domingo, 2 de octubre de 2011

Misantropía

         «No pregunto de qué raza es un hombre, basta que sea un ser humano, nadie puede ser nada peor». – Mark Twain

           Antes de iniciar quiero aclarar algo: No he visto, ni pretendo ver, el programa llamado “Dr. House”, por alguna extraña razón muchas personas me lo recomiendan porque dicen que me va a encantar su forma de ver la vida, pero no lo necesito. Mi misantropía es natural y auténtica, no sólo una pose de moda, ya que la poseo desde años antes que siquiera planearan dicho programa. Así que, por favor, no me hostiguen con verlo.

Este blog se llama “Reflexiones de un salsero misántropo” y, como ya escribí sobre la Salsa, era necesario que lo hiciera sobre mi misantropía, aunque ni siquiera va a ser lo más fuerte que vaya a publicar, pero tampoco va a estar “suavecito”.

Me impresiona, y al mismo tiempo que me asquea, como nosotros (una especie más entre millones que han existido) maltratamos al planeta y le faltamos al respeto a la naturaleza de la cual surgimos, es como si sometiéramos a la familia que nos crió, educo y proporcionó las bases para salir en la vida; y eso hace la humanidad al destruir, contaminar y aniquilar a nuestro único hogar, por lo mismo me califico como misántropo porque detesto lo que hace esta nociva humanidad a este hermoso lugar.
           
Personalmente, trato de hacer todo lo que está a mi alcance para mitigar un poco el daño que haya provocado en el pasado: hago ahorros en agua, luz, gas, papel, plástico y gasolina. No pretendo que todos sigan mi ejemplo, hago lo que puedo y quiero, pero eso no disminuye mi indignación por lo que le hacemos a nuestra bella casa. Obviamente hay muchas otras organizaciones y/o personas que hacen mucho más que yo, y me encantaría que fueran la regla y no la excepción, porque la gran mayoría de la población mundial no hace ni lo mínimo indispensable por nuestro hábitat. Seguimos viviendo en una inconsciencia, como si el planeta y sus recursos fuesen infinitos, o como si sólo fuésemos un millón de seres y tuviéramos todo el “pastel” para nosotros solitos, pero somos casi 7mil millones y esto no va a seguir así para siempre.

Por eso mismo, me encantan los documentales de la vida en la Tierra, tanto de la fauna actual y la ya extinta, el ver cómo ha evolucionado a través de las distintas eras, es algo maravilloso; ahí me doy cuenta que nuestra existencia es una nimiedad en la historia del planeta, y me enoja que algo tan insignificante sea tan nocivo. Lo que me consuela es que a la larga nos iremos de él, y la naturaleza prevalecerá al final, restaurando todos lo que talamos, ensuciamos, contaminamos, o exterminamos. Sin importar la magnitud, esta esfera azul es tan increíble que va a borrar cualquier evidencia de nuestra existencia en el futuro, hasta nuestra misma ignorancia y estupidez que nos condenaron. Una vez que desaparezcamos, la naturaleza se va a regenerar, como lo ha hecho ya en innumerables catástrofes prehistóricas.

Algunos me han dicho: “Si tanto odias a la humanidad empieza por suicidarte” y no tengo por qué obedecerles, además de que mi instinto de conservación no se “apaga” y ya. No pretendo ser perfecto ni que nadie lo sea, sólo me gustaría que fuéramos conscientes y congruentes, sólo eso. Pero ¿por qué sigo en este mundo? No tengo idea, tal vez por esa necesidad que muchas personas tenemos de trascender de alguna manera. Tal vez sea simple curiosidad por ver si la humanidad se acaba efectivamente el 21 de Diciembre del 2012 o simplemente para ver hasta dónde somos capaces de llegar tanto de manera positiva como negativa; para corroborar si un día aprendemos a ser más “humanos” y menos “personas” a pesar de lo utópico que eso resulta.

"Tendremos el destino que nos hayamos merecido" – Albert Einstein

En este mundo estamos cada vez más enfocados en personalizarnos, me explico, cada vez somos más personas y menos humanos, al deshumanizarnos nos vamos alejando de la naturaleza, por lo que nos vamos convirtiendo en algo artificial y no lo que surgió originalmente de forma natural.

Por ejemplo, tengo bastante experiencia de correr bajo la lluvia y el granizo, al inicio me asustaba pero, con el tiempo, empecé a disfrutar de hacerme uno con la naturaleza, en vez de huir de ella, como hemos hecho a últimos tiempos. Me imagino que si nuestros antepasados nos vieran, encontrarían ridículo que nos refugiemos por un poco de agua. Tal vez nuestro sentido común dicte que, si nos mojamos, no enfermamos y no estamos bien, pero creo que lo hemos llevado al extremo. Ejemplifico: yo trotaba bajo la lluvia (sin más protección que mis pants, playera y tennis) y veía coches que se detenían debajo del periférico por la lluvia, ¡es ridículo! Ellos van protegidos dentro de su auto y se negaban a avanzar por miedo.

