viernes, 12 de octubre de 2012

El amor acaba (Parte II)


            Los humanos somos animales de costumbres, mismas que nos dan identidad, por lo que es casi imposible no caer en ellas, por lo cómodas que resultan ya que son ampliamente conocidas. Por eso tomamos los mismos caminos, vamos a los mismos lugares, con las mismas personas y las mismas actividades.

            Pretender que una pera sea una manzana es estúpido, así como lo es que pretendamos que un mismo tipo de amor sea eterno. El amor en general puede ser de larga duración, pero sólo si evoluciona y se diversifica, por eso mismo nos entregamos a distintas personas, actividades, instituciones, hobbies, platillos, bebidas y demás. No podemos prolongar indefinidamente una pasión de la misma manera hacia el mismo objetivo. El potente sentimiento e interés del inicio sólo se vive ahí porque, al final, es factible que ya no sea así.

            “Baby slow down. The end is not as fun as the start. Please stay a child somewhere in your heart” – U2 from the song “Original of the Species”

            Ahora, si no he tenido una relación en años, ¿de dónde surgen este par de escritos? Porque me he dado cuenta que mi amor por la salsa ha bajado notoriamente de intensidad. Todavía disfruto mucho el bailarla, me gusta ir a mi clase pero ya no es lo mismo que al inicio. Esa intensidad que me hacía ir a diario se esfumó, la misma que me ponía fúrico si por alguna razón faltaba, la que me hacía repasar y grabar pasos y sabérmelos a la perfección.

            En el presente año he faltado más que los cinco anteriores juntos, sin remordimiento alguno, porque he tenido cosas más importantes que hacer. Lo que vemos en clase, al final de la misma, ya se me olvido. ¿Salir a bailar? Muy de vez en cuando, aunque no me quita el sueño. ¿Congresos? Ya hay uno muy importante en Puebla (Euroson Latino), pero no me ha llamado la atención asistir, además de que nunca me ha gustado ver coreografías, porque me gusta bailar no ver presentaciones.

            Mis prioridades han cambiado notablemente, mi gusto por la salsa sigue ahí pero de manera distinta, ya estoy más acostumbrado a ello y agradecido. Ya no me apasiona, pero aún me gusta bastante. Ésta no es la primera vez que me pasa esto y seguramente no será la última.

            Durante más de una década era un auténtico fanático de la historieta y animación japonesa, asistiendo a infinidad de eventos, escuchaba mis CDs, leía mis historietas, veía mis películas, compraba toda la mercancía que mi presupuesto permitía, participaba en todos los foros que conocía y leía todo lo relacionado al tema que estuviera disponible. Literalmente mi vida, entre los 17 y 27 años, era el Manganime.

Producto de lo mismo me apasione con mi clase de japonés durante ocho años, la cual sólo duraba tres horas a la semana, pero estudiaba otras 21 para perfeccionarlo. Repasaba todo lo que caía en mis manos, leía revistas y veía películas, platicaba con mis maestros o con cualquier japonés que casualmente se cruzara en mi camino. En esa época me hice una promesa: “Voy a ver anime y leer manga con mis hijos y hasta con mis nietos. Porque voy a ser Otaku el resto de mi vida”.

            Hoy en día, y de manera esporádica, llego a ver alguno de mis Anime viejos o leer alguno de mis Manga almacenados, sobretodo los memorables o importantes en mi corazón. No niego que si me cruzo con algún anime conocido, me ocasiona una nostalgia agridulce por todo lo que viví y que ya no es lo que fue en algún momento. Lo mismo con algún símbolo japonés que llego a reconocer, o cuando tenía algún proveedor nipón, intercambiaba algunas expresiones de manera gustosa. Dicho idioma lo deje de aprender desde hace seis años.

            Que triste es cuando una pasión muere y, lo más lamentable, es darse cuenta que su fallecimiento se dio de forma paulatina, sin notarlo porque, cuando nos percatamos de lo sucedido, ya no había punto de retorno, ya no se puede revivir nada.

