domingo, 20 de noviembre de 2011

Mi primer amor

        "Al primer amor se le quiere más, a los otros se les quiere mejor" - Antoine de Saint-Exupéry


         Al iniciar el último semestre de la carrera, estaba decidido a aprender japonés, así que aquella tarde nublada, aproveche que tenía un par de horas libres en la Universidad y fui caminando a buscar informes a la que, posteriormente, se iba a convertir en mi segunda casa por ocho años: El Centro de idioma Japonés de Puebla.

Al entrar a las pequeñas instalaciones, la vi en clase: no soy creyente pero, si existieran los ángeles, ella debería ser uno. Era la primera vez que sentí amor a primera vista, debido a su actitud tan elegantemente arrogante, piel de porcelana, el pelo lacio y negro, complexión delgada y facciones orientales, unos ojos claros que se me clavaron en el corazón. De hecho ya no recuerdo si me mataban ese tipo de ojos desde antes o fue que, a partir de verla, se me quedó el gusto por los mismos.

            Este homenaje a la que, en su tiempo, fue la persona más importante de mi vida (aunque hoy este fuera de la misma), lo escribo con tranquilidad interna y paz existencial, así que es el tiempo en el que más objetivo puedo ser para analizar lo acontecido. Desde hace algunos años deje de idealizar esa época de inocencia, con anhelo, amor o nostalgia (aunque éste sea mi sentimiento favorito), tampoco la voy a matizar con algún toque de revancha, frustración o enojo.

            Continuemos, al quedar prendado de aquella bella mujer, era obvio que debía entrar a estudiar ahí, sin importar lo que costara (que afortunadamente era muy asequible). Así que durante un semestre me dedique a admirar en el anonimato a mi musa, a mi diosa, a un ser que (sin saber su nombre) me hacía tan feliz por el simple hecho de existir. ¿Hablarle? ¡Jamás! Era mucho el riesgo y el terror, no me importaba que no supiera que existía, me sentía completo contemplándola y admirándola en lo que acababa su clase e iniciaba la mía.

           “El deseo de ser correspondido en el amor es la más callada de las agonías” - Douglas Kennedy (“El momento en que todo cambió”)

            Mi platónica felicidad estaba condenada, ya que dejó de ir a clase sin advertencia alguna (aunque no me conocía para avisarme). Semana a semana espere que volviera a la escuela pero, tristemente, no regresó. En un rincón privado de mi corazón, lloré su partida, mas nunca me reproche el no hablarle, porque era un ser fantástico que estaba fuera de mi alcance, así que agradecí el tiempo que tuve para disfrutar de su presencia, belleza y perfección.

Volviendo al presente, el hecho de que no tenga novia también contribuye a que pueda escribir esto con calma, y así evitar celos o aprensiones de alguna “afectada” por mis remembranzas, tal vez esto pueda traerme algún problema futuro con una fémina insegura de sí. Sin embargo, teniendo mis vivencias como base, dudo relacionarme con una mujer celosa nuevamente, aunque nunca he conocido una que no lo sea.
                                                          
Sigamos con el relato original, tres años después (2001) del primer contacto con la mujer soñada, seguía en mis clases de japonés. Recién había conocido a mi padre biológico, por primera vez me había rapado, en represalia personal por quedarme a trabajar en VW, en lugar de buscar otros horizontes. ¿Por qué menciono todo esto? Para plantear la época tan sui géneris que estaba experimentando cuando ella reingresó a mi mundo.

Debido al trabajo, ahora tomaba las clases niponas de noche y, mientras payaseaba con mis amigos, la susodicha entró al salón. Creo que ése debió ser el momento más feliz hasta ese instante de mi vida, desconozco cómo no se me salieron las lágrimas de la emoción: ¡Ella había vuelto! y, mejor aún, ¡A mi grupo! No sé qué me pasó aquella vez, pero vencí mi típica timidez y me porte inusualmente seguro y natural con ella, es más, conseguí su teléfono (de casa, porque aún no era común el celular) y fue uno de los pasajes más satisfactorios de mi historia personal.


