sábado, 9 de marzo de 2013

Las secuelas del Bullying (Ñoños y hostigamiento: Parte II)


“After all that you put me through,
You think I'd despise you,
But in the end I wanna thank you,
'Cause you've made me that much stronger”
From the song “Fighter” (Christina Aguilera)

 
            En la primaria fui feliz pero, cuando entre a Secundaria, fui víctima de un acoso sorprenderte por parte de mis compañeros. Desde el inicio fui blanco de bromas por estar regordete y, por qué no decirlo, muy cagado. Como buen católico, no me defendí de sus burlas ya que, según los sabios consejos de mi mami “Se van a aburrir de molestarte y pronto serán amigos” ¡Ajá! El problema es que no se cansaban de fastidiarme, de hecho la intensidad de las bromas iba en aumento.

            Me robaban, tanto dinero como mis útiles, me empujaban entre todos, hacían bromas a mis costillas, me ponían apodos, me daban de zapes, me descalificaban y demás. Ni siquiera encontraba un poco de consuelo femenino porque mis compañeras, aunque no participaban en el acoso físico, también participaban en el psicológico así que, literalmente, estaba solo contra el mundo.

Hubo un día en que me enferme y falte a clase: craso error. Al día siguiente encontré mi banca destrozada, pintarrajeada y escupida. Como tuve la “suerte” de ir a escuela pública, no había presupuesto para arreglarla, así que tuve que volarme una de otro salón y, desde entonces, no volví a faltar a la escuela, sin importar que hubiera causa que lo ameritara. Siempre pensé que mis compañeros eran malos por naturaleza al hostigarme sin descanso, esa percepción cambió en el trabajo.

Debido a la estatura de un compañero, le empezamos a hacer muchas bromas al respecto (que pasó a ser Mobbing, por ser en la oficina). Fui participe activo de dicho acoso hasta que una amiga me dijo “¡Ya déjalo en paz! No sabes todo lo que tuvo que pasar en la escuela por su estatura y está cabrón que también lo sufra en el trabajo”. Me hice consciente de la situación que, de hecho, no era nada personal, no es como si todos estábamos esperándolo y planeando con tiempo lo que le íbamos a hacer o decir. Era algo instintivo, se huele, percibes el miedo e inseguridad en la potencial víctima y, casi en automático, empiezas a fastidiar.

            Tal vez suene ridículo, pero la gente acaba atrayendo eso. Todos tenemos la necesidad de sobresalir por algo, sentirnos vistos e importantes para los demás y, muchas veces, ese anhelo nos lleva a meternos en dinámicas nocivas. Por eso muchos, inconscientemente y a nivel energético, atraen ese acoso hacía sí mismos. “¡Moléstenme! Necesito ser importante para ustedes, no importa que me fastidien”.

            Esto del bullying y mobbing son dinámicas sociales antiguas, parte es educación en las casas pero, sobretodo, es instintivo. Es la necesidad humana de mostrar el poder, marcar territorio y, si es más fuerte que los demás, dejarlo en claro. Soy un ejemplo de dicho comportamiento ya que, a pesar de que fui hostigado, acabe fastidiando a otros posteriormente. Al inicio es inconsciente, cuando uno elige a la víctima pero, una vez establecida la relación sadomasoquista, el comportamiento se hace muy consciente y se vuelve una rutina tanto para el abusador como para el que es hostigado.

            Por lo mismo, es preferible pasar por alguien violento en las primeras de cambio, cuando alguien te hace una pequeña broma, lo mejor es sobredimensionar la situación y hacerle saber que no vamos a soportar sus pendejadas. Una vez “marcado” nuestro espacio, cualquier relación que se entable después, ya estará “protegida” por la muestra de poder inicial. Si con pequeñas bromas no te das a respetar desde un inicio, todo por esa estúpida necesidad de caer bien siempre, seguramente acabarás como (merecida) víctima del Bullying.