A mí me daba más gusto correr empapado, con el viento en cara y con un poco de granizo inofensivo, eso se agrandaba con las miradas incrédulas de la gente pensando seguramente en lo imbécil o loco que debería de estar. El ser humano, a lo largo de su historia, ha demostrado que intenta aniquilar a lo que le teme y/o no entiende; eso se refleja en nuestro trato hacia el planeta. La gente tiene miedo de la expresiones de la naturaleza e inconscientemente (quiero creer que es comportamiento irracional) las destruimos.

Este comportamiento psicótico nos va haciendo vulnerables: ya sentimos un poco de calor y, en automático, el aire acondicionado; percibimos un poco de frío, y la calefacción se hace presente; no podemos bañarnos con agua fría porque parece que fuéramos a morir de neumonía. Conforme vamos desarrollando más comodidades artificiales en esta civilización tan antinatural, nos vamos haciendo más inútiles. Y si creen que exagero, averigüen que pasaría si una descarga solar afectara todo nuestro sistema eléctrico: el mundo se volvería un caos, con millones de muertos y esa posibilidad está latente día a día.

Al hacernos tan dependientes de la tecnología, nos vamos alejando de la naturaleza, la cual nos da tantos regalos que no podemos igualar: el arrullo de la lluvia en la noche, sacarte una sonrisa con la brisa del mar, la alegría de sentir las olas en la playa, la sorprendente luna llena con tintes naranjas, un amanecer o atardecer “enladrillado”, un arco iris, un halo solar, un eclipse o simplemente brincar en un charco.

Conforme nos alejamos de ella, menos la valoramos y más la destruimos, irónicamente, eso nos acerca más a nuestra propia extinción. Deberíamos de recordar que venimos de ella y dejar de comportarnos como si fuéramos ajenos, como si nos pudiese dañar. La naturaleza no nos hace ningún mal, pero nosotros a ella sí, y mucho. La verdad siento que como raza estamos locos, porque sabemos que vivimos de algo y nos dedicamos a destruir inmoralmente nuestro sustento.

Lo paradójico de nuestro comportamiento tan cobarde, al tratar de evitar los males, es que nos vamos haciendo más vulnerables a los mismos. Yo soy de esos que piensan que entre más te expones a los foco de infección, más fuerte te vuelves a esos males, porque creamos defensas fuertes. Pero la actitud timorata actual hace que los niños de ahora sean más débiles (aunque estén más grandotes por los transgénicos), porque tienen defensas endebles y basta cualquier bacteria leve para que ¡Pum! Caigan en cama, cuando antes no era más que una simple gripe.

Por lo mismo, cuando surja algún virus o bacteria que nuestra maravillosa ciencia no pueda eliminar o contener, ahí echaremos de menos todos esos anticuerpos que no desarrollamos por nuestra fobia a enfermarnos (irónico, ¿no?). Las enfermedades son una forma de hacernos fuertes y, al evitarlas, logramos justamente lo contrario.

Uno tiene distintas máscaras a lo largo de su vida pero mi misantropía es legal y auténtica. ¿Cómo me doy cuenta? Por ejemplo, en Terminator 2, disfrute la escena de la destrucción de la civilización; también gozo cuando veo documentales en donde escenifican el fin de la raza humana; las películas apocalípticas son de mis preferidas; también tengo el ejemplo de X-Men: First Class, en donde quería que ganara Magneto, es más, me indigne porque Xavier no lo dejo destruir a los humanos. Ahí me dí cuenta que estaba del lado de Magneto, porque la humanidad es una basura.

Aclaro una diferencia grande: no porque sea un misántropo quiere decir que soy un sociopata, no voy a andar matando gente por la calle o haciéndole mal a medio mundo. Nunca he querido hacerle daño a un solo individuo, sólo quiero que todos dejemos de hacerlo con nuestro hogar, que es más grande e importante que cualquiera de nuestros intereses, los cuales nos impulsan a destruirlo. Y, pareciera, la única manera es que el cáncer humano desaparezca de la tierra, incluyéndome, porque no quiero ningún trato especial ni divino, porque (lamentablemente) también soy humano. Mi odio a la humanidad es una especie de fe, porque está más allá de mí, aunque no por ello me voy a poner a desgraciarle la vida a cada ser humano que se me atraviese.

