domingo, 6 de enero de 2013

Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Eterno Resplandor de una mente sin recuerdos)

¡Qué feliz es la suerte de la vestal sin tacha!
Olvidarse del mundo, por el mundo olvidada.
¡Eterno resplandor de una mente sin recuerdos!
Cada rezo aceptado, cada antojo vencido.
- Alexander Pope

No acostumbro ver filmes empezados, ni siquiera por unos cuantos minutos, soy tan dogmático que acostumbro verlos de inicio a fin. En verdad debo encontrarme con algo extraordinario, con lo cual resuene, para que me anime a ver una película a medias. En una ocasión me encontré con un diálogo brutalmente honesto e intimo en pantalla, sentimentalmente vasto, en una escena que transmitía una nostalgia impresionante pero con un profundo sentimiento de amor y, a la vez, con la angustia de una despedida que no querían darse, pero que era inevitable. Tuve mucha suerte de conocer “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos” en su escena más trascendental y, desde entonces, quede enganchado a esta maravillosa obra.

Así que me anime a verla desde el inicio y, percibes que, se trata de una película diferente. De entrada tomas una historia “empezada”: Ves a un sujeto ordinario y cobarde, con una vida trazada por una rutina inmaculada y, por ende, aburrida. De pronto, hace algo impensable: falta al trabajo para ir a un lugar llamado Montauk, sin motivo o razón aparente, pero él sabe que debe de ir ahí.

El monólogo que sostiene Joel (Jim Carrey) en esta primera secuencia de la película, es imperdible, muy honesto y deliciosamente directo, analizando el fenómeno de San Valentín, las relaciones de pareja y su patética existencia de una manera cautivante.

Hay un motivo personal para que esta película me encante y esté dentro de mi Top Ten de todos los tiempos. De manera breve, sostuve una relación con una mujer “sui géneris”, un alma libre de prejuicios y con ideas muy propias, contrarias a las ideas correctas con las que suelo (¿o solía?) desenvolverme. Al igual que Joel, en mis pocas relaciones sentimentales, siempre he sido alguien tranquilo, civilizado y complaciente: ese punto resuena mucho en mí. Esta película la ví hace algunos años, cuando estaba viviendo un momento distinto al actual, en el cual entendía a la perfección el sentir de Joel, algo que no me enorgullece admitir.

Basados en esa vivencia, se puede explicar el por qué este filme es especial para mí, PERO mi gusto va más allá, ya que me enamore de los diálogos, del argumento, de la manera de contar una historia y compartir sentimientos, esa química que irradian Joel y Clementine (Kate Winslet), misma que trasciende la pantalla.

Aunque mi esencia no es así, ¡me encanta la personalidad de Clementine! Adoro esa excentricidad tan llamativa y, por qué no decirlo, hasta violenta. Características que la hacen, de una forma inexplicable, muy atractiva. La primera interacción que tienen en el tren los protagonistas, me corrobora que las féminas son las que nos escogen a nosotros, pero nos dejan creer que nosotros fuimos los “Cazadores exitosos”, obviamente no todas tienen el estilo tan abierto y directo de Clementine, pero al final la que dice “Sí” o “No” suele ser la mujer.

La angustia o expectativa que muestra Joel antes de telefonear a Clementine resulta enternecedora. Pequeñas torturas que son muy satisfactorias en el momento en que te contestan la llamada. Esto nos lleva a su “primera” cita en el río congelado, sacando a Joel de su zona de confort, enseñándole que en la vida hay muchas cosas más allá de las rutinas y paradigmas. Ambos se complementan perfectamente: ella le ayuda a salir del tedio y él es un catalizador para toda esa energía, le ayuda a ralentizar el paso y tomarse el tiempo de oler las rosas. Volviendo al picnic que tuvieron en el hielo, echados de espaldas, viendo las estrellas y diciendo tonterías, la escena se complementa de manera hermosa con la música de fondo, esa que refleja perfectamente la intimidad del momento compartido.

Toda parece ir de maravilla, crees que le vas agarrando la onda pero, cuando llega Patrick (Elijah Wood) y le pregunta a Joel si “puede hacer algo por él”, resulta tan desconcertante que inevitablemente te preguntas “¿qué demonios está pasando?”. Obviamente todo irá tomando sentido conforme avance (¿o retroceda?) el argumento.

