sábado, 5 de noviembre de 2011

La navidad prostituida

            Me encanta el Día de muertos, Halloween o Noche de brujas (como le quieran llamar). La razón de este gusto no radica en los altares, ni en el pan de muerto, ni en las fiestas de disfraces, ni en las calaveras de dulce, ni en las golosinas que compro para dar a niños y que, irremediablemente, me acabo comiendo yo. En realidad me encantan estas fechas porque, gracias a que existen, no empieza antes la temporada navideña. Si no estuvieran estas festividades de muertos, estoy seguro que la Navidad empezaría desde Septiembre (justo al pasar el día de la Independencia). Así que aunque no sea oficial, pero es la realidad, ahora la Navidad inicia desde el tres de Noviembre, esto dictaminado por las grandes marcas y comercios, con la anuencia del consumidor.

Hace dos Viernes me trasladaba hacia mi fiesta salsera de Halloween, y note que la gente estaba manejando excepcionalmente mal (que ya es decir en este país), por lo que me pregunte “¿Qué pasa? Hasta parece que ya viene Navidad” y ahí me dí cuenta que ya había llegado el tiempo que más crítico del año. Uno de los problemas de estas fechas es que la, de por sí grande, irrespetuosidad e ignorancia de la gente al conducir, se acentúa y/o agudiza con la ansiedad de comprar o llegar algún lado. Irónicamente, en tiempos navideños, la agresividad de la gente al manejar crece exponencialmente ¿dónde quedó el amor y la paz? No voy a ahondar en este tema, porque ya tengo un ensayo completito que habla de la violencia al manejar.

            La mayoría tendemos a romantizar nuestras remembranzas y, por lo mismo, nos cuesta ser objetivos con tiempos pasados, sin embargo, recuerdo que en mi niñez la época navideña iniciaba dos o tres semanas antes del 24 de Diciembre. Eso quiere decir que hasta iniciado el último mes del año empezabas a ver mercancía temática, iniciaban las campañas de ventas alusivas, los comerciales de juguetes, la compra de arbolitos y demás.

            Los tiempos cambian y, hoy en día, somos expuestos al acoso mediático y comercial desde el inicio de Noviembre (más de mes y medio de anticipación). En esta ocasión no podemos culpar (del todo) a los gringos, porque por lo menos ellos tienen El día de dar Gracias, lo cual impide que su Navidad inicie tan temprano como se da en México (y supongo que en otras partes del mundo). Pobre mes de Noviembre, ha perdido su identidad y ha sido ultrajado por el movimiento navideño.

            No me queda la menor duda que la época decembrina es el pináculo del consumismo, es cuando más se compra, y es que la gente tiene la ilógica necesidad de gastar tanto como sea posible (sin importar que se endeuden). Esta necesidad de adquirir es una especie de validación ante el mundo y ante sí mismos: si no compro no vivo.

            La máxima de René Descartes reza “Pienso, luego existo”, ésta ha dejado de ser válida por dos motivos: el primero es que la gente ya no piensa, sólo sigue una programación diseñada por los círculos del poder y aplicada a través de la sociedad. La segunda es que la frase ha sido cambiada por “Compro, luego existo” la cual refleja perfectamente la realidad actual. Por la manera en que consume la gente, pareciera que la calidad del ciudadano se basa en todo lo que adquieras, es tan ridícula la pasión con la cual gastan que parece que su vida dependiese de ello. Entre más compres eres más bueno, eres deseado, eres maravilloso, más amado y, por qué no, hasta más guapo.

            Siguiendo está lógica, entre menos compres te sientes miserable, infrahumano, despreciable, escoria, en resumen, poca cosa. Este comportamiento patológico es el resultado de esta sociedad consumista y/o materialista, misma que ha convertido una festividad religiosa en una época de ofertas, ventas nocturnas, promociones, compras a 12 meses sin intereses y 20% en monedero electrónico, el caso es comprar como orates y sin tener plena consciencia de lo que nos obligan, o programan, a hacer.

            Soy censurado por mi manera de pensar en gran parte del año pero, al meterme con la festividad más querida y popular, obviamente es en estos meses cuando más críticas recibo. A pesar de ello, tengo que aclararles algo, si necesitan una sola época del año para ser bondadosos y cariñosos (mas nunca auténticos), pues cada cual debería analizarse. Si es obligatorio un pretexto para fingir algo que no se es (y podrían ser), pues hay algo mal, porque uno puede ser bueno o un maldito desgraciado todo el año sin que nada afecte nuestra esencia. Si uno es voluble con su personalidad y cambia por intereses externos, pues eso habla de la falta de autenticidad, autoestima y personalidad que tienen la mayoría de la gente.

