viernes, 10 de agosto de 2012

El momento en que todo cambió (Parte I: El Libro)

“¿Cómo podemos sumirnos en la inercia cada vez más débil del tiempo sin alguien que ralentice la marcha de las cosas, que haga que todo merezca la pena y el viaje tenga verdadera importancia?” – Petra Dussman

                Cuando estaba a 100 páginas de terminar el libro, de las casi 600 que lo conforman, un temor me asaltó, una pregunta me taladraba la cabeza “¿Y si no me vuelvo a enamorar?”.

                Conforme leía esta publicación, me parecía buena, no una maravilla pero aceptable. Me la presto mi gurú literaria (Lesly), la cual me intrigó para que la leyera con avidez cuando me dijo “Te va a gustar ya que me acordé de ti cuando la leí”. Para un ególatra certificado como uno, ésa es una invitación que no se puede rechazar.

Siempre he admirado a quienes inician un texto por el final, por ser una postura muy arriesgada, ya que deben tener bastante talento para desarrollar un argumento que conmueva, que llene, que intrigue e interese a pesar de saber cómo va a terminar todo, esto evidencia la habilidad de Douglas Kennedy. La forma en que éste refleja el Berlín de los 80’s, un lustro antes de la caída del muro, es muy convincente. Toda la tensión política crea un ambiente propicio para las intrigas del espionaje. Dentro de todo eso se generó una historia inverosímil de amor.

“Nunca conoces tus verdaderos sentimientos hacia una persona hasta que deja de estar en tu vida” – Thomas Nesbitt

                Al ir conociendo a Thomas, uno se pregunta “¿Qué le pasó a este buen hombre? ¿Por qué está tan vacío emocionalmente? ¿Qué desgracia le ocurrió que lo marcó tan hondo? ¿Por qué no se volvió a enamorar?” Al transcurrir la lectura se van respondiendo esas preguntas de manera triste.

                La estructura del argumento la agradecí bastante, por no tener un clímax único, sino uno a la mitad y otro antes del final, esto sin contar que el ritmo del libro es bastante bueno. También tiene una conclusión muy congruente, que no es del tipo “y fueron felices para siempre”, sin ser horrendo pero tampoco bonito, simplemente agridulce e interesante, que marca el comienzo de otra etapa en la vida. Esa misma estructura que te va desmenuzando las cosas, de hecho cuando acontece el primer clímax, ni siquiera sabes que lo es, pero lo vas captando así conforme avanza la lectura.

El conocer dos versiones de una misma historia es un deleite, aún compartiendo el mismo sentimiento, la perspectiva de cada cual es distinta y enriquece a la otra. Me encanta que ambos, tanto Petra como Thomas, expresan la incertidumbre, inseguridad o miedo sobre si la persona que les gusta los aceptará o no. Nos gustaría percibirnos como los únicos que sufrimos esas dudas pero ha de ser un sentimiento universal.

“Sólo empezamos a comprender la importancia de un acontecimiento, y sus consecuencias para el panorama general de nuestras vidas, mucho después de su ingreso al reino de la memoria” – Thomas Nesbitt

                Toda lo que vivió Petra con la Stasi es una evidencia cómo los civiles son los que más sufren cuando se trata de conflictos internacionales y/o políticos. Alguien toma una decisión al firmar un papelito, dar una orden y, literalmente, destruir la vida de gente común y corriente. Eso ha pasado tanto en Alemania como en Rusia,  en Estados Unidos, en Irak, en La Habana, en la Ciudad de México y a lo largo y ancho de este planeta.  El problema no son los sistemas políticos, sino la corrupción a la cual llega al humano para obtener o mantener el poder, te vuelvas insensible al bienestar ajeno, porque tus intereses pesen más, sin importar a quién te lleves en las espuelas. Lo malo es que eso se ha perpetuado desde que fundamos la mal llamada “civilización” y continuará mientras los humanos sigamos con nuestras máscaras de “Personas”. Podemos alcanzar expresiones tan maravillosas y bellas pero, al mismo tiempo, somos capaces de los actos más despreciables y cobardes contra nosotros mismos y lo que nos rodea. Somos, al mismo tiempo, sublime y espantosamente extremistas.

Había un punto de la historia en el que me empezaba a oler algo extraño y, cuando pasó lo que esperaba, me dije a mí mismo: “¡Ah! Mi sexto sentido desarrollado por tantos años de paranoia y terrorismo psicológico en la Disposición ha sido efectivo” Y es que ya me ha pasado en varios libros en donde mi cochambrosa mente adivina lo que se viene después.

