sábado, 15 de octubre de 2011

Ayrton Senna, el héroe

Toda persona necesita héroes en su vida, en cualquier rubro: deportivos, ficticios, musicales, laborales, familiares, personales, intelectuales y demás. A lo largo de mi vida he tenido mis propios héroes y uno, de los más grandes, me abandono a los 17 años.

Mi amiga Les llego el pasado Lunes y me dijo “Hebert, tienes que ver el documental ‘Senna’” y, de inmediato, se me dilataron las pupilas, porque vinieron a mí muchas emociones que tenía aletargadas o dormidas. Ni tardo ni perezoso, ese mismo día, acomode o cancele otras actividades, y fui a ver “Senna” con una gran expectativa contenida en mi corazón.

Ayrton Senna era una de esas personas que, sin importar la nacionalidad, actividad, creencias, raza, ideología o idioma, te acaba emocionando por esa grandeza implícita que trae en sí mismo. Simplemente ves a alguien virtuoso que tuvo la decisión y valentía de desarrollar su potencial a plenitud y eso fue un auténtico deleite, porque fue el mejor en lo que hacía, y es a lo que aspiramos muchas personas: la excelencia que pocos alcanzan.

Mis únicos años como auténtico seguidor de la Fórmula 1, fueron alrededor de ocho (entre 1986 y 1994), todos ellos debido a mi fanatismo por Ayrton Senna; de hecho no me perdí ninguna carrera en ese lapso de tiempo únicamente por ver a mi ídolo, a mi héroe, al ícono brasileño que tanto me inspiraba. La única manera en que dejaba de ver una competencia es cuando él quedaba fuera y es que, aunque estuviera muy atrás en las posiciones, yo sabía que iba a remontar puestos y avanzar con hambre feroz hacía la punta.

Era un piloto extraordinario y podía hacer lo que nadie más, muestra de ello fue cuando ganó su primer campeonato en el Gran Premio de Japón, cuando tuvo problemas con la largada y arranco en el lugar 16, pero él perseveró e hizo gala de su magnifico manejo, pera ir recuperando posiciones y ganar la carrera y, de paso, el campeonato. Creo que ésa fue una de las competencias que más disfrute y cuando mi admiración se convirtió en idolatría ya que, por demostraciones como ésta, fue una leyenda para mí y para millones de personas más alrededor del mundo.

Otra muestra de su inmensa calidad fue al año siguiente, nuevamente en Japón, cuando le robaron el Campeonato debido a la canallada del “Campeón” de ese año: Alain Prost. A pesar de que lo descalificaron posteriormente, Ayrton corrió contra la adversidad e hizo una carrera más extraordinaria que temeraria para legítimamente ganar ese Gran Premio, pero la FIA le robó arteramente al descalificarlo. En esa ocasión me enoje tanto que hasta saque un par de lágrimas de furia: “Eso no se le hace a un artista, a un talentoso, a un héroe” pensaba con frustración, imagínense lo que pasó por la mente de Senna que lo vivió en carne propia.

¿Dónde resaltaban más las virtudes de Senna? Normalmente, cuando llueve, los pilotos son más precavidos y cuidadosos, y es que casi a ninguno le gusta manejar con la pista húmeda; en cambio, con la lluvia, a Ayrton le han de haber crecido los colmillos y hasta se le caería la baba porque, épicamente, ante la adversidad de la precipitación pluvial, manejaba aún mejor, de manera magistral, y aprovechaba esa actitud timorata de todos los demás para comérselos vivos en la pista.

Muchos dirán que, por la cantidad de títulos, históricamente hubieron mejores pilotos como Juan Manuel Fangio, Alain Prost o Michael Schumacher, y no demerito su importancia, pero cualquiera que haya visto a todos estos pilotos, difícilmente podrá negar que Senna era el mejor de todos (aunque no haya sido el que más campeonatos haya ganado). Es verdad que Ayrton “sólo” gano tres, pero lo monumental del brasileño no se midió en títulos, sino en toda esa pasión con la que manejaba, misma que nos transmitía a millones de personas que seguimos la F1 sólo porque él piloteaba en ella. Senna fue el más importante y mejor que haya existido y, aunque no soy conocedor del deporte motor, puedo constatarlo con un solo hecho: ningún otro piloto ha despertado en mi pasión tal como la que él me regaló Domingo a Domingo durante ocho años. Tal vez no era el ser más simpático del mundo (lo cual se mencionaba constantemente en el medio), pero la forma que tenía de manejar su bólido hacía que le perdonaras todo.

