sábado, 26 de enero de 2013

Manganime


El manga y el Anime me fascinaron (y aún me gustan) porque te ayudan a experimentar la inocencia, la ilusión, la bondad, y demás sensaciones positivas que deberíamos tener siempre presentes hacia nosotros mismos y nuestro mundo, de ver lo que somos capaces, de todas las virtudes potenciales que tenemos y que no explotamos a su total capacidad.
Rurouni Kenshin

            La animación japonesa no es lo mismo que las caricaturas, aunque la gente sólo vea dibujos animados, el producto no está al mismo nivel. Las caricaturas, casi siempre provenientes de Estados Unidos, están enfocadas al público infantil y hechas de manera simple (algunas mejores que otras); la animación japonesa es más sofisticada, con recursos cinematográficos, con mayor producción en sus tomas y en la música, mismas que tienen un nivel artístico bastante alto.

            Comparar el anime con las caricaturas es como comparar a Peter Gabriel con Juan Gabriel: los dos son cantantes, los dos son compositores, los dos tienen Gabriel en su nombre, tiene muchos seguidores (uno más que el otro) y los dos son controvertidos. A pesar de que tienen todas esas cosas en común, no es lo mismo. El mismo efecto pasa entre las caricaturas y animación japonesa: tendrán cosas en común, pero no están al mismo nivel.

Hashire Meros” (¡Corre Melos!) que en Latinoamérica fue conocida como “El Héroe legendario” fue una animación que vi alrededor de los 7 años de edad, y que me marcó para siempre. Es la historia de dos amigos, recién conocidos, en dónde uno pone su vida ciegamente en manos del otro y recibe a cambio únicamente la promesa de que regresará a ser sacrificado. ¿Por qué debería regresar a morir? Su palabra y honor como ser humano, además de la gratitud de que confiaran en él. Esta historia me emocionó, me enojó, me alegró pero, sobretodo, me conmovió; y es que resalta las virtudes, cada vez más olvidadas, que la humanidad puede tener. Ese día corroboré que la animación japonesa definitivamente tenía esencia, y que no era como las caricaturas bobas que recibíamos del Gabacho.
Kamui Gaiden

            Desde la primera vez que ví Anime de calidad, sentí un cálida sensación en el pecho, algo así como cuando se fantasea con épocas buenas en donde el mundo era un buen lugar para vivir en compañía de gente decente, mismos que nunca fueron en el plano real. Eso que siento es el producto de lo que reflejan esas historias que me demuestran lo que pudimos ser, lo que pudimos alcanzar y que, en teoría, están en esos ideales que algunos aún tenemos y que la mayoría ya vendieron en pro de una vida más cómoda, sin la pesada carga que significa tener valores e ideales que respetar.

            Una de mis animaciones favoritas, y que no fue muy famosa, fue “Kamui, el ninja Desertor” (Kamui Gaiden), una animación de los años 70, con un argumento algo oscuro, que a veces te aterrorizaba y muchas veces te conmovía. Sentías admiración y, al mismo tiempo, lástima por el destino de Kamui. Cuando ví el final de dicha serie me puse a llorar como chamaco (aunado al hecho de que en realidad era un chamaco).

            Pero no es la única nostalgia que me provoca el manganime, de alguna forma que no puedo explicar, siento una pertenencia muy orgánica la cultura nipona, cuando experimento sus muestras artísticas, me viene a la mente una felicidad pasada, pero MUY pasada, tipo de vidas anteriores. Tengo la sospecha que en una existencia anterior estuve muy ligado a Japón, inclusive que fui parte de dicha tierra. Tal vez no físicamente pero energéticamente, corre sangre nipona por mi ser.

            Sólo un pequeño porcentaje del manga o anime son para el público infantil, en Japón no tienen reserva alguna al leer historietas o ver animaciones sin importar la edad, prejuicio que sí tenemos en Occidente en donde creemos que esas formas de expresión son exclusivas para niños. Obviamente las madres ponen el grito en el cielo cuando ven algo inapropiado para sus nenes, pero la culpa no es del manganime, es la ignorancia de los que compran, emiten y venden dichas obras como si fueran infantiles, cuando no lo son.

A pesar de ser una fantasía, un ideal o una utopía, pero en verdad quiere uno creer que es posible lo que estás viendo en un Anime, que es cierto que podemos alcanzar esos niveles de excelencia humana. Me encanta(ba) verlo porque me hacía sentir que también podía ser “bueno”, que no había necesidad de hacer mal en el mundo. Eso no quiere decir que no haya personajes o situaciones “malas”, porque sí los hay. Pero hay una diferencia con los “malos” a los que estamos acostumbrados.

