viernes, 14 de septiembre de 2012

Jalcomulco (Parte II: Tirolesa, Temazcal y Canopy)


En este lugar uno no se siente como turista o extraño, en realidad eres recibido como si fuera tu pueblo y llegaras después de una larga ausencia, tan familiarmente que  reconforta. Durante todas las actividades, en ningún momento se descuida la seguridad o comodidad de uno, por lo que nunca te sientes en peligro, ya que todos los guías te transmiten tranquilidad con su experiencia y profesionalismo.

            Hay poco más de 20 campamentos similares al que nos hospedamos, aunque encuentro difícil que todos tengan el magnífico ambiente de Raft México. La presencia de estos campamentos, aunado al compromiso del pueblo, hacen que la naturaleza de este lugar este muy bien cuidada. En la misma puedes andar en bicicleta, caminar, Rafting, Gotcha, cuatrimotos, Canopy, Tirolesa, Rappel, escalada, temazcal, etc.

Al terminar el Rafting, llegamos con un hambre monstruosa al campamento. La comida fue algo que me llamo la atención: a pesar de ser Buffet, nunca tuvimos un exceso obsceno para desperdiciar, simplemente lo necesario para los asistentes. Era muy rica y muy sana, comíamos carne complementada con ensaladas deliciosas; sin refrescos o saborizantes artificiales, todo inteligentemente preparado con ingredientes naturales, una delicia muy buena para el cuerpo. Soy muy tragón pero, al estar fuera de la sociedad consumista, mi hambre se redujo considerablemente; tal vez al carecer de estrés, la angustia por tragar lo más posible desapareció. Siempre quede satisfecho a pesar de consumir considerablemente menos a lo que acostumbro.
Antes de iniciar la Tirolesa

            Estaba tan desconectado de mis prejuicios, que hasta con gusto tome agua de papaya, fruta que odio desde pequeño, pero en aquel lugar me supo tan rica que no pude evitar sorprenderme lo libre que estaba en cuanto a ataduras psicológicas y físicas. Otro dogma que supere es que no suelo comer ensaladas que combinen verduras y frutas. Odio combinar salado y dulce pero, en esta ocasión, me comí con tanto gusto las ensaladas (que tenían piña o duraznos en almíbar) que estoy considerando superar mis prejuicios y empezar a hacérmelas en casa.

La parte importante de mi viaje iba a ser la Tirolesa, para enfrentar mi miedo a las alturas pero, al momento de hacerla, resultó increíblemente fácil. Tal vez por lo relajado del ambiente, tal vez porque ya iba cansadón por haber hecho el rafting un par de horas atrás, por lo que tenía presente que si dejaba que el miedo me controlara, no iba a avanzar a ningún lado.

Aventarse de un árbol a otro resultó ser un placer tarzánesco. A diferencia de los rápidos, los guías del resto de las actividades eran nativos del lugar, gente con carácter noble, alegre y liviano, lo cual no quiere decir que los del Rafting no lo fueran, pero con ellos el desmadre y el ambiente de fiesta era mayor.

“Si grito como niña, por favor ignórame” le decía al guía de la Tirolesa antes de mi primer lanzamiento pero nunca grite (de terror) ni me sentí asustado. En alguno de los tiros me avente de cabeza (al estilo Spider Man) y me divertí a lo grande, algo que nunca hubiera pasado por mi mente, y me sentí orgulloso. Tal vez no fue una Tirolesa muy grande (calculo unos 360 metros en seis tiros con altura entre los 15 y 25 metros) pero, para un novato como yo, estuvo grandioso. Cuando regrese, me aventaré de una mayor, porque mi novatada fue maravillosa y versátil.
Pensé que así iba a gritar al aventarme

Después de la Tirolesa, pasamos al momento del Temazcal, que inició con una ceremonia muy parecida a la del Fuego que vivimos antes del Rafting. Hubo canciones, limpias, incienso y demás. Recalco la autenticidad que percibo en estas expresiones orgánicas de fe, a diferencia de lo que acostumbran las grandes corporaciones, que comercian con las creencias, conocidas como religiones, ésas que someten a sus feligreses a través del miedo y la restricción.

Finalizada la ceremonia, bajamos por un camino hasta el pequeño “Iglú” del tamaño de un tercio de mi recamara y me dije a mí mismo “Ok, yo voy a entrar ahí ¿Y dónde van a meter a los 18 restantes?” Recordé que todas las veces que había hecho Temazcal fueron en mi niñez, así que era obvio que la construcción fuera más pequeña a lo que recordaba. Sin embargo, como fui con la mejor actitud al campamento, no me amilane ante (literalmente) una “pequeña” incomodidad.

