sábado, 26 de mayo de 2012

Morbo


Voy manejando por el periférico cuando, de pronto, se detiene la circulación, “Un accidente”, lo primero que me viene a la mente. Conforme vamos avanzando a vuelta de rueda pienso “Ha de haber sido muy grave”. Pasados 20 minutos y con un magro avance de un par de kilómetros llego al accidente y ¡me indigno! El choque fue aparatoso pero no tan grave, los conductores están ilesos, parados junto a sus autos y flanqueados por un par de patrullas, ¿Por qué avanzamos tan lento entonces? Porque la totalidad de automovilistas bajan la velocidad para ver con atención el accidente, por mi parte, cuando llego al punto de desahogo vial acelero y dejo atrás tan penosa escena.

¡Veinte minutos perdidos por el morbo de la gente! Ante esta situación habrá quién justifique esta actitud argumentando “¿Qué tal si es uno de mis seres queridos?” Créanme que en el mundo actual hasta el que recoge la basura tiene celular y, de haber sido algún conocido, sin duda se hubieran enterado.

En México es fácil saber cuando un accidente ha ocurrido, sólo hace falta ver que hay una bola de mirones alrededor del mismo, los cuales nunca ayudan pero estorban ¡y bastante! Además incrementan el sufrimiento del desdichado(a) que vive la situación. Gente que no tiene nada mejor que hacer que comprobar la desgracia ajena, quieren ver si hay sangre, si hay muertos, si hay dolor o si hay alguna escena vergonzosa que puedan constatar y contar después, con lujo de detalles, a sus (igualmente morbosas) amistades.

Pero no sólo con desconocidos, cuando a alguien que conocemos le ocurre una desgracia, uno va con el afectado, en parte por un sentimiento de solidaridad pero, también, es por la morbosa curiosidad de saber cómo aconteció el hecho.

A pesar de que muchos somos sensibles a sangre, muertes, violencia y demás, eso no quita la gran cantidad de ociosos que atraen los accidentes o cualquier escena violenta, y si es real, el público es mayor.

Esa misma gente es la que disfruta con vídeos escandalosos de artistas, ya sea agrediendo a alguien, perdiendo el glamour o teniendo sexo. El morbo es una fuerza comercial imparable, por eso abundan las revistas amarillistas tanto policiacas como de espectáculos, porque es lo que la gente quiere ver: quién resbala, quién es infiel, quién sufre, quién está enfermo o a punto de morir, o si la abuelita de alguien vive en miseria.

Por lo mismo, en una ocasión en la empresa nos bloquearon las páginas de deportes en Internet, todo porque le habían disparado a un futbolista en la cabeza y todos estaban entrando insistentemente a ver qué pasó, no por qué les interesara su estado de salud, sino para saber el motivo y todo lo que rodeo el caso.

Por la misma razón los noticieros ofrecen tanta basura amarillista, admito que es importante informar sobre lo que pasa en el país, pero resulta de muy mal gusto que se explote la misma nota, desde (según ellos) distintas perspectivas, para seguir alimentando el morbo nacional. O, continuando con la TV, algún vídeo que muestra imágenes fuertes: la caja tonta ofrece lo que el público quiere, así que repite incontables veces dichas escenas para que los ociosos espectadores queden fascinados, grabando cada toma en su inconsciente y, enfermamente, disfrutar el espectáculo.

El éxito que tuvo en su momento el Big Brother fue por la ociosa necesidad de ver a unos completos desconocidos durante las 24 horas. Preferimos ver qué hacen los demás en vez de lo que hacemos nosotros, y somos capaces de sacrificar mucho tiempo de nuestra vida en irrelevantes tonterías.

Un fenómeno parecido pasa con el Facebook, el éxito de esta red social se basa en el morbo, por ver fotos de los demás, por tener a algunos amigos y muchos conocidos, por compartir, por sentirse aceptado si muchos ven tus post y por enterarte de cualquier tontería de los demás. Se crea una adicción por estar en esa red y obtener la mayor información ajena posible, aunque en la vida real no nos sirva de mucho saberla.