No admiraba a Senna por ser una gran persona, como lo quiere demostrar el documental, el cual creo que está un “poco” matizado, porque tengo muy presente el recuerdo de distintos comentarios que Ayrton no era el ser más sencillo ni simpático que existía, de hecho era bastante pedante y pesado aunque, de cierta forma, lo comprendo: no se pueden llegar a esos niveles de excelencia siendo un tipo bonachón y, personalmente, nunca lo admire por ser agradable, lo seguía e idolatraba por su forma de manejo y por ser el mejor en lo que hacía, algo digno de admiración si consideramos el grado de dificultad.

Me atraparon las palabras con las que inicia, y termina, el documental “Senna”, al recordar sus años en el Kartismo: “En esa época sí eran auténticas carreras, en donde se corría por el simple placer de hacerlo, ya que no había dinero, política o algún otro interés involucrado”. Ésa fue la época que él más disfruto, y llevo consigo ese sentimiento a cada carrera, ya que se notaba el amor, la dedicación, la pasión, el profesionalismo y el gusto con el cuál hacia su “trabajo”, sin importarle el dinero, la fama y todo lo que eso trae consigo.

Esto me ha dejado una lección muy importante: cuando empiezas a hacer las cosas que te interesan o gustan, de una manera seria y dedicada, el dinero, el éxito y/o la abundancia llegaran por sí solos. Hoy en día vivimos en un mundo de auténticos mercenarios, ya que primero cuestionamos qué o cuánto vamos a ganar, antes de analizar si nos gusta lo que vamos a hacer. Creo que los ejemplos de grandes seres humanos en la historia, nos constatan, que el seguir principios e ideales sin ningún otro interés que hacer lo que les gustaba y/o apasionaba, les trajo la inmortalidad y, a veces, fama y fortuna. De algo estoy seguro, NADIE que tuviera la cuestión material como prioridad desde un inicio trascendió en la vida, independientemente que lo haya conseguido o no.

Nos hemos dejado prostituir por el capitalismo, como todo a nuestro alrededor tiene un precio, se ha atrofiado esa capacidad humana natural de hacer las cosas por el gusto de hacerlas, sin esperar nada más a cambio que la satisfacción de saber que hemos hecho un buen trabajo.

Sin importar el horario, ya fuese a medía noche o en la madrugada, no me perdía ningún Grand Prix, y es que “debía” ver a Ayrton ya que, por alguna extraña razón, sabía que estaba contemplando algo histórico y no me quería perder ninguno de sus logros. Mi carrera favorita de Senna fue en Mónaco, en el penúltimo año que corrió para McClaren, esa carrera jamás la olvidaré, ya que fue una de las hazañas heroicas más grandes que he visto en mi vida. 

Ese año Williams estaba arrasando con el campeonato con un monoplaza que, literalmente, se llevaba de calle al resto, así que no importaba la calidad del piloto (en este caso Nigel Mansell), porque el vehículo era inmensamente superior. El circuito callejero del Principado fue el lugar ideal para evidenciar la realeza al conducir del buen Senna. Por un excelente plan de carrera, el brasileño quedo en primer lugar en la última parte de la misma, delante del británico, y Ayrton le dio una auténtica cátedra a Mansell de cómo se maneja, tan estupenda y perfecta que debe ser considerada una obra de arte en la historia del automovilismo. Nigel intentaba rebasarlo a como diera lugar pero, sin importar lo superior que fuera su auto, no había espacio para pasar a Ayrton, y éste tampoco se lo daba.

Una cosa es tener el mejor auto, pero eso no te hace el mejor piloto y, por mucho, Senna fue (y ha sido) el mejor. Mansell no pudo rebasarlo, porque al ser el circuito más complejo, contaba más la habilidad que la tecnología, así que Ayrton ganó ese Grand Prix de manera estupenda. Cuando él recibió la bandera a cuadros, no pude evitar brincar de la alegría con lágrimas de felicidad en mis ojos, fue una gran hazaña en una campaña injusta con autos que impedían una verdadera competencia, fue una victoria del arte sobre la tecnología, de la virtud sobre la injusticia, de la poesía sobre la grosería.

Ahí me dí cuenta que en verdad existen los héroes: a pesar de tener todo en contra, a pesar de que los oficiales de pista le hacían señas para que dejara pasar a Mansell, Senna no desistió, ya que fue una manera (a pesar de no ganar el Campeonato ese año) de demostrar que era el mejor, aún en un auto inferior, todos sabíamos que él era el más grande, y aún ahora que recuerdo ese momento, me sigo conmoviendo de su heroísmo aquel día.

Es verdad que cuando Senna ganó sus Campeonatos tenía uno de los mejores autos, pero él también era el mejor piloto, y su monoplaza no era tan groseramente superior como lo llegaron a ser los de Williams, Benetton o hasta Ferrari en los años 90. Tengo la creencia que si Senna hubiese continuado vivo, nadie lo hubiese rebasado en Campeonatos, porque le hubiera arrebatado dos o tres de ellos a Schumacher. Ya sé que el “hubiera” es el tiempo de los tontos, porque no existe, pero este “hubiera” tiene muchos fundamentos detrás.

