viernes, 3 de agosto de 2012

¡A vivir!


Tenía años sin ir al teatro, tantos que no recuerdo la última ocasión, pero no me sorprendería que hubiera pasado una década. Mucha gente me había recomendado “¡A vivir!” de Odín Dupeyrón pero, casualmente, siempre venia en Viernes, día en que tomo mi clase estrella de Salsa, por eso nunca asistía a verla. Como nunca cambiaba el día de las presentaciones, decidí faltar a Salsa y experimentar este enriquecedor monologo. Cualquier obra que te haga reír, llorar, pensar, sentir intensamente o, en resumen, que te aporte algo debe ser vista. “¡A vivir!” logra todo eso y más, por lo cual es una inversión muy valiosa que todos deberían considerar.

                No voy a comentar el argumento porque ya he tocado varios de sus temas como: la programación que nos hace el sistema, los estándares que nos impone la sociedad, los traumas de la infancia, la educación de un niño, el ser auténtico, lo efímera de la vida, la necesidad de aparentar algo que no eres, la felicidad sin importar lo material, adicción al trabajo, religión entre otros tópicos profundos e interesantes.

                Me dio una gran pena lo irrespetuoso e inconsciente que es el público poblano. Se les pidió puntualidad y una cantidad impresionante de gente llego tarde, hecho que Odín Dupeyrón evidenció cómicamente. Se les pidió que no sacaran fotos, mucho menos con flash (porque distraen al actor), y fue justo lo que hicieron, lo cual lo molestó (justificadamente). Se pidió poner el celular en silencio o en vibrador y (de preferencia) que no lo atendieran, pero sonaron bastantes con igual número de gente contestando. Con estas pequeñas muestras no es necesario explicar por qué este país está como está cuando no podemos comportarnos con educación y/o civilidad (¡Pinche gente irrespetuosa!)

                Odín Dupeyrón tiene una creatividad impresionante, reflejada en una obra inteligente, más por la forma en que lo dice que por lo dicho en sí. Afortunadamente, ya conocía de antemano sus ideas y actitudes por lecturas, talleres, terapias, pláticas y demás herramientas de desarrollo personal. Lo refrescante fue la forma tan desenfadada, auténtica y directa de plantear las cosas, la cual resultó entretenida, creativa y honesta. Todo esto se notó en el lenguaje, en las expresiones, en los diálogos, mismos en los que nunca note una pose o un sermón, simplemente tenía la sensación de estar platicando con un amigo súper honesto.

¿Qué pasa con estas obras excelentes que te motivan a salir del aletargamiento existencial? Ya sean libros, películas, conciertos, obras de teatro, conferencias, etc. Muchos salen eufóricos, con la idea en mente “¡SÍ! ¡Ahora sí voy a vivir! ¡Voy a vencer al miedo!”, todos quieren cambiar al mundo de inmediato mediante su propia metamorfosis.

Varias veces experimente esa motivación tan cálida y apasionada después de experiencias tan maravillosas que me tocaron fibras profundas, por lo que quería cambiar todo de la noche a la mañana. Lo mismo pasa cuando se tiene una experiencia traumatizante (por ejemplo un cambio en el status quo) o rozamos la muerte (propia o de alguien cercano), nos conscientizamos de lo efímeros que somos, de lo corta y frágil que es la vida y abrimos los ojos de la programación asignada.

Durante algunos días o semanas, nos comportamos de manera amorosa, productiva y muy positiva. Sin embargo, sin darnos cuenta, se regresa paulatinamente a la rutina normal: a los mismos paradigmas, a los mismos vicios, los condicionamientos sociales que hemos traído tatuados a lo largo de nuestra vida. Seguramente personas peculiares lo podrán lograr de un día para otro, pero no creo que lleguen al 1%.

Como le comentaba a mi amiga Sam, la cual me acompaño, no me considero un ejemplo a seguir. Sin embargo, algo que sí he aprendido, es que no se puede cambiar de la noche a la mañana. Para que el cambio sea permanente debe darse de forma paulatina y consciente; modificar los mapas mentales pausada pero constantemente (como reza el dicho “Despacio que llevo prisa”). Avances pequeños que aseguran un resultado profundo, a diferencia de emular a la madre Teresa de Calcuta por dos semanas y luego volver a la  pusilanimidad  acostumbrada desde hace años.

