domingo, 3 de febrero de 2013

De niño mocho a Adulto Ateo (Mis Creencias Parte I)


            Creo que los Ateos nacieron en respuesta a los mochos, debido a la pasión tan desenfrenada e irracional de muchos, despiertan una reacción igual y contraria en quienes se sienten agredidos en su identidad e individualidad. Como el 84% de la población mexicana, fui criado en una familia de costumbres católicas, en donde mi madre es fanática, siguiendo el ejemplo fiel de mi difunta abuela.

            La primera vez que oí hablar de los ateos fue en boca de mi madre y recuerdo que acabe muy asustado, ya que me los pintaron como los secuaces del Anticristo y/o Satanás. Al igual que mi caso, ésa es la imagen que tienen muchas personas cuando se les habla de los no creyentes. Nunca conocí a uno (me hubiera muerto del miedo), de hecho, el primer ateo que conocí en mi vida lo vi en el espejo.

            Yo era un niño MUY creyente, patológicamente devoto debo reconocer. Iba a Misa cada Domingo, además de las ocasiones especiales (Semana Santa, Navidad, Miércoles de Ceniza, etc.) comulgaba, me confesaba, trataba de cumplir con los mandamientos al pie de la letra, rezaba el rosario a diario, conocía una cantidad impresionante de oraciones que la mayoría de la gente no; en fin, el orgullo de mi madre, mi abuela y hasta del Papa (si nos hubiésemos conocido).

            Estaba tan adoctrinado que me llegue a enfrascar en discusiones para defender la Virginidad de María ante los ataques de gente con creencias distintas, nadie hubiese creído que iba a estar del lado cuestionador en vez del defensor unos años después.

“No hay nadie más fácil de engañar que quién está convencido que hace lo correcto” – Haruki Murakami (1Q84)

            Dicen que la mayor creadora de ateos en el mundo es la Iglesia en sí (aunque el resto de las religiones también han de hacer su aportación) y, en mi caso, también fue el mismo catolicismo el que me dio la Visa al ateísmo.

            Mi primer atisbo de ateísmo se dio a las 8 años, mi madre me contó la historia de un criminal de la peor calaña (asesino, violador, ladrón, etc.) al cual, en su lecho de muerte, se le apareció la virgen María; ésta le pregunto si se arrepentía de corazón de todos sus pecados, y él le dijo que sí, así que ella le dio un pase directo al Cielo.

            Cuando mi madre acabo la historia, indignado le cuestioné: “A ver, si me porto bien, voy a misa, cumplo con mis oraciones y los sacramentos, NO voy a irme directo al cielo, todavía voy a tener que pagar algunos pecados (en el purgatorio) para acceder ‘Limpio” al paraíso. Este sujeto, que hizo cosas muy malas, se arrepiente de corazón en el último momento ¿y se va al cielo?” Mi pobre madre no pudo convencerme ni aminorar mi indignación; tal vez se arrepienta de habérmela contado pero, tarde o temprano iba a darme cuenta de alguna otra contradicción.

            A pesar de ese episodio, no deje la religión, seguía con mis actividades, pero la semilla de la duda ya había sido plantada. Con el paso de los años empecé a encontrar cada vez más contradicciones religiosas, tanto en sus dirigentes, escrituras, seguidores y acciones. Veía a personas que eran conocidas por su deshonestidad, vicios, infidelidades y eran, en general, “malos” humanos, pero también eran los que más presumían su fe, se golpeaban el pecho con tanta pasión y daban las limosnas más onerosas; mismas personas que también recibían un trato especial por el padre en turno.

"Propiamente leída, la Biblia es la fuerza más potente para el ateísmo jamás concebida" – Isaac Asimov
 
En esa época me empezó a interesar el origen de la tierra y, obviamente, llegue a varios puntos en donde la versión bíblica y la Científica divergen totalmente. Me preguntaba ¿Por qué la Biblia no mencionaba a los Dinosaurios? ¿Las eras del hielo? ¿Los Mega mamíferos? ¿La Evolución? ¿Pangea? Etc. Para entonces mis dudas sobre la religión iban en crecimiento y mi fe incondicional ya empezaba a flaquear. ¿Por qué Dios tiene la apariencia de hombre? ¿Por qué no hay sacerdotisas católicas? ¿Por qué hay una infinidad de santos varones y muy pocas mujeres?

