viernes, 31 de agosto de 2012

Keane


            Originalmente este escrito lo iba a dedicar exclusivamente al concierto que viví ayer en la Arena Ciudad de México pero, por razones que expongo al final, prefiero iniciar con la relación que tengo con la música de Keane, para brindar algo positivo antes de despotricar por algo que me indignó de sobremanera.

            Como he mencionado en ocasiones anteriores, mis bandas predilectas son de origen británico. En esta ocasión voy a hablar de una agrupación joven pero con una calidad impresionante tanto en su interpretación como en sus letras: Keane.

            La primera vez que los oí me parecieron bastante chocantes, hoy en día canciones como “This is the last Time” o “Somewhere Only we know” no son mis favoritas. Aunque no puedo negar que, a la hora de los conciertos, las berreó a todo pulmón, esto debido al contagioso entusiasmo del público que me rodea.

            “Everybody’s Changing” fue el primer pretexto que tuve para escucharlos con detenimiento, y ahí entré en conflicto: “¿Cómo puede gustarme algo de este grupo que tanto me desagrada?”, pero había algo en la letra y, sobretodo, en el sentimiento expresado en la canción, que me atraía en exceso. Me sentía plenamente identificado con la melodía pero me costaba admitirlo.

            Mi resistencia fue pulverizada cuando escuche “Bedshaped”, y ahí inicio mi idilio con su música. En la misma manejan un sentimiento tan profundo, auténtico, triste y, al mismo tiempo, con un toque de nostálgica esperaza, lo que da una obra de arte que no tiene algún aspecto que desentone. Siempre que la escucho en vivo, entro en catarsis y las lágrimas  brotan por sí mismas. Tal vez sea una idea grotesca pero, si tengo la posibilidad, voy a hacer un Soundtrack para el día de mi funeral, y “Bedshaped” estará presente (como lo ha estado en la banda sonora de mi vida).

            A pesar de que el disco “Hopes and Fears” fue el primero conocido de la banda, tiene un nivel excelso, mismo que se refleja en otras joyas como “Untitled I”, “Bend and Break” o “On a day like Today”. Lo único malo es, como me hice del rogar al hacerme su seguidor, me perdí su primer concierto en México, lo cual lamente retroactivamente.

            El Álbum “Under the Iron Sea” me gustó mucho en su momento aunque ahora reconozco que, a pesar de su calidad, se quedó corto a comparación de los otros tres álbumes “grandes” de la Banda. Sin embargo, en su momento, no lo sabía y me seguí entregando a las letras profundas y música excepcional.

            Canciones como “Nothing in my way”, “A Bad Dream”, “Hamburg Song” o “Crystal Ball” me dejan claro que intentaron moverse un poco de sus orígenes, mantenían esa calidad y carisma, pero olvidaron algo en el proceso. Aún así el disco vale la pena.

            Ese año vino la gira en que los vi por primera vez en vivo (en el Auditorio Nacional), ocasión en la que fui a solas, porque es muy raro encontrar a alguien que comparta mi gusto por el grupo; por esto mismo no me explico que muchos los califiquen de “Pop”. Admito que pueden tener un estilo “algo” fresa, pero dudo que alguna vez sean obscenamente comerciales, ya que han mantenido una personalidad que, no voy a negar, han ido adaptando a los intereses de las disqueras y promotores.

            Ese primer concierto me fue muy especial: encontrarme con otras 9999 personas que compartían el gusto por la banda es reconfortante, además de sentir en vivo (y con la misma calidad que en el estudio) a una banda tan talentosa. Lo vivido en aquel entonces fue inigualable, porque el cantar todas las canciones (hasta tus “menos” favoritas) te da otro nivel de gozo. Además de que, tras dos años de espera, por fin pude berrear esas melodías que me conquistaron en el primer disco. Ahí me hice una promesa “Voy a verlos cada vez que vengan a México” y, hasta ahora, he cumplido cabalmente.

            Recuerdo especialmente los vídeos sencillos pero que complementaban a la perfección el concierto, en especial “A Bad Dream”, que resultaba muy artístico con las parejas bailando con máscaras de gas y con una estética de película muda de los años 20. Ese detalle me pareció de muy buen gusto y brillante.

            Pero no sabía lo que me esperaba un año después.

Son contados los álbumes que han marcado mi vida, pero pocos lo han hecho como “Perfect Symmetry”, personalmente, su mejor producción hasta el momento. Me entristecería si no alcanzan un punto más alto que éste pero, por otro lado, si ésta es su máxima producción de por vida, me daría por satisfecho por la excelsa obra de arte que representa. De hecho, es de los pocos discos que escucho con relativa frecuencia, sin importar la época del año o que la misma banda tenga otro disco en boga.

