domingo, 27 de noviembre de 2011

Los Ricos de tres días

            En mi trabajo tenemos un comedor de paga en donde ofrecen desayunos muy buenos y generosos. Cuando llego a ir a con mis amigos, procuro que no sea el día en que cobramos, porque es cuando los “ricos de tres días” proliferan y abarrotan el lugar.

            ¿Por qué son “ricos de tres días”? Porque durante un par de días, después de la fecha de pago, salen a comer a buenos restaurantes, van al cine, salen a bailar, al Table Dance, a pasear el fin de semana en algún lugar bonito u otras actividades; esto mientras tienen algo de dinero (que la gran mayoría usan para saldar algunas de sus múltiples deudas). ¿Qué pasa el resto del mes? Obviamente se ven obligados a llevar una existencia austera “con el Jesús en la boca” esperando que, lo que les quedó de su paga, les sea suficiente para sobrevivir y llegar a la siguiente nómina, que es cuando vuelven a recuperar su status de bonanza temporal (y el ciclo comienza nuevamente).

            A veces pienso que soy el único que encuentra este comportamiento estúpido e inmaduro, ¿para qué darte un nivel de vida que no es el tuyo? ¿Por qué endeudarte con algo que normalmente no puedes costear? ¿Acaso no hay suficiente honestidad, sentido común y madurez para vivir acorde a tus posibilidades? Estos farsantes siempre contestarán con “Lo bailado nadie te lo quita” y tendrán razón, pero las deudas y el estrés de mantener un espejismo tampoco te las quita nadie.

            Me molesta mucho la gente falsa, “Fantoche” como decía mi Abuelita, que quieren aparentar algo que no son. Este es un hecho tan generalizado, que lo extraño es tratar de ser auténtico (a veces se logra y otras no); personalmente intento ser lo más congruente posible, pero no puedo negar que también llego a caer en actitudes fingidas y/o falsas, no estoy orgulloso de eso y trato que sean las menos en mi accionar diario.

            Y vaya que sé de fantocherías porque, independientemente que de aquí trabaje y coma, vivo en una ciudad que bien podría considerarse el reino de la falsedad. En este ambiente pesa más lo que los demás opinen y/o perciban de ti a lo que en realidad eres o el concepto que tengas de ti mismo. Si los demás te ven bien, importa un comino que tú te sientas de la fregada por dentro y, siguiendo con la lógica retorcida, cualquier posible felicidad interna pasa a segundo plano si el resto de la sociedad te rechaza.

Voy a mencionar un hecho que lo ejemplifica, anteriormente vivía en una zona más modesta que la actual, ambas en el mismo municipio, así que deberían aplicar las mismas reglas ¿no creen? Pues me equivoque, una muestra es el suministro de agua: en la zona sencilla se liberaba dos veces a la semana, en ciertos horarios, sin importar que el tiempo era insuficiente para llenar las cisternas; mientras que en la zona bonita el agua está disponible permanentemente. Otro caso es la recolección de basura, en la zona “nice” se hace tres veces a la semana, a primera hora y muy puntual, en la zona austera pasaban sólo dos veces y, en algunas ocasiones, se atrasaban, por lo que había que esperar otro día o, de plano, no pasaban hasta la siguiente semana.

¿Por qué? Porque la zona bonita es de personas más pudientes y ahí me queda clara la discriminación que nosotros mismos nos aplicamos, y ni siquiera por tener más dinero, porque muchos habitantes de la zona “nice” pagan renta, mientras que en la zona sencilla la mayoría somos propietarios de los inmuebles. Simplemente es la fantochería de vivir en un lugar más bonito o más grande.

            Aclaro que el fraccionamiento que llamo modesto no es de clase baja, en realidad es de clase media, el cual es digno, limpio y organizado, en donde la mayoría tenía su vivienda comprada y pagan un mantenimiento mensual de $300 pesos. Cuando me mudé al fraccionamiento más bonito, con casas más grandes y, en teoría, en donde la gente ya es de clase media alta, debería encontrar vecinos más refinados y/o educados, pero me equivoque.

            El 75% de las viviendas son rentadas, y la mayoría no paga un mantenimiento de sólo $150 pesos, además de que hay constantes faltas de respeto o poca civilidad entre los vecinos. Aparte de la falta de educación ¿por qué rentar una casa cara cuando, con la misma mensualidad, puedes comprar una vivienda en el otro fraccionamiento? Porque le dan valor a la apariencia y no a la esencia. Me parece ridículo prodigar un espejismo en vez de ver por el bienestar de la familia en un patrimonio factible de financiar.

