jueves, 14 de junio de 2012

El Juego del Ángel

              “Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela, su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio” – primer párrafo de la obra

                Honestamente pensé que no iba a escribir nuevamente sobre ningún otro libro de Carlos Ruiz Zafón (CRZ a partir de este momento), y no porque deje de ser uno de los mejores escritores que he leído, sino porque “La Sombra del Viento” puso un standard muy alto como para que alguna otra obra suya me volviera a impresionar, esto mismo lo comprobé al leer “El Prisionero del Cielo”, tercera entrega de la serie “El Cementerio de los Libros Olvidados”, el cual se quedó muy por debajo de lo esperado (sin dejar de ser un buen libro). Afortunadamente CRZ me demostró que yo estaba en un craso error.

                Admito que leí “El Juego del Ángel” con pocas expectativas, tanto por lo corto que se quedó “El Prisionero del Cielo” como por el comentario de alguien que lo había leído y me dijo que no le llegaba a “La Sombra del Viento”, ya que era una historia de un escritor atormentado y que le parecía que CRZ se había valido del mismo ambiente para crear otra historia y aprovechar el éxito de su obra cumbre. El gusto se rompe en géneros.

                Debido a estos antecedentes poco halagadores, empecé a leer “El Juego del Ángel” sin esperar nada (la mejor forma de conocer algo) y, conforme avanzaba la lectura, me empecé a obsesionar con la historia de David Martin (DM a partir de este momento). Es más, lo leí en tres días, sólo interrumpiendo mi lectura cuando la fisiología me hacía evidente el hambre o tener que ir al baño. Al igual que mi reseña de “La Sombra del Viento”, no voy a destripar nada de esta maravillosa obra, ya que también merecen descubrirla y paladearla como hice yo.

               “La vida sólo da segundas oportunidades a aquellos no les dio una primera. En realidad son oportunidades de segunda mano que alguien no ha sabido aprovechar, pero son mejores que nada” – David Martín a Cristina Sagnier

                Esta lectura descubrió algo de mi ser que me da algo de pavor admitir: Cuando encuentro a alguien excepcionalmente brillante, lo admiro sin miramientos, más allá de su calidad moral y/o espiritual. Esto me lo revelaron los excelsos diálogos entre DM y Andreas Cornelli, y es que era una delicia empaparse con la profunda sabiduría antropológica que estos dos compartían generosamente en sus encuentros. La verdad es que había puntos en donde el Señor Cornelli inspiraba un profundo terror por su amoralidad, pero siempre fue mayor mi admiración por un ser tan increíblemente inteligente y perspicaz. CRZ debe ser alguien muy inteligente, ocurrente, virtuoso y con el impresionante don para plasmarlo todo en una obra.

                Sin embargo, ésos no eran los únicos diálogos que merecen la pena de la obra, DM también sostiene unas tertulias súper interesantes con Pedro Vidal, mismo que resultó ser vital para el protagonista. La relación de estos dos personajes deja en claro que a veces lo que crees bueno termina destrozándote el alma y, viceversa, hechos que pensabas que te fastidiaron la existencia, acaban dándote las mejores recompensas de tu vida. La existencia de DM nunca hubiera sido lo mismo sin Pedro Vidal, aunque hubo un gran pasaje que dejo de ser una persona  grata para nuestro protagonista, pero la verdadera amistad al final se constata.

                Otra interacción que es una delicia es la de DM con Isabella Gispert, su asistente y aprendiz. La verdad es que esta mujer me fue enamorando con toda esa personalidad, sarcasmo, gracia, inteligencia, carácter y desfachatez que hace imposible que no la adores. Para mí es uno de los mejores personajes que ha creado CRZ (a la altura de Fermín Romero de Torres).

