domingo, 23 de diciembre de 2012

Los Gabachos

Aunque ya había tenido mi primer contacto con Estados Unidos el año pasado, en un breve viaje de tres días, en esta ocasión tuve la posibilidad de captar más cosas que no percibí la vez pasada, además de que ahora fui solo y el tiempo fue mayor (una semana), así que espero dar una visión más completa que el escrito anterior. Voy a seccionar este ensayo en los tópicos más relevantes que experimente.

Introducción

Este texto no va a cambiar de ninguna manera la situación de los Gringos, ni la opresión que realizan al resto del mundo. A ellos tampoco les importa si los visito o lo dejo de hacer. ¿Por qué hago este análisis? Porque se inmiscuyen en los asuntos de todos los demás, ya que debemos ajustarnos a los estándares que nos dictan así que, por lo menos, tenemos el derecho de analizar su comportamiento.

Por otro lado, aunque me duela admitirlo, son el país más poderoso del planeta y, por ende, el más importante (nos guste o no, recalco), aunque eso no quiere decir que sea el mejor. Ellos se nos han impuesto como modelo a seguir, así que me parece coherente que les dedique este texto y los anteriores.

Es innegable que los muy malditos nos han empujado su “cultura” por todos lados, así que parte de nuestras programaciones giran en torno a lo que ellos hagan o dejen de hacer, ésa es la forma en que nos enajenan con sus productos, programas, música, películas y demás.

Todo esto genera una abierta animadversión hacia la nación Yankee, la cual es alimentada por ese amor vedado que, simultáneamente, les profesamos pero que no muchos se animan a admitir abiertamente.

Desarrollo

            Es una sensación distinta ver Estados Unidos desde el cielo a diferencia de México. Uno ve el paisaje urbano mexicano y de inmediato nota la asimetría, la falta de cuidado, la suciedad, el exceso de gris y el verde faltante, además de la contaminación omnipresente. Cuando uno sobrevuela Florida, se nota de inmediato la simetría, la limpieza, el verde y, en general, el cuidado que le ponen a sus hábitats los gabachos.

Esa impresión continuo al transitar por sus calles: todo limpio, todo pintado, todo ordenado, tal vez no el nivel de pulcritud y orden de Alemania, pero sí algo superior a lo que se ve en México. Ciertamente Stallone ha hecho mejores películas pero, al estar en Florida, me vino a la mente la película de “El Demoledor” (Demolition Man), en donde hay una sociedad exageradamente pulcra, pero de manera forzada y un mundo subterráneo en donde hay mayor libertad pero no tanta limpieza, esto comparando Estados Unidos con México.

Los Yankees respetan más las leyes (hablando domésticamente, algo que no pasa en su política internacional). Podrá ser por culpa, por paranoia o por pose, pero ese respeto que expresan al prójimo, a la naturaleza y a las leyes, se refleja en la calidad de vida que pueden alcanzar. Debo admitir que es un mejor lugar para vivir que mi propio país, aunque no creo que sea EL mejor lugar para vivir porque, por lo menos, hay una decena de países que tendrían prioridad antes que Gabacholandia, entre ellos Japón, Alemania, Finlandia, Australia, Canadá, Malasia, Nueva Zelanda y demás.

Debo reconocer que los estadounidenses son lo máximo al momento de montar un espectáculo. Me sorprende la logística tan cuidada y perfecta que tienen en los eventos masivos, como el partido entre los Miami Dolphins y los Seattle Seahawks. La afición de los Dolphins no es la más numerosa ni la más fiel, por lo cual no se llena el estadio, pero sí fueron bastantes personas con autos al partido. En el DF, con una cantidad de autos similar, me hubiera esperado una hora antes de subirme al coche y avanzar a vuelta de rueda, en Miami no: en menos de 20 minutos ya estaba en la pista de regreso a Orlando, ¡eso sí que es eficiencia!