            "Está usted enamorado" murmuró emocionado, palmeándome la espalda "¡Pobrecillo!" - Carlos Ruiz Zafón ("La Sombra del viento")

            Había sido mi único amor (hasta hace poco). En realidad no tengo claro a quién le estoy escribiendo este ensayo, a mí por sentir lo que sentí, con la intensidad que lo percibí y por quién me convertí al estar a su lado; o a aquella mujer por hacerme experimentar sentimientos que nunca más había vuelto a vivir (hasta hace poco), además de llevarme a los lugares más altos de mi camino y, simultáneamente, a los más bajos.

            Después de dos semanas de “posicionarme” y “promoverme”, me atreví a invitarla a salir, desde la seguridad del teléfono. El “Sí” que recibí de su parte marcó un parteaguas en mi existencia y es que ya nada fue igual a partir de entonces. Nunca había tenido una cita y, por lo mismo, nunca había tenido novia, pero ya no importaba, porque estaba a punto de salir con la mujer más bella que jamás había visto (hasta hace poco), con una elegancia e inteligencia que acabaron de darme la puntilla y arrojarme, como quién lo hace hacia un acantilado, sin precaución alguna de lo que podría pasarme.

            Lo que viví en aquellos tiempos (una década atrás) no sabía si lo iba a volver a sentir con la forma e intensidad que conocí (pero afortunadamente sí lo volví a sentir). Fue una de las etapas más vitales de mi existencia, y esa es una razón de peso para este ensayo.

            Creo que ella se podrá quejar de muchas aspectos míos, pero nunca por las citas (antes de que tuviera auto), desde la primera la plática, los diálogos fluían interminablemente, su manera de ver las cosas me resultaba tan fascinante, aunque honestamente ya había dejado de ser yo y, aunque me hubiera dicho la mayor de las estupideces (que nunca lo hizo), a mí me hubiera sonado como lo más bello del universo.

           “Hasta que lo experimentamos (y es de esperar que nos llegue a todos, en algún momento de nuestras vidas), nunca estamos realmente preparados para la naturaleza abrumadora del primer gran amor” - Douglas Kennedy (“El momento en que todo cambió”)

            Sin embargo, lo mejor de nuestras citas eran las caminatas: recorríamos kilómetros y kilómetros platicando, alguna vez caminamos hasta por cuatro horas, pero ninguno sentía fatiga o molestia, ya que el dialogo era enviciante y motivante, es más, hubiese querido que el camino no terminara nunca, porque esas platicas lo eran todo para mí, prácticamente se volvieron mi razón de ser.

            Tengo la firme creencia que todos deberíamos reconocer y darles su lugar a los tiempos más felices de nuestra existencia, en lugar de ensalzar los menos afortunados y/o más desgraciados. Por ello escribo esto, sin esa mujer no hubiese podido vibrar con todo lo que me pasó, en verdad fui afortunado por conocerla y que nuestros caminos hayan coincidido por un breve instante de nuestras historias personales. Por todo lo que me regalo, estaré siempre agradecido que haya nacido en mi misma época.

            Nunca me he caracterizado por mi paciencia, y en esta ocasión no fue la excepción. Todo era tan bello, tan irreal, tan hermoso que me ganó la angustia, no quería perderla, a pesar de que sólo éramos amigos (en aquel entonces no comprendía que ella no salía conmigo sólo para ser amigos, aunque ahora me resulte obvio,). Era tal mi necesidad de tener más de su esencia que mi comportamiento empezó a cambiar.

            En primer lugar ocupe mi prestación laboral para tener un auto y es que, al vivir fuera de Puebla, tenía tiempo límite para nuestras platicas, ya que debía regresar al hogar materno en transporte público. Esta decisión tan tonta fue un craso error, además de que mi amada nunca me lo pidió, porque nuestras caminatas desaparecieron y, aunque ahora podía irme más tarde, el factor de tranquilidad e intimidad que teníamos al desplazarnos a pie había desaparecido.

