sábado, 10 de marzo de 2012

Políticamente incorrecto

            Es impresionante, y me asquea, la “clase política” que tenemos en este país (que Clase es justamente lo que les falta). Claro que tenemos los políticos, y el país, ad hoc a nuestra corrupta cultura. En increíble cómo esta gentuza juega con las esperanzas del pueblo año tras año, campaña tras campaña pero, más notorio resulta, la ignorancia grosera del elector, que sigue creyendo en sujetos que nunca cumplen lo prometido.

Somos un país fácilmente manipulable, por ejemplo, en el 2000, tuvimos una muestra de la necedad de Fox, cuando quería un debate de inmediato con su ya famoso “¡Hoy, hoy, hoy!”. Pudo ser su acabose, pero fue inteligentemente adaptado por su equipo para sacar la campaña de “¡México ya!”, y así nos olvidamos de su obstinación y lo tomamos como alguien muy decidido (luego recordamos, durante su mandato, que era muy testarudo). Cuando éste ganó la presidencia, dejando atrás más de siete décadas de Prigobierno creímos que, en automático, nos íbamos a convertir en país de primer mundo, ya que todos nuestros problemas se iban a arreglar de manera mágica, lo cual resulta tan ridículo como encontrar una pareja y esperar ser feliz todo el tiempo y sin esfuerzo. Ese es uno de los problemas que tenemos: la irresponsabilidad, queremos que alguien más venga a resolvernos los problemas, pero no queremos mover un dedo en la solución (aunque sea para nuestro beneficio).

Siempre ponemos nuestras inmaduras esperanzas en los políticos, para que resuelvan muchos de los problemas que, tanto ellos como nosotros, hemos generado. Pero ¿qué creen? Normalmente el que es electo, no resuelve nada y, tristemente, es más fácil que se agrave en vez de que se atenúe la problemática en cuestión; así que, más que ayudar, ¡estorban!
             
La inseguridad, corrupción, contaminación, pobreza, baja educación, desempleo y demás situaciones ampliamente conocidas, no se van a resolver de la noche a la mañana, porque han tomado siglos y generaciones perpetuarlas. Pero tenemos la postura clásica, inmadura e ilusa del mexicano: somos excelentes para señalar problemas pero ciegos para reconocer nuestra responsabilidad. Nos cuesta tomar una actitud productiva, porque concebimos tan grandes los problemas que “no tenemos vela en el entierro”, lo malo es que la gran mayoría piensa eso, dando por entendido que alguien más debe tomar las riendas del asunto. Nos corresponde resolver los problemas del país que habitamos, ya que somos los afectados o beneficiados por la situación del mismo.

           «Lector, imagine que usted fuera un idiota. E imagine que fuera un miembro del Congreso. Pero eso es redundante».– Mark Twain

Considero que se debería modificar la ley electoral e implementar las segundas vueltas. No es posible que se gobierne la nación, un estado o un simple municipio con el 30% del apoyo popular, eso sólo agudiza la desunión que nos caracteriza al momento de guiar las riendas de una entidad. Por lo mismo, sólo necesitamos tres partidos: el de derecha (PAN), el de izquierda (PRD) y el de centro (PRI), todos los demás sólo estorban, no sirven para nada y son parásitos del presupuesto.

Hablando de dinero, no sé si seamos los únicos estúpidos del mundo que mantienen, con el erario público, a los partidos políticos. En otros países, sólo reciben financiamiento de sus militantes, simpatizantes o sorteos pero nunca con dinero público; mismo que es necesario en otros rubros en vez de mantener a una bola de inútiles que no sirven a la nación, más que para hacer política improductiva.

Una evidencia de nuestra falta de civilidad, civismo o escasa educación política es cuando gana cualquier bando. En México andamos cortos de vista, no vemos más allá de nuestras propias narices, siempre nos quedamos en las campañas políticas e ignoramos lo realmente importante: el desarrollo del país y su población. En otros lares, cuando alguien pierde se toma una actitud madura, actuando como oposición responsable, cuestionando cuando es necesario, y trabajando con el gobierno en turno por el bien del país, que es mi patrón a fin de cuentas y para el cual trabajo.

