sábado, 12 de noviembre de 2011

Violencia al volante

           "La violencia es el último recurso del incompetente" - Isaac Asimov

            Hace un par de meses vino una colega germana a nuestro departamento y, al platicar con ella, me comento que tenía la firme intención de no conducir en México, y no la culpo. Después de haber manejado en su país, veo con tristeza, enojo y frustración la manera tan violenta e irrespetuosa que tenemos de transitar en el nuestro.

Cuando escribí el ensayo “Manejando por caminos teutones” recibí mucha retroalimentación de mexicanos que habían estado en Alemania y de alemanes que habían estado en México. Hubo compatriotas que me dijeron que los germanos son igual de salvajes e irrespetuosos que nosotros, de igual forma hubo teutones que me dijeron que los idealice mucho, porque allá también hay patanes al momento de manejar, aunque no a los niveles de México.

Sin embargo, lo que viví en carne propia lo plasme nítidamente en mi escrito, es factible que estuviera embelezado de estar en otra cultura, es posible que lo haya romantizado por la novedad de estar en el extranjero por primera vez. Lo que percibí esa semana fue a gente muy civilizada y educada, en todos los aspectos, algo que difícilmente se ve por acá, y menos al volante. Vi respeto, educación y civilidad tanto con otros automovilistas, como con las leyes, el ambiente y los peatones. Todo eso no lo veo en mi país y, creo, que las personas que tienen la posibilidad de manejar tanto en México como en países desarrollados, coincidirán conmigo en que hay una marcada diferencia.

Es difícil defendernos cuando una gran cantidad de automovilistas manejan de manera ansiosa, se te meten al carril sin respeto o aviso alguno, sin direccionales, te echan el coche de manera agresiva, no te ceden el paso ni te dejan incorporarte “su” carril, no les importa el derecho del otro a transitar, no respetan el uno a uno, sin importar que tengas 20 autos esperando detrás, sin sentido común. Pero qué pasa cuando estamos del otro lado, ahí sí nos quejamos de que la gente sea tan inconsciente y mal educada para conducir, pero debemos darnos cuenta de que lo que damos es lo que vamos a recibir.

A veces me parece que la violencia, al igual que la infidelidad, están implícitas en la naturaleza humana. A muchos nos encantaría erradicar esa agresividad de nuestro mundo, a través de una verdadera evolución y no sólo mediante acciones mustias que sólo quedan en buenas intenciones.

No creo que nadie este exento de la misma, ya que las maneras de expresarla son varias, aunque la intensidad y las consecuencias varían en definitiva. Claro que una cosa es pensarla y otra ejecutarla. Uno de mis pensamientos sádicos favoritos, cuando estoy en embotellamientos viales es: “Deberíamos equipar a nuestros coches con misiles, así destruiría todos los autos frente a mí y podría pasar”; alguien me respondió una vez “Mejor les ponemos alas y sales volando”, pero yo conteste “¡No! La opción de los misiles me gusta más”.

Claro que todo esto es un juego, pero también muestra una realidad: si tenemos la opción violenta (“divertida”) y la civilizada (“aburrida”), una gran mayoría de las ocasiones nos decantamos por la agresiva. Por ejemplo, veo a las personas de la empresa en donde trabajo a la hora de entrada o de salida y son un auténtico peligro para la humanidad, por la forma tan imprudente de manejar, pareciera que nos dieran licencia de piloto de Fórmula Uno, porque transitan como orates (y no sólo mis compañeros de trabajo, sino una gran parte de los automovilistas actuales). En esta ocasión no me puedo incluir en ese grupo de locos, porque a mí se me critica por circular como abuelito (ya que mi límite son 100km/h), aunque no todo el tiempo fue así.

Cuando tuve mi primer auto, a los 24 años, empecé a transitar muy rápido. Nunca había manejado en la adolescencia, porque cuando mi papá intento enseñarme, se desespero y lo mande a la goma por su mal carácter. Cuando se pasa del transporte público a conducir un Jetta TDI 1.9lts, uno se siente tan omnipotente que es imposible no ir rápido de entrada. Me la pasaba rebasando a todas las “tortugas” que encontraba en mi camino, si no me dejaban pasar, les pitaba, les echaba las luces o les acercaba mucho el auto para presionarlos “¡Qué gente tan inconsciente!” pensaba “¿Qué no ven que tengo prisa?”. No me pregunten el por qué de mi urgencia, porque no tengo una respuesta lógica, sólo sabía que tenía que ir súper rápido a mi destino, independientemente que haya salido con suficiente tiempo de antelación.

En esa etapa de mi vida nunca bajaba de 160km/h en la autopista y alguna vez llegue hasta 200km/h. Obviamente lo mío era un trauma no satisfecho (empezar a manejar tan tarde) o sentimientos de violencia no descargados en su momento, pero el capricho me duró alrededor de un año. Conforme paso el tiempo, le fui bajando de intensidad, me tranquilice y ya no necesite seguir arriesgándome de manera tan ridícula.