Mis héroes en general tienen, o tuvieron, algo en común: son seres humanos que daban todo de sí, sin mezquindades y sin miedos. Al ver el rendimiento de estos héroes en sus actividades me hacen preguntarme: ¿Por qué ser tan mísero en la vida cuando se puede dar todo? ¿Por qué siempre nos “guardamos” en espera de una ocasión especial? Es como si se nos fuese a acabar el talento. El ejemplo de Ayrton es contundente, porque daba todo y, por lo mismo, aún podía elevar su nivel, porque la generosidad y excelencia es común en las personas que saben que su talento es abundante, y no temen en usarlo, sabiendo que en vez de disminuir con el uso, se incrementa, porque vas alcanzando, y hasta rebasando, nuevos objetivos e ideales.

La hermana de Ayrton, a través del documental, no es la única que pretende idealizar a alguien muerto, de hecho, es un rasgo humano generalizado el querer “santificar” a los difuntos. A pesar de ello, se agradece el filme en donde se ensalza la figura de Senna aunque, a título personal, no era necesario adornarlo de más, ya que sus hazañas deportivas bastaban y sobraban para que la obra fuera un éxito. A mí me hubiera gustado que omitieran algunas escenas personales para incluir la carrera que le ganó a Mansell en Mónaco porque, como ya explique, fue una carrera épica que significo algo importante para los fanáticos.

Aunque el filme esta algo romantizado, por esa necesidad de enaltecerlo, no puedo negar que estoy agradecido por haberlo visto, ya que me recordó algunos hechos que tenía casi olvidados, los cuales refuerzan su legado en mi ser. Algo de eso fue su segundo lugar con la pequeña escudería Toleman en Mónaco, que en realidad hubiera acabado ganando de no ser porque detuvieron la carrera por la lluvia (y por la insistencia de Prost), y es que Senna lo iba a rebasar con un auto inferior. También agradezco, en los créditos, recordar cuando Ayrton se detuvo en plena carrera para auxiliar a Érik Comas que se accidento (y ni siquiera eran de la misma escudería), algo poco común en un deporte tan competitivo.

Cuando Ayrton se cambió de McClaren a Williams, me metió en un pequeño dilema, porque durante muchos años apoye a McClaren, porque ahí estaba Senna. Me sentí un poco raro apoyando a Ayrton en un Williams porque, no lo podía negar, también le agarre cariño a la escudería en la cual mi ídolo había conseguido sus campeonatos. Tristemente Senna no tuvo un legado en Williams, ni siquiera pudo terminar su primera campaña ahí, así que me quedó la costumbre de apoyar a McClaren, aunque ya no veo las carreras, me da gusto cuando ésta gana algún gran premio o algún campeonato, pero es más por la nostalgia de saber que ahí fue exitoso el inmortal piloto brasileño.

Mi pasión por la Fórmula Uno, murió con el responsable de su nacimiento: el día que se fue el gran Ayrton, lloré, y vaya que lloré. Sé que soy muy sentimental, pero en esa ocasión había razón más que justificada para mi llanto, ya que partió alguien que me despertó un amor por algo que me era totalmente irrelevante. Aunque lo intente en un par de ocasiones, desde ese día deje de ver carreras de automóviles, debido a que me parecen tan aburridas y bastante ordinarias. Era obvio, después de ver conducir a Senna, difícilmente el automovilismo podría ser el mismo que antes.

Ni siquiera ahora, que ha vuelto a haber un piloto mexicano, sigo la Fórmula Uno; no soy tan villamelón para seguirla sólo por eso. O, replanteando mi idea, tal vez sí fui villamelón por ser fanático únicamente de un piloto, pero era imposible no encandilarse con ese grandioso manejo, tan excepcional, porque si veías a Ayrton al volante, de inmediato te hacías fan de él (y de paso de la Fórmula 1).

Pocos seres humanos alcanzan una grandeza que trasciende su actividad, y Ayrton Senna fue uno de ellos. Tal vez, por eso mismo, debió morir tan joven: para que su legado perdurara y su leyenda se perpetuara. Alguien así hizo que me apasionara por un deporte que, hoy en día reconozco, no me resulta nada atractivo. Estoy seguro que esa manera de volar por la pista no la volveré a ver en toda mi vida y, todos los que tuvimos la fortuna de ver a Senna, jamás lo olvidaremos.

