jueves, 14 de marzo de 2013

¡Maldición! ¡Me he enamorado! (Parte III de la No-Trilogía)


            ¡Pero qué irónica es la vida! Soy uno de los grandes detractores del 14 de Febrero, debido al obsceno consumismo que promueve. En una fecha que tanto detesto, casualmente, me acabé enamorando.

            Se dice que no existe el destino, sólo lo inevitable (frase célebre que escuche de Yuuko Ichihara). De no haber dejado Rumba Mía y de no haber agregado a cierto contacto en el Facebook, no la hubiera conocido. Me sorprende el timing y cómo se van acomodando las cosas.

Desde muchos años no me había enamorado, lo cual tuvo sus ventajas, ya que forje una tranquilidad personal a lo largo del tiempo, sin las incertidumbres y desgastes emocionales que conlleva el sentir que tu felicidad depende de alguien más.

Producto de ese largo período, tenía un plan de vida: mantenerme soltero tanto como me fuera posible, tal vez emparejarme con una mujer que no fuese posesiva, no volver a caer en las redes del amor, esas en las que uno acaba perdiendo toda cordura y es presa de los sentimientos. Ya no quería eso, es muy bonito sentirlo, pero duele más cuando te rechazan. Por lo mismo no tenía expectativa alguna para enamorarme, sólo quería encontrar a la adecuada para llevar una vida pacífica y luego, de manera inesperada, llego ella.

Ilusamente creía que podía elegir una pareja con la cabeza, pero recordé que se elige primordialmente con el corazón. Intenté la misma tontería hace 12 años: antes de conocer a mi primer amor, frecuentaba a una chica que no me encantaba pero que tenía cualidades que cualquier hombre desearía así que, aunque no estaba prendado de ella, estaba encaminado a una relación a su lado. Cuando conocí a la que iba a ser mi primera novia, fue tal el impacto que, antes de invitarla a salir, corte lazos con la otra chica.

Nuevamente, y de manera soberbia, intenté relacionarme desde la cabeza sin tomar en cuenta el corazón. Hace un mes estaba pretendiendo a una chica llena de cualidades impresionantes y, en teoría, muy deseables para mi forma de ser. Creo que iba en buen camino para lograr algo pero, después del flechazo que recibí en San Valentín, tome consciencia de la estupidez que estaba haciendo, por lo que me retire del camino de dicha mujer antes de tomar una decisión que pudiera lamentar.

Obviamente no tengo nada seguro con la que me enamore, de hecho está “ocupada”, pero creo que lo más honesto es no engañar: si uno siente algo intenso por alguien (esté o no disponible), no es muy correcto andar pretendiendo a otra persona por la cual no sentimos lo mismo. Al sentir la brutalidad del enamoramiento, he recordado que no se debe elegir pareja SÓLO con la cabeza: El hecho de encontrar una buena mujer no quiere decir que lo sea para uno.

Ahora que nuevamente siento el amor a primera vista, me cuestiono la legitimidad de las veces anteriores en las que creí haberme “enamorado”. Al experimentar la intensidad que no había experimentado en más de una década, puedo afirmar categóricamente que ésta es la segunda vez que me enamoro, el resto fueron viles placebos ilusorios, representados por mujeres que me fueron atractivas, atracción que confundí con amor pero ahora me doy cuenta del autoengaño.

Se me había olvidado lo que era sentir esto, claro que es muy bonito, pero también trae muchos recuerdos no gratos del pasado. Aunque no quiero volver a sufrir, nuevamente aparece dicho riesgo, ya que estoy ante la oportunidad de luchar por una mujer que me mata con la mirada.

Nunca pensé volver a experimentar el amor a primera vista como lo sentí hace 12 años con mi primera novia. Obviamente me había enganchado en otras ocasiones, pero requería de cierto tiempo y convivencia para darme cuenta que me gustaba la chica en cuestión. En esta ocasión el flechazo fue inmediato y mortal.

Primero ví sus bellos ojos, su sonrisa, su hermosa cara, su cuerpo perfecto, no por ser el de una modelo, pero sí bastante estético y me encanta. Su porte, su firmeza, su dulzura, su sentido del humor y su timbre de voz, AMO su voz, tiene algo que simplemente me hipnotiza.