            En la animación japonesa no hay un “malo porque sí”, al igual que el protagonista tampoco es “bueno” porque así nació. En el Manganime hay personajes con virtudes y defectos, tanto en los “malos” como en los “buenos”; es más, en ocasiones las razones de los “malos” resultan justas y las de los “buenos” no tan nobles. Se agradecen esos planteamientos inteligentes y honestos en los argumentos, donde no nos muestran seres humanos perfectos (sólo perfectibles), aunque sí nos muestra lo que podemos llegar a ser si somos congruentes entre nuestro accionar y pensar.

            No hay personajes impecables, como neuróticamente nos hicieron creer en los cuentos de nuestra infancia, se trata de cómo uno puede ser “productivo” (para no utilizar la palabra “bueno”), sin tener que ser ideal, es intentar ser la mejor versión de uno mismo, y ese sentimiento tan rico, tan confortable y tan gratificante lo siento con la animación japonesa.

Para todos los que creen que sólo son caricaturas, los invito a leer (o ver) obras como “Death Note” o “Monster”. Son historias increíblemente inteligentes con diálogos profundos y brillantes y no sólo a nivel historieta, incluyo en esta comparación a libros de autores reconocidos a nivel mundial. Ambos son thrillers detectivescos muy interesantes, con artistas que rayan en la genialidad.

            Otra obra de mis favoritas es “Mushishi”, en donde la naturaleza es la protagonista, además del papel del ser humano al cuidarla o destruirla. Aunque la obra se desarrolla en el Japón antiguo, tiene mensajes muy actuales, mismos en los que nos evidencian nuestro alejamiento de la madre naturaleza. Una animación conmovedora y que invita a una profunda reflexión, inteligentemente planteada, con mensajes implícitos (espiritual, ecológico, humanista, etc.) que disfrutas mucho al ver los capítulos por segunda o tercera vez.
Death Note

            Pero que una historia sea de chicas no quiere decir que es completamente rosa, por ejemplo “Nana” es una historia con un par de chicas de protagonistas y, aunque una de ellas es muy cursi, la historia derrama genialidad en su argumento, en sus diálogos, dilemas morales y comportamientos humanos. Otra historia de chicas pero con situaciones algo fuertes es “Shoujo Kakumei Utena”, en la cual se analiza de manera metafórica esa necesidad femenina de encontrar a su príncipe azul, pero no de la manera en que todo el mundo está acostumbrado (por cierto, los duelos de espadachines están de lujo en dicha serie).

            También hay obras que son inexplicables y difíciles de entender, como “Serial ExperimentsLain” o “Gasaraki”, así como hay otras que son muy gruesas y densas como es una de mis favoritas “Neon Genesis Evangelion”, en donde no se tocan el corazón al momento de expresar sus visiones de la vida, mucho menos para “suavizar” alguna batalla o alguna blasfemia.

            Ninguna de estas obras que les mencione tienen que ver con lo infantil, esos prejuicios que la gente tiene al emitir una opinión de algo que conoce sólo de manera limitada. Los japoneses tienen muy desarrollada esa habilidad de provocarnos nostalgia con sus obras y, como soy adicto a dicho sentimiento, me encantan. En su sociedad son muy reservados, pero han encontrado la manera de desahogar esa sensibilidad en sus expresiones artísticas, entre ellas el anime y el manga, aunque también desahogan otros sentimientos humanos ligados con la violencia, la lujuria, los dilemas morales, los traumas y demás expresiones humanas.

            El pueblo japonés, a pesar de su personalidad reservada, en cuestiones artísticas se desenvuelven espectacularmente. Son muy detallistas, cuidadosos, serios, dedicados y entregados a lo que hacen, y el manganime no es la excepción. Los Nipones desarrollan sus obras para diversos públicos (adultos, señoritas, amas de casa, jóvenes estudiantes, niños, hombres asalariados, deportistas, etc.), por lo que el porcentaje de obras infantiles es pequeño (no ha de llegar ni al 10%). La mayoría va dirigida a un público entre los 15 y 40 años de edad, con temas más complejos y adultos, lo cual no quiere decir precisamente pornografía, que también la hay en el ya famoso género conocido como Hentai.