               “Descubrí que las muchachas de diecisiete años poseen una capacidad verbal de tal magnitud que su cerebro las impulsa a ejercitarla cada veinte segundos” – David Martín sobre Isabella Gispert

                No lo voy a negar, conocer a algunos de los personajes (y sus respectivos destinos) de los libros pasados, me hicieron la experiencia doblemente gratificante. Fue como conocer el pasado de viejas amistades: conocer la vida de la mamá de Daniel Sempere (“La Sombra del viento”), la juventud de su padre, la vida de su abuelo, así como el pasado del Sr. Barceló o la historia de aquel viejo amigo de Fermín que tanto le ayudó y lo encaminó hacia Daniel. Un viaje en una máquina del tiempo que te hace leer con sentimiento de añoranza y/o melancolía esta gran obra

                Me eché esta magnifica obra relativamente rápido, hecho que me ponía simultáneamente feliz y triste, porque no quería que se acabara; debo de admitir que me tardé de más al tener que transcribir tantas frases brillantes que me regalaron estos personajes tan exquisitos. Pensé que nunca iba a encontrar otro libro con frases tan profundas y brillantes como el primero que leí de CRZ pero, felizmente, esté me dio más tela de dónde cortar.

                ¿Qué me encantó de este libro? Sobre cualquier otra cosa, el conjunto de sensaciones y sentimientos que experimente al adentrarme en él. Lo bueno de vivir solo es que pude reír, aterrorizarme, conmoverme, preocuparme, angustiarme, emocionarme y demás expresiones sin ningún recato, el texto me sacó desde carcajadas hasta lágrimas, desde expresiones de júbilo hasta caras de preocupación, la versatilidad de CRZ es una virtud impresionante que tiene y que agradeces plenamente como lector.

                “Las personas vivimos tanto de grandes y pequeñas mentiras como del aire. Si fuésemos capaces de ver sin tapujos la realidad del mundo y nosotros mismos durante un solo día, del amanecer al atardecer, nos quitaríamos la vida o perderíamos la razón” – La Bruja del Somorrostro

                Reconozco que tal vez no esté siendo del todo objetivo con este escrito (si es que alguna vez lo he sido con alguno de los anteriores). Le comentaba a Les (mi querida amiga y respetada Gurú literaria) que hubo dos puntos en la historia en que ya no quería seguir leyendo, sin embargo, tampoco podía detenerme (el segundo lo comento más tarde). La razón de la primera encrucijada, fue que me sentí muy identificado con el protagonista. Por alguna razón comprendía sus sentimientos, su soledad, su aislamiento y su asco por la humanidad pero, al mismo tiempo, también comprendía su bondadosa alma tras un férreo exterior, sus principios y sus motivaciones. En verdad es algo muy nutritivo encontrarse con un personaje que te refleja tanto y que te hace vivir sensaciones tan intensamente.

                Honestamente, cuando leo libros tan excelsos me llego a recriminar por todo el tiempo “perdido” en libros que no tienen esta calidad. Y no es que sean buenos, pero cuando uno se encuentra con una obra tan completa y amena, palidecen las demás, por más calidad que tengan, y es que algunas son muy fluidas pero el contenido no es tan profundo o, viceversa, tienen una profundidad impresionante, pero la lectura es tan pesada que cuesta trabajo apreciar lo valioso de las ideas. Ésa es otra virtud del autor, ya que tiene un don inigualable al expresar amenamente ideas tan trascendentales.

                Hay personajes son invaluables a pesar de ser efímeros, éste es el caso de Eulalia, la bibliotecaria con la cual DM tiene una breve interacción, y es que sostuvieron uno de los mejores diálogos que haya leído, no sólo en el libro, sino en mi vida; a pesar de ser un breve momento, fue bastante profundo, de igual forma fue muy casual sin dejar de ser íntimo. No es necesario desarrollar a un personaje durante páginas y páginas, sólo bastaron unas cuantas líneas de descripción para definir y amar a la bibliotecaria. En estos detalles queda constatado el gran talento de CRZ, ya que se valió de pocas palabras para delinear a un gran personaje con el efecto deseado. Esa brevedad efectiva espero lograrla algún día en mi estilo.