Aparte de toda la deforestación, de todos los ríos, mares y lagos que hemos contaminado, todas las especies que hemos extinguido, todos los cielos azules que hemos ensuciado, además de todo eso hay una belleza natural de este planeta que también hemos dañado y que pocos conocen: el sonido de la naturaleza.

Afortunadamente tengo el placer de conocer este sonido, por lo menos, tres veces al año (16 de Septiembre, 25 de Diciembre y Primero de Enero) porque aprovecho que todo el mundo está borracho y/o desvelado de la noche anterior y yo, como sí duermo temprano, salgo a correr en un mundo sin humanos, aún en la ciudad se alcanza a percibir el sonido de la naturaleza oprimida por el concreto: los pájaros, el viento y el silencio que el ser humano quiere aniquilar.

Ese sonido de la paz es tan espectacular que es imposible que uno no se llene con él, la alegría se cuela de inmediato en tu ser al no escuchar motores, celulares, IPods, claxonazos, y nuestro propio escándalo humano que desentona con la armonía natural del mundo. Por eso mismo marco en mi calendario personal esas fechas, pero por razones distintas al resto, porque para mí son experiencias únicas de experimentar un mundo limpio de humanos, algo que muy pocos pueden conocer.

Una parte de mi Misantropía está basada en nuestra autoveneración como seres desarrollados, evolucionados y conscientes, por lo cual casi nos sentimos celestiales; esa inconsciencia colectiva que nos define como raza. Lo risible del asunto es que estamos peor que los animales, porque éstos actúan por mero instinto pero no se vanaglorian por algo que no son. Pero nosotros sí presumimos nuestra Consciencia, la cual acaba sucumbiendo ante los instintos como el hambre, deseo, violencia, etc. Además somos cínicos, porque sabemos exactamente todos los problemas que tenemos en el planeta y sus soluciones, pero no hacemos nada porque nuestros intereses políticos en las luchas de poder siempre serán más importantes que cualquier sentido común.

"Los humanos son ingratos, frívolos, mentirosos, cobardes y codiciosos; mientras uno los trate bien lo apoyan ... pero cuando uno está en peligro se vuelven contra él" - Nicolás Maquiavelo

La minoría del planeta que vive en la abundancia obscena no le interesa cambiar la situación ¿Para qué? Ellos viven bien. Y la inmensa mayoría de población mundial que vive en condiciones pobres, no pueden hacer nada porque carecen de poder, además de que están bien programados, controlados y adoctrinados para que asimilen y hasta amen su situación (sobretodo a través de Religiones y Televisión).

Muchas personas, seres muy importantes para mí, se han enojado con mi postura antihumanidad, se han molestado al grado de dejar de hablarme por cierto tiempo. Cuando tenemos una plática profunda en la que expreso lo que siento, se han molestado tanto que me han dicho, literalmente, hasta cómo me voy a morir: “¿Por qué no te suicidas?” ó “Sí, ojalá se acabe la raza y sólo tú sobrevivas para ver a tus seres queridos morir ante tus ojos” u “Odias a la humanidad porque te odias a ti mismo y por eso quieres que todo se destruya” y demás opiniones que me han expresado.

Todas las personas van a reaccionar de maneras distintas, me encantaría que todo ese sentimiento que descargan contra mí, la enfocaran en todas esas injusticias que se realizan contra el mundo, ojalá lo hicieran con todas esas personas que no afinan su coche, que tiran basura en la calle, que matan animales por diversión o que desperdician recursos irresponsablemente. Obviamente esa pasión es más fácil expresarla contra las personas que expresamos lo que no es políticamente correcto pero, no por ello, deja de ser cierto: la humanidad es nociva para este planeta.

Creemos que hemos evolucionado mucho como raza, y ésa es una gran falacia, porque nuestra necesidad de poseer es más grande que el valor de respetar por eso, la mayoría del tiempo, no confío en la raza humana e irónicamente tengo que lidiar con ella por el hecho de haber nacido como uno.

"La conmiseración con los animales está íntimamente unida con la bondad de carácter; de tal manera que se puede afirmar, de seguro, que quien es cruel con los animales no puede ser buena persona". – Arthur Schopenhauer

Literalmente es antinatural que vivamos fuera de equilibrio cuando la naturaleza no tiene otra manera de existir. A veces me conmueve la belleza espiritual que pueden alcanzar las expresiones humanas pero, con la misma intensidad, me indigna la capacidad de la misma raza para actuar de manera ruin, inmoral o despreciable, reflejado en un desinterés por la vida y porque son capaces de lo que sea con tal de conseguir el poder.