¿Por qué llegan a México las animaciones espectaculares, violentas, picaras o controvertidas? Porque es lo que el público quiere ver, lo que vende, por eso se traen esas obras y se hacen famosas, pero hay una amplia gama de otras que no son tan conocidas, con una calidad superior y que, seguramente, saldrían a las dos semanas de la programación porque al televidente común no le interesa rascar en la profundidad de su ser, es mejor una buena pelea o escenas pícaras (por eso ven TV).

Las historietas y animaciones japonesas siempre van a superar a las occidentales, porque los nipones inician una historia, la desarrollan y la concluyen. Algo totalmente contrario a los Comics de Estados Unidos en donde Superman está vivo desde los años 30 o El Hombre Araña desde los años 60 y, por más que pasa el tiempo, nadie se anima a acabar su ciclo. Muchos dirán que es por negocio, pero la industria de la Historieta japonesa es la más grande del mundo, y sacando historias nuevas, literalmente, cada día. Obviamente nuestros vecinos del norte se han dado cuenta de esto desde hace años pero, en lugar de generar ideas propias, se han dedicado a plagiar ideas niponas (El Rey León es el más grande ejemplo de ello)
Slam Dunk

Creo fervientemente que al inicio de la vida laboral, uno debe empezar a forjar su futuro con ahorros o inversiones a largo plazo. Pero también creo que, por lo menos una vez, hay que satisfacer algún deseo grande que tuvo en su etapa de “Estudiambre”. Cuando empecé a trabajar en VW, en una ocasión me fui a una de las convenciones de historietas en la Ciudad de México. Normalmente, cuando iba a esos eventos, mi presupuesto era limitado, por lo que acababa sacrificando el dinero de la comida con tal de comprarme un CD o un DVD adicional. La primera vez que fui con un potencial financiero de asalariado soltero, me gaste la friolera de 1000 USD, el sueldo de un mes de aquel entonces, en pura mercancía. En mi viaje de retorno me debatía entre un sentimiento de culpa y otro de éxtasis, y me alegró mucho de haberlo hecho, porque todo lo que compre me dio una alegría profunda.

            De mis Soundtracks favoritos, muchos son de animación japonesa, por la calidad tan excelsa que tienen dichas obras, las cuales están hechas con toda la seriedad que muchos artistas comerciales no conocen. La música es una evidencia contundente de la gran calidad del Anime, debido al profesionalismo con que lo realizan. Hay tantas joyas musicales dentro de mi repertorio musical como “Mou Ichi do” de Macross II, o “Wanna be an Angel” de Macross Plus, “Kaze ga fuku hi” de Escaflowne o “Blue” de Cowboy Bebop, entre tantas y tantas canciones que tocan mis fibras más profundas y eso no lo logra una canción de una simple caricatura.

            Una de las grandes artistas, tanto por composición como por interpretación, es Yoko Kanno, y no sólo en el Anime, sino en el mundo musical en general, basta escuchar su amplia gama de obras con una calidad excelsa para corroborarlo. Por artistas como ésta, que se merece un ensayo para ella sola, el standard de la animación japonesa está muy por encima del resto del mundo. Los invito a conocer “Tell me what the rain knows” (siempre lloro con este vídeo) o “Paradiso”, de la banda sonora de Wolf’s Rain, “Road to the West” o “Space Lion”, del Soundtrack de Cowboy Bebop, y se darán cuenta la profundidad y sensibilidad con la que estas creaciones fueron concebidas.

            ¿Cómo no emocionarme al ver a Rina Inverse haciendo un Drag Slave? O ¿Ver una clavada del talentoso Hanamichi Sakuragi? O ¿Qué tal ver a Son Goku reencontrarse con su difunto abuelito? ¿Qué tal el heroísmo de Kenshin Himura? ¿Acaso no se emocionaban cuando metía gol Oozora Tsubasa (a.k.a. Oliver Atom)? ¿Tal vez lloraron con la gran novela que fue Candy Candy? Imposible no conmoverse con la última batalla de “Macross: Do you Remember Love?” Todos esos momentos que al volver a verlos me producen una gran nostalgia por los sueños de juventud dejados atrás y una alegría por toda esa ilusión con la que disfrutaba mis animaciones. Esa sensación de que el mundo es bueno debería ser permanente en cada corazón.