Diecinueve personas en un pequeño iglú, con piedras al rojo vivo, creando un sauna extremo, al estilo de los suecos o de los rusos, en total oscuridad. Les recomiendo hidratarse bien antes de entrar porque se suda generosamente desde el mismo inicio.

Nos explicaron que íbamos a trabajar la dualidad de las energías: masculina y femenina, por lo que nos intercalaron hombres con mujeres, lo cual dio como resultado estar en contacto con mujeres empapadas en sudor y jadeando, un sueño masculino hecho realidad, pero en circunstancias menos perversas que las anheladas H_H.
La sonrisa de satisfacción

Fueron cuatro “puertas” en el temazcal, cada una simbolizaba un punto cardinal, a los que agradecíamos las distintas bendiciones con las que nos colman. Cada etapa también estaba dedicada a una deidad prehispánica, misma a la que se le rendían cánticos, poemas, pensamientos y meditaciones. Se llaman “puertas” por ser la entrada al reino de cada deidad prehispánica, además de valorar cada elemento de la naturaleza.

Esto te ayuda a agradecer cada aspecto de tu vida, ser consciente de todo lo que tenemos, lo que recibimos, disfrutamos, experimentamos, vivimos, mientras te limpias de las impurezas que traes, a través de un calor impresionante y desgastante. Al estar sumergido en completa oscuridad, la vista se hace inútil, ya que no hay diferencia alguna entre tener los parpados abiertos o cerrados, lo que hace productivo el trabajo, porque utilizas el resto de sentidos que tenemos descuidados.

Lo que obtienes de este pequeño lugar depende de cada cual, de acuerdo a la capacidad personal de relajarse o serenarse. Redescubres cosas que habías olvidado y percibes el mundo a través de otros sentidos que no sean la vista (de la cual dependemos en exceso), y es que escuchas, sientes, hueles y hasta pruebas el abrasante vapor.

La reflexión en un momento de paz, sobretodo en un ambiente tan extremo, es enriquecedor. Comprendes que falta tanto por conocer, meditas en los cantos, en los poemas o en lo dicho por los demás. Todos somos uno ahí adentro (y en el mundo), nos compartimos algo y el sentimiento de unidad se hace evidente, esa misma certeza que deberíamos tener en el exterior.
Una "pequeña" incomodidad

No importa el físico o las ideas, todos estamos viviendo la misma circunstancia, al quitarnos la vista, dejamos de juzgarnos y pasamos a ser simples esencias en un mismo viaje astral. Vitales son la actitud, seriedad y mente abierta con la cual asistas a esta actividad, si no puedes dejar tu ego atrás, sólo vas a estar pensando “Hace mucho calor, está oscuro, ya estoy hasta la madre y ¡quiero salir!”. La actitud positiva no sólo sirve para sacar algo bueno del Temazcal, sino de la vida en sí.

“Somos un círculo dentro de un círculo” rezaba una de las canciones ahí dentro. Todos somos parte del mismo universo, podemos ser únicos pero siempre formaremos parte del mismo círculo. Una oportunidad perfecta para desconectarte de tu mente para que tus miedos no te dominen. Fluyes con la energía y el calor pasa a segundo término pero, si te concentras en la temperatura, oscuridad o el resto de la gente inevitablemente te vas a sofocar y terminaras abandonando. Esto no se trata de fortaleza física, sino de fortaleza mental, aunque en realidad no es cuestión de esfuerzo sino de serenidad.

Dejando el Temazcal atrás pero siguiendo con el poder de la mente, un consejo útil es que no olviden el repelente contra insectos, ya que van a extrañarlo enormidades. Durante mi estancia nunca me percate de las picaduras de los insectos, pero una vez en casa, me dí cuenta del monstruoso daño que recibieron mis piernas con tanto piquete. Es curioso, allá me la pase tan bien que nunca me dí por enterado pero, al regresar a la vida cotidiana, las molestias se hicieron evidentes. Cuando gozas plenamente, los malestares físicos pasan a segundo término. Eso sí, nadie puede negar que mis tobillos y pantorrillas olieron delicioso durante una semana ya que, para apaciguar la picazón, estuve utilizando mi loción after shave como bálsamo

