viernes, 4 de mayo de 2012

Love Letter


            Hace unos diez años, antes de abandonarme a los brazos de Morfeo, revise si había algo interesante en la TV y, al llegar a un canal de películas llamado Golden Choice, ví a una chica japonesa desahogando toda su pena a través de gritos y lágrimas hacia una montaña. Me pareció un momento tan conmovedor e importante que me dejó consternado: “¿Qué pasa? ¿Por qué llora esta chica? ¿Por qué le grita a una montaña? ¿Por qué me llegó su sentimiento al corazón?”

            La ventaja de los canales Golden Choice es que van con un desfase de dos horas, entonces, en el canal siguiente, estaba iniciando ese mismo filme llamado “Love Letter”. En ese momento no lo sabía, pero esa estupenda obra de arte iba a resultar mi película favorita en todo lo que llevo de vida.
Afiche de la Película

“Love Letter” está llena de elegancia, de sentimientos, de autenticidad, de amor, de tristeza, de vida y de muerte. Elementos perfectamente equilibrados que nos regalan algo inigualable. No requirió de gran presupuesto para darle luz, sólo se valió de un argumento ingenioso y muy humano, con una historia inverosímil pero ambientada en la vida cotidiana de cualquiera, donde una simple coincidencia desata una gran historia de amor, aunque uno de los involucrados esté ausente, el sentimiento que despertó lo van desenterrando sus dos amadas: la de secundaria (por la cual tenía un interés clandestino) y su prometida.

            Nostálgica forma de iniciar: en el cementerio, recordando el segundo aniversario de la muerte de Fujii, todo esto bajo el cobijo de la nieve que estará presente en momentos trascendentales del filme. A cualquiera le encanta ver el cuarto de quien le gusta, en especial si no está presente para conocer tranquilamente un poco de su intimidad; sin embargo ha de ser especial cuando ese alguien ya no está, así que le reconocemos a través de sus libros, sus pinturas, sus discos y todas las pertenencias impregnadas de su esencia que nos hace reavivar su memoria. Espero nunca tener que experimentar algo tan melancólicamente agridulce.
Hiroko al inicio de la película

La banda sonora realizada por Remedios es una de los mejores en la historia del cine, es la belleza hecha música, la transmisión de los sentimientos expresados en la película están excelsamente plasmados. Es maravillosa, íntima, profunda, auténtica, sensible y tierna; me embelesa la perfección de las melodías, me resulta increíble que exista algo tan sublime y, al mismo tiempo, agradezco que alguien lo haya creado. Cada momento está perfectamente musicalizado, ad hoc a la trama, se matiza la escena y te facilita sentir lo que experimenta el personaje. El CD me salió más caro que la película en sí, pero nunca dude en adquirir esta obra de arte tan soberbia.

            Volviendo a la recamara de Fujii, al ver el anuario de secundaria surge una loca idea, ésas que el amor normalmente inspira: Hiroko anota la dirección de su difunto prometido con el fin de mandarle una carta, al cielo dirán unos, o simplemente una misiva catártica para librarse de aquella despedida que nunca se alcanzó a consumar.
Hiroko anotando la dirección del anuario

            Esa primera carta, tan sencilla y tan clara, viene cargada con mucho sentimiento pero, al recibirla de una chica desconocida, se torna inexplicable. Y ahí entra la ñoñez japonesa (por eso me siento identificado con ellos), así que la respuesta de Itsuki a Hiroko también es bastante simple y, a la vez, con algo de humor.

            A veces, en nuestro egoísta anhelo, hacemos cosas intentando revivir un amor y/o a una persona; si inesperadamente recibimos una respuesta o un atisbo positivo, de pronto somos un poco más felices, porque reconforta levemente ese luto o dolor que cargamos de lo que alguna vez fue y que nunca más volverá a ser. Nos encanta vivir en el pasado, disfrutar nuevamente de esa alegría e idealizar tales días como los más felices de nuestra existencia, así que fantaseamos con épocas en que éramos más buenos y el mundo era mejor. Un placer culposo del que casi nadie está exento.