En el Gran Premio de San Marino de 1994, el último de Senna, cuando éste chocó al salir de una curva, se le veía inmóvil en la toma televisiva y, por un momento, se me paró el corazón y contuve la respiración, pero nunca me cruzó por la cabeza que pudiese morir, y esa es la impresión que tenía mi inconsciente de alguien que era una especie de Súper hombre. En realidad quería negar la gravedad de un golpe tan impresionante y, cuando confirmaron su muerte, no pude evitar llorar de manera inconsolable, porque uno de mis ídolos había muerto, uno de los auténticos héroes que había visto en mi vida había partido, dejando un hueco vacante en mi alma y mi corazón y, sólo por ese momento, me sentí un poco huérfano.

A diferencia de otros héroes que se ven en películas, historietas, cuentos, leyendas, mitología o historia antigua, Senna fue un héroe del cual tuve la fortuna de atestiguar de sus hazañas. Eso aumento mi admiración, mi cariño y mi sentido de pertenencia por las acciones de otro ser humano, el cual logró actos excepcionales que me inspiraron y motivaron a dar lo mejor de mí, con el objetivo de parecerme en algo al gran Ayrton.

He escrito este homenaje a Ayrton Senna, mi héroe, no por todos los logros que tuvo ni lo extraordinario que fue sobre las pistas, en realidad lo he escrito por todas las emociones tan puras que me regalo, tanto la alegría como la tristeza, tanto las risas como las lágrimas, todo eso tan auténtico e intenso que me obsequio una persona que no conocí, y que no sabia de mi existencia, pero que resulto muy importante para mi adolescencia.

Hebert Gutiérrez Morales

2 comentarios:

varelad1 dijo...

Hola Hebert, nuevamente me sorprendiste muy positivamente con tu ensayo, primero, por la calidad y sentimiento que trasmites en el mismo, y segundo, porque personalmente también viví esa pasión de la F1 con Ayrton Senna Da Silva, claro está que no a tus sentimentales niveles, pero sí de una forma bastante intensa. Al igual que tú, perdí todo interés en la F1 a raíz del trágico accidente. Recuerdo los domingos en casa de mis primos viendo las carreras y definitivamente la magia de Senna era impresionante, todos queríamos ser como él, todos anhelábamos tener sus agallas, su valentía y determinación.
Pues así es, no te conocía esta pasión oculta, pero el conocerla me dice otras muchas cosas importantes y positivas de ti, las cuales no conocía.
Hace 9 años tuve la oportunidad de visitar en Sao Paolo la tumba del maestro Senna y se me hizo increible ver una tumba tan protegida (cercada), tan vigilada, tan visitada, pero sobre todo tan viva; llena de flores, de recuerdos de los fans y de objetos alusivos al gran mago del volante, parecía como si tuviera pocos días de muerto. Y es aun más impresionante que fuera del panteón haya tantos puestos de venta de objetos alusivos a Ayrton, estoy seguro de que quien tenga los derechos de la marca e imagen de Senna debe ser millonario(a). Realmente fue y será un gran ídolo para Brasil y para el mundo.
Un abrazo y excelente semana.

Qcho dijo...

Saludos mi estimado Heberto:
La verdad no puedo comentar nada sobre Ayrton, pues no tuve la oportunidad de ver alguna carrera, aunque en realidad no soy seguidor de la fórmula 1, como dices tú no se puede ser villamelón y en cuestiones de deportes, he ido al autódromo de Puebla por no dejar, claro, también me hacían la invitación o me regalaban los boletos, así que como desaprovecharlos, puesto que los autos no son de todo de mi afición, aunque conservo algunos hot wheels en una caja de zapatos.
Aunque aquí lo importante no es el deporte que te motive, si no el individuo que a pesar de las circunstancias entregue el corazón, tripas y sesos, en la duela, cancha o asfalto del mundo, un deportista real que se no se vea mermado por las condiciones mediáticas de este mundo violado por la esencia de las marcas grandes que rigen al planeta y los pseudos humanos que lo habitamos.
La clara muestra de la necesidad personal de tener o seguir a alguien, por lo que pareciera justo, aunque todo lo que lo puede rodear sea una verdadera basura, a mi me parece de lujo, puesto que no sabe que encontraras entre tanta basura, sabes hoy me chute dos movies en el cine, la primera “Gigantes de Acero” y por ello digo lo de la basura, no porque la película sea mala, de hecho me resulto conmovedora e interesante, aunque también me recordó a la película de Silverter Stallone la de Halcón, la segunda que vi, fue la de “Labios Rojos”, entretenida y palomera, un gusto culposo que ya no hacía de algunos meses atrás.
En fin, mi estimado Heberto, seguiremos siendo cómplices de nuestros sentimentalismos (y mira que sorpresa leerte decir eso) y escritos.