A pesar de que manejan mejor que acá, algo que no resulta muy difícil de lograr, también presencie muestras de naquez en nuestros vecinos del norte, como personas que manejaban estúpidamente, vi a marranos que tiraban basura en vía pública. También ví mucha gente corriente y, al mismo tiempo, me doy cuenta que me estoy volviendo fresa: Entre a una tienda donde decía “Artículos baratos Disney”, y pensé “¡Perfecto! ¡Aquí voy a ahorrar en recuerditos!” pero, al entrar al lugar, note lo corrientes que estaban, así que me reproche a mí mismo “¡No! ¡Ni madres! ¡No puedo comprar estas porquerías!” No importaba que no fueran para mí, no podía comprar algo tan ordinario.

Civilidad

Me parece que mucha de la civilidad estadounidense está basada en el miedo de ser demandados, de ofender a alguien y que tome represalias legales en su contra. No siento que su comportamiento sea muy auténtico pero, por precaución, han aprendido a vivir en armonía, misma que es distinta a la que tienen en Alemania o en Japón, lugares en dónde la civilidad es más honesta. Tal vez los gringos han llevado la pose de civilidad durante tanto tiempo que acabó permeando en las generaciones actuales y, en verdad, ya se están volviendo civilizados.

            Artificial o no, ciertamente la civilidad gabacha es algo que me llamaba poderosamente la atención: en lugares públicos, si se levantaban por cualquier motivo, podían dejar sus pertenencias tranquilamente, esto porque hay un ambiente de seguridad muy palpable, por lo menos en los lugares por dónde andaba. Se podrá argumentar que en lugares “bien” aquí en México también se está seguro pero, personalmente, no me animaría a dejar mis pertenencias sin vigilancia tan tranquilamente, sin importar en qué lugar de México me encuentre y admito que tampoco lo hice en Estados Unidos (por mi paradigma mexicano).

            Otro aspecto que me llamó la atención es que uno pasa voluntariamente a las casetas de peaje, ya que muchos tienen el servicio prepagado. Obviamente detrás de ese comportamiento hay un miedo a recibir una multa mayor pero, a pesar de ese riesgo, en México muchos violarían la ley hasta el día que fueran descubiertos.

Resalta el trauma gringo con las demandas (tanto hacerlas como recibirlas), esto se nota en la sección amarilla: creo que no hay parte más extensa que la de los abogados, con una cantidad de anuncios y promociones impresionantes para demandar o defenderse, y sólo estoy hablando del directorio de Orlando, no me quiero imaginar lo que ha de ser en las grandes urbes. Esto también se hizo notorio al momento de conducir ya que, después de los de comida, los espectaculares de los abogados eran los más abundantes.

Hablando de Demandas, la civilidad desaparece cuando les preguntas algo que ignoran, ya que te contestan tajantemente “¡No lo sé!”, y creo que lo hacen para que, posteriormente, no los vayas a demandar por haberte dado información incorrecta. Claro que es mejor decir que uno desconoce algo a dar falsas indicaciones, pero creo que también hay formas más amigables de decir las cosas.

Viendo el comportamiento gabacho, no alcanzo a diferenciar si ellos son unos neuróticos exagerados con su supuesta civilidad, o los latinos somos unos cínicos desvergonzados, todo justificado en nuestra espontaneidad. Recordé a algunos amigos que viven en el extranjero, mismos que me dicen que prefieren vivir en lugares alejados de su tierra por la calidad de vida, la tranquilidad, la seguridad y el entorno en el cual se desenvuelve su familia. Independientemente de la falta de seguridad en los países latinos, mis amigos admiten que extrañan el sabor de nuestra cultura y que no se pueden emular en esos lugares ajenos a nosotros. No se puede tener todo en la vida.

            A pesar de ello, presencie faltas de respeto que pensé que eran exclusivas del tercer mundo, por ejemplo, personas metiéndose en las filas o, cuando nos indicaban que en una atracción no se podía usar el flash, había muchos a los que les valía y lo usaban. Serán el país más poderoso del planeta, pero eso no los exenta que también tienen gente infradesarrollada en su sociedad, aunque en un porcentaje mucho menor de lo que tenemos por acá, que es la mayoría, por cierto.

            Para acabar este apartado, nunca había visto una tienda de armas, y pase por algunas en mi estancia en Florida. No fue necesario entrar, el simple hecho de ver establecimientos tan grandes que vendieran armas, resultó impactante para alguien que no ha tenido contacto con ninguna real.

