jueves, 28 de febrero de 2013

El Lunático de la 1AM (Parte I de la No-Trilogía)


            Debido a un problema temporal en los estacionamientos del trabajo, me programe para levantarme a correr una hora más temprano (a las 5AM en lugar de las 6), con esa hora adicional aseguraba encontrar lugar.

            Desde la noche anterior estaba muy enfocado en mi meta, tenía toda una estrategia que requería de gran precisión para lograr mi objetivo, así que me fui a la cama muy ansioso. Claramente escuche el despertador e inicie con la rutina para salir a correr.

            Cuando salí del fraccionamiento escuche a unos vecinos, cerca de la entrada, que estaban despiertos, lo cual me pareció muy raro a las 5AM, sin embargo, empecé mi camino como si nada; entre semana siempre inicio mi recorrido a oscuras, así que no note algún otro hecho extraño. No advertí las miradas extrañadas en la primera gasolinera que atravesé, o la de los policías que normalmente están estacionados en esa esquina.  Llevo tantos años lidiando con miradas que me desaprueban (por correr a oscuras, con lluvia, con granizo, con frío y demás), que he aprendido a ignorarlas por completo.

            Llevaba un muy buen ritmo, porque estaba enfocado en llegar temprano al trabajo, así que subí completamente solo a la pirámide y me sentí feliz de estarlo (ignoraba que, por mucho, iba a ser el primero ese día), y comprobé que la Pirámide de Cholula está abierta a todas horas. Me decía “¡Pero qué bien me siento! Tal vez deba seguir levantándome a esta hora para encontrar el mundo tan solo”, claro que pensaba que eran como 5:30AM. Independientemente de la hora, eso no anula la plenitud que sentía.

            Cuando pasé la zona de los Antros detrás de la UDLA, me lleve una sorpresa bastante desagradable: El movimiento estaba a todo lo que daba con borrachos en la calle, gente comiendo tacos, taxis y patrullas circulando por doquier, los Valet Parkings y todo un mundo ajeno a mí. Me sentí ofendido por la masa humana que se atrevía a mancillar la tranquilidad de mi madrugada “¿Cómo se atreven?” pensé indignado “¿Acaso esta pinche gente no tiene nada que hacer?” y concluí “No sé qué demonios está pasando, ya deberían estar en sus casas ¿Por qué están despiertos si ya casi son las 6AM?”

            Fue un tramo de un kilómetro que me estresó bastante, es más, hasta me asuste de encontrarme con este mundo ajeno al mío, me sentía indignado que estos sujetos estuvieran “violando” mi sereno mundo madrugador, así que seguí corriendo para, más tarde, enterarme que era yo el intruso que invadía su mundo antrero. La razón principal de mi susto fueron los borrachos. Tengo una aversión impresionante a los alcohólicos, producto de criarme con uno. Eso es un factor determinante para mi escasa vida nocturna: el evitar a borrachos que me crispan los nervios.

            A pesar del pasaje anterior, seguía corriendo sin sospecha alguna de que hubiera algo “mal”. Estaba recorriendo mi camino muy feliz, en un mundo silencioso, sin nadie que me interrumpiera, hasta iba pensando “Ahorita todos mis amigos están dormidos”. . . .  desconocía lo brutalmente cierta que era dicha afirmación.

            Recordé algunas ocasiones cuando corría con las perras, en especial cuando me daban mis ataques de insomnio y salíamos a las 4AM. Las extrañé aún más cuando un par de canes me atacaron en mi camino, afortunadamente su amo (que estaba en una taquería) los llamó y la escena no pasó a mayores. “Si Dori y Osa estuvieran aquí, ya les hubieran hecho ver su suerte”, fue lo que pensé. Nunca creí que volvería a recorrer a esta hora las calles, sobretodo al carecer de la protección que me daban mis amores peludos.

            Otro detalle del que posteriormente me hice consciente es que, en un par de ocasiones, hubo unas patrullas que amagaron con emparejárseme pero, por alguna razón, desistieron y siguieron su camino: “¿Qué les pasa a estos locos? ¿Qué no ven que estoy corriendo tranquilamente?”. Ya me imagino lo que han de haber pensado los policías “¿Pero qué le pasa a este wey? ¿En serio está corriendo a estas horas?”

Obviamente no debí haber dado una buena impresión al vestir de negro, corriendo de madrugada y con guantes. Por lo menos ya no tengo el pelo largo, porque eso hubiera provocado más sospechas sobre si era un maleante en plena fuga.

