sábado, 10 de diciembre de 2011

I am in Miami, Bitch!

            La frase que titula a este escrito la ví en un par de camisetas en mi visita a Miami, y me encantó tanto que la use para este ensayo. Obviamente, para los que no entienden el chiste, lo correcto sería decir “I am in Miami Beach”, pero la frase trasgresora de arriba me gustó más.

            Al ser tan influenciados por nuestros vecinos del norte, en México, tenemos una percepción de lo que es Estados Unidos pero, hasta que uno viaja y respira la cultura gringa, es cuando puede corroborar (casi todo) o desmentir (casi nada) los conceptos que tenemos de los Anglosajones y su forma de existir.

            Desde pequeño siempre conocí a distintas personas (compañeros, familiares, conocidos o amigos) que viajaban al norte de nuestra frontera; en un inicio me llamaba la atención pero, conforme crecía, fue disminuyendo esa expectativa hasta ser casi nula. Sin embargo algo más poderoso que yo me hizo viajar a Florida, con mis amigos Manuel e Iván, esa misma fuerza que me hizo recontratar mi servicio de TV: La NFL y, sobretodo, los Miami Dolphins.

            En otro ensayo escribiré sobre mi experiencia en el partido de los Dolphins contra los Raiders, pero ahora voy a hablar del viaje en sí, el cual resultó bastante interesante en aspectos puntuales, los cuales me ampliaron el horizonte de lo que percibía de la cultura gringa.

            Para empezar, verifique que tanto la economía como el modus vivendi de los Estados Unidos se basan en un consumismo ridículamente extremo; para muestra basta ver la cantidad de productos absurdos, pero creativos, que tienen a la venta: toilettes para gatos, relojes y cámaras estrafalarios, lentes espías, chalecos para perros ansiosos, ejercitadores para oficina y demás mercancías que me provocaron más de una carcajada.

             Ahora, analizando el lado positivo de esta situación, esa creatividad que se promueve resulta muy beneficiosa ya que, eventualmente, logran lanzar algún invento revolucionario por otros 99 que son auténtica basura. Hay que reconocer que el éxito económico de nuestros vecinos norteños también se basa en la imaginación e inventiva de sus habitantes y eso los mantiene en un círculo virtuoso, algo que en México debemos aprender: es mejor expresar ideas ridículas, ya que alguna puede resultar, en vez de inhibirnos por miedo a quedar en vergüenza.

Un hecho que no puedo dejar de mencionar es la impresionante cantidad de latinos que hay en Miami, estoy seguro que la mayoría del tiempo hable en español y muy poco en inglés (que luego se me cruzaba con el alemán), además encuentras gente de todo el continente americano y te da un gran gusto encontrarte con “hermanos” de la misma sangre en un lugar ajeno, es una especie de sentido de pertenencia. El trato de la gente latinoamericana resultó cálido como siempre, además te sentías bien de ser mexicano porque se captaba el gusto en sus caras.

Tal vez por ese exceso de gente de sangre caliente fue que no capte gran diferencia al momento de manejar en Florida como se hace en México. Obvio no llegan a nuestro nivel de violencia y desorden, pero tampoco son tan civilizados como lo son los alemanes para conducir. Para dar un veredicto, tendría que manejar en una ciudad más sajona y menos latina.

Al ser el país de los excesos, la comida no podía quedar fuera. Esta nación vive para comer, y eso lo corroboro en las porciones tan obscenas de alimento que consumen y desperdician. Tal vez por eso están interesados en combatir el hambre en África: para mitigar la culpabilidad que (creo) tienen al desperdiciar tanto.

Obviamente dicho consumo de alimento trae otro problema conocido de los Estados Unidos: la obesidad. A pesar de que los habitantes de Miami son muy vanidosos (tal vez por la fuerte presencia latina), sí pude ver una cantidad grande de gente gorda. Los que saben dicen que Miami no refleja la realidad de toda su nación, ya que en lugares como New York, Chicago, Nashville, San Antonio, Houston y demás ciudades, la cantidad de gente obesa es impresionante, lo cual es natural con la grosera cantidad de comida que consumen sentados frente a alguna pantalla.
 