            Las decisiones basadas en el miedo a ser juzgados, a ser rechazados, a ser repelidos, a ser censurados o señalados son las peores. De acuerdo al tamaño de la verdad (y sus consecuencias) es la fuerza de voluntad que se requiere para decirla y no todos la tienen. Es más fácil que el miedo tome la decisión de mentir “piadosamente” que ser maduros y honestos para decir una verdad incómoda. En el momento es duro, pero a la larga es mejor, porque la mentira siempre trae frustración, dolor y problemas, como lo corroboró Petra y, aun así, no la puedo culpar por sus decisiones, porque entendí su sentimiento a la perfección.

“Cuando dudamos, cuando nos inquieta lo que pensará la gente de nuestro accionar, hay una sola solución: hacerlo y preocuparse luego” – Thomas Nesbitt

En esta era de tanta información, se pueden acomodar hechos reales de tal forma que puedes dar a entender una historia distinta a la realidad, sin tener que mentir, simplemente manipulando la verdad. Mismas técnicas que el agente de la CIA le aplicó a Thomas, que son de uso común a todos los niveles de nuestras sociedades. Bien se dice que hay dos lados de una misma historia y, frecuentemente, nos atrevemos a juzgar conociendo una sola cara, sin tener la delicadeza de investigar la otra versión. Casi nunca las perspectivas son objetivas pero, por lo menos, al tener mayor conocimiento del panorama, podremos tomar decisiones más centradas, aunque eso es más difícil cuando hay sentimientos involucrados como, tristemente, lo comprobó Thomas con Petra.
               
Agradeces que el autor haya dejado algunos cabos sin desarrollar, por ejemplo el encuentro que tuvo Thomas con la bibliotecaria en Berlín Oriental. Muchas veces tenemos contacto con diversos seres que podrían significar algo más y, simplemente, se quedan en un intercambio interesante, nutritivo y breve. No es necesario, como se acostumbra en muchos libros, que el protagonista siempre tenga algo relevante con todos con los que tiene contacto.

Hubo otro punto del argumento que me incomodó bastante, y es que durante un par de capítulos todo era bello, hermoso, empalagoso e insoportable, de hecho mi parte sádica decía “¡Ya basta!” y es que, al saber el final, entre más dulce era el pasaje, más dolorosa iba a ser la separación. Por eso mismo, cuando la perfección se acabó, me sentí un poco más tranquilo. Sólo para aclarar esta idea, si vuelvo a relacionarme, quiero una relación imperfecta pero que me haga ser mejor humano, no un cuento de hadas irreal.
“En cuestiones del amor, la verdad no existe. Sólo hay realidades momentáneas, y todo puede cambiar de un día para otro” – Thomas Nesbitt

Alistair Fitzsimons-Ross es un personaje exquisito, porque le da mucha sustancia a la historia. No es perfecto, es más, no es moral ni políticamente correcto por ser drogadicto, altanero, homosexual e imprudente, pero también es elegante, brillante, mordaz, carismático y demás cualidades. Es de esos personajes que agradeces en cualquier lectura, te hace la experiencia más completa y divertida con su humor negro, su sarcasmo y, al mismo tiempo con su lealtad y principios. Esas personalidades únicas que, si las encuentras en la vida real (porque escasean), quieres estar cerca de ellos por todo lo que te enseñan de manera práctica.

Resulta increíble la facilidad con la cual el amor se puede tornar en violencia emocional, en especial cuando uno se percibe traicionado, por lo que se reacciona de forma inesperada con lo más importante que ha conocido en su vida. El sentimiento de traición en el amor lo hace a uno enloquecer.

Es un libro algo predecible, de hecho fuí acercando mi pañuelo porque ya sabía que al final se venía el drama y que las lágrimas iban a ser obligatorias. Afortunadamente el autor no cayó en situaciones tan baratas como propiciar un reencuentro entre Thomas y Alistair, o conocer los destinos de Pawel, Judith o del agente Babruski de la CIA. Esos encuentros entre el pasado y el presente que nos dan un placer nostálgico y morbosa felicidad. Obviamente hubo otros vicios literarios que no se pudieron evitar pero, por lo menos, no tan baratos como éste.

“¿Verdad que al recibir una noticia horrible el mundo se vuelve repentinamente silencioso? Es como si el golpe de lo que acabamos de saber matara todos los sonidos y nos obligara a escuchar el silencioso abismo que es el comienzo del dolor” – Thomas Nesbitt

                La mayoría de lágrimas que derrame fue entre el 75 y 90% del argumento, antes de un cierre más tranquilo, aunque seguí derramándolas. Obviamente no es la primera vez que veo una estructura así, pero es muy refrescante leer algo que no tiene el clásico: inicio + desarrollo + fin, que rompe los paradigmas de lo que debería ser un libro, ya que va saltando del pasado al presente indiscriminadamente, a diferencia de los cuentos de hadas o historias hollywoodescas que nos han vendido a lo largo de los tiempos.