Lo relatado hasta este punto representa sólo la introducción de la historia, justo ahí empiezan los créditos iniciales, en una especie de probadita de lo que va a pasar más adelante. Todo se empieza a complicar porque, en la siguiente escena, vemos a un Joel llorando amargamente mientras maneja, lamentándose por algo que desconocemos, ¿Qué acaso no estaba iniciando una relación prometedora con Clementine? ¿Por qué demonios llora? ¿Qué carajos está pasando aquí?

Amo estas películas extrañas, las que no siguen los cánones establecidos de lo que debe ser un filme exitoso. Obviamente la primera vez me parecía que todo era incomprensible y manejado de manera muy pacheca. Cuando la vuelves a ver, ya es distinto, porque analizas y conectas cada evento con el resto del argumento. Entre la primera y segunda vez, recibes experiencias distintas y profundas.

¿Cuántas veces, tras un desencanto significativo, quisiéramos borrar a alguien de nuestros recuerdos? Esta historia nos muestra lo que pasaría si eso fuera posible: suena tentador pero, al final, nos damos cuenta que no era tan buena idea como pensamos.

Joel ha sido borrado de la vida de Clementine, “¿Cómo demonios no va a ser feliz conmigo? Si soy la persona más agradable con la que ha salido” dice él. Tiene razón en eso pero, mucho creemos que ser agradable es lo mejor que se puede ofrecer cuando, en ocasiones, resulta una verdadera monserga. No quiere decir que todos nos convirtamos en unos hijos de la fregada, pero la pasión es un elemento necesario para el éxito de toda relación, de lo contrario deja de ser interesante.

Joel recolecta todos los objetos que le significan algún recuerdo o vivencia de su amada, ahí te das cuenta cuando una relación sentimental se expande en tu vida, cada vez ocupa más lugar. Cada objeto tiene una carga sentimental de lo que ella significa. La tristeza e impotencia que Joel siente al sentirse borrado es totalmente entendible. Si alguien te extirpara de su vida, es cuando entra el ego, ya que eres ninguneado, como que no vales lo suficiente para ser recordado.

Es notable como este hipotético negocio de borrar recuerdos, llamado Lacuna, tiene mayor demanda en Navidad, Año nuevo y San Valentín. Fechas en que la gente tiende a deprimirse más, todo por las estúpidas programaciones que dictan que debes pasarla en pareja el 14 de Febrero o en Familia el 24 de Diciembre. Eso también se debe a la irracional euforia que se respira en Diciembre y a la profunda depresión que experimentan en Enero (bueno, también aporta el hecho de que están gastados).

“Técnicamente es un daño cerebral, pero no se preocupe, es el mismo efecto que el que se experimenta con una resaca cualquiera, no hay nada que temer” es lo que le dicen a Joel antes de iniciar el procedimiento. Es increíble el nivel de desesperación que somos capaces de experimentar, al permitir un daño cerebral, con tal de librarnos del dolor. Cuando inicia el borrado de recuerdos, captas la angustia, pareciera buena idea borrar a alguien pero, el tiempo que compartiste con ella te va cambiando. Por más mala que haya sido la relación, siempre queda algo productivo, aunque no lo vemos en el momento, sólo percibimos el dolor.

La última pelea que escenificaron Joel y Clementine nos recuerda que, tristemente, hay un punto que alcanzan muchas relaciones, en las que sólo logran lastimarse. Ese daño se hace con plena intención “No lo hice a propósito” dice Joel, pero sí fue con intención, normalmente decimos y hacemos cosas con plena conciencia. Nos sentimos dañados y queremos que la otra parte sufra tanto o más que nosotros. Por eso hacemos y decimos lo más hiriente que se nos ocurre; ahí debería haber algo de sensatez y, por el amor que hubo, alguien debe decir “Prefiero irme a seguirte dañando” pero, al sentirnos víctimas, no queremos irnos sin que la pareja experimente el mismo daño (o más de ser posible) que el que nos infringió. Por esa estúpida actitud nos quedamos, a ver quién aguanta más dolor antes de partir, por lo menos hasta que estemos “a mano” pero, con esa actitud, nunca creemos que el otro ha tenido suficiente.