Compras

Me sorprende el lugar predominante que el comprar ocupa en sus vidas, aún más importante que el comer. Me decía un amigo, que vivó algunos años en Estados Unidos, que eso del Black Friday te pone en un estado desconocido, de hecho te vuelves un “Gringo honorario” o “Gringo temporal” porque la euforia por adquirir te invade y te pierdes en la masa compradora que ataca las tiendas en esos momentos.

No hay nadie en el mundo que los iguale en su deporte favorito: comprar, y es que parecen posesos, ya que consumen sin cansarse, sin preocuparse de cómo pagar, gastar para ellos están vital casi casi como respirar o comer. Esto lo corrobore en carne propia ya que llegue en el famoso “Viernes Negro” y es impresionante verlos gastar de manera tan obsesiva, casi me sentí mal de haber comprado tan “poco” (aunque para mis parámetros fue mucho).

¡Pinches Gringos! Por más que uno se resiste a comprar, es inevitable caer en las garras del capitalismo extremo en el cual viven. El sistema está basado en el consumo y la gente está programada para comprar, por lo cual resulta imposible no hacerlo. Por más que me contuve, las dos veces que he venido he acabado gastando mucho más de lo que tenía planeado, y es que aquí el comprar se puede ver como un deporte, un derecho, una obligación y, casi casi, una religión. Es una psicosis colectiva en la cual necesitas comprar para vivir y, por eso mismo, no me agradaría vivir allá porque hasta yo, que soy una persona tan austera en mis gustos o necesidades, me vi contagiado de esa euforia y me volví como ellos durante un par de horas.

Una evidencia grande del respeto, artificial o no, que se vive en este país era mi tarjeta de crédito. Cada vez que pagaba con la misma, llegaba una alerta a mi celular, algo que les llamaba la atención a los dependientes, así que les explicaba el mecanismo de protección. Para ellos era algo extraño, ya que no necesitan ningún aviso o autorización para compras grandes, además de que ellos compran bastante; obviamente hay fraudes, pero no a nivel de piso, más bien en altas esferas; y es que el ciudadano común tienen tanto miedo de una demanda, que están adoctrinados a portarse bien, lo cual se les reconoce, aunque sería más deseable que se portaran bien por educación y no por miedo. En México no existe el respeto, ni por educación ni por miedo, así que debemos estar protegidos ante cualquier atisbo de fraude, de ahí mis alertas.

No niego que Gabacholandia es un mejor lugar para vivir que México pero, a pesar de ello, no viviría ahí; de hecho, al tercer día, ya estaba un poco harto de su “cultura” y sus dinámicas sociales, de cuidarme de todo y no ofender a nadie, de pagar impuestos que no te anuncian en el precio original y eso estresaba mi paradigma comercial (y es que en México ya te dan el precio con los impuestos incluidos).

Cultura Artificial

Sé que es un prejuicio mío pero, por alguna razón, no les creo tanta civilidad. Tal vez me equivoque, pero creo que todo esto es una vil pantalla de lo que son en realidad: una cultura artificial que no tiene base que la sustente. Siento que les falta autenticidad, por ejemplo, en mi país nos caracterizamos por las constantes faltas de respeto pero, en las pocas muestras de civilidad que se presentan, sabes que son auténticas, porque experimentas la calidez con la que son dadas.

Una analogía de lo que digo la presencie en el Animal Kingdom de Disney, en donde había reproducciones, de expresiones artísticas asiáticas y africanas, muy parecidas a las originales. Ciertamente todo eso se veía muy bonito, pero no dejaba de lado que eran artificiales, y así es como percibo a la cultura gringa: la apariencia es muy bonita, pero no hay nada detrás de ella.

La cultura gabacha es inexistente o, en el mejor de los casos, artificial o superficial. Es una falacia que se compone de parches de otros lados, es la tierra de los inmigrantes por excelencia; por lo mismo hay una mezcolanza de tradiciones externas que, desde mi punto de vista, no tiene bagaje suficiente que los respalde como una cultura en forma. Por eso mismo defienden fervientemente su “American Dream”, ya que es su única identidad, misma que ha sido forjada a base de madrazos, de ir sometiendo al resto del mundo y, por lo mismo, éste está resentido con los gringos (como en su momento fueron los Romanos, los vikingos, los ingleses y demás).

