viernes, 19 de octubre de 2012

La Madrugada


            Desde muy pequeño se me educó para ser puntual y es que, exceptuando la Maestría, siempre viví bastante lejos de mis escuelas. Mi relación con la madrugada empezó desde pequeño, ya que me tenía que levantar mucho más temprano que los demás niños que conocía, hecho que entonces encontraba injusto pero, con el pasar de los años, fui adoptando como parte de mi rutina.

            Mi hora estándar para levantarme siempre han sido las 6AM, a veces era más temprano debido a los horarios de clase. Es muy raro que, inclusive los fines de semana, me levante más allá de las 8AM y me gusta empezar tan temprano y lleno de energía. No suelo desvelarme, porque me pone de malas estar despierto a horas que debería estar soñando, además de que me siento incómodo y raro, por estos horarios que no se hicieron para mí. Terminar mi día con la madrugada es una especie de aberración.

            Recuerdo mi camino a la Secundaria o a la Universidad, en donde tenía clase desde la siete de la mañana. Los camiones siempre iban en silencio, con gente dormida en búsqueda de recuperar algo de ese sueño sacrificado para llegar a tiempo a su destino. Por cuestiones logísticas, al depender de más de un trasporte, siempre llegaba antes de que abrieran la escuela porque, de haber tomado un camión después, invariablemente hubiera llegado tarde a clase.

            Así que ahí estaba, sentado a las puertas de la entrada, escuchando y viendo cómo despertaba el mundo a mi alrededor, como la ciudad iba tomando movimiento, los rayos del sol que se asomaban tímidamente, cada vez más carros y gente empezaban a pasar, los primeros (los puntuales) pasan calmadamente, después los que van a tiempo con paso decidido y, finalmente, a los que se les hizo tarde, hecho evidenciado por la velocidad marcada que llevan.

            Mi fisiología es la de alguien diurno, por eso me encanta vivir la madrugada como el inicio del día, no como el final. Es el momento que está lleno de esperanzas, el proyecto de una gran jornada que puede venir, con todo lo que nos depara y lo que vamos a aprender. Levantarme temprano, sobre todo a correr, me indica que va a ser un gran día, muy productivo, ya que estoy cumpliendo con mi cuerpo desde temprano y tengo el resto del día para administrarlo como se me pegue la gana.

            Por ejemplo, al salir de viaje, la mejor hora para salir es cuando esta oscuro, así se evita el tráfico y se llega a buena hora al destino, para aprovechar más el tiempo. Por lo mismo, cuando era pequeño, siempre iniciábamos nuestras vacaciones a Veracruz desde muy temprano.

            Desde entonces relacione la madrugada con anhelos y esperanzas, porque íbamos en el coche, circulando por una Ciudad de México estática y callada, con el (casi) pecaminoso sentimiento de avanzar de manera clandestina por una urbe dormida, es como si escapáramos en sus narices de todo su caos, por eso era lógico que fuera a esa hora, para iniciar perfectamente un viaje que nos llevaba a un destino grandioso.

            Un placer de esta hora es recorrer las calles silenciosas, pero sin tener miedo como si fuera medianoche, porque sabes que en breve empezará a amanecer. Hay una intimidad muy profunda en la madrugada, ya que hay pocos seres deambulando en las aceras: algunos regresando a casa, otros tienen un destino muy lejano y tienen que salir muy temprano, así como en mis años de escuela.

            Es el momento en que tengo la callada oportunidad de disfrutar de un mundo prácticamente deshabitado, un lugar sereno que contrasta fuertemente con el bullicio del medio día. Es cuando uno se llena de una paz auténtica, misma que hará falta para afrontar algunos momentos del día que inicia.

            Una ventaja que tuvo el cambiarme de área es que tengo un par de días que puedo entrar a las 9AM, lo cual aprovecho para correr antes de que salga el sol; y me encanta hacerlo, porque me recuerda muchas vivencias.

No ha de haber otra hora mejor para correr y soy feliz de hacerlo. Subo la Pirámide de Cholula a oscuras, de misma formo recorro sus calles, de vez en cuando me encuentro con cómplices que disfrutan de la oscuridad matutina: otros corredores, ciclistas, gente que sale a caminar y/o a pasear a sus perros. Me alegra que seamos pocos los que disfrutamos la ciudad a esa hora y, al parecer, no soy el único con el mismo sentimiento: es común que unos a otros nos deseemos mutuamente un buen día, esto hecho con mucha energía, inspirados por lo positivo de estar aprovechando la jornada desde temprano.

            Existimos personas diurnas y nocturnas, estas últimas encuentran la madrugada como el mejor momento para llegar a casa. Desde que corro tan temprano, paso por un par de “Afters”, en los que se escucha música estridente y se ven bastantes autos estacionados. Los que están ahí dentro, para mí, son como de otro planeta. Es verdad que en ese momento, tanto ellos como yo, estamos llenos de energía, pero la mía no necesita de música o luces para nutrirse: viene de la oscuridad y el silencio en sí. Por nada del mundo me cambiaría por ellos, siempre preferiré correr a solas muy temprano que estar rodeado de tanta gente, ruido, humo, gritos, alcohol, luces y demás. Ellos me calificarán de loco desadaptado, además de que tienen la “ventaja” de que pueden dormir hasta tarde, algo de lo cual no soy capaz.