            Gracias a todo ese hostigamiento del cual fui víctima, aprendí a defenderme de este ingrato mundo así que, al final, no fue del todo negativo. Aprendí que si no me respetaba yo, nadie lo iba a hacer, como comprobé en la Secundaria. También aprendí que esta sociedad, con doble moral, dice de dientes para afuera “Seamos buenos, respetuosos y vivamos en paz”, porque es una postura políticamente correcta y el ideal humano, sin embargo, el porcentaje de seres evolucionados y civilizados capaces de dicho comportamiento es MUY pequeño. Por tal motivo, la mayoría del mundo admira a los hijos de la chingada, a los cúleros, a los ojetes, a los gandayas, a los hijos de puta y a todo aquel que presuma alguna especie de poder, sin importar la calidad moral que simule tener.

            El Bullying que sufrí en la adolescencia, me diseñó una máscara excelente, una armadura poderosa contra la Suciedad, perdón, la Sociedad, pero también me dejó secuelas. Como aprendí, contrario a mi educación, que la gente no era buena, me empecé a aislar, contradiciendo la naturaleza de niño sociable que había sido hasta ese momento.

De hecho de ahí viene mi postura de “no dejarme querer”: me quedó la sensación de que la gente quería algo de mí y nació la necesidad de ser tan autosuficiente como me fuera posible. Empecé a hacer mis proyectos escolares solo, estudiar para los exámenes a solas, mi actividad física disminuyó, ya que no tenía con quién jugar; mi “roce social” fue nulo, porque nadie me invitaba a fiestas y tampoco estaba muy interesado en asistir a las mismas.

            En dicha etapa desarrolle una especie de incapacidad social a la que, hoy en día, estoy plenamente adaptado pero, a los demás, les llama la atención que pueda vivir tan aislado. Había ocasiones, ya viviendo solo, en las que pasaba dos semanas de vacaciones sin tener contacto con algún otro humano: leía, escribía, veía películas, nadaba, corría y demás actividades que no requerían interacción con otro homínido.

            Por un lado estuvo muy bien, porque aprendí a ser independiente, sin estar de rémora o patiño de nadie, sin la necesidad que nadie justifique mi existencia por estar a su lado. Sin embargo, el humano es un animal gregario, por lo que resulta difícil coexistir en esta sociedad sin tener algún contacto ya que, a la larga, lo necesitamos.

            Esa misma independencia me tornó egoísta, ya que me molestaba que alguien quisiera algo de mí (por el recuerdo que me quedó de los que querían apropiarse de mi tarea o exámenes). De la misma forma, no trato de darle molestias a nadie, por lo que es raro que pida ayuda o un favor y, cuando llego a hacerlo, es porque realmente ya intenté todo lo que estaba a mi alcance. En verdad me fastidia pedir un favor, por lo que intento saldarlo a la brevedad para no tener pendientes con nadie. Por lo mismo son escasas las personas con las que tengo la suficiente confianza para hacer o pedir un favor con los ojos cerrados.

            Como el hostigamiento también se dio por parte de mis compañeras, me fui alejando de las mujeres. Era obvio que no quisieran relacionarse con alguien que no es respetado, ni por sí mismo y los demás. Mi primera novia la tuve hasta los 24 años. Obviamente ese hueco de más de una década sin relación sentimental alguna me afectó. La adolescencia sirve para ir midiendo a las parejas, para conocer la interacción, los celos, las caricias y demás. Por lo mismo cometí errores en mis relaciones sentimentales propios de la adolescencia, el problema es que fueron en la adultez.

            Han pasado 8 años desde mi última relación sentimental y, aunque la teoría dice que estoy listo y maduro para establecer una nueva, no tengo la intención verdadera de volverme a relacionar. Me siento inepto al ignorar cómo desenvolverme, de manera productiva, en una relación. Soy excelente para analizarlas, pero no me siento capaz de volver a sobrellevar alguna.

            Gracias este escrito he aprendido a perdonar a los compañeros que me hicieron tanto Bullying mismos que, en su momento, odie con todo mi corazón pero, hoy en día, se los agradezco profundamente. ¿Por qué estoy agradecido? A una temprana edad, me enseñaron a defenderme en este mundo podrido, esto sin un daño tan grande (aunque eso es debatible a nivel psicológico). Aprendí lecciones muy importantes que me hicieron independiente, y eso vale más de lo que tuve que “pagar” a cambio. Para mí, la Secundaria significaba la época más oscura de mi vida pero, ahora me doy cuenta, que ha sido de las más trascendentales de mi existencia.

