domingo, 17 de febrero de 2013

Definiendo a “Dios” (Mis Creencias Parte III)


            Las creencias no se deberían enseñar, uno las debería adquirir por su cuenta; porque si te las inculcan como dogma no tienes cómo acomodarlas a tu esencia y, si las vas aprendiendo a tu forma de ver la vida, te sientes más a gusto con ellas. Voy a contar mi definición del concepto llamado “Dios”. Sugiero leer esto con mente abierta y no con ánimo de agresión, lo voy a dividir en algunas secciones.

            Los antecedentes de la religión

            Tomemos las culturas Antiguas como Grecia, Mesopotamia, Roma, Egipto, China, Japón, los Mayas, los Incas, etcétera. Tenían sus propias religiones y respectivos Dioses que, hoy en día, son simple Mitología que sirve para entretenernos como cuentos de hadas, ¿o alguien sigue creyendo en Osiris, Zeus, Júpiter, Odín, Quetzlcoatl y demás deidades? Hoy son simples cuentos y, para los expertos, datos de referencia para entender mejor a aquellas culturas antiguas y arcaicas.

            ¿Qué les hace creer que ya hemos alcanzado el conocimiento exacto del origen de la vida y el Universo? ¿Quién les dice que en 1000 años (si aún hay humanidad) no va a haber “Davidianos” adoradores de David Coresh como hijo de Dios? Y dentro de sus libros sagrados van a contar como el montón de salvajes lo asesinaron por traer un mensaje de paz. ¿Quién les dice que para aquél entonces el Cristianismo, Judaísmo, el Islamismo, el Budismo, Shintoismo y demás religiones ya no van a ser válidas? Igual y sólo serán puntos de referencia cultural para entendernos como “tristes culturas arcaicas”, y ¿entonces? ¿Los Davidianos tendrían la razón? Ellos van a decir que sí.

            Los humanos, en nuestra infantil manera de encontrarle explicación a las cosas, le hemos asignado a este “Dios” cualidades humanas: Piedad, ira, compasión, bondad, etc. ¿No creen que si fuera tan superior ya hubiera dejado esos estados tan banales? Nos gusta creer que así es él (porque hasta género le asignamos), porque nos es más cómodo creer que es una versión mejorada de nosotros mismos en vez de algo que no podemos definir, ¿Cómo vamos a adorar a algo que no podemos imaginar?

            Sé que hay muchas personas que no pueden, o en realidad no quieren, entender más allá de los dogmas que con los que los programaron. No quiero que piensen como yo, sólo quiero que entiendan que aunque me “educaron” creyendo una cosa, hoy creo en otra. No sé si mi percepción de lo que llaman “Dios” es más sofisticada o, tal vez, más sencilla (o más burda, si así lo quieren clasificar), pero así lo elegí yo.

Personalmente, creo que el humano común y corriente no está preparado para llevar o seguir una religión. Llevarla implica demasiada tentación por el poder que genera el dirigir las creencias de tantos millones de personas. El seguirla no es fácil sin caer en el fanatismo. Para mí, el número ideal de integrantes en una religión es UNO. Cuando se es responsable de las creencias propias, es más fácil ser congruente con su manera de ver la vida, ya que no descarga en alguien más lo que debe pensar o creer, además de no tener a quién culpar de sus fallas (o quién lo justifique de las mismas).

            Mi religión es de una sola persona, y no admito más correligionarios, ¿Por qué? No es por elitista ni por intolerante, porque se ha visto que cualquier asociación humana con muchos integrantes, empieza a corromperse por intereses ajenos al objetivo inicial. No necesariamente se corrompen los fundadores, pero sí los que heredan el mando. Esto pasa con casi todas las religiones (tal vez se salven Budismo y Shintoismo), en donde las creencias pasan a segundo término (para los dirigentes) y el poder es el nuevo “Dios” regente.

            Después de tanto antecedente, a lo que nos truje Chencha.

Dios y nuestra creación

            Creo que existe “algo”, no puedo decir “alguien”, muy superior a nosotros. Esta “cosa” está hecha de energía pura (como todo en el Universo), no creo que tenga una consciencia tal cual y, en caso de tenerla, es algo más allá de nuestro entendimiento. Esta esencia nos dio origen pero, a diferencia de lo que el ególatra humano quiere creer, nuestra creación fue un mero accidente, no fuimos creados a propósito. Claro que el homínido tiene la necesidad de sentirse divino, por eso mismo se pone en el centro de la creación (algo tan estúpido como cuando creían que el sol giraba alrededor de la tierra).

            Como breve paréntesis, les recomiendo la serie “Catástrofe Prehistórica” del Discovery Channel, en la cual se puede comprobar que somos el producto de diversas coincidencias y que nuestro origen es un verdadero milagro (pero no religioso), una vez que nos hacemos conscientes de todo lo que ha pasado en este planeta, lo breve de nuestra existencia y lo fácil que podemos desaparecer, nos hacemos más humildes y empezamos a poner las creencias en perspectiva.

