domingo, 22 de abril de 2012

Mis Lentes (Parte II)


                “Can you see the beauty inside of me? What happened to the Beauty I had inside of me?” – U2 (from the song “City of Blinding Lights”)

                Para los que quieran leer la primera parte, puede dar click aquí.

                Recientemente he hecho nuevas amistades, entre ellas una chica trece años menor, misma edad en la que empecé mi vida laboral. Ella posee muchas de mis cualidades, pero con una autenticidad y frescura más palpables por los años de diferencia.  Por lo mismo me da mucha ternura escucharla y, al mismo tiempo, algo de nostalgia. Recuerdo la manera que veía la vida, aquellos sueños, esa limpia inocencia que, espero, aún poseer. Al compartirme sus planes futuros,  me hace cuestionarme sobre los míos, los que justamente tenía a su edad y me pregunto, ya dado por perdido mi caso: “¿Qué será de ella?”

Trato de no poner entredicho sus planes, y no me atrevo a decirle que muchos delos que ingresan al mundo laboral tienen metas similares y, con el trajín de las jornadas, se van perdiendo mientras encuentran una vida cómoda y cotidiana que brinda un ingreso mensual asegurado. Casi nadie consigue sus sueños originales, conforme la vida nos va vapuleando, desistimos en silencio y nos quedamos con el “premio de consolación” así que, paulatinamente, tendemos a olvidar o almacenamos en una urna esos sueños infantiles y juveniles, que es cuando el sistema capitalista nos acaba de comprar.

La mayoría permitimos que el Sistema nos mate en vida al domesticarnos, se nos implanta la ilusión de que somos libres de tomar el camino que queramos cuando, en realidad, estos senderos ya están prefabricados, simplemente se nos va cambiando de versión año con año. Seguramente mis sueños eran utópicos, pero valía la pena intentar conseguirlos.

Me encantaría ver a alguien que se mantuviera firme en sus ideales, esos que adquirimos a temprana edad. Tal vez por la añoranza de los míos, quiero que alguien más cumpla sus sueños; así me refrescaría a memoria, no de manera cognitiva (que los tengo muy presentes), sino recordar el sentimiento con el que los planee: esa pasión, entrega e ilusión con la cual quería lograrlos sin importar los obstáculos.

“Tengo tanto que contarte, que he perdido y que no encuentro, y entre algunas de estas cosas la frescura con que idee mis planes la primera vez” – Fernando Delgadillo (de la canción “Carta a Francia”)

Tal vez me he vuelto un cínico, ya que mis planes actuales se reducen a tener una existencia plena y tranquila, teniendo como base mi trabajo en VW, con algunos cambios periódicos para darle algo de novedad a mi acontecer, lo cual es el camino que tenemos la gran mayoría de los que aquí laboramos.

Como mencione en aquel primer escrito que le dio origen a este blog, cuando te dejas esclavizar por cadenas de oro, vendes muy baratos los sueños, el ímpetu juvenil, la frescura, la espontaneidad  y, si te descuidas, los remanentes de tu mancillada inocencia. A pesar de que vivamos en un mundo capitalista, y gocemos ampliamente de sus “bondades” ¿Cuál es el costo? ¿No es muy caro pagar con sueños una efímera comodidad? A cambio recibimos artilugios innecesarios pero que estamos programados para anhelar, mismos que no contribuyen a una existencia sana, como sí lo hacían esas metas que tuvimos al inicio.

“You had so much to offer, why did you offer your soul?” – U2 (from the song “Crumbs from your Table”)

La que inspiro este ensayo constantemente recibe comentarios (me incluyo) como “Eres muy tierna”, “Eres muy inocente”, “Aún no sabes cómo funciona la vida” y demás frases que dicen entre líneas “Eres muy ilusa”. Procuraré abstenerme de ellos, sobretodo porque es un recordatorio de lo que pasó conmigo, y parte de porque no soy lo que debí haber sido, sin importar el mecanismo de defensa que desarrolle para cuidarme de la gente maliciosa.