             A pesar de las hermosas mujeres que vimos durante el viaje, hubo otro hecho que me llamó la atención: la cantidad de gente desarreglada que observe a lo largo de los tres días que duró nuestra estancia. Este hecho se contrastaba con la gente latina de diversos lugares, la cual siempre andaba impecable y arreglada. Supongo que el desinterés de los gringos se basa en un sistema consumista que te desgasta como ser humano y, de a poco, va mermando tu alegría por vivir (es sólo mi teoría).

Ahora, es cierto que en Alemania hay gente fachosa pero con dos diferencias de fondo: Es totalmente distinto ser desaliñado por estilo y otra cosa es descuidarse por falta de amor propio; la otra razón es que el impacto, del desinterés, se incrementa si no estás en forma y los teutones tienen una fuerte cultura física, por la autoestima que tienen, que se refleja en su salud corporal y mental.

Continuando con la apariencia física, algo que me estreso bastante fue el ver a tantas personas tatuadas. Personalmente encuentro estéticos tatuajes pequeños, bien hechos, con gusto o clase y colocados en lugares estratégicos, sin embargo, ver gente que tiene todo el cuerpo garigoleado, con imágenes grandes que pecan de grotescas, me hace estremecerme del asco. Me pareciera es que esa necesidad de flagelarse a través de una cicatriz (que a fin de cuentas es lo que son estos dibujos corporales) es una muestra de tanta violencia contenida y que desahogan hacia sus mismos cuerpos.

Otro detalle que me incomodo fue la llegada al Aeropuerto, debido a la hora perdida en la revisión de migración, ya que la cantidad de gente era enorme y el servicio no era ágil. Mi enojo se debió a que, para sacar una visa gringa, a uno sólo le falta presentar la fe de bautismo, ya que la cantidad de documentos y comprobantes a llevar son demasiados, además del escrutinio con que eres cuestionado llega a ser ofensivo.

Entiendo que hay mucho inmigrante ilegal y que los quieren evitar a toda costa, y los comprendo al 100% en la postura por proteger su bienestar, pero también debería prevalecer el sentido común al tratar a los turistas extranjeros que van a dejarles (muchos o pocos) dólares a su economía. A pesar de ello, te vuelven a cuestionar, te toman las huellas digitales y una foto para monitorear, y asegurar, el momento en el cual abandonas su “bendita” tierra.

Aunque ningún estadounidense fue descortés con nosotros, no capté un trato auténticamente honesto. Tengo la impresión que los gringos son amables por esa misma paranoia en la que viven, en donde las demandas estúpidas abundan por todos lados y por cualquier pretexto. Ese mismo miedo a no dañar a nadie es el motivo de su amabilidad, pero no porque la sientan en realidad.

Hay un hecho que complementa perfectamente este ensayo y el cual leí en el libro “Más Platón y menos Prozac” de Lou Marinoff: ¿Conocen ustedes la diferencia entre culpabilidad y vergüenza? A continuación se explica a nivel países:

La cultura alemana siente vergüenza de lo que pasó con Hitler, saben que fue un pasaje negativo que manchó su historia y en ningún momento reniegan de lo acontecido, lo aceptan y les da pena que haya sido un dirigente alemán el protagonista, pero hasta ahí, ya que los germanos actuales saben que ellos no son responsables de lo que pasó hace más de 60 años. Los teutones siguen con su vida, dando un trato justo no sólo a judíos, polacos o rusos, sino a todo aquel ciudadano que pisa sus tierras (incluyendo a los turcos que se esmeran en no ser dignos del mismo).

La cultura gringa se siente culpable por la esclavitud a la que sometieron a los negros pero, más que aceptarlo y seguir con su vida, ¿qué hacen? Tratan de aligerar “sus” cargas, sin importar que los verdaderos tiranos fueran antepasados que murieron hace muchas décadas. Así que los gringos dan un trato preferencial a las minorías, a través de becas, leyes y otras concesiones. ¿Cómo reaccionan, por ejemplo, los negros a esto? Con auténtica indignación, ya que lo toman como limosna y por ser tratados como una especie de raza inferior que necesita ayuda (como ciudadanos de segunda clase).