Hablando de esta red social, esporádicamente, publican imágenes de perros brutalmente maltratados o de humanos con malformaciones o torturas. Los que postean esas imágenes creen que están concientizando a sus contactos pero, al contrario, la gente lo ve por morbo, además tiene un efecto contraproducente: en su inconsciente les crea una idea de lo que podrían hacer si tuviesen la oportunidad. Esta situación no es productiva, porque los que estamos en contra de la violencia ya somos civilizados por esencia, así que no necesitamos esas evidencias que sólo nos estresan. Lo más que van a crear son odios y una inspiración malévola a los seres perversos que tienen la necesidad de hacer daño, sólo les da ideas nuevas para satisfacer sus instintos. Por eso no entiendo esta tontería de postear fotos que en nada contribuyen y hasta agravan el problema.

Tengo que agradecer el hecho de que soy muy sensible, ya que eso inhibe mi potencial morbosidad, cuando hay alguna lesión fuerte en el Fútbol Americano, opto por no ver ninguna repetición, porque esas imágenes me hacen sufrir y me acongojan el corazón. Sin embargo, la mayoría de los televidentes las ve con total atención, igual y expresan un “¡Uy! ¡Qué horror!” pero con las pupilas dilatas por la emoción de ver algo desagradable, por eso mismo, lo repiten innumerables veces. ¿Por qué les llama tanto la atención el sufrimiento ajeno?¿El dolor? En esta ocasión no tengo alguna teoría para tratar de entender algo tan penoso, en verdad no lo entiendo. Desconozco las ideas, experiencias, principios, educación, conceptos o ideales de los que gozan con la desgracia ajena porque, si no lo hicieran, no lo verían.

Recientemente recibí un correo con fotos inéditas de varios hechos históricos, era un mail con imágenes muy interesantes, pero había algunas que me hacían retorcerme del dolor y, al no poderlas eliminar, opte por borrar el mail en su totalidad. Dentro de las fotos había una de la muerte de la princesa Diana, literalmente su cadáver en el lugar del accidente (en un túnel de París). No soy de los que idolatran el recuerdo de dicha mujer, pero sí me pareció de muy mal gusto, irrespetuoso y hasta grotesco que se enviara esa escena. Lo curioso es que recibí dicho mail muchas veces, lo cual demuestra la fascinación de la gente por esas imágenes en donde, ni siquiera, una figura pública tan querida como lo fue la princesa de Gales es respetada.

¿Por qué demonios tenemos que inmiscuirnos en la desgracia ajena? No sólo con los famosos, sino con seres como nosotros. Muchos dirán que es por un interés en ayudar o consolar, ¡pero eso es mentira!, ya que casi todos lo hacen por disfrutar el espectáculo y son escasos los son solidarios, la mayoría son morbosos que se inmiscuyen en asuntos que no pueden, ni les interesa, resolver.

Las imágenes que pasan en noticieros (accidentes, niños hambrientos, trifulcas y demás) que ellos dicen “sensibilizar” al televidente porque quieren despertar la consciencia de la población pero, si eso fuese verdad, pasarían la nota, una imagen y listo, ¡pero no! Ellos lo pasan por rating, así que las repiten incesantemente porque es lo que la audiencia quiere ver, no por consciencia, sino porque disfrutan esas imágenes con placer enfermizo. Ven lo grotesco y desagradable con tanta hambre. Nunca compartiré el placer que les ocasiona flagelar sus ojos con el sufrimiento o vergüenza ajena.

Seguramente el que haya tanta gente interesada en los aspectos negativos debería traer algo bueno ¿cierto? Tal vez las personas noten lo efímera que es su felicidad o su tranquilidad, de lo afortunados que son al no tener esos problemas, al tener salud o tener suficientes recursos para una existencia tranquila, pero eso tampoco es real.

Por lo mismo muchos sufren a diario, porque se enfocan en lo negativo, en lo violento, en lo feo, en la muerte, en los accidentes, en las desgracias,  etc. Tal vez sea una fórmula muy sencilla pero, no por ello irreal: si te enfocas en lo negativo, tu diario acontecer así se tornará porque es lo que te gusta. Como cultura no podemos avanzar a un siguiente nivel y nos quedamos con nuestra pobre calidad de vida, porque nos enfocamos en lo negativo.

Les aseguro que en los países desarrollados no hay un frenesí tan marcado, como el nuestro, por lo negativo. Seguramente nadie se queda de mirón en un accidente y, si lo hacen, lo más seguro es que sea para ayudar (y no para estar de chismosos).

