domingo, 24 de marzo de 2013

Si no está roto ¿para qué componerlo?


            El día de ayer fui a la Malinche con mi amigo Luis; cuando llegamos a nuestro punto de partida para empezar a correr (la segunda pluma) vimos un paisaje desolador: habían pavimentado el camino.

            Al inicio nos quedamos algo extrañados y, por qué no decirlo, hasta indignados: “¿Por qué hicieron esto?” La probable respuesta, de algún funcionario del gobierno tlaxcalteca, sería que dicho camino lleva al albergue y era necesario asfaltarlo para que los visitantes lleguen de manera rápida y cómoda. Aun así, no es una respuesta satisfactoria.

            Obviamente el correr en el bosque sigue siendo una experiencia muy padre, sin embargo el camino asfaltado no iba con el lugar. El camino rural, sin duda alguna, complementaba a la perfección la experiencia de recorrer la Montaña. “¿Por qué hicieron esto?” Es lo que me preguntaba mientras seguía mi camino “Por el progreso” era la respuesta obvia.

            Honestamente, no creo que nadie se quejara del camino de terracería de La Malinche, sin embargo a alguien se le ocurrió “mejorar” la situación. Ahora le han quitado algo de la esencia de recorrer el lugar, un poco de su magia, todo por ese recordatorio de civilización que tenemos con cada paso que damos.

            Ese maldita necesidad humana de traer “progreso”, se necesite o no. Sé que, como raza e individuos, el cambio y la evolución son necesarios. La mayoría de nosotros disfrutamos las comodidades de tener un hogar confortable, acceso a Internet o escoger cualquier tipo de comida sin tener que cazarla. Ciertamente hay muchos avances que agradezco y sin duda me siento afortunado por las comodidades que tengo a comparación de muchas otras personas.

            Sin embargo, creo que hay nichos que deberíamos respetar pero no lo hacemos, al parecer no nos detenemos ante nada, y destruimos (“modificamos” dirán los que toman las decisiones) cualquier ecosistema que se nos pone en frente.

            Cuando hice Rafting en Jalcomulco, había una fuerte campaña en contra de que la CFE construya una presa que afectaría todo el Ecosistema del Río La Antigua. El argumento de dicha obra es generar electricidad para abastecer la demanda regional.

            Los habitantes del pueblecillo están en contra de dicha obra, ya que afectaría seriamente su modus vivendi, además de las actividades ecoturísticas, también se verían afectados pescadores y agricultores por igual.

            De todo corazón espero equivocarme pero, conociendo el modus operandi de este país, los de CFE van a acabar construyendo la presa, sin importar a quién se lleven en las espuelas, ya sea un ecosistema o las poblaciones que viven de él.

            Con esta obra, además de que ya no habría el cauce necesario para los Rápidos, muchas personas emigrarían a las grandes ciudades porque ya no podrían sustentarse en sus lugares de origen.

            Obviamente la electricidad es una necesidad pero ¿de quién? Jalcomulco y los pueblecillos aledaños al río tienen la infraestructura suficiente para vivir plenamente entonces, ¿de dónde viene dicha necesidad de más energía? Me parece que la capital del estado jarocho, Xalapa, sería la más sospechosa.

            ¿Qué pesa más? ¿Unos cuantos pueblerinos pesqueros afectados o  una urbe grande con mayores intereses económicos? La respuesta ya la sabemos, misma que va a ignorar el bienestar de los pueblerinos, de los turistas y, sobretodo, del ecosistema afectado.

            Cuando era niño y viajábamos del DF a Puebla, normalmente optábamos por la carretera federal, ya que estaba llena de árboles, lo que hacía el camino más reconfortante, sin importar que nos tomara un poco más de tiempo.

            Con el paso de los años, se incrementó la circulación entre ambas urbes, así que la carretera federal ya no resultaba óptima, por lo que una ampliación de dos a cuatro carriles fue planeada. Hasta ahí todo en orden, el problema fue la masacre que se hizo para lograr dicha ampliación: cientos, si no es que miles, de árboles fueron talados para tener suficiente espacio para la ampliación.