               “Salí del piso sin molestarme en cerrar la puerta a mi espalda. Llegué a la calle y me enfrenté a un mundo de fachadas y rostros extraños y lejanos. Eché a andar sin rumbo, ajeno al frío y a aquel viento prendido de lluvia que empezaba a azotar la ciudad con el aliento de una maldición” – David Martín

                Terror, suspenso, intriga. Mientras vas avanzando en la relación indirecta del protagonista con el Sr. Merlasca y el Sr. Corelli, te vas inquietando, sobre todo los encuentros con este último, ya que vas deshebrando su verdadera identidad con el paso de las páginas. Las películas de terror y/o suspenso actuales, son muy dadas a escenas impactantes y argumentos cargados de sustos todo el tiempo. En mi opinión, lo que logra CRZ es lo ideal para inculcar pánico o angustia: en pequeñas dosis, una información por aquí, otro detalle por allá, un asesinato inesperado más adelante hasta que, poco a poco, se van conectando los puntos y empieza a vislumbrarse un panorama aterrador.

                Lo maravilloso de este autor es que te va hilvanando distintas historias sobre un eje principal: La historia de DM con Cornelli, la de éste con Merlasca, la de DM con Cristina, con Isabella, la de ésta con los Sempere, la de éstos con DM y demás historias entrelazadas en un solo relato. En un momento estás temblando de terror, páginas después estás deshaciéndote en carcajadas o, al siguiente capítulo, acabas conmovido hasta las lágrimas. Esta colección de diversos sentimientos las agradezco profundamente como lector, porque no me desgastó con un tenor único; esta mezcolanza tan extrema de emociones es deliciosa y te despabila, ya que te hace sentir vivo la simple lectura de un gran libro.

                Cuando reingresó Cristina a la trama,  no pude evitar llorar por la angustia y desesperanza tan intensas que experimente. Todo esto al no saber qué iba a pasar, al saber que había tantos factores en contra y no se vislumbraba una salida “limpia” de todo el embrollo. Si DM hubiese estado sin nada que perder, seguramente la situación no nos hubiera importado (ni a él ni a mí); el miedo vino de haber encontrado la anhelada felicidad, misma que pendía de un hilo y que en cualquier momento podía colapsar. El miedo y tristeza que sentía fue por haber leído “El Prisionero del Cielo”, ya que sabía que esa felicidad iba a ser efímera (como todas en la vida).

                “Sólo con mirarla se me hacía menos difícil creer que tal vez quedaba algo bueno y decente en este perro mundo y, con suerte, en mí mismo” – David Martín sobre Isabella Gispert

                Después de lo que experimente en el párrafo anterior, me dolía seguir avanzando, no quería ver cómo terminaba esto. Obviamente DM iba a seguir vivo (mas no ileso), pero empecé a comprender la razón de su deplorable estado en “El Prisionero del Cielo”, ahora me resultaba obvio su desapego a la vida, su desmoralizada existencia y su alma vacía. Después de lo que le toco superar, fue un logro que siguiera vivo y, sobre todo, el mantener parte de su esencia después de que sus sueños, sus proyectos y su destino fueran destruidos por relacionarse con quién no debía. Por eso no quería seguir leyendo, no quería llegar al fondo del abismo al que se encaminaba la vida de DM; quería detenerme en ese momento en donde su vida vislumbraba una felicidad factible, sin embargo tenía que continuar con la aventura.

                Y pasó lo que tenía que pasar: la vida de DM se empezó a desmoronar con dos partidas trascendentales. No me dolieron tanto las partidas en sí, sino el efecto demoledor que tuvieron sobre él, podía sentir en mis venas su frustración, su tristeza, su abandono, su ira y el sentimiento de ya no seguir viviendo. Todo esto siempre nos afectará como humanos, PERO en la situación de DM, donde estaba en una situación tan peligrosa, no pudo más que despertarme una empatía impresionante con su dolor, por lo cual me deshice en lágrimas.