           “Nunca olvidas a tu primer amor, sólo te acostumbras a vivir sin él” - Anónimo

            No ha de existir sentimiento más maravilloso en el planeta y, simultáneamente, más terrorífico, que el estar estúpidamente enamorado. Esa incertidumbre de que tu bienestar está en manos de otra persona es bello pero, al mismo tiempo, insoportable. Esa sensación de que si soy aceptado seré el más realizado del universo pero, si me rechaza, también podría ser el más miserable, en una apuesta de todo o nada. Si les soy honesto, esperaba no volver a vivir algo así, tan extremo; esto influenciado por la experiencia de nunca ser correspondido a plenitud por alguien a la que haya amado (y que conste que ya me case una vez).

            A pesar de tener meses saliendo, platicando de todos los aspectos vitales y/o trascendentales de la vida y nuestra manera de percibirla, teniendo en cuenta que compartíamos tantas ideas privadas sin temor a ser juzgados, ella no quería que fuéramos novios. La razón es que se iba a ir de intercambio escolar a Japón durante un año (he ahí la razón por la cual había vuelto a clase de japonés). De por sí el dejar a su familia y su entorno la estresaban como para también dejar atrás a un novio.
           
                                                      
            En mi amor incondicional, la comprendí y la apoye en todo lo que podía, nuestras citas pasaron a ser clases de repaso del idioma y, en alguna ocasión, también le ayude con una tarea bastante compleja de su carrera (y nunca me perdone porque obtuvo 9 en lugar del anhelado 10). Pero no todo era bonito, mi angustia paso a ser un auténtico acoso, la llamaba a diario, porque quería verla tanto como se pudiera. Quería que me dedicara todo el tiempo que le sobrara; inconscientemente la intentaba comprar al darle tantos regalos materiales como me fuese posible. El caso es que enloquecí (¿Acaso no es lo que pasa cuando uno está enamorado?) y perdí de vista todo aquello, por lo cual, me había permitido acercarme en primera instancia.

“Un primer amor puede que nunca pase; pero siempre acaba” – Paulo Coelho (“Verónika decide Morir”)

            ¿Por qué les comparto este pasaje tan vital de mi libro personal? Bueno, sé que esta experiencia se quedará en mi inconsciente hasta el último día, pero creo que es muy valioso y por lo mismo lo hago público. En una parte de mi ser, siempre habrá una pequeña sección en la cual su recuerdo habite y se le rinda tributo por lo que significó para mí, sin importar que, seguramente, no signifique lo mismo para ella.

            Como la intensidad de mi acoso era insoportable, ella intentó dejarme atrás, trato de desvincularse de mí, pero fui más convincente en mi actitud manipuladora y no la dejaba abandonarme. En verdad me da pena escribir esto pero prometí expresar la verdad de los hechos. Conforme se acercaba la fecha de su partida mi desesperación crecía.

            Un par de meses antes que aceptara ser mi novia, me dio un regalo que aún me acompaña hasta nuestros días. En ese entonces ya entraba a su casa, por lo que conocí a sus papás y hermanos así que, hasta ahora me doy cuenta, ya estaba siendo aceptado en su entorno. En aquella tarde me presentó la música de Fernando Delgadillo, misma que entró en mi ser cual cuchillo en mantequilla con toda su autenticidad y sentimentalismo, sobretodo “No me pidas ser tu amigo”, la cual se convirtió, unos meses después, en mi himno masoquista y con la cual le lloré miles de lágrimas.

            Finalmente, a un mes de su partida, aceptó ser mi novia. Aunque fue una relación casta, fueron los 30 días más maravillosos de toda mi vida. Todo lo que pasaba a mi alrededor era en cámara lenta, todo era increíble, no había nada malo que me afectara en lo absoluto, porque tenía mi propio plano existencial en donde todo era bello y perfecto.

            A nueve años de distancia (2002), el bonito recuerdo permanece intacto y se mantiene como el mejor de esos tiempos, de ahí la importancia de realizar este escrito, cuando puedo plasmarlo acorde a lo que en realidad pasó (o lo más cercano que podría expresarlo).