Casi toda la producción es imperdible, a excepción de “Spiralling” que es bastante ordinaria y, en ocasiones, molesta (aunque igualmente la canto cuando es el concierto). Dentro de este álbum hay dos bellezas hechas música como lo son “Black Burning Heart” y la inigualable “Perfect Symmetry”. En mi diccionario personal, si hubiera que poner un ejemplo para el término “Canción Perfecta”, sin duda “Perfect Symmetry” sería la elección conveniente, por el sentimiento con la cual es interpretada, la fuerza de su mensaje, la profundidad de la letra y la honestidad de toda la obra en sí. Junto con “Bedshaped” son mis canciones preferidas de toda su discografía y, sin duda alguna, forman parte de mi Top10 de todos los tiempos.

El Concierto al cual asistí con esta producción también fue de alto octanaje, en esta ocasión el recinto fue el Palacio de lo Deportes. Sin duda alguna, de los mejores a los que he ido en mi vida. La producción fue sencilla pero creativa, lo cual demuestra que no es necesario gastar montones de dinero para dar un producto de calidad.

En esa ocasión fui con otros amigos aunque, como ya había comprado mi boleto antes, estuve otra vez a solas en la pista del recinto, a escasos 20 metros del escenario. Estoy de acuerdo que la mayoría de los conciertos se aprecian mejor a cierta distancia, pero nunca se vivirán igual que cuando estás tan cerca de la banda. Tal vez no se aprecie bien el show, pero el sentimiento experimentado ahí abajo no tiene comparación, y te acaba valiendo pepino si aprecias o no el show. Ahí fue el concierto en que más integrado me sentí al público y eso lo llevaré siempre conmigo.

Después vino un miniálbum llamado “Night Train”, que para mí fue la producción más sencilla que hizo la agrupación aunque, por el ámbito en que se gestó el mismo, creo que nadie esperaba mucho. Mi sentimiento es que lo sacaron para darnos un placebo en lo que preparaban su nuevo álbum, el cual resultó (como es costumbre de la banda) de alta calidad.

“Strangeland” me demuestra la madurez que ha alcanzado la agrupación, a pesar de que no tiene unas joyas invaluables como “Bedshaped”, Black Burning Heart” o “Perfect Symmetry”, las canciones están muy niveladas, son muy buenas, sin encontrar un eslabón débil, ya que se muestra el extremo cuidado que tuvieron con cada grabación. Desde la primera vez que la escuche me gustó mucho, y eso es extraño porque, muchas veces, le vas encontrando el gusto a un álbum después de escucharlo algunas ocasiones.

Y esto me trae al concierto al cual asistí el día de ayer, en la Arena Ciudad de México. El lugar está muy bonito, y un sabor personal especial, porque se ubica a un par de kilómetros de donde pase toda mi infancia. Afuera está engalanado con unas megapantallas muy espectaculares, la seguridad, el servicio, las instalaciones y la infraestructura en sí dan un lugar muy ad hoc para disfrutar de distintos eventos. Dentro del lugar, los asientos son cómodos, la distribución bien planeada, hay unas pantallas enormes al centro de la cancha que te permiten disfrutar cualquier evento.

La pantalla en sí me dio una sensación agridulce, ya que la mayoría estábamos más enfocados en ella que en el escenario (naturalmente, porque hay mejor visibilidad). En esta ocasión fui con mi amigo Luis Fuentes, el cual es muy culto en cuestiones musicales, aunque me extraño que viniera conmigo, porque consideraba que no era su estilo de música.

Aunque suene como viejito, había muchos muchachitos dentro del público, seguramente muchos de ellos ni siquiera sabían que existía la banda hasta este último álbum, y me dio mucho gusto que la calidad de Keane sea tan grande que vayan “reclutando” más fans entre las nuevas camadas.

Tal vez hubiese sido choteado, pero me hubiera gustado que se hubieran aprovechado las megapantallas con esos bonitos vídeos que nos pusieron en sus presentaciones anteriores, pero no lo hicieron, aunque esto tampoco era tan vital. Como siempre, se enfocaron en promocionar las canciones de la producción actual, intercalándolas con los clásicos de la banda.

Al ser veterano en los conciertos de ellos, en esta ocasión no presentaron algo que me impactara, pero no importaba mucho, ya que fui por la música y en especial a escuchar “Bedshaped” y “Perfect Symmetry”, para mí el concierto podía consistir en esas dos canciones y me hubiese ido feliz, cosa que no pasó.

Cante, brinque, me emocione y baile en el concierto, estaba muy feliz pero, al acercarse el final, empezaba a tener un mal presentimiento, el cual amainó cuando cantaron “Bedshaped” y me llenaron el corazón del cálido sentimiento que trae dicha canción.

Algo que me llamo la atención es que, en total, se echaron 11 ó 12 canciones del álbum nuevo, algo que encontré inusitado en un concierto (sin importar el artista), ya que normalmente te conformas con unas 6 y dejas el resto de la velada para complacer a los seguidores más añejos con canciones viejitas.