Interesante, ¿verdad? Ahora ¿Por qué demonios les pongo todo este choro? Para ejemplificar el trato que sentí en ambos lugares. En el país europeo sentí un trato cordial, honesto y hasta cálido por parte de la mayoría la gente, sin embargo, en Estados Unidos el trato del Anglosajón era amable pero algo forzado, sin veracidad, esto porque no era bien recibido en el fondo pero, por miedo a las consecuencias, debían comportarse civilizadamente. Tal vez, hacia sus adentros, me decían “Go Home Wetback!” pero en vez de eso me decían “Have a nice day Sir”.

Volviendo al tema del consumismo, fuimos a uno de los Centros Comerciales más grandes del mundo (sino es que el más grande) llamado Sawgrass Mills. Es algo impactante, un reflejo fiel de la cultura gringa, un monumento al consumismo capitalista en su máxima expresión, con una cantidad enorme de tiendas, casi todas con ofertas irresistibles y llenas de compradores enloquecidos. El sistema esta planeado para que consumas sin parar, sin importar que lo te endeudes. Es un reflejo fiel y puro del decrepito capitalismo, mismo que está llegando a sus límites, prueba de ello los recientes problemas económicos a nivel mundial. Cuando caduque dicho sistema ¿Qué va a ser de los estadounidenses cuyo Status Quo está basado en consumir sin freno?

Es tal es acoso comercial al que uno es sometido que, ni siquiera yo, que cierro la cartera en estos meses, pude evitar comprarme unos perfumes a la mitad de precio, de lo que normalmente me hubieran costado en México, pero que a fin de cuentas no eran un gasto planeado. Tal vez, si no tuviera que dar un pago fuerte de mi casa en este mes, es factible que me hubiera “soltado el pelo” y comprase sin restricciones. Me voy a abstener de mencionar todo lo que mis amigos compraron por respeto a su privacidad, pero ciertamente fue bastante.

             Ahora, otro tema que no puedo dejar de mencionar es la cantidad infinita de mujeres hermosas que vimos. Obviamente no todas lo eran, pero mis amigos y yo andábamos como perros en carnicería: con la boca abierta y babeando por el bello espectáculo. De hecho, quitando a las que no nos resultaban atractivas, había tres categorías: Buenas, Buenísimas y “¡No me “$%&#%! ¡No puedo creer que existan mujeres así en este mundo!” 

Obvio no todas esas linduras eran gringas, calculo que la mitad eran estadounidenses y la otra mitad eran latinas. También ayuda el clima tropical, ya que promueve el uso de pantaloncitos cortos y falditas que permiten admirar toda la perfección anatómica de las féminas. Honestamente, sólo por ver todas esas bellezas, valió la pena el viaje, lo malo fue regresar y dejarlas atrás :-(

No sólo vimos mujeres así en el Mall o en el Estadio, también fuimos a un club nocturno llamado “Mango’s” en dónde las bellezas abundaban (todavía llevo en mi “corazón” a dos que sacaron a mis ojos de sus orbitas). Ya hablando de baile, me estaba sintiendo frustrado, porque fueron seis (¿o siete?) mujeres que se negaron a bailar conmigo. Fue hasta que una güera, que tenía de guapa lo que tenía de amable, y una mulata dominicana, muy alegre, las que accedieron a bailar conmigo y ya me sentí feliz (y más tranquilo).

Regresemos al tema de la comida, debido a los comerciales gringos que he visto en el SKY, tenía la expectativa/sueño de comer en el Buffet llamado “Golden Corral” y recordé que uno debe tener cuidado con lo que desea, porque se le puede cumplir. A pesar de que en mi tierra sobresalgo por mi gula, en Estados Unidos fui humillado por profesionales. Yo, que me consideraba un tragón de élite, fui bajado de mi nube al conocer a estos seres enfermos de otro planeta: ¡Qué bárbaros! ¡Cómo comen!

Por primera vez experimente algo que no me había pasado: estaba hastiado de comida. ¿Por qué comen tanto? Tal vez por la angustia en la cual viven, tal vez por cuidarse de ser demandados, tal vez por la necesidad de consumir tanto como les sea posible en todos los aspectos de su vida y por eso tragan sin parar. Es más, aún no acababa de digerir y veía con sorpresa que ¡ya era hora de comer otra vez!