            Mi cumpleaños ¿Catorce? ¿Quince? (No lo recuerdo con exactitud) cayó en Domingo y jugaban mis Miami Dolphins contra los Buffalo Bills, justo a medio día. Quería ver el juego, a pesar de que mi madre quería que la acompañara a Misa con mis hermanos pero, por primera vez en mi vida, me rebelé. Le dije que no iba a ir (ya me sabía el Sermón y el Evangelio en turno), que prefería quedarme a ver mi partido. Aún puedo ver su expresión, aunque ya no recuerdo todo lo que me dijo para convencerme de ir lo cual, obviamente, no logró. Ese Domingo lo recuerdo con mucha felicidad, porque deje de ir a Misa y porque ganaron mis Dolphins (casi hubiera dicho que era una señal divina).

            Me crié en la religión católica, pero eso no exime a las demás de los mismos vicios. Tal vez el único momento en que fueron auténticas fueron en sus inicios, cuando tenían un ideal y eso era lo que los movía. Hoy en día hay muchos intereses involucrados y luchas de poder iguales o peores que problemas políticos de cualquier país del mundo. Y eso pasa con casi cualquier institución: podrá iniciar con las mejores intenciones pero, conforme ganan importancia, es muy fácil dejar ideales a un lado y satisfacer esa necesidad de poder implícita en la naturaleza humana actual.

            Alguna vez leí (en “Spawn”) que cuando somos bebes percibimos a nuestros padres como seres omnipotentes y omnipresentes pero, conforme va  pasando el tiempo, nos damos cuenta que son tan humanos, y con tantos o más defectos, que nosotros así que, para no sentirnos desamparados en el mundo, nos creamos un Dios que pasa a ocupar el lugar vacante que nuestros padres dejaron en nuestra idolatría, anhelo que las religiones aprovechan para ganar nuestra fe (o miedo) incondicional.

“El humano no desarrollado quiere pertenecer, ser aceptado por grupos e instituciones que reflejen sus propios límites” – Alejandro Jodorowsky

Cuando negué a la religión, en automático lo hice con al existencia de un Dios, porque si me contaron tantas mentiras acerca de él y “su” Iglesia para mantenerme en el “rebaño”, entonces Dios también tenía que ser mentira y, con lo extremo que suelo ser, de la noche a la mañana me convertí en Ateo convencido que nació de un católico decepcionado.

Me dí cuenta que a la Iglesia no le interesa acabar con la pobreza o desigualdad en el mundo, ya que esta misma situación es la que asegura su existencia (“Mexicanos, bien jodidos, pero bien católicos” es un dicho que refleja esto), y lo mismo se puede ver en evangelios, misas, salmos, sermones, actitudes, mensajes etc. que en resumen dicen: “Ustedes manténganse pobres, ignorantes y con miedo porque esa es la llave para entrar al cielo”; otro triste ejemplo de nuestra cultura es la película de Pedro Infante “Nosotros los pobres, Ustedes los ricos” en donde se tatúa en el inconsciente colectivo que mantenerse pobre es de los “buenos” y ser rico es “malo”. Fue cuando comprendí que la Iglesia, al igual que la TV, está diseñada para aletargar al Pueblo, para que no piense y ni siquiera intenten cambiar su situación.

Me hice consciente que había pertenecido a una religión que te condena y te hace sentir culpable por ser malo y sucio, cuando ni siquiera has tenido la oportunidad de ser malo ni sucio. Eres acusado de pecador por el simple hecho de ser humano y, lo que es peor, esa misma religión (y no dudo que todas) está llena de gente hipócrita, que pretende preocuparse por tu bienestar pero, en la realidad, sólo se deja llevar por sus instintos (cual viles animales). Gente falsa que se atreve a señalarte como si ellos fuesen inmaculados cuando, normalmente, tienen más cola que les pisen.

Una religión que te pinta un Dios rencoroso, mismo que te va a castigar por todos tus pecados, que te va a hacer pagar el precio por simplemente ser quién eres, por no ser perfecto. Por eso mismo te va a mandar al peor de los lugares: el Infierno. Asustar a los niños con las desgracias del infierno debería ser considerado terrorismo moral, el más cobarde delito contra la inocencia infantil y un maltrato psicológico que en realidad no tiene madre.

“Repasé aquellos esbozos de historias repletas de revelaciones místicas y profetas que sobrevivían a tremendas pruebas y regresaban con la verdad revelada, de infantes mesiánicos abandonados a las puertas de familias humildes y puras de alma perseguidos por imperios laicos y maléficos, de paraísos prometidos en otras dimensiones a quienes aceptasen su sino y las reglas del juego con espíritu deportivo y de deidades ociosas y antropomórficas sin nada mejor que hacer que mantener una vigilancia telepática sobre la consciencia de millones de frágiles primates que habían aprendido a pensar justo a tiempo para descubrirse abandonados a su suerte en un remoto rincón del universo y cuya vanidad, o desesperación, los llevaba a creer a pies juntillas que cielo e infierno se desvivían por sus triviales y mezquinos pecadillos” – Carlos Ruiz Zafón (“El Juego del Ángel”)

Irónicamente los religiosos que más se ofenden con estos comentarios son los teóricos y no los prácticos, porque los que en verdad ponen en acción lo que predican no son tan fanáticos pero, por otro lado, hay personas tan cegadas por su dogmatismo que dejan de actuar de manera amorosa y ejercen su religión de manera agria, gris y molesta para los demás.