El que pueda cambiar de inmediato, de manera efectiva y permanente, ¡Felicidades! Pero no se trata de dejarlo a los pocos días, como cuando abandonamos la dieta, la rutina de ejercicio o se reincide en adicciones como el alcohol, el tabaco, las drogas o una relación destructiva. Cuando se quiere mejorar, el compromiso es personal, porque sólo hay un gran beneficiado: el propio ser. Así como se dice que el amor es una decisión, de igual forma lo es el crecer o evolucionar, a través del diario accionar.

En el contradictorio mundo humano, ser honesto resulta MUY difícil y ser mentiroso es lo más fácil, tanto con uno mismo como con los demás. Sin embargo, al final, lo que resultó tan fácil es lo más caro, como normalmente lo es el dejarse guiar por la borregada. De igual forma, resulta muy provechoso el haber sido auténtico a pesar de que, en su momento, cuesta tanto trabajo y se requieren buenas dosis de valor.

Había una persona sentada al lado de Sam que resultaba bastante irritante, ya que se reía en los momentos en los que estábamos conmovidos. A pesar de que nos molestaba su insensibilidad e ignorancia, respetamos a la señora y no le dijimos nada. Ahí recordé que la calidad de lectura de la obra depende del nivel de desarrollo de cada cual. Igual y había más personas riéndose en momentos inoportunos porque su trabajo personal resulta bastante superficial (o inexistente). O tal vez sus mecanismos de defensa eran tan fuertes que, al tocar una fibra sensible o evidenciar su problemática, optaban por reírse antes de llorar.

                Me conformaría que un 10% de los asistentes hubiese sacado algo productivo y permanente. Ciertamente el comentario de muchos podría ser “Es una obra muy cagada que me sacó muchas carcajadas, independientemente del wey que la actúa tiene ideas fumadas, pero vela para que te rías”. Por lo menos se habrán llevado risas y eso es ganancia, aunque sería bueno que se llevaran más que la comedia: un cambio real que haga al mundo un lugar mejor o, mejor dicho, que mejoren “su” propio mundo.

Mi vida estaba diseñada para ser “perfecta” con familia, trabajo, perras, casa, coche y demás felicidad “Standard” que nos programa el capitalismo, y me esforzaba con creces para lograrlo, sin importar que lo quisiera o no, sin importar que creerá en ello o no. Cualquier realidad, hasta la de alguien tan dogmático como yo, se puede cambiar con pasos serenos.  Ahora soy un orgulloso misántropo y, por lo mismo, escéptico con los homínidos. Creo que es más moda que interés auténtico lo que lleva a las personas a ver la obra y, a pesar de ello, me da gusto que sea muy popular, que se presente ante un teatro lleno y que le aplaudan. Tal vez le demuestren a este Cabeza Dura que la humanidad tiene alguna especie de esperanza (aunque lo dudo).
               
                De todos los momentos en los que me conmoví, hubo uno en especial, cuando habla de resonar con tu “aullido”, esencia, sentimiento o manera de vivir. Cada cual le dará una lectura distinta a este pasaje sobre “integrarse a tu manada”: habrá quien lo vea como unirse a la familia, a una religión, a sus amigos o a una pareja. Son distintas las circunstancias en las que naces (sociales, religiosas, familiares, etc.) y otras las que por tu propia cuenta eliges, esos seres con los cuales tienes más en común que con muchos con los que compartes sangre. Dupeyrón lo mencionó como “manada”, pero para mí será el día en que venga una nave espacial que me lleve de regreso a mi planeta, porque estoy seguro que no pertenezco a éste. En el momento en que recordé eso, las lágrimas salieron generosamente porque, sabía exactamente a lo que se estaba refiriendo.

                Uno nace en una manada pero, conforme avanzas, vas formando la propia, y no me refiero propiamente a formar una familia convencional, ya que pueden ser amigos, confidentes, amantes, parejas, hijos y demás seres que comparten un lazo que va más allá de lo genético. Cuando encuentras alguien con quién resonar, sin tener que pensar igual, pero con la actitud productiva de crecer juntos, es muy valioso. A pesar de vivir solo, soy afortunado de haber encontrado a algunos miembros de mi clan, la mayoría féminas, lo cual es irrelevante cuando tienes un nivel de identificación en el cual no importa raza, género o edad.