Nunca creí volver a sentir ese intenso flechazo, creía que sólo te pasaba una vez ya que, después, uno debería encontrar la mujer adecuada para hacer una vida en pareja productiva. Debo ser muy afortunado porque sentir esto dos veces no ha de ser muy común, la gente normalmente habla de un gran amor único, no forzosamente con quien se acaban casando. Me sentía agradecido por ese gran primer amor diciendo “¡Qué bonito! Por lo menos una vez en la vida sentí algo tan intenso y puro”

“-La quiere, ¿verdad?
-¿Tan evidente es?
-Tiene suerte de sentir algo así. Yo no lo he sentido nunca. Ni una sola vez
-¿Está soltero?
-No, casado desde hace 25 años con la misma mujer. Por eso lo envidio.
-¿Y si no sale bien?
-Al menos sabrá lo que es sentir eso”
Douglas Kennedy (“El momento en que todo cambió”) 


           Mientras estoy en clase, intento no ser tan obvio al verla insistentemente, pero no lo puedo evitar, me atrapa la belleza de su rostro, su hermosa sonrisa y su carisma, tiene una feminidad impresionante. Además que, al igual que yo, le gusta hacer efectos de sonido con la boca. El único defecto visible que tiene es el novio.

¿Por qué demonios debo fijarme siempre en mujeres con pareja? Es alguna especie de karma o maldición, a veces pienso que yo mismo lo atraigo para así justificar mi pose de víctima ante una existencia injusta.

No sabía nada de ella, ni su apellido, ni su edad, ni nada de su historial sentimental, ni si es buena persona (aunque eso lo intuyo). Sólo sé que, sin importar nada de lo anterior, la amo, y eso mata cualquier otro argumento que pudiera tener en su contra.

Aún recuerdo la primera vez que la ví, quede tan impactado que no podía ser real, trate de convencerme de que no sentía amor, sólo me había encantado una mujer impresionante. Por lo mismo me la pase los siguientes días tratando de convencerme que no me había enamorado, que sólo veía ilusiones.

Después de esa ocasión, tenía más visitas planeadas a otras escuelas de baile pero, al ver el tesoro que encontré, cancele todas. Ya había decidido quedarme ahí, y es que ya no podía alejarme de ella, si la podía ver dos veces a la semana, eso me bastaba para ser feliz.

La segunda vez no lo pude evitar, era tan evidente que resultaba estúpido negarlo, por más que me golpeaba la cabeza e intentarme convencerme de lo contrario, no podía negar que me había enamorado.

¿Por qué me frustra algo que me debería hacer feliz? Por las experiencias previas fallidas, en la cual he amado pero no he sido correspondido. Ahora desentierro todos los sentimientos e ilusiones que había mandado a lo más profundo de mis ser, con la esperanza de no volverlos a ver y ¿saben qué? Me alegro que así sea.

Desconozco lo feliz que sea con el novio pero, por lo mientras, voy a disfrutar de mi amor platónico, el hecho de verla bailar, de tocarle las manos, las charlas breves y sentir esa mirada que me fulmina hasta el fondo de mi corazón, no tiene ningún precio. Esos pequeños regalos que, sin saberlo, me hace y me tornan agradecido con la vida.

Cuando uno está enamorado, normalmente, tiende a pensar pendejadas. Este segundo enamoramiento real que experimento, también trae una preocupación consigo: Si no logro relacionarme con esta mujer, creo, no tendría el valor de buscar una relación con nadie más o siquiera fijarme en alguien más. Es obvio que me encantan muchas mujeres a nivel físico pero, después de sentir por segunda ocasión algo tan apabullante, me parece que no podría relacionarme de manera honesta con algo de menor intensidad.

¿Por qué afirmo semejante pendejada? Recalco, no sé a cuántas personas les pegue el amor verdadero dos veces en la vida, según sé serían muy pocas, ¿Imagínense la posibilidad de sentir algo así de auténtico tres veces? Me considero muy afortunado por vivirlo nuevamente, pero también siento una angustia que no sentía hace un mes. Creía estar muy cómodo con mi soledad, pero ahora me replanteo una nueva felicidad, misma que representa el estar o no al lado de una mujer que, ya con el hecho de su simple existencia, me hace feliz.

¿Cuántos acaban realmente con el amor de su vida? La razón que tengo para preguntarlo es que, cuando me case, ninguno amaba al otro, pero nos vinculamos más por programaciones y presiones sociales que por un sentimiento auténtico o, en su lugar, la desesperación: “¡No manches! ¡No manches! No encuentro al amor de mi vida” por lo que se acaban liando con la primera persona medianamente aceptable que encuentran.

