miércoles, 14 de diciembre de 2011

Y llegó el día en que encontré a mis Delfines

          Al cambiarme a mi nueva área, se me pidió organizar mis días de vacaciones; no tenía nada especial planeado, sólo utilizar los que tenía pendientes para saldar mi cuota anual. No sé qué fue lo que pasó, pero algo se apoderó de mí (tal vez el espíritu de Flipper) y, casualmente, Manuel pasó por mi lugar, por lo que le dije: “Vámonos a ver a los Delfines a Miami” y él me dijo “Bueno”.

            Después de convencer a Iván, nos movimos, pagamos y aquel día de Septiembre, que me había levantado sin planear nada al respecto, ya teníamos reservado el vuelo, el hotel y los boletos para ver a los Miami Dolphins contra los Oakland Raiders el pasado 4 de Diciembre.
Las bonitas banderolas en el Sun Life Stadium

Para mí esté era un viaje especial porque, como ya explique en otro ensayo, mi amor por los Fins es enfermamente incondicional. Los detalles del viaje los dí en el ensayo anterior, en este sólo voy a hablar de lo que observe antes, durante y después del partido, el cual ganó mi equipo de manera holgada 34 a 14.

Me sorprende como hay personas que son capaces de pagar $25 USD de estacionamiento sólo para hacer el Tailgate con sus amigos y disfrutar el ambiente. Honestamente usaría (un poco más de) ese dinero para hacer una pequeña reunión en mi casa y ver toda la jornada de manera cómoda. Sin embargo, entendiendo que no hay deporte más grande en Estados Unidos, creo que todo el mundo quiere ser parte de ello de alguna forma, aún sin ver el partido en vivo.

A pesar de que la afición de los Delfines no es la más fiel ni la más leal con el equipo, me llama la atención el ambiente de fiesta que se respira desde antes del juego; lo cual me dejó claro lo importante que resulta el Fútbol Americano en este país (al igual que en mi ser). Es como una especie de feria alrededor del estadio, hay puestos de comida, hay actividades recreativas relacionadas con este deporte, hay miniconciertos, presentaciones de las porristas, ceremonias en las estatuas fuera del estadio, regalo de Souvenirs, estaciones de radio y, obviamente, venta de muchos artículos oficiales de mis Dolphins (afortunadamente iba corto de recursos, porque de lo contrario hubiera comprado muchas porquerías con el logo de mi equipo).

Triste, pero es raro que se llene el estadio
Sé que he criticado a los nuestros vecinos del norte con todo lo que he podido (aunque soy justo y también lo he hecho con mi propia tierra), pero algo que voy a reconocer de manera honesta es la pasión con la cual cantan su himno. Me queda claro que están muy orgullosos de su país, porque ni en México he sentido esa intensidad, solemnidad y respeto al momento de entonar el himno nacional. El canto del mismo es parte del show inicial, junto con la presentación de los jugadores, lo que enciende el ambiente entre público y jugadores.

Algo que me resulto evidente es que los estadounidenses son muy serios y profesionales en la organización de sus eventos. Por ejemplo, en el estadio existe la posibilidad de reportar, vía SMS, a aficionados con un comportamiento incorrecto. En el mensaje das la ubicación y características del mismo y de inmediato llega seguridad y retiran al gamberro. Estos detalles promueven una convivencia pacifica entre los espectadores y hace que disfrutes el espectáculo en un gran ambiente. En México, llegue a ir a bastantes partidos de Soccer, y son pocos los que denuncian, basado en cobardía y en la poca eficiencia de las autoridades, así que los malandrines salen normalmente impunes.

En el ensayo pasado escribí sobre la ñoñez de los habitantes de este país, esa misma que se hizo presente durante el partido. Tal vez en México estemos demasiado maleados, pero en verdad me enternecía la inocencia con la cual vivían las acciones del juego, el modo de reaccionar a las motivaciones de la pantalla y el sonido local, las formas de euforia que expresaban. Esta parte no la cuestiono, es más, creo que los envidio por vivir un deporte tan rudo y fiero de una forma tan benigna. Aunque creo que sólo es el público en Miami, porque hay lugares (como Philadelphia), en dónde se dice que la afición es más hostil.

Estatua a Don Shula, el Entrenador más ganador
Debido al ambiente tan sano, cada vez que había una buena jugada, invariablemente, venía un “Give me five!” con algún otro aficionado y lo hacías con gusto, por el hecho de vivir un pasaje de auténtica euforia con alguien totalmente desconocido pero que, en ese momento, son grandes amigos al compartir la felicidad por el éxito del equipo de ambos, dejando atrás cualquier sentimiento de recelo que pudieras tener por tus diferencias fuera del estadio.