Bien dicen que si Cristo viviera en estos días, volvería a ser crucificado (y no me cabe la menor duda que así sería). Tal vez eso mismo acrecenté mi misantropía: le he perdido la fe al grueso de la humanidad, ya sólo me dedico a encontrar contadas excepciones de calidad que no alcanzan para salvar a toda la raza.

No dudo en la autenticidad del Catolicismo al momento de nacer, ni tampoco dudo de las buenas intenciones que tuvo en su momento Jesús (que el hecho de que existiera no quiere decir que sea hijo de “Dios”), pero conforme fue creciendo y ganando poder se empezó a corromper, y es que las personas (sin importar el móvil) cuando empiezan a sentirse poderosas, se corrompen por la sed del mismo. Creo que esa es la única religión “no oficial” que abarca a la mayoría de la humanidad: El Poder, porque todos lo buscan con un fervor impresionante.

Si el humano dejara de ser tan religioso de manera teórica y empezara a poner en práctica lo que predica, tal vez no tendríamos tantos problemas sociales. No me opongo a los principios de respeto reciproco que predica el catolicismo (aunque casi nadie lo practica); de hecho, bajo esos términos, mi comportamiento es más católico que muchos que predican dicha religión (incluidos bastantes Sacerdotes). Me opongo a que se dicten dogmas irrefutables que dictan “Prohibido pensar que todo ya está escrito” (como plasmó conocido Cantautor).

“El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo” – Friedrich Wilhelm Nietzsche

            Lo que no me gustó, entre otras cosas, de la religión católica (y de muchas otras) es que te enseñan a tener miedo, y a pedir a través de una actitud pasiva y agachada porque “el cielo es de los desamparados”. Eso es algo que le admiro a los japoneses, en sus religiones Shintoísta/Budista, ellos van al templo a agradecer lo que tienen y no van a pedir, porque entienden que ellos van a trabajar para obtenerlo; y no lo van a recibir sólo por ser “buenos”, dar su limosna o hacer sus oraciones.

La única ventaja que mi madre le encontró a mi ateísmo fue que me hacía cargo de todos los que pasaban a evangelizar casa por casa y que incomodan a tanta gente; los recibía y respaldado por todo ese bagaje religioso, que aún recordaba, me enfrascaba en una discusión sin fin y que ellos optaban por dejar la casa en paz porque mi agresividad, y odio, los afectaban más que mis argumentos en sí. No voy a negar que me divertí mucho, pero hoy reconozco que fue algo inútil, estúpido y totalmente inmaduro de mi parte, ya que se dice que en religión, política y fútbol, las personas no van a cambiar sus puntos de vista.

La religión nos quita dignidad como humanos, nos limita, nos quita libertad, nos acota el poder de decisión, nos anula la personalidad al decirnos cómo debemos vivir y nos arrebata toda responsabilidad para ser íntegros e independientes, por lo que nos torna inmaduros y fanáticos.

Pero la historia no terminó ahí. Ciertamente no he vuelto a tener ninguna religión (y dudo ejercer alguna nuevamente), pero el ateísmo fue el primer paso en la evolución de mis creencias, pero ése es el tema del siguiente escrito.

           
            Hebert Gutiérrez Morales.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy valiente expresar los puntos de vista propios Hebert, felicidades. Creo que en la medida de lo posible, como lo expresas al final de tu escrito, si cada uno incorporara lo que se profesa en las religiones a su vida diaria, el mundo sí sería distinto.

Creo que es trabjo de cada uno poder caminar en ese sentido, independientemente de la religión y el grado de contenido de la misma (o de ninguna) que integremos a nuestras vidas y actos.

Yaire

Anónimo dijo...

El problema no es Dios, que quede claro que no estoy hablando de religión, sino nosotros los seres humanos, que torcemos la palabra de Dios a nustro beneficio, y un claro ejemplo, como bien lo dices, somos las Iglesias, que juzgamos a las personas por su credo, clase social, preferencia sexual, etc., y perdemos el funadmento por lo cual fue creada, el cual es, "Llevar el mensaje de salvación a través del sacrificio de Jesucristo a todas las naciones", y Dios juzgra a las naciones, cuando sea el tiempo.

miguel cañedo dijo...

No pude dejar mi comentario pues creo rebase el limite de 4096 caracteres, por eso te lo he enviado a tu mail, gracias