La “ilusa” en realidad tiene más claro de lo que se trata la vida, eso que al resto de vendidos olvidamos. Creemos nuestro paso por el planeta se trata de sacrificar sueños por una jaula de oro segura. Nacemos con una claridad impresionante, limpios de prejuicios, cuando sólo somos humanos y todavía no somos personas (que viene de la palabra Personaje). Vamos abandonando esa pasión inmaculada conforme envejecemos (y eso nada tiene que ver con la edad fisiológica). Tenemos la ilusión de que ser adulto significa el status de poseer; frecuentemente confundimos eso con el ser mejores humanos.

“The more you see the less you know, the less you find out as you go, I knew much more then than I do know” – U2 (from the song “City of Blinding Lights”)

Para ser mejores de verdad, aún hay que tener sueños, principios, lealtades o valores, cuando aún nos importa lo que es correcto en lugar de lo que es adecuado; cuando lo ético es más importante que lo legal. Estoy avergonzado conmigo mismo, no con mi versión actual tan adaptada a este mundo, mi deuda es con aquel niño que se juró no olvidar los proyectos ni sueños, no olvidar todos sentimientos que lo hacen a uno percibir lo maravilloso de estar vivos. Tristemente muchos los fui descalificando como tonterías o ilusiones, y ni siquiera fui yo, pero permití que el resto lo hiciera. En un silencio cómplice permití que se me extirparan. Cuando te los quitan no duele tanto como cuando te sacan una muela pero, en momentos como éste, es cuando experimentas todo el dolor de manera retroactiva: te das cuenta de lo que solías ser y, sin saber cuándo, te preguntas “¿Cuándo permití que me cambiaran? ¿En qué momento deje de ser niño y me convertí en adulto? Ese mismo en que jure no convertirme”

“Ser joven es el primer mal, se quita con el tiempo si te haces de un lugar desde dónde dejes que todo siga igual” – Fernando Delgadillo (de la canción “Evoluciones”)

He alcanzado a proteger muchos de esos valores, ilusiones y sueños que me definieron como persona, los guarde celosamente en una caja fuerte bien resguardada en mi corazón, alma o esencia. Dudo que vuelvan a ver la luz pública, ya que son tesoros valiosos que no van a sobrevivir en este mundo perverso y corrupto, y no pienso perder ese último toque de autenticidad que aún me queda, ya que me nutre para ser un poco diferente, a pesar de ser una pequeña fracción de lo que alguna vez soñé, creí y jure realizar.

Gran parte de mi misantropía se basa en el poco respeto que tenemos por el mundo y hacia nosotros mismos. Sin embargo, el motivo más grande que tengo es eso que perdimos y que los animales aún conservan. El humano se cree superior al resto de animales debido a su vanagloriada consciencia o inteligencia, tachándolos de “salvajes” porque se dejan guiar por sus instintos y que carecen de sentimientos. Independientemente que soy muy escéptico y trato de ser objetivo, yo sí creo que los animales tienen inteligencia y emociones, a pesar de que los estudios demuestren lo contrario.

El caso es que nos creemos superiores cuando en realidad nos hemos disminuido gracias a esas sobrevaloradas características. Odio a la humanidad por coartarnos unos a otros esa limpieza animal y, peor aún, mantenemos el ciclo al truncar los sueños de las generaciones que vienen detrás. Así perpetuamos esta cadena de miseria y frustración.

No sé cómo sea en la actualidad, pero en mi niñez nunca me sentí frustrado (y no conocí a algún otro niño que lo estuviera). La frustración es otro invento humano, y surge al ponernos límites, al ponernos trabas, al ponernos prejuicios, cuando escuchamos tantos “no se puede” o “no se debe”, además de que se nos dan rutas predeterminadas a seguir.