            Tal vez todo radica en una neurosis social en la que queremos que algo sea para siempre cuando NADA es esta vida lo es. Nuestra egolatría es tan enorme que pretendemos alcanzar la eternidad en algo cuando nosotros mismos somos efímeros.

            Esa misma intensidad con la que nos entregábamos a algo o a alguien no puede ser infinita, ni siquiera las almas más excelsas de la humanidad pueden, ya que la misma vida coarta su pasión.

A últimas fechas he estado considerando, seriamente, regresar a clases de japonés, lo cual es curioso porque deje de aprenderlo para hacerlo con la Salsa. Pero entonces me pregunto ¿Para qué regresar? ¿Qué caso tiene desgastar esa bella época de mi vida al ver que ya no es lo mismo de antes? Como dice Fernando Delgadillo “No regreses al lugar de tus viejas alegrías” y ahora entiendo fehacientemente el por qué.

Cada vez que uno regresa a un lugar o persona que significan una felicidad pasada, se arriesga a desgastar el recuerdo que traía, y es que se va ensuciando al dejar de idealizarlo y darse cuenta que tal vez las cosas no eran como las recordábamos. Podrá ser el mismo lugar y las mismas personas, pero ya no es lo mismo, porque hemos cambiado nosotros y es imposible sentir lo mismo que en el pasado.

“No cambian las cosas, cambiamos nosotros” – Henry David Thoreau

Cambiamos sin notarlo, y vivimos con esa tonta ilusión que todo y todos a nuestro alrededor permanecerán constantes, y así recibir la misma satisfacción que al inicio, lo cual resulta imposible, porque en ese punto éramos una persona distinta que en la actualidad. Vamos evolucionando y nuestros gustos de igual forma, así que lo que en un inicio parecía maravilloso, acaba por cansarte si no evoluciona a tu ritmo.

Tendemos a culpar a los lugares o personas que nos decepcionan, ya que no han cumplido con nuestras expectativas. En realidad la culpa es nuestra, pero el humano (generalmente) es muy comodino como para aceptar responsabilidades así que, siempre que podamos, vamos a culpar a alguien más de nuestras desgracias.

Ese sentimiento inicial se va devaluando enormemente a comparación del lugar inmaculado que tenía en nuestros recuerdos. Que triste que eso pase con los grandes amores, ya que uno se engaña que esa intensidad va a ser perpetua y eso sólo aumenta el sufrimiento al desengañarse. La mentira daña la dignidad de cualquier relación.

Vivimos en la ilusión de eternidad, tal vez en un intento de que nuestros sentimientos puedan serlo. Nuestras formas, personalidades y percepciones no son eternas, pero las esencias que las generaron sí. Es algo complejo, pero así es.

Pongamos el ejemplo del chocolate, a muchas personas nos encanta, pero la euforia inicial nunca será igualada, a menos que probemos otro tipo de chocolate. De igual forma, les aseguro que no amarían comerlo si lo hicieran con una alta frecuencia. El deleite de comer chocolate radica en no hacerlo una rutina.

Como seres humanos exigimos variedad, pero nos resulta difícil brindarla, debido a esas costumbres que se convierten en rutinas en las cuales somos dados a caer. Exigimos lo que nos es difícil dar: un cambio constante, el cual es muy difícil de lograr a cualquier nivel.

En la Universidad un amigo, al ver que compraba tantas historietas, me dijo lapidariamente: “¿Para qué compras tanto? De todas formas las vas a acabar tirando o regalando”. Me sentí tan herido que tuvo suerte de que las miradas no mataran, pero tenía razón. Regalé todos los Cómics, los manga no, pero están guardados en cajas dentro de los armarios, que es como si no existieran, ya que no los he leído en años. Igualmente los podría regalar y poner cajas vacías en su lugar y mi vida no cambiaría en absoluto. Tal vez no vuelva a leerlas, ni a ver mis Películas, lo único que escucho son los CD’s.