            Nunca he visto alguna película del Grinch, porque odio los filmes navideños, sin embargo, llevo tantos años escuchando “Ay Hebert, ¡Eres todo un Grinch!” que, honestamente, ya está muy desgastado. De hecho ya es hora de que los corrija, porque lo correcto es que al monigote verde le digan “Ay Grinch, ¡Eres todo un Hebert!”. Y me parece justo, porque a ese personaje no le gustaba la navidad y acabo aceptándola, justo al contrario mío, porque yo empecé amando la Navidad, después la odie y ahora me resulta cada vez más indiferente.

            Durante mi infancia, al igual que todos los niños, esperaba la navidad con mucha ansia, sobretodo por los juguetes. No lo voy a negar, quería recibir la mayor cantidad posible de obsequios tanto en 25 de Diciembre como el 6 de Enero. Aunque mis regalos eran lo más importante, también esperaba reunirme con todos mis familiares. No entendía por qué todos estaban tan tontamente felices, pero me dejaba contagiar por su alegría sin sentido, así que me juntaba con mis primos para jugar, además de que nos dejaban dormir hasta tarde (lo cual era un auténtico lujo en mi niñez).

            No sé cómo sea la época actual pero, supongo, los niños deben ser los que más disfrutan de estas fechas, sobretodo por la posibilidad de que seres extraordinarios y mágicos les traigan regalos. Los padres, si son astutos, también le sacan provecho a ese sentimiento, porque todo el tiempo están chantajeando a los pobres engendros para que se porten bien o “Le voy a decir a Santa Claus que te portaste mal”. Lo triste es que a los niños cada vez les dura menos esa ilusión; en mi caso, me entere alrededor de los 10 años de todo el teatrito de los juguetes pero, me han comentado, hoy en día recién entran a primaria y ya les roban sus expectativas (clásico comportamiento mexicano: “Si a mí ya me fregaron mis sueños, yo te voy a fregar los tuyos”).

            Pero regresando al punto, los niños no entienden muchas cosas, sólo se dejan llevar por toda la farsa de los padres, por la estúpida alegría de los adultos, por la posibilidad de los regalos, por las fiestas y demás. Ellos lo disfrutan a más no poder, porque aún no están tan maleados por esta sociedad materialista y, con el corazón en la mano afirmo, me alegro que la felicidad e ilusión de los niños sean reales en estas fiestas porque es de lo mejor que uno puede experimentar en su infancia.

            Volvamos a mi pasado, conforme fui creciendo, me di cuenta que la Navidad no era todo lo que creí en un inicio, y es un proceso natural no sólo con las festividades, sino también desmitificas a tus padres, la religión, tus amigos, la humanidad, los valores, los principios y muchas otras cosas que te habían enseñado de manera utópica. Entre los 14 y 16 años (época en la inicie con cambios radicales en mi existencia, como dejar la religión o bañarme con agua fría), me dí cuenta de que el teatrito de la Navidad no sólo se llevaba a cabo con los juguetes, sino que TODA era una farsa en sí (por lo menos de cómo me la habían enseñado). A partir de entonces deje de participar en esta celebración, identifique los intereses involucrados, las apariencias, la gran necesidad de comprar y recibir, ser “bueno” a través de obsequiar pero también en espera de que te regalen de vuelta.

Me di cuenta que la navidad era como cuando iba a misa: La mayoría es gente “buena y misericordiosa” durante la ceremonia pero, al salir de la misma, vuelven a ser los mismos humanos basura que eran antes de entrar en ella. Lo mismo pasa con estas fechas, uno puede ser un auténtico hijo de puta todo el año pero, llegando la Navidad (cuando todo mundo es bueno per se), resulta ser el más querido, más cariñoso y bondadoso de la existencia. Debo demostrar todo lo que te quiero mediante algún regalo (y si es caro y/o de marca reconocida, mucho mejor). De hecho voy a sacar todo lo maravilloso que soy, y no hagas caso a mi comportamiento de los meses anteriores, porque ése no soy yo, ya que mi verdadera esencia sale en Navidad.

