viernes, 1 de marzo de 2013

Nosotros los Ñoños (Ñoños y hostigamiento: Parte I)


            Sé que este escrito no va a ser atractivo, y es que así debe ser, ya que la naturaleza ñoña nunca será popular. Los ñoños o nerds no nacimos para ser venerados, ya que lo deseado es lo prohibido, lo incorrecto e ilegal, algo que está muy alejado de esos seres tachados como ñoños, mismos que solemos dar mucha hueva.

            Recientemente cierta gente en la oficina me tachaba de ñoño: me descalificaban al reírse de mí, el motivo fue el adelantar la capacitación anual en el mes de Enero, todo por seguir las reglas y ser responsable; al mismo tiempo me presumían de todas las trampas que habían hecho en sus épocas escolares.

            Alguno de ellos me dijo: “Si hubieras sido mi compañero te hubiese fastidiado como no tienes idea”. No fue necesaria su presencia, ya que en secundaria recibí una dosis intensa de Bullying. Muchas veces lamente el ser cómo era, me avergonzaba que me tacharan de ñoño o nerd, pero bien decía Ayn Rand “Nunca te ofendas cuando te digan una verdad”. Por lo mismo he aceptado, desde hace mucho tiempo, mi ñoñez y ¡ni modo! El precio de tener una vida correcta y tranquila fue el hostigamiento escolar, y fue barato, porque me enorgullezco de lo que soy y fui. No voy a ofrecer disculpas, acepto abiertamente que he sido un ñoñazo de los más patéticos de la historia. Obviamente esa actitud nerd acarreó problemas en mi entorno.

            Mi identidad ñoña se basa mucho en la justicia, por lo mismo nunca me amilané ante las amenazas para que no sacara mi tarea, de pasar mi examen o alguna otra acción que iba contra mis principios. Decían que no era un buen compañero al no compartir mi trabajo, para que me vieran la cara de pendejo al aprovecharse de mi esfuerzo mientras ellos se divertían.

            Con esas actitudes uno se explica fácilmente el poco esfuerzo de las personas, el poco respeto que tienen al trabajo ajeno, o el escaso cumplimiento de las reglas. Seguí entregando mis tareas, a pesar de las amenazas, y no daba copia. Esto nunca me ganó muchas simpatías (ni entonces ni ahora), pero no voy a mentir: lo volvería a hacer sin ningún remordimiento, porque hice lo que tenía que hacer.

            No me molesta haber sido un ñoño mientras los demás vivían su etapa escolar de manera tan divertida o productiva en cuanto a experiencias. Lo que me sorprende es el orgullo con el cual la gente cuenta todas esas veces que hicieron trampa, se fueron de pinta, le faltaron al respeto al profesor, se robaron el examen, hacían acordeones, se rolaban los exámenes y sobornaban a los maestros. Todo es una muestra clara del país que tenemos, en donde la gente gandaya es aplaudida y los que respetamos las reglas somos tachados de brutos.

            Fue mucho el rechazo por todas esas veces en la que entregue la tarea, a pesar de la resistencia y amenazas del resto del salón, que no la había hecho. Tal vez eso incrementa la unión grupal pero, por otro lado, también incrementa la mediocridad y conformismo. La lectura es: “Somos mediocres e irresponsables, ¿Cómo te atreves a mostrarte responsable? ¿Cómo te atreves a sobresalir?”

            Claro que me sentía mal, casi sentía remordimiento por hacer lo correcto, porque no me hacia popular. La sensación de rechazo nunca es reconfortante, sin embargo volvería a hacer todas esas ñoñerías. Hoy me valen pepino todas las críticas retroactivas que me hacen por mis actitudes nerds.

            La población nerd debe rondar en el 10%; si fuésemos mayoría, seguramente, el mundo sería un mejor lugar para vivir y, sin duda, uno más aburrido, por ser una sociedad más respetuosa. Al ver a los que hicieron tantas deslealtades en su vida escolar, y que todavía tienen la desfachatez de festejarlo, uno comprende las razones por la que nuestro sistema educativo es tan deplorable: hay muchos ignorantes que pasan de año cuando deberían ser reprobados, y se extrapola a los que obtienen un título (comprándolo o consiguiéndolo fraudulentamente) y ejercen sin saber ni madres.

            Estas sanguijuelas se sienten felices y orgullosos de sus “grandes” logros con el mínimo esfuerzo, tachando de imbéciles a los ñoños por lograr lo mismo con mucho más esfuerzo. El sistema educativo es un fiel reflejo del deplorable estado del país, en donde si puedes chingarte a alguien ¡Te lo chingas! De igual forma, si puedes conseguir algo con el mínimo esfuerzo (aunque sea ilegal) no lo piensas dos veces, a diferencia de los “idiotas” que siguen el camino legal.

            Desde pequeño fui criticado por mis compañeros y alabado por los adultos. Si para ser popular un requisito era hacer trampa y vanagloriarte de triunfos huecos al aprovecharte de alguien más, pues preferiré seguir siendo fiel a mi esencia que hacer algo de lo cual me voy a arrepentir. A pesar de todo el Bullying que recibí, preferiré la tranquilidad que me da la honestidad.

Ciertamente hay muchas reglas estúpidas en el mundo, pero eso no es una razón para contrariar al sentido común ni una sana convivencia, misma que se logra con el respeto a los demás, su dignidad y derechos. Ningún reglamento es respetable para los gandayas, pero cuando no hay regla alguna, caemos en anarquía y en esas condiciones no se puede hablar de ningún tipo de desarrollo.