Para los políticos mexicanos el país es lo de menos, lo importante son los partidos de los cuales provienen, ni siquiera los votantes que los eligieron. Cada cual trabaja por sus intereses, sin importar que sean nocivos para la nación: “No te voy a dejar trabajar para que te luzcas ante el electorado; no me importa a quien me lleve en las espuelas, voy a hacerte quedar mal, sin importar que nuestro subdesarrollo se agudice, con tal de evidenciar tu incapacidad de gobernar y me elijan de regreso”

Vote por el presidente actual (no lo defiendo ni lo ataco), y me queda claro que no es aliado de los narcotraficantes con los que está combatiendo; admito que puede estar aliado con otro cártel, lo cual no me extrañaría con la sucia historia nacional. El hecho es que está combatiendo al crimen o, por lo menos, a una fracción del mismo. Ilusamente creía que ya no me podía sorprender de la idiotez que puede alcanzar el elector mexicano sin embargo, veo con tristeza, me equivoque: muchos están pensando votar por el PRI, sin importar su asqueroso historial, por el simple hecho de que (suponen) van a acabar las balaceras y, lo peor, no porque vayan a controlar a los delincuentes, sino porque se van a asociar con ellos y van a hacerse de la vista gorda, con una tajada de por medio, mientras la droga fluye tranquilamente.

Es una postura indignante y vergonzosa, y no me refiero a los políticos, porque la gran mayoría son gentuza despreciable y sin escrúpulos; sino a la actitud de los que prefieren que el crimen funcione tranquilamente, con tal de que no haya balaceras. A ver qué pasa cuando sus hijos caigan en la drogadicción, o sean secuestrados, o trabajen en el narcomenudeo, ahí sí van a preguntar “¿Pero qué está haciendo el gobierno?” cuando la pregunta correcta es “¿Qué hicimos nosotros al momento de elegir?”

"No se puede acabar con el dominio de los tontos, porque son tantos, y sus votos cuentan tanto como los nuestros"– Albert Einstein

Los Mexicanos carecemos de memoria histórica; eso mismo, aunado a nuestra pasividad pasmosa, hace que los políticos se sirvan con la cuchara grande. Por ejemplo, es increíble que el PRI, que se eternizó en el poder por más de 70 años, siga siendo favorito para ganar las siguientes elecciones, sin importar todos los fraudes y robos que caracterizaron a la mayoría de sus administraciones. También resulta insultante como el hampón de Manuel Bartlett, se vuelva a postular como senador, sin importar su negro historial o que el exGober Precioso se considere para el posible gabinete de Peña Nieto.

"Sólo un pueblo virtuoso es capaz de vivir en libertad. A medida que las naciones se hacen corruptas y viciosas, aumenta su necesidad de amos." – Benjamin Franklin

Admito que estaba considerando votar por Marcelo Ebrard, ya que daba por sentado que el PRD no iba a lanzar al Peje, debido al espectáculo tan patético que dio tras las elecciones del 2006 (con la toma de Reforma y esa comedia del “Presidente Legítimo”) pero, para sorpresa mía, vuelven a postular al mencionado Peje. En verdad no puedo creer el gran cinismo de los políticos ni la escasa memoria del elector.

Volviendo a Peña Nieto, al ser tan manipulable el votante mexicano, no tengo la menor duda de dos cosas respeto a las pifias arteras que ha realizado en reciente tiempo: En primer lugar se van a olvidar, debido a la memoria inexistente que tiene el elector azteca. Por otro lado, con la poderosa maquinaria de Televisa respaldándole, no tardaran en salir cumbias, slogans, o algo que lo posicione en el inconsciente colectivo tipo “Pues no es tan malo, Peña Nieto es como nosotros, el pueblo, ¡No lee y es ignorante!”.

Admito mi error cuando reenvié muchos chistes sobre este sujeto, porque en realidad contribuí a su campaña. Bien dicen que no hay publicidad mala y, con un movimiento inteligente de su equipo, pueden aprovechar toda esta euforia de chistes que están circulando sobre él para su beneficio.

Volvamos al Pueblo, para el gran nivel de abstencionismo que existe, es ridícula la cantidad de personas que se quejan. Históricamente se alcanza un 50% de participación ciudadana en cada elección, pero al momento de quejarse me parece que casi alcanzamos el 100%. Todos se quejan, pero sólo somos un 30% de los que cumplimos con el pago de impuestos. Somos buenos para exigir nuestros derechos, pero nos hacemos los desentendidos al momento de cumplir con las obligaciones.

Alguna vez escuche una propuesta electoral muy buena, ojalá se pudiera llevar a cabo: todos los registrados en el padrón electoral deberían votar y, en caso de no hacerlo, podrían A) Pagar lo que cuesta su voto (alrededor de 50 pesos), a la tercera falta similar, viene una multa mayor o cárcel por un día ó B) Sacarte del padrón. Ya que es un desperdicio impresionante de papel en gente desobligada, por lo que sería excelente hacer el voto obligatorio. Que cada cual vote por quién quiera, pero que lo haga, porque es su obligación y derecho.