¡Por favor! ¡No sean ridículos! ¡Que gente más falsa! En Enero vuelven a ser la misma escoria que han sido siempre, y la misma que van a ser por los siguientes once meses. Era obvio, y necesario, que me alejará de la Navidad, considerando que proviene de la misma religión que abandone simultáneamente, y todo se basa en la incongruencia. Una cosa es lo que dicen y otra la que hacen, Navidad sólo es un pretexto para lucirse ante la familia y sociedad, para demostrar los excelentes seres humanos que podemos ser, sin importar las acciones cuestionables que hagamos el resto del año.

Ok, ok. Esta imagen no es de crítica, pero amo
a Asuka y a Rei
¿Por qué fingir en Navidad? ¿Por qué pretender que quieres o respetas a alguien cuando en realidad lo detestas? ¿Por qué actuar tolerancia cuando todo el año eres intolerante? ¿Por qué aparentar lo que no eres? ¿Para que los demás no te critiquen? ¿Para que te perdonen? ¿Por qué tenemos que ser buenos por dogma? ¿Por qué debemos poner nuestra estúpida cara de una felicidad hueca y sin fundamentos? ¿Por qué repetir frases automáticas y sin sinceridad como “¡Feliz Navidad! ¡Te deseo lo mejor!” cuando pocas veces las sienten en verdad?

Vamos a ampliar más esta crítica al año nuevo, ¿qué caso tiene martirizarse con propósitos que nadie cumple? “¡Quiero dejar de fumar! ¡Voy a hacer Ejercicio! ¡Mañana inicio mi dieta! ¡Ya no voy a tomar!”. Tantas y tantas metas que serían realizables pero, como fueron hechas por la embriagadora alegría del momento, casi todas son abandonadas. No es necesario un fecha en especifica para proponerte mejorar, eso se puede hacer SIEMPRE, hoy mismo puedes iniciar sin la necesidad de un pretexto que te motive a hacerlo. Se demuestra lo barato de la época al ver los resultados, al ser basado en un sentimiento de euforia temporal, el compromiso también es efímero; por eso mismo acaban dejando el gimnasio, la dieta, las clases de baile o retornan a los vicios que habían prometido dejar.

¿Se dan cuenta de cómo malbaratamos nuestra palabra y fiabilidad? Cada año ya sabemos las promesas y los fantoches que la van a hacer, así como conocemos los resultados. Es un círculo vicioso que nosotros mismos hemos fomentado, y eso mismo contribuye a la depresión que muchos sienten en Enero, porque ya no tienen dinero, no tienen fiestas, ni regalos ni nada que festejar, además de que, la mayoría, están con bastantes kilos de más (seguramente por toda la “alegría” que acumularon).

Como buen Contreras, creo que el mes de Enero es mi favorito, aunque no llego a los niveles de inconsciencia del resto. En primera me divierte toda esa gente que estaba tan tontamente feliz un mes antes y después están inexplicablemente tristes (como se nota lo vulnerables que son a factores externos para regular su estado de ánimo). Si quieren verlo así, también formo parte de esta sociedad capitalista pero, me parece que, mi comportamiento es distinto.

Para mis pulgas, sólo imaginarme las tiendas llenas, sin lugar para estacionarse, sin la atención personalizada, y los precios elevados (aunque te los vendan con un supuesto descuento) son suficientes razones para evitar comprar en fin de año.

Para empezar, clausuro la cartera tras las festividades de Muertos, es difícil (por no decir imposible) que haga una compra significativa en Noviembre y mucho menos en Diciembre. Esto ya es una disciplina de años, me controlo y ahorro mi dinero. Podemos decir que en Enero se presenta mi Navidad y los disfruto por las siguientes razones: Las tiendas están vacías y anhelan fervientemente a cualquier consumidor; por lo mismo, casi toda la mercancía está con descuentos bastante atractivos (y reales), como consecuencia, cuando voy a comprar, ante la falta de clientes y la necesidad de vender, soy atendido como rey, de hecho, es tanta atención que me llega a incomodar. Obviamente Enero es el mes en donde más consumo, pero hay mucha diferencia de comprar de un mes a otro.

Por esta ridícula felicidad sin sentido, la cual es meramente superficial, esta es la época del año en la que más me aíslo. Esto es una ventaja porque es cuando más puedo leer y, a partir de este año, cuando más puedo escribir. Ciertamente voy a (considero yo) demasiadas reuniones, de algunas no me puedo deslindar (temas laborales) y a algunas me da gusto ir (más por las personas que por el motivo); sin embargo, trato de zafarme de todas las que pueda. Si asistiera a todas las celebraciones que me invitan, no tendría tiempo para mí, me sentiría agobiado y subiría como 20 kilos por todo lo que tragaría.

