viernes, 28 de septiembre de 2012

Los Pilares de la Tierra


Cuando redacto algún ensayo, me tomo entre doce y 24 horas de trabajo efectivo (son horas acumuladas, no continuas), aunque muchas veces me tardó más que eso. Cuando vi el ladrillo que significaba “Los Pilares de la Tierra”, no me pude imaginar el tiempo que le tomo a Ken Follet redactar algo tan cuidado. Cualquiera puede escribir por escribir pero este libro muestra un nivel de detalle excepcional, tanto en la estructura, el delineamiento de los personajes y el planteamiento de las situaciones. Como el mismo Follet explica, se llevo algunos años en crear tan interesante obra. La explicación de cómo nació “Los Pilares de la Tierra” resulta tan fascinante como el libro en sí. Me pareció un gran prólogo.

Esta odisea es como una trilogía completa pero en un solo volumen, una auténtica obra épica. Es la primera vez que leo algo mayor a 1000 páginas y no fue complicado, por ser una lectura bastante accesible. Es de esas publicaciones con la que fluyes de forma natural. A pesar de ser bastante extensa, no te cansa porque es como leer distintos libros al mismo tiempo.

            Durante cinco días consumí insaciablemente una serie de aventuras, vivencias, sentimientos, anécdotas y demás. A veces sentía que habían pasado muchas cosas y ¡sólo habían pasado 10 hojas! Ésa es una gran cualidad del autor: tiene mucha sustancia en el argumento, sin resultar denso e incomprensible. Se agradece cómo desmenuza los hechos, las motivaciones y el entorno en dónde se desarrolla la trama, con toda esa información es fácil visualizar la escena, así se complementa tu lectura.

            Me maravilló el detalle con el cual se delinea una cantidad enorme de personajes con cualidades, defectos e historias, que te aclaran el sentir y accionar de cada cual, donde no los hay totalmente “buenos” ni totalmente “malos”, simplemente humanos, mismos que no se mueven por propósitos altruistas sino que, la mayoría de las veces, son bastante egoístas pero saben disfrazarse como justos (así como pasa en la realidad). Obvio hay “buenos” y “malos” en la historia, pero ninguno resulta “acartonado”, ya que todos son muy jugosos e interesantes.

            Situaciones ruines, crueles, desagradables, grotescas y mezquinas siempre han sido parte de la humanidad; al igual que las hermosas, conmovedoras, fortuitas, cándidas y profundas sin caer en irrealidades. La trama está ubicada siglos atrás y hay una sensación de realidad impregnada a lo largo de ella, por lo que sientes que todo lo relatado en verdad aconteció en el lejano pasado británico.


            “Cualquier imbécil puede tomar parte en una pelea, pero el hombre prudente sabe mantenerse lejos de ellas” – Tom Builder

            Cuando supe que el argumento giraba alrededor de la construcción de una Catedral en la Inglaterra del Siglo XII, honestamente, no me llamó la atención. Pero es sólo el pretexto para sostener la historia o, hasta podría decirse, es la analogía de cómo se van construyendo (y destruyendo) las vidas de los involucrados, a través de intrigas políticas, religiosas, bélicas, gubernamentales pero, sobre cualquier otro aspecto, historias humanas, individuales y de familia, ves muertes y nacimientos, derrotas y victorias, además de asesinatos, violaciones, injusticias pero también se ve generosidad, compasión y reciprocidad. No es un libro todo rosa ni todo negro, es muy interesante y completo.

            El manejo en la relevancia de los personajes es magistral: hay unos que se perfilaban como claros protagonistas y ni siquiera terminan la historia; por otro lado, hay otros que ni siquiera figuraban y al final son vitales. Me enganche con alguno, porque lo identifique como el héroe pero, cuando muere súbitamente, me quedé perplejo y me pregunté “Entonces, ¿A quién pertenece esta historia?”

            Luego reaparecen algunos que creías olvidados como Peter de Wareham, con un rencor alimentado durante décadas en busca de revancha contra Philip. Con esto te sales del paradigma establecido como lector o espectador, en donde se te presenta(n) un(os) protagonista(s), que vas a seguir hasta el final. Por ello uno cae en vicios como lector ya que, al saber quién es el actor principal, sabes que saldrá avante.