                Los humanos somos absurdos, y yo he de ser el mayor de todos, porque he alcanzado la certeza cognitiva de que es más fácil ser feliz que infeliz en este planeta, es más fácil ser productivos que miserables y, sin embargo, me falta la certeza sensorial. Aún así me atrevo a criticar a los que optan por las desgracias antes que los privilegios porque no se sienten “dignos”. Esta obra evidencia lo ridículos que resultamos como raza.

                Se necesita más que una visita al teatro para cambiar, la voluntad propia es elemento fundamental. Los que realmente se atreven a vivir saben amarse al aprovechar una única existencia. Estamos tan condicionados que con dinero compras lo que sea que, pareciera, estamos convencidos que podemos comprar otra vida. Tanto ha permeado el sentimiento de posesión y de miedo que aunque nos sabemos mortales, casi todos actuamos como si no lo fuésemos. Lo que hagas es ganancia propia y lo que se deje de hacer es en perjuicio propio. No es una vida de “mentiritas” como en los videojuegos, en donde puedes tontear todo lo que quieras para que, posteriormente,  “ahora sí” juegues de verdad.

                Nos creemos tan sabios por parlotear que el dinero no es la felicidad, que hay que amar a nuestros seres queridos porque desconocemos cuándo se van, que la mejor forma de encontrar el amor es ser auténticos, que se trabaja para vivir no se vive para trabajar y demás hechos que dicta el sentido común. A pesar de que “sabemos” todo eso, ridículamente casi nadie actúa conforme a ello, sólo los iluminados, freakeados, pachecos, fumados o cómo los quieran etiquetar, esos “loquitos” que actúan en contra de los cánones establecidos y que son fuertemente censurados (aunque en realidad no le hagan mal a nadie). Como actúan diferente a la mayoría tienden a ser objeto de burlas pero, si nos ponemos a pensar un poco, ¿A dónde nos ha traído actuar conforme a los Estándares Sociales? ¿Por qué hay tanto sufrimiento? Bien se dice que el humano es el único animal en la naturaleza que espera conseguir resultados diferentes realizando la misma acción.

                A lo largo del monologo, constaté distintos de los cuestionamientos que he recibido sobre mi accionar por distintas personas, recordé lo importante que me era complacer a todos y me siento aliviado que, con el paso de los años, cada vez me son más irrelevantes sus críticas. No voy a negar que, ocasionalmente, pueden plantarme un par de dudas, pero quiero aprovechar este párrafo y dedicárselo a todos esos metiches diciéndoles, de todo corazón, ¿QUÉ LES IMPORTA MI VIDA?

                Hay personas que en realidad me quieren y les importo, casi ninguna comparte mi manera de pensar o los conceptos que tengo sobre la vida, PERO me tienen el suficiente cariño y respeto para aceptarme tal cual soy. Aunque piensen que estoy equivocado, en ningún momento ridiculizan o descalifican mis ideas, creencias o sentimientos (aunque sí me dan su opinión al respecto).  Por lo mismo, estoy muy agradecido con mis seres queridos por serlo y, al resto, les digo que resuelvan sus asuntos antes de inmiscuirse en los míos.

                Muchos opinarán que la obra es una auténtica pachequez cómica y otras dirán que es lo mejor que han visto en su existencia. Sin caer en ninguna de las dos posturas, se las recomiendo ampliamente porque vale mucho la pena. Afortunadamente cuando uno ríe de manera autentica, los mecanismos de defensa tienden a bajar la guardia y ¡zas! como cuchillo en mantequilla entra algún comentario trascendental, ya que toma la mente abierta y el corazón indefenso. Es una inversión de dinero y tiempo muy inteligente y, con suerte, acaban perdiendo algo que les estorba: algún miedo, algún prejuicio o algún resentimiento. Lo que cada cual saque depende del amor, interés y voluntad por aprovechar esta vida.

                Pocos se atreven a ser como son por el miedo al rechazo o a hacer el ridículo pero, como mencionan en algún momento, ¿Quién se va a acordar en un siglo de que hicieron el ridículo? ¿De sus problemas? ¿De sus carencias? ¿De sus asuntos pendientes? ¿A alguien le va a importar en el futuro tus vergüenzas, fracasos u odios actuales? Y, aunque alguien se acordara, ¡tú ya vas a estar muerto! Y no te va a afectar la historia escrita.