La navidad ha dejado de ser, desde hace mucho tiempo, una fiesta religiosa para convertirse en una festividad comercial. El Arbolito, los regalos, el pavo, las medias en la chimenea, Santa Claus, los ayudantes de éste, los renos, los muñecos de nieve y hasta los Osos polares son más difundidos que las imágenes de Jesús, María, José, la estrella de Belén, los animales del pesebre, etc. Si no me creen, pregunten a cualquiera sobre lo primero que le viene a la mente al escuchar la palabra Navidad, se darán cuenta que la mayoría de las respuestas están relacionadas con lo comercial y muy pocas (las más mochas) les dirán que el nacimiento de Jesús.

Es más, la influencia de las marcas es tan grande que ya nadie puede concebir a un Papá Noel sin su traje rojo, en el inconsciente colectivo, el atuendo escarlata con blanco es obligatorio, y eso se lo debemos a Coca Cola y su publicidad, porque el traje original era entre una especie de café con verde olivo (pero nunca rojo).

Es chistoso que una fiesta religiosa ha sido tan prostituida que ya hasta se podría considerar pagana, por todas las imágenes que se veneran y respetan en estas épocas, tan distintas a las de la religión que tuvieron origen. Una evidencia de que esta festividad se ha vuelto más comercial que religiosa es el hecho de que se festeja en países en dónde la cristiandad es mínima, por ejemplo tenemos Japón. En la tierra del sol naciente, el porcentaje de la población católica y/o cristiana no alcanza ni el 1% y, sin embargo, celebran la navidad. Obviamente los nipones no lo festejan por el nacimiento de Jesús, más bien lo hacen a un estilo “Día de San Valentín”, en donde es un buen pretexto para reunirse y darse regalos.

A título personal, esta fiesta representa para mí dos venenos: el consumismo o la religión. Por eso mismo me aislo tanto como me es posible. Tiene muchos años que no voy a la iglesia, obviamente no estoy recomendando que vayan, pero me parece que las personas que se consideran creyentes deberían cambiar sus prioridades y darle mayor valor a sus costumbres religiosas antes que a las comerciales, por lo menos serían más auténticos y leales a sus creencias.

Sé que muchos dirán que efectivamente llevan a cabo esas actividades que les dicta la religión, pero muchas de ellas sólo son el pretexto para “festejar” y emborracharse (ejemplo típico son las posadas). Obviamente, no los culpo por lo aburrido que resulta, muchos no van a misa en estas fechas, ni ven el mensaje del Papa.

Estos argumentos demuestran que la religión más grande del mundo es el consumismo, ya que éste se ha apropiado de esta festividad. No dudo que aún existan personas que celebren la Navidad con el sentido original con la cual fue concebida aunque, es casi imposible hacerlo, el toque del materialismo no puede ser extirpado.

Y aquí llegamos al meollo del asunto, muchos argumentaran que es imposible celebrar estas épocas sin consumir bestialmente, por eso mismo a la mayoría ya no disfrutaría la Navidad sin comprar alocadamente. Sólo considérenlo un momento: ¿Una navidad sin gastar en exceso? Obviamente no les checa porque ya tienen tatuado un paradigma de que Navidad = Compras, para el ser humano occidentalizado y/o capitalista es imposible concebir estas fechas sin gastar. Tal vez puedan prescindir de muchas cosas, y seguiría siendo navidad, pero ¿dejar de comprar? Les aseguro que no les sabría igual su festividad.

Muchos dicen, y espero que tengan razón, que estas fechas les sirven de pretexto para juntarse con la familia. Si así es, me alegra, aunque sería mejor que no necesitaran un razón para convocar a todos sus familiares, pero como no es así, por lo menos la Navidad trae algo bueno al reunirlos una vez por año, espero que en la celebración se le dé más valor a los seres queridos que a lo que regalan los mismos. Y, sólo cómo reflexión, ¿por qué están separadas las familias? ¿Por qué necesitan de una fecha en específico para que se reúnan una vez en todo un año?

