cierta manera, aceptados, nos vemos obligados a dar nuestra mejor versión (a veces con contenido, a veces una belleza hueca). Sería muy bueno que pusiéramos ese mismo ahínco en desarrollar esa mejor versión de nosotros no sólo en apariencia sino también en esencia.

Primero prodigamos la apariencia antes que lo interno y, cuando nos acordamos, algunos nos desarrollamos de fondo aunque a la mayoría no le interese hacerlo (échense un clavado al Facebook y van a ver la cantidad de basura hueca que se postea como ejemplo de lo que digo). La búsqueda del atractivo físico per se es inútil, ya que nos convierte en maniquíes vivientes. Ciertamente todos queremos ser bellos, pero no todos logramos tener materia, fibra, esencia, ideas, valores, principios, un fondo interesante. Es muy lindo encontrar “gente bonita” pero, eventualmente, esa belleza no alcanza (por lo menos para mí) para llenar una relación ya sea amistosa o sentimental. Lo triste es que una gran cantidad busca “una vieja bien buena” o un “tipo bien mamado y guapo”.

De acuerdo a tus prioridades será lo que recibas en el futuro: si lo que quieres es una persona atractiva, sin importar la esencia, la obtendrás pero (inevitablemente) el físico se acaba y sólo queda lo de adentro. Aunque se cambie de “modelo” constantemente el resultado será el mismo: la belleza física tiene fecha de caducidad, la propia incluida. Ahora, como ya escribí en este otro ensayo, hay mucha gente que vale la pena pero que no nos damos oportunidad de conocer por el físico o, por lo menos, que se note algo de interés en cuidar su apariencia.

Regresando al famoso Facebook, es un ejemplo perfecto para demostrar las discriminaciones que se hacen de acuerdo a la apariencia. Tomándome como ejemplo, de vez en cuando, recibo solicitudes de amistad de personas desconocidas. Mi criterio es el siguiente: si son hombres “rechazados en automático”, si son mujeres “puedo analizar el caso”, si no me gustan “rechazadas” y si están guapas o tienen potencial “aceptadas”. ¿Es esto correcto? ¡Claro que no! He intentado evitarlo y, antes de rechazarlas, les envío un mensaje preguntado el motivo de que me agreguen, como no responden, pues no las acepto. Aunque claro que no les envío el mismo mensaje a las chicas guapas que acepto sin chistar Este ejemplo mío que, tristemente, es más la regla que la excepción, nos indica lo valioso que resulta la imagen en un mundo tan visual.

La belleza es relativa y lo ejemplifico de la siguiente manera: todos recordamos nuestros primeros días en alguna escuela, en algún trabajo, en un nuevo vecindario o en cualquier etapa nueva en nuestra vida; también han de recordar la impresión inicial que tuvieron respecto a muchas de esas personas, que veían por primera vez. Seguramente muchas de ellas no les llamaban la atención pero, con la convivencia y con el paso del tiempo, de manera paulatina, las fueron conociendo, les fueron gustando y hasta se enamoraron de ellas (decía un amigo en la Prepa: “De tanto convivir, les encuentras lo bonito”).

Sobre la misma línea de análisis, en alguna ocasión tuve un curso, en el cual había tres chicas, dos de ellas sobresalían por lindo exterior y la tercera tenía lo suyo pero era totalmente opacada por las otras dos. Posteriormente, en otro curso de iguales características, me volví a encontrar con la tercera chica (la que menos llamaba la atención a comparación de las dos primeras) pero, al no tener competencia, era la más atractiva de esa segunda ocasión y hasta me empezó a gustar.

            Todo esto de la belleza o el atractivo de las personas es totalmente subjetivo y está muy basado en la abundancia o carencia de ciertas cualidades. En los países en donde hay más morenos, la gente de raza blanca llama más la atención y viceversa, los de piel morena tenemos más éxito en países con población predominantemente blanca. Esto lo viví en carne propia durante mi viaje por Alemania. Actualmente me cuido lo que nunca en mi vida, pero reconozco que no soy ningún modelo, sin embargo, dadas mis características físicas, me sentí todo un Latin Lover en tierras teutonas, ya que la atención de las mujeres era excesiva e insistente, mas nunca agresiva o negativa.

En México, cuando viene alguna alemana o gringa, de inmediato atrae todas las miradas masculinas, porque aquí no abundan las mujeres con esas características. Por otro lado, en el trabajo nos sorprende que muchos alemanes (no todos) se relacionen con chicas cuyos rasgos autóctonos son bastante notorios y, por mucho, no son de las más apreciadas en nuestro país, pero ¿qué pasa? Pues que en Alemania ya se cansaron de tener tanta mujer con facciones arias y cuando ven algo distinto, como nuestras “flores del ejido”, de inmediato quedan prendados de ellas (también aclaro que hay quienes tienen un gusto más refinado, pero son los menos).

El caso es que, por naturaleza humana, siempre vamos a desear lo que más escaso sea en nuestro medio. En la edad media la obesidad era un signo inequívoco de atractivo, ya que tenías suficientes recursos para comer, por lo que eras una persona pudiente. Irónicamente, esas chicas flaquitas (que hoy son Top Models) no eran mínimamente vistas por el grueso de la población. En China, en donde gran parte de la población es esbelta, ocurre un fenómeno similar, los hombres llenitos son los cotizados. Mi (ahora) jefe me comentaba que, en su viaje por aquél país, él era todo un Sex Simbol, porque estaba gordito y chaparrito, y es que a las chinitas les parecen irresistibles ese tipo de hombres, porque quiere decir que tienen los medios para comer en abundancia, lo cual demuestra su status social.

