viernes, 16 de marzo de 2012

¿727000 pesos?

                Tengo por costumbre, abonar más de mi saldo en la tarjeta de crédito, por eso mismo nunca he pagado intereses. Recientemente, al pagar y dejar un saldo a favor de $727 pesos, la grabación me indica “Su saldo a Favor es de $727000 pesos”. Tras verificarlo en un par de ocasiones, e inclusive dos días seguidos, confirme que el sistema se había equivocado y, de pronto, ¡tenía $727000 a mi disposición!

                TODOS en este mundo tenemos un precio, muchos dirán “Yo no, mis valores me respaldan”. Puede ser, es lo que decía antes del suceso con la tarjeta pero, hasta que ves las bondades de una oportunidad inesperada, comprendemos que hasta nuestros valores tienen un límite (sobretodo en un mundo tan materialista como este).

                Volviendo a la tarjeta, obviamente era un error del sistema, y ellos tendrían que corregirlo, sin embargo, empezó a nacer en mí un dilema “Si no lo corrigen ¿seré capaz de devolverlo?”. Se me educó para no tomar lo ajeno, y siempre he devuelto lo que no me pertenece así que, sin problemas puedo devolver $727, $7270 o hasta $72700 (estos con más trabajos, pero sé que lo haría), pero ¿$727000 pesos? Con esa cantidad saldaría mi crédito hipotecario y, con el sobrante, me iría a unas buenas vacaciones por Europa o Japón.

                Tal vez habrá quién me esté cuestionando por expresar esa idea y dirán “¡Claro que los devolvería!” Pero  ¿Qué tal si fueran Siete millones o 70 millones? Sé que $727000 me meterían en un enredo moral pero con Siete millones acabaría tomando el argumento de una amiga: “Hebert, ¡es un banco!, a ellos les sobra el dinero, no es cómo que se los quites a una viejita” y ahí entra la justificación para avalar algo mal hecho, misma que siempre encontramos para ser corruptos.

                “Es que no me alcanza para comprar esos discos tan caros” cuando adquieren piratería; “Es que es muy engorroso el pagar la multa” cuando damos mordida para que no nos infraccionen; “Es que no tengo tiempo para esperar tanto” cuando nos metemos a una fila;  “Es que es una causa justa” cuando se soborna a algún juez, abogado o notario;  “Es que el gobierno sólo se roba mi dinero” cuando evaden impuestos; “Es que son unos rateros por un servicio tan malo” cuando se roban el cable, la luz o el Internet, y así puedo continuar con miles de pretextos para que vean que los “malos” son los afectados y nosotros somos bien “buenos”, y es que tenemos una especie de síndrome de Robin Hood por hacer justicia con nuestra propia mano.

                Desde que se creo la sociedad y el concepto de dinero, la corrupción empezó a formar parte de la naturaleza humana, y no sólo en aspectos monetarios, hay muchos aspectos tangibles e intangibles que son capaces de obligarnos a botar nuestros valores por un beneficio lo suficientemente jugoso para “aguantarnos la pena”. Y es que nos podemos corromper con influencias, poder, favores sexuales y demás.

                Un ejemplo de esto es  la piratería, tema que debería ser exclusivo de las clases bajas pero que, tristemente, no lo es. A pesar de ser ilegal, puedo entender (mas nunca apoyar) que personas de escasos recursos, y pocas opciones de entretenimiento, adquieran piratería. Y es que el precio de un CD es el presupuesto con el cual comen en una semana. Y aquí entramos en cuestiones éticas: ¿Es culpa de la Firma musical la miseria del que compra piratería? ¡Claro que no! Pero, hablando de los niveles de pobreza referenciados ¿Creen que le importa a alguien que apenas tiene para comer?

                Ahora, entiendo ése caso, lo que no comprendo es la enorme cantidad, que sí tiene posibilidades para comprar música de manera legal y, sin embargo, adquieren piratería. Ésa sí es una actitud comodina, deshonesta, desvergonzada y desleal. He visto a muchos de mi nivel socioeconómico adquirir piratería, mismos que luego presumen de los productos de marca que usan o de los lugares tan exclusivos a los que asisten. Esa fantochez se agrava más con la piratería que compran, y claro, las justificaciones no se hacen esperar: “No voy a comprarme el disco por una canción”, “Es que la película está tan mala que no voy a ir al cine a verla” “Es que no tengo tiempo de ir al Mix Up a comprarla original” y todo lo que me puedan decir.