            Cuando se enteran, Akiba y Hiroko, que han estado contactando a otra persona con el nombre de Fujii Itsuki, a través de una respuesta agresiva, resulta una escena muy conmovedora, y más triste resulta la reacción de Hiroko, al darse cuenta que su amor sigue difunto y, a pesar de ello, le tomó cierta simpatía a esta chica que, sin quererlo, la ayudó a tener una ligera esperanza de que su prometido había burlado a la muerte para responderle las cartas que le enviaba al cielo. Es cuando Akiba se sincera y le cuenta lo sorprendido que estaba que su amigo Fujii haya sido tan lanzado al invitar a salir a Hiroko, ya que él era muy tímido. Ese valor inesperado se aclarará conforme avanza la historia, pero Akiba se pregunta, frente a Hiroko “¿Por qué no te invite a salir primero?” pero así es la vida: se nos presentan muchas oportunidades, algunas las tomamos y otras las dejamos ir, y sólo después conoceremos las consecuencias de nuestras decisiones.

Algo que me encanta en las expresiones artísticas japonesas es una elegancia sencilla, misma que se refleja en una escena tan insignificante como lo es la llegada del avión a Ootaru. De igual forma, al llegar a la casa del amigo de Akiba, nos encontramos con una contemplativa Hiroko, fascinada con la nieve, y esta escena resulta más rica con el camarógrafo siguiéndola e imitándola en sus movimientos. Así fue hecha la obra, detalles que le dan un toque “casero” que son perfectos para el sentido íntimo del filme.

Un aspecto que amo del cine nipón, es el humor impregnado en casi todas sus historias, sin importar de qué índole sean. Por ejemplo la interacción de Itsuki con el cartero es genial, cuando ella lo manda al demonio con su invitación al cine. También se refleja en sus jetas hilarantes, esos gestos tan (involuntariamente) cómicos son algo agradable de ese pueblo, ya que son expresiones inocentes de su limpieza cultural, creo que las mejores caras son las que hace Itsuki a lo largo de la historia: como cuando la engañan para dejarla en el hospital, cual niña chiquita (a pesar de ya tener 24 años), su reacción, sus gestos y su frustración son una delicia de escena. :-)

“Cuando la gente muere es muy fácil de olvidar” – Madre de Fujii

Es admirable cómo se puede hacer un deja vú tan vívido, simplemente poniendo los elementos correctos para revivir la muerte del padre de Itsuki, mientras ella espera en el mismo sitio en qué ocurrió. Inesperado y conmovedor momento, en especial por la reacción de ella, en esa añorante necesidad por su ausente padre. Eso nos da entrada a la parte principal de la historia, cuando recuerda los días de Secundaria en donde conoció a otro chico con el mismo nombre y apellido, encuentro que iba a afectar su vida y la de otra mujer diez años después. (Nota: En todo el ensayo me refiero al hombre cuando escribo “Fujii” e “Itsuki” para la mujer)
Itsuki en el Hospital

No lejos de ahí, la reacción de Akiba, con su pequeño triunfo moral es muy divertida, sobretodo con esa expresión de “Te lo dije” sin mediar frase alguna “Tenía que haber una explicación lógica para que recibieras respuestas del cielo” pero, como ama a Hiroko, tuvo que callarse para no herirla. A veces son alegrías pequeñas que nos dan satisfacciones enormes, tal vez no muy relevantes pero, a fin de cuentas, alegrías.

Cuando Hiroko le escribe a Itsuki, sentada frente a su casa, sobre su fallecido prometido y al final se arrepiente y sólo le dice “que no lo ve desde hace mucho tiempo” es algo magistral. Sabiendo escoger las palabras adecuadas, el ámbito oportuno, la bella música y las expresiones exactas dan como resultado una de tantas escenas inolvidables y conmovedoras de las que está plagada esta obra de arte.