Otra propuesta que me pareció muy productiva es la de cuadrar todas las elecciones para que sólo se lleven a cabo cada tres años (tanto a nivel federal, estatal y municipal), y reducir las campañas a dos meses o menos; con esta medida se ahorraría tiempo, dinero y esfuerzo. Para nuestros políticos es más importante una buena campaña que un buen desempeño en el poder, así que hay que reducirles distracciones; si las elecciones fuesen cada trienio, los funcionarios se enfocarían (ideal e ilusamente) a trabajar en lugar de preocuparse por su próximo puesto, por lo menos tendrían que trabajar durante 30 meses continuos antes de fijar su atención en campañas las cuales, al estar tan dispersas por todo el país, acontecen cada año.

Una muestra del poco respeto que nos tienen, con nuestra complicidad, está en la demagógica pavimentación de calles. Por un lado se hacen acuerdos fraudulentos con los contratistas, cada cual se lleva su tajada y todo por un trabajo de mala calidad (adrede). Obviamente, con lo que se “sangró” el presupuesto de la obra, algo bien hecho no es posible, pero esta situación es una gran ventaja para el político porque, al llegar la época de lluvias, aparecen los baches; ahí es donde aparece el “consciente” Gobierno (municipal, estatal o federal) y van a “hacernos el favor” de tapar lo baches y todavía, estúpidos de nosotros, damos las gracias.

No debemos agradecer porque las calles son parchadas, debemos exigirlas bien hechas desde el comienzo, sin embargo, seguimos en el circulo vicioso de hacer malos trabajos, parchar, y nuestro agradecimiento porque “ahora sí están trabajando”, sin importarnos que esos baches echan a perder nuestras llantas, las cuales nadie paga más que el mismo automovilista.

Seguimos evidenciando nuestro tercermundismo, algo generalizado es que las obras se multiplican justo antes de la época electoral, y para muestra basta ver a Puebla, en donde hay más de 10 obras en proceso por toda la ciudad (sólo las que yo he visto), la cual la convierten en un caos pero, pasando las elecciones, vamos a ver cuántas obras se realizan (que serán pocas, porque es factible que se la pasen tranzando).

Pero este problema tiene otros niveles y es que, aunque los nacionalistas se enojen, México no es un país Independiente (y dudo que sea siquiera Autónomo), nuestros Gobernantes responden a intereses mayores. El próximo presidente será uno que les guste a nuestros vecinos del norte en anuencia con los círculos del poder que controlan este país.

La primera elección fraudulenta que recuerdo fue la de Salinas con Cuauhtemoc Cárdenas (todo México lo supo; hasta yo, en mi niñez, lo sabía cabalmente). También tengo claro el recuerdo de la “sospechosa” desaparición de escena del “Jefe Diego” cuando aventajaba claramente a Zedillo (hay quien dice que lo “invitaron” a bajarle de intensidad a su campaña). Y aunque vote por Calderón, empiezo a creer, que en realidad ganó el Peje hace seis años (por margen cerrado, eso nadie lo niega).

Muchos dirán que es imposible que los gabachos (a quienes no les latía el Peje) hayan metido mano en las urnas. Ellos no tienen que involucrarse directamente en la elección, sólo hay que dar ciertas órdenes a personas en específico y las cosas se harán o qué ¿ya se les olvido en qué país vivimos? ¿Se les ha olvidado el Ranking que tenemos entre las sociedades corruptas a nivel mundial? Bien dicen que aquí no hay imposibles, se logra todo lo que ustedes quieran, teniendo suficiente dinero o buenas influencias.

"La política y la suerte de la raza humana son formadas por hombres sin ideas y sin grandeza. Aquellos que tienen grandeza dentro de sí mismos no hacen la política." – Albert Camus


Estados Unidos presume de ser la democracia perfecta, pero no es necesario ser anciano para recordar uno de los más grandes fraudes electorales de la humanidad, y fue en el proceso que disputaron George Bush y Al Gore. Recuerdo todo el escándalo en esas votaciones, las cuales se centraron en Florida como estado determinante para definir al presidente. Al Gore tenía más votos y, por ende, era el Presidente electo pero, por alguna extraña razón, continuaban los recuentos y verificaciones. Al ver esta actitud, que mostraba claramente que no querían darle la victoria, Gore optó por hacerse a un lado (no sé si voluntariamente o lo “invitaron” a recapacitar), así que George Bush quedó como presidente.

Si los gabachos son capaces de tan alevoso fraude en su propia tierra y con su misma “democracia perfecta” (en la cual Gore tuvo más votos que Bush, pero su sistema electoral privilegió al segundo porque ganó más Estados, en teoría) ¿Qué les impide meterse en países bananeros como el nuestro? Aún más si nos consideran de su propiedad, ya que hemos sido su patio trasero desde hace un par de Siglos.