            Sin embargo, no hay plazo que no se cumpla y llego el día de su despedida. Mi jefa de aquel entonces, muy amablemente, me dio el día libre (era mi amiga y confidente del amor que me marcó profundamente). Fui a casa de mi amada a despedirme y a darle todos los ánimos que necesitara para su viaje. Ese día ha sido de los más tristes de mi paso por este planeta. El sentimiento de que la razón de tu existir va a partir es algo descorazonador, y más el intentar sonreír para no dificultarle nada.

            Había pasado un año exacto desde que entró a mi vida y ahora se disponía abandonarme, y no podía hacer nada al respecto. Aunque me prometí ser fuerte, no pude evitar llorar en su presencia, y justo fue en el abrazo final, ése que estaba destinado a ser el último contacto físico de nuestra breve historia. Esa fue la última vez que la ví y también ese día una parte de mí murió por tanta tristeza y lágrimas derramadas.

            Aunque me despedí alrededor de las 10AM, no regrese a mi casa hasta las 20hrs. Me la pase deambulando sin sentido por la ciudad y por la autopista, no quería llegar a ninguna parte, sólo quería estar a solas y vivir mi duelo sentimental tan intenso como fuese posible. Además no quería preocupar a mi madre, porque era totalmente ajena a este gran amor que acontecía en mi ser, aunque no dudo que sospechara algo, porque el llanto estuvo presente durante muchas semanas, tanto en el trabajo, en clase de japonés y en mi casa.

           “Empecé a caminar sin rumbo, recorriendo las calles que me parecían más vacías que nunca, creyendo que si no me detenía, si seguía caminando, no me daría cuenta de que el mundo que creía conocer ya no estaba allí” – Carlos Ruiz Zafón (“El Juego del Ángel”)

            Si te relacionas con esa persona tan básica para ti, y avanza la relación a algo permanente, seguramente tu felicidad inicial será inmensurable. A pesar de ello, de acuerdo a datos que he obtenido, se dice que el sentimiento de enamoramiento dura hasta ocho meses y el amor en sí dura un máximo de ocho años; después de dicho tiempo, si estás con una persona adecuada, puede quedar un sentimiento de amistad, fidelidad y camaradería pero la intensidad del “amor” va decayendo con el tiempo (aunque muchas románticas quieran creer que es para siempre) y las aguas de la rutina van ahogando ese sentimiento tan puro que sentían en un inicio.

            Al no haber hecho permanente la relación con mi primer amor, ciertamente lloré por todas mis expectativas frustradas, por perder todo el hipotético paraíso que visualizaba a su lado y que se esfumó. Claro que duele cuando se va esa persona, pero es peor el ver que se lleva todos tus sueños y plenitud con su ser, además de dejarte abandonado en un mundo que creaste para ambos, sin consultarla previamente.

            Debido a mi situación tan poco exitosa, debo de encontrarle algo bueno: La ventaja de mi experiencia es que pude quedarme con algunas ilusiones sobre el “hubiera”, además de mantener un bonito, idealizado e inmaculado recuerdo de esa mujer que lo fue todo para mí, con la cual nunca concrete ese anhelado futuro.             

            “No hay peor nostalgia que la que se tiene por lo que nunca fue” – Joaquín Sabina
                                                     
Volvamos nueve años atrás. Obviamente no me iba a dar por vencido en mi cruzada por mi idílica felicidad, desde que supe que se iba a ir, empecé a ahorrar endemoniadamente (algo que se me da muy fácil) para viajar a su lado por todo Japón durante tres semanas.

            Antes del fallido viaje, le hablaba al país del Sol naciente cada quince días, además de que diariamente le mandaba (vía mail) mensajes de texto a su celular japonés (allá sí era común el uso de los mismos), y sin decir que a diario le escribía a su correo electrónico. Creo que esos detalles fueron muy importantes para ella, porque el Homesick le pegó muy duro y se portó tan dulce conmigo como nunca antes había hecho.

            Mi viaje a Japón se tuvo que suspender ya que ella, por amenaza de su familia, tuvo que rechazar mi visita. A mí no me importaba la decisión de su casa, sólo quería que ella decidiera y fue cuando su fidelidad familiar pudo más y puso fin a todo.