El mundo no es así, todos tenemos un final en nuestro camino y en el de los demás, y no siempre superamos nuestros problemas de la forma en que anhelamos. No todo sale bien ni todo sale mal constantemente, cada cual forja su destino. En la vida uno se debe nutrir y aprender de varias relaciones como las que se dan en el libro. Conoces al constructor Tom con su familia, la relación de éste con el Prior Philip, con Ellen, con Jack. También conoces la interesante relación entre Philip y el Obispo Waleran o con William Hamleight, la de éste con Aliena, ésta con Jack, éste con Philip y demás vínculos que llenan de vida a las páginas, cada cual fue tomando un protagonismo de acuerdo a la cadencia del libro.

            Se hilan distintos argumentos con maestría: política, personal, religiosa, social, familiar y demás en un solo argumento; esto a lo largo de los años y personajes tan distintos como sus vidas y sus entornos. Cada relato bastaría para un libro por sí mismo, eso es genialidad, porque se fusionaron ricas historias en una gran publicación. Todo vinculado alrededor de la construcción de la Catedral de Kingsbridge (no sé por qué siempre pensaba que era “Kingsbride” ¬_¬U). Un pretexto válido para el desarrollo de caracteres tan bien logrados, producto de la investigación extensa y profunda que hizo el autor, aunado a su excelso talento.

Al ir saliendo y entrando los personajes, tomando mayor o menor relevancia, te permite enfocarte en cada historia, como la de Ellen, Richard y hasta la del Obispo Waleran, de igual forma que te explicaban la lucha de poder entre Maud y Stephen, o éste con Henry. Sin notarlo, avanzas en lo que, al inicio, parece tarea titánica pero, conforme lees, vas disfrutando el haber vivido varias vidas.


" (Ellen) Lamento hacerte tan desdichado.
(Tom) No lo lamentes. Lamenta más bien haberme hecho feliz. Eso es lo que duele, que me hicieras tan feliz."

            A pesar de que no soy religioso, admito que me enganche con el tema de la construcción de catedrales, propiciado por la pasión con la cual se describe el tema. De hecho, aunque no planeo visitar ningún templo próximamente, llegará el día en que entre a alguna catedral y, seguramente, ya no la veré con los mismos ojos. Estas construcciones eran vitales en aquella época, en la que la Religión ocupaba un lugar preponderante en el camino de un país y su sociedad. También aprecio eso de este libro: me alivia que la influencia, el poder y la autoridad de las Religiones se ha reducido bastante con el paso de los Siglos (aunque sigue siendo desmedida).  

            El fanatismo, el egoísmo, la impotencia, el desánimo y demás sentimientos que, con la guía del autor, vas experimentando en conjunto con los diversos protagonistas, y vas comprendiendo la magnitud de cada derrota o de cada victoria.

            Sin tener que decir que hay una moraleja, lo cual la abarataría bastante, “Los Pilares de la Tierra” nos enseña que es muy fácil construir una pequeña capilla  un poco más difícil edificar una Iglesia pero para alzar una gran Catedral, al igual que los grandes retos, siempre habrá grandes obstáculos que superar. En nuestro camino vamos a encontrar a quién nos facilite las cosas y quién nos las dificulte, esto sin tener que calificarlos como “malos” o “buenos” ya que cada cual persigue sus propios intereses.

            Sin importar el apoyo o el desaliento externo, lo importante es la tenacidad o decisión con la cual se persiga el objetivo. Hay muchos momentos en los que queremos bajar los brazos y renunciar a todo, y también habrá otros en donde las cosas parezcan demasiado fáciles. Como decía en un anuncio viejo de los 70’s: “Si las cosas que valen la pena fueran fáciles, cualquiera las haría”. Cualquiera puede hacer (de su vida) una capillita, no tantos una Iglesia, pero no cualquiera podrá hacer una Catedral.