                En ese punto continuaba con el difícil avance en la lectura, y no por falta de calidad, al contrario, por lo bien que te transmite toda esa problemática tan desoladora; es cuando uno se hace consciente de lo frágil que es nuestra felicidad y estabilidad, mismas que están sostenidas por hilos muy débiles. Nos encanta engañarnos que esa bonanza puede ser eterna, al igual que mantenemos esa ilusión inconsciente que somos (junto con nuestros seres queridos) inmortales e invulnerables. Creemos que tendremos salud y riqueza sin fin, tendemos a olvidar que TODO y TODOS tenemos fecha de caducidad, sin importar que sea “bueno” o “malo”, todo va a acabar. Por eso mismo ya no quería avanzar, porque ya presentía cómo iba a ser ese final sin embargo, la lealtad que me despertó DM, me hizo seguir y acompañarlo en su viaje tan tortuoso.

                “Empecé a caminar sin rumbo, recorriendo las calles que me parecían más vacías que nunca, creyendo que si no me detenía, si seguía caminando, no me daría cuenta de que el mundo que creía conocer ya no estaba allí” – David Martín

                Afortunadamente, justo pasando ese pasaje de la historia tan desalentador, el argumento toma una velocidad vertiginosa, pero no sientes que el autor haya apresurado el final, más bien así estaba planeada la historia, ya que no hay momento de descanso en el trajín de DM.  Momentos afortunados, profundos, angustiantes, desoladores, tiernos, peligrosos, chuscos, irónicos, crueles y demás forman parte de una recta final que dan un cierre perfecto a la obra, no precisamente un final feliz, pero tampoco el desenlace tan trágico que se preveía, tal vez para DM la muerte hubiese sido más deseable y, no lo voy a negar, hubo puntos de la historia en donde yo también quería que así fuera, pero me alegró que sobreviviera.

                Mención especial merece el encuentro que DM tuvo con la Bruja del Somorrostro, una delicia en un argumento excelso. Independientemente de lo importante que resultaba para desenmarañar algunas dudas, el diálogo entre ambos fue genial, lleno de una impresionante sabiduría, diferente que los que sostuvo con Cornelli, pero también desnudaron la naturaleza humana de manera soberbia. La verdad es que ese sólo pasaje valdría el libro entero y, felizmente, no es el único de ese calibre en toda la obra. Después de eso, vas descubriendo que el Inspector Grandes, Pedro Vidal o Ricardo Salvador no son lo que en algún momento piensa uno que eran, ya que dan vuelcos de 180 grados a lo mostrado anteriormente en algunos puntos clave.

                La Carta de despedida de Isabella me destrozó el corazón. Después de leerla tuve que tomarme un momento para tranquilizarme, a pesar de que sólo faltaban unas cuantas páginas, no podía continuar hasta parar de llorar. Y esto dio paso al final que como bien se mencionó, fue una bendición y una maldición simultánea, te quedas con ese sentimiento dual de estar feliz y triste al mismo tiempo.

                “Mil veces he huido de mi propia sombra, siempre mirando a mi espalda, siempre esperando a encontrarla al doblar la esquina, al otro lado de la calle o al pie de mi lecho en la horas interminables que precedían al alba” – David Martín

                Desconozco de qué planeta sea CRZ, ya que tiene un talento desbordante que impresiona. Me da curiosidad qué experiencias y educación tuvo para desarrollar esa magnífica creatividad de la cual hace gala. Me siento muy afortunado que su obra haya cruzado por mi camino, ya que me inspira mucho, tanto como escritor como ser humano. Sé que soy amateur pero, emulándolo, me gustaría algún día escribir, no un libro, ni un ensayo, ni siquiera un párrafo; me conformo con escribir una simple línea que le cambie la vida a alguien o, por lo menos, que lo haga cuestionarse sobre la misma. Aunque sea una vez, quiero alcanzar ese nivel de genialidad, sin importar que sea un solo instante.

                Platicando con Lesly, me hizo notar ahora hay muchas historias que te llevan, te emocionan y te atrapan pero que NO son propiamente literatura (como “Harry Potter” o “LosJuegos del Hambre”), ya que carecen de las herramientas básicas que solían tener los libros de antaño, ahora se basan en un argumento muy atractivo y un lenguaje más cinematográfico que literario.