Cuando estuve en Alemania, me impresionó tanto su cultura tan civilizada que los tache de ñoños, pero después valoras más su calidad de vida. México ha de ser un lugar más divertido para vivir, porque aquí las reglas valen madres y hay una mayor espontaneidad pero, pensando en una familia, ¿Qué lugar es mejor para cuidar el bienestar de los tuyos? ¿Con los que respetan las reglas y obtienen una alta calidad de vida? O ¿Con los que se la pasan muy bien sin respetar nada? No nos extrañen los niveles de criminalidad, analfabetismo, contaminación, corrupción, inseguridad y demás situaciones que propiciamos en este maravilloso país.

Los ñoños debemos aprender muchas cosas, como el flexibilizarnos, aprender a divertirnos y a ser más empáticos, ya que los demás no tienen nuestra misma forma de percibir la realidad, debemos aprender a oler las rosas y a disfrutar la vida. Pero es más fácil enseñarle a un ñoño a vivir que inculcarle valores a un gandaya. Como buen nerd, restringí mucho mis experiencias escolares; perdí mucho tiempo y ahora estoy tratando de ponerme a mano, siempre con el respaldo que me dan mis valores, para moverme tranquilamente por el mundo, y dormir con las consciencia limpia.

Es bien padre festejar al que se robó el examen o al que se fue de pinta, experiencias divertidas de vivir y recordar. El problema es que ya no es tan divertido cuando te ponen el cuerno, te roban una llanta, debes dar una “mordida” para que salga algún trámite o cuando te defraudan. Esas pequeñas travesuras escolares, a la larga, pueden mutar en algo mayor, y ¿Cómo esperamos que reaccione alguien al cual le aplauden de robarse un examen? ¿Qué le impide robarse el dinero de alguien más? Si eres capaz de volarte una clase, ¿Qué te impide faltar al trabajo solo por flojera?

Tal vez sean experiencias divertidas, incluso inofensivas (se justificaran algunos), pero no es casualidad que muchos males sociales inicien en las aulas, en donde se critica al que respeta las reglas y se festeja al que las rompe, comportamiento que se traslada a la vida adulta, en donde el calibre de fechorías va a aumentar.

El ser ñoño es un estilo de vida que te inculca orden y disciplina, mismos que tengo en mi vida desde pequeño: cuando llegaba a casa y, antes de ver TV, hacia mi tarea y disfrutaba toda la tarde jugando con mis amiguitos. Nunca me ha gustado que me acarreen, por lo mismo, hacía mis deberes de inmediato. Por eso tengo tranquilidad en mi vida, porque prefiero el orden a hacer las cosas al “vil chilazo”.

Pregunten a cualquier persona excesivamente floja que conozcan, seguramente les confirmara que siempre los acarreaban para hacer sus deberes, y ahí venía el sufrimiento (Tanto de la madre como del chamaco) porque eran horas de regate para que el mocoso acabara haciendo su tarea antes de irse a dormir. Ese es un problema cultural, siempre vemos por el placer inmediato sin importar el costo futuro (¿les suena conocido el término “12 meses sin intereses”?), cuando aprendamos a ser más ñoños, y hagamos los deberes primero y después disfrutemos del placer, otro gallo nos cantará como país.

Sin importar cuántas verdades exponga de la ñoñez, los prejuicios y prejuicios hacia los nerds no van a terminar, mismos que seguirán siendo fastidiados por todos esos que envidian su rectitud y honestidad. Ciertamente somos fieles, ya sea a los principios o a los dogmas, creencias o miedos, el caso es que intentamos hacer lo correcto. Tampoco voy a tapar al sol con un dedo, la mayoría tenemos miedo a vivir, entre muchos otros defectos, pero nunca seremos tan nocivos como un sujeto gandaya que ningún bien le hace a la sociedad.

Pago mis cuentas de inmediato, nunca he regalado un peso de interés a la tarjeta de crédito, no he comprado nada a meses sin intereses, trato de entregar las tareas antes de lo prometido, compro con anticipación y adelanto todos los pagos que pueda con tal de terminar antes mis créditos hipotecarios, respeto mis horarios laborales y demás acciones que, invariablemente, me ganan el mote despectivo de ñoño. Pero prefiero que me tachen así con tal de vivir tranquilo, ya que nunca entenderé el atractivo de ser alguien desobligado, viviendo siempre en el límite, estar bajo contante presión para cumplir los compromisos, quedar mal con alguien y demás acciones “deseables” por el grueso de la población.

Así que, a pesar de las críticas, voy a acabar mis cursos de capacitación a la brevedad, no voy a esperar que a fin de año me corretee mi jefa para que los acabe. No entiendo por qué desean esperarse al final para hacerlo todo con la angustia de estar bajo presión y, como cada año, recurrirán a mí para las respuestas (Clásico comportamiento gandaya) pero, por fortuna, como ya habrán pasado muchos meses desde entonces, ya se me habrán olvidado.

Sirva este ensayo como homenaje a todos los ñoños del mundo que, ciertamente, no harán este lugar más divertido (por lo menos no de manera voluntaria) pero sí lo hacen un mejor lugar para vivir. Esos que son criticados por hacer lo correcto y que, gracias a ellos, tenemos un lugar más decente en el cual desenvolvernos. Tal vez nadie  los reconozca, pero aplaudo el valor ante el acoso público por ser fieles a sus valores.

Hebert Gutiérrez Morales

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