 “Son de los que comen frijoles y eructan caviar” – Frase oída en La Disposición

Eventualmente te das cuenta que es imposible mantener esa inmaculada imagen además de que causa más miseria que alegría porque, tarde o temprano, nos caen “con las manos en la masa”, y uno queda peor que la verdad que trataba de ocultar, ya que se agrega el “mentiroso” y/o “fantoche”. Da más pena al caer la máscara que al haber sido honesto desde el inicio. El que pretende ser algo que no es, resulta patético, porque el miedo de ser rechazado es mayor que el posible placer de ser verdadero. 

Es muy agotador estar todo el tiempo en estado de alerta para no ser “descubiertos” por los demás, y conozcan nuestra realidad. Cuando esta prostitución de ideales se va haciendo costumbre, se torna un mecanismo automático el pensar primero que dirá o le gustará al resto del mundo antes de preguntárnoslo a nosotros mismos (en ocasiones ni siquiera nos lo preguntamos). Esto se queda como un vicio desde la juventud, y ya no nos expresamos, así que adoptamos poses o ideas “políticamente correctas” o populares para no ser criticados. Por temor a las burlas, al rechazo y a la “terrible” soledad seguimos comportamientos seguros. Es un círculo vicioso que se ha perpetuado a través de los siglos y que se ha perfeccionado durante la historia de la “civilización” (no lo entrecomillaría si en verdad fuésemos civilizados).

La fantochería la aprendí desde niño (al igual que la mayoría). Recuerdo que en la casa teníamos una limpieza estándar, no impecable pero tampoco un mundanal; sin embargo, el día que recibíamos a alguien externo, el esmero para que nuestro hogar quedara reluciente era impresionante. Al inicio pensé que este fenómeno era netamente familiar, después comprendí que era generalizado, porque lo mismo contemple en todas las escuelas por las que curse: al tener alguna visita importante, abundaban las acciones especiales para dar una imagen mucho mejor a la cotidiana (pero falsa a fin de cuentas).

Es más, a pesar de que laboro en una empresa de clase mundial, exactamente pasa lo mismo en mi trabajo cuando viene alguna distinguida visita, como el presidente de México o el presidente del Consorcio Volkswagen. Aclaro que nuestras instalaciones están aseadas todo el tiempo pero, al recibir a alguien “pesado”, no es raro que se corte el pasto, se retoquen las instalaciones y se limpian exageradamente todos los lugares por donde pasaran los invitados. No entiendo de dónde viene esa necesidad de dar una imagen de lo que no sé es, pero me queda muy claro que se presenta en todos los niveles.

Creo que no lo podemos evitar a nivel cultural ya que, no lo voy a negar, también me esmero en limpiar mi hogar en las pocas ocasiones que alguien me visita. A pesar de ello, haciendo una analogía, mi “casa de ideas” trato de mantenerla limpia, no voy a decir que impecable, y es que tengo la meta de, algún día, ser totalmente congruente entre lo que hago, digo y pienso. Aunque he avanzado en ese tema, tengo que reconocer que aún caigo en actitudes falsas que hieren mi alma y me entristecen internamente. He aprendido que no puedo cambiar al mundo, así que debo mejorar MI mundo, a través de mejorarme a mí mismo.

¿Para qué modificar nuestro ser en afán de agradar a personas que NUNCA van a aceptarnos? Es un sacrifico inútil, porque esos seres miserables siempre van a encontrarle un “pero” a nuestra forma de ser, siempre encuentran el pelo en la sopa. Con el tiempo, aunque no es obligatorio, uno se debería cuenta que puede empezar a ser como es y no sólo va a encontrar detractores, también va a encontrar personas que lo acepten tal cual. Es cuando encontramos a seres más honestos, no necesariamente que estén de acuerdo con nosotros, pero lo suficientemente civilizados y desarrollados para respetarnos en vez de juzgarnos. ¿En qué consiste dicho respeto? En no cambiarnos. TODO el mundo juzga a TODO el mundo, eso es inevitable en la naturaleza humana, pero el respeto radica en guardarte una opinión que nadie te pidió y no tratar de cambiar a alguien a la manera que nosotros queremos.