Hace unos años, cuando era un trabajopata y la neurosis estaba a todo lo que daba, solían darme ataques de insomnio entre tres y cuatro AM así que, al no conciliar el sueño, optaba por salir con mis perras, mismas que seguramente me mentaban la madre, porque veía en su cara una expresión tipo: “¡No chingues cabrón! ¡Son las cuatro de la madrugada! ¿Vamos a salir a esta hora? ¡Ahora entendemos por qué no tienes novia!”. Como no les quedaba de otra, ellas lo tomaban positivamente y (me parece) compartían ese gusto misántropo de disfrutar de la ciudad sin gente ni autos.

Considerando el país en que vivimos, muchos podrían considerar que lo que hago es peligroso, y tal vez tengan razón, pero no me pongo a pensar en ello y me enfoco en mi camino. Obviamente no soy tan irresponsable, porque me fijo por dónde paso y lo que hay alrededor. Con mis Bitches era distinto, porque me sabía protegido por dos masas superiores a los 40 kgs, así que no había algún loco que se nos acercara.

Al ir por el área de Cholula, aún me toca ver gente que entrega la leche, los que van en bicicleta a su destino, los que entregan periódicos a domicilio, los camiones de gas con sus canciones tan pintorescas, algunos negocios que empiezan a abrir (tiendas, juguerías, papelerías, tamalerías y panaderías), así como taquerías que van cerrando o taxistas que están cómodamente durmiendo en su unidad o regresando a casa tras una noche ajetreada.

Es un lujo pasar tranquilamente por vialidades que, un par de horas después, van a ser intransitables por todas las mamás neuróticas que van a dejar a sus engendros. Esa tranquilidad es una gran prestación de recorrer el mundo tan temprano.

Recibir el amanecer corriendo es padrísimo, ver cómo sale el sol haciendo algo que te gusta profundiza la experiencia, al grado que incrementa la sensación de estar vivo, al recibir un regalo de la naturaleza. O, aunque no amanezca, recibir un amanecer nublado de igual forma es muy bello, me encantan los días nublados, en especial sus amaneceres, me provocan una sensación mixta de esperanza y melancolía.

Las mañanas frescas, esas que me despeinan con su viento, me sacan una sonrisa, por lo rico que está el día: me doy cuenta que, aunque nací en clima cálido, me gusta más el frío. Mientras corro veo todos esos detalles que, al manejar, pasan de largo, el silencio te ayuda a estar muy vigilante, ya que los ruidos cotidianos distraen mucho. Sin ruido captas mejor los detalles, disfrutas más el momento. Hacemos tanto escándalo como humanidad que nos perdemos muchos detalles de este grandioso planeta.

En un mundo sobrepoblado, con tanta gente por cualquier lado, correr sin cruzarte con otro homínido por largos tramos, es un lujo invaluable. Es una posibilidad de estar a solas con tus pensamientos y contemplar el panorama de forma tranquila.

Otra motivación que tengo de correr a esta hora, con el alumbrado público, las calles solas y subiendo las escaleras de la pirámide, es que emulo a uno de mis grandes héroes cinematográficos, como lo es Rocky Balboa. Desde la primera vez que vi esas épicas escenas en Rocky, me dije a mi mismo: “Algún día voy a salir a correr en la madrugada y voy a subir muchos escalones para sentirme maravilloso como Rocky” y ¿saben qué? En verdad funciona.

Cada madrugada está llena de promesas y posibilidades a canjear durante el día. Por lo mismo sabes que el día está lleno de bondades ocultas, sólo es cuestión de encontrarlas. Casi nunca me levanto tarde, alguna vez me levante a las 9AM y lo hubiera escrito en mi diario por lo extraño de dicho suceso (lo malo es que no llevaba ningún diario).

Sé que muchos me tacharán de loco (ya estoy acostumbrado) al decir que soy más feliz levantándome temprano, porque siento que aprovecho más el tiempo, obviamente mi jornada también acaba más temprano (10pm) a comparación del resto de la sociedad actual. No sé por qué los seres diurnos somos tan pocos y los nocturnos empiezan a proliferar, para mí la noche se hizo para dormir y el día para vivir; el moverse de noche y pernoctar de día me parece una aberración pervertida e inmoral.

            El único momento “de noche” que tengo para vivir a plenitud es la madrugada, y me está permitido porque le estoy ganando terreno al día. Por lo mismo tengo un tonto prejuicio (aunque no los hay de otro tipo): de no ser por paternidad, una emergencia o cuestiones laborales, siento que los que iniciamos el día con la madrugada, tendemos a ser más responsables que las que lo terminan con ella. Mi prejuicio hace que no entienda a los que se quejan por levantarse temprano, porque para mí resulta muy natural y, tal vez, para ellos sea algo que no está en su ser.