            No tengo que explicar que estaba destrozado, sin sentido, sin rumbo, sin razón para existir o seguir viviendo. Ella intentó reestablecer la comunicación pero, para su sorpresa (y mía), resulte ser más tajante de lo que ambos pensamos, cerrando cualquier posibilidad a reanudar nada. Fue en aquel entonces que, al estar perdido en el limbo, me acabe liando con mi ahora ex-esposa y me case por despecho.

            “El fin, no es el fin, porque nunca acaba lo que no empezó” – Tomado de la canción “Albanita” dueto de Luis E. Aute y Silvio Rodríguez

            Regresando al tiempo presente, aunque me gustaría relacionarme nuevamente, me encantaría que fuese desde un lugar más terrenal o menos onírico, aunque no vea estrellitas ni sienta mariposas en el estómago, me gustaría tener una relación más madura y menos idealizada. Sé que la generalidad de la gente tiene el concepto que no puede pasarte mejor cosa en el mundo que enamorarte y ser correspondido (porque también ha de ser bonito ser aceptado). Fue hermoso lo que experimente pero ya no más por favor, aunque fue la época más bonita de mi vida, también fue una de las más desgastantes. Es mejor tener una relación más adulta que una típica de adolescentes tan pasional.

            Unos años después de mi divorcio, un día tuve un ataque de osadía y le escribí (en la actualidad aún recuerdo tanto su mail como su cumpleaños) y, casi me da un paro cardíaco, ¡me contestó! Mi intención era simplemente vernos en persona y platicar sobre todo lo que pasó desde un punto más maduro y con años de por medio. Tristemente, al tercer mail, malinterpretó mis intenciones, con lo cual me ofendió y ahí terminó esta historia.

            “La ventaja de los corazones rotos es que sólo pueden romperse una vez. Lo demás son rasguños” – Carlos Ruiz Zafón (“El Juego del Ángel”)

            Creo que no la puedo culpar, tras tanto acoso, tanta manipulación y tanta inmadurez de mi parte, ella no podía saber todo lo que había evolucionado desde la última vez que nos vimos, y creo que nunca lo sabrá.

            Este escrito sobre mi primer amor no debería dedicárselo a ella por cuestiones que sólo nos incumben a nosotros dos. Sin embargo, sí dedico este ensayo a ese sentimiento que me regaló, obviamente uno decide (de manera inconsciente) la intensidad con la cual se enamora.

Escribo esto para recordar, revivir y honrar, todo lo que experimente gracias a lo que compartimos por un año (inclusive antes), independientemente de lo que pasó al final, el recuerdo que guardo, siempre me acompañara a lo largo de mi existencia, sobre todo esas sensaciones que experimente en una de las épocas más felices de mi historia personal.

           “Me quedaré solo, mucho más solo que antes de conocerte, porque mi isla, en donde no había nadie, estará llena de tu insoportable soledad” – Alejandro Jodorowsky

            “Íbamos caminando por el centro, sin buscar nada en particular, sólo paseando y platicando juntos, de pronto escuche la canción ‘Pero me acuerdo de ti’ de Christina Aguilera, y me puse a cantarla. Ella me dijo ‘Creo que es la primera vez que te oigo cantar’, no supe explicarle que cantaba por toda aquella felicidad que ella me daba, por lo maravilloso que era estar a su lado y porque mi vida era perfecta gracias a su existencia, así que sólo opté por seguir cantando en lo que seguíamos paseando sin rumbo fijo” – Hebert Gutiérrez Morales.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Esta bueno tu ensayo, pero dejame decirte que no importa la razon social, idioma, nacionalidad, etc. El amor todos lo hemos vivido y mientras estan vivos esos sentimientos que te suben y bajan a la luna en 5 segundos, disfrutalos y cuando se vayan, quedate con lo mejor!!!

Qcho dijo...