Es un lujo, para la caótica vida actual, estar en un lugar en donde el tiempo pasa sin que te importe. Por curiosidad veíamos la hora y nos sorprendíamos “¡Ya son las 5!” ó “¡No manches! ¿Ya es medianoche?”. La hora era irrelevante, porque te sientas tranquilamente, disfrutas la vida, el paisaje, la comida, la amena plática o las mascotas del campamento. El gato más dócil que he conocido en mi vida se encontraba ahí, nunca había visto un felino tan relajado que se dejaba cargar con toda confianza, le acariciabas la panza y no forcejeaba, y es que hasta el minino estaba libre de estrés, lo que te daba la impresión de estar en otra dimensión.
Tirolesa: Misión Cumplida

El estrés del mundo moderno no sólo está presente en los adultos, sino los mismos bebés la empiezan a sufrir. En el campamento se encontraban las parejas y/o familias de los guías, y me encantó la libertad, serenidad y felicidad que sus bebés reflejaban. Había uno de unos tres años que se aventaba con singular alegría a la alberca, sin una mamá neurótica que truncara su diversión al decirle “¡Qué horror! ¡Te vas a ahogar!” Ese pequeñuelo era la viva imagen de la libertad, sin el miedo infundado que nos impone la sociedad moderna.

Había una bebé de siete meses llamada Shante, que entro tranquilamente al Temazcal durante la primera puerta y, al no tener limitaciones de sus padres, se notaba la serenidad. Claro que Shante lloraba eventualmente pero, a diferencia de los bebés citadinos, lo hacía un momento y después se tranquilizaba. Cómo se nota cuando se educa con libertad, mas no con libertinaje, nada de prejuicios o miedos, que sólo crean traumas y frustraciones que nos hacen percibir al mundo como un lugar feo y malo. El crecer con libertad para, posteriormente, escoger el camino que más te convenza es el mejor legado que cualquier padre puede darle a sus engendros.

El sentir la brisa en el rostro, respirar un ambiente tan agradable debido a la temperatura perfecta, los árboles que bailan y que perfuman el aire tan limpio, es natural que te relajes sin que te percates; todo esto me representó un sentimiento tan auténtico e inexplicable como la canción “Promenade” de U2.

Al recibir un masaje orgánico por todo mi cuerpo, la Sacerdotisa que estuvo en las ceremonias del Fuego y Temazcal, me dijo con todo respeto, honestidad y limpieza “Tiene usted un cuerpo muy bello joven”. Normalmente me hubiera sonrojado o, con la endémica egolatría que me caracteriza, me hubiera vanagloriado pero, estaba tan relajado que, solamente me límite a decir un tranquilo “gracias”. Personalmente se me dificulta recibir halagos, más aún sin descalificarlos o magnificarlos.
El MOAR resort

En el Canopy, al estar colgados en alguna red, algún cable, alguna liana, escalando, bajando en Rappel o en una Tirolesa siempre nos estábamos moviendo los cables, meneando la cuerda o alguna travesura para hacer más difícil el camino. Aunque gritarás “¡Ya estate quieto infeliz!” al mismo tiempo era infantilmente divertido, producto del ambiente tan padre que sentíamos en todas partes. Sin importar edad, género o estatus social, nos reíamos como auténticos chamacos, dejamos de lado esas tontas etiquetas que nos pone la sociedad para actuar de tal o cual manera, casi siempre en una pose que incrementa el sufrimiento. Estas actividades te recuerdan que en la vida hay que divertirse, aprovechar lo bueno y no amargarte con lo artificial que crea la sociedad.

El clima de hermandad y amistad es maravilloso: todos riéndose, haciendo bromas y sonriendo de manera honesta. Te caes de la balsa o de la escalada y nadie te hace sentir mal por ello, lo cual te hace tomar el fallo con mucho humor. ¿Por qué demonios no podemos vivir así a diario y en todo lugar? Tal vez porque ahí no había ambiente de competencia, esa voraz necesidad de tener o ser más que los demás. Hemos perdido esa capacidad de mantener la tranquilidad existencial y, simplemente, vivir felices con lo que tenemos o somos.

La magia de Jalcomulco radica en su clima perfecto, frondosa vegetación, gente tranquila, noble y honesta, ambiente confortable y limpio. No hay nada de esa porquería artificial del mundo externo que sólo nos distrae. Algo valiosísimo del ecoturismo es que recordamos que seguimos siendo parte de la naturaleza (aunque la destruyamos), sólo que tantas distracciones nos ha apartado de nuestro origen.

