sábado, 21 de enero de 2012

Los Trabajópatas

            A lo largo de los años en mi trabajo, al momento de planear vacaciones, me he dado cuenta de una costumbre muy común: Cada persona tiene una cantidad de días de descanso anuales, muy poca gente (casi nadie) toma sus vacaciones en el año que les corresponde. Lo que sí es común, tristemente, es que muchos tengan el acumulado desde dos hasta cinco años de días de descanso que no han disfrutado.

            Con lo rico que es el idioma español, me llamaba la atención que no se hubiese acuñado un término para los “Workholics” así que, felizmente, ya encontré dicha palabra en castellano: Trabajópatas.

            Regresando al punto inicial. Muchas de estas personas no se toman sus días libres porque no saben qué demonios hacer en el mundo externo, ya que viven para y por el trabajo, viven para trabajar en vez de trabajar para vivir. ¿Cómo puedo afirmar esto tan contundentemente? Porque yo solía ser uno de ellos, pero de eso hablaremos al final de este escrito.

            Estos obsesos laborales les gusta ponerse en plan de víctimas, les gusta afirmar que tienen mucho trabajo y que “nadie más lo puede hacer”, por lo que se sienten indispensables, pero no saben que NADIE (en ningún ámbito de la vida, y mucho menos en el laboral) es indispensable. Podemos ser muy importantes en varios círculos, pero jamás insustituibles, y ése es un problema de ego que mucha gente padece(mos).

            Estas personas se consideran trabajadores eficientes, eficaces y leales, además perciben que el resto no son de la misma calidad que ellos, y tienen razón, pero no en el sentido que ellos creen. De acuerdo a Gayle Porter, especialista en este trastorno, el workahólico puede ser perjudicial para una empresa, ya que suele dedicar un tiempo prolongado a tareas irrelevantes. Las estadísticas arrojan que el trabajópata, no produce más que un empleado normal; simplemente calienta el asiento durante más horas (este párrafo se tomó del libro “Nietzsche para Estresados” de Allan Percy).

            Los Trabajópatas argumentan que tienen demasiadas actividades, porque sus superiores les sobrecargan de tareas, pero eso es tema de dos. Por un lado “¿A quién le dan pan qué llore?”, obviamente si un jefe ve que uno de sus colaboradores es feliz en la oficina, y ni chista cuando se le da más trabajo, pues va a ver cuánto más aguanta. Si el colaborador no se tiene el suficiente respeto y seguridad para poner un alto, sobretodo si están abusando de él, el jefe no se va a dar por enterado. Además, como les comentaré posteriormente, la voluntad de organizarse mejor radica en sí mismo, no esperemos que venga un jefe bondadoso a arreglarnos nuestra jornada laboral.

            Las consecuencias en el organismo son grandes para las personas obsesionadas con su trabajo, por un lado, al no tener tiempo para ellos, la actividad física no es la óptima, y menos si pasan mucho tiempo frente a un monitor. Si a eso aunamos que no tienen algún momento ni para comer, tienden a llenarse con muchas porquerías que venden las máquinas tragamonedas (o, como dicen los españoles, “Tragaperras”). Ya ni mencionar la salud mental, la cual se va cultivando con la diversidad de actividades en todos los ámbitos existenciales, y no sólo con el estrés del Trabajo (que va mermando inclementemente la calidad de vida).

            Esta situación va más allá de la oficina, ya que es un círculo vicioso que abarca toda la existencia del individuo. Los amigos que haya hecho antes de esta etapa, lo irán dejando de lado paulatinamente, ya que no se aparece en reuniones o eventos y, cuando lo hace, sólo habla de trabajo sin nada más interesante que aportar, es obvio que vaya siendo relegado en el olvido. Por otro lado, sus “amigos” del trabajo le ofrecen un buen espejismo de amistad pero, normalmente, cuando dejan la organización (incluyendo al trabajópata) eventualmente se pierde el vínculo, el cual estaba basado en la convivencia diaria y no en una amistad auténtica (afortunadamente hay excepciones).

            Lo patético de la situación es que el individuo en cuestión piensa que lo hace por un bien mayor: el bienestar de la familia pero, vergonzosamente, hasta en eso está equivocado. Es verdad, y nadie lo niega, que para tener una buena vida en este mundo materialista, el dinero es necesario, pero no es la única variable en la ecuación. Siendo realistas, casi todos los workahólicos son empleados de confianza y, por lo general, casi ninguno recibe un pago por todas las horas adicionales que trabaja, así que el tema dinero queda descartado como motivo válido, ya que reciben el mismo dinero si salen a las 5pm que si salen a las 10pm.

            Al primer Trabajópata que conocí fue a mi papá putativo (o el segundo esposo de mi mamá). Por alguna razón, sus empleos siempre estaban lejos de dónde nosotros vivíamos, así que sólo lo veíamos los fines de semana. Al no convivir con él, pues era un desconocido en nuestras vidas y, como creía que seguía en la empresa, llegaba a ser un Gerente de la casa en vez de ser simplemente “Papá”. Debido a su actitud de capataz, nunca tuvimos una auténtica relación de padre e hijo, ya que la mayoría del tiempo nos llamaba la atención por algo y, por lo mismo, la situación siempre estaba muy tensa cuando él estaba en casa (y ya ni les cuento el suplicio que era tenerlo en vacaciones).