Tanto “El Juego del Ángel” como “La Sombra del Viento” son lo que un libro debería ser: entrañables, épicos, magistrales, artísticos, sin dejar de ser populares, al alcance intelectual de cualquiera, porque están tan bien estructurados y contados que es imposible perder el hilo (y dudo que alguien quiera perderlo), todo esto con una forma de llevar la historia de manera elegante e íntima.

            “A veces vuelvo a aquel muelle en que le vi partir para siempre y me siento un rato, sola, a esperar, como si creyese que fuese usted a volver” – Isabella Gispert (Sempere) a David Martin.

Estas obras te ayudan a retomar ideales de la humanidad y estás dispuesto a creer que aún existen cosas buenas en este mundo de porquería, estás dispuesto a soñar, pero también te encuentras con las atrocidades que caracterizan a la humanidad e, irónicamente, gracias a ellas también se descubren las grandes virtudes que poseemos.

Hebert Gutierrez Morales

6 comentarios:

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
Aprovechando que estas pruebas no terminan leí tu interesante ensayo. Me ha pasado también que no quiero que un buen libro se acabe, me ha pasado también que me ilusiono muchísimo con un personaje, con una idea, con el morbo de imaginar lo que otra persona está viviendo a través de una historia.
No cabe duda que te estás volviendo cada vez mejor escritor, crítico, analista, etc. Para ello sirve muchísimo leer, viajar y pensar como lo haces tú. Felicidades.
Si aceptas una recomendación de un libro que te puede hacer soñar, imaginar e ilusionarte mucho te recomiendo: "Halo" de Alexandra Adornetto, una mujer que escribió este libro a los 17 años pero de una manera formidable. Es la historia de unos ángeles que bajan a la tierra para cumplir una misión. Te lo recomiendo mucho. Un abrazo. Daniel

Qcho dijo...

Mí estimado Heberto:
En este tipo de ensayos me desconcierto un poco el que expresarte o decirte, tanto es tu énfasis y tus ganas, que realmente motivas a averiguar qué es lo que esconden esos libros, esos filmes, esas historias. Sin duda uno más que se queda en mi lista de pendientes.

margarita dijo...

hola... todo me parecio perfecto... escribes lindo :)

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Muchas gracias Margarita, por tomarte el tiempo de leer el escrito, por comentarme y por la flor ;-)

El nuevo intento dijo...

Hermosa la novela y hermoso tu análisis. De la tetralogía,sin duda, "El juego del Ángel", para mí fue la más conmovedora, y me alegra muchísimo haber encontrado estas historias hasta el 2017, porque ya no tuve que esperar 16 años para completarlas, me hubiera muerto de ansiedad. El personaje de Isabella fue realmente entrañable, pero David Martín es esa clase de personajes que te quitan algo y te lo devuelven de otra manera, no puedo parar de releer el libro ni de escuchar la pieza musical que CRZ compuso a propósito de este escritor ficticio. Muchas gracias por compartir esta reseña, es como estar acompañada en los sentimientos intensos que me han despertado los libros de CRZ. La editorial no se equivoca en su eslogan, realmente recordé por qué me gustaba leer. Saludos cordiales.

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Muchas gracias por leerlo y comentarme. Como bien dices, fue bueno que conocieras la tetralogía hasta este año y no tener que esperar la cuarta entrega nos años (ya tengo el cuarto libro, pero no he podio empezarlo). El estilo de CRZ es único, ya que lo suyo es propiamente literatura y es muy adictivo sin dejar de ser artístico. No es como otros autores que haces libros que te atrapan pero que no tienen tanto arte (Tipo los del Código Da'Vinci, Sombras de Grey, Juegos del Hambre, Harry Potter, Crepúsculo, etc). Al igual que tú, me siento profundamente agradecido de haber conocido a un autor tan genial. Un abrazo.