Esta puesta en escena es una crítica inteligente a aspectos que se interponen, que nos enajenan o distraen de nuestra paz y felicidad: al capitalismo, a la sociedad, a la religión, a las imposiciones familiares, al trabajo esclavizante y demás. Pero más que cualquier otra cosa, es una crítica a los máximos responsables, mismos que encontramos a diario en el espejo.

Cada cual ha forjado la realidad que merece. El problema no es la vida que tenemos, sino que nos hacemos las víctimas por tenerla. Cuando nos hacemos conscientes de que somos responsables de nuestro destino, ahí se muere la víctima y nace un ser digno, listo para salir al mundo de manera productiva. Gracias a muchas herramientas que he adquirido desde hace cinco años, he ido superando muchas trabas personales y, considero, estoy viviendo una etapa muy productiva de mi vida (y sé que aún falta lo mejor).

                No importa lo rico o pobre, lo guapo o feo, lo feliz o infeliz, lo exitoso o fracasado, lo realizado o frustrado, lo gordo o lo flaco ni nada de lo que mencionen, hay un hecho irrefutable e imparable: todos moriremos. No importa si recibiste o no lo que querías, si cumpliste o no tus sueños, si tuviste o no una familia, no hay devoluciones. Sin importar los rencores o arrepentimientos tengamos, nadie nos va a dar más tiempo para resolverlos, porque ya tenemos demasiado  disponible.

La vida sigue y no nos da tregua hasta que nos decidamos a resolver las cargas que llevamos en nuestra alma. Cuando dejemos de ser tan mezquinos y miedosos,  afrontaremos las consecuencias de nuestros actos. Lo triste es que se nos acaban los días y esos pendientes se quedan sin resolución, pareciera que esperamos que se nos dé otro chance “porque es justo” ¿Por qué esperar al lecho de muerte para abrir el corazón? ¿Por qué sólo así uno acepta disculpas honestas? ¿Acaso nuestro orgullo o ego son tan grandes que nos impiden actos de amor por considerar que nos debilitan cuando, en realidad, nos fortalecen?

Todos moriremos, lo malo es que no todos aprendemos a vivir. Lo maravilloso de la vida es que uno la hace tan provechosa o tan miserable como quiera. No es un producto terminado que te llena o te frustra sin cambio alguno. Cada cual es dueño de su destino y hay que hacer algo bello, provechoso o, simplemente, podemos esperar a la muerte al anhelar a alguien que resuelva los problemas.

                No sé qué tan feliz soy ahora, pero sé que lo soy  más que antes y voy en camino para lograr una plenitud espiritual y paz personal constante. A pesar de lo necio que soy, he logrado avanzar, cambiar algunos dogmas y animarme a actuar diferente a lo que aprendí. Durante la obra identifique muchos deseos, paradigmas, prejuicios, programaciones, miedos, creencias y demás que hacían de mi existencia un sufrimiento perpetuo, por lo que me sentí bien de haberlos dejados atrás. De igual forma, también reconocí algunos que siguen vigentes en mi ser, y me avergoncé porque continúan ahí. En general me sentí tranquilo por esa consciencia y saber lo que debo de hacer (Dejar de ser tan cobarde sería un buen primer paso) y así atreverme ¡A VIVIR!

                Hebert Gutiérrez Morales.

1 comentario:

Qcho dijo...

Mí estimado Heberto:
De entrada no he tenido la oportunidad de ir a ver esta obra de teatro, aunque si he escuchado y leído las críticas de las mismas, incluso la he puesto dentro de mis propuestas de agenda cultural dentro del instituto.
No podemos elegir cómo vamos a morir o cuándo vamos a hacerlo. Sólo podemos decidir cómo vamos a vivir - Joan Báez.
Creo que hay un sin número de temas que nos hacen girar hacia la oportunidad de cambiar, el ejemplo más cercano son tus textos, una manera “diferente” de ver las cosas, por otro lado hay libros de superación, películas de superación, obras de teatro, la religión, una mil cosas, que al final no sirven de nada si como persona no nos convencemos a principio de ser mejor y crecer, no porque la sociedad lo designe si no porque realmente lo sentimos, lo necesitamos.
Debo recordar aunque un filme cómico en si la de Yes Man o Si señor de Jim Carrey, alguien siempre en la negativa de no encontrar algo nuevo en la vida, siempre con la misma rutina, que decir si, cambia…
Nadie cambia si no siente la necesidad de hacerlo - Henry Ford.
Giremos al mundo y no que este nos mueva a nosotros.