            Otra de las innumerables ventajas de correr tan temprano es que, al inicio del camino ves hacia el cielo y puedes contemplar la luna y las estrellas de manera clara y relajada. Es muy padre correr pequeños tramos viendo hacia arriba, una visión que te llena el pecho de algo cálido y profundo, que contribuye a tu espiritualidad. Contemplar la luna llena con un cielo limpio, o las nubes que reflejan su luz, son regalos de la naturaleza por los que agradeces la vida, por disfrutar las bellezas que este mundo ofrece. Tendemos a olvidarlo, por toda las luces artificiales que iluminan nuestras noches pero, ninguna luz de creación humana se va a comparar a un cielo estrellado.

«Teníamos el cielo allá arriba, todo tachonado de estrellas, y solíamos tumbarnos en el suelo y mirar hacia arriba, y discutir si las hicieron o si acontecieron sin más». Huckleberry Finn (1884) Mark Twain

Odio las Iglesias, por todo lo que representan pero, al ir subiendo la Pirámide de Cholula, veo la silueta del templo enmarcada con un cielo estrellado de fondo, por alguna razón ese día  no prendieron las lámparas que normalmente la iluminan, y lo agradezco porque me regala una postal mental muy bella.

Desde que me cambie de oficina ya sólo corro por las mañanas pero, debido a una situación fortuita, hace un par de semanas corrí un Lunes por la tarde, lo cual resultó nostálgicamente reconfortante. Recordé cuando salía a caminar con mis perras y, con el tiempo, empezamos a correr juntos. Y vinieron otros recuerdos de esa época como mi primera casa de adulto, cómo era mi vida hace unos años, o cuando entregue a mis amores peludos y demás cosas relacionadas con las corridas vespertinas, lo cual hice durante algunos años.

            No niego que me sentí muy bien de haberlo hecho después de algunos meses, pero no cambio mis salidas de madrugada por los trayectos vespertinos, a pesar de que los recorrí por muchos años. Sin duda alguna la madrugada es la mejor hora del día y me siento feliz de palparla tan seguido.

            Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
Con este ensayo me provocaste mucha alegría al hacerme recordar cuando tenía de 11 a 15 años. En aquella época disfrutaba muchísimo salirme a caminar en la madrugada con mi primo Angel Héctor. Nos levantábamos a las 05:00 am los fines de semana y las vacaciones y nos íbamos a caminar por la ciudad; desde Av. Circunvalación en San Manuel hasta el parque Juárez frente a Plaza Dorada y de regreso. Disfrutábamos mucho el frío, la oscuridad, el silencio, y los ruidos en ese silencio, ver cómo comenzaba a amanecer, ver a la gente iniciar su día y después nos fascinaba disfrutar un buen (aunque no muy nutritivo) desayuno de memelitas miniatura en Av. Circunvalación y Río Balsas. También me gustaba mucho levantarme temprano cuando salíamos de viaje, y ésto fue herencia de mi Mami (qepd).
Sin embargo, con el paso de los años he cambiado en este aspecto, tal vez porque a mi esposa, por el contrario, le disgusta levantarse temprano. Así que ya son contadas las ocasiones en que me despierto de madrugada.
Uno de los sueños que tengo y quiero cumplir, es levantarme un día muy temprano, despertar a mi hija, subirnos al coche e irnos a mi tierra natal Orizaba para llegar a desayunar al parque López unas pequeñitas memelitas que son famosísimas y deliciosas desde hace más de 40 años. Después quiero que recorramos la ciudad, llevarla a donde era la casa de sus bisabuelos, llevarla a los parques donde solía patinar y jugar con mis primos, subir el cerro del borrego, tomarnos un Jarochito en una tienda y regresar a Puebla.
El día que lo haga, cuando mi hija sea un poco más grande, sé que lo voy a disfrutar muchísimo y estoy seguro de que ella también.
Un abrazo.

Qcho dijo...

Mí estimado Heberto:
Plenamente no se en donde me encuentro, si soy diurno o nocturno, la verdad despertarme temprano me cuesta mucho, pero en realidad desvelarme ya no es mucho de mi agrado, al no ser que me vea bien acompañado en ambos casos es como lo hago.
En el sentido laboral me ha tocado cubrir ambos horarios de entrar a trabajar a las 6 de la mañana y salir por la tarde, horario que me dio tiempo para realizar una actividad como la salsa y bueno, el nocturno que era de entrar a las 10 de la noche y dormirme hasta pasada las 9 de la mañana.
Me acostumbre mucho a no dormir por las noches, pero lo cual me provoco muchos problemas de sueño, lo que en mi no es recomendable, desde que tengo memoria mi médico siempre me recomendó dormir más de 8 horas al día, cosa que en pocas ocasiones logro.
Claro que en este ensayo hablamos de la felicidad que en ti habita al encontrar un lapsus o un momento de soledad en este mundo lleno de seres complejos, obviamente son esos beneficios personales los que te generan gran satisfacción y aunque hay buenos recuerdos, son esas motivaciones las que te dicen que no hay mejor detalle que salir por las mañanas, supongo mermado por lo del escrito anterior.