Esto que les comparto me hace suponer que muchas personas desahogan sus frustraciones, sus impotencias, sus problemas, sus traumas y demás al conducir. Descargan toda esa violencia con los demás: mentando madres, echando el coche, tocando el claxon, enojándose con todos porque no avanzan lo que quisieran. El problema radica en todas esas situaciones que no encauzamos correctamente, así que lo hacemos a través de manejar rápido y con violencia, porque nos sentimos bien, nos percibimos poderosos, somos plenos y, esas sensación de rebasar al resto, nos hace superiores.

Casi nadie va a admitir que disfrutan toda esa ira que se vive a diario en los caminos de nuestro país pero, las evidencias muestran que, ¡les encanta sentirla! Si no les gustara eso que sufren a diario ¿por qué no lo cambian? ¿Por qué no se levantan más temprano? ¿Por qué no adelantan actividades desde una noche antes para asegurar salir con tiempo? ¿Saben la diferencia en el Tráfico con 15 minutos de anticipación? Es mucha, pero les encanta sentir los claxonazos, groserías, presiones y demás faltas de respeto que dan y reciben a diario a bordo de un auto.

Ahora, no soy del todo insensible, las escasas veces que tengo la desgracia de manejar a hora pico, es un auténtico suplicio. No me imagino vivir con el estrés que significa ese tráfico de Lunes a Viernes, me desespero y me estreso en un ratito, así que puedo entender, mas no justificar, la violencia que genera en las personas esta situación tan angustiante, opresiva y negativa. Por eso mismo, a mí me gusta entrar una hora antes al trabajo, hay quien me critica, porque descanso 60 minutos menos (según ellos, porque en realidad sigo durmiendo mis ocho horas), yo veo sólo ventajas de entrar a las 7:00AM, porque salgo temprano, manejo y me estaciono tranquilo, con pocos autos circulando, e inicio mi vida de manera serena. Si todos los días experimentara el calvario que muchos viven a diario, sólo por intentar llegar a las 8:00 AM, mi calidad de vida bajaría considerablemente. A últimos años, he tratado de evitar cualquier tipo de violencia en mi existencia (a veces se logra y a veces no)

El manejar imprudentemente rápido, el rebasar por la derecha, los insultos, el pegar al auto al de enfrente para que se quite, acosar con las luces altas y demás acciones dejan en claro las agresiones que vive cada cual en el trabajo, en la casa, en la escuela o en la calle. No somos lo suficientemente conscientes para romper el círculo vicioso y preferimos desahogarnos con más agresividad: La violencia sólo genera más violencia.

Una de las más grandes evidencias que me demuestran que nuestra sociedad es preocupantemente violenta es la cantidad de perros muertos que veo al conducir. Llevo diez años al volante y nunca he atropellado a ningún perro (mucho menos a un humano, claro está). ¿Por qué? Bueno, porque soy prudente al circular, ni siquiera cuando manejaba rápido arrolle a nadie. Como mucha gente transita imprudentemente rápido, no tiene margen de reacción cuando se atraviesa en su camino un canino, persona u otro auto.

Por otro lado, no sólo se trata de manejar lento o rápido, también es importante el respeto a la vida, sobretodo la de estos preciosos animalitos (que lo son sin importar si tienen o no dueño). Me resulta indignante que exista gente que no sólo no los evita, sino que hasta los centra para asegurar la muerte del pequeño ser, ¿acaso eso no es una muestra del despreciable salvajismo que vivimos en esta sociedad?

Esa misma violencia nos hace ser irracionales al momento de conducir y les pongo un ejemplo claro. Si voy transitando y veo que a lo lejos la luz del semáforo se pone en rojo, en automático pongo la velocidad en neutro y dejo que la inercia me haga llegar al alto. Sin embargo, es muy común, en la misma situación ver muchos autos aceleran como locos para luego forzar su frenada antes de llegar al alto, ¿Para qué? ¿Por qué no somos inteligentes y usamos un poco de lógica? Esa insensata aceleración sólo hace que se desgasten más los frenos, los neumáticos, quemen más combustible, además del riesgo implícito de que se exponen a algún accidente. En verdad que nuestra vanagloriada consciencia sólo es honorífica la mayoría del tiempo. Mi estilo de manejo hace que el motor dé un rendimiento de 14kms/litro, cuando a mis compañeros de trabajo sólo obtienen 10 con una máquina similar. La diferencia radica en actitudes como la mencionada arriba al semáforo en rojo a la distancia, saber que viene un tope o que hay mucho tráfico más adelante.