No cabe duda que en los detalles se nota que la organización de este espectáculo está a un nivel superior. Por ejemplo, hablando de los vendedores, en ningún momento se te atraviesan, sólo andan por los pasillos o escaleras, por lo que te respetan como espectador. Si alguien de media fila quiere algo, pasan el producto de mano en mano y el dinero regresa por la misma vía. Y ya que menciono la venta de bebidas, también es de alabar que no elevan los precios tres o cuatro veces (como pasa en México) sólo porque estás dentro del inmueble, obvio los precios son un poco más altos, pero dentro de un límite razonable.

El medio tiempo fue emotivo, ya que ingresaron al anillo de honor a Jim “Mad Dog” Mandich, el cual fue parte del equipo invicto de 1972, además de locutor del equipo, el cual murió hace unas semanas de cáncer. Habló tanto Don Shula como el hijo del finado, y fue una ceremonia breve pero bonita.

La Parka (Iván) y su servidor
Dentro de todo lo que me encantó de esta visita al Sun Life Stadium fue el estadio en sí, y es que tiene un diseño tan inteligente que te permite una perfecta visibilidad desde cualquier punto. Nosotros estábamos hasta el último piso, pero disfrutamos el partido con plena claridad, sin necesidad de binoculares. No cabe duda que un inmueble bien diseñado privilegia el disfrute de cualquier show. Por ejemplo, el estadio Cuauhtemoc de Puebla tiene un tamaño similar al de los Delfines, pero la visibilidad no es la misma, algo que hubiera pensado ridículo pero, ahora que lo capte con mis propios ojos, me resulta sorprendente.

Cuando veo el Fútbol Americano por la TV, las tres horas de partido pasan despacio, a veces hasta me preparo con calma algo de comer y con la misma calma puedo ir al baño, y demás actividades. Sin embargo, como decía Einstein, el tiempo ciertamente es relativo: las tres horas se me fueron volando. Tal vez era porque estaba disfrutando mucho el encuentro, tal vez por la novedad que representaba todo a mi alrededor, tal vez por sentirme en casa rodeado por tanto fan a mi amado equipo. Son muchos factores que me hicieron disfrutar el juego con una infantil inocencia.
La tienda del equipo

Algo que, en teoría, también se hace en México, aunque no siempre en la práctica, es la política con la venta de cerveza. En el estadio no te venden alcohol después del tercer cuarto o, en el caso del Baseball de la séptima entrada (los Marlines de grandes ligas juegan en este mismo lugar). Obviamente esto es una buena medida para que se les vaya bajando lo “alegres” a algunos borrachines, hecho que agradecemos los que somos abstemios.

Mis novias las porristas
Cuando voy a cualquier espectáculo, en México obvio, opto por entrar al baño antes de que inicie el show, y no tomo nada para no tener que regresar a ese lugar que se torna insoportable para mi sensible nariz. Esa falta de cuidado a la higiene de los sanitarios no la entiendo porque es en perjuicio de todos, así que todos los asistentes deberíamos cuidar la limpieza de dichos lugares. En Miami me lleve la grata sorpresa que dichos lugares estaban limpios no sólo antes, sino también después del encuentro. Esto me habla de un gran respeto por parte de los aficionados que se comportan con educación por el bien propio y el ajeno.

Otra diferencia notable entre mi país y los Estados Unidos es la hora de salida del lugar. Cuando un evento multitudinario acaba en México, uno debe contar (por lo menos) con que va a perder una hora en su auto sin avanzar, en espera que los automovilistas te dejen pasar y las autoridades se organicen para agilizar el tráfico. En Miami efectivamente había muchos autos pero la salida fue bastante ordenada, por no decir muy civilizada porque todos avanzábamos, se respetaba el uno a uno y, en ningún momento, escuche un claxonazo.

Iván, Manuel y yo.
No es casualidad que la NFL es la liga más exitosa, competitiva, productiva y organizada a nivel mundial, sin importar cual me mencionen (y está comprobado). Me lleve la agradable sorpresa en mi mail: un día después del partido recibí una encuesta de satisfacción al cliente, en la cuál se me pidieron mis opiniones y calificaciones sobre mi experiencia NFL. Este cuestionario no estuvo únicamente enfocado a mi equipo, sino a la liga en sí. En verdad debo reconocer que los estadounidenses están muy comprometidos con este deporte y demuestran su profesionalismo y seriedad en cada detalle al momento de organizar eventos.