No personalizo, lo ideal sería seleccionar los humanos que valen la pena (los menos) de los que son escoria (la mayoría): “Tú si cuidas el agua, te salvas” “Tú no afinas tu coche, te mueres” “Tú proteges los árboles, te salvas” “Tu maltratas animales, te mueres”. Como la exterminación selectiva, para salvar a los humanos conscientes, no es posible pues deben pagar justos por pecadores cuando se hace una limpieza total. Sé que lo mío, si es que aplica, se calificaría como un sueño utópico. Sé que no me va a tocar verlo, pero me tranquiliza que, eventualmente, nos vamos a extinguir de este planeta: tal vez partamos a otro o, seguramente, nosotros mismos seremos la causa de nuestra propia extinción lo cual sería irónicamente justo (y hacia allá vamos).

Sé que algún día aprenderé a aceptar mi propia humanidad porque, de lo contrario, no puedo ser un ente integral o completo, ya que a mi esencia le faltaría algo. Es un hecho que, eventualmente, la aceptaré por completo pero no por ello tengo que aceptar todas las vejaciones o faltas de respeto que cometemos contra la vida de este planeta (incluyéndonos).

Aunque también espero, tal vez de manera ilusa, que la humanidad misma aprenda a aceptar, honrar o venerar el mundo y la naturaleza de la cual provenimos. El planeta ha existido por 4500000000 años y va a seguir existiendo por otros miles de millones de años más pero nosotros no sabemos si vamos a existir siquiera otros 1000 años, al paso que vamos ni siquiera otros 100 más, porque vamos a autodestruirnos.

Si me dejan de acosar, tal vez algún día, me anime a ver el “Dr. House” y reírme de su manera de pensar pero, por lo mientras, dejare que mi misantropía se exprese de manera original sin influencias externas.

«Y así va el mundo. Hay veces en que deseo sinceramente que Noé y su comitiva hubiesen perdido el barco».– Mark Twain

            Hebert Gutiérrez Morales

1 comentario:

Enrique Von Quin dijo...

Concuerdo con mucho de lo que dices, pero yo se lo atribuyo a la cultura del consumismo desmedido que nos ha llevado a perder todos los valores más esenciales.

Yo no creo que seamos malos por naturaleza, ni tampoco que nadie nazca malo. Siento que esa inconsciencia con la que la mayoría de la gente vive la vida, se aprende desde nuestro arribo a este planeta.
En el parque ves a los niños tirándole de pedradas a los patos y los indolentes de los padres celebrándolo como si fuera un chiste. Terminan su "picnic" y como no es el patio de su casa lo dejan hecho un muladar!

Por cliché que suene esto, hemos perdido el respeto a los demás, el gusto por la cultura y el aprendizaje, la capacidad de asombrarnos ante la belleza de una flor o la sonrisa de un niño. Nos hemos convertido en títeres de un mundo consumista que alaba la riqueza económica y minimiza la superación personal. La introspección es una palabra desconocida y no una forma de vida. Se promueve la avaricia a todo costo y se menosprecia al intelectual. Nuestros valores se han torcido y como consecuencia la forma en la que nos comportamos.

Por eso existe la música pop y después la música. Por eso hay quien se sienta a leer un libro y hay quien nada más juega nintendo. Hay quien respeta a su mujer y hay quien la golpea. Creo que no necesito aclarar en qué rubro caen las mayorías...

Los juicios en las cortes ya no se tratan de averiguar la verdad y encontrar al culpable. Se han convertido en "Superbowls" donde el abogado con el mayor número de triquiñuelas es el ganador, el que se lleva el trofeo de la fama y el dinero, aun habiendo defendido a un asesino confeso!

Mientras se siga educando a las próximas generaciones a valorar lo efímero y superfluo seguiremos empeorando. Por eso hay racismo, sexismo, corrupción, hambre, pobreza y guerra. Porque en mentes tan primitivas no cabe la bondad y la voluntad de progreso, ya no digamos la obligación moral de hacer lo correcto. La empatía viene de la introspección y auto-análisis y no se puede enseñar ni heredar.

Pero para llegar a ese punto, los niños deben crecer en un ámbito favorable y fecundo de amor y entendimiento. La McDonalizacion del mundo nos ha llevado a una sociedad de autómatas que no hacen más que perseguir su gratificación inmediata con lo superfluo y lo material. A los estudiantes no los enseñan a aprender ni a buscar una profesión que les satisfaga. Los presionan a perseguir el “éxito” a cualquier costo. Por eso hay tanto infeliz haciendo lo que no le gusta y por los motivos equivocados…

En fin, creo que decimos lo mismo pero de diferente manera. Te agradezco que hayas compartido tu blog conmigo, me ha gustado mucho!

Felicidades!!

Enrique Von Quin.