Los últimos diálogos entre Johannes y Thomas fueron desgarradores, conmovedores y hasta crueles pero, sobre todo, resultaron muy auténticos porque venían del corazón por lo que, en pocas palabras, decían mucho, en especial sobre Petra y el significado en sus vidas.

Douglas Kennedy tiene un estilo muy fluido, con un lenguaje muy accesible, se podría decir que hasta popular, pero con personalidad propia al estructurar el texto, lo cual lo aparta un poco de lo comercial. Para mi gusto, no llega a ser un autor de culto, aunque el libro resultó ser tan bueno que me conmovió en variadas ocasiones (y me hace escribir dos ensayos). De hecho te hace poner la vida en perspectiva; reflexionaba Petra Dussman cuando alguien la humillaba “¿A quién le va a importar en 100 años este momento? ¿Quién lo va a recordar? ¡Nadie!” Recordé lo sobreidentificados que estamos con el ego, aunque hay que reconocer que ella estaba sintiendo un desapego impresionante  de la vida, porque estaba en búsqueda de recuperar su razón para existir.

Al igual que me preocupe, faltando 100 páginas, de no volverme a enamorar, al terminar el libro agradecí haberlo hecho aunque sea  una sola vez de manera auténtica. Nunca fui correspondido con la misma intensidad pero, lo que sentí, fue maravilloso. No me puedo imaginar lo que ha de ser sentirlo de manera reciproca, seguro la mejor experiencia de vida. Si muero el día de mañana, lo haré feliz por haber vivido algo tan intenso.

 “Siempre nos convencemos de que un proyecto, un camino determinado hacia el futuro, será el mejor para nosotros…, o al menos conseguirá que este breve espacio de tiempo del cual disponemos merezca la pena y nos parezca de algún modo completo” – Petra Dussman

Al ver cómo terminó Thomas, en una vida cómoda, con todas las ventajas que dicta el american way of living, me preocupo un poco porque es a lo que voy encaminado. He huido a cualquier cosa que huela a amor desde hace unos años, al encontrar un pequeño atisbo del mismo, encuentro la manera de huir pusilánimemente, a la usanza del protagonista del libro. Tal vez no bajo el nombre de Thomas Nesbitt, pero sé que existimos muchos que emulamos su accionar e historia, por lo que he recibido una gran (y merecida) bofetada al visualizar mi futuro en esta obra, y es horrible, tan horrendo como casarte equivocadamente. No tengo miedo a quedarme solo, lo que me puedo echar en cara es no volverlo a intentar. Aunque esas ideas las trataré a profundidad en la segunda parte.

Hebert Gutiérrez Morales

4 comentarios:

miguel cañedo dijo...

Por lo general las experiencias como los sentimientos solo se revelan en su mayor intensidad al pasar por la memoria, los sentimientos, el espacio en el tiempo (tiempo que ha trascurrido) pues se crea un referente, una imagen, una idea y esta nos conducira a pensar, a recionalizar, a materializar o negar la dicha existencia o bien aceptarla.

Hay momentos en los que nos vemos abocados a tomar una decisión. Momentos en los que elegimos, de entre todas las opciones que la vida nos ofrece, un camino y no otro. Estas decisiones, que nos ocupan a menudo tan sólo unos segundos, determinan en realidad el resto de nuestra vida. Pueden cambiarlo todo en un abrir y cerrar de ojos...

Butaca o Escenario? Espectador o Actor?

GUILLERMO ESTUDILLO dijo...

guillermo estudillo.decididamente eres una persona prolija en cuestiones de escritura,abordas temas diversos,aderezados con reflexiones propias y de grandes pensadores Hay una constante en tu escritura.. depresiones sistematicas,autoestima malformada, y afan compulsivo de notoriedad.Todo ello es legítimo y hasta plausible.Tus ensayos permean una sólida formación academica y mas por tu gusto apasionado por la lectura

GUILLERMO ESTUDILLO dijo...

decidimente eres escritor, seguramente tienes la creatividad para escribir lo que quieras-me gustaría que tu fueras el personaje central,tienes muchas vivencias-como todos-pero tu tienes la ventaja de recrearlas.

Laura Tuxpan dijo...

“Nunca conoces tus verdaderos sentimientos hacia una persona hasta que deja de estar en tu vida” – Thomas Nesbitt.
Cuanta verdad hay en esta frase, desafortunadamente sabemos el significado de ella cuando ya hemos vivido una situación en la que encaja a la perfección.
Sabes, me he quedado con ganas de leer el libro y en cuanto lo haga podre emitir mi critica al respecto, mientras tanto has logrado cautivar mi atención con cada línea, con cada palabra, con cada pensamiento y sentimiento expresado...