            Regresando a la esencia de la cual provenimos, es tan grande que no dudaría en algún momento que es lo que concebimos como Universo en sí. Esa misma magnificencia me hace afirmar que nuestra existencia es irrelevante para “Dios”. Voy a ejemplificarlo de manera más local: vamos a suponer que las células de nuestro cuerpo son conscientes y tienen una vida organizada. Nosotros sabemos que existen pero son tantas que si muere una o nace otra no nos quita el sueño, por eso mismo, si una le pone el cuerno a otra o una sociedad de ellas defrauda a algunas o que una nación de ellas someta al resto, nos tiene sin el mayor cuidado. Las células existen en nosotros pero seguimos viviendo sin importarnos su comportamiento social.

            Algo así pasa con esa esencia, si es que sabe que existimos, en realidad no le es vital nuestro comportamiento, a fin de cuentas somos unos bichitos molestos que habitamos el tercer planeta en una de tantas galaxias.

    El alma, el cielo, reencarnaciones y otras vidas.

            Claro que existe el alma, por algo nos movemos, sentimos y, en ocasiones, entramos en catarsis con diversos motivadores, por eso somos capaces de creaciones sublimes, aunque también de las aberraciones más despreciables.

            Aunque no soy admirador de Coehlo, hay un par de libros que valen mucho la pena de él, el siguiente concepto lo tomé de “Brida” ya que me hizo mucho sentido, les comparto la adaptación que hice del mismo:

            Antes de nacer, nuestra energía forma parte de esta energía esencial (lo que ustedes llaman “Dios”), somos como una gotita en un inmenso océano. Cuando somos concebidos se crea nuestro cuerpo (un recipiente) el cual se llena con nuestra alma (así como si tomáramos agua del mar en una botella).

            El recipiente es nuestro cuerpo terrenal y el agua es nuestra alma, esa pequeña muestra que vino de nuestro creador/origen. En ese cuerpo, y en esta vida, nos vamos haciendo de experiencias en la breve existencia que nos toca.

            Cuando el cuerpo muere, el alma se reincorpora a la esencia primaria, como cuando vaciamos el recipiente de vuelta al mar. La forma individualizada se pierde por completo, así usemos el mismo recipiente para llenarlo de agua de mar, la esencia ya no será la misma. Eso es a lo que llaman “Cielo” o “Nirvana” o  “Valhalla” o el “Más allá”, ciertamente es cuando ya no existe el ego y cuando nuestras energías confluyen unas con otras, ya no hay ni tú ni yo, no hay él ni ella, somos todos y nada a la vez. Dentro de lo que nos inculcan es que llegaremos con nuestra misma esencia al siguiente plano existencial y es cierto, pero no de forma individual, porque nuestra consciencia se pierde por completo para integrarse al Todo.

            Tomando esto como base, es claro que existen las reencarnaciones pero ¿por qué recordamos sólo pasajes de vidas anteriores? Porque al reintegrarnos a la esencia primaria, así como cuando vaciamos el recipiente al mar, todos nos mezclamos, así que el alma que ocupa un nuevo recipiente está conformada por pedacitos de otras esencias que habitaron en distintos lugares y en distintas épocas (hasta aquí la idea de Coehlo)

Cuando reencarnamos, no sólo lo podemos hacer como humanos, también podemos hacerlo como animales, en otros planetas, en otras dimensiones y, ¿por qué no? hasta en otras épocas. Básicamente las creencias humanas nos limitan a que la creación gira entorno a nosotros, pero al Universo le vienen valiendo pepino nuestras infantiles creencias.

Todas estas posibilidades que menciono pueden ser factibles y es que, como los limitados somos nosotros, creemos que el Universo también lo está, cuando desconocemos casi todo de él.

            Es por eso que la muerte NO existe. Si recuerdan sus clases de Física, se nos dice que la energía no se crea ni se destruye: sólo se transforma. Cuando llega eso que llamamos “Muerte”, en realidad sólo fenece el Ego, esa identidad que nos hemos forjado en este plano existencial, pero no hay muerte como tal. Sólo cambiamos de estado, pasamos a otra etapa de nuestra existencia pero, como estamos tan atados a nuestras relaciones, nuestras posesiones, nuestros roles, nuestras identidades y demás, tendemos a temerle.

    La tranquilidad espiritual, los milagros, la fe y demás.

            Está comprobado, científicamente, que el rezar con fe acaba tranquilizando a quien lo realiza. También hay muchas personas que están convencidas de que han visto apariciones o que se les han concedido milagros en respuesta a sus plegarias, casualmente la deidad en la que creen, no otra que les es ajena.

            En mi etapa final de ateísmo me empecé a dar cuenta de algo: si ves la vida negra, más oscura se pone, por otro lado, si le encuentras lo positivo, es más factible que obtengas buenos frutos. Este concepto se desarrollo en un vídeo llamado “El Secreto”, cuya esencia me pareció maravillosa pero, al igual que las religiones, una vez que encontraron la veta de oro que da el poder, se empezó a corromper como el resto de corporaciones que lucran con las creencias.