            No lo voy a negar, cuando me encuentro con los ñoños del trabajo, es una obligación molestarlos, pero lo hago de una forma juguetona, es como cuando un gato está jugando con un ratón, la diferencia es que no los “mato”. Juego con ellos de manera inofensiva, siempre cuidando su dignidad. ¿Por qué lo hago? Creo que de alguna manera quiero devolver “el favor” que recibí, pero de una forma menos violenta; quiero que aprendan a defenderse, por si se encuentran con verdaderos desgraciados, los cuales sí van a tirar a “matar” (hablando figuradamente).

            Ahora que he experimentando ambas partes, hostigar y ser hostigado, y que las dos están en mi ser, puedo decir que es mucho más divertido estar chingando al prójimo que ser un ñoño, además el público te lo celebra (hasta los mismos ñoños a los que estás hostigando) por eso ahora alcance a comprender el por qué la gente lo hace con tanta vehemencia.

            El molestar al prójimo es una forma de corroborar tu poder, es ver hasta dónde alcanza tu fuerza y la resistencia ajena, además de comprobar qué tanta influencia tienes en sus vidas. Al ser un ñoño que hostiga a los no-ñoños creo que me convierte en una especie de “Ñoño Hood”

            Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

miguel cañedo dijo...

Es curioso, lo que narras y las peripecias que sufriste... Yo me quite unas lacras a golpes, solo ese idioma entendían, nunca me sirvió eso de ve y dile a un adulto, al que mas confianza le tengas; Pues también hubo acoso por parte de adultos. Mas tarde entendí que golpes general golpes, mas y mas es como un cuento sin fin, así que recurrí a las palabras, y estas me fueron dadas para denostar a los hostigadores de manera habitual, sustancial y prenatal; Es una pena compartida pues todos generamos parte de esa violencia y falta de respeto, creo es cuestión de todos generar y replicar los buenos tratos y respeto en todo momento.

Saludos

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
Muy interesante lo que escribes en este ensayo y en el anterior de los ñoños.
Creo que, efectivamente, lo que viviste en aquellos años te marcó como persona y marcó tu personalidad.
En cuanto a mí respecta, también sufrí bullying y también fui bulleador. Lo mismo que en el trabajo, aunque a un nivel mucho más "light".
Y en la escuela tuve que recurrir 1 ó 2 veces a los golpes, y en otras ocasiones por lo menos a la amenaza de golpes para librarme del bullying.
En cuanto a los ñoños, personalmente pienso que tenemos mucho que admirarles y aprenderles, y coincido contigo en que este país sería mucho mejor si el % de ñoños fuese mayor.
Pero a lo largo de mi vida, he aprendido que ningún extremo es bueno y hay que buscar un equilibrio entre lo correcto y lo divertido, entre el orden y el relajo, creo que se vale que un día digas: me voy de pinta, no hago la tarea y me dedico a flojear o a divertirme. Personalmente recuerdo haber disfrutado momentos muy padres al salirme del guacal. Pero no cabe duda que la clave está en el autocontrol y en el equilibrio en tu vida. Creo que algo que me ayudó bastante fue haber sido scout activo 22 años y nuestro lema y fin siempre fue ser hombres felices, reir ante las dificultades y no tomarnos la vida demasiado en serio.
En resumen, creo que no es fácil ser o vivir como gandaya, tampoco es fácil ser y vivir como ñoño; de hecho, pienso que en general no es fácil vivir y triunfar en la vida, porque no es fácil encontrar un equilibrio en todo: emocional, profesional, personal, social, espiritual, etc. etc. Creo que debemos vivir la vida buscando siempre un equilibrio, porque con el paso del tiempo, a veces te vuelves más flojo, o comes más, o haces menos ejercicio, o haces menos el amor, o te vuelves más necio, o te crees más chingón que los otros, o prejuzgas a la gente, etc. Para mí las palabras clave son: equilibrio y autocontrol.
Un abrazo, Daniel