            Extraño esos días en dónde llegaba corriendo a la casa para ver y grabar mis capítulos de Dragon Ball, Sailor Moon o Rayearth, esa autenticidad de sentimientos que es más fácil creer en una animación que en muchos humanos. Muestras de valentía y humanidad que cada vez parecen más ficción en un mundo que le da más valor a lo superficial en lugar de lo interno. Animaciones que nos recuerdan esa esencia humana que, pareciera, estamos cada vez más dispuestos a extirpar de nuestro ser, como si el tener sentimientos nobles fuera una especie de lepra.

            La animación japonesa me ha sacado una cantidad impresionante de lágrimas pero ¿Cómo no conmoverse cuando “el Señor Pikoro” dio su vida para proteger la vida de Gohan (el hijo de su enemigo)? O ¿Cómo no vibrar con la primera vez que Goku se convirtió en Super Sayajin?, ¿Cómo no llorar con la muerte de las Sailor Scouts? O ¿Pueden contener el llanto cuando Heide se separó de su abuelito? ¿Qué tal cuando se murió el Señor Vitalis, dejando desamparado a un frágil Remi? Tantos y tantos recuerdos que, aunque no son míos, son bellos.

            Podré ser criticado, ya que uno debe de “ganarse” sus propias memorias, pero al igual que pasa con los libros, los programas, las películas o los espectáculos, también recibimos regalos intangibles con la animación. Si hay algo que me ha hecho reír a carcajadas, llorar a moco tendido, reflexionar sobre el sentido de la vida o emocionarme con tanta adrenalina en la venas, no puede ser nocivo para mí. El manganime está lleno de ideales que como humanidad, podríamos alcanzar, aunque cada vez nos alejemos más de ellos. Sin embargo me gusta creer, tal vez de manera ilusa, que algo de todo eso que me regalan los japoneses, radica en nuestro ser.

Ahora que ya no soy aficionado a la animación japonesa, me doy cuenta cómo me veían el resto de personas “normales”, o sea, las que no compartían mi afición. Tengo un contacto en el Facebook que está, literalmente, traumatizado con “Naruto” y todos sus post giran alrededor de dicha serie, sus fotos son alusivas a los personajes de dicha animación y, no dudo, sus temas de conversación deben andar por los mismos tópicos. Se me crispan los nervios de saber que yo era así de fanático (porque no hay otra palabra) y, seguramente, así lo era porque hasta me enorgullecía de mi fanatismo.

Hace unos meses tuve una cena con unos amigos, la más joven apenas está en esa etapa en la que uno se da cuenta que el trabajo ya no es como la escuela (aunque eso no significa que no deban ser divertidos). Hubo un punto en que la conversación llegó a nuestras animaciones favoritas, y ella se dejó ir con todos sus conocimientos de anime. Todos guardamos silencio mientras nos daba una muestra de su fanatismo/ilusiones. En otras circunstancias, porque suelo ser muy joditivo, me la hubiera comido viva por dejarse ir de boca (sí, lo admito, a veces soy un desgraciado) pero, debido al tema y al captar la ilusión con la que nos contaba sobre sus animaciones preferidas, opte por guardar silencio. Afortunadamente, a pesar de sus miradas de incredulidad, el resto de mis amigos también se abstuvieron de hacer algún comentario nocivo.

Ahora, para aclarar, ¿estoy criticando a estas dos personas? ¡Para nada! No creo que el tener ilusiones y emocionarse con algo tan rico como la historieta y animación japonesa sea motivo de vergüenza. El problema es que la sociedad tiene muchos prejuicios contra la gente que tiene ilusiones a edad avanzada (no se dice abiertamente, pero de facto así se califica). El hecho de que ya no sea fanático del maganime no quiere decir que se me haya olvidado todo lo que experimente en todos esos años de afición, mismos sentimientos que llego a recordar cuando veo alguno de mis animes viejos.

La historieta y animación japonesa son productos de alta calidad con los que algunas almas excelentes alcanzan a resonar debido a su autenticidad y profundidad. No son caricaturas vacías y burdas para niños bobos. Cuando uno supera prejuicios y las acepta como obras de arte, se encontrará con un tesoro artístico muy vasto, lleno de expresiones humanas de cualquier índole.