            Muchos lo llamaran rezar, otros meditar y otros simplemente tener buena vibra. El hecho es que la energía reacciona de acuerdo a lo que emitimos, si nos enfocamos en lo malo, sólo llegaran cosas malas. Es como en la vida, ¿con quién prefieren relacionarse? ¿Con un amargado que refunfuña todo el tiempo? O ¿Con una persona positiva con una actitud excelente y que siempre ve lo bueno del día?

            Este Universo está hecho de energía, misma que reacciona conforme a su entorno. Por eso dicen que el dinero atrae dinero, ya que la gente exitosa sigue triunfando a pesar de los fracasos y los fracasados siguen en el lodo a pesar de algún golpe de suerte. Yo mismo he experimentado eso, antes mis días eran un suplicio constante pero, cuando aprendí a ver lo bueno de la existencia (sin convertirme en un iluso bonachón) mi calidad de vida se ha incrementado exponencialmente (Sin tener que ser millonario, como muchos creen que es la única manera de estar pleno).

            De ahí viene lo importante de la meditación y no me refiero precisamente a estar en posición de flor de Loto y hacer “Ommmm”; me refiero a la paz interna que uno debe alcanzar, se puede hacer mientras nadas, mientras lees, mientras escribes, mientras bailas, mientras estás en un campo abierto sintiendo la brisa que te despeina.

Los humanos hemos errado el camino, porque estamos en búsqueda de una felicidad eterna, misma que es una falacia, una leyenda, un mito que nos han tatuado en el inconsciente. La felicidad es un estado efímero que, eventualmente, termina; si nos hacemos adictos a él, viviremos constantemente en episodios de alegría-nostalgia-tristeza-alegría-nostalgia-tristeza y así indefinidamente, lo cual es muy desgastante.

La paz es ese estado en el que podemos aceptar las cosas tal cual vienen, con la intensidad que fueron concebidas y el tiempo que tengan que durar. No es un estado de conformismo, es uno de madurez espiritual que pocos logran alcanzar (y al cual espero llegar aunque sea en el último momento antes de morir).

Nada indica 
En la voz de la cigarra 
Que pronto morirá. 
-Bashou

Conclusión

En fin, como dije al inicio, ésta sólo es mi versión de los hechos pero, a diferencia de lo que hacen las religiones, no es mi intención enjaretárselos como verdad universal. Al final, esta esencia está más allá de nuestro entendimiento así que, lo más probable, es que nunca sepamos lo que en realidad es.

Lo que sí me parece ilógico es atribuirle a ese ente, tan superior a nosotros, cualidades y defectos humanos. Eso es una muestra de egolatría humana y no la fe en algo superior.

            Creer que un Dios rige nuestro destino, todo lo bueno y lo malo que acontece en nuestras vidas, nuestros caminos y sus resultados es algo que no entra en mi mente, por lo que pueden  considerarme ateo, porque ese “Dios” no lo es y está más allá de nuestro entendimiento.

            Para mí es más valioso aprender y razonar todo en la vida que todos los dogmas que me embutieron en la niñez y, hoy en día, me siento más tranquilo respecto a este tema, porque me encontré con el camino de estas creencias después de un largo proceso y no solamente porque alguien más vino y me lo impuso.

Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

David MacKay dijo...

Hola Hebert
He leído con gran interés tus escritos sobre el tema de la religión y creencias metafísicas. Te felicito por la claridad de tu pensamiento y tu valentia al plasmar tus creencias públicamente. Difiero tal vez de ti en tus conclusiones respecto de la indiferencia divina y la ausencia de propósito en la manifestación de vida. Dice Ana que ¿dónde se puede inscribir en la religión Davidiana?
Un abrazo
David

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
Leí tus ensayos sobre tus creencias y me parecen excelentes.
Creo que tienes una mente muy analítica, profunda y reflexiva; aunado al pragmatismo y sencillez que siempre te caracterizan.
Simplemente: Felicidades.
Me encantó el pensamiento de Dewey, me gustó mucho la claridad y lo divertido de las analogías.
Y hablando de mis creencias, yo definitivamente creo en Dios no porque me lo inculcaron mis padres o la sociedad, sino porque aprendí a encontrarlo y a amarlo en situaciones muy especiales e inolvidables de mi vida.
Como por ejemplo: cuando me enamoré de mi primera, segunda y cuarta novia; cuando subí al Popocatépetl por vez primera; cuando me di cuenta de lo importante que soy para muchas personas; y por supuesto, cuando nació mi pequeña hija. Y otras tantas cosas que no terminaría de describir.
Siempre he tenido una comunicación directa con Dios, sin imaginármelo como una persona, sino como un ser inmenso e indescriptible que me entiende y que sabe que hay cosas que yo no conozco o no puedo comprender.
Todo esto que he escrito es, desde mi punto de vista, ajeno y completamente diferente a la religión. La religión y la iglesia son totalmente humanas, con toda la diversidad de pensamientos, hechos, aciertos y equivocaciones que esto implica.
Ciertamente sigo ciertas costumbres y actividades de la iglesia católica, muchas de ellas por acompañar a mi esposa, ya que por mi mismo no las realizaría.
Pero en resumen, yo tengo una religión con Dios, no con los humanos.
Un abrazo y nuevamente felicidades.

Daniel