Por eso valoro a mi amiga: por nutrirme de esa frescura que aún irradia; quiero guardar esa imagen por si, tristemente, acaba convertida en una autómata con visiones de autonomía como el resto de nosotros. Me llena de una cálida melancolía su limpieza de espíritu, por ser un recuerdo de lo que solía ser, y me sirve para limpiar esta alma poluta, la cual se ha ido contaminando en el camino, a pesar de que me prometí evitar que eso pasara.

“Time won’t leave me as I am, but time won’t take the boy out of this man” – U2 (from the song “City of Blinding Lights”)

Por eso me gusta tanto leer historias de lo que debería ser la gente, en donde se muestran humanos con ideales, con autenticidad, con personalidad, lo cual no quiere decir que sean perfectos pero, a pesar de sus errores, siguen un camino que ellos decidieron. Lo que tanto admiro en la ficción ya no se encuentra con facilidad en la realidad y, tal vez, viva a través de los libros y de mis escritos, en una especie de tributo al ser que me plantee ser o que, probablemente, pueda ser si me atrevo a librarme de esta programación tatuada.

Muchas gracias a todas esas personas que no tienen miedo a ser ellas mismas, me recuerdan lo vital que es mantenerse fieles a su esencia e ideales. Eres libre cuando no tienes miedo, cuando aún no tienes precio ni nada que perder, esas almas que no se han llenado de ira o frustración, sin tener que haber vivido en una burbuja o una cueva toda su vida. Cuando te inculcan valores correctos y  vives de acuerdo a ellos, es fácil llevar una existencia limpia, y así debería ser siempre. Cuando encuentras algo más “útil”, acorde al mundo en que nos desenvolvemos, es cuando empezamos a cambiar.

“Si todo tiene un precio, ¿a dónde está el ideal que me  guiaron a creer y respetar?” – Fernando Delgadillo (de la canción “Evoluciones”)

Cuando confundimos valioso (sueños, ideales, valores, sentimientos, etc.) con caro (casa, coche, ropa, viajes, status, etc.) es cuando desviamos el camino. Hay muchos seres mezquinos que buscan una especie de revancha con el prójimo al pensar “Si no conseguí mis sueños, no veo porque alguien más deba de conseguir los suyos” ojalá que, como raza, empecemos a tener actitudes más leales y generosas con los que vienen detrás y evitar ese revanchismo a través de prejuicios y programaciones sociales que, eventualmente, los harán tan cuadrados y automatizados como los que tenemos la ilusión que somos libres.

Mi amiga es una gran excepción en cuanto a su limpieza de alma. Tristemente, las generaciones actuales ya están compradas desde la infancia misma, ya que se preocupan por cuestiones materiales y le dan valor a lo caro, como cuando se preocupan por un nuevo Smartphone o una nueva consola. Es triste que te compren los sueños desde pequeño y te los catafixien por X-Box, Ipod, Wii, Iphone y no sé qué tanto aparatejo vaya surgiendo.

Es raro encontrarse con alguien que no sabe mentir cuando le conviene y, por lo mismo, decir la verdad porque es correcto, aunque no te ayude. Es casi impensable no actuar de acuerdo a intereses ocultos y mantenerse auténtico y honesto. Es bonito cuando se tiene esa calidez para abrazarte cuando a uno le nace o el valor para decir las cosas como se sienten, siempre cuidando no dañar al prójimo, porque la honestidad va de la mano con el respeto, mismo que cada vez avanza más en su extinción en una sociedad dónde no tiene lugar.

“Hay tanto que cambiar y nadie empieza, a muchos les da miedo comenzar. Sienten que alguien espera que se salgan de la fila, para poder ganarle su lugar hacia ninguna parte” – Fernando Delgadillo (de la canción “Evoluciones”)

Cuando vives en un mundo de autómatas, es fácil convertirse en uno, dejando en el olvido o aletargados los sueños que tuvimos y nos definieron las metas a seguir aunque, después, nos desviamos hacia otros callejones sin salida.