Heberto:
Le comentaba aun amigo el otro día esto, que no cabía duda que el amor se expresa en diferentes formas, pero, que sin inspiración jamás, es decir, aquel que tiene amor crea, construye y transforma, aquel que vive en el enamoramiento simplemente se mimetiza con los sentimientos del otro y simplemente, se acopla a lo que hay o encuentra.
Hay muchos detalles que me recordaron en mi pasado escrito que te compartí de olvidarlo jamás, esas personitas que se hacen un parte aguas en la historia personal del corazón, esos detalles de buscar a alguien con quien mantener algo firme y no caer, en esos amores de secundaria o prepa, donde te emocionabas cada 5 minutos con diferentes chicas.
Eso que de que se meta una mujer y se vuelva tan importante, es frustrante como motivante, primero por todas las cosas que no se pudieron hacer o por las cosas que pudiste hacer y sabrías que ibas a funcionar y motivante, que sabes todo lo que puedes entregar y que a lo mejor no con la misma intensidad, pero que puedes hacer a una excelente mujer.
Sobre las canciones que se vuelven tu galleta de animalito, no pues que te puedo decir, aún sigo encontrando varias de ellas y ahora sé de donde salió esa canción de la Aguilera.
Lo que no me quedo muy claro, fue la cuestión familiar, cual fue ese motivante para que la familia interviniera en una situación, donde se supone que tú ya estabas más adentro de ella, que fuera, muchas ideas me vienen a la cabeza, pero la que más se me aproxima es por ser una familia tradicional.
Lo tajante se vuelve en ocasiones algo bueno o malo, dependiendo de las circunstancias y a quien se lo aplicas, por ello también me acorde de mi escrito Llamarte, eso de ver a muchos de tus amigos, ir y regresar con sus parejas y tú no más dices, no y así te quedas.
En fin, esperando tu nuevo escrito. Un abrazo!

David MacKay dijo...

Estimado Hebert
Leer esto me trae tantos recuerdos de mis propios tropiezos de adolescente. Has captado hermosamente el poder del enamoramiento para hacernos mover montañas, y sí también cometer estupideces. Te agradezco todas las memorias conmovedoras que has evocado. Mi experiencia es que el amor puede seguir creciendo y profundizando durante mucho más de los 8 años que mencionas, y probablemente indefinidamente si logramos soltar la idealización y nuestras expectativas acerca de cómo debe ser y actuar nuestra pareja. Mereces eso.
Un abrazo

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
De verdad muchas felicidades, este ensayo me fascinó, considero que lograste transmitir los más grandes sentimientos y emociones relacionados con el primer amor.
Gracias por compartir tus sentimientos y experiencias por este medio, se requiere mucha madurez y confianza en sí mismo para hacerlo, y mucha habilidad y experiencia de escritor para hacerlo tan bien como lo hiciste.
Definitivamente me hiciste recordar mi primer amor (o mis primeros amores) y también al leerte me metí muy a fondo en tu personaje de enamorado y el de tu ex novia.
Un abrazo y excelente semana.

Anónimo dijo...

Hola Hebert
Yo siempre quise conocer los sentimientos de un hombre cuando se enamora, es feliz en esa relación y sufre por la persona amada. Lo había imaginado pero jamás pensé que fuera algo tan fuerte. Dicen por ahí que el hombre difícilmente olvida a la mujer de su vida. Siempre la tiene presente y aunque las mujeres tampoco olvidamos tan fácil, pues creo que por experiencia propia te puedo decir que si nos lo proponemos lo logramos pero los hombres no.
Me encantó tu ensayo. Un abrazo

Anónimo dijo...

Hola bitch!

Realmente me gustó tu ensayo y claramente me acuerdo de como seguimos esta historia contigo. Creo que has crecido mucho desde entonces y ahora solo falta dar el carpetazo final abriendo ese gran corazón a una nueva aventura....

Un abrazo!

Cantbenormal dijo...

Hola Hebert:
La frase que yo recuerdo de Joaquín Sabina dice: "No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió". Se me quedó grabada ya que encierra mucho en pocas palabras: vivir tu vida al máximo, no contenerse por causa de los demás... en fin, tú entiendes ésto perfectamente.
José Luis Figueroa L.