domingo, 28 de abril de 2013

Dudas y diálogos internos


            Por la situación tan inestable que tenía (o tengo) desde la madrugada del Jueves, no estaba seguro si era buena idea ir al Taller de Constelaciones familiares que tenía este Sábado pasado. La duda no era por mí, sino porque no estaba seguro qué tan útil podía resultar para las representaciones en mi estado tan sensible.

            El Viernes por la tarde, después de terminar el escrito anterior, me sentía más tranquilo, tal vez no al 100% sentimentalmente, pero me sentía más estable, así que opté por ir. Pude quedarme en casa a leer y a escribir, pero creí que era más productivo irme a distraer un poco con la resolución de problemas ajenos, eso iba a resultar mejor: el sentirme útil por un momento y ver que ayudaba a alguien más en lugar de sentirme una víctima abandonada, y así evitar pensamientos pendejos en la cabeza. Normalmente, cuando voy a Constelaciones familiares, me llevo un pensamiento muy claro de la vida, así que supuse que me podría ser de utilidad.

            El problema es que al terminar el taller me fui “peor” de como llegue, pero no me arrepiento de haber ido, tanto por lo que me lleve como lo que ayude en otros procesos. Toda la estrategia clara que me había planteado respecto a la mujer que me quita el sueño, se convirtieron en muchas dudas después del evento, estaba muy disperso y confundido. Esas ideas me estuvieron taladrando la cabeza incesantemente hasta que empecé a desahogarlas en este escrito.

            Básicamente, la idea que me surgió entre la segunda y tercera constelación fue: “Hebert, la debes dejar” a lo que me escandalizaba de manera interna “¿Qué? ¿Cómo? ¿Acaso estás loco? ¿Dónde quedaron todas nuestras conclusiones de ayer? ¡Además es la razón de mi existir!” pero, tomando este último argumento me respondí “¡Por eso mismo la debes dejar! Tú debes de vivir por ti, tu alegría debe venir de adentro, no debes depender de nadie más para ser pleno” y continuaba de manera tranquila pero categórica “Ya lo echaste a perder, ella ya no te ve con la confianza de antes, y te va a costar más trabajo. Es mejor que te vayas, tal vez no se vuelvan a encontrar nunca o tal vez sí. Uno no sabe las vueltas que da la vida

            Lo que más me estresaba de esta petición es que no venía desde mi muy bien conocido Miedo, el cual tengo muy bien ubicado. La solicitud venía de una zona muy tranquila, muy madura, una sección a la que no estoy muy acostumbrado a frecuentar, pero lo decía con una firmeza muy serena, lo cual me llegaba bastante profundo.

            Seguía resistiéndome, de hecho, en plenas Constelaciones, cuando no me tocaba participar, me hundía profundamente en mi diálogo interno, tratando de darme razones para no dejarla ir, para no separarme de ella, la tristeza era enorme, porque no la quiero dejar, nadie me asegura que nos volvamos a encontrar. Pero mi impotencia era grande ante la tranquilidad de mi parte interna que se expresaba con toda serenidad, no estaba discutiendo con mi parte consciente, sólo me estaba avisando lo que debía hacer.

            Lo que más me desconcertaba es que las peticiones no eran hechas desde la victimez, en la cual he caído muchas veces en la vida con pensamientos tipo “Sí, ¡Me voy! ¡Pero me van a extrañar cuando vean lo que perdieron!”. No, al contrario, me lo planteaba como “Hebert, es por tu bienestar, debes volver a encontrarle sentido a la vida por ti mismo. Ni ahora ni nunca puedes depender de nadie para tu plenitud. Así te hubiera aceptado como pareja, NO puedes depender de ella”. Por un lado me sentí conmovido conmigo mismo pero, por otro lado, me sentí tan triste por tener razón. :’-(

            Tras un par de semanas, en la mañana me volví a pesar, y noto que he bajado otro kilo (A pesar de no haber hecho ejercicio los dos días en que eche a perder mi mundo). Con esto ya van siete kilos que he bajado desde que la conocí y me viene su recuerdo a la cabeza: “Pero es que no comes mucho Hebert, dices devorar, pero siempre te veo comer de manera normal” ese recuerdo me saca una sonrisa y una lágrima de manera simultánea, así que le digo una verdad a medias “Es que he aprendido a controlar mi hambre” aunque la respuesta completa sería “Desde que supe de tu existencia la angustia ha desaparecido, por lo que controlar mi hambre es bastante fácil” pero no le podía decir eso, porque está mal que me controle por alguien más y no por mí mismo.

Me frustra no tener el amor propio suficiente para controlarme, y me aborda un miedo “Si la dejó ¿Podré seguir controlando mi angustia, mi hambre, mi furia hacia un mundo falso?” Sé que está mal, pero el verla me hace feliz y hace que le encuentre sentido a la vida y sea feliz con mi existencia. Y este es un gran argumento para esa parte interna que me dice que la deje ir.

A diferencia del Jueves y el Viernes, en esta ocasión me encuentro muy relajado escribiendo esto, producto de lo experimentado en el Taller de ayer. Sentí demasiadas energías, demasiados movimientos y sentimientos que me vapulearon pero me relajaron. Me sigue desconcertando que el pensamiento de dejarla se exprese de forma tan tranquila, auténtica y real. No quiere decir que la haya dejado de amar (lo cual hago con todo mi ser), pero esa parte profunda me insiste en que debo partir. Estas dudas me matan: “¿Cómo? ¿Por qué? ¿Qué sentido tiene? ¡No entiendo! En verdad no entiendo”.