Recordé mi ingenua promesa de ser Otaku el resto de mi vida, ¿Cómo podemos hipotecar la palabra con algo que aún no tenemos, sentimos o somos? Ya aseguramos hechos futuros a los que ni siquiera sabremos si vamos a llegar. El problema no está en incumplir promesas, sino en jurar algo que está fuera de nuestras manos. Nadie conoce el futuro, entonces ¿Por qué carajo nos comprometemos a algo incierto?

“Porque el tiempo tiene grietas
porque grietas tiene el alma
porque nada es para siempre
y hasta la belleza cansa
¡el amor acaba!” – José José

Inclusive una pasión importante de casi toda mi vida ha muerto: Los Juegos Olímpicos. Desde Los Ángeles ’84 hasta Atenas 2004, vi todos los eventos que me fueron posibles, inclusive desvelándome en Seúl 88, Barcelona 92 o Sydney 2000, al grado de cambiar mis hábitos de sueño por dos semanas para ver todas las actividades en vivo que pudiera. A pesar del pobre nivel del deporte mexicano, me emocionaba a tope, además de que apoyaba fervientemente a cualquier equipo del continente Americano (sip, inclusive a los Estados Unidos). Obviamente cuando caía alguna medalla para México (de esas escasas) mi emoción llegaba hasta el llanto, con gritos y brincos incluidos, mismas lágrimas que salían a la hora del himno nacional (tanta era mi emoción que pareciera que yo mismo hubiese ganado la presea).

No sé qué pasó entre Atenas 2004 y Beijing 2008, pero esa pasión murió, como la de muchos otros deportes (incluidos el Soccer, el Baseball y disminuyó bastante la del Basketball), la única pasión que me queda vigente (como aficionado) es la del Fútbol Americano, además de los deportes individuales que practico: correr, nadar, bici fija y bailar (pero estos sólo en la práctica, no como espectador).

En Londres 2012, me enteré de la buena cosecha de la delegación mexicana (para los mediocres estándares a los que estamos acostumbrados), incluida la medalla de oro en Fútbol y, ¿saben qué?, no sentí nada. Me resulta increíble que si hace 20 años, el oro se hubiera dado en Soccer, seguramente me hubiese muerto de tanta felicidad en el pecho pero, hoy en día, me resultó irrelevante.

Mis únicas pasiones (sin contar el comer) que han durado toda la vida son sólo dos: la NFL y el leer. Y me pregunto a mí mismo, ¿Cuánto tiempo van a durar el resto de las actuales: escribir, correr o el nadar? ¿Acaso las acabaré dejando? ¿Qué tienen de diferente? No creo (o no quiero creer) que las vaya a abandonar. No niego que tengo mis etapas de apatía, la ventaja es que puedo intercambiarlas entre sí: Cuando me canso de correr, le bajo un poco e incremento la nadada, o cuando no tengo las ideas claras para escribir, aprovecho y le dedico todo ese tiempo a la lectura. Lo bueno es que tengo un buen “guardadito” de escritos para que no se note que me he pasado hasta un mes sin escribir nada nuevo.

Este blog se llama “Reflexiones de un Salsero Misántropo”, considerando que ningún sentimiento es eterno, ¿dejaré de ser Misántropo algún día? Para empezar, no sé que tan potente sea mi odio a la humanidad, tal vez me considero muy malo, pero seguramente hay personas que llevan su misantropía a un nivel más extremo. Pero ningún odio es eterno, por más que uno se empecine, la vida te va cambiando: alguna vez fui un niño idiotamente feliz que quería a toda la gente, el cual nunca pensó en desear que la humanidad se acabara. Tal vez, si algún día engendro, deje de odiar a la raza humana, esa misma de la cual formarían parte mis (hipotéticos) hijos.