“Hablar todo el tiempo no es precisamente comunicarse” le dice Joel a Clementine, cuando ella le echa en cara que él no confía en ella, cuando ella es un libro abierto y le cuenta todo y él no le cuenta nada. Se debe amar a una persona por lo que es, no por lo que esperas que sea. No midas a tu pareja con tus propios estándares, si la conociste de una manera acéptala y, si no puedes soportar algo, es mejor no relacionarse para no dañarse. Nunca hay que engancharse con alguien esperando que cambie.

Sin embargo, el enojo de Clementine es comprensible: si uno se relaciona a un nivel íntimo, lo natural es bajar la guardia, eso quiere decir que se confía plenamente en quien está a nuestro lado. Si uno no comparte, resulta un poco difícil confiar en la sinceridad de la relación y los sentimientos involucrados.

      “Los adultos son una mezcla de tristezas y fobias” maravillosa frase que dice Mary (Kirsten Dunst), aunque suene a cliché o a frase pretenciosa, en realidad acaba siendo muy cierta. Los adultos de este mundo moderno somos un claro reflejo de esa frase, todo por actuar dentro de los lineamientos que la “intachable” sociedad nos marca, aunque vaya en contra de nuestra propia felicidad.

Clementine le confiesa a Joel que se sentía fea en su niñez, y se desahogaba con una muñeca a la que nombro igual que ella, resultando un momento bonito, auténtico y tierno. La profunda intimidad expresada es inigualable, por lo que Joel suplica que le permitan mantener ese recuerdo, súplica que es ignorada. “Ya no quiero esto, por favor, ¡deténganlo!” con un marco patéticamente cómico: su desesperanza es contrastada con el twist que se están echando Stan (Mark Ruffalo) y Mary (bien pachecos), en una escena genial. Joel le dice a Clementine “¡Tenemos que huir! ¡Vamos!”. Cuando termina una relación, se tiene presente lo negativo que se acumuló al final, lo cual es injusto, porque obviamos lo bueno que hubo para que dicho vinculo existiera.

Durante todo el argumento, los diálogos que sostienen Clementine y Joel, mientras van borrando los recuerdos, son invaluables. Al revivir las escenas, las líneas originales se entremezclan con la desesperación de Joel por impedir que lo despojen de sus valiosas vivencias. Un argumento muy raro pero, al mismo tiempo, muy interesante. “¡Esto no hubiera pasado si tú no me hubieras borrado!” a lo que Clementine contesta “¡Perdón! Ya me conoces, ¡soy muy impulsiva!”, resultando un dialogo muy divertido.

Cuando huyen, por primera vez, a un recuerdo infantil de Joel, es una auténtica joya, una obra de arte que nos muestra a un pequeño Joel cantando una canción de lluvia mientras cacha las gotas, jugando con su bicicleta y brincando charcos. Una escena tan breve como linda, simplemente maravillosa. La otra escena de la niñez también fue magistral, mostrando la humillación, la inocencia, el anhelo, la frustración, la empatía y demás. Cuando el pequeño Joel es obligado a matar a la paloma, el sentimiento de que te obligan a hacer algo me trajo un recuerdo similar propio: en la primaria, nuestros compañeros nos obligaron a otro niño y a mí a pelearnos, así que tuve que golpearlo contra mi voluntad ¡y ambos acabamos llorando!

Me sentía mal de haberlo golpeado, me sentía asustado, conmovido y avergonzado. Fue un momento patético ya que, tanto a él como a mí, nos estaban consolando las niñas. Por eso me enganchó la escena de la paloma. Esos terribles momentos en los que vas perdiendo la inocencia pero, desgraciadamente, son necesarios. “¡Mira! ¿Te gusta mi sombrero?” comentarios jocosos que agrega Clementine, tal vez no aporten nada a la historia, pero hacen que la experiencia sea más entrañable.

Podremos borrar los recuerdos pero no los sentimientos, la química no se puede extirpar, lo que siente el cuerpo a nivel celular está más allá de nuestra influencia, esto se demuestra en la atracción que Mary siente hacia Howard, a pesar de que ya le habían borrado sus recuerdos, pero el jalón sigue ahí, así como pasó con Joel y Clementine, que terminaron re-encontrándose a pesar de que les borraron la memoria.

