domingo, 22 de julio de 2012

Cuba . . . . ¿Libre? (Parte I)


                Mi madre nació en un pueblo llamado Juan Díaz Covarrubias, en Veracruz. Yo odiaba ir al mismo, ya que era feo, descuidado, casi abandonado y con un olor a humedad bastante penetrante. Cuando llegue a Cuba, fue como visitar dicho lugar, pero de una manera más impactante, ya que hablamos de un país entero y, por alguna extraña razón, sentí algo de añoranza por esas visitas a aquel pueblucho. A pesar del abandono en que se encuentra esta isla, no deja de ser muy hermosa y, por lo mismo, te descorazona el estado en el cual está.

                El cielo se ve igual, el aire se respira igual, ¿Dónde radica la diferencia? “Todo dependerá de nosotros” rezaba un mensaje sobre la barda de una fábrica abandonada. Misma frase que deja en claro la valentía de un país (o necedad de sus dirigentes) de no pertenecer a un mundo prostituido por el capitalismo radical de los Estados Unidos.

                Uno esperaría que en un vuelo al extranjero, para el se requiere cierta cantidad de dinero, los pasajeros tuvieran mayor educación pero, tristemente, estábamos infestados de gente corriente y bastante despreciable, no por su manera de verse, sino por la forma tan vulgar de expresarse durante el vuelo. Como mexicano me dio mucha pena la calaña de personas que iban de vista a Cuba, por lo mismo no me extraño el concepto que muchos de ellos tienen de nosotros.
Entrada a la reserva ecológica de Varadero

                En el camino a Varadero fui observando un pueblo abandonado en un mundo capitalista con destellos de independencia, la cual les ha salido demasiado cara. Tan olvidado como sus autos viejos, sus fachadas sin pintar, algunos monumentos descuidados o las fábricas abandonadas. Tarde un par de días en aclimatarme, los cuales fueron frustrantes porque recién me bañaba y ya estaba sudado nuevamente. Por alguna razón, tal vez por la sonrisa de su gente, por el clima tropical o por el ambiente tan desenfadado, pareciera que no les importa. Esa despreocupación me recordó mi Puerto. En el preciso momento que recordé a mi lugar natal, me hice consciente que nunca viviría en él, que nunca habitaría en ese clima tropical en el cual aspiro a morir.

                Cuando era niño, mientras jugaba en la playa, me preguntaba con vehemencia: “¿Cómo hay personas que vienen sin meterse al mar? ¿Qué tiene de maravilloso echarse a leer, asolearse o dormirse en la arena, en vez de nadar o jugar?”.  Cuando llegue a Varadero me decía a mí mismo “No veo la hora de irme a tumbar a la playa y leer un rato”. Claro que me metí al agua pero eso, triste o felizmente, ha pasado a segundo término, porque leer con el sonido del mar fue uno de los más grandes placeres que haya experimentado.

Aunque me metí poco al mar, la playa fue lo que más disfrute en Varadero, en especial por las relajantes horas de lectura que disfrute con el arrullador sonido del oleaje. Todas las mañanas que corrí a la orilla del mar fueron un placer indescriptible, justo en dónde las olas besan la arena es donde mejor se corre (consejo del buen Augusto, mi compañero de viaje), ya que está lo suficientemente firme para no hundirse en la arena. Avanzar con la brisa en la cara y las olas refrescándome los pies hicieron que la experiencia fuera inigualable.

Lo rico de viajar es ver cómo cambias de acuerdo a tu entorno, en Alemania les resulte alguien muy sociable y, tal vez, hasta molesto para lo reservados que son los teutones. En Cuba era todo lo contrario, tal vez hasta resultaba algo huraño para los caribeños tan cálidos y receptivos, mismos que todo el tiempo se te acercan, quieren hacerte plática, quieren que te sientas cómodo y esa actitud me produce una resistencia natural al resultarme agobiante.
Atardecer en Varadero

En la última tarde en Varadero, después de la cena, me puse a caminar a solas a la orilla del mar, sin pensar en nada, sólo dejando que el viento me despeinara y el arrullo de las olas me relajara; todo esto mientras contemplaba el atardecer que me ocasionaba una profunda paz, y te das cuenta de la insignificancia de nuestra existencia.