De ahí viene mi preocupación, por segunda vez he sido flechado de manera auténtica. Si esto no se logra, ¿Cómo demonios podría volver a tener el valor de fijarme en nadie más? Después del primer gran amor, es fácil engañarse, olvidar, mitificar y demás en busca de la “adecuada”, tratando de convencerte que algo tan abrumador sólo pasa una vez. Cuando pasa por segunda vez, ni siquiera yo podría ser tan cínico para engañarme con algo que no posea la misma intensidad. La certeza de decir “¡Tú! ¡Eres tú!” es inigualable y apabullante, así que ya no puedo conformarme con menos, como lo que provocan el resto de mortales.

¿Te has enamorado alguna vez? ¿Horrible verdad? Te hace tan vulnerable...Te abre el pecho hasta tu corazón y eso significa que alguien puede entrar dentro de ti y liarla” - Rose Walker (The Sandman)

Mientras acontece todo este torbellino emocional, empiezo a cuestionar qué tan útiles son mis valores en esta situación, por lo vital que resulta esta mujer para mi existencia y bienestar; algo que no debería ser así y, sin embargo, es. ¿Seré capaz de cortejar a una mujer con pareja? Eso nunca ha estado en mi esencia. Tengo la impresión, aunque sea un simple reflejo mío sobre ella, que no se fijaría en mí si, sabiendo que tiene novio, la empiezo a pretender, porque eso no hablaría bien de ninguno de los dos (¡malditos prejuicios moralistas!).

Esto es más importante que los valores que me indican lo mal que está inmiscuirme en una relación, en lo que resuelvo el dilema moral, me admiro con la belleza de una mujer a la cual amo con locura, aunque ella lo ignore, dos veces por semana. Mientras la contemplo, estoy profundamente agradecido por tan maravillosa oportunidad. Ni siquiera sospecha toda la alegría que me regala con su existencia, el simple hecho de que respire me torna inmensamente feliz.

Hay algo que me tiene maravillado, asombrado y, por qué no decirlo, asustado: Aunque aún me falta mucho por madurar, ya no soy tan inmaduro como hace 11 años. Soy más consciente de mis sentimientos, gracias a que mi inteligencia emocional ha crecido, así que puedo verme a nivel espectador. Estoy sorprendido por lo intenso que ella me provoca, es algo impresionante. Ciertamente ya lo había experimentado antes pero, al desbordarme, simplemente me embriagaba en mi amor y me dejaba llevar por la marea, sin analizar los hechos.

Ahora que puedo analizar la situación, no dejo de maravillarme de la potencia sentimental, por primera vez me doy cuenta de la pasión que podemos alcanzar como humanos. La magnificencia, lo imponente, lo avasallador y demás calificativos que tiene este amor me tienen con los ojos abiertos.

He recordado el por qué la gente anhela enamorarse, ahora veo por qué quieren con tantas ganas sentir ese cosquilleo. A veces es tan grande su necesidad, que al no encontrar con quien hacer “click”, se engañan así mismos con alguien agradable y que pareciera que cumple los requisitos.

Esta mujer, que me ha robado el corazón, es perfecta, y no porque carezca de defectos, sino porque estos mismos también son perfectos. Al ser alguien tan racional, me choca lo inexplicable de esta situación, me digo “¡No mames! ¡La perfección no existe!” pero, al ver todo su esplendor, no tengo el valor moral para negar su perfección.

Ahora las canciones de amor vuelven a tener un rostro al cual dedicárselas, vuelvo a cantarlas con sentimiento, obviamente es MUY bonito aunque, después de tantos años, resulta algo extraño para mí.

Algo que odio mucho en la sociedad, pero sobre todo en mí psique, son esas malditas programaciones que nos tatuamos en el inconsciente. Tengo mucho miedo, de hecho es un pánico impresionante, no de ella (a la cuál amo con cada célula de mi ser). Mi terror radica en que si no logro estar a su lado, ya no podré volverme a enamorar. Es casi como si mi vida dependiese de ella, sé que no está bien, pero eso es lo que siento.

En realidad no me preocupa volverme a enamorar, porque estoy muy adaptado a mi soledad, es más no me aniquila la idea de no estar con ella. Mi verdadero miedo radica en que si me rechaza y, por ese motivo nuestros caminos se separan, me moriría de no volverla a ver, porque se llevaría mi alegría y mi sonrisa e, inexplicablemente, al escribir esta línea noto lágrimas en el teclado, porque así de inestable me ha tornado. Me siento tan tonto, tan estúpido y tan patético que me encabrono bastante, sobretodo al ser sentimientos que, por más que lo intento, no puedo controlar.