El creador de esta gran película, Shunji Iwai, hace un trabajo soberbio con la misma; ejemplo de esto es cuando las dos protagonistas se cruzan de frente sin verse en un par de ocasiones. Es parte de la clase y mística que caracteriza al filme. ¿Por qué no le dijo Hiroko a Itsuki que su prometido murió hace dos años? “Porque no la quería preocupar” fue su respuesta, y entiendo su postura: no es necesario compartir tristezas con alguien desconocida, sobretodo a una que ya importunaste con tus “Cartas al cielo”

La muerte no es bonita” – Hiroko Watanabe

            La segunda vez que ellas se encuentran, cuando Itsuki va a depositar su carta y se cruzan por la calle en un momento hermoso, enmarcado en un ambiente cotidiano. Hiroko llama a Isuki por su nombre y ésta se detiene, ambas se ven pero ninguna habla. Es una escena plenamente artística, desde el seguimiento y continuidad que se le da a Itsuki en su bicicleta, la música, la gente y, de pronto, se detiene el tiempo. En cualquier otro filme este pasaje valdría toda la obra pero,  por fortuna, “Love Letter” está plagada de momentos de buen gusto, de mucha clase, de íntimos sentimientos. Dicha escena, mientras se va llenando de gente, sirve de introducción para leer la respuesta de Itsuki, en donde rememora que había un chico en su clase con su mismo nombre y apellido.
El momento en que se ven de frente Itsuki y Hiroko

            Las películas japonesas que me enamoran como espectador son sutiles, profundas y sensibles. Una historia cotidiana se vuelve una extraordinaria, debido a la forma magistral de plasmar momentos rutinarios y hacerlos relevantes. Toman una postura tipo “Días ordinarios pero felices” que dominan con maestría, reflejado en convertir un relato cualquiera, mediante momentos de buen gusto, en algo único e inolvidable; exprimen todos esos aspectos humanos que, pareciera, hemos olvidado. No es necesario vivir aventuras increíbles para descubrir lo maravilloso de la vida.

            Eventualmente Hiroko, por las fotos del anuario, nota que su parecido con Itsuki fue la razón por la que Fujii la invito a salir con mucha decisión; resultan conmovedores sus celos por alguien que feneció hace dos años, celos y frustración de ver que ese parecido fue la razón de su relación “No lo podría perdonar si ese fue el motivo” decía con justa razón la pobre Hiroko. A pesar de todo, se traga su orgullo, ya que más grande resulta su necesidad de conocer una época desconocida de su amor muerto, además Itsuki no es culpable de las acciones de Fujii. Así que le pide que le comparta esos recuerdos, porque ella quiere conocer ese pasado tan enigmático de su ausente amor.

            La presentación del primer día de clases es muy bonita, muy artística, muy estética, muy linda, muy refrescante y a la vez melancólica, otra escena perfecta. Esta entrada nos guía al bochornoso momento en donde se entera toda la clase que tenían a un hombre y a una mujer con el mismo nombre: Fujii Itsuki. Este hecho, estando en secundaria, sin importar la cultura en la que pase, siempre será una loza bastante pesada de cargar, sobretodo en el ambiente escolar. Por eso mismo eligen a la “Pareja Fujii Itsuki” como representantes del salón, lo cual resulta patéticamente cómico. Para equilibrar, la primera escena de ambos en la librería es muy bella y muy tierna: mientras ella le habla, él está leyendo junto a la ventana, con la cortina volando y reflejando los rayos del sol y, por un instante, desaparece. Bella escena que resulto profética.
Fujii en la Biblioteca

            “El Fujii que vive en tu memoria, obviamente no fue el que yo conocí pero al mismo tiempo es el mismo. Hay tantos lugares y tiempos donde él estuvo y probablemente conozca sólo una porción de él.” – Hiroko Watanabe

            Mientras Hiroko dice la frase anterior, vemos en cámara a Itsuki en el jardín divirtiéndose con su abuelo. Ese tipo de detalles caracterizan a esta película: oyes un dialogo mientras disfrutas de una escena distinta y, aunque no tengan nada que ver, se complementan a la perfección por la estética y sentimiento que manejan.