            Al llegar al 75% de mi recorrido, cobre consciencia de algo: no estaba amaneciendo, según yo, ya eran cerca de las 6:30 y ya se debían ver los primeros atisbos del amanecer, pero seguía oscuro. Fue cuando me hice consciente de que la afluencia de taxis y patrullas eran excesivas, no había visto ningún otro transporte público, no se escuchaba el canto de los pájaros al despertar, había visto muchos puestos de tacos que normalmente veo cerrados y recordé las excesivas miradas de extrañeza que había recolectado en el camino (en las gasolineras, en los Oxxos, en los Antros, en las patrullas, en los taxistas, en los taqueros, etc.)

Mis sospechas empezaron a multiplicarse al unir todas las pistas y no quería comprobar lo que iba a acabar comprobando de todas formas. “Esto no puede estar bien” pero, como no tenía otra cosa que hacer, seguí corriendo. Faltando 2.5 kilómetros para llegar a la casa, hay una gasolinera con un reloj enorme en donde siempre checo si voy bien de tiempo: 2:46AM.

Mi primera reacción fue reírme por lo patético de la situación: “¡Hebert! ¿Acaso estás pendejo?” Me recriminé agriamente. Me había levantado cuatro horas más temprano y salí a correr a la 1AM en lugar de las 5AM. Con el paso de los metros experimente toda una gama de emociones: no sabía si reír, llorar, enojarme,  asustarme o entristecerme. Sin importar lo que sintiera, había un hecho irrefutable: había corrido desde la 1AM e iba a acabar a las 3.

Estaba consternado por tremenda imprudencia, sé que no es la primera (y dudo que vaya a ser la última) que hago en mi vida, pero en esta ocasión no fue premeditada, fue un verdadero accidente, producto de la neurosis por levantarme temprano. Pero deje todos los pensamientos atrás “Ya habrá tiempo para analizar los hechos”, ahora lo que debía hacer era apresurarme a llegar a casa, porque estaba solo en la calle en horas que no es buena idea estarlo.

Corrí tan rápido y tan alerta como pude con la esperanza de que, al llegar a la casa, me encontrará con que el reloj de la gasolinera estuviese mal y (por lo menos) hubiese llegado a las 6AM, ¡pero no! Al llegar a mi hogar verifique que efectivamente eran las 3AM, así que no me quedaba de otra que seguir mi rutina normal (enfriar, tomarme un licuado y bañarme), con la salvedad de que en vez de vestirme para el trabajo, retorne a mi cama con la esperanza de conciliar el sueño (cosa que no logre).

Dejando la hora de lado, fue una de las corridas más eficientes que tuve (porque en realidad salí a correr a la 1:10, lo que significa que corrí mis 20 kilómetros en 110 minutos en lugar de los 120 acostumbrados), de no haber estado consternado, sin duda me hubiera sentido orgulloso por bajar tanto mi tiempo, pero haberlo hecho cuatro horas antes de lo programado no me dejo disfrutar mi logro.

Antes de meterme a mi camita, oí que los “locos” de mis vecinos estaban despiertos. Desde hace unos cuatro meses que llegaron, escucho que están despiertos a todas horas, cuando me levanto en la madrugada a ir al baño, se escuchan sus voces al otro lado, también se escuchan al momento de dormirme como cuando me levanto y me pregunto “¿Acaso esta gente no duerme?”

En esta ocasión carecía de la calidad moral para juzgar sus horarios, porque me acababa de bañar a las 3:30. “Ok, sólo por hoy, no voy a juzgar a los ‘otros’ locos, porque hoy no ha de haber loco más grande que yo”.

Esto va a quedar como una buena anécdota, una especie de aventura para mi (hipotética) descendencia o, por lo menos, va a ser motivo de una buena burla con mis amigos (tanto corredores como no corredores).

No sé si tuve suerte o Puebla es una ciudad segura, el hecho es que corrí en horas inhumanas sin que me pasara nada: pase grandes tramos corriendo a solas, sin ninguna alma al alcance a la cual pedir ayuda. Ese placer misántropo que siento de correr sin humanos alrededor se convirtió en una preocupación retroactiva por mi seguridad. Me dio un ataque de sentido común por ponerme en peligro aunque, posteriormente, me acabe sintiendo orgulloso por el “logro” obtenido y no planeado: correr a solas después de medianoche.

Afortunadamente todo quedó en una experiencia más que espero (de todo corazón) no se vuelva a repetir. Ya viéndolo con días de por medio, resultó memorable y divertida pero eso no quiere decir que la volvería a vivir.

Definitivamente las limitaciones habitan en nuestra mente. Si alguien me hubiera dicho que iba a correr de 1 a 3 AM, le hubiera dicho que estaba loco de remate. De no haber corroborado la hora en la gasolinera que cierra mi ruta, hubiera llegado tan tranquilo a casa como hice la mayoría de mi trayecto, mismo que disfrute y, por lo mismo, la hice en un gran tiempo (para mí, claro está).