El viento meciéndome los cabellos
La brisa sacándome una sonrisa
El placer de caminar
Sin un destino en particular
Simplemente caminar
Y disfrutar lo bello del mar

Nos tomamos demasiado en serio la vida, estamos tan enajenados que se necesita una escena tan majestuosa para despertar del letargo existencial. Estos paisajes han estado desde hace miles de años y, después de nuestra partida, seguirán miles de años más: seguirá habiendo arena, olas, brisa y atardeceres con o sin nuestra existencia. Esto me ayudo a entender lo irrelevantes que son mis problemas y dilemas.

En Cuba no hay obesidad, decir que llegan al 1% debe ser exagerado. En la semana que permanecí allá sólo ví a dos cubanos obesos. No toda la gente de Cuba es atractiva, pero el porcentaje de gente en forma sí es notable. Para esto se conjuntaron muchas razones: la dieta es vital, ya que no comen mucha carne y cuando lo hacen, normalmente no es roja. Tampoco consumen mucha azúcar, la cual producen a montones pero para exportar.
Ése soy yo leyendo plácidamente en la playa

El cubano se ve obligado a caminar mucho o manejar una bicicleta, ya que así ahorran en trasporte público y tienen un poco más para comer. Para el extranjero existe comida chatarra y los refrescos, pero el cubano no los consume, ¡porque no los puede pagar! Su alimentación es sana y no caen en excesos (apenas tienen lo suficiente), sus cultivos carecen de aditivos artificiales que a los nuestros les sobran. Finalmente, la gente de clima tropical, tiende a ser más voluptuosa. Son un pueblo activo, tal vez por necesidad o por las circunstancias que les tocó vivir, ¡pero lo son!

En México somos primer lugar mundial en obesidad infantil y segundo en población en general (detrás de los Estados Unidos) ¡por las circunstancias! Y ¿Qué hacemos? ¡Nada! Sólo vemos la excelente condición física cubana como una recompensa celestial en pago a su enclaustramiento político. La fórmula para estar en forma bien sencilla: actividad física y alimentación saludable, ¿quién se anima? Casi nadie en el sedentario México. Y no sólo es ocuparse del cuerpo, también de la mente, el alma o el espíritu, como lo quieran llamar.

A pesar de la pobreza material, el cubano promedio es más culto que su contraparte mexicana, ya que el caribeño lee más: los pocos libros a los que tienen acceso los devoran con avidez. El hecho que no estén enajenados con la TV (a pesar de lo que puedan estar por el Comunismo) hace que sean personas más sensatas de la mayoría que habitamos en México. Ciertamente no tienen la oferta de publicaciones que tenemos nosotros, lleve cinco libros para regalar y volaron en seguida. Ellos tienen un buen nivel cultural, mismo que noté en la mayoría de conversaciones que sostuve. Serán un pueblo pobre pero muy culto, sólo en espera que se abran sus fronteras para salir a comerse al mundo.

Algo desconcertante en ellos es la tendencia a mentirte. Supongo que es producto del anhelo de agradarte, de complacerte al decirte lo que quieres escuchar (aunque no sea verdad). Unos me decían algo que luego era desmentido por otros. Honestamente es molesto y me preguntaba “¿Por qué me mienten si saben que voy a descubrir la verdad?”
Entrada al barrio chino (y yo agobiado por tanto caminar)

En la Isla no hay afinación, ni verificación ni algún control ambiental en los autos. Resultan ofensivas las emisiones que lanzan con un fuerte y agresivo olor a gasolina, aún más si consideramos lo viejo de sus vehículos, mismos que no cuentan con convertidor catalítico. Para fortuna de los caribeños, y turistas, la isla es prácticamente plana, por lo que la brisa marina se lleva los contaminantes y la polución no se concentra en ningún lado.

Un aspecto positivo de Cuba es que no ví bache alguno, esos mismos que proliferan en estas épocas de lluvias en mi país. Claro que en la Isla no hay tanto tráfico ni tanto transporte pesado como para provocarlos. En lo que no puedo defenderlos es en la forma de manejar que resulta muy caótica y, me atrevo a decir, hasta peligrosa.