“En una guerra la primera víctima es la justicia” – Ken Follet (“Los Pilares de la Tierra”)

            Se refleja fielmente el ambiente político de la época, mismo que va afectando a todos los involucrados que, al estar tan vinculados, las bondades de unos son las desgracias de otros y viceversa.  Se dice que en la vida (real), todos podemos conectarnos con cualquiera a través de siete personas, se dice que en el Facebook esa cadena sólo se reduce a cuatro contactos. Esto demuestra que nuestras acciones siempre tendrán alguna repercusión en nuestro prójimo: Todos estamos conectados unos con otros, lo cual es un mensaje fuerte en este mundo donde cada vez somos más egoístas.

Nunca sabremos lo que motiva a cada persona a comportarse como lo hace, tal vez sus metas sean egoístas o muy generosas, cuando son totalmente contrarias en apariencia. Desconocemos los traumas, las promesas, las lealtades, las circunstancias que los obligan a actuar de cierta manera. Obviamente es imposible adentrarse profundamente con cada uno para conocer la vileza o la grandeza que los mueve.

Habrá muchas personalidades que al inicio nos parecen detestables y al final nos resultan añorables. De igual forma hay quienes en un inicio creemos muy cercanos e inseparables y terminan siendo auténticos desconocidos o nocivos para nuestro bienestar. A la largo de la vida, así como en el libro, ves que lo que en un inicio parecía negativo al final resulta todo lo contrario (y viceversa). El diario acontecer te va llevando por caminos que, en un inicio, no habías considerado pero que, al final, suelen ser más productivos que lo que habías planeado originalmente.

Se requiere de un trabajo arduo y fuerte, complementado con inteligencia y algo de buena suerte para lograr fines esplendorosos. No todos podemos hacer de nuestra vida una catedral, habrá quien sólo pueda levantar una capilla y otros hasta una Iglesia, lo cual no importa si es por capacidad y no por actitud. De igual forma, no todos pueden ser maestros albañiles, tiene que haber artesanos, carpinteros, herreros o peones.

La capacidad o status social con el cual nacimos no depende de uno, pero la seriedad, compromiso y decisión con la que hacemos las cosas sí radican en nuestra fortaleza de alma. No le estamos haciendo el favor a nadie con esforzarnos, ya que los principales beneficiados seremos nosotros mismos con la realización de nuestros objetivos, algo que nos haga sentir que nuestro camino no ha sido en vano.

Si somos sensatos y honestos para aceptar nuestras cualidades y limitaciones, podremos desenvolvernos con valentía, efectividad y honestidad a lo largo de nuestro camino. Sin importar el tamaño de nuestra obra, lo que en realidad importa es lo grande de nuestro esfuerzo.

Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
Me gustó mucho tu análisis del libro, ya te leo como todo un profesional de la crítica literaria. Ya sé que no te gusta recibir halagos pero es la verdad.
No te digo que voy a leer este libro, 1000 páginas son demasiadas para un padre con una hija con papitis y en todo caso quiero antes leer a Carlos Ruiz Zafón.
Un abrazo
Daniel

Qcho dijo...

Mí estimado Heberto:
Creo que el 80% de las personas que profesan alguna religión o al menos los católicos, cada vez que salen a una ciudad extraña lo primero que visitan es la iglesia de la localidad, resulta aun interesante al menos en este contexto conocer estas estructuras artísticas, que poco a poco se van haciendo contemporáneas.
Al leer tú texto y el contexto de cómo nos vamos involucrando con alguien y este a su vez se vio involucrado con un alguien al que tú ya conocías y luego se forma un círculo de conocidos, resulta de lo más real y peculiar, en nuestro caso, el vínculo fue Paty.
Una de las frases que me quedo marcado, fue la siguiente:
" (Ellen) Lamento hacerte tan desdichado.
(Tom) No lo lamentes. Lamenta más bien haberme hecho feliz. Eso es lo que duele, que me hicieras tan feliz."
Supongo que fue a la referencia de crear ilusiones que al final se vuelven sueños y que si no se logran se vuelven pesadillas, de ahí ligado a tu comentario de la actitud y la aptitud.