viernes, 27 de abril de 2012

Escuelas públicas y privadas

               «Nunca permití que la escuela interfiriera en mi educación».– Mark Twain

                Me considero alguien afortunado, ya que mi primera etapa escolar (Kinder, Primaria y Secundaria) la curse en instituciones de Gobierno. La Preparatoria, Universidad y Maestría las hice en escuelas privadas, tal vez no las más caras, pero de paga a fin de cuentas.

                Fue muy enriquecedor vivir ambas experiencias. En las públicas uno encuentra fácilmente camaradería, autenticidad reflejada en amistades más puras, en donde los intereses son menos. Sin embargo, también encuentras especímenes más “peligrosos”, nocivos y/o con calidad moral cuestionable. Pero eso también forma parte de la gracia de ir a instituciones de gobierno, porque uno aprende bastante de la selva urbana, en secundaria alguna vez escuche “Pareciera que nos entrenan para la guerra de Irak”. Ciertamente la vida en escuela pública puede ser más dura y salvaje pero, por lo mismo, más provechosa. Lo viví en carne propia con el bullying que recibí en la Secundaria, nunca más volví a experimentar algo parecido (dudo volver a sentir algo así hasta el final de mis días, y eso que ya estuve casado).

                Cuando ingrese a las instituciones de paga, note un ambiente extraño. A primera vista parece más civilizado, más educado y hasta refinado, una atmósfera muy “bonita”. Con el tiempo aprendes a detectar la falsedad atrás de esa fachada, conoces lo que son las poses, los intereses y las pretensiones. Es cuando factores como el dinero contribuyen fuertemente a tu atractivo o popularidad. Tal vez sea un ambiente menos hostil a primera vista, ya que físicamente eres respetado, así que es agradable ya no tener que cuidar el pellejo y vivir de manera tranquila. Sin embargo, la violencia moral y social es implacable por lo que toda esa tranquilidad que ganaste, la pierdes por mantener las apariencias y/o un Status Quo.

                No quiero caer en el error de generalizar. Obviamente hay gente fantoche en las escuelas públicas como gente salvaje en las privadas. Sin embargo, hay que admitir, que el medio para que estos especímenes proliferen cambia radicalmente de una a otra institución. Cada cual tiene una personalidad endémica (por llamarlo de alguna manera). Me alegra haber estado en ambos ambientes ya que enriqueció mi percepción de la realidad.

                Normalmente, aunque no siempre, las privadas suelen tener mejor nivel educativo que las públicas. Naturalmente ése es el punto central de la educación, por lo que elegiría una privada para mis (hipotéticos) hijos. Pero, si hacemos de lado ese hecho, podré ser llamado naco, mediocre y demás calificativos, optaría por una pública, ya que son más divertidas y reales en cuanto ambiente y enseñanzas de la vida real.

                Se aprende mucho en ambas instituciones: en una comprendes a los madrazos físicos y en otra a los madrazos psicológicos. El convivir con personas distintas (sin importar clase social, ideologías, religiones, equipos de fútbol, etc.) es muy productivo para tu bagaje cultural. Te enseñan más allá de los libros y el pizarrón, ya que casi nada de lo que vi en la carrera me sirve en el trabajo, pero mucha de la interacción que tuve sí me ayuda en la oficina. A veces no es tan importante la inteligencia cognitiva como la emocional, la cognitiva te la fomentan en las aulas, la emocional fuera de ellas pero aún dentro de la escuela.

                Tenía una amiga súper inteligente en VW, muy trabajadora, movida, lista, alegre, avispada entre otras tantas virtudes. A mí me consideran una persona de carácter difícil, pero ella me dejaba atrás y por mucho trecho. A pesar de que era la mejor de su grupo, se optó por recortarla, debido a su actitud tan independiente y tan poco adaptable al resto del equipo. Ella me lo confesaba, su rendimiento era superior al resto, sin embargo, no se adaptaba a ellos. Por lo tanto, por más “estrellita” que fuera, optaron por sacrificarla antes que a otros individuos con menor rendimiento pero mejor actitud grupal.

                Al igual que mi amiga, tenía el mismo error, afortunadamente en la empresa empecé a comprender la importancia del trabajo en equipo, algo que me negaba aprender a raíz de mi traumatizante experiencia en la Secundaria. Al final uno no puede trabajar solo todo el tiempo: se brinda y solicita apoyo, sin importar las capacidades individuales, porque todos necesitamos de todos. Esto lo aprendes en la escuela, aunque no precisamente en los libros de texto.