Hablando de un escrito que toca el tema de la belleza, la gran mayoría de las personas toman una postura intolerante ante la decisión de Dorian Gray, en la obra maestra de Oscar Wilde, al vender su alma al diablo por obtener juventud y hermosura eterna. Sin embargo, no me cabe la menor duda, un gran porcentaje de la humanidad tomaría la misma decisión si se les presentara la oportunidad; dicha afirmación la basó en esas actitudes tan irresponsables que tomamos por satisfacer nuestra vanidad, y es que hacemos lo que sea por estar delgados, evitar arrugas, aparentar menos edad y demás aspectos estéticos.

¿Cuántos productos milagrosos o dietas extremas somos capaces de aguantar? ¿Hasta dónde podemos llegar en nuestro afán de belleza? ¿Es posible que pongamos en riesgo nuestra salud (mental, física y emocional), nuestra estabilidad, nuestra economía y hasta nuestra vida por una apariencia con fecha de caducidad? Esta egolatría enfermiza que caracteriza a la raza humana nos empuja a eso y más.

No me atrevo a calcular el porcentaje de la humanidad que vendería su alma por mantenerse jóvenes y bellos, y es más grave aún, yo mismo no puedo afirmar o negar si pagaría dicho precio. Tal vez, para verme bien ante ustedes, podría dar un “No” tajante pero, ese tipo de situaciones, no pueden ser contestadas hasta que las experimentas en carne propia.

Tanto la riqueza como la belleza son una simple actitud existencial, porque si dependes de los demás para validar tu atractivo o tu abundancia, siempre vas a encontrar a alguien que te diga lo contrario. Cuando uno está convencido de lo que es o de lo que tiene, ninguna crítica adversa te hará desistir de tu opinión.

Todo esto forma parte de un problema más profundo, ya que la obsesión particular o general por ser bellos no es lo peor del asunto, lo grave radica en que lo motiva un mundo que califica sobre todas las cosas lo superficial y/o estético sobre cualquier otro rubro (a excepción del dinero, que es el máximo y más efectivo “embellecedor” del mundo actual).

Un último comentario: no es lo mismo verse bellos que serlo realmente.

Hebert Gutiérrez Morales.

7 comentarios:

Qcho dijo...

Mi estimado Heberto:
No importa el tiempo o el lugar, la belleza física es algo que predominara por la eternidad, a los nobles de corazón, a los que tengan una belleza interna o incluso, para que aquellos que se muestren con la capacidad de tener una belleza artística, por más humanos que podamos ser y qué contemos con los mismos órganos, huesos y piel para sobrevivir en este planeta.
Ciertamente hay que valorarnos primero a nosotros, para reconocer las virtudes de los demás, pero, yo creo que si puedes amarte sin necesidad de ser ególatra o narcisista, debemos encontrar el límite correcto.
Debo reconocer que una mujer con más carne que huesos igual me atrae, de ahí que más vale que sobre y no que falte, y mi hermano, si la ves bailando salsa, que ricura (no me dirás que miento).
En fin, hay que sobrevivir a las fieras que habitan con la necedad intelectual, donde lo bueno o lo malo pasa a segundo término.
Por cierto, la frase de tu amigo de la prepa, me agrado…. En varias ocasiones si aplica.

varelad1 dijo...

Muy simple Hebert, he conocido y convivido con mujeres gorditas, chaparritas, altas, esbeltas, ¨feas¨y ¨bonitas¨, etc. pero te puedo decir que me han encantado y emocionado en todos los aspectos tanto las más generalmente consideradas hermosas como las que menos pero con más seguridad en sí mismas y con un carisma encantador. La belleza es un conjunto, un todo, no unas cuantas características por muy bonitas o deseadas que sean. Otro abrazo.

RAM dijo...

Excelente reflexión Hebert.

Estoy de acuerdo contigo en que la belleza es muy relativa, dependiendo de la persona que observa y de lo que esté "viendo" en el observado.

Saludos.

Maria de I dijo...

Me ha gustado mucho leerte, Hebert.
Soy una señora mayor, a la que el tema que aquí tratas como la belleza, el atractivo, la satisfacción y la insatisfacción que conllevan, siempre ha despertado mi interés. Tal vez porque yo misma he experimentado eso de ser linda y ser fea, pero más que nada porque nunca he podido superar ese acondicionamiento respecto del aspecto exterior, ni el propio ni el ajeno. No me extenderé, sólo te cuento que me alegro de haber descubierto tu blog, que me sonrío con los mexicanismos que utilizas (cuadran a la perfección)que ya aprendí un par de cosas nuevas... y que pienso seguir leyéndote! Muchas Gracias por todo esto. Maria

Linda Almanza dijo...

me gustan tus textos, un abrazo

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Muchas gracias por tu tiempo al leerme. :-)

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Muchas gracias por leerme Mary, me halaga que este escrito te haya resultado útil.
Un abrazo. :-)