            Cuando circulaba por dichos tramos mi indignación y tristeza eran insoportables “¿Por qué hacen esto? ¿Acaso no había otra opción?” Me parece que había suficiente espacio para ampliar a tres carriles totales, así habría tramos en los que se podría rebasar y volver al carril original, además de que las carreteras federales no son de alta velocidad. ¡Pero no! Sin importarles nada más, talaron arboles muy añejos, esos mismos que me sacaban una sonrisa desde niño, e hicieron su ampliación a cuatro carriles. ¿En verdad era necesaria tal masacre?

            Todo esto es producto del consumismo enfermo que experimentamos, de un crecimiento de población obsceno, producto de la falta de educación, de las grandes ambiciones políticas, del egoísmo que nos ciega y que nos impide ver más allá de nuestras necesidades y nos vuelve inconscientes con el planeta y el resto de nosotros.

            Sé que el sentido común es el menos común de los sentidos, pero en verdad no me puedo explicar ciertas decisiones que a primera vista son unas estupideces. No vivo propiamente en Puebla, sino en un pueblo suburbano llamado Cuautlancingo. A pesar de ya formar parte de la mancha urbana poblana, dicho pueblo sigue manteniendo mucha esencia de un lugar apacible.

Cuando salía al trabajo, desde mi anterior casa, el transitar por la avenida principal era muy fluido y tranquilo, rara vez encontrabas algún problema que te dificultara el avanzar pero, un día, llego el mentado Progreso. El presidente municipal actual quería que el pueblo dejara de serlo para convertirse en una ciudad pequeña así que “inteligentemente” colocó una cantidad de topes y semáforos a lo largo de la avenida principal.

            A veces me pregunto ¿Acaso hay un examen de estupidez para aspirar a ser político? En verdad me llama la atención lo increíbles que resultan sus ideas . . . . . increíblemente malas, cabe aclarar. Además de la inversión en materiales para poner toda la infraestructura vial (topes, semáforos, señalamientos, pintura, etc), lo único que se logró con dicha acción es entorpecer el tráfico en una vía que resultaba muy fluida.

            Así que el estrés de ciertos conductores se empieza a disparar, por lo que se pasan altos o se ponen a rebasar de manera arriesgada. Esta “maravillosa” acción progresista dio resultados pésimos: más tráfico, más contaminación, más estrés, más violencia al volante, más tiempo perdido y más gasto económico (por la inversión y la gasolina adicional que se quema).

            Este caso es muy obvio, pero hay algunos más pequeños a lo largo de Puebla, en lugares dónde lo semáforos no son necesarios, debido a que la zona es tranquila y fluyen los vehículos bastante bien. De pronto a algún funcionario “brillante” se le ocurre la idea de poner un semáforo, mismo que no es necesario y que arruina lo fluido que el tráfico era antes de la instalación de dicho aparatejo.

            Sé que el progreso es necesario pero ¿hasta qué punto? ¿Acaso ya no hay nada que respetemos? ¿No nos damos cuenta que el planeta es finito y un día ya no va a haber más lugares en donde instalar el mentado Progreso? Al vivir en la ciudad, debido al alumbrado público, uno se olvida de las estrellas de manera muy rápida pero, cuando tienes la oportunidad de estar lejos de la civilización y ves la magnificencia de un cielo estrellado, me llego a preguntar ¿En verdad vale la pena sacrificar esto?

            Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

Enrique Von Quin dijo...

Hebert, creo que la respuesta a tu cuestionamiento es muy sencilla: dinero y corrupcion.

El progreso debe ser sinonimo de respeto al medio ambiente. Cuando encuentras incongruencias como esta sin ton ni son, generalmente los responsables se estan llenando los bolsillos de dinero, o en su defecto, ya se compraron algun "terrenito" por ahi y quieren mejor acceso para sus construcciones, como paso por todo Morelos durante el sexenio de Salinas.

Averigua y a lo mejor te enteras de algunas "cabañitas" que se esten contruyendo por ahi...

Un abrazo,
EVQ.

varelad1 dijo...

Hola Hebert,
Muy acertados tus comentarios y tu indignación.
Hay muchos lugares que conocí de niño y adolescente que ahora son tan civilizados como Cholula o Cuautlancingo.
Hace poco fui a un lugar al que ibamos a acampar hace 20 años y ahora el pueblo y fraccionamientos de cierto lujo ya se lo comieron.
El lugar sigue estando hermoso, pero sólo en parte, porque ha perdido su silencio, su tranquilidad, su naturalidad y su relativa lejanía con la civilización.
Un abrazo

Daniel