¿Qué pretendo con este escrito? ¿Qué la gente cambie? ¡Claro que no! Si apenas puedo conmigo mismo, no puedo cambiar al mundo entero. Sólo me gustaría que fuesen más honestos y tomar una postura tipo “Me gusta Navidad porque gasto mucho, me siento bien, tengo muchas fiestas, como y bebo en exceso, además de que recibo regalos” en lugar de guardar las apariencias y dar el discurso políticamente correcto: “Navidad, una época de amor y paz, en donde todos nos perdonamos, amamos y somos bendecidos por nuestro señor Jesús” y, mientras dicen esto, están pagando su nueva pantalla 3D a 18 meses sin intereses. ¿Acaso soy el único que ve lo ridículo e incongruente de toda esta situación?

Sé que les voy a caer muy mal por escribir todo esto, ahora imagínense a mi pobre madre que tiene que lidiar conmigo cada quince días o a mis compañeros de trabajo que me soportan a diario. Sin embargo, en la psicología se ha demostrado, “Si te choca, te checa”, si les incomoda mi escrito, ha de ser porque algo de razón ha de tener.

Ya use está imagen antes
pero era obligatoria en esta ocasión
Seguramente están pensando que todo lo que percibo de la navidad no es cierto, y es factible que tengan razón, pero no pueden afirmar que todo es falso. De igual manera no pueden asegurar de manera categórica que todo lo que ustedes perciben de esta época es cierto. Finalmente les he de comentar, con el tiempo aprendí a ver que sí hay una parte auténtica de la Navidad pero es mínima a comparación de toda la parafernalia que te atiborran a lo largo de tu vida, y comprobé que esa pequeña fracción real se va reduciendo año con año (habrá familias en donde sea un poco más grande y en otras dónde ya desapareció desde hace años).

Muchos sienten nostalgia cuando termina la navidad, yo la tengo cuando termina la época de muertos.

Hebert Gutiérrez Morales.

5 comentarios:

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
Yo creo que el Grinch de la película debería aprender a ser mejor Grinch contigo, y digo mejor Grinch porque él no es congruente y tú sí lo eres.
Efectivamente, para mucha gente mocha, mustia o tonta, con tus palabras estás pateando el pesebre o bajando a la Virgen de su pedestal. Personalmente, creo que eres claro y honesto en tus comentarios y coincido al 100% con ellos en la parte del consumismo y las dobles caras que tantas personas llevan en sus vidas.
Debo reconocer que muchas veces fui consumista con la Navidad (desde hace varios años ya no lo soy), pero jamás he sido doble cara o he ocupado el pretexto de la Navidad para limpiar mis culpas o sanar mis pecados con falsa generosidad o acciones para salir en la foto.
En cuanto a la parte religiosa considero que eres respetuoso y pones en claro tu postura o ruptura con la misma. Yo que me considero religioso, pienso que la Navidad es un tema muy complejo que pocas personas entienden y sienten de verdad. Tal vez muchos conocen las tradiciones, lo que supuestamente significan y el por qué existen, pero solo como eso, como tradiciones. Son muy pocos los que entienden el sentido más profundo de la Navidad y de la Religión, y definitivamente son menos, quienes aplican a sus propias vidas cada día estos principios. Yo siempre he pensado que tener una religión es algo colectivo y heredado, aceptar una religión es una decisión personal; pero practicar y amar una religión es completamente individual, altamente intelectual y profundamente espiritual.
Un abrazo, espero que estés contento por el triunfo de los Delfines y Feliz Halloween (atrasado).

Qcho dijo...