Algo que he aprendido es que hay momentos en los que uno no entiende cognitivamente, pero el sentimiento es tan claro, que debe de hacerle caso a ese instinto o sexto sentido que normalmente sabe lo que dice. Hay ocasiones en que todo lo queremos entender y resolver desde la cabeza, ignorando lo que sentimos al respecto. Algunas veces me he ido por el camino cerebral, para que el resultado me explote en la cara y me corrobore que lo que sentía era lo mejor.

Me da mucho miedo que si la dejo, no la vaya a volver a ver (hay muchas probabilidades de que así sea). Pero si me quedo con ella ahora, no sé qué tanto pueda lograr. Tengo una certeza que en verdad está muy desgastada mi imagen con ella, todo lo que trabaje para acercarme, en una imprudencia, lo torné en mi contra. Sé que no lo quiero aceptar, pero es muy factible que estoy mucho más rezagado que cuando la conocí, porque ahora tengo un hándicap contra el cual combatir y no sé si ella en realidad vaya a brindarme una oportunidad para redimirme.

Ella de por sí tiene sus propios asuntos que trabajar, y desconozco cuánto tiempo le vaya a tomar así que, siendo fríos, no creo que tenga mucha disposición para dejarme reparar el daño a su confianza. Tal vez lo mejor sea retirarme en espera de volver a coincidir en un mejor momento (¡Maldita Sea! ¡Ya iba por buen camino!). Si no coincidimos, voy a tener que aceptar mi responsabilidad al echar a perder la magnífica oportunidad que tuve para acercarme.

Desde que inicio todo este asunto el pasado Miércoles, no me he rasurado. Debido al vaivén emocional experimentado no le había dado importancia a la barba. Hoy, después de bañarme, he notado que la tengo de cinco días, la cual estuve a punto de rasurar pero algo me detuvo “¡No! ¡Se queda!”.

Tal vez esta barba cubra un poco mi vergüenza, tal vez quiero sentirme alguien distinto o quiero probarme a mí mismo que soy hombre. No tengo una explicación clara pero, por lo mientras, me la voy a dejar unas cuantas semanas.

Otro cambio que se gestó en estos días fue la certeza de cerrar mi cuenta en Facebook PERO, al ser una vía de comunicación con ella, empecé a dudar. Y ahí viene mi parte interna de regreso “Por fin has encontrado la fuerza de voluntad para librarte de ese ladrón de tiempo y vida llamado Facebook y no lo cierras por ella” Ahí me puse a pensar que lo importante para uno no se debe poner en función de nadie más, porque el respeto es algo muy importante en cualquier tipo de relación y no hay que actuar mustiamente por quedar bien.

“Hebert, a fin de cuentas debes ver por tu bienestar. Cuando aprendas a estar bien contigo, podrás estar bien con otra persona. Piensas que has avanzado mucho y madurado mucho, pero tus acciones siguen demostrando que anhelas vivir para alguien más, deseas anular tu existencia y bienestar por el de alguien más, ¡y eso no está bien! Todavía tienes que aprender mucho, por ejemplo, a ser pleno contigo mismo. El hecho de que hayas podido vivir solo durante tantos años no quiere decir que hayas alcanzado la plenitud personal. Tienes mucho por madurar Hebert”. Todo ese minidicurso me lo dedique mientras cerraba la mentada cuenta del Facebook.

            Y pareciera que fue a propósito, pero justamente en ese momento estaba la canción de KeaneIn your own Time” justo en la parte en que Tom Chaplin canta una nota de forma profunda y auténtica “Things are going to change, it just takes time. In your own Time. There’s no map to guide our way” y ahí sí salen lágrimas, no de victimez, sino de consciencia “Toma tiempo Hebert, toma tiempo. Parece que a unos nos tiempo más tiempo que a otros aprender a madurar”

Sin embargo, recordando las cavilaciones y conclusiones alcanzadas dos días antes, me pregunte a mí mismo “Hebert, ¿acaso esta petición de alejarte no viene del tonto orgullo?” pero no me checa que sea el tonto orgullo, porque no hay dejo de revanchismo, recalco que sigue siendo una petición tranquila, amorosa, madura y firme, algo totalmente distinto a mi violento orgullo, ése que tengo identificado con algunos de mis compañeros como el “Diva’s Mode”. Pero nop, la petición no viene del “Diva’s Mode”.

En fin, una de las pautas en Constelaciones es que no hay que tomar decisiones precipitadas después de concluir. Hay que dejar que la energía se acomode. Por lo mismo debo dejar pasar (por lo menos) unos 15 días para ver cómo me siento entonces para decidir. A mí me queda perfecto esperar dos semanas porque, desde que supe que la amaba, me surgió la idea de regalarle algo en el día del maestro, de hecho ya tengo muy claro lo que le quiero dar. Por lo menos quiero darle eso. Para mí el dar siempre ha sido muy fácil y reconfortante, lo que se me dificulta es recibir

Considerando mis posturas tan distintas en los últimos cuatro días (cómo me alegro de haber pedido dos días libres en el trabajo), definitivamente voy a esperar a que se acomode todo dentro de mi ser. Es más, ya tengo visualizado lo que me va a dar la pauta de la decisión a seguir (para dejar de estar suponiendo). Si vamos al evento propuesto a inicios de Junio, sabré que no todo está perdido, si no vamos, sabré perfectamente lo que significa y tendré que dar el paso siguiente.

Hebert Gutiérrez Morales.

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