Algo que experimente mucho fue que la gente veía extrañada mi teléfono de tercer mundo, ese mismo con el cual saque cientos de fotos en mi estancia en Florida, me veían extrañados porque todos llevaban sus Smartphones. Siendo justos, también en México ya empiezo a recibir esas miradas de lástima, porque estoy posponiendo, la mayor cantidad de tiempo posible, caer en las garras de un Smartphone y volverme un Zombie funcional en la sociedad.

Los elegidos de Dios

Su programación de nación libre, y regente del planeta, está muy bien tatuada en el inconsciente colectivo, en verdad se sienten los salvadores del mundo. En el partido de los Dolphins en Miami, vi con sorpresa la reacción del público al aplaudirle apasionadamente a su ejercito, misma pasión que reflejan al cantar su himno nacional.

En Magic Kingdom entré al Show de los presidentes que ha tenido Estados Unidos, lo hice porque tenía la expectativa de que fuera cómico, de haber sabido que era serio, no habría entrado. Sin embargo, al final, agradecí dicha decisión porque me percate, en vivo, que se sienten el pueblo elegido de Dios, algo así como los Judíos y, por lo mismo, ambos pueblos son tan odiados a nivel mundial, (por eso y por la represión que hacen de los más débiles).

En dicha presentación vi que se sienten con el derecho legítimo de gobernar al mundo y formarlo de acuerdo a sus ideales e intereses. Veía que la gente está plenamente adoctrinada, había quien lloraba al ver a sus presidentes y sus “logros” a nivel nacional y mundial. Creo que ahí radica el problema: ellos en realidad se sienten divinos, y el resto del mundo se las compramos, por eso el repudio que se han ganado. Ya tengo listo un ensayo del Neoimperialismo, así que ahí ahondaré más sobre el tema.

No voy a culparlos por sentirse el pueblo elegido del destino porque así ha sido en cada momento de la historia, sin importar que fueran los Romanos, Españoles, Franceses, Ingleses, Alemanes y demás; es algo endémico de la humanidad el hecho de querer dominar al resto. El imperio reinante se ha sentido el elegido celestial, así que no es problema exclusivamente gabacho: en mi propio país hay quien siente que somos el ideal de la humanidad y, si pudieran, seguramente someterían al resto del mundo a sus deseos.

Ese complejo inherente al humano, por el momento, lo expresan los Gringos, en unos 10 ó 20 años podrían ser los Chinos, dentro de unos 50 es factible que sean los Hindúes y en 100 serían los Brasileños. Así que no es que los gabachos sean malos, sólo están desempeñando el papel que les tocó en esta época. El problema es que no sólo sienten estar adelante del resto, también sienten estar “encima” de nosotros, de ahí el complejo de superioridad Yankee.

Manejar y caminar

Hablando del manejo, creo que el sueño de todo conductor en México es hacerlo sin curvas, sin topes, sin baches, sin semáforos y sin ningún inconveniente, todo en línea recta y sin nada que te detenga. En Estados Unidos tuve esa oportunidad y es bastante aburrido. Por lo menos en Alemania uno tiene hermosos paisajes que te llenan la pupila y, en las autopistas, no hay límites de velocidad, así que manejar en caminos teutones es un deleite. En mi trayecto de Orlando a Miami ya había un punto, después de tanto tiempo de manejar en recta, en dónde sólo buscas una canción con la cual engancharte y que te haga el camino menos tedioso.

En ese mismo trayecto me dí cuenta que los gabachos están locos, ya que la única diferencia que encontré entre sus Speedways y sus Highways, es que en una se paga y en la otra no, ambas son a tres carriles y con los mismos límites de velocidad. Entonces ¿para qué demonios pagar cuota? Para mí, la Interestatal 95 me pareció mucho mejor que el Florida Turnpike, el cual es carísimo. Cuando me di cuenta de esto, me cambie de carretera a la brevedad para ya no seguir pagando sus cuotas tan altas.