Comentaba con uno de mis compañeros de viaje que las mujeres de la zona (Jalcomulco y Coatepec) tienen un atractivo especial. La belleza al natural se máximiza con su despreocupada personalidad, y llaman más la atención que una belleza física increíble acompañada por gran pedantería. La liberación de prejuicios les brinda algo único a las féminas locales, porque no se preocupan por lo que piensen los demás por ser socialmente abiertas y desenfadadas, no les importa un comino el qué dirán. La naturalidad es algo que permeó en todo el campamento, hasta el los foráneos que veníamos contaminados del consumismo.

No me importa sonar a comercial, pero agradezco ampliamente a Raft México y a MOAR Resort la experiencia maravillosa que nos brindaron. No personalizo para no omitir a alguien, porque todo el equipo es excepcional. Me comentaban, durante mi masaje, que los campamentos son relativamente parecidos, pero en éste en particular se priorizaba la naturaleza, las cuestiones espiritual, ecológica y de salud. Para las profundas experiencias que recibí, lo pagado fue muy barato. Aquellos que no cuentan con muchos días para tomarse unas largas vacaciones, les recomiendo una opción intensa, segura, enriquecedora y breve, ya que pueden experimentar mucho en un solo fin de semana.

Cuantitativamente fueron mis vacaciones más cortas pero, cualitativamente, esas 30 horas en Jalcomulco valieron más que una semana en cualquier otro destino. No tengo empacho al decir que fue la mejor escapada de mi vida, la más enriquecedora y la más gozosa. Y es que tuve de todo: intensidad, profundidad, sabiduría, aprendizajes valiosos en un corto tiempo.

No voy a negar que acabe todo molido, pero son esas madrizas que agradeces por lo pleno y feliz que te sientes. Aunque físicamente estés hecho polvo, el espíritu está muy fortalecido y, con éste, es fácil mover cualquier cuerpo sin importar su estado. Tengo la plena intención de regresar, por lo menos, una vez al año a este mágico lugar porque lo que experimente merece ser vivido tantas veces como sea posible.

Cuando dejamos el campamento, una nostalgia fuerte nació en mí, ya que ese resquicio de autenticidad quedaba atrás, lugar en donde no estoy tan loco, porque mis ideas parecen tener más sentido. De hecho hasta dude de lo detestable que resulta la humanidad, ya que sentí en mi corazón cómo la gente puede ser auténtica y productiva, en vez de los autómatas sin personalidad que produce en serie esta sociedad.

Mi nostalgia estaba recargada por la frustración de regresar a ese mundo de poses, a volver a usar mis distintas máscaras, volver al Facebook, a mi disfraz laboral, a las programaciones sociales. En el Viaje de regreso me dí el gusto de pasar a La Joya, población entre Perote y Jalapa, a comprar quesos. Ése lugar mítico de mi infancia.

Sin embargo, al final mi tristeza no fue total, porque sé que Raft México seguirá en Jalcomulco, y podré regresar las veces que quiera para reencontrarme con mi esencia elemental, ese lugar que me recuerda que mis ideales no están tan pasados de moda, ni tan desquiciados e irreales como a veces pienso, aún hay esperanza de que el mundo puede mejorar. Puedo regresar a divertirme y sentirme increíblemente vivo, con opciones ecológicas y recordarme que también vine de esta tierra.

            Este viaje me limpio tanto fuera como dentro, el temazcal lo hizo con mi piel, las actividades extremas me quitaron miedos, el organismo se me limpió con la comida tan rica y saludable, el masaje que quitó dolores y la actitud tan relajada de las personas con las que conviví me atenúo muchos prejuicios contra la humanidad, me quite paradigmas de la cabeza con todo lo experimentado.
Feliz

Me siento tan limpio, tan nuevo, con ganas de iniciar el resto de mi vida con un nuevo enfoque. Los cambios los empecé a ver de inmediato, porque nunca me había comprado aceite de oliva o duraznos en almíbar para hacer alguna ensalada, mi primera corrida después del viaje sentí que tenía nuevas articulaciones. Tengo hambre de enfrentar más miedos que me han paralizado, quiero ver si en verdad son tan terribles como para congelarme por tantos años. Ya me canse de ir en medio de la embarcación mientras los demás se divierten a mi alrededor, ¡ya quiero volver a remar!

            ¡Aho! ¡Tlaxcomate! ¡Ometeótl!

Hebert Gutiérrez Morales

1 comentario:

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
Qué padre lugar debe ser Jalcomulco.
Se ve que la pasaron bomba.
Saludos,
Daniel