Las personas estamos destinadas a ciertos encuentros, no sólo sentimentales, sino de todo tipo. Más que coincidencia o el destino, me parece, que lo que determina esto es nuestra personalidad. Hay personas que ni sabes cómo se llaman y, por alguna razón, te caen mal; de igual forma hay quien te cae bien sin que lo conozcas, otro ejemplo es el famoso amor a primera vista. Todo recae en nuestra energía, química, ambiente, cultura, educación, pasado y todo lo que forma parte de nosotros, porque se dice que en esta vida no existen las casualidades, sólo lo inevitable (parafraseando a Yuuko Ichihara).

Cuando Mary se entera de que también le borraron sus recuerdos, uno puede sentir su desolación, el sentimiento de abandono Stan no lo puede mitigar al ofrecerle un ride, el cual ella rechaza. Ella necesita caminar a solas por la madrugada citadina, en donde no le importa si algo le puede pasar, porque la vida dejo de tener sentido, ¿qué somos y para qué estamos aquí? Si cualquiera puede jugar con nuestros sentimientos y hacerlos trizas, ¿tiene alguna trascendencia que nuestro paso por este mundo?

De los tantos diálogos maravillosos de los protagonistas, el de la librería es remarcable. Una conversación abierta que toda pareja debería tener “Yo pensé que me podías salvar”, “Tenía que marcar mi terreno” y demás verdades. Honestidad que, por alguna tonta razón, se vuelve selectiva al convertirse en pareja; en teoría, no decimos las cosas abiertamente para que prevalezca el Status Quo de la relación pero, paradójicamente, pasa exactamente lo contrario cuando dejamos de ser honestos. Pareciera que al ser demasiado auténticos vamos a propiciar que la pareja huya. Clementine le dice en la librería “Recuérdame, ¡haz tu mejor esfuerzo! Tal vez lo podamos intentar otra vez”

Volviendo a Mary, es perturbador cuando escucha la grabación de ella misma antes de que le borraran la memoria. Ahí es donde uno se da cuenta de la verdadera naturaleza de esta idea de borrar recuerdos, al inicio parece una excelente pero, al ver estos ejemplos, nos damos cuenta de lo aberrante que resulta contra la naturaleza humana. Por algo tenemos vidas y cometemos errores. Como dicta el trillado dicho “No hay mal que por bien no venga”, por algo pasan las cosas.

Si en la vida sólo hubiera momentos buenos, ésta carecería de sentido y nos acabaríamos matándonos unos a otros por la monotonía. Se tienen momentos difíciles, ya que es la única manera de avanzar y de crecer; si no tenemos algo malo contra qué comparar, nunca valoraríamos lo bueno que nos pasa. Sin los errores no hay aciertos posibles, ni tampoco habría aprendizaje o experiencias algunas.

“Fue cuando te vi en la playa por primera vez, con esa sudadera que llegue a conocer tan bien, tanto que inclusive aprendí a odiarla” Joel a Clementine.

No todos los diálogos son brillantes, pero sí son muchos los que son geniales y valen la película por sí solos. “¡Qué bueno! ¡Al fin alguien como yo que no sabe interactuar” la honestidad de Clementine fulminó a Joel por primera vez, ésa cualidad cada vez es más atractiva, porque empieza a escasear en la sociedad actual. Ella toma una pieza de pollo de su plato, y él narra lo que sintió en ese momento hacia ella “Era algo muy íntimo, como si ya fuésemos amantes”, el toque entre vivirlo y explicarlo es algo extrañamente bello, es como un diario pero en vivo.

“Creo que tu nombre es mágico” Joel a Clementine

Tal vez exista, pero nunca he visto otro filme con esas características. Sin la necesidad de efectos especiales sofisticados, sólo con un argumento diferente y con mucha creatividad, se pueden hacer historias extraordinarias. No son necesarios los “Remakes” o “Refritos” que han estado tan de moda en los últimos años, simplemente hay que atreverse a sacar ideas originales.

“Este es el momento Joel. Va a desaparecer” le dice Clementine. “Lo sé” contesta él, a lo que ella pregunta “¿Qué hacemos?” y él simplemente responde “Disfrutarlo”. Ambos van caminando a la orilla de una frígida playa en una escena breve, pero que refleja una comunicación muy profunda sin la necesidad de utilizar palabra alguna, todo mediante la música, la interacción y el lenguaje corporal. La casa que allanan, mientras platican de los vinos y de la antigua novia de Joel, se empieza a derrumbar, al mismo ritmo que sus últimos recuerdos se empiezan a esfumar.