No sé si sólo sea en Orlando, o sea un reflejo de todo Estados Unidos, pero la infraestructura no es muy amigable con el caminante. En teoría, Disney’s Hollywood Studios sólo me quedaba a cuatro kilómetros del Hotel, así que opte por irme caminando, lo cual los escandalizó en la Recepción. Argumente que mi destino estaba cerca, pero ellos respondieron apasionadamente “¡Pero es que debe ir en auto!”, recordé en qué país paranoico estaba y pregunte “¿Acaso está prohibido ir caminando?” a lo que respondieron negativamente y, con dicha información, dí por terminada la plática y continúe mi camino. Comprobé que el paradigma del personal de mi hotel estaba generalizado, porque no había banqueta alguna en mi trayecto (sólo pasto al lado del camino), porque a nadie le pasa por la cabeza que haya gente que quiera llegar a pie.

Por irme caminando recibí una mirada que nunca pensé recibir en el extranjero, aunque ya estoy acostumbrado en mi país, la de “¿Qué está haciendo ese wey? ¿Acaso está loco?”. No ví ningún camión de transporte público, los únicos eran los Shuttles particulares que iban a cada parque o los transportes escolares.

Un viejito, que se extraño de verme caminando, paró su auto para preguntarme qué demonios estaba haciendo, se lo explique y me empezó a regañar, así que lo tiré a loco y seguí con mi camino. Algo similar pasó con un taxista un par de kilómetros después, que “amablemente” se ofreció a llevarme, el buen samaritano desapareció cuando le mentí al decirle que no llevaba dinero.

Ambas personas me dijeron que me estaba poniendo en riesgo, a pesar de ir unos 10 metros alejado del camino, claro que ellos no tienen que saber que en México soy un corredor callejero, en un país en dónde uno sí se pone en riesgo. Más adelante comprendí el punto de vista de ambos conductores, al ver algo que está fuera de sus paradigmas, aunque no sea ilegal. Supongo que me vieron como un salvaje.
           
En muchas partes de México, cuando alguien muere en un accidente en la carretera, normalmente se pone una ofrenda en el lugar de la muerte. Me extrañó que aquí también hacen lo mismo, pero con una pequeña variante, ya que ponen un mensaje que dice: “Conduzca con cuidado”. Esto me impactó, porque están dejando al muerto atrás (Actitud muy productiva) y se enfocan a los vivos aunque no sean sus familiares, a diferencia de lo que acontece en estos lares.

Aunque al final fueron 10 kms de ida y 10 de regreso los que camine aquel día (sin contar el parque en sí), mi decisión fue la acertada, ya que el Hollywood Studios fue el parque más corto que me eche, por lo que acabe alrededor de las 2pm, y demostré que en Orlando se puede llegar caminando al parque y aún pasársela bien (qué bueno que no lo hice con ninguno de los otros, porque hubiera acabado molido)

Gente

Hablando de mujeres, me doy cuenta que tengo tatuada esa programación que tenemos la mayoría de hombres mexicanos en la cual privilegiamos el gusto por las rubias sobre el resto. Mis ojos estuvieron muy felices de ver güeras por todos lados, la verdad estuve extasiado del festín visual que me lleve. Aunque en realidad eso es muy humano, ya que tendemos a preferir lo que menos hay en nuestros lugares de origen.

A diferencia de lo que pasó el año pasado en Miami, en dónde el 90% del tiempo hable en español, en Orlando sí tuve la oportunidad de practicar un poco más mi inglés, y me dio mucho gusto que me comunique muy bien con casi todo el mundo pero, me encontré con un chofer del hotel al cual no le entendía ni papa, así que me puse a platicar con él y acabe descubriendo que era cubano y me dije “¡Por supuesto! Si apenas entiendo lo que dicen en español, pues es obvio que no les entienda hablando inglés”

            Estados Unidos es el país de los excesos: es donde más gente obesa he visto, con un sobrepeso monstruoso pero, por otro lado, también es donde más mujeres atractivas he admirado. También vi gente excesivamente grande, floja, mamada, grotesca, desagradable, con tatuajes por todos lados ó los senos más grandes, los traseros más pronunciados y la gente más prolija.

            En general, siento que las personalidades de nuestros vecinos del norte tienden a ser muy artificiales. Por ejemplo, independientemente de que me guste o no, tanto en Cuba como en Alemania, la gente muestra una manera de vivir muy ad hoc a su cultura, es raro que algo salga de lugar, pero en Estados Unidos hay un revoltijo cultural de todos lados.