Heberto:
¿Por dónde empezar? Podría decirte que comparto muchas de tus ideas, que soy fiel seguidor de lo que piensas y escribes, pero, la realidad es que mentiría jejeje. Soy un fiel seguidor a las costumbres consumistas de las fechas, me disponía siempre a buscar un lindo y excelente regalo para mi pareja y familia, principalmente mis sobrinos, como dices son los niños quien tienden a vivirlo de mejor manera y pues arruinárselo no es plan, en mí caso, las navidades en su mayoría fueron tristes y no es hasta apenas que las comienzo a disfrutar y no precisamente por borracho, pero pues al hacerse grande la familia como que la disfruto y no precisamente la noche de navidad, si no por una comida que realizamos un día entre el 24 y 31 de diciembre. Lo que le denominamos entre bromas “La comida Familiar de la Familia”, en donde realmente todos nos sentamos a la mesa a platicar, pero si me preguntas hace 8 años aproximadamente atrás, mis navidades eran fuera de casa, entre más lejos mejor.
Y la cuestión del consumismo, pues si tengo el problema del comprador compulsivo, de hecho la lap donde te escribo en este momento y me conecto la compre así jajaja. Prácticamente hace un año y fue mi regalo de navidad, que cosas, la ventaja es que es una herramienta que ocupo casi todos los días y que ya forma parte de mi cuerpo como un brazo, una mano o un corazón.
Y si tienes razón por ejemplo fui al chedrahui que se encuentra cercano a la casa, y pasando las calaveritas de azúcar chinas por cierto jajaja, me encontré esferas de navidad y adornos para la próxima festividad a casi mes y medio o un poquito más como bien lo comentas, y bueno, después de dos años de vivir en un municipio tan lindo por las tonalidades y sus cielos, como lo es Chignahuapan, pues pa que comprar cosas chinas… Consuman el producto nacional, es padrísimo experimentar el diseño y el cómo se va creando está linda artesanía poblana. Lástima que ya termino la feria ja.
Con respecto a la iglesia ya casi no voy, cuando llego a ir es por amigos o alguien quien necesita consuelo de Dios, por lo regular no rezo, pero traigo un rosario, además de algunas imágenes dentro de la cartera y mochila, la ayuda siempre es bienvenida, no me aferro al catolicismo, pero cuando se puede ofrezco una plegaria o una bendición a los buenos amigos (que no son muchos) pero, los que se tiene hay que cuidarlos.
En fin, ya te mandare mi presente mi estimado Hebert espero que el tuyo sea con marca de la VW. Jejeje un abrazo!

Anónimo dijo...

Que tal Hebert. Pues es realmente destacable que compartas tanta producción intelectual y de forma tan consistente a lo largo de las semanas. Felicidades por la continuidad y disciplina, aparte del gusto que seguramente tienes en abrir las hojas de tu libro al resto de los lectores.

Apuntando al ensayo que nos ocuap creo que muchos de los conceptos y temas que tocas son la neta y son lo que son. Efectivamente el concepto original de Navidad (al menos desde el punto de vista religioso) está bastante desvirtuado en el mundo dond emedios y capital mueve los hilos a su conveniencia.

Como alguien más comparte en lso comentarios, es difícil escapar a las prácticas del cosnumismo y darnos una "apapachada" o consentirnos de repente a través de lo material. A mi me cuesta mucho en ocasiones.

Afortunadamente puedo contar, sin embargo, que en mi vida la época tan mentada es la oportunidad de tomar unr espiro de la vida, cotidaneidad y rutina que llevamos a lo largo de 345 días ( y digo 345 porque es muy rico poder echarse unos 20 días relajeando y disfrutando con familia y amigos) La verdad es en esta época, y con ese respiro qu emenciono, cuando, si quieres de forma obligada o por costumbre pero sin dejar de ser positivo, echas un vistazo a lo hecho y otro a los planeas y sueños. Creo que es muy reconfortante poder ver realizados uno o unos de los motivantes de ese año o años y por otro lado el poder seguir soñando con ser mejores. No hablo tanto de propósitos sino del plan de vida que ojalá cada quien pueda llegar a diseñar.
Algo rescatable de la época es el entusiasmo, como bien dices no siempre auténtico, de la gente quenos rodea. Creo que la tarea difícil es perpetuarlo a pesar de la cuesta de enero, febrero loco y los que siguen. Es en este entusiasmo donde veo, al menos desde mi microcosmos, el potencial de impulsar buenas ideas en la gente (dejar de fumar, hacer deporte, ayudar al prójimo). Nunca mejor dicho que "un empujoncito puede ayudar a un cohce a arrancar"

Concuerdo con que no debería ser necesario un pretexto para actuar, esa es la tarea que creo que todos tenemos a diario, no necesitar pretaxtos mas si mantener vivas las esperanzas y los incentivos.

En fin, son ideas que salen de mis 5 minutos de inspiración pero resumiendo: que la pases y la pasemos felices cada día, si en medio se atraviesa la navidad pues nomás a seguir gozando y que no nos "atropelle"

Yaire

Anónimo dijo...