Por ese morbo es que las señoras mexicanas entablan sus “juegos de la miseria” en los cuales “gana” la que sea más desafortunada. Cuando platican dos señoras, normalmente que rebasan los 40, casi siempre termina la plática en una competencia enfermiza para ver cuál de las dos tiene más desgracias, más problemas, más sufrimientos o más maldiciones. Es un auténtico deporte entre las señoras de nuestro país. Eso pasa cuando te enfocas en lo malo: tratas de recibir reconocimiento a través de ello: “¡Pobrecita! ¡Cómo sufre!”.

No sabemos cómo recibir ni dar reconocimiento a través de los logros, por eso nos da pena tenerlos. El que los tiene se arriesga a que le digan que es creído, que es soberbio, que se le subió el éxito, que ya no es como solía ser y tantas estupideces retrogradas y tercermundistas que hemos perpetuado a lo largo de los siglos. No sé qué fue primero: si el morbo por lo negativo o el miedo a ser productivos. El mexicano promedio se siente más reconfortado con un “¡Pobre de ti! ¡Te las ves duras!” pero no puede recibir un “¡Muchas felicidades!” porque se sentirá un traidor hacia el resto de compatriotas jodidos.

Sé que es inconsciente pero alguna vez se han preguntado ¿Por qué necesitan constatar el sufrimiento ajeno? ¿Qué ganan? ¿Por qué lo gozan? Tal vez ahí radiquen mucho de nuestros problemas como país: ver el problema pero nunca resolverlo, ser espectadores pero nunca protagonistas.

Hebert Gutierrez Morales

2 comentarios:

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
Muy interesante tu blog de esta semana y también muy cierto.
No puedo negar que soy morboso y hasta voyeurista, pero tampoco al extremo de detener el tráfico para "mirar" qué pasó.
Me gustaron muchísimo tus últimas reflexiones, ¿cuánto mejor sería nuestro país si en lugar de expectadores fuéramos protagonistas?... ¿si en lugar de ver/juzgar la vida de los demás mejoráramos la nuestra?... Creo que este es el meollo de este tema y efectivamente, es algo que ha hecho mucho daño a nuestro país.
Un abrazo,
Daniel

Qcho dijo...

Mí estimado Heberto:
El problema más acuciante es el ocio, pues es muy dudoso que el hombre se aguante a sí mismo. Nacho Duato.
Recuerdo muchos momentos referentes al morbo, de los cuales unos han sido más cercanos al otro, en primera instancia el accidente de mi papá, justo cuando el accidente sucedía yo pasaba por ahí, sentí unas ganas de bajar aunque de cierto modo también era por algo que traía en la cabeza, como bien lo expresas los mirones no faltaron, podríamos decir que gracias a uno de ellos el cual hablo desde el celular de mi papá (el cual se quedo) a la casa, nos enteramos de lo sucedido, de esta forma mis hermanos y familiares más cercanos nos movilizamos para poder ver en lo que nos pronosticaban la última vez que veríamos con bien a mi papá. En este sentido aunque bienes materiales que traía mi papá consigo se perdieron, gracias a un individuo curioso supimos lo ocurrido, por lo que lo material paso a segundo término.
El otro acontecimiento cercano fue un accidente casi enfrente del instituto donde dos vehículos colisionaron y en donde se vio afectado el vehículo de una amiga (cabe mencionar que en esa esquina los accidentes son muy frecuentes); como espectáculo de circo el mayor número de compañeros del trabajo salieron, a mi me pusieron a tomar fotos mi acción morbosa me hizo acercarme a las unidades y a los lesionados, aunque las fotos servirían pa apoyar a mi amiga, esa necesidad de sacar una buena foto me recorría la mente. Aunque reconozco este detalle en mi, el pie a esta breve historia fue el de una compañera que sin más ni más solo le falto subirse a uno de los coches involucrados para saber más de lo acontecido, nosotros sin saber que vela tenía en el entierro, involucro a otra compañera a acompañarla a la ambulancia para saber las condiciones de la persona a la que ahí llevaban, a mi de cierto modo me dio pena y risa hasta donde podemos llegar para enterarnos de todo, pero sin llegar a un fin en especifico y que nos genere algún beneficio.
Ahora que lo pienso en una charla me dijeron una regla a aplicar, si estas sufriendo un asalto o está en riesgo tú vida y gritas “AUXILIO ME ASALTAN o AUXILIO ME ATACAN”, seguramente las personas cercanas no atenderán a tú llamado por miedo a salir heridas, sin embargo si gritas “FUEGO, FUEGO, SE INCENDIA”, las personas atenderán al llamado por el morbo y la curiosidad, es una pena la forma en la que reacciona el intelecto humano.