“Debería irme” le dice Joel, a lo que ella contesta “¡Pues vete!”, y con tristeza Joel confirma “Eso fue lo que hice”, mientras partía pensaba que esa mujer estaba loca pero, de igual forma, la encontraba apasionante. “Ojalá te hubieras quedado” y él, con una expresión muy enternecedora que me llegó al alma responde “Me hubiera encantado quedarme”. ¿Cuántos ‘hubieras’ hay en nuestras vidas? Demasiados.

“Ojalá me hubiera quedado, en verdad”, en ese momento es imposible contener las lágrimas, esto al sentir su anhelo, su nostalgia, el amor sincero que expresa con todo su ser. “Regrese para ver si estabas, pero ya te habías ido” le dice ella, mientras le pregunta “¿Por qué te fuiste?” y él dice “Me sentí como un niño asustado”. Tenía miedo, y supuso que ella lo sabía, pero en vez de eso notó el desdén cuando le dijo “¡Pues vete!”.

“¿Joel? ¿Qué tal si ahora regresas y te despides?” él accede y se despiden con un beso, mientras él le dice “Te amo”, pero ese “Te amo” no tiene nada de cotidiano ni de ordinario, está lleno de ternura y del sentimiento más auténtico que cualquier humano pueda expresar. La profundidad con la que fue dicho supera con creces cualquier otra expresión escandalosa de amor. “Búscame en Montauk” le susurra ella al oído.

Todo el diálogo en la casa de la playa en una belleza, no tiene ninguna frase sobresaliente, pero el sentimiento tan auténtico, tan amoroso y tan triste lo convierten en el momento cumbre del filme. Al partir Joel vienen una secuencia de imágenes que complementan a la perfección la profunda nostalgia de la escena, y te sirve como espacio para digerir toda la intensidad que acabas de experimentar, toda la belleza, todo el arte, esos momentos en los que los humanos podemos ser sublimes.

Es remarcable cómo puedes adaptar el primer encuentro de una relación para que sea una bella despedida. Al contarte la historia de reversa, inicias por lo más feo y terminas con lo más bello. No es necesario que exista una compañía que borre los recuerdos, tristemente, muchas relaciones terminan en la indiferencia, y eso es peor que borrar los recuerdos, porque el ya no importarle a alguien es más grave que pelearse. Cuando terminan de borrar su memoria, regresamos a la escena inicial y, ahora, todo cobra sentido.

En otro lado, Mary parte de Lacuna, y Stan la alcanza, se despiden y él le dice que siempre le ha gustado. No todas las despedidas deben ser dramáticas o llamativas, hay algunas que son más intensas con una mirada, con un silencio o con una simple postura. Parte es despecho femenino pero, por otro lado, tuvo mucho de dignidad el que Mary les enviara a todos los pacientes sus recuerdos. Al final nuestras vivencias acarrean la responsabilidad de nuestros actos, no podemos borrar nuestros errores, pero sí podemos aceptarlos y seguir adelante. Si no aceptas tu responsabilidad, ésta te seguirá fastidiando tu presente y tu futuro.

Después de haberse re-encontrado todo se echa a perder cuando ambos escuchan las respectivas grabaciones del por qué se separaron, escenas dolorosas pero necesarias. Ahí se determina el futuro de la relación ya que, a pesar de decirse sus verdades, optan por seguir juntos, y así deberían ser las parejas, que quieren serlo a pesar de sus defectos, lo cual es mucho mejor que basarlo todo en una serie de bellas mentiras.

Desde pequeños se nos dice que seamos nosotros mismos, naturales, que no intentemos ser alguien más. Obviamente uno siempre quiere dar la mejor versión de sí mismo, a veces hasta una versión que no somos. A pesar de ser un consejo sabio, pocos pueden o quieren seguirlo. No es necesario decir las verdades a rajatabla, pero se puede llegar a ser honesto y auténtico en una relación, sin pretender ser perfectos, simplemente siendo reales. Errores los tenemos todos, pero se debe tener la madurez de aceptar a la persona tal cual es y no esperar que sea alguien más.