                Ahora que hago consciencia con este escrito, me parece que mis padres bien pudieron enviarme a escuela privada desde el mismo Jardín de niños. Desconozco por qué no lo hicieron y, honestamente, no me quejo. De haberme privado de esas experiencias tan jugosas, seguramente mi visión existencial estaría (aún más) sesgada.

                Las escuelas son una especie de laboratorio para la vida cotidiana. Hay personas que “brincamos” de la pública a la privada y, en automático, el status social cambia. En la pública era de los afortunados pero, al llegar a un ámbito más ostentoso, pase a ser de los Standard. Hoy en día eso me es irrelevante, pero en la adolescencia (en donde buscas la identidad con pasión) era algo muy importante. Aprendí mucho de esa dinámica social que nadie admite, pero que la mayoría aplica y que tanto odio: “Cuánto tienes, cuánto vales. Nada tienes, nada vales”.

                En mi último año de Preparatoria estaba consternado sobre la posibilidad de ir a una Universidad pública, me preocupaba bastante porque, para mi Status Quo, tenía que asistir a una privada (sin importar el nivel, sólo que fuera de paga). Obviamente no estaba preocupado por mi formación académica, sólo me interesaba la etiqueta social, la identidad que estaba adquiriendo y los círculos que pudiera frecuentar. Al paso de los años, estoy seguro que mi vida no hubiese sido tan distinta de no haber ido a una privada tal vez, si hubiese sido menos inmaduro, hasta una buena universidad pública hubiese escogido, para revivir mucho de ese ambiente que experimente en mis primeros años.

                ¿En realidad importa ir a una escuela de gobierno o a otra privada? Como ya mencione líneas arriba, si tuviera hijos, los mandaría a la mejor escuela disponible, por lo que sería una privada al alcance de mi presupuesto.  Sin embargo he constatado que la escuela es tan buena como uno le saque provecho. He visto gente valiosa, la cual ha crecido mucho profesionalmente, y que egresaron tanto de privadas como de Gobierno. Y también conozco casos que se quedaron en la mediocridad, saliendo de ambos ámbitos.

                La calidad personal no es determinada por la escuela (aunque una buena sí ayuda). Honestamente, tuve mejores opciones para mi  Carrera y mi maestría, pero les he sacado bastante provecho en mi trayectoria laboral. El monto que pagues no determina lo bueno que vas a ser, esto va ligado al compromiso personal de aprender en todos los aspectos posibles, porque uno cosecha exactamente lo que siembra.

                La educación en sí no se puede comprar, simplemente se mama desde la casa. Los valores que uno recibe en el hogar, como el respeto a los demás, la sencillez que tiene uno al saberse igual que el resto. Cuando se está consciente de que todos somos mortales, el dinero que uno tenga o deje de tener pasa a segundo término. Los principales responsables de que sus engendros tengan alta calidad moral son los tutores. La escuela enseña, los padres educan.

                Antes de finalizar, sé que a un nivel estoy romantizando, también sé que parte de lo que escribo trae una nostálgica subjetividad. Reconozco que la calidad de educación pública que recibí es muy superior a la que se imparte hoy en día. La formación de los alumnos es lo de menos cuando la mayoría de los maestros (no todos) tienen en mente temas económicos, políticos, sindicales, y tantos intereses ajenos al alumnado;  el resultado es la educación tan mala actual (y el tener malandrines y holgazanes como alumnos, tampoco ayuda mucho).

                Creo que, aunque fueron mis primeros años, me siento más identificado con el ambiente desenfadado y salvaje de escuela pública, con poses menos fuertes y camaradería más auténtica, por eso considero a las escuelas de Gobierno como mi Alma Máter.

Hebert Gutiérrez Morales

1 comentario:

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
Muy interesante tu tema, aunque honestamente pensé que en este ensayo abordarías la grave problemática de la educación en nuestro país, algo así como la película de: "De Panzaso (la cual por cierto no he visto).
Ojala escribas sobre esto algún día porque creo que tienes un estilo crítico muy apropiado y la experiencia suficiente para lograr un gran ensayo con este tema.
Y entrando en materia de tu ensayo, a mi me pasó lo mismo cuando pasé de una prepa pública a una Uni privada ¿ves?... Pues yo veía a los fresitas venidos del Americano, del Humboldt o del Benavente y me decía... ¿de veras serán tan buenos o son puro blof?... Pues con el paso de los años me inclino más a lo segundo, puesto que, a pesar de sus mayores conocimientos académicos, su inteligencia emocional era casi siempre menor a la nuestra (los clásicos cirqueros "formados" en grupos de hasta 70 chamacos apestosos y violentos.
Un abrazo y seguimos en contacto.
Daniel