Hay una parte de mí que desearía no haberla encontrado porque “La ignorancia es la felicidad” dicen por ahí. De no haber sabido que existía, hubiera continuado tranquilamente con mi ritmo de vida, tal vez encontrado a alguien que no me hubiera hecho perder la cabeza y, de paso, tener una relación tranquila y civilizada, sin pasiones locas que nos tornaran irracionales, un tipo de felicidad más “segura”

No sabía cómo se llamaba, ni lo que hacía, no sabía que habitábamos en la misma época, es más, ni siquiera sabía que la estaba buscando y, de pronto, la encontré. Ha cambiado todas mis prioridades y muchos de mis paradigmas que, con tanto trabajo edifique, y con una sola mirada los hace tambalear. Aún no los tumba, y no quiero que lo haga, pero los ha cimbrado bastante (y los puede tirar en cualquier momento).

Al verla, sin importar lo que venga en el futuro, me siento el más feliz sobre la faz de la tierra, soy privilegiado por haberla conocido. No sé cuánto dure mi felicidad: semanas, meses, años o hasta el final de mis días. Debo contemplarla y memorizarla por completo porque no sé si vuelva a experimentar algo tan potente en lo que me resta de vida.

"Yo sé lo que es el placer. Adorar a alguien"– El retrato de Dorian Gray (Oscar Wilde)

Nuevamente siento esa maldita incertidumbre del amor, y vuelvo a ser aquel chiquillo regordete que se sabía rechazado aún antes de haberlo intentado, sé que ya no soy él, que he crecido y que soy un hombre aunque, por dentro, creo que siempre seré aquel chiquillo regordete e inseguro que no se cree merecedor del amor.

Algo que he aprendido desde la última vez que me enamore: Valgo la pena y tengo mucho que ofrecer. Ahora estoy dispuesto a ser inteligente y menos impulsivo, así que tendré que irme acomodando, acercándome paulatinamente y, el día que se presente la oportunidad, ¡atacar sin dudas!

A diferencia de la ocasión anterior en la que me enamore, es que ahora no me puedo tirar al suelo y revolcarme gritando “¡La vida no vale nada sin ella!”. Claro que la vida no vale nada sin ella, pero no puedo pasármela en el suelo y sentir lástima por mí. No puedo sacrificar todo lo que he logrado hasta el momento, tal vez me haya vuelto cínico o tal vez haya encontrado algo de serenidad. El caso es que, aunque la ame con toda mi alma, no puedo desintegrarme por su aceptación.

Estoy un poco más maduro a comparación de la ocasión anterior en la que me enamore. No me la paso pensando todo el tiempo en ella. Hago mis actividades de manera normal, de vez en cuando se me escapa un pensamiento sobre alguna de las tantas cualidades que me atraparon. PERO, cuando la veo, el mundo se detiene por completo y por unos preciosos minutos, cada célula de su hermoso ser me tiene idiotizado, alabo el momento en que sus padres la concibieron y amaré por siempre el momento en que nuestros caminos se encontraron.

A pesar del novio, tal vez deba decirle lo que siento aunque, en realidad no me quiero arriesgar. Sé que puedo ganar terreno pero, por otro lado, la puedo perder para siempre. No me quiero imaginar lo que sería de mi si no la vuelvo a ver. Al momento de escribir esto estoy MUY sensible (más de lo normal), sólo de imaginar que no la vuelvo a ver, se me salen las lágrimas. Cuento lo días para verla de nuevo. No quiero que salga de mi vida nunca, quiero amanecer con ella y forjar un legado a su lado.

Me hago consciente que no le debo nada al novio, así que no puedo amarla sólo de manera platónica (aunque sea experto en ello). Debo de buscar cada oportunidad que tenga de acercarme a ella. Llegue a esta conclusión después de darle un aventón a su casa: el momento más feliz de lo que llevo de vida. Esa plática de 30 minutos la atesoro dentro de mi corazón y sólo sirvió para darme cuenta que debo lograr estar con esa mujer, sin importar el costo.

Nunca pensé que, a partir de este año, el 14 de Febrero va a ser una fecha especial en mi corazón (de no estar enamorado, me daría asco por escribir esta última línea)

Hebert Gutiérrez Morales

2 comentarios:

Anónimo dijo...

te gusta lo que ves o te gusta lo que conoces

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

A veces no sabes lo que nos gusta o enloquece hasta que ya es demasiado tarde para evitarlo.