            Aunque no es relevante para la historia, un momento hilarante es cuando tres chicas abordan a un chico, todo porque una de ellas quiere con él pero éste ni contesta, ganándose la respuesta fúrica de una de ellas, es algo tan cómico. Estos detallitos que no aportan ni quitan a la historia, hacen que la experiencia sea aún más agradable. Como Oikawa Nanase, que es un personaje sin mucha relevancia pero que aporta mucha vida con sus escasas participaciones. Mujer excéntrica que le da un toque refrescante a la ñoñez habitual japonesa.

            “Los chicos son muy egoístas ¿no crees? Pero las chicas somos aún más egoístas” – Oikawa Nanase

            Cuando los Fujii Itsuki se encuentran en el estacionamiento de bicicletas, para aclarar el asunto del examen cambiado, resulta una breve comedia con algo de ternura: Uno checando su examen a expensas de la otra pobre que perdió toda la tarde gracias a él. Otra escena hilarante es cuando ambos se encuentran en bicicleta y él le pone una bolsa de papas a ella en la cabeza, en represalia de estar de alcahueta de Nanase. Mientras pasa esa escena viene la pregunta honesta de Itsuki a Hiroko: “Disculpa la pregunta pero ¿Qué demonios viste en él?”. Una persona va cambiando con los años: se puede ser alguien en la secundaria y ser distinto en su época adulta, por eso es muy enriquecedor conocer las distintas facetas de una persona.

            “¿Qué tal si vamos a la montaña a platicar con él?” Akiba a Hiroko

            Después de contarle lo acontecido en el Undoukai (reunión deportiva) Hiroko le pide a Itsuki que le saque fotos de la pista en dónde él corrió. Ese amor tan grande que te hace querer saber cada detalle del pasado de esa persona que ya no está en este plano existencial. Aspectos que nos hacen mantenerlos en vida en nuestros corazones.

            Las escenas en donde Itsuki va sacando fotos de su vieja escuela son enternecedoramente dulces: la pista, las gradas, el salón de clases y los pasillos, hasta que se encuentra con su profesora de aquella época. Cuando Itsuki conoce a las alumnas actuales en la librería, éstas se sorprenden cuando saben que se llama “Fujii Itsuki”, porque han encontrado 87 libros con ese nombre. La melancolía, tanto para ella como para el espectador, representa una mirada al pasado: recordar esos años de escuela y ver que, sin importar el motivo, para las chicas actuales resulta importante tu nombre, aunque sea por juego; pero para Itsuki, y para mí también, resultó conmovedor.

            Esto nos lleva al momento en que Itsuki descubre la verdad que su amiga por correspondencia le había ocultado: La maestra le revela que su tocayo murió hace dos años. Punto vital en la historia, es hermoso y a la vez descorazonador. Itsuki por fin se entera de la razón de todas estas cartas, de la necesidad de Hiroko por descubrir a ese hombre que sólo ella conoció hace diez años, y la importancia que toma para una desconocida. Ahí me hice consciente de lo importantes que son nuestros recuerdos, a veces nos son irrelevantes pero para otros pueden ser oro molido.
Una joven Itsuki deslizándose en la nieve

            Con el sensible arte de Remedios hecho música, nos conectamos a la travesía que hacen Akiba y Hiroko a la montaña en donde murió Fujii: escena que nos vuelve a brindar el soberbio cuidado, profesionalismo y amor con el cual fue hecho este filme, con la música y la nieve en perfecto equilibrio que nos remarca lo trascendente del viaje para que Hiroko deje descansar en paz a Fujii. Acto seguido nos volteamos a ver a una joven Itsuki, corriendo por la nieve y, de manera estética, se desliza a través de la misma melodiosamente, con una elegancia y sensibilidad que te hace consciente de lo hermosa que es la vida y se te hincha el corazón por lo cálido y bonito de este momento.

