miércoles, 24 de octubre de 2012

Hecho en México

            Me gusta leer textos sobre la psicología del mexicano, sus motivaciones, sus miedos, sus traumas, la historia tatuada en el inconsciente, sus programaciones y demás. Ver “Hecho en México” te da una idea bastante completa de estas cuestiones, a través de puntos de vista de gente real, de distintas extracciones y distintos lares de la república. Desde hace un mes estaba esperando que llegara esta película y, felizmente, cumplió y hasta excedió mis expectativas.

            No esperen el clásico documental con una montaña de datos interesantes pero expresados de forma monótona. Nop, esta obra está por encima de eso. Es la delineación de México mediante los ojos de su gente, tanto famosa como callejera, de personajes conocidos como los de nivel de piso, el mismo que viaja en el Metro del DF o el que se encuentra en la frontera de Tijuana. Se maneja mucha profundidad pero expuesta de manera atractiva para el espectador, llevada magistralmente con canciones y diversas opiniones que, sin importar el emisor, dan como resultado un panorama muy real de lo que vivimos en este lugar tan sui géneris. El filme es muy artístico, cultural, comercial, dinámico y, si cabe, hasta folklórico.
 
            A excepción de unos detallitos en la edición, la estructura resulta notable, y es que vas fluyendo de tema en tema, de opinión en opinión, de canción a canción. Cada tópico tratado parece muy simple, pero trae todo un soporte de cómo los percibe el mexicano; temas como el alma, quién lleva los pantalones, la resistencia, la identidad, inmigración, los chicanos, clases sociales, los vicios, la muerte y demás. Una obra virtuosa, con ritmo impresionante y sustancia bastante profunda e interesante.

            Las primeras lágrimas que derrame fueron con el Son jarocho, al escuchar su letra y el sentimiento con el cual fue interpretado, al sentir las palabras mientras los tacones mantenían el ritmo. En ese momento supe que me siento más jarocho que mexicano, lo cual resulta ridículo si consideramos que nunca he vivido en mi natal Veracruz, pero es una lealtad que no puedo (ni quiero) extirpar de mi ser. Ese momento tan “jarocho” me conmovió profundamente.

            Odio los musicales, tanto en teatro como en películas, si quiero escuchar música voy a un concierto; por otro lado, conozco algo de música mexicana, pero sin ser un fan acérrimo de la misma. “Hecho en México” está llena de música con distintos matices de la identidad mexicana, misma que está excelsamente mezclada, la producción es notable. En las interpretaciones interactúan artistas diversos, tanto famosos como callejeros, tanto comerciales como alternativos, tanto reconocidos como clandestinos. Melodías que eran insertadas en los momentos exactos, expresando a la perfección lo que se vive con cada tema analizado El Soundtrack de esta obra es algo que debo comprar a como dé lugar, porque es una muestra muy rica y esplendorosa de las expresiones artísticas nacionales, sin tener que ser exclusivamente populares o autóctonas.
 
            Creo que los momentos en que me conmovía era porque mi mexicanidad o, mejor dicho, mi humanidad era potenciada. Cuando Natalia Lafourcade canta a dúo con otro sujeto una letra de amor, de perdón, de redención, de miedo, de incertidumbre y demás, era imposible no sentir la sangre circulando en mis venas. Antes de esa escena tratan el concepto del perdón, lo que representa, lo que sana y libera. Tras esa idea, viene la canción mencionada, que maneja honestidad, limpieza, humildad pero, a la vez, un mensaje muy potente, que contrasta con la serenidad e intimidad de la interpretación.

            No creo que sea una película tan tendenciosa, y es que no existe una que no lo sea, porque siempre hay un sesgo hacia algo. Sin importar los intereses que respaldaran esta obra, me parece que captó nuestra identidad de manera fiel y brutal honestidad. Analiza nuestra cultura de manera auténtica, profunda, amena, divertida, conmovedora, cruda y demás. No es propiamente propaganda, no se trata de promover al país ni descalificarlo. De alguna manera refleja todo lo que somos, lo cual es un gran mérito del creador inglés, ya que plasmó tan claramente las ideas, que pareciera que aquí nació.