Lo que me hace más increíble dicha gula es que los platillos no son nada del otro mundo, son bastante simples, es más, las versiones mexicanas de su misma comida es más interesante que la que le dió origen. Además, aunque los víveres en todo el mundo se tornan menos naturales con el paso del tiempo, me llamó la atención lo difícil que resultaba digerir la chatarra que los gringos tienen por alimento, tal vez sea por tantos conservadores, grasas, colorantes, saborizantes, carbohidratos y demás. Casi nunca sufro problemas estomacales pero, en esta ocasión, vaya que sufrí malestares por la mala digestión, y los que sufrieron las fétidas consecuencias fueron mis compañeros de viaje (ya lo tenía traumatizados a los pobres).

Volviendo a los efectos de la paranoia en la que viven los gringos, debido al miedo de ser demandados, afectados o no afectados por terceros, tiene dos fenómenos diametralmente opuestos: Alguna vez escuche que el gringo promedio es Homero Simpson y ahora que visite la tierra de las barras y las estrellas, lo corroboré con mis propios ojos, ya que el habitante Standard de este lugar es muy ñoño, bobo y hasta vacío, son demasiado simples, y creo que a eso se ven orillados como instinto de conservación para no ofender a nadie alrededor. Aunque también es fomentado por su incultura, ya que para ellos sólo existe su nación (cuyo mayor atractivo es el consumo enfermo) y al resto de países nos hacen el favor de habitar en “su” mundo. El otro efecto de su paranoica vida, al verse tan truncados en su libertad y no poder ser ellos mismos, desahogan esos instintos retenidos (incluida la violencia natural del humano actual) a través de perversiones más enfermizas que las del resto del mundo.

Retomando un tema que toque en mi ensayo sobre Alemania, me parece que en México tenemos más libertad que en Estados Unidos y que en el país teutón. Nuestros vecinos del norte se portan bien por miedo a ser demandados por cualquier persona (incluidos familiares); el buen comportamiento de los alemanes se basa en reglas estrictas y sanciones severas que los mantienen bien alineados. Ciertamente nosotros los mexicanos tenemos tanta libertad que degenera en el libertinaje y caemos en las faltas de respeto hacia el prójimo, hacia nosotros mismos y hacia nuestro país, ¿cuál de los tres venenos prefieren?

Durante una comida en el trabajo, dos compañeros discutían en dónde es mejor vivir, si en Alemania o en Estados Unidos. Ambos dieron argumentos muy válidos, soportando la perspectiva de cada cual; sin embargo, ahora que conozco una parte de ambos países, no tengo duda alguna en decantarme por los teutones, porque es una cultura más interesante, organizada, madura, auténtica y respetuosa, algo que es factible que nuestros vecinos del norte jamás alcancen, sobretodo si continúan por el camino del consumismo extremo y sin sentido.

A pesar de la monstruosa influencia que tenemos de los gringos, el último día de mi visita, ya estaba harto de su “cultura”. Comprobé, con cierta alegría, que los mexicanos seguimos teniendo una personalidad propia, a pesar del bombardeo mediático e ideático al que somos sometidos por nuestros vecinos norteños. Me resulta increíble que una sociedad tan hueca, consumista, paranoica, ególatra y falsa tenga una presencia tan apabullante en el resto del mundo y, sin embargo, aún son el país más importante del mismo (por algo ya llevo dos escritos dedicados a ellos, contando éste).

Es claro que Florida no puede definir la totalidad de la cultura estadounidense, así como tampoco lo hace Puebla con México o Baden-Wüttemberg con Alemania, pero sí es un hecho que cada uno de esos estados tienen mucha esencia de lo que identifica a cada uno de los países a los cuales pertenecen; por eso mismo, es factible que muchas de las percepciones que les comparto se acerquen bastante a la realidad.

            Hebert Gutiérrez Morales.

5 comentarios:

Tamara Rubio dijo...