Varadero es como Cancún, pero sin X-Caret, Xel-Ha, sin Antros, sin Shopping y sin demás distracciones, o sea, es una bella playa con buenos hoteles ideal para relajarse. La Habana es una ciudad llena de opciones pero con un ambiente más “hostil”, y lo entrecomillo porque no lo es en realidad. Creo que vivir en una ciudad como el DF o Puebla puede resultar bastante agresivo para alguien tan cándido como el cubano. Ciertamente en Varadero son más tranquilos y hasta bonachones, y en La Habana tienen ese tono entre altanero y festivo que se tiene en Veracruz, pero no por ello son agresivos.

El Turista está muy seguro en Cuba a cualquier hora del día, ya sea el personal del hotel, la policía o los mismos cubanos están al pendiente de ti, porque quieren que tu estancia sea buena (para asegurar que regreses).
El Capitolio, una réplica del de Washington

La Habana es irreal, la cual fue concebida en sueños (o tal vez en pesadillas), está llena de viejos edificios increíblemente altos (para la época en la que fueron construidos), pero resultaba más impresionante el maltrato en los mismos, mismo caso con sus autos viejos, lo cual te crea una atmosfera de estar situado en los años 50 ó 60. La ciudad tiene un encanto porteño difícil de superar, con esa ricura en el aire, con una calidez no sólo en el clima sino la que se respira en el ambiente, en la sonrisa de la gente, misma que parece ilógica dada las circunstancias económicas. Debido a que casi toda la población está sumida en pobreza, priva un sentimiento de solidaridad, ya que la mayoría sufren las mismas penas, lo cual favorece un clima de hermandad o amistad.

La Prostitución en Cuba es bastante abierta, sobretodo en La Habana, una vez que cae el sol, basta que camines por la zona turística para que te aborden una cantidad grande de chicas o de sus “promotores” que te ofertan todo tipo de servicios. Y eso que no fuimos a ningún antro, porque ahí está más marcado.

                En cuanto a la cocina cubana, en realidad no hay mucho que presumir, en los hoteles y restaurantes que estuvimos no hubo algo que me encantara o que me hiciera decir “¡Qué delicia!”. Sus versiones de pan de dulce o los pocos plátanos fritos que pude degustar dejaban mucho que desear.  Lo mejor que probé en la Isla fue en casa de un amigo nuestro, el cual hizo una comida deliciosa y muy saludable. No hay duda que  cuando uno cocina con gusto y cariño el resultado es sobresaliente.

Me sorprendió la variedad y calidad tan pobre de fruta que encontré, en comparación de la que se encuentra en México. Obviamente hay que considerar que no tienen las técnicas ni los materiales de cultivo más sofisticados y que tampoco utilizan transgénicos ni químicos en sus campos. Los campesinos ganan $10 USD al mes, así que tampoco hay una gran fuerza agrícola que apoye a su industria, por lo que mejor se van al sector turístico en donde hay mayores posibilidades de obtener más recursos para sobrevivir.
La mejor comida cubana la probé en casa de un amigo

Sin duda viajar acompañado es más enriquecedor que hacerlo sólo, ya que tienes puntos de referencia contra los cuales comparar. Me encontré a mí mismo defendiendo al capitalismo (para mi sorpresa) y descubrí que mi amigo Augusto tiene tendencias socialistas más marcadas de las que hubiera creído. A pesar de la diferencia en nuestras ideologías, o tal vez por la misma, alcanzamos una comunicación bastante interesante y civilizada.

                Dejando a un lado la infraestructura y hablando sólo a nivel personal, yo pensaba que México estaba más desarrollado que Cuba pero tuve la fortuna de desengañarme de ese tonto prejuicio. Por ejemplo, en la Isla sólo vi un par de perros callejeros (tanto en la zona turística como en la “Cuba de los cubanos”), en un inicio pensaba “Claro, si apenas tienen para comer, seguramente han de incluir carne canina en su dieta” y, en caso de tener mascotas ¿Cómo demonios van a mantenerlas?