¿Por qué escribí que se me erizaba la piel sólo de imaginar mi época de fanático? Porque ya lo viví, fue una etapa muy padre de mi vida pero, a diferencia de lo que creía en esos años, no creo que hubiera sido una buena idea quedarme ahí para siempre. Respeto a todos los que se apasionan con el tema, yo mismo lo hice pero creo que ya no tendría la misma pasión que tuve desde los 7 hasta los 27 años (lo bueno es que ni cuenta me daba de cómo me veían los demás o, mejor dicho, no me importaba).
Neon Genesis Evangelion

Me enorgullezco de mi pasado Otaku y, aunque no vaya a ser un Otaku viejito, me dará mucho gusto que alguien de mi (hipotética) descendencia se haga aficionad@ a ello, y ahí estaré para escuchar la intensidad de sus emociones y todas las aventuras de sus personajes favoritos.

¿Por qué lo dejé? En realidad nunca lo he dejado, pero la intensidad de mi afición ha bajado de un 100% a un 5%. Aún me gusta pero ya no invierto el tiempo, dinero o interés de hace una década. Al único artista que pretendo seguir siempre es a Hayao Miyazaki (mismo del cual escribiré un ensayo futuro), ya que sus obras son la elite del Anime.

Creo que la vida va avanzando y las prioridades de uno también. Mohammad Ali dijo en alguna ocasión "Un hombre que ve el mundo a los 50 igual que a los 20, ha perdido 30 años de su vida". No digo que el Manga o el Anime hayan dejado de ser buenos, simplemente deje de ser el que era antes, aunque los sentimientos, sensaciones, recuerdos, enseñanzas y demás cosas positivas que viví con este maravilloso pasatiempo van a mantenerse vigentes hasta el día de mi muerte.

Hebert Gutiérrez Morales.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Ya puedo comentar!

Megacharko dijo...

Como siempre....muy buen aporte¡¡¡¡¡¡¡¡¡

Megacharko dijo...

Como siempre....muy buen aporte¡¡¡¡¡¡¡¡¡

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
Solo puedo decir que a lo largo de mi vida he visto muy poca animación japonesa.
Mi hermano menor (q.e.p.d.) sí era un importante fanático y por él ví algunas series, pero en general conozco poco.
Y en cuanto a tí, se nota de inmediato cuánto conoces y cuánto disfrutaste este arte. Y una vez más tu pasión y entrega se ven reflejadas en lo que narras.
Muchos saludos,
Daniel

varelad1 dijo...

Por cierto, me encantó tu comparación de Peter Gabriel con Juan Gabriel. Muy acertada para este tema.
saludos,

Qcho dijo...

Mí estimado Heberto:
¿Qué comentar en este tema? Ciertamente no hay comparación de lo creado en Japón a lo creado en Estados Unidos, aunque muchos ya hacen sus mezcolanzas, por ejemplo dentro de las nuevas caricaturas como las Chicas súper poderosas y que en Japón sacaron su versión, al igual de los Thundercats o de los X-men, hace uno mucho veía una película de Iron Man.
Yo ya no me siento tan fanático de este tipo de series, aunque no debo negar que si están pasando en la tv me quedo a verlas, por ejemplo la nueva versión de Dragon Ball Z Kai, no me agrada del todo, pero como en Capitain Tsubasa la tercera edición de los Super Campeones, es mejor pues los capítulos o la serie de acontecimientos no duran tanto, esas peleas entre Son Goku y sus enemigos eran largas y legendarias, así como el trote de Aton y Hyuga por todo el campo de fútbol.
Muchas de las series que comentas con gusto las disfrute en mi infancia, adolescencia y aun en mi juventud, como olvidar a Mazinger Z Sailor Moon, Candy Candy, La Visión de Escaflowne, B’t X, Robotech, recuerdo que en mis años en el SICOM cuando me tocaban las guardias nocturnas me chute toda la serie de Slam dunk o al menos hasta donde se quedaron los capítulos de los cuales me hubiese gustado que siguieran, de las Guerreras Mágicas también me chute todos los capítulos, de Inuyasha aunque la serie tampoco quedo completa o al menos no en el anime.
Creo que muchos de esta generación disfrutamos del grandioso Seiya el santo de bronce de Pegaso, al cual sigo todavía en sus nuevas aventuras, aunque debo confesar que la serie de Lost Canvas me ha agradado más que todo la serie de Saint Seiya o hasta ahora Saint Seiya Omega.
Detalle curioso del anime y sus personajes en que muchos de ellos se parecen físicamente el ejemplo más claro es Kōji Kabuto, Teppei Takamiya, Rick Hunter y ya así como por último Seiya.
Y mira que mientras escribo me voy acordando de más. Que buenos recuerdos…