Tal vez si la victoria de los Dolphins hubiera sido más cerrada y/o emocionante, mi experiencia hubiera sido totalmente plena, pero aún así me fui feliz, tanto por la victoria como por haber vivido un partido profesional de Fútbol Americano, algo que llevaba esperando desde hace 27 años. Ciertamente espero que sea el inicio de una tradición personal anual.

Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

Tamara G Rubio dijo...

Uno de los puntos que yo nunca he estado de acuerdo en los EU, es el uso de la bandera hasta en la ropa interior! Me parece completamente irrespetuoso, pero estoy de acuerdo contigo en que los Estadounidenses son muy orgullosos de su pais, de su bandera y de su himno. Soy aficionada de los juegos de baseball, y en Atlanta hemos tenido la oportunidad de ir en varias ocasiones. Es divertidisimo! Si, ese ambiente de los juegos me encanta. Los Bravos de Atlanta tienen su tomahawk chop y la “bulla” es impresionante cuando todo el estadio participa. Me encantan las pantallas donde los aficionados hacen caras, gestos, saludan, los toman desprevenidos, inclusive dan indicaciones para que todos participen. Me encanta el football, aunque nunca he participado en el “tailgate”, me encanta el ambiente y los carros con banderolas de su equipo favorito. Para mi juegos importantes y especialmente el Super Bowl, el dia esta esta reservado y mi familia lo sabe: no salimos de la casa, preparo comida, bebidas, botanas y el control remote queda confiscado.

Qcho dijo...

Heberto:
Ciertamente de disfrutar de algún deporte ya sea practicándolo u observándolo es muy grato, la verdad yo no soy muy afecto al futbol americano, como lo soy con el soccer o el básquet, por lo que entiendo esa sensación de júbilo al encontrarte en un inmueble tan inmenso y aterrador como lo es un estadio.
Como te lo he expresado en ensayos pasados no he tenido la oportunidad de salir del país, así que por las experiencias que cuentas me voy haciendo a la idea de lo que me puede esperar al hacerlo, por otro lado si me ha tocado conocer diferentes estadios de Soccer del país, el estadio Jalisco, el Huracán de Pachuca, el Corregidora de Querétaro, el Quintana Roo de Cancún, el Alfonso Lastras de San Luis, el Pirata Fuente de Veracruz, el Tecnológico en Monterrey, el estadio Azul en el DF, obvio el estadio Cuauhtémoc de Puebla y sin duda el estadio Azteca.
La emoción y la emotividad con la que se disfruta en cada sede es diferente, por ejemplo en Veracruz y Monterrey tuvimos que salir escoltados por gente de seguridad del inmueble pues las cosas se estaban poniendo de lo más feas por eso de ser visitantes, pero el ambiente, la garra en las tribunas, las porras eran inmensas, era algo que te deja sorprendido, las características de los individuos de cada región.
Por otro lado comentas sobre ese sentimiento que le dan al entonar su himno, de hecho eso es algo que a mi si me sorprende esa capacidad de entonarlo, lo mismo lo puede cantar una Christina Aguilera y dejarte sorprendido, como un Barry White, ese estatus de modificarlo y vocalizarlo de diferentes modos es lo que también te crea otra emotividad y claro, en México eso está mal visto, me viene el caso de Julio Preciado, un cantante de música de banda sinaloense que durante un partido de beisbol lo quiso hacer y salió entre los peores osos de la historia y su historia. Regresando a mis visitas a los estadios, en el Azteca viví una sensación impresionante durante un partido de la selección mexicana, en donde más de 100 mil espectadores entonando tú himno si te perturba y emociona, esperando asimilar un poco a tu sensación allá en Miami, en este estadio también se vive un poco eso que dices de la pantalla y la interactuar con el aficionado, también se suspende la venta de bebidas alcohólicas después de 25 minutos que inicio la segunda parte del encuentro, aunque eso si, como bien lo comentas el aumento es total y completamente absurdo, así como el desplazarse a la hora de salir del inmueble.
La verdad, yo tenía planeado este año que casi termina recorrer la mayor parte de los estadios del país, pero bueno, las circunstancias no lo permitieron, pero no me preocupo tanto pues no es una prioridad, pero, si es algo que si quiero realizar.
Un abrazo.