“Si quieres agradarle a todos, sólo aseguras no agradarle a nadie” – Hebert Gutiérrez Morales.

Precisamente porque me desagradan los farsantes, trato de evitarlos a toda costa. Costco es un imán para este tipo de personas, por eso me gusta ir en días y horarios en donde hay escasa gente, como las noches de fin de semana (cuando los fantoches están cenando, en el cine, preparándose para salir al antro y demás). Hace un par de meses, Viernes en la noche, me encontré con la desagradable sorpresa de que el lugar estaba lleno a tope, por lo que me pregunte “¿Qué hace toda esta pinche gentuza en mi tienda?” (Cuando voy, y no hay nadie, siento como si fuera de mi propiedad).

Note que todo el mundo estaba comprando artículos grandes y de precio considerable: refrigeradores, muebles, electrodomésticos, Pantallas, Lap Tops, etc. No encontraba una explicación lógica para dicho fenómeno pero, al ver la publicidad, me entere que TODAS las mercancías estaban a 12 meses sin intereses (incluyendo las compras cotidianas), y ahí supe por qué estaba lleno.

Esa es de las falsedades más grandes en la sociedad mexicana. En países desarrollados y civilizados (como los europeos) no existen esas compras a pagos diferidos. Obviamente tienen otra calidad de vida, pero el tema no pasa por el dinero (porque también los precios son más altos), es un tema de cultura y educación: si tienen recursos suficientes lo adquieren, si no los tienen, ahorran y lo compran o, aunque lo quieran, si no tienen lo necesario, simplemente se abstienen.

El mexicano adquiere tantos productos a través de los pagos diferidos que, normalmente, no podría comprar. Esto en vías de darte un status social que no puedes costear por lo que, eventualmente, la trampa se va cerrando, ya que en el momento sólo ven mensualidades pequeñas pero “de a poquito en poquito se va llenando el cochinito”, en conjunto su deuda los va ahorcando debido a los diversos pagos que se les acumularon por tanta banalidad pero, eso sí, endeudados pero con su refrigerador de última tecnología, sus pantallas de tercera dimensión o sus lavadoras ultramodernas.

No sé si es por educación o por esencia pero sólo compro cuando tengo con qué pagar y, si no lo tengo, simplemente me pregunto “¿En verdad lo necesitas?” y como casi siempre la respuesta es NO, puedo vivir sin algo banal. No me es importante dar una imagen falsa al tener productos que no puedo pagar de contado. Sé que es mi manera de verlo, porque muchos argumentan que es la única forma que se pueden hacer de objetos materiales grandes. Esto último no lo niego, lo que cuestiono es adquirir algo que está más allá de tu nivel o status. El problema radica en que no tienen la suficiente tranquilidad o madurez para aceptarse y quererse como son, por lo que siempre están en la búsqueda de aparentar (mas no ser) algo más, ese rango superior que tal vez nunca alcancen.

“Es mejor ser odiado por lo que eres a ser amado por lo que no” – Kurt Cobain

¿Cuál es el origen de toda esta actitud neurótica? ¿Por qué quebrarnos la cabeza en fingir algo que no somos en vez de aceptar lo que sí? Uno de los placeres infinitos de la sociedad es el señalar a sus individuos, para que no se atrevan a serlo: seres individuales con personalidad propia. Resulta increíble que el ser auténtico es casi imposible y, contrariamente, el ser falso en todo momento es una “habilidad” que una gran cantidad de personas desarrollan con facilidad, sobretodo en la adolescencia, que es la edad de la fantochería por excelencia.

Esa época en dónde se está en búsqueda de la identidad y uno se cree lo máximo de la creación. No crítico esa postura, lo malo es la enorme ansiedad que los adolescentes están viviendo respecto a su imagen y pocas veces aceptan ser su mejor versión, y en su lugar están intentando ser algo que no son pero que se ve bien “cool”.

Aún tengo actitudes farsantes remanentes de la adolescencia, porque me llego a comportar de cierta manera en algunas situaciones, para mantener una imagen que me resulte conveniente. Sin embargo, existen asuntos de fondo en los que uno no puede darse el lujo de ser deshonesto, y es que hay muchas situaciones, actitudes, sentimientos, posturas e ideas que uno no puede fingir (o no debería hacerlo).