Es como en los Parques de Disney, en donde hacen reproducciones distintivas de varios lugares, los cuales se ven muy bien, pero no dejan de ser viles copias y, por lo tanto, nunca serán tan buenos como los originales. Ejemplo claro: Taco Bell, ellos creen que eso es comida mexicana, lo cual es una auténtica aberración porque lo que sirven ahí es incomible, por lo menos para mí.
            
No voy a negar que el mexicano está bastante maleado y, es factible, que la siguiente observación esté influenciada por dicho hecho. Gran parte de los estadounidenses son bastante sosos: eso de que el standard es Homero Simpson es cierto, lo cual es ofensivo para el  resto del mundo, ya que somos dominados por un pueblo bobo, habrá quien diga sin malicia, pero eso no lo creo.

Conclusiones

Hay algo de lo cual me he dado cuenta: cada vez que salgo al extranjero, aprendo a valorar más mi país. No estoy disculpando la cantidad enorme de falencias que tenemos como cultura, mismas que he evidenciado en varios escritos y que lo seguiré haciendo sin cesar, pero estos viajes me ayudan a valorar todas las virtudes que doy por sentadas; ésas mismas que se vuelven invisibles porque uno está acostumbrado a tenerlas presentes todo el tiempo, pero que se vuelven muy visibles cuando no las tienes a la mano y tienes contra qué comparar.

Estados Unidos es un bonito lugar para visitar pero, por lo menos para mí, no para vivir. A pesar de todo el narcotráfico, inseguridad, corrupción, contaminación, ignorancia, gandayismo y demás, YO vivo mejor en México SOLO. Sin embargo, en caso de que tuviera una familia por la cual preocuparme, y si tuviera la posibilidad, optaría por vivir en Estados Unidos.

Este año hice viajes muy interesantes: fui al último resquicio del comunismo, lo cual contrasta profundamente con el pináculo del consumismo, ése mismo que rebosa de artificialidad, al contrario de un reino de naturaleza como lo fue Jalcomulco. Siempre preferiré ir a los rápidos y, tal vez, a Cuba en lugar de Estados Unidos, pero gracias a que visito Gringolandia, con toda su superficialidad extrema, puedo valorar la belleza de Jalcomulco o la sencillez de la vida cubana.

Tal vez la cultura gringa no esté tan mal después de todo, en realidad yo he de estar tan adaptado a un país nefasto, como el nuestro, que ya sé como solventar las carencias, mañas, errores, faltas de respeto y demás muestras de infradesarrollo con las que lidiamos a diario. Tal vez, al vivir en un ámbito tan subdesarrollado me permite sentirme superior a los demás, y es por ello, que me quedaría a vivir en esta tierra. Todo esto es una simple teoría, la cual resulta altamente factible de ser cierta.

Hebert Gutiérrez Morales.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Jaja, está bueno el post.
Aunque sí muy largo haha.
Igual es la falta de costumbre a leer en pantalla...... o en papel.
Bueno saludos.
Ki o tsukete... (ya la neta no recuerdo casi nada)

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
Bastante de acuerdo con tus comentarios y reflexiones acerca de los gabachos.
Particularmente la he pasado súper por allá y he admirado muchísimas cosas de aquel país.
Pero igualmente, estoy muy de acuerdo contigo en lo nefastos que son con respecto a su actitud, soberbia, etc. etc.
Un abrazo.

Qcho dijo...

Mí estimado Heberto:
Como ya te he expresado en escritos anteriores tengo muchas ganas de salir del país por lo menos una vez en mi vida, de la cual me daría por muy bien servido…
En primera instancia no podría hablar de forma directa de la sociedad gringa, puesto que no he convivido con ella de una forma de lo más directa. Sin embargo, en mis estancias en Cancún he comprobado la desinhibición que ellos adoptan en nuestro país o en aquellos que visiten, como sus reglas se corrompen y su estatus de civilidad se ve sumamente destruido, claro que no son los únicos, los mexicanos o de otras naciones hacemos lo que no podemos en nuestros respectivos países, un ejemplo claro es esa frase “Lo que pasa en – Se queda en – “.
En fin, realmente espero tener el gusto de conocer otro país o en su caso, seguir recorriendo el nuestro como voy hasta ahora…