¿Cómo podemos pedir en este país educación vial? En realidad es muy difícil, empezando por la obtención de la licencia de manejo: personalmente, obtuve fácilmente mi licencia sin nunca haber manejado anteriormente, porque el examen es teórico y de puro sentido común (en ningún momento fue práctico). Con este hecho ¿imagínense cuánto orate ignorante anda al volante en este país? Sólo para terminar mi caso, aclaro que antes de iniciar con el manejo en forma, me pague mis respectivas clases y, con la práctica y las bases obtenidas, fue mejorando día a día.

Aunque no sabía conducir de manera práctica, ya sabía hacerlo de manera teórica. Mi papá nunca se caracterizo por ser muy paciente, así que no pudo enseñarme a manejar, aunque eso le costó, porque nunca le he dejado tomar el volante del coche que manejo por parte de la empresa, sin importar que me ponga ojitos de cachorro abandonado (la venganza es dulce, ñaca ñaca). Sin embargo, durante mi niñez y adolescencia, él siempre me iba orientando y educando sobre distintos aspectos vitales al transitar: las luces, el uso de las velocidades, los frenos, el por qué de los carriles, las líneas continuas y discontinuas, el significado de señales, el manejo bajo lluvia y demás. Él me enseño tanto que se me facilito el circular al tener tanto bagaje teórico.

Fue una fortuna contar con un padre que sabe manejar muy bien, toda la educación vial que recibí de su parte fue vital. Adicionalmente, recuerdo que en el Kinder, tuvimos algunas sesiones prácticas al respecto (con nuestros cochecitos en el patio, nunca frente al pizarrón) en donde nos daban los aspectos más básicos y vitales del conducir, y de manera divertida, porque a todos los infantes les gusta jugar a ser adultos (aunque luego se lamenten cuando dejan de ser niños). Agradezco la oportunidad de recibir información en mi casa y en la escuela, pero soy de los pocos privilegiados en este país, porque mi caso es la excepción y no la regla. La mayoría de los que circulan son ignorantes y perpetúan dicha falencia al enseñar a sus engendros a transitar como ellos. Estoy seguro que ni el 5% de conductores en este país tomaron clases profesionales y/o serias de manejo. Si no saben lo elemental, pues tenemos como resultado tanto imbécil al volante, esto debido a la falta de sentido común que nos caracteriza en esta cultura y se evidencia en el violento tráfico que a diario sufrimos.

Una posible solución sería poner un sistema como en los países desarrollados, con clases teóricas y prácticas, además de exámenes en papel y al volante con un instructor al lado. Estoy seguro que mejoraría mucho la situación pero, conociendo la naturaleza del mexicano, se seguirían colando los estúpidos, ya que no existe en este país permiso, licencia, concesión, puesto y otros que no se pueden obtener con un dinerito“abajo del agua”. Así que este mal manejo también se ve influenciado por la corrupción, la dejadez y la falta de respeto que caracteriza al mexicano promedio.

Hace años recibí un curso en el trabajo llamado “Manejo a la defensiva”, ya que en los caminos mexicanos el transitar bien sólo es la primera parte para evitar problemas, también debes estar atento a las tonterías que hacen toda la bola de simios que circulan a tu alrededor. No sé si dicho curso se imparta en otras partes aunque, supongo, si todos fuéramos responsables y educados para conducir no tendría razón de ser.

Alguna vez alguien me decía que si un gringo, japonés ó alemán transitaran en México, no tardaría ni una hora en chocar, y estoy de acuerdo, después de haber conducido en Alemania y ver la civilidad, precisión y educación con la que circulan, no dudo que un automovilista foráneo tendría un accidente de inmediato, y no es que él estuviese mal, sino por la caótica jungla que significa manejar en este país.

En esta sociedad se promueve el que circules rápido, aunque no de manera tan abierta. De hecho, si llegas a presumir “Yo manejo a 200km/h”, vas a recibir comentarios tipo “¡Ay! ¡Estás loco!”, pero de ninguna manera te están reprendiendo o censurando, en realidad lo dicen con un tono juguetón, amigable y hasta de admiración. Por otro lado, si llegas a decir “Yo manejo a 80km/h”, recibirás auténticas críticas y serás estigmatizado por transitar como abuelito, que mejor no manejes, que sólo estorbas y demás. Por eso, no nos extrañen tantos accidentes, ya que al que maneja estúpidamente rápido se le celebra dicho hecho.

Ya no sé que es peor en el conductor mexicano: la violencia o la ignorancia, lo triste es que se han de dar simultáneamente. Todos estos pilotos profesionales, que es lo que creen ser, que son todopoderosos al volante y todos somos nada ante su magnificencia, al momento de llover, se convierten en corderitos atemorizados, por la ignorancia que los caracteriza. Estoy de acuerdo en circular con precaución, pero no es lo mismo que hacerlo con miedo, y así transitan con lluvia o neblina, lo cual resulta igual de peligroso que cuando manejan con exceso de velocidad porque esa actitud timorata también causa muchos accidentes.