                Voy a ser honesto, NUNCA he comprado piratería, porque valoro mucho la música que me gusta, pero SÍ me han regalado música ilegal. ¿Eso me hace mejor ser humano? En definitiva no y ahí viene la justificación de típico mexicano: Hay dos casos en particular, la salsa y la música antigua, hay mucha Salsa de calidad que no se encuentra en México, así que cuando hay una canción buena nos la compartimos. Por otro lado, existe música vieja (o películas muy raras) que ya no se encuentran en ningún lado, así que cualquier copia (legal o ilegal) es muy apreciada. Obviamente cuando existe el disco o la película, las compro en E-bay con un amigo y asunto resuelto, pero no siempre es el caso. Ahora, sé que no todos van a pagar $500 por algo en E-bay cuando pueden pagar $80 y sin tiempos de espera o la incertidumbre de que si llega en buenas condiciones

                El asunto de la tarjeta sólo lo comenté con mis amistades cercanas, personas que considero a mi altura moral y, con algo de sorpresa, me di cuenta que nadie me dijo “Hebert, ese dinero no es tuyo, ¡Devuélvelo!”, al contrario, hubo quién ya hacia planes con el monto y me daban sugerencias de cómo gastarlo. Recalco, mis amistades son grandes seres humanos, pero creo que ninguno de nosotros ha visto esa cantidad  junta, de ahí que nos deslumbráramos con las posibilidades.

Al segundo día debí haber marcado al banco y hacerles ver su error, pero no lo hice. Por fortuna no me puse a despilfarrar como loco por la factibilidad de que se corrigiera esta situación. Tome una resolución: “Voy a esperarme a dos cierres de mes, si el dinero sigue ahí, decidiré qué hacer”. Fíjense que no dije “No es mío, mejor hablo y les reporto el error”, sólo me dí algo de tiempo para pensar y luego decidir. El dilema estaba fuerte.

                Todos criticamos y señalamos a los corruptos, los juzgamos como si fuesen seres tan aborrecibles, y tan fuera de la moral, que poco faltaría para lincharlos. Pero, estando en su posición, ¿Cuántos no hubieran tomado los millones de USD y huir con ellos? Es fácil juzgar cuando no tenemos la oportunidad enfrente, lo difícil es mantener la palabra cuando se tiene enfrente un chance tan grande.

“No es uno plenamente consciente de la codicia que se esconde en su corazón hasta que oye el dulce tintineo de la plata en el bolsillo” – Carlos Ruiz Zafón (“El Juego del Ángel”)

                En todos lados se cuecen habas, y no sólo de dinero vive el ser humano, también tenemos nuestro “corazoncito” y unos instintos irrefrenables que nos impulsan. A lo largo de los años me he enterado de casos de personas que se han ganado promociones “por su culitito esfuerzo”, que a fin de cuentas es una especie de prostitución (ya que das sexo a cambio de un beneficio) pero ¿son casos aislados? No lo creo. Lo malo es que para que se den siempre debe de haber alguien dispuesto a pagar el precio (otro caso más en donde los valores son vencidos por un bien mayor).

                A pesar de que soy duro con mi país, en esta ocasión debo de admitir que la corrupción no es exclusiva de nosotros (aunque somos grandes representantes de la misma), ya que en todo el mundo, en todos los ámbitos y a todos los niveles, siempre se han dado a conocer distintas ilegalidades, y ésa es la punta del iceberg, imagínense todo lo que se hace y nunca se sabe.

                Afortunadamente hay ejemplos que me inspiran y alimentan mi ilusa esperanza de que el mundo puede ser un lugar mejor. Tengo un recuerdo muy valioso que me regaló Lance Armstrong,  durante uno de los Tour de Francia que ganó, hubo una etapa de montaña en la cual iba fugado con su rival máximo: Jan Ullrich. Ambos iban descendiendo a toda velocidad cuando, de repente, el alemán se fue de lado y salió del camino. Esa etapa la estaba viendo en transmisión en vivo, así que grite hacia el monitor “¡Perfecto! ¡Ahora escápate Lance!”, sin embargo, y para mi pasmosa sorpresa, Armstrong se detuvo, espero a que se reincorporará su colega de profesión, le preguntó si estaba bien, y reanudaron el camino.

                Ése fue el recuerdo más bello que tengo del ciclismo (un deporte plagado de trampas y dopaje), la actitud del tejano fue totalmente leal, fue un caballero y me dio una lección muy valiosa de respeto y deportivismo. Es factible que él estuviera seguro de su superioridad porque, si se supiese inferior, creo que nadie lo hubiera culpado de escaparse y asegurarse la victoria, ¿Cuántos de nosotros hubiéramos esperado al rival en vez de aprovecharnos de la situación? Les soy honesto, yo no lo hubiera hecho.

                Ahora, una cosa es aprovechar una situación fortuita y otra hacer trampa artera, como el excandidato presidencial Roberto Madrazo cuando corrió el Marathón de Berlín y, para vergüenza nacional, encontraron que atajó el camino para terminar en mejor tiempo y con mejor posición (tenía que ser del PRI). Alguien decía una vez, y sin ningún remordimiento, “Pena no es hacer trampa, pena es que te cachen”, parece ser que está idea está tatuada en el inconsciente mexicano, el cual siempre busca un atajo, una tranza o cualquier oportunidad para sacar ventaja de la situación (luego no nos quejemos de los prejuicios hacia nosotros en el extranjero).