Hola!
Hay varias cosas que comprendo de lo que escribes y realmente tengo poquitas cosas que compartirte.
Por la religión de la cual nací, no celebro la Navidad, sin embargo mi hermana se casó con un católico y mis sobrinas hermosas ya tienen esa costumbre y no tienes idea de cuanto disfruto ver sus caras y escuchar su risa en esta época; es como si la naturaleza propia que tenemos saliera, pues al reunirse todos, mis sobrinas llenan de besos y abrazos sinceros a todos, así debería ser siempre.
Comprendo tus palabras porque también he tenido experiencias no gratas en estas fechas, sin embargo por la naturaleza de mi fe, no puedo permitirme siquiera ocupar mis pensamientos en aquello malo, con un error o triste, me enfoco y tengo mi esperanza en aquello bueno que se pueda lograr en estas fechas, quizá una reconciliación, una expresión de amor sincero, un examen de conciencia conciente de nuestras acciones... quizá suene algo raro, pero aquellos pensamientos raros y mínimos que hacen las personas, alguien tiene que hacerlos y con gusto llevo aquella tarea.
Quiero que sepas que el abrazo que te di hoy al despedirme de ti, tenía todo el amor sincero que puedo darte, tenía mi deseo ferviente de que tengas mucha alegría en tu vida y paz interminable en tu corazón, tenia mi sincero deseo que estas celebraciones las disfrutes en compañía de quien tú más quieras.
Así como tienes la perspicacia y la mirada aguda para exponer todas las razones de tu rechazo a estas fiestas, deseo que también puedas acoplar con una sonrisa aquellas muestras de afecto sin una razón oculta que puedan ofrecerte, y si me permites ser quizá demasiado positivo, también que puedas tener la mirada aguda para poder expresar todo aquello maravilloso que tiene esta época, seria un gusto poder leerlo.
Todas las bendiciones para ti y tu familia!
: )
Iván.

Anónimo dijo...

Hola Hebert, creo que al fin superé lo de Profe, haha. Bueno, una disculpa por no haber comentado antes, lo que de manera muy atenta me compartiste para leer. Desde ese mismo día lo leí, aunque he estado medio a prisa con el trabajo, por lo que lo dejé pasar, hasta ahora; aunque trato de escribirlo igual como si hubiera comentado al instante.

Sin duda, estoy de acuerdo en muchos de los puntos que mencionas, en especial lo de los regalos y que de repente todo mundo se vuelve un buen samaritano, igual de niño me dejaba llevar por toda la emoción navideña (seguramente por los regalos de reyes) y no niego que la pasé bien.

No obstante, me voy ando cuenta, como bien lo mencionas, es una construcción de la mercadotecnia y de otras ciencias para acelerar el consumo. No digo que sea malo regalar, sino que no se tienen que esperar hasta estas fechas o no tiene que ser un regalo lujosos, como también lo mencionas.

Bueno, para que se ponga interesante el comentario, creo que deberé de llevar la contra en un tema delicado, "la religión".
Antes, te quisiera compartir que mi formación académica-personal se cruza entre dos polos: desde primaria hasta preparatoria estudié en un colegio católico (no tengo queja alguna, sino agradecimientos)y mi formación profesional, en universidad pública (también sólo agradecimientos), donde la ciencia, la política y distintas corrientes ideológicas se unen. Quizás por ello,tengo fe en la religión (no el clero, pero trato de acompañarlo por razonamientos lógicos y filosóficos cuando se puede. Espero no pienses que tiendo a loco, haha.

Una vez aclarado lo anterior, puedo decir que no considero que la religión haya tratado de hacer que la navidad sea lo que es ahora, me atrevo a pensar que en un entonces las intenciones eran nobles, el problema es que los hombres llevan la religión y la acomodan a su interés. Aunque la religión, desde un argumento neutral, sólo busca el bien para uno mismo y el resto.

Se menciona que la navidad, es el nacimiento de Jesucristo y se establece como un momento para que Cristo renazca en el nuestro y busquemos el bien al prójimo, si es un pretexto para hacer el bien, bienvenido. Pero como bien mencionas, sólo dura un par de semanas.

Por eso, llego a la conclusión de que la actitud noble y positiva de la navidad (la verdadera y la poca que queda) debería aplicarse todos los días. Como católico y hombre de lógica y ciencia me atrevo a pensar que Cristo cambiaría todas las celebraciones realizadas en su nombre en estas fechas, por que todas las personas buscáramos la verdadera felicidad y respeto cada día y no sólo en fechas establecidas, que ya ni eso tienen de cierto.

Te cito de nuevo, mi verdad no es universal, pero desde mi experiencia y formación, así lo considero.

Espero que sea una buena contribución y que no se generen muchos choques ideológicos, haha.

Gracias y saludos

Manuel P