Excelente ensayo Hebert! Un 10 para ti, te felicito porque tus ensayos te han hecho una persona bastante analista y observadora! No se cuantos dias estuviste en Miami, pero has percibido a mucha gente anglosajona: glotona, sin respeto por su cuerpo, consumista, fachosa, descuidada y vana. No todos son asi, por supuesto; en los ultimos 15 años he visto un fenomeno interesante en Estados Unidos, las nuevas generaciones son muy descuidadas y fachosas obviamente te diste cuenta. Nunca como en los ultimos años he visto tanta gente con tatuajes, y en esto tiene mucha influencia los programas de television, el cine Hollywoodense. Estoy de acuerdo contigo con lo que respecta a la comida en los Estados Unidos. Las porciones son tremendas, si salimos a un restaurant, por lo general mi hija y yo compartimos porcion, o simplemente pedimos “para llevar”. En mi experiencia, Miami es uno de los aeropuestos en el mundo mas lentos y desorganizados que yo haya visitado, la peor experiencia la tuve en Paris. El servicio al cliente que tienen en esta ciudad es el peor de todos!! Sin embargo el Aeropuerto de Atlanta es organizado y agil. Con lo que respecta a las mujeres hermosas aqui, tambien estoy de acuerdo, sin embargo una mujer Mexicana tiene mas altos valores morales y familiares.

Qcho dijo...

Heberto:
Cuando se trata de dinero todos somos de la misma religión – Voltaire.
No te voy a mentir amigo caí presa del consumismo nuevamente, claro, fue por una cuestión básicamente necesaria, en estos tiempos no ser presa de la tecnología es como no ser presa de mis hormonas pubertas.
Claro que estos casos también hay que checar las cualidades de ciertos productos y que tan necesario es traer por ejemplo un móvil de 10 mil pesos a uno de mil que te sirve exactamente para lo mismo o incluso un tamagochi de 250.
Todo esto te lo comento por la situación que viviste en aquel centro comercial, ya en pasados ensayos comentábamos acerca de la calidad humana de la gente en diferentes puntos del país o del planeta, que de acuerdo a las costumbres se hace una mejor o peor sociedad.
“Nada hay de bárbaro ni de salvaje en esas naciones; lo que ocurre es que cada cual llama barbarie a lo que es ajeno a su costumbre. – Montaigne”.
Entonces, estos ensayos donde nos cuentas de lo bipolar que puede ser la gente que había este mundo, me alienta a querer conocerlo, como te comentaba el otro día, he tenido la oportunidad de recorrer un poco el país, pero seré realmente feliz cuando pueda brincar el charco o en su caso, poder visitar por lo menos Estados Unidos. Algo he de hacer.
Saludos amigo.

varelad1 dijo...

Hola Hebert, muy buen ensayo, coincido mucho contigo, especialmente con la actitud taimada y falsa de muchas personas en ese país para con nosotros los latinos.
Lo percibí desde la primera vez que fui en 1999, y también me queda muy clara la diferencia (a favor) de los europeos.
Felicidades por tu gran asertividad

Manuel Pardo dijo...

Muy interesante. Yo estuve el verano 2010 en California y también me percaté de esa amabilidad de las personas, sin embargo, realmente nunca me sentí cómodo al 100% ni que pudiera pertenecer a esa cultura y ahora que leo esta reflexión he podido analizar mi experiencia desde un enfoque diferente, solo espero poder viajar pronto a Alemania para tener otra opinión.
Saludos.

Cantbenormal dijo...

Hebert:
Curiosamente en esas mismas fechas (del 29 de Noviembre al 8 de Diciembre), yo también me encontraba en Florida. En ese viaje me parecieron interesantes los siguientes puntos: la orientación al consumo y el orden. Por orden me refiero a la buena planeación de las infraestructuras y la cultura cívica que mantienen las personas.
Ese orden se enfoca mucho a facilitar el consumo. Como ejemplo, manejando en la autopista Miami-Orlando, para mí fue completamente nuevo el conocer una estación de servicio (donde paras a cargar gasolina y a comprar algo de comer)a cientos de kilómetros de alguna ciudad y ésta contaba con Dunkin' Donuts, Earl of Sandwich y 2 o 3 franquicias más, además de tiendas de souvenirs, baños perfectamente limpios y hasta un vending machine de Best Buy en el que podías comprar desde audífonos hasta Iphones. (La maquina recibe efectivo o tarjeta de crédito). Es un pequeño centro comercial en medio de la autopista. El equivalente en México es una gasolinera con un Oxxo y unos baños algo mugrosos (si tienes suerte).
Nuevamente felicidades por tu blog, el cual es para reflexionar, pero sin ser solemne.
Gracias:
José Luis Figueroa L.