Sé que divago mucho, y créame que he limpiado este escrito como no tienen idea. Aunque siga siendo misántropo, algo que estoy dejando de ser es un Salsero acérrimo. Tal vez el blog debería dejar de llamarse “Reflexiones de un salsero misántropo” y llamarse “Reflexiones de un pacheco misántropo”. Pero no puedo cambiar el nombre, porque ya es como mi sello, de hecho, en los registros del blog aparece que hay quien me encuentra bajo el mote “Salsero Misántropo” en los buscadores, así que no voy a suprimir lo de salsero, en todo caso lo podría nombrar “Reflexiones de un Salsero Misántropo Pacheco

“Porque somos como ríos
cada instante nueva el agua
¡el amor acaba!” – José José

            Es bueno que cambiemos porque, como decía Confucio, “Agua que fluye se mantiene cristalina y, la que no avanza, se estanca”. Sin el cambio nuestra vida sería bastante monótona y sin valor alguno. Por eso mismo, todo sabemos la hora en que debemos seguir adelante, como cuando dejamos la casa, cambiamos de escuela, de un trabajo o una relación. El problema radica en el tiempo que ha pasado uno en esos lugares porque, entre más largo fue, más grande es la dificultad de dejarlo atrás.

            Esas costumbres o lealtades que nos vinculan a algo que ya no tiene solución, es como si pretendiéramos que con nuestra presencia, mágicamente, la relación retomara la vitalidad del pasado. Aunque también nos acabamos quedando por la nostalgia de lo que algún día fue y en agradecimiento a todo lo bello que se compartió en ese pasado común. Creo que está bien ser leales cierto tiempo, pero no quedarse para siempre.

            En momentos trascendentales de la vida, uno debe tornarse egoísta, y reconocer que ya no se puede ver por aquella situación, lugar o persona que en un momento compartimos tanto. A quien dejemos atrás debe estar satisfecho con nuestro crecimiento, ya que fue participe en nuestra transformación, y aceptar nuestra partida como muestra de amor.

            De nadie es la culpa que avancemos, es como el maestro que le enseña a su discípulo, si es un buen guía, el pupilo va a crecer, y va a llegar al punto en que también quiera seguir su propio camino. Si el alumno sigue siéndolo el resto de su vida habla muy mal de ambos. Lo mismo pasa con padres que tienen a un hijo dependiente en todos los aspectos de vida a una edad adulta. Obviamente siempre habrá gente dependiente, pero no es lo deseable. Cuando hay una relación sana, uno desea que los que vienen atrás crezcan y nos superen, claro que esto lo quieren las personas productivas, porque las almas mezquinas siempre querrán un subordinado que los valide en el poder. Por todo esto, las despedidas no son fáciles, pero son necesarias.

            Es inmaduro e irresponsable asegurar que vamos a mantener una idea, un sentimiento o una postura para un futuro que, tal vez, no llegue. Lo más honesto es comprometerse con todo en plazos humanamente reales, sobretodo porque no sabemos cómo viene el mañana. Desconocemos cómo nos va a cambiar la vida, nuestras circunstancias, intereses y prioridades, así que acabamos viendo la existencia de manera distinta.

            Es estúpido aplicarle sueros, inyecciones, electrochoques y demás recursos a un cadáver, igualmente estúpido es dedicarle, tiempo, dinero y esfuerzo a algo que ya no tiene remedio. Muchos en su necedad y anhelo no parten ni dejan partir, con lo que nadie sigue adelante y, ambas partes, se van pudriendo lentamente.

            Voy a seguir con la Salsa hasta que se pueda, hasta que surja algo más importante que me obligue a dejarla. Sé que esto tiene una fecha de caducidad, pero no sé cuándo va a llegar, por lo mientras seguiré bailando.