Había una época en la que me apenaban muchos hechos: como el aceptar que no llevaba el apellido de mi papá (por ser hijo del primer matrimonio de mi mamá), me apenó reconocer que durante doce años de mi existencia habite en un pueblo, al cuál odie con toda mi alma por estar fuera de la civilización. También me apenaba admitir que había estudiado en una Universidad “Patito” (aunque hoy en día ha crecido). Cuando vivía en el DF también sentía pena por admitir frente a mis amigos que no habitaba en la misma zona de la escuela, al igual que ellos.

Fueron muchas cosas que experimente a lo largo de mi niñez y adolescencia; hoy en día puedo admitir todo eso que antes me apenaba y mucho más, porque me acepto, además es muy desgastante cuidar una imagen ante todo el mundo, en el intento de ser perfecto (que, aunque lo llegara a ser, de todos modos sería acribillado con críticas). No me importa lo que puedan pensar de mí, si alguien no está feliz con lo que soy, pienso o digo, pues no voy a cambiarlo sólo para evitar que se ofenda, porque es imposible agradar a todos.

Por eso es mejor ser auténtico, cierto te van a criticar más, pero te pondrán más atención que a alguno de esos autómatas programados por la sociedad misma, porque es más entretenido fijarse en alguien con personalidad propia que en alguien acartonado. A veces hay cierto pudor por ser o expresar lo que uno es, decir lo que uno piensa y hacer lo que uno en realidad quiere, en otras ocasiones hay intereses involucrados. Conforme te vas curtiendo, te das cuenta que la opinión de los demás ya no es tan vital, por lo que empiezas a ignorarla y darle más valor a lo que en verdad quieres. Por pensar así, muchas veces he sido tachado de cínico, en otras ocasiones la gente se me queda viendo horrorizada por expresar ideas que no son políticamente correctas, en muchas oportunidades voy en contra de las “buenas costumbres” pero, en todas esas situaciones, le he sido fiel a mi esencia. Muchos se sentirán ofendidos porque voy contra sus ideas, pero el daño que creen que les propine está sólo en su cabeza, ya que sólo estrese sus prejuicios, en ningún momento los he dañado como seres humanos.

Hace unos meses me lleve una linda sorpresa respecto a este tema. Salía con cierta chica y, al comentarle anécdotas de mi natal puerto, ella me dijo con toda la naturalidad del mundo “Yo no conozco Veracruz”. Para mí fue un doble impacto: en primer lugar porque era la primera persona que encontraba, en toda mi vida, que no conocía mi lugar de origen. En segundo lugar, y lo más importante, me quede conmovido y con una muy grata impresión por la seguridad, limpieza y honestidad con la que acepto su status, esto en lugar de mentir para dar una imagen falsa y “quedar bien”. Confieso que, a sus 25 años, yo hubiera mentido para “verme bien”, es más, estoy seguro que ella es un caso único, porque casi la totalidad de las personas a esa edad hubieran mentido para evitar la “pena” de no conocer el puerto más importante de México. Esto me recordó que hay que procurar relacionarse con gente que tiene la capacidad de aceptarte tal cual eres.

¿Qué no sólo tenemos una vida cada cual para disfrutar lo que cada uno de nosotros quiere? ¿Acaso no es obvio que es imposible agradar a un monstruo de infinitas cabezas cuyo placer es encontrar algo con que juzgarnos? Si de por sí vamos a ser señalados, por lo menos que sea por algo que decidimos nosotros mismos, así será justo el juicio, y no andar sufriendo por las tonterías que alguien más nos inculco.

Afortunadamente las poses que hoy en día se mantienen vigentes en mi persona son las menos y, créanme, me esfuerzo para aniquilarlas definitivamente, tomo la parte que me toca de toda esta crítica, esto con el fin de madurar y ser fiel a lo que soy y dejar de aparentar lo que no está en mí. La manera más pacífica de vivir es aquella en la que te asegures de poder verte al espejo y no recriminarte nada, es irte a la cama con la consciencia limpia y sin pendientes en la cabeza, es la tranquilidad de transitar tu existencia sin la angustia de que se te descubra en la farsa y se te tache de mentiroso. Tal vez alguien se haya molestado por algo que hayas dicho o hecho, pero esa molestia no se compara con la deshonestidad de haber hecho lo contrario a tu esencia.