            “Uno no es del nido en el cual nació, sino del cielo en el cual vuela”

            La interpretación de Molotov con el vocalista de Calle 13 es imperdible, con una fuerza inaudita, una fiereza que viene de los instintos más básicos; al escucharla sentí que me ardían las venas, mis instintos pedían ser liberados en contra de las injusticias, se desataba el lado animal que todos tenemos en nuestro ser.

            Toda la obra está plagada de frases geniales, sabias, profundas, ocurrentes, honestas y demás. Por ejemplo, no tenía el gusto de haber escuchado a Amandititita, pero sus intervenciones son un dechado de honestidad, es descaradamente auténtica, una bocanada de aire fresco en un mundo de poses. Un acierto total el incluirla en el filme.

            Me sorprendió el nivel de espiritualidad (favor de no confundir con religión) que se maneja, sin tener un argumento denso; se nos adentra en la riqueza esencial que aún conservamos, la sabiduría que heredamos como raza, ésa que se va perdiendo con tanta distracción del mundo consumista en el que, gustosamente, nos hemos enajenado.

            Durante el filme, uno pierde la consciencia de su duración, misma que no importaba, porque (por lo menos yo) estás anonadado de esta radiografía cultural que se hace de nuestro país, que en ningún momento resulta pesada o insoportable.

            Una de mis partes favoritas fue el tema del machismo y los mandilones, en primer lugar porque fue planteado de manera muy interesante pero, lo mejor de esta sección, fue la música, sobretodo las intervenciones de Gloria Trevi. A muchos no les gustará pero ciertamente habitamos en un país de mandilones y lo que dice la Trevi es muy cierto. Mención aparte merecen sus diálogos con otra fémina que no logré identificar, casi tan geniales como los albures entre Brozo y Ponchito.

            Cuando se toca brevemente el tema del dolor y sufrimiento, se inserta la Lucha Libre, y me fascino que para ello eligieran a Blue Demon Jr. en lugar de que lo hicieran con El Hijo del Santo. El Demonio Azul original siempre fue mi luchador favorito, aún por encima del Enmascarado de plata pero, éste último es el que más reflectores recibe debido a su popularidad y lo lógico hubiese sido que el vástago plateado fuera el elegido pero, felizmente, no fue así.

            “El Ego prefiere tener razón a ser feliz”

            Cuando se trataba la parte de la identidad, al preguntarle a distintas personas quienes son, viene la chica de Papantla y dice “¡Yo soy voladora!” ¡Pum! No sé cómo explicarlo, pero activo algo intenso en mi pecho, un calor que subió hasta mis ojos, un orgullo olvidado por todos, una dignidad que pareciera que se nos ha prohibido, pero que es nuestro derecho. Una gallardía que exige salir y que la ejerzamos, el auténtico orgullo mexicano, y no los patrioterismos esos de ir a festejar al Ángel de la Independencia o gritar “¡Viva México!” sin acciones que los sustenten.

La obra es muy rica, por lo cual me extraña que Televisa esté involucrada en su realización y distribución. En parte del argumento, se evidencia la manipulación de la cual somos objeto, no sólo por la Televisora, sino por todos los círculos del poder que manejan a este país. Tal vez Telerisa está tan convencida de lo arraigada que está su dogmatización,  que se dan el lujo de apoyar esta filmación porque saben que nada va a mermar su poder sobre las psiques mexicanas.

            Otra parte que me conmovió hasta las lágrimas fue la canción de viejecillo taraumara mientras se observa el vuelo del águila, en la sección dedicada a la virgen de Guadalupe. El anhelo, profundidad, amor, ternura o cariño con el cual el señor interpretaba me caló profundo en el corazón, a pesar de que no entendía ni pío de lo que decía. Bien dicen que la música es un lenguaje universal ya que, sin entender la letra, pude captar la intensidad del mensaje.

            No soy creyente ni admirador de la Virgen de Guadalupe, pero debo reconocer que su análisis resultó muy interesante, las canciones fueron de primerísimo nivel (como en toda la obra) y evidencian la eterna influencia que dicha imagen tiene en esta tierra.

            Después de ver el pasaje dedicado a la devoción endémica que el mexicano expresa por su Patrona, una idea que tenía muy clara desde hace tiempo se reforzó: podré destrozar a la religión, podré escribir sobre Dios, podré criticar a los Sacerdotes pero no podré tratar el concepto de la Virgen de Guadalupe por mucho tiempo, a menos que me cambie de país para no ser linchado. Por al motivo tendré que guardarme mi opinión al respecto por un rato aunque, personalmente, me parece que la imagen de Tonantzin es más auténtica y adecuada para estas tierras.