            Al final de la escena anterior la joven Itsuki se encuentra con una libélula muerta sobre la nieve, recordándonos que somos tan frágiles y efímeros como ese insecto, así como pasó con su papá que murió de neumonía, fue el día de su entierro en el cual encontró a ese pequeño animalito muerto y luego te parte el alma cuando pregunta “Mamá, ¿Por qué se tenía que morir papá?”.
Pequeña Itsuki contemplando a la libélula

            Regresando a la montaña, Hiroko se empieza a acobardar, lo cual resulta humanamente comprensible: dejar el pasado atrás no resulta fácil, los recuerdos y sentimientos que nos hicieron felices en el pasado tendemos a atesorarlos en lo más profundo de nuestro corazón “No puedo seguir, él se va a enojar”, pero Akiba la convence porque, a fin de cuentas, la vida se trata de avanzar; de lo contrario, nos iríamos con nuestros muertos pero, por alguna razón, nos quedamos para seguir viviendo, seguir sintiendo y mantenerlos vivos a través de nuestros recuerdos.

            Mientras tanto, en Outaru, Itsuki no sabe cómo escribirle a Hiroko que ya se enteró que Fujii está muerto y quiere compartirle que su papá murió por un resfriado mal atendido, es cuando se desmaya por la alta fiebre (que tampoco fue cuidada), tratando de emular la muerte de su padre de manera inconsciente. Al discutir la madre y abuelo de Itsuki sobre qué hacer, nos enteramos de cómo murió el padre de ésta, y nos deja ver que somos capaces de lo que sea para salvar a un ser amado que está en peligro, “Aunque me cueste la vida llegaremos al hospital” dice el abuelo mientras carga a su nieta en un esfuerzo monumental para salvarla.

            Volviendo a la montaña, mientras cenan Kaji, Hiroko y Akiba, platican sobre el fallecido Fujii; cuando Kaji pregunta “¿Por qué ya no escalas?” resulta conmovedora la forma en que Akiba contesta “Es que tengo miedo”, algo que requiere mucho valor de admitir frente a la mujer que amas y uno de tus excolegas escaladores: Todos le tememos a algo en esta vida. Después del diálogo anterior, Kaji se pone a cantar la misma melodía que Akiba a lo largo del filme y Hiroko pregunta por qué siempre esa canción, entonces le explican que cuando Fujii cayó a esa barranca, no lo podían ver, pero fue lo que cantó hasta el momento de su muerte.

            Al estar en un ambiente tan honesto, Hiroko se anima a contarles que Fujii nunca le pidió matrimonio, ya que la llevo a un lugar solitario y estuvo dos horas sin decir palabra, paralizado por el terror, por lo que le causó pena y ella se lo pidió a él, a lo que contestó “Okay”, y Akiba comenta “Sí, ésa era su manera de ser”.

            “Él me dio muchos bellos recuerdos, y aun así pido más de él; lo estoy acosando y le sigo pidiendo más aún después de muerto. Soy una chica egoísta” – Hiroko Watanabe

            Akiba despierta a Hiroko para que contemple el bello amanecer, pero cuando le dice que la montaña que contempla es en dónde murió Fujii, la escena y el semblante cambian para dar paso a uno de los pasajes más bonitos, más conmovedores, más tiernos, más representativos de todas las películas que he visto en mi vida.
           
            “Da una buena mirada, porque Itsuki está ahí” - Akiba
Akiba gritando a la Montaña

            Akiba le empieza a preguntar a su amigo muerto que si sigue cantando, que si no tiene frío ahí, también le dice que ya le quitó a Hiroko a lo que el mismo se contesta “De acuerdo”. Akiba anima a Hiroko que desahogue todos sus reclamos, todas sus frustraciones y todo lo que siente (en lugar de escribir cartas al cielo). Una Hiroko timorata avanza con dificultad a través de la nieve, tan pequeña como es pero impulsada por ese amor contenido por dos largos años de luto, y va por respuestas hacia una montaña que no está dispuesta a contestar. Corre hacia ésta y empieza a preguntar:

            “Ogenki desu ka? Atashi wa genki desu!” – Hiroko Watanabe
"Ogenki desu ka? Atashi wa genki desu!"