En resumidas cuentas, no necesariamente quien sea más popular entre los mexicanos va a ser presidente. Por ejemplo, las encuestas son perfectamente manipulables, ya ni digamos los noticieros o los “renombrados” analistas políticos. Todos estamos bien programados por los medios, como la campaña de desprestigio a la que fue sometido el Peje hace seis años. Tal vez no era tan malo, pero lo hicieron ver como el próximo Hitler, y muchos nos asustamos (y ni así justifico su actitud posterior).

Va a quedar el (o la) presidente que asegure los términos en los cuales hemos vivido tantas décadas: Algunos muy privilegiados, una pequeña clase media y una gran cantidad en la pobreza, lo cual mantiene la mano de obra barata, el sometimiento del pueblo y que no se eleve nuestro nivel de vida; con el estancamiento social resultante, el vecino pudiente puede continuar cínicamente con nuestra explotación.

Tomemos una situación descabellada para evidenciar la situación: supongamos que gana el Peje, a pesar de todo el aparato montado para evitarlo. ¿En verdad creen que los gabachos van a permitir otro Hugo Chávez jalándoles las barbas en el patio trasero? Hasta el Peje se tendría que cuadrar ante “El Patrón”. Aquí nada va a cambiar sin importar quién gane.

En realidad no importa por quién votemos, porque nuestra (manipulada) voluntad no será respetada. Tal vez deberíamos dejar de poner tanta atención a las elecciones y preocuparnos por el país que hemos formado. Nuestro problema de fondo es cultural y, mientras no mejoremos, vamos a seguir siendo manejados por cualquier ente con dinero o poder. Tenemos bien merecida la situación que vivimos, por todo ese desinterés o irresponsabilidad que nos caracteriza como nación.

A pesar de que no tiene mucho caso votar, lo haré puntualmente, al igual que seguiré pagando mis impuestos, respetando señales de tráfico, no tirando basura en la calle y demás deberes ciudadanos. Si todos cumpliéramos nuestras obligaciones y no sólo exigiéramos nuestros derechos, TAL VEZ otra sería nuestra realidad. Sin embargo estamos distraídos con tantas tonterías: telenovelas, noticias, Facebook, Fútbol, chistes, juegos, religión y demás artimañas inteligentemente planteadas para enajenarnos.

Deberíamos poner atención en lo que realmente cuenta como el sistema educativo, el ser más civilizados, el tener una cultura ecológica, aumentar nuestra calidad de vida, preocuparnos por nuestro retiro, reducir la violencia, leer entre líneas, es más, tener lectura de calidad (y no sólo el TV y Novelas). Si queremos ser de primer mundo, y algún día lo podríamos ser, deberíamos empezar a comportarnos como tales. Si nos seguimos comportando como República Banana, pues perpetuáremos nuestra membresía en el Tercer Mundo.

Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
Como en muchas ocasiones anteriores, lo que escribes me parece sumamente cierto y también sumamente preocupante.
Es increíble nuestra actitud y apatía, es como si viéramos y escucháramos que debido al calentamiento global se están hundiendo las placas árticas a nuestro alrededor y nosotros solamente nos hiciéramos a un "ladito" y seguimos echados contemplando el paisaje.
Sobra decir que una gran parte de nuestra mala situación es por culpa de cada uno de nosotros, eso está claro; pero lo que no veo claro, es qué deberíamos hacer y cuándo lo vamos a hacer para revertir este circulo vicioso y desvirtuoso.
Tal vez ya sea tiempo de una nueva revolución surgida desde lo más profundo del pueblo de México.
Ojala algún día se de este cambio verdadero. Un abrazo

Qcho dijo...

Heberto:
Tras varios años de trabajar en áreas de gobierno puedo decirte por vivencias, lo corrupto y manipulador que es el asunto, ahora que me encuentro en una institución a la que yo considero noble por el enfoque que maneja al apoyar a la gente que no sabe leer, ni escribir, está igual de corrompida, ni más ni menos, empezando desde la materia prima.
Educadores, asesores, técnicos o colaboradores, su remuneración es meramente nula, y es ahí cuando comento que es un área noble, pues de sus propios ingresos siguen con sus expectativas de un mundo mejor o al menos de una localidad mejor.
En estos años siempre he fungido bien mi papel como servidor público, claro, es la educación que también traigo de casa de apoyar, no siempre todas las causas, pues como bien dices o como dice Arjona – No ayuda el que no estorba, si no el que no te molesta.
La política no ha sido mi tema de conversación más fuerte, de hecho es una de las que más detesto y que me ha causado incluso hasta problemas con buenos amigos, el detalle es, que como todas las cosas ya mencionadas, seguridad, trabajo, educación y demás, la política resulta un factor importante de nuestra cotidianidad.