            Las intervenciones de Chavela Vargas son un dechado de sabiduría, una auténtica delicia. A pesar de todo, la intervención  que más me enterneció (hasta el tuétano), fue cuando ella hablaba de la muerte, pasan una escena en donde Chavela expresa mucho cariño al saludar a su perrito, fue algo que toco lo profundo de mi corazón, y es que no debe de haber muestra de amor más auténtica y fiel que la que tiene un dueño con su perro, y ese amor traspasó la pantalla y se filtró en mi pecho y, como ya era costumbre en el filme, mis lagrimales trabajaron horas extra.

            Hace poco, platicando con una amiga alemana, me decía que el pueblo mexicano tiene todo para descollar en el mundo en todos los aspectos, sólo nos falta una cosa: Valores. Y sé precisamente a lo que se refiere, porque debemos aprender a respetar, a ser consistentes, disciplinados, serenos y demás falencias de nuestra cultura, mismas características que hacen de nosotros nuestros peores enemigos.

            Las canciones de los créditos también me hicieron llorar. La primera parte por “¿A qué le tiras mexicano?” melodía que sabía de su existencia pero nunca le había puesto atención, y es que desnuda cruda y desenfadadamente la realidad que acarrea la mayoría de los mexicanos en el inconsciente. La última parte es una canción típica, y lo sé porque la tengo grabada en la memoria, pero no recuerdo exactamente su nombre, pero el tono con el cual es interpretada se acabó por colar en mi esencia y transmitir ese mensaje que espero que todo el pueblo mexicano reciba.

            En mi opinión, esta obra muestra nuestra cultura de manera digna, sin tener que maquillar los problemas o plantear situaciones irreales. No se vale de mentiras ni omisiones, simplemente con la verdad se puede decir mucho de nosotros. Para mí la valía de esta filmación está en la forma en que es presentada, la cual resulta muy convincente. Me gusta mucho el enfoque que le da el creador inglés, sin tener que caer en mañas hollywoodenses, le da un estilo único de presentar los hechos, que no es propiamente mexicano, pero que sigue siendo México.

            Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
Además de muy buen escritor eres muy asertivo y detallista como crítico de cine, y el hecho de que derrames lágrimas cuando veas las películas, habla de tu gran sensibilidad humana y capacidad de admiración.
Me gusta mucho leerte cuando desbordas emoción y orgullo por algo que te llegó al fondo de tu ser. Gracias por compartirlo en tu blog.
Otra más a mi cuenta de películas pendientes por ver...
Un abrazo,
Daniel

Qcho dijo...

Mí estimado Heberto:
Francamente no puedo decirte algo objetivo referente a la película pues su estancia en cartelera fue efímera, varios de mis amigos, así como yo la esperábamos, pero con el paso de los días jamás pudimos captar en qué momento entre a las salas y en qué momento salió, aun hasta ahora se me ha pasado buscarla, pero, sobre los temas que en tu ensayo comentas, hay mucho de donde cortar.
En el que me enfocare al ser el más cercano es al de la Virgen de Guadalupe, el pasado fin de semana al que te escribo estas líneas, visite dicho santuario al acompañar a mis papas, sobre todo a mi papá a casi un año posterior a su accidente, al igual que tú hay muchas cosas de la religión que no me agradan, me ha tocado oír a sacerdotes pidiendo sacrificios y a otros tantos diciendo que no son necesarios, como por ejemplo esos de entrar de rodillas o las peregrinaciones, pero que al final resultan parte del folklor. Por una parte me sentí aliviado que mi papá llegara por su propio pie y devoción a ese lugar, a ese recinto tan marcado, donde la espiritualidad habita, por otro lado me sentí en un concepto encontrado de lo que esta devoción puede lograr, por un lado lo ya comentado me toco ver a una de las tantas personas que llegan arrodilladas hasta el altar de la virgen y este perfecto golpe de sacrificio, y luego pues no sé si suerte, pero me toco ver una misa diferente, muy pagana hasta diría yo, una peregrinación llegada de Oaxaca ofreció esta misa en el recinto, fue extraña, creativa y hasta mística, como se conjuga la religión con esas tradiciones tan pintorescas que tenemos.