                Contrario a mi prejuicio, son muy civilizados respecto a los animales. Obviamente no todos tienen mascota, porque representa un sacrificio ya que los alimentan con su misma comida. Además son muy conscientes, ya que no las abandonan, las esterilizan y las cuidan para que no vaguen peligrosamente en las calles. Todo esto complementado con los servicios sanitarios que recogen a los pocos perros callejeros que rondan por ahí. A estos tratan de buscarles hogar o, a los pocos días, los sacrifican, al igual que hacen con los canes viejos, enfermos o en condiciones deplorables. Todo esto habla muy bien de ellos, algo que ni siquiera merece comparación con México respecto al mismo tema, en donde los perros callejeros, tanto vivos como atropellados, son omnipresentes a lo largo del país.

Otra muestra de su desarrollo, y sentido común, es que la población de la Isla ya no ha crecido, incluso ha decrecido un poco. En Cuba casi hay 12 millones de habitantes pero, las generaciones actuales, al ver lo difícil que resulta la vida, ya han optado por tener un hijo o, de plano, ninguno. Si es difícil mantenerse uno, ¿para qué traer a este mundo un pequeñuelo a sufrir? Supongo que ha de ser el único país “no rico” con dicha tendencia poblacional.
Un callejón típico de La Habana

Los caribeños son admirables, son una evidencia de eso que todos decimos saber en teoría pero que, en los hechos, se nos olvida: la plenitud, felicidad, paz, prosperidad o como quieran llamarlo, está en uno y no en las cosas que nos rodean. A pesar de ser un pueblo golpeado y sometido en un mundo material, no dejan de ser un país feliz, y nos presumen (sin pretenderlo) un desarrollo personal avanzado contra el resto del mundo que se mantiene bastante primitivo o subdesarrollado.

Afortunadamente la TV tiene un efecto contrario en este país al resto del mundo “civilizado”, ya que contribuye mucho a su cultura y a su salud física. Hasta hace poco sólo tenían dos canales, ahora tienen seis, pero con una oferta pobre en calidad y exageradamente propagandística y politizada pues ¿qué les queda? Leer, salir de la casa y buscar sustento o, en el caso de los más jóvenes, ir a la calle y jugar con sus amigos.

El cubano gana muy poco, pero no por ello es pobre o mísero, ya que son felices sin dinero. Obvio que éste se necesita para vivir con dignidad en nuestro mundo, porque no se puede sobrevivir sólo de amor o amistad. A pesar de ello, creo que la población cubana es más feliz (en su interior) en comparación del resto del continente americano (incluidos Canadá y Estados Unidos), y se nota en la actitud alegre y despreocupada que los caracteriza. Se puede ser feliz sin tener dinero porque el tenerlo no asegura la felicidad. Como leí alguna vez “Si no existiera el dinero, todos seríamos ricos”

                Dudo que el Socialismo siga siendo considerando una ideología política, más bien lo percibo una atracción turística de la Isla, es como visitar las pirámides en México o los Castillos en Alemania. Por eso se venden tanto las imágenes del “Che” Guevara, más por la figura icónica del revolucionario que por la subversión a un sistema en el cual casi todos vivimos.
La Plaza de la Revolución

Uno puede leer mucho sobre lo que es la vida en Cuba, platicar con ellos, pasar una semana de vacaciones en la Isla y tratar de empaparse de su cultura, pero no es lo mismo que respirar esta realidad a diario. Podré escribir todo lo que percibí en mi visita a ese lugar, pero necesitaría sentir a diario las condiciones de ellos para comprender el por qué actúan de cierta manera, algo que (honestamente) no me nace.

En la segunda parte voy a enfocarme más al ambiente político que ha llevado a los cubanos a esta realidad tan sui géneris.

Hebert Gutiérrez Morales

1 comentario:

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
Hace ya 20 años que estuve en Cuba, igualmente en la Habana y en Varadero. Desafortunadamente, puedo darme cuenta que no han cambiado casi nada las cosas desde entonces.
Con tu escrito pude recordar muchas cosas que experimenté allá, tanto buenas como lamentables. Buenas: la calidez de la gente, la belleza de Varadero, la naturalidad de un país auténtico. Lo malo: la pobreza, las filas para conseguir comida, la prostitución por tan poco, la falta de libertades, etc.
Qué bueno que hiciste este viaje y felicidades por tu ensayo.
Un abrazo,
Daniel