Al ignorar la hora, estaba enfocado en el objetivo de correr rápido, dando el resto de las variables como constantes, por lo que no noté todas esas señales que me indicaban que había algo fuera de lugar. Si hubiese sido consciente de la hora desde antes, el terror se hubiera apoderado de mí, de inmediato se hubieran infiltrado los miedos a ser asaltado (aunque no llevo nada conmigo), secuestrado, atropellado, extorsionado, asesinado y demás peligros inherentes al recorrer las calles a solas.

Sin quererlo ni planearlo, enfrente el peligroso mundo de las calles oscuras y salí avante, el hecho de que haya sido sin darme cuenta no le quita mérito a mi hazaña. Los miedos nos limitan porque estamos conscientes de ellos, si no los conociéramos, no me imagino las metas que pudiéramos lograr. Esa madrugada alcance una meta que ni siquiera me había propuesto, es cierto que en un inicio sentí miedo y vergüenza, pero al final termine sintiendo orgullo por mi logro.

El sentido común dicta que lo que hice fue peligroso, pero no pasó nada y recibí un gran aprendizaje. Normalmente tiendo a ser muy prudente (o timorato si gustan) al momento de tomar riesgos, ninguno tan grande como el que enfrente en esta ocasión. Tal vez debería aventarme más veces a lo desconocido y hacia la incertidumbre, es factible que pierda, pero también es factible que gane. Tal vez ya sea hora de dejar de conformarme con ganancias pequeñas y seguras mientras veo que otros se llevan los grandes premios por ser más atrevidos.

No me voy a morir por intentar algo nuevo, tal vez mi orgullo se vea un poco afectado, pero ése no es un daño real. A veces conseguiré lo que quiero y a veces ganaré experiencia para lograrlo posteriormente. Ya va siendo hora que enfrente a ese puto miedo que me ha paralizado a lo largo de mi vida y que me ha impedido obtener mis más grandes anhelos.

Adicionalmente al tema del estacionamiento, hay una razón aún más grande para que haya pasado esto: recientemente me enamoré. Debido a esa situación, estoy muy lejos de mi tranquilidad emocional, he perdido el centro desde que conocí a esa maravillosa mujer. No voy a tratar ese tema en este escrito, sino hasta la tercera parte de esta “No-Trilogía” pero, ciertamente había pasado mucho tiempo en que no sentía tal desequilibrio, y todo por una hermosa mujer que me ha robado el corazón.

            Este pasaje de mi vida es una evidencia que llevo demasiado tiempo viviendo solo, a mi ritmo. De haber estado cohabitando con una fémina, al verme tan decidido a salir a correr, sin duda me hubiera dicho “Hebert ¿estás loco? ¡Ve la hora!”. Tal vez yo mismo debí haber corroborado la hora antes de salir pero, honestamente, me alegro de no haberlo hecho, porque me hubiera privado de esta aventura tan “sui géneris”.

            Sin duda alguna, muchas personas tendrán varias aventuras que contar y que les pasaron entre 1 y 3 de la madrugada pero, seguramente, ninguna es como la mía. Ninguna aventura auténtica es planeada pero lo fortuito de ésta la hace irrisoria.

            Finalmente, las siguientes corridas en la madrugada, me vi invadido por una actitud neurótica: Verificar, por lo menos, cinco veces la hora antes de iniciar con mi trayecto ¬_¬U.

            Hebert Gutiérrez Morales.

4 comentarios:

miguel cañedo dijo...

En la complicidad de la madrugada, de la noche, de las sombras, de la austera y justa soledad de esas horas suceden cosas extravagantes y cosmopolitas, en una ocasión trabajando en Zacatepec me salí dos horas antes, pensando que eran las 5:00am... Y claro llegue a las 7:00am y no a las 8:00am.

miguel cañedo dijo...

Y ahora que estas incendiado del corazón también has desaparecido de los medios usuales de contacto; Es una molestia no recibir las notificaciones del salsero, pero hay que darle paso a la pagina, donde te encuentres con afecto, un abrazo...

Laura Tuxpan dijo...

Hey Hebert!!! Donde esta la segunda y tercera parte de esta “No-Trilogía”????.
Ya quiero leer la parte en que hablas del amor jeje quizá se escuche raro pero son mis partes favoritas :p.

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Hola Laura: Muchas gracias por leerme y comentarme. LA segunda parte se llama miedo y está en este link http://hebertgutierrez.blogspot.mx/2013/03/miedo-parte-ii-de-la-no-trilogia.html Y la tercera parte la puedes leer en este otro link http://hebertgutierrez.blogspot.mx/2013/03/maldicion-me-he-enamorado-parte-iii-de.html