Finalmente, prefiero realizar mis actividades de manera libre, y en cualquier día que se me pegue la gana, en lugar de estar limitado a sólo tres días, eso sin mencionar que también gusto de dormir serenamente, sin pensar en deudas económicas o sociales.

Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
Muy ciertos tus comentarios en este ensayo, desde mencionar que Puebla se pinta sola para ser la ciudad de las falsedades, hasta el tema del consumismo por estatus, como quedó más que demostrado en el famoso "Buen Fin" que como un buen amigo mencionó en el FB, más bién debió llamarse "Pacquiao Fin" por la falsedad, trampa y mentira de las ofertas.
El tema del presente ensayo, así como los temas de muchos de tus ensayos anteriores, tienen el común denominador de que los protagonistas son las personas inmaduras e inseguras.
Considero que, si a estas personas (que efectivamente son muchas) realmente les gusta mostrar a los demás que tienen éxito, dinero y lujos, pues deberían verdaderamente luchar y trabajar muy duro para conseguirlos y realmente tener un estatus económico y social alto.
Yo pienso que no es malo tener dinero, ni vivir con lujos o comprar cosas bonitas, ¿a quién no le gusta lo bueno?. Lo que sí es malo, o más bien malísimo es no aceptar tu situación actual y no hacer nada para mejorarla más que endeudarte.
Finalmente y como bien expresas, nadie estamos libres de culpa para arrojar la primera piedra, así que nunca debemos criticar o hablar demasiado de los demás sin antes aceptar nuestros propios errores y analizar nuestra propia conducta.
Un abrazo, feliz semana y para que veas que yo también tengo estatus, luego te enseño mi nuevo Passat, ji, ji.

Qcho dijo...

Heberto:
¿Por dónde empezar para no comenzar por errar? Comparto el hecho de ser un tipo rico de tres días, aunque en los últimas semanas no sé ¿Qué es eso? Bueno, ya te sabes mi situación financiera, aunque no te he contado que entre a trabajar al IEEA (luego te cuento por mail jajaja), pero regresando al tema, recuerdo mucho a un amigo que trabajaba conmigo en angelópolis, que aunque no ganábamos mucho los primeros días de la quincena se daba la gran vida comprando y gastando y pagando sus adeudos de ese poco recurso que teníamos, para regresar a la misma de volver a pedir prestado y mantenerse en la austeridad hasta que llegara la quincena, yo me decía ¿Cómo es posible que eso le pase? “Ceder a un vicio cuesta más que mantener una familia. - Honoré de Balzac.
Y ciertamente ya con un estatus dentro de la radiodifusora lo entendí, era de llegar la quincena y sacar prácticamente todo del cajero y comenzarlo a repartir, entre el gasto en casa, pagos de adeudos y gastos personales, aunque debo confesar que mis gastos más fuertes fueron por cosas que necesitaba y que aun ocupo, aunque tengo una colección de dvd’s que bueno, se han vuelto todo un gusto culposo.
Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos. - Nicolas Maquiavelo.
Hace unos días platicaba con un amigo acerca de esto del ahorro (también ayer con una amiga en una reunión de la universidad) el primero de ellos me comentaba que a su edad no había realizado nada en su vida, que de hecho, era de que llegaba su dinero y solo gastaba, que no planificaba lo que tenía que hacer, me comentaba que no era como yo, su comentario me saco un poco de onda puesto que, para mi edad aunque más joven que ustedes, tampoco he realizado algo relevante, vivo con mis padres, no tengo automóvil y otras cosas más que me darían un estatus más elevado, con un tono de risa le digo, Eloy, pero yo tampoco ahorro, a lo que respondió, pero cuando planeas tus salidas de la ciudad o tus viajes lo haces y no importa, que se te presente algo, eso ya lo tienes predestinado y no te detienes hasta que lo tienes.
Mi otra amiga me comentaba anoche que ella espera que para sus 30 años al menos tener una casa, adonde poder estar con su familia y dejar de rentar. Los comentarios por parte de mi familia, en el caso de mi hermano, resultan igual, de que ya estoy en edad de tener algo a que llamarle mío, una casa, un auto, pero igual y sea mi comodidad, no los veo tan necesarios.
Me he percatado que soy un villamelon, no pretendo agradarle a toda la gente, pero si me importa agradarle a la gente que me causa una motivación o inspiración.