Finalmente, algo de lo que puedo estar orgulloso es que cuando encuentro algo, o alguien, que me guste, me entrego en todo lo que puedo, porque quiero aprovechar al máximo el gozo que obtengo en esos momentos. Hay que disfrutar las cosas, situaciones, épocas o personas lo mayor posible porque, inevitablemente, van a terminar sin avisarnos y, peor aún, de manera lenta y ante nuestros ojos.

            Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

RAM dijo...

Hola Hebert. Me parece que reflexionas sobre algo llamado Evolución. No es exclusiva de las clases de biología. Todo en nuestra vida y existencia va creciendo, mutando, adaptandose. Así, de lo que hablas es de tu propia evolución y de las adaptaciones que vas haciendo en el camino... Para saber si el amor acaba, puedes preguntarle a las personas que han estado casadas durante 20, 30, o 50 años si el amor acaba. Y te irán contando como ha ido cambiando. Puedes preguntarle a un jugador que se volvió entrenador o de plano directivo de algún club. El amor sigue ahí, de otra forma, en otro sentido... Al leer como escribes de tus viejas pasiones, no creo que el amor haya acabado. Se puede notar el gran amor que le tienes a la manga, a los J.O. y a la Salsa. No acaba. Sólo evoluciona y da paso a otra cosa que necesitas en el momento... Una terapeuta dijo una vez: "la vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas en ese momento". Si tu siguieras siendo el joven de hace algunos años, seguirías coleccionando mangas. Pero ya no eres el mismo. Has evolucionado. Y sin embargo, hay una parte esencial de ti, que permanece y que no cambia a través del tiempo, que te define y permite decir "ese es Hebert": hagas lo que hagas, siempre serás un apasionado... Si buscas un poco, encontrarás otras cosas que te definen a través del tiempo y el espacio. Lo que es tu esencia.

Qcho dijo...

Mí estimado Otaku Heberto:
En primera instancia creo que los títulos de estos dos ensayos debieron ser “Cuando la pasión acaba”, no “El amor acaba”… Pues al final de las circunstancias es la pasión la que se va perdiendo con las personas, las actividades u objetos, es la pasión la que se van deteriorando, y que al final nos crea un conflicto de vacío y un perfecto repulsor de lo que creíamos del todo interesante.
Muchas de las palabras de tu texto me dejaron plenamente pensando ¿En quién soy? ¿Qué postura tengo en el amor, en la vida, con las personas? Creo lógico en el hecho de pensar que el amor no es para siempre (ya sea hacia las personas o hacia actividades u objetos), pues en algún momento nos pega la monotonía de las circunstancias, en donde nos vemos preestablecidos a realizar lo que teóricamente nos vuelve feliz.
Esa canción de YO NO SE MAÑANA es cierto que habla de un a costón, aunque no todas las personas lo toman de esa manera, algunas la escuchan como una esperanza de vida, detalle curioso pues en el gran hermano de Argentina la ocupaban como tema de salida de los concursantes precisamente para detallar eso. En mi caso aunque la rola se me hace genial, también la odie pues me la dedicaron y como bien dices, fue por provocar una inseguridad y un malestar, al no pensar que una relación podría durar lo que dura un a costón.
Bien me decían hace varios meses, a lo mejor los románticos están pasados de moda y lo que desean las mujeres de la actualidad es alguien que la pueda dominar.
Entonces, yo creo o considero que no es el amor el muere, si no la pasión o el deseo con el que desarrollamos las cosas, y como bien comentabas perdimos el sentido con el que lo hicimos por primera vez, o en su caso, en donde perdimos a “ESE MOTIVANTE” que nos enfrasco a dichos amores o dichas actividades.
La gente nos podrá decir que no es lo mismo amar o apasionarse a una persona a sentirlo por una actividad u objeto, pero obvio todo radica en la satisfacción que te dejan, por lo regular yo trato de dar lo más que se pueda en mis relaciones o actividades, por lo que no creo en la segundas oportunidades (al menos no en el amor), pues resultan complicadas y destructivas.
“No es lo mismo quererte, que aguantarte”.