                Nadie me ha ofrecido en mi vida drogas, ni dinero por hacer algo ilegal o inmoral, tal vez sea mi lenguaje corporal que no les da señales de que sea alguien corruptible; gracias a un hecho fortuito me hice consciente que no eran tan excelente ser humano como pensé en algún momento, como lo demuestra el hecho de que nunca hable para corregir la situación con mi repentina fortuna.

                Afortunadamente, mi “suplicio” acabo al siguiente Lunes, ya que mi saldo volvió a la normalidad y con ello mi salud mental y moral. No voy a negar que me sentí un poco “pobre” por “perder” $727000 pesos, pero también sentí una extraña felicidad por no tener que caer en algo que, históricamente, he despreciado en mi vida. Espero, de todo corazón, no tener que verme en un dilema como estos nuevamente, ya que me gustaría morirme con la idea de que soy una excelente persona.

                Hebert Gutiérrez Morales.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Perder $727`000.00 Pesos, ¿Que si un día te encuentras con que en tu cuenta de Nomina tienes mas de 3`000.000.00 de Pesos? En tu cuenta de Nomina, donde al revisar con el cajero o con el ejecutivo te acalaran que en efecto hay esa cantidad disponible,en una cuenta de nomina no es razonable tener ese fondeo, el mismo sistema del banco te trasformaria la cuenta a una de ahorro o bien a una cuenta patrimonial.La cantidad fue abonada por el empleador. ¿Razón? evadir impuestos, El dinero en efecto fue regresado, pero no la confianza.

He comprendido el circulo del dinero, mas no he encontrado afan en poseerlo, felicidad al atesorarlo, beneficio en gastarlo; Viene cuando trabajas, se va cuando estas distraido, es una compañia pasajera, solamente eso.

Anónimo dijo...

Hebert en vdd admiro la fortaleza que tienes

varelad1 dijo...

Hola Hebert, en verdad muy interesante tema. No me cabe duda de que la ambición por el dinero puede provocar que cometas tonterías enormes, algunas de las cuales podrían llevarte incluso a involucrarte en delitos graves y pagarlo con muchos años de cárcel. Conozco varios casos de esto que escribo, algunos desgraciadamente muy cercanos.
Personalmente, también me he visto tentado por el olor del dinero, sobre todo en el pasado, cuando iniciaba mi vida profesional en una empresa en donde trabajaba mucho y al final no recibía nada. Estuve muy tentado a hacer un fraude con unos cheques en complicidad con otra persona, pero gracias a Dios no pude hacerlo, no tuve las agallas y algo me detuvo a decir que sí.
Con el paso de los años, comprendes que el valor del dinero es completamente relativo y subordinado a tus deseos, si yo deseara manejar un Ferrari, poseer un edificio o empresa, vestir ropa de diseñador, comer en los mejores restaurantes siempre, etc., el dinero que percibo y puedo ahorrar nunca será suficiente, y por lo tanto, viviría siempre infeliz. No quiere decir que no me encantaría una vida así, pero por suerte no es mi mayor prioridad y placer en la vida.
Así que en resumen, todo está ligado al grado de importancia que le des a cada cosa en tu vida.
Un abrazo y feliz semana.

Daniel
Tampoco me siento conformista, puesto que busco superación, ahorro, patrimonio y tener lo mejor con lo que puedo pagar, y en este contexto, el dinero cambia de rol, porque ya no es un fin o un deseo incontrolable, sino un medio o herramienta de consolidación de los proyectos personales/familiares.

Qcho dijo...

Mi Estimado Heberto:

Gana todo lo que puedas; ahorra todo lo que puedas; da todo lo que puedas. - John Wesley.
¿Qué hacer cuando este no es tuyo? Buena pregunta, todo dependería de las necesidades en la que se encuentre una persona, de acuerdo a su solvencia económica creo yo, aunque claro siempre queda esa incertidumbre si está bien o está mal realizarlo. Por ejemplo, en pasados días mi papá sufrió un severo accidente, varias de sus pertenecías desaparecieron, podríamos alegar o comentar, que lo material va y viene y que pues de cierto modo mi papá aunque delicado en su salud, pues va saliendo de este mal. Aunque aquí el punto es, que tan mal estamos como ir como RAPIÑA en un accidente del cual pudo resultar mortal no solo para mi papá, si no para muchas de las personas que iban con mi papá en ese autobús y despojarlos de sus muchas o pocas pertenencias. Hay una película de Ignacio López Tarso con el mismo nombre “Rapiña”… pero, realmente eso también te deja pensando.