            “¿Estás bien? ¡Yo estoy bien!” Es lo que decía esa primera carta que le envío unos meses atrás a lo otra Fujii Itsuki, mientras en el hospital de Outaru, ésta repite simultáneamente las mismas líneas que Hiroko grita a la montaña con tanto sentimiento y pasión “Ogenki desu ka? Atashi wa genki desu!” Esto pasa ininterrumpidamente hasta que Hiroko se desploma entre lágrimas ya que, por fin, se ha desprendido de ese anhelo de desahogarse con su difunto prometido y seguir adelante. Mi primer contacto con la historia fue esta escena, pero eso no me impide llorar a montones cada vez que la veo aunque, la primera vez que la ví completa, mis lágrimas estuvieron a punto de agotarse.

            Itsuki recuerda la muerte de su padre y se la empieza a relatar a Hiroko, pero más que darle a entender que ya sabía que Fujii estaba muerto, fue para relatarle la última vez que le vio en su vida, cuando éste le fue a pedir un favor y, sin saberlo ella, también fue a despedirse a su manera. Le pide regresar un libro, “¡Regrésalo tú!” le respondió Itsuki, pero él le dijo que no podía y por eso se lo pedía. Él quería decirle que se iba, pero no tenía el valor para expresarlo, así que sólo le da las condolencias por la muerte de su padre. Ella no sabía que ese libro contenía su despedida, misma que se hubiera mantenido en el olvido de no haber pasado toda esta magnífica historia que tuvo enterradas muchas muestras de amor clandestino por diez años.
La última vez que apareció Fujii

            “Ésa fue la última vez que lo vi” – Itsuki Fujii

            Cuando regresa Itsuki a clase, encuentra un florero en su lugar, como muestra de la simpatía de sus compañeros ¡y ella lo rompe! Fue una forma de emular el comportamiento de Fujii, y también da a entender que la vida sigue, no se detiene por una muerte o una partida, y está enojada por eso. A pesar de mudanzas, a pesar de muertes, a pesar de cambios, nos duele, enoja y entristece aceptarlo, pero al final lo hacemos (por las buenas o por las malas), sin cambios la vida carecería de sentido.
Itsuki regresando el libro a la Biblioteca

            Ella devuelve el libro “Recuerdos de los días perdidos” a la biblioteca mientras añora ese compañero al que se vio vinculada tres años por una coincidencia pero, a fin de cuentas, fue un importante lazo que lo convirtió en alguien digno de recordar. Hiroko entiende al final y le devuelve todas las cartas y fotos diciéndole “Gracias por compartirme esto pero, en realidad, todos los recuerdos son tuyos”. A pesar de que Hiroko conoció parte del pasado de los dos Fujii Itsuki, no le pertenecían a ella, así que acepta lo que a ella le tocó vivir con el suyo y sigue adelante.

            Hiroko fue la primera en darse cuenta de que Fujii estaba enamorado de Itsuki, por eso mismo él escribía el nombre de ella en las tarjetas de los libros y no el de él, como creía Itsuki; esto era para hacerle notar su amor. Esos sentimientos que tuvieron la fortuna de ser descubiertos, aún después de la muerte. Muchos de ellos que se mantienen ocultos, muchas veces no los decimos pero, no pierden intensidad por el hecho de no expresarlos, a veces hasta aumenta su potencia. ¿Por qué no merecen salir esos sentimientos ocultos? Por el miedo al rechazo, no tanto a la humillación, sino a saber que no se es correspondido, ese era el caso en esta película, pero fueron bien aceptados, aunque haya sido una década después.
Itsuki antes de la última carta

            Antes del bello final, viene una escena tierna, en la que el abuelo le comenta a Itsuki que el día que ella nació plantó un árbol y, en su honor, lo nombró igual que ella “Itsuki”. Así que ella, de manera tierna e infantil empieza a buscar su árbol con la guía del anciano y es muy bonito ver cómo se emociona al encontrarlo. Y ahí inicia la última misiva de Itsuki a Hiroko, una que fue escrita pero jamás enviada.

            Las niñas de la biblioteca visitan a Itsuki y le prestan ese libro que significó el último contacto entre los dos Fujii Itsuki, ella lo reconoce y se aguanta la impresión, sobretodo por las niñas que tiene en frente. Ellas le dicen “Ve atrás de la tarjeta” y al hacerlo ve su retrato y entiende todo y confirma las sospechas de Hiroko: Cada “Fujii Itsuki” escrito en las tarjetas de los libros era el de ella y no el de él. Tristemente no pudo desahogar todo ese sentimiento que le originó este descubrimiento (nuevamente por las niñas) y se puso a escribir esa misiva que, como bien dice ella, “Esta carta no te la voy a enviar”.