Hace mucho tiempo actuaba y decidía más sobre lo que yo quería, sin importar que fuera o no políticamente correcto y sin importar intereses ajenos. Hoy en día tomo mucho en cuenta esos intereses, beneficios y las posibles consecuencias. El miedo que nos da perder, status o identidad; mismo miedo del que carecía hace trece años y el mismo que te da cuando adquieres compromisos, cuando te debes de comportar de una forma para no perder beneficios, cuando antes eso no importaba.

“Cómo tengo miedo de perder los pasos, de extraviar en algún lado las promesas y los sueños. ¿Cuál será el mejor camino? Estoy seguro que me dirías que tome ‘Áquel’: el que me lleve más lejos” – Fernando Delgadillo (de la canción “Carta a Francia”)

Uno se desvive por madurar, a través de todas las experiencias posibles, y es bueno para desengañarte de muchos prejuicios y, aun así, siempre hay más que extirpar. Lo verdaderamente sabio es lograr el equilibrio entre madurez y frescura, porque a veces nos pasamos de “maduros” y nos tornamos rancios, con lo que perdemos nuestra dulzura natural de origen: maduremos mas no nos pudramos, ni confundamos madurar con olvidar.

Hebert Gutiérrez Morales

3 comentarios:

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
Nuevamente muchas felicidades por este ensayo y en este ocasión la segunda parte me parece tan buena o mejor que la primera.
Yo también he pensado mucho en este tema a lo largo de los años y no me queda más que aceptar que tienes razón y que hay fuerzas más poderosas que nuestra voluntad, como la autocomplacencia, la comodidad, el dinero, el status quo, etc. etc., que van desviándonos de nuestros sueños. Recordé al leer tu ensayo el libro de Paolo Coehlo: "El Alquimista" en el que se habla precisamente de los sueños y de lo que implica alcanzarlos y crear tu "leyenda personal".
Un abrazo y si sirve de algo, aunque sea de consuelo, tal vez nunca sea tarde para soñar, pero definitivamente jamás será tarde para actuar.

Qcho dijo...

Mi Estimado Heberto:
En primera instancia con lo de los lentes, resulta complicado el primer día que los usas, en mi caso, por el momento solo soy yo de mis 5 hermanos el que no tiene problemas en su visión, aunque ya tengo lentes solo son de descanso, pues pasar muchas horas en la pc pues también afecta. Esta nueva generación en mi familia ya comienza a usarlos, a lo cual algunos de ellos se sienten apenados, pero también en algunos casos te da estatus… Ya es normal entre la juventud usar lentes o brackets, cuando en nuestros tiempos éramos causa de bullying. Siguiendo con el texto de este asunto, con el contexto que no lleva a escribir estas líneas para mí la creación de la madurez es algo para mantener un estatus dentro de esta sociedad en la que vivimos, es claro que no podemos seguir vestidos de marineritos a pesar de que nos gustara vestir así de pequeños, pero está claro que no podemos olvidar de dónde venimos, lo que sentimos y en lo que creímos, por ejemplo nosotros que somos amantes de los comics y anime, somos encasillados dentro de otro grupo y nos tachan de infantiles.
La pregunta esta en ¿qué hacer o como mantenernos jóvenes sin olvidar nuestras responsabilidades que tenemos a cierta edad? Pues es más que obvio que en el cine, la música, la literatura y demás medios es lo primero que te dicen, no dejes de ser lo que siempre imaginaste y para ello, consume coca zero, porque es lo que le gusta a Chicharito…
Es bueno tener un alma joven y es duro cuando te dicen que se te ha terminado ese tiempo, ya sea por obligación o por un golpe que la vida te da. No soy de las personas que disfruta del día a día, soy más de momentos y lugares, sin embargo, me gusta lo que hago y a lo que me dedico y lo hago de la manera más cómoda posible para disfrutarlo aun más. Aprovechar el ahora sin olvidar de donde somos…

miguel cañedo dijo...

Fernando Delgadillo, genial...