Cuando volvieron para el Encore, supuse que ya no iban a tocar canciones del nuevo disco y se iban a enfocar en los anteriores álbumes, pero me equivoque. Se acabó en Encore, ¡y no habían tocado “Perfect Symmetry”! ¿Cómo se atrevían? Estaba enojándome mucho cuando me dí cuenta que no habían encendido las luces (que es la señal oficial de que un concierto ha acabado), así que ¡Tenía que haber otro cierre!, así que me uni a los chiflidos, gritos y aplausos para que regresaran, ¡y lo hicieron! “Perfecto” pensé “Ahora sí, hagan lo que tienen que hacer muchachos”, pero tampoco complacieron mi deseo (y creo que el de otros miles), porque se fueron sin tocar su mejor canción.

Acabo la noche, encendieron las luces y me sentía defraudado, “¿Cómo se atrevían?” El hecho de que ame su música no quiere decir que voy a tolerar estas faltas de respeto. Antes de seguir explico mi indignación con otro concierto importante: el de U2.

Cuando voy a un concierto de U2, sé que no van a tocar mis canciones favoritas (“Promenade”, “Who’s gonna ride your wilde Horses”, “Miracle Drug” o “Kite”), porque no son las más conocidas que tienen, es más, ni siquiera fueron lanzadas comercialmente, así que lo entiendo, es más, si alguna vez la escucho en vivo, estaré eternamente agradecido con ellos.

Por otro lado, aunque a mí no me afecta tanto, en un concierto de U2 son obligatorias canciones como “With or without you”, “One”, “Elevation” o “Vertigo”, mismas que son la carta de presentación del grupo.

No comparo a Keane con U2, porque una está en la élite de la musical mundial y los otros llevan un camino alterno, tal vez nunca lleguen a esas alturas pero no creo que les importe. Si U2, con un repertorio más amplio que el de Keane, puede administrar un concierto y tocar las canciones obligatorias intercalando con las nuevas, ¿por qué no lo hizo Keane?

Ahora, no soy (tan) exagerado, “Perfect Symmetry” es considerada por muchos especialistas y seguidores de la banda como la mejor canción que tienen, misma que fue lanzada como sencillo en su momento además de que, posiblemente, sea la obra más trascendental que hayan alguna vez grabado, así que mi molestia está justificada.

No entendía a esas personas que se quejaban de que en un concierto no se haya tocado “X” o “Y” canción . . . . . hasta que me pasó. No desmerece el gran concierto al que asistí, pero es increíble (y en verdad me apena) que una sola canción signifique tanto para convertir tu experiencia de excepcional a una insatisfactoria . . . . y tristemente así fue.

¿Acaso soy exagerado, mamón e intolerante? ¡Por supuesto! Admito que mi postura es ridícula e infantil, pero no me hubiera sentido tranquilo sin haber expresado mi malestar al sentirme defraudado por una banda que significa tanto para mí.

Finalmente, Keane me ha dado mucho gozo musical a lo largo de los años, me ha sacado lágrimas y me ha hecho pensar profundamente, además de que me ha motivado a buscar ser un mejor humano. Una experiencia mala no borra todas las buenas, así que seguiré yendo gustoso y animado a cada concierto al que tenga oportunidad de ir de la banda británica, pero también es mi derecho como fan añejo el exigir mis “derechos musicales” y expresar mi malestar cuando así me plazca.

A pesar de todo, muchas gracias a Keane por el profesionalismo, entrega, cariño y pasión que ponen cada vez que vienen a México, cuando un artista te respeta así, no es difícil entregarte y disfrutar del Show.

Hebert Gutiérrez Morales.

1 comentario:

Qcho dijo...

Mí estimado Heberto:
Al igual que con tu ensayo de Adele, me dispuse a escuchar las canciones que tanto mencionas aquí y que han marcado tú vida, debo decir, que Perfect Symmetry si es una muy buena rola y su letra si llega. No recuerdo la primera vez que los escuche pero seguramente fue durante mis años en la radio aquí en Puebla en un programa que se llama Vanguardia Sónica el cual ya ni sé si aun lo transmitan en SICOM.
En cierto que cuando vas a un concierto tratas de disfrutarlo al máximo digo, por algo lo estas pagando y esperas que los músicos o artistas de todo de si, para aquellos que pagaron, viajaron o se trasladaron para verlos.
Algunos abusan de ello y pues les da por ser divas, hay quienes merecen el respeto, sea del género que manejen… Todo artista tiene su lugar.
No recuerdo a cuantos conciertos he ido, lo que si recuerdo son los que más he disfrutado, ya sea que haya ido pagándolo o cubriendo el evento, como emocionarme a escuchar los acordes, las letras y la emoción de otras personas por el sentimentalismo que provocan el simple hecho de estar ahí.
No creo que sea tan infantil ese punto de querer escuchar lo que más te gusta, aunque en ocasiones, por disposición no se permita.