            ¿De qué se trata “Love Letter”? Muchos dirán que de un amor de secundaria, y tal vez sea cierto, pero no me puedo imaginar lo impactante que es descubrir dicho amor diez años después, darte cuenta que todo lo que pasó fue en nombre de un sentimiento que jamás fue expresado, además debe ser aún más fuerte saber que esa persona murió un par de años atrás. Esta historia de amor se hubiera mantenido oculta de no ser porque alguien tuvo la inocencia de mandar una “Carta al cielo”.

            También habrá quien diga que es una historia ridícula, por no decir cursi, tal vez ilógica y fantasiosa y puede ser que tengan razón pero, para mí, es una obra de arte y del corazón. No digo que sea la mejor de la historia porque sería bastante pretencioso, pero sí voy a decir que es la mejor película de MI historia, ya que no he vuelto a sentir algo así con ninguna otra. Es una obra que hace resonar algo profundo en mi ser. Obviamente he llorado a morir con otros filmes, pero esta película tiene un toque tan especial que no he vuelto a encontrar, por eso es perfecta para ser mi favorita y me siento muy afortunado de haberla encontrado.
El inicio de la película

            Por lo menos para mí, es una obra de culto; muchos podrán encontrarla aburrida o inverosímil, sé que no todos tendrán oportunidad de verla y, aunque lo hagan, sé que no todos experimentarán lo mismo que yo. Por eso mismo, cada cual en este mundo debe tener su filme favorito, y no necesariamente debe ser una que hayan visto millones de personas, ni siquiera debe ser de tu propio país o de Hollywood, simplemente llega el día en que la película te encuentra a ti y no sabes que estás a punto de contemplar la mejor historia que has conocido en tu vida.

            Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
Qué padre es leer algo como lo que escribes en este ensayo, ya que muestra y logra transmitir tu pasión por el cine y en especial por esta tu película favorita.
Mi película favorita es muy diferente a la tuya (y es de Hollywood), pero en verdad me hizo también experimentar sentimientos muy especiales, muy íntimos y muy gratificantes. Es la de: "El silencio de los inocentes". La he visto varias veces y me fascina redescubrir la inocencia e ingenuidad de Clarice al interrelacionarse con la experiencia y maldad de Anibal Lecter.
Percatarme de cómo logra avergonzarla, de cómo logra descifrar su transparente mente con tal facilidad, y también de cómo le enseña cosas muy importantes para su vida y su carrera. Ese contraste entre el gran poder de Lecter y la feminidad y belleza pura de Clarise me parece algo fantastico. Incluso leí el libro de esta película, el cual es muy bueno, pero me parece que en este caso, la película se lleva de calle al libro, especialmente por las magistrales actuaciones de los protagonistas.
Un abrazo y seguimos en contacto.

Qcho dijo...

Mí estimado Heberto:
Esta lectura la inicie hace algunos meses atrás con la disposición de buscar la película y así disfrutarla de carácter más directo, puesto como bien lo expresas no sentiremos lo mismo de lo que tú me cuentas a lo que yo vea. Cual sea el caso por cuestiones de tiempo, de olvido o ganas, nada más no he podido disfrutarla. Ojala lo haga pronto.
En primera instancia me parece interesante la historia, me recuerda a algo que escribí cuando estaba en la secundaria, algo de mis primeros escritos, resultado de una tarea que sea quedado inconclusa y por ahí; y bueno aparte de llevarme a dichos recuerdos, pues como en todo saber de una película así resulta tentador, más cuando tu oyes sobre filmes de oriente y te vienen a la cabeza Jackie Chan, Bruce Lee o Jet Le… Aunque claro, ellos son chinos y no nipones, pues es lo que más te llega en el sentido comercial.
Sin duda lo anotare en mi lista de pendientes.