Cuando pretendemos que todo sea perfecto desde un inicio, ahí mismo comienzan los problemas con una relación que jamás colmará nuestras expectativas. Al inicio hay mucha euforia e idealización, y queremos que ese nivel de intensidad se mantenga, como todo en la vida, las relaciones deben de evolucionar, y uno tiene que avanzar al mismo ritmo porque, como decía Confucio, agua que no fluye, se estanca. Normalmente te echan en cara “Es que cambiaste”, y claro que uno cambia, pero uno no lo hace como la otra parte espera. Todos tenemos anhelos sobre lo que queremos en una pareja, pero nadie está obligado a cumplírnoslos.

En los créditos suena una canción muy reflexiva que dice “Todos tenemos que aprender algún día”, algunos tienen la suerte, o madurez, de aprender a la primera; otros somos más necios que aprendemos después de algunos fracasos similares y hay otros que siguen en esa búsqueda infructífera de que alguien colme sus irreales expectativas.

Las personas se encuentran por algún motivo. Joel no quería ir a esa fiesta en la playa porque no iba Naomi, su entonces novia. Acabó yendo para conocer a Clementine. No sabemos qué nos depara la vida a la vuelta de la esquina, ignoramos el día que vamos a morir, a encontrar el amor de nuestra vida o cuando nuestra existencia dé un vuelco repentino.

No podemos vivir en nuestras memorias, pero sí son una parte importante de la vida, ya que nos recuerdan el pasado y, si no lo conocemos, es difícil determinar hacia dónde queremos ir. No importan si los recuerdos salen como esperábamos, al final, son parte integral de nosotros, y siempre habrá que honrarlos porque nos traerán una sonrisa o una experiencia.

Hebert Gutiérrez Morales.

7 comentarios:

Leonel dijo...

Fantástica película! (aunque a mi esposa le aburre hehehe)

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
Por tus comentarios creo que es una película muy buena.
Espero algún día verla porque personalmente, considero a Jim Carrey como un formidable actor, aunque muchas de sus películas no me gustan, quedé maravillado con su actuación en "The Mask".
Saludos,
Daniel

Qcho dijo...

Mí estimado Heberto:
Se me viene la frase que le solía decir a una ex pareja de – “No es lo mismo quererte, que aguantarte”, ciertamente debes aprender a amar a la persona como es, ya que fue eso en primera instancia lo que te intereso de ella, y como bien lo expresas, ya cuando entras en un sentido más íntimo y de seriedad, es lógico pensar que sería bueno tener ese algo que has soñado o añorado, aunque la mayor parte de esos momentos te quedas con la frustración de pensar que no es así, pues no fue de la manera en la que te lo imaginaste.
Como bien dice la canción “ódiame por piedad yo te lo pido, ódiame sin medida ni clemencia, odio quiero más que indiferencia, porque el rencor hiere menos que el olvido”, pues de cierta manera si te odia, quiere decir que si sintió algo muy fuerte por ti, si te da olvido es como si simplemente fuiste algo más en su camino, detalle crudo que experimente y del cual escribí, y que al final, incluso por mis propios errores me disculpe.
Es una interesante película que en momentos te deja pensando y en otras te dice ¿estarán pasando los simpson’s? No está dentro de mis favoritas, pero tampoco está en las que no disfruto si la veo.

A. dijo...

que bonita escencia se percibe en tu blog y muy buena vibra, en verdad, un saludo =)

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Muchas gracias por leerme y tu comentario tan positivo. Un saludo. :-)

Fernanda G dijo...

Me dejaste llorando...
Estoy pasando por una situación similar, y que mas quisiera que borrarlo todo... me identifiqué mucho con lo que describiste. Sin duda alguna escribiste un excelente contenido. Gracias por eso.

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Muchas gracias Fernanda, me siento halagado, aunque lo único que hice fue interpretar una gran película. Deseo de todo corazón que encuentres la solución a tu situación o, por lo menos, la resignación. A veces nos cuesta entender, pero créeme, es mejor estar sufriendo por un tiempo a solas (y con el tiempo encontrar la paz interna) que andar mendigando amor a alguien que no te lo quiso (o te lo pudo dar) de manera natural y voluntaria. Un abrazo y toda mi empatía para tí.