Cuando llueve o hay neblina es un espectáculo triste ver el terror, que no precisamente significa precaución, con la cual avanzan. Yo que manejo tranquilo me llego a desesperar por esa actitud tan apocada con la que circulan.

Mi opinión: circular bien no es hacerlo rápido, pero tampoco es hacerlo con miedo. Para manejar correctamente hay que ser prudente, sensato y consciente, de lo que uno está manipulando, que puede pasar de un medio de transporte a un arma letal, todo depende en las manos de quién caiga.

Ciertamente en Alemania ha de haber patanes, ha de haber imbéciles y ha de haber gente violenta al volante pero por alguna razón, sobre la cual ya escribí, es distinto manejar allá que acá.

Hebert Gutiérrez Morales.

3 comentarios:

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
Pocas realidades tan ciertas como esta. El volante y el estrés juntos son absolutamente peligrosos, incluso pienso que esta combinación es más peligrosa que la del volante y el alcohol, y no estoy a favor de conducir alcoholizado, pero por lo menos alcoholizado estás más al pendiente de que no te cachen y te multen o te quiten el auto.
Nada menos este sábado a mediodía en la Prol. 16 Sept ví a un chavo de aprox. 20 años convertido en bestia salvaje bajarse de su auto para golpear y escupir el auto de un señor mayor de edad. No sé qué le hizo el septuagenario para ponerse como Gorila, pero me pareció ridículo y vergonzoso el hecho de que ya no haya el más mínimo respeto por las personas mayores.
Te juro que sentí ganas de bajarme a romperle el hocico al sángano ese, pero por supuesto que jamás pondría en riesgo a mi esposa y a mi nena actuando de esa forma.
Como éste, he visto o vivido decenas o tal vez cientos de casos similares y es increíble todo lo que podemos llegar a hacer por estrés, por vivir inmersos en tanto tráfico y por la existencia de tantos patanes que no tienen eduación, ya no digamos vial, sino ni siquiera en sus propias vidas.
No quiero decir que yo he sido una persona y conductor ejemplar, para nada, ya que muchas veces fui un conductor muy irresponsable que manejé varias veces a altas velocidades o bajo la influencia del alcohol. No cabe duda que Dios me protegió, a mi y a los demás de mí, de una tragedia.
En resumen, creo que este tema del comportamiento ante el volante es un excelente termómetro para medir el desarrollo y madurez de un pueblo y de una sociedad. Es decir, si analizas la forma en que la gente maneja y actúa en las calles de México entenderás porque tenemos tantos problemas de corrupción, mal gobierno, violencia, deshonestidad, etc. O dicho de otra manera, basta con analizar cada uno de nosotros nuestro propio comportamiento como conductores para reconocer qué tan patanes y peligrosos podemos ser.
Muchos saludos

Qcho dijo...

Heberto:
Desconozco como es el modo de conducir de las personas fuera del país, pero si me ha tocado ver como es el estilo fuera de la ciudad, en mi estancia en la sierra norte, debo decir, que el uno por uno siempre se manejó lo que era el uno por uno y de hecho la gente del municipio era muy considerada, los irrespetuosos eran los visitantes de otras ciudades, por ejemplo también me latía mucho el estilo en que se manejaban los conductores de Pachuca, bueno de eso ya algunos años, puesto que en mi resiente visita, la ciudad creció mucho por lo que la afluencia vehicular también.
En el ensayo te falto mencionar el clásico Rápido y Furioso o los que se sienten como los de la película, también aquellos que se quedaron motivados en las películas de las carreras de los años 60’s o Herby a toda marcha, bueno el sin número de visualizaciones que nos manejan.
Mencionaste lo de la corrupción, pero se te olvido mencionar el sin número de alcohólicos que se atreven agarrar el volante y como solucionan sus problemas por debajo de la mesa.
La verdad yo por eso no manejo, el temor que me da agarrar el volante es intenso, aunque en ocasiones por necesidad si lo hago, pero si por mi fuera, que me traigan siempre jajajaja
Bueno, una disculpa por tardar en escribir.

kikin Rodriguez dijo...

Pes que te puedo decir... no estás del todo equivocado.. solo hay que considerar que si hay gente demasiado imprudente y eso es un peligro para lo demás, pero aun cuando respetas o intentas respetar, llega el momento en donde no aplicas tu educación y le entras en el circulo vicioso de si te la hacen la haces, claro está que aquí en México nada de esto va cambiar por tanta gente que es imprudente al manejar, bueno me gusto… Y si en ocasiones el estrés del trabajo te hace reaccionar con violencia, gracias amigo, lo tomare en cuenta para evitar un accidente o algún otro percance.. Saludos!!!