            Muchos Workahólicos caen en esos errores: primero, no saben distinguir la casa de su trabajo, así que consideran que su familia son como sus empleados y ésa no es una buena idea para fomentar unos lazos sentimentales sanos. Por eso mismo, el poco tiempo que se dan para convivir en familia, es un sufrimiento, más que una alegría, para ese hogar que se ha ido desarrollando, pero sin él (y lo pongo en masculino porque son contados los casos de mujeres adictas al trabajo que tengan hijos, normalmente ellas sí saben lo que es primordial).

            Ahora, antes de continuar, para todos aquellos que me están tachando de “mal hijo” “poco agradecido” “ingrato” y demás. Ciertamente agradezco que el esposo de mi mamá, del cual no soy hijo por sangre (mas si por educación), me haya mantenido y pagado una carrera universitaria (aunque ése fue el trato para que mi madre se haya casado con él). Sin embargo, ahora que llevó más de doce años trabajando (porque VW no fue mi primer empleo), en realidad no lo puedo absolver del todo. Aunque no nos faltó nada primordial en la casa, tampoco es como que hubiéramos vivido en la abundancia, así que no creo que hubiera cambiado mucho la situación familiar si él hubiera trabajado menos y convivido más con nosotros. Además es difícil para un niño fomentar lazos fuertes cuando, en vez de un padre, llegaba un Ogro a la casa. Recalcó, agradezco profunda y eternamente lo que me dio, pero no puedo fingir lo que no recibí: el trato amoroso de un papá.

            Así es señores trabajópatas, no sigan en su plan de víctimas, porque sus hijos no van a recordar si les dieron viajes o juguetes, esos son desechables y siempre habrá un modelo nuevo que opaque al que adquirieron. Pero hay muchos abrazos, consejos, apoyos, momentos de compresión, risas, preguntas, victorias, derrotas, decepciones y demás intangibles que no pueden comprar: ustedes deben de estar ahí para proporcionarlos y/o vivirlos.

            Platicando con el Pitirijas, él lo vivió en carne propia, trabajo tanta décadas para sacar a sus hijos adelante pero, cuando al fin dejo la empresa y llego a su casa, resulta que era un auténtico desconocido, además no tenía lugar ahí, porque todos en su familia ya habían hecho su vida, y no tenían tiempo ni voluntad para intentar construir algo que es más fácil desde la infancia, cuando el niño en realidad necesita la imagen paterna para un mejor desarrollo.

            Pero la tragedia del Workahólico no acaba ahí, no entiende que la empresa para la cual labora es un negocio, sin sentimientos, ni personalidad. Va a haber un día, por cualquier circunstancia, que el Trabajópata va a salir del trabajo (ya sea despido, jubilación, cierre de empresa pero jamás renuncia, porque sería como un suicidio para el desdichado). Y ése va a ser el día que se va a dar cuenta de todos los años de vida que invirtió ahí ¿y que reciben a cambio? Dinero en el mejor de los casos, sin importar la cantidad, ¿ese cheque vale toda la vida invertida? ¿Vale todas esas veces que no les dieron las “buenas noches” a sus retoños? ¿Paga todas esas reuniones con amigos a las que no llegaron? ¿Valió su divorcio? ¿Esos partidos de sus hijos que no vieron? ¿Las obras de sus hijas? ¿No ver una película en familia? ¿Cancelar unas vacaciones en la playa?

            Las empresas son negocios, no son instituciones de beneficencia, si le eres útil te emplean, si no, te dan una patada en el trasero. Normalmente la compañía no te pide que te quedes hasta tarde, sólo en ocasiones especiales. El que decidió quedarse más tiempo es uno mismo, el que regaló todas esas horas no es otro más que el propio Workahólico. Obviamente a la empresa no le molesta que se queden más horas ¿A usted le molestaría que, por el mismo precio, en lugar de una hora masaje le den una hora y media?

            Cuando se pasa tanto tiempo en el trabajo y tan poco en la casa es fácil perder la noción de lo que es importante en la vida. Así que uno piensa que el trabajo es su casa, hasta que te acaban sacando en contra de tu voluntad y cuando llegas a tu verdadero hogar, resulta que eres un desconocido.

“Aquél que no dispone de dos tercios de su vida es un esclavo” – Friedrich Wilhelm Nietzsche

            Ahora, si de algo les sirve, les voy a compartir cómo fue que deje de ser un Trabajópata:

            Por vivencias que ya compartí en una ocasión anterior, mi vida social era en realidad muy limitada, por no decir inexistente. Por tal motivo encontraba en mi trabajo una realización ó satisfacción que no encontraba (ni me interesaba encontrar) en otros lados.

            Es verdad que siempre me ha gustado trabajar en Volkswagen, por lo mismo siempre lo he hecho lo mejor que he podido. Lo triste del asunto es cuando uno cae en la enajenación, y es que, mi jornada laboral diaria entre semana era de 15 horas (de las 7AM a 10PM), además de cinco horas los Sábados y otras cuatro en Domingo. A excepción de dos períodos (mi primera novia y mi fallido matrimonio) ése fue mi ritmo de vida durante los primeros siete años de mi trabajo en la empresa.

            Como pueden ver, no tenía vida social, vivía por y para el trabajo, y en realidad no me importaba que así fuera, porque era feliz (y auténticamente lo era). Pero, como dice Fritz Perls, “La vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas”, así que esos días estaban por terminar (felizmente).

            En una ocasión se me pidió un reporte especial, el cual me llevó bastante tiempo y análisis, durante un Sábado, algo que para mí era común. El problema fue que el superior que me lo solicitó se alzó el cuello con mi esfuerzo y pareció que él lo hubiera hecho. Considerando que mi faceta laboral era la más importante de mi vida, se entiende que mi enojo e indignación fueran monumentales, estaba fúrico y con justa razón. Fue tal mi molestia que hable con el jefe de esa persona, pero no recibí ningún respaldo, así que mi malestar creció aún más por la injusticia de la cual fui víctima.

            Gracias a ello, me hice el firme propósito de ya no salir tarde. Claro que iba a hacer mi trabajo lo mejor que pudiera, pero de manera más eficiente. Lo triste es que esta determinación no fue motivada por un sentimiento de preocupación personal, sino uno de enojo, pero el resultado fue positivo de todas formas. Tarde tres meses en acoplar mi trabajo al horario oficial y desde hace casi cinco años salgo puntualmente a las 5pm (con sus contadas excepciones), además de ya no laborar los fines de semana.

            Afortunadamente, sin quererlo, el propio trabajo me curó de la obsesión que tenía por él. No fue algo que buscara, pero después me alegré y agradecí que así se hayan dado los hechos, porque me vi enormemente beneficiado a nivel personal, en mi salud física y hasta en mi faceta espiritual (que muchos confunden Religión con espiritualidad).

            En fin, no sé si algún día vuelva a estar en una relación y ni siquiera sé si en el futuro engendraré (me agradarían ambos casos pero no son imperativos), pero si lo hago sé que tendré tiempo para lo importante. Aunque no busque una vida fuera del trabajo, me alegro tenerla, y no tanto por una hipotética familia, sino por mi mismo. He pasado mucho tiempo aletargado y, de a poco, voy conociendo un amplio mundo que antes se reducía a mi oficina. La vida sólo es una como para invertirla en el trabajo y, al final, hay más cosas que sólo dinero en ella.

Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
Quizá parezco grabadora, pero una vez más coincido plenamente con tu ensayo.
Gracias a Dios tuve 2 excelentes ejemplos para no ser yo mismo un Trabajópata: mis padres. Ambos grandes profesionales, pero también grandes amantes de sus tiempos y de sus espacios con la familia y amigos.
Jamás llegó mi papá a altas horas por seguir en la fábrica (es Ing. Textil) y jamás mi mamá (qepd) sacrificó sus horas de descanso y de ver por nosotros por el trabajo.
Yo actúo igual, hago mi trabajo lo mejor que puedo (y creo que lo hago bien), pero me queda claro que en esta magna empresa, de nada sirve que te quedes tarde, porque mañana llegas y vienen más y más cosas y es un cuento de nunca acabar.
Qué bueno que pronto en tu vida dejaste de ser un Trabajópata y felicidades por tu ensayo, como siempre, muy bien escrito y reflexionado.
Excelente semana.
Daniel

Qcho dijo...

Heberto:
Pues no sé si identificarme o no con los trabajópatas, debo decir, que no me molesta quedarme un poco más de tiempo en la oficina y que he trabajado en muchas cosas durante ya un largo periodo, lo que si debo decir, es que en todos mis trabajos he disfrutado mucho de una o de varias actividades que tenía que realizar, aunque debo aceptar que cuando trabaje en el restaurante y de repartidor fue el mejorcito, que aunque la paga era mala, me la pasaba en la calle y comiendo muy bien, me consentían.
Algunos de los puntos que manejas no los identifico tanto conmigo, pero si con algunos de mis hermanos, en el cual salir de vacaciones con ellos es meramente un suplicio por las actividades tan restringidas que se pueden realizar y el marcado horario al que nos someten a los otros miembros de la familia, y yo siendo una persona que le toma fotos ha todo lo que se mueva e ir curioseando por todos los rincones del lugar, pues si me frustra.
Ahora bien, resulta un poco complicado cuando dejas por ejemplo alguna actividad por sumergirte en otra, es claro te trae un beneficio físico o espiritual, conoces a nuevas personas, pero, que también adoptas como casa y que en su momento haces de todo para estar allí. Como quien dijera la idea es mantenernos activos y ocupados.
Buenas lecturas para